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humanae vitae

Mar 21 Jul 2026

Iglesia en Colombia inicia la Semana del Reconocimiento de la Fertilidad con una invitación a redescubrir el don de la vida

Del 21 al 25 de julio, la Iglesia Católica en Colombia celebra la Semana del Reconocimiento de la Fertilidad 2026, una iniciativa promovida por el Departamento de Promoción y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) que busca generar espacios de formación, reflexión y oración para redescubrir la fertilidad humana como un don de Dios y promover una comprensión integral de los Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad.La propuesta está dirigida a diócesis, parroquias, movimientos, agentes de pastoral y familias de todo el país. Para favorecer su participación, la Conferencia Episcopal de Colombia ha puesto a disposición un subsidio pastoral con orientaciones para la celebración de cada jornada, que incluye objetivos, actividades, recursos formativos, signos litúrgicos y una celebración eucarística conclusiva, de manera que las comunidades puedan desarrollar esta iniciativa de acuerdo con su realidad pastoral.Una propuesta para comprender la fertilidad desde una visión integralEl subsidio presenta esta semana como un camino para reconocer la fertilidad no solo desde su dimensión biológica, sino también como una realidad profundamente humana y espiritual, inscrita en la naturaleza del hombre y de la mujer.Inspirada en la encíclica Humanae Vitae, la iniciativa propone acercarse a los Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad no únicamente como herramientas para conocer el ciclo femenino, sino como una verdadera escuela de amor, diálogo, corresponsabilidad y apertura a la vida. Asimismo, plantea una mirada que integra ciencia, antropología, espiritualidad y pastoral familiar, reafirmando la dignidad de la persona, el valor del matrimonio y la belleza del proyecto de Dios sobre la familia.En este contexto, la Semana tiene como objetivo promover una comprensión integral de los Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad desde las perspectivas científica, antropológica y pastoral, favoreciendo una cultura del amor, la corresponsabilidad conyugal y la apertura responsable al don de la vida.Cinco días para formar, dialogar y orarLa programación se desarrollará a través de contenidos digitales, espacios de formación y momentos de oración.La jornada de apertura, este 21 de julio, está dedicada al tema "Reconocimiento de la fertilidad y los jóvenes". A través de dos videos difundidos en redes sociales se buscará aclarar qué son y qué no son los Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad, desmontando mitos y falsas creencias para presentarlos como una propuesta científica, ética y humana al servicio del amor conyugal.El 22 de julio, a las 7:00 p.m., se realizará el webinar "Humanae Vitae: antropología y tecnología", transmitido por las redes sociales de la Conferencia Episcopal de Colombia. Participarán como ponentes la hermana María Constanza Ferreira Luna (Hermana Paloma), especialista en Ciencias del Matrimonio y la Familia, y el ginecólogo mexicano Víctor Manuel Topete Camarena, consultor del Modelo Creighton y la Naprotecnología. El encuentro abordará la visión cristiana de la sexualidad humana, la actual crisis de natalidad y el aporte de los Métodos de Reconocimiento de la Fertilidad al respeto por la dignidad de la persona y al fortalecimiento del amor conyugal.La reflexión continuará el 23 de julio con una jornada dedicada a la corresponsabilidad del hombre en el cuidado de la fertilidad, resaltando el Método Sintotérmico como una herramienta que fortalece la comunicación, el respeto mutuo y el discernimiento de la pareja.El 24 de julio, las actividades estarán orientadas a presentar los métodos Billings y Creighton, destacando sus fundamentos científicos y pastorales como alternativas respetuosas de la dignidad humana y abiertas al don de la vida.La Semana concluirá el 25 de julio con una Eucaristía por el don de la vida y la fecundidad del matrimonio, en la que se dará gracias por el matrimonio y la fertilidad humana, se orará por los matrimonios que esperan un hijo, por quienes experimentan el dolor de la infertilidad y por todas las familias llamadas a ser fecundas en el amor, la fe y la esperanza. La celebración tendrá como lema "Familias fecundas en el amor, peregrinas de esperanza".Una invitación para toda la Iglesia en ColombiaLa Conferencia Episcopal de Colombia invita a las jurisdicciones eclesiásticas, parroquias, movimientos y comunidades a unirse a esta Semana del Reconocimiento de la Fertilidad, aprovechando los recursos contenidos en el subsidio pastoral preparado para esta ocasión.Con esta iniciativa, la Iglesia busca seguir promoviendo una cultura de la vida que fortalezca a las familias, fomente relaciones basadas en el diálogo y la corresponsabilidad, y ayude a reconocer la fertilidad humana como un don que, vivido desde el amor y la fe, se convierte también en un camino de esperanza para la sociedad.

Mar 24 Jul 2018

Un canto al amor y a la vida

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Se llega en este mes al quincuagésimo aniversario de la promulgación de la encíclica Humanae Vitae del Papa Pablo VI. Un documento importante que proclamó la belleza del amor y la grandeza de la vida humana en un momento en el que el desarrollo tecnológico y la mentalidad materialista, que empezaban a difundirse, acrecentaban la ruptura entre sexualidad y amor, entre sexualidad y vida. Con clarividencia y valentía, Pablo VI señaló los principios cristianos, su aplicación al tema de la regulación de la natalidad y las consecuencias de no seguirlos. La encíclica desató una de las mayores controversias en diversas publicaciones, el desacato por parte de grandes entidades mundiales y aun la rebeldía en un amplio sector de la Iglesia. No se entendió su mensaje ni se descubrió su honda finalidad porque con miopía se redujo el documento a la prohibición del control artificial de la natalidad. No se tuvo en cuenta que, desde el comienzo, el cristianismo vio el amor y la vida como dones de Dios que hacían posible en nosotros su imagen y semejanza. Juzgada con superficialidad, la Iglesia apareció desconectada de la realidad y obstinada en mantener sus creencias en contravía a la mentalidad prevalente. No se entendió que el matrimonio no es un contrato social heredado, sino el designio de Dios mismo; que los hijos no son el objetivo de un proyecto humano, sino un auténtico don que los padres reciben con generosidad responsable; que la vida, como debemos aceptarlo todos con profunda gratitud, proviene de un Amor muy grande que nos ha elegido y nos ha llamado. La Humanae Vitae respondió a través de la antropología cristiana, que ilumina la verdadera dignidad del ser humano por encima de condicionamientos ideológicos, demográficos o tecnocráticos, a los graves desafíos de la cultura contemporánea en la que aparece la revolución sexual cabalgando en el egoísmo, que sólo desea complacer los instintos aprovechándose de los demás. Esta visión sobre la persona humana es la misma que guía a la Iglesia en su trabajo por la justicia social y en su opción por los pobres. La incapacidad de comprender el mensaje profundo que entraña la Humanae Vitae trajo las nefastas consecuencias sociales, culturales y religiosas que ya había advertido Pablo VI: el relajamiento del comportamiento moral, la falta de respeto por la mujer que se convierte en un objeto de placer, la imposición del control de la natalidad como política demográfica, la desestabilización de la familia y el miedo a asumir compromisos, el ejercicio de la sexualidad en edad cada vez más temprana, la dificultad para lograr el relevo generacional que crea sociedades moribundas. La forma como fue acogida la Humanae Vitae reveló también profundos vacíos en la Iglesia sobre la comprensión de la persona humana, la naturaleza de la sexualidad, la visión del matrimonio tal como aparece en el plan de Dios. De otra parte, llevó a la sociedad desarrollada a tomar distancia de la fe y de la moral cristianas. No es difícil percibir que en ciertos sectores culturales hay fragmentos de ideas cristianas, pero sacadas de su contexto original y usadas del modo que le conviene a cada uno. No podemos quedarnos indiferentes frente a esta realidad que parece querer crear una nueva religión que remplace al cristianismo y parte de ese cambio son las nuevas costumbres sexuales. Es necesario un serio compromiso educativo que lleve a valorar la dignidad de cada persona, ilustre la conciencia para que no quiera dar forma a la naturaleza según el propio antojo, integre la afectividad y la sexualidad del ser humano, acompañe a los jóvenes para que sepan vivir con verdad la vocación al amor. Entonces, la Humanae Vitae aparecerá como un canto al amor y a la vida, que nos lleva a la libertad y a la alegría en Cristo. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín