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padre rafael castillo

Vie 25 Nov 2022

Con envío misionero concluye IX Congreso Nacional de Reconciliación

Al concluir la novena versión del Congreso Nacional de Reconciliación, monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, les dijo a los más de 450 participantes, que este cierre era un signo de envío misionero, donde cada uno se iba con el compromiso de llevar a las distintas regiones que representan un mensaje de reconciliación, de paz y esperanza. Siguiendo las lecturas del domingo de Adviento, que ya se aproxima, el prelado observó que este es un tiempo que nos lleva a la esperanza y esta, debe estar en un constante fortalecimiento. “Esa misión de reconciliación que queremos asumir y renovar todos nosotros, debe ir acompañada por una alta dosis de esperanza y esta nos falta a nosotros, como servidores de nuestras comunidades, pero que también le falta a nuestras comunidades”. Durante su homilía, advirtió que fácilmente se puede perder la esperanza porque no se ven los frutos rápido, “se puede perder la esperanza porque a veces vemos más lo negativo que lo positivo, lo que está creciendo, lo que está empezando, lo que empieza a germinar y algunos podemos mirar hacia atrás y decir este es el noveno congreso, llevamos muchos años reflexionando, orando, trabajando, comprometiéndonos en el tema de la paz y de la reconciliación y como dice el salmista, cuando decimos paz, los demás gritan guerra. Pareciera que terminamos una fase de la guerra y empezáramos otra y no solo a nivel regional y nacional, sino internacional”. El directivo en tres puntos describió lo que significa el compromiso de un envío misionero. Primero. Una celebración de envío, es una celebración misionera que nos debe fortalecer, que debe enviarnos a nuestros territorios pensando en que hay un Adviento, en que hay una esperanza social de transformación. Segundo. A la luz de la segunda lectura, nosotros pensemos que hay un Adviento y hay una esperanza personal, cada uno de nosotros también va a ser revestido de Cristo y se va a poner a caminar con dignidad en el amanecer de nuestra vida personal. Tercero. Como iglesia debemos estar muy atentos, no sabemos cuándo será, no podemos atrevernos, ni aventurarnos a decir ni con catástrofe, ni con demasiado optimismo, llegará el Señor tal día, pero que eso haga parte de nuestro caminar diario. Que nada quebrante esa esperanza que debemos comunicar y cultivar en nuestras comunidades. «La higiene de la esperanza» Por su parte, el padre Rafael Castillo, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, al cierre del Congreso se refirió al tema de la «higiene de la esperanza», señalando que la esperanza no es una simple decisión de la voluntad personal, ni es tampoco un puro don de Dios ajeno enteramente a la responsabilidad personal, dijo que, es más bien una combinación de ambos aspectos. “Muchas veces lo que más influye en el tono de nuestra esperanza es el manejo adecuado o desacertado que demos a los factores que diariamente acosan nuestra esperanza. No basta decidir tener esperanza (voluntarismo) ni basta poner la confianza en Dios (espiritualismo). Es necesaria también la «higiene de la esperanza»”. Enumeró varios factores que amenazan hoy a los pobres: la recesión económica, la violencia, el desempleo, el creciente número de jóvenes que dejan las universidades, estos y otros aspectos agregó, son los que hacen que las personas pierdan las ‘utopías de referencia’ y disminuyan el sentido de sus vidas, haciendo con ello que muchos entren en crisis personales, como depresiones psicológicas y síntomas psicosomáticos. Frente a esta realidad, el directivo observó que es cuando más se requiere llevar una adecuada «higiene de la esperanza», por lo que formulo cuatro caminos para prevenirla. En primer lugar, no se debe echar más leña al fuego cultivando pensamientos negativos y cayendo en la polarización que ya es fragmentación. “Hoy se nos urge mirar y hacer un balance de lo positivo y bueno que ha sucedido y de las conquistas que se han logrado (…) El recorrido hecho hasta ahora es un llamado a subir al siguiente escalón. No son pocos los escalones que faltan”. En segundo lugar, es importante aprovechar cuanto la historia enseña. “Lo que nos está pasando es duro y no es poco. Es una de las tantas “horas bajas” en 200 años de Republica. No creo que sea la más baja pero sí, muy probablemente, la más esperanzadora. En Colombia cuando las cosas no han estado bien siempre hemos contado con hombres y mujeres en condición de componerlas. Hay huellas en el barro de nuestra historia como Nación”. En tercer lugar, "es importante fortalecerse con el recuerdo del testimonio de todos aquellos, gente del común como nosotros, que en situaciones semejantes a las que hoy vivimos, supieron aguardar con paciencia el paso de las inundaciones del invierno, sin renunciar a sus convicciones ni hurtarse al oprobio que por ellas tuvieron que soportar”. En cuarto lugar, "debemos tener y recordar el propio proyecto de Nación que los jóvenes nos están mostrando con los diferentes sectores sociales. “Si los motivos siguen ahí, intactos, o incluso incrementados, no hay razón válida para desistir. Al contrario: hoy tenemos nuevos motivos. No perdamos el ánimo, que ya empiezan a despuntar los signos de un nuevo amanecer”. Símbolo del envío misionero Al cierre de este Congreso que se celebró en la ciudad de Bogotá, del 22 al 24 de noviembre, sus organizadores: la Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS) y la Comisión de Conciliación Nacional, hicieron entrega a cada participantes de una manilla: “Los Artesanos de la Paz”, esta como signo del envío misionero. Con este signo se quiso exaltar la memoria de monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, arzobispo emérito de Tunja y quien dedicó su servicio y entrega pastoral en favor de la paz y la reconciliación.

Sáb 1 Oct 2022

¡El derecho a la vida, a todos nos convida!

Por: Padre Rafael Castillo Torres - Bajo el lema “No mataras, no desaparecerás”, nuestra Nación celebra este domingo, dos de octubre, una jornada por la vida y la reconciliación. Será una jornada que ha de contribuir a tres cosas muy concretas: desescalar el conflicto armado con todos los actores para que no se siga disparando y quienes tienen “piedras en sus manos, las suelten”; distensionar nuestras relaciones para propiciar el dialogo social desde la cultura del encuentro y proteger y preservar la vida de todos, especialmente de las víctimas y los más vulnerables. No obstante, este buen propósito, reconocemos que avanzamos en esta campaña constatando los esfuerzos de algunos por ocultar la indignación que siente la Nación frente a las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición de las víctimas, la eliminación de pruebas, la intervención de fuerzas oscuras que son verdaderos escuadrones de la muerte, así como la “prohibición” de investigaciones verdaderamente imparciales. Por otra parte, el clima que se vive en algunas conversaciones está a menudo tejido de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza. Nos movemos en contextos en que lo corriente es la vulgaridad, el lenguaje desvergonzado y hasta procaz. Hemos constatado, en estos días, cómo no faltan quienes, desde la conquista de un mal llamada “libertad de expresión”, se expresan de forma irreverente frente lo sagrado, profanando lugares, violando derechos y utilizando una terminología grosera e indecente. Parece que el lenguaje amable o las palabras educadas han caído en la obsolescencia y a ello se le suma, en la “epilepsia de las redes sociales”, el mal gusto y la transgresión. Frente a todos estos desafíos se nos urge abrir caminos de reconciliación. La salud moral de la nación así lo exige. La reconciliación no nos puede quedar grande a nosotros. La paz, estable y duradera, que buscamos, tiene que ser una realidad operante y orientadora. Tenemos que producirla desde los procesos locales; crearla desde la casa, la parroquia y la calle, sin ser ingenuos sino ingeniosos para trascender los contrapunteos del cálculo político. Nos hace bien reconocer nuestros límites: “somos un país moralmente enfermo y con fracturas múltiples”. Cómo Iglesia que se siente llamada a ser instrumento de reconciliación y concordia, nos hacemos una pregunta: ¿Cuáles serían esas enfermedades que hoy nos aquejan y que debemos enfrentar para lograr ser una sociedad reconciliada y en paz? La primera enfermedad es nuestra memoria patológica. Hemos sembrado resentimientos y venganzas a causa de los odios vividos. Han sido cadenas de violencia y de muerte. La purificación de la memoria es terapia necesaria para reconocer los daños causados, repararlos y comenzar una nueva etapa sin mirar atrás. La segunda enfermad es haber sacrificado la verdad. En este sacrificio aparecen la guerra y la violencia como hijas nefastas de la corrupción. Aquí la terapia es que resplandezca la verdad. Tanto en la reconciliación como en la renovación le debemos obediencia a la verdad. La tercera enfermedad es el “eclipse de la vida”, tan patente entre nosotros ahora que se promulgan leyes injustas que atentan contra la vida inocente, como si fuera poco cuanto acontece en la Colombia de las bases y de las periferias existenciales. Urge parar el desprecio a la vida prohibiendo matar. La vida del más humilde campesino nuestro, vale mucho más que todo el patrimonio de la nación junto. Aquí la terapia es una movilización por la vida como un don sagrado, tal y como lo hicimos hace 25 años en el Viacrucis por la Vida. La cuarta enfermedad es la “cainización de la vida”: “Y dijo Dios a á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo acaso guarda de mi hermano? Y Dios le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Cainizar la vida es lo mismo que “sálvese quien pueda”. La terapia es un ejercicio muy audaz de la de la solidaridad en la que todos nos preocupamos por todos. Sería hacer de la seguridad humana nuestro ethos cultural. Y la quinta enfermedad es la ideologización de la esperanza, la cual surge cuando cambian las perspectivas de un desarrollo humano integral por las salidas violentas y egoístas o por el facilismo, estilo propio del consumismo. La mejor terapia es cultivar la esperanza defendiendo la naturaleza, haciendo un trabajo laborioso y viviendo con austeridad para que no nos ahoguemos. Desde el secretariado Nacional de Pastoral Social/ Cáritas colombiana, los invitamos a participar de esta campaña que llena de sentido y esperanza el camino hacia la paz y la reconciliación, no sin antes reconocer que es una equivocación y una incoherencia condenar con toda clase de repulsas las muertes violentas y avivar, al mismo tiempo, entre nosotros, una agresividad tan estéril como peligrosa. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Sáb 24 Sep 2022

Jornada Mundial del Migrante y Refugiado: "Que ellos no caminen más de la cuenta..."

En el marco de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, que la Iglesia Católica anima este 25 de septiembre, monseñor Juan Carlos Barreto, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, hace un llamado a todo el pueblo colombiano, de manera especial a los cristianos católicos, para que este día, sea una ocasión para generar en la sociedad espacios de inclusión. “Es necesario como lo dice el Papa que miremos el futuro acogiendo a los refugiados y a los migrantes, no excluyéndolos de la sociedad, sino acogiéndolos, acompañándolos, integrándolos y brindándoles las oportunidades necesarias”. El también obispo de Soacha, invita para que esta fecha no pase desapercibida en el corazón de los colombianos, antes bien, sea aprovechada para la oración y la participación en las diferentes jornadas que se programen desde la Iglesia. “Que vivamos esta jornada unidos al sufrimiento de muchos, pero también a la esperanza que tienen los migrantes y los refugiados, de ser acogidos en diferentes contextos sociales”, señala el prelado. Testimonio de gratitud a las Cáritas Por su parte el padre Rafael Castillo Torres, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS), agradece e invita a interiorizar el mensaje enviado por el Papa Francisco titulado: “Construir el futuro con los migrantes y refugiados”, que exhorta a reconocer que el futuro de la humanidad pasa también por el reconocimiento y la acogida que se le debe dar a los migrantes y refugiados. En este contexto agradece el testimonio y permanente trabajo que desde las Cáritas latinoamericanas y bolivianas se viene desarrollando en favor de esta población vulnerable. “Allí estamos acompañando y resignificando la vida y la esperanza de nuestros pueblos como Cáritas hermanas, no solamente el grupo de trabajo por Colombia, sino también las Cáritas latinoamericanas y este grupo fuerte de las caritas bolivarianas”. Dos grandes desafíos para con los migrantes El directivo al recordar que somos un pueblo en marcha, un pueblo de esperanza, invita a agradecer a Dios y pedir de él la gracia para fortalecer la fe, la vida y el caminar juntos en la solidaridad como lo invita el Papa Francisco, siempre en favor de esta población que muchas veces es discriminada y aislada. Por lo anterior, propone avanzar en dos grandes desafíos que permitan el acercamiento y el apoyo a los migrantes y refugiados. Ellos son: “primero, reconocer que ellos no son unos extraños, son personas que no conocemos; y segundo, que ellos no caminen más de la cuenta y que al llegar hasta nosotros sientan que verdaderamente valió la pena”. Un llamado desde la Iglesia para “acoger, proteger, promover e integrar” Recordemos que el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado del año 2018, señalaba que “no podemos desconocer el drama de millones de personas que huyen de la violencia y las guerras, y también como una expresión de solidaridad y responsabilidad con todas las personas refugiadas”, por lo que propuso como respuesta común la de articular los esfuerzos entorno a cuatro verbos: “acoger, proteger, promover e integrar”. Atendiendo a este llamado, el directivo observa que desde la Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas colombiana, se hace la invitación a seguir atendiendo y acogiendo a esta población, resaltando de ellos, las potencialidades y las fortalezas que tienen, siendo esto un hecho positivo como aporte para el enriquecimiento de todos. Conozca la agenda de actividades programada por el SNPS DESCARGUE AQUÍ

Mié 31 Ago 2022

¡Abramos juntos Caminos de humanidad!

P. Rafael Castillo Torres - La paz no nacerá, ni nos llegará, espontáneamente de unas actitudes violentas. Una cosa es la paz que se firma… y otra son las paces territoriales. Ambas muy necesarias. Los desaciertos que hemos tenido hasta hoy, sólo han traído enormes retrocesos que han contribuido, en gran manera, al dominio territorial que hoy tienen las estructuras mafiosas y las organizaciones criminales. Organizaciones que nos han mostrado, con su accionar, que sí son capaces de paralizar y de controlar, tanto las pequeñas comunidades de la Colombia de bien adentro, como cualquiera de nuestras principales ciudades capitales. Verbigracia la ciudad de Barranquilla. La paz verdadera requiere un clima social, propicio. ¿Qué actitudes concretas deberíamos asumir en aras de poder superar “la torpeza de la pasionalidad política” que ha acompañado por décadas nuestra Nación? 1. Rechacemos, no solo interiormente, sino también de manera pública, los crímenes de los violentos. Nadie puede identificarse con sus objetivos que hoy golpean cobardemente la vida de soldados y policías. Nuestra conciencia antecede todo. Defendamos, unánimemente, nuestras instituciones, la vida y los derechos fundamentales de la persona. 2. Demostremos a los violentos y a los enemigos de la paz, cuál es la voluntad de esa Colombia profunda, sola y abandonada, que no solo vive en el purgatorio de su pobreza, sino también en el infierno de su miseria. Esos grupos creados para asesinar líderes sociales, al igual que todos los actores armados ilegales y quienes dentro del Estado, de manera equivocada, pretendan reactivar prácticas ignominiosas, deben entender que no pueden seguir actuando contra nuestra voluntad. 3. Tengamos claridad sobre la asignatura que está pendiente: Pasar de un acuerdo firmado, a una paz en permanente construcción. Esta paz es más importante que el gobierno de turno y que el saliente y que la polarización en el Congreso. Es una paz que está por encima de los intereses particulares y de las pretensiones partidistas de aquellos que no se ruborizan ni sienten vergüenza. No es justo impedir la paz, dificultarla o retrasarla. Aprovechemos como conviene los aires los buenos propósitos de dialogo y de reconciliación. 4. Aprendamos de San Oscar Arnulfo Romero, quien siempre buscó resolver los problemas de su pueblo por las vías dignas del ser humano, por caminos de humanidad. Dios no nos creó para vivir en la violencia y en el odio, sino para que nos entendiéramos buscando lo mejor para todos. 5. Apoyemos y defendamos los acercamientos y entendimientos que nos alejen del enfrentamiento destructor. Renunciemos a los extremismos faltos de realismo y que no ayudan. Dejemos de lado las reacciones viscerales y sus consignas de odio y venganza. 6. Persistamos en la búsqueda de la verdad. No la deformemos por intereses partidistas, ni la sacrifiquemos por ninguna estrategia. La mentira impide el entendimiento y la ceguera genera violencia. La paz la transitamos por caminos objetivos procurando esclarecer las razones enfrentadas, lo cual nos exige creer en la justicia transicional, que sí es justicia. 7. Introduzcamos, como nación, nuestra capacidad de perdonar. De la nobleza del perdón, nos llegarán las buenas energías para construir nuestro futuro de nación. Oremos al Dios de la Paz por estas intenciones. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Mié 31 Ago 2022

La XXXV Semana por la Paz: ¡Territorios en Movimiento por la Paz!

Por: P. Rafael Castillo Torres - Del 4 al 11 de septiembre los colombianos celebramos la Semana por la Paz, como un escenario de múltiples encuentros y a múltiples niveles en el que la movilización social territorial hará visible aquellos procesos y esfuerzo de personas, organizaciones y comunidades, que trabajan por el logro de la paz, la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de iniciativas que dignifican la vida. No hay duda que Colombia vive momentos de esperanza en medio de las expectativas que se han generado con el nuevo gobierno, siendo nuestra mayor esperanza, en esta transición de la Nación, la generación de condiciones ciertas para la reconciliación y la paz con el concurso de todos los actores que creemos que si bien la Patria es un don… la Nación es una tarea. Los discípulos misioneros, seguidores de Jesús, estamos llamados, durante todo el mes de septiembre y de manera muy especial en el marco de la Semana por la Paz, a celebrar, desde nuestra espiritualidad, identidades culturales, saberes comunitarios y procesos territoriales la cultura del encuentro que nos permita acercar orillas y construir puentes de civilidad que se puedan andar, confiadamente, en ambas direcciones. ¿No será este el camino más acertado de crecer en la sinodalidad como estilo de vida en la búsqueda permanente de la paz y de la reconciliación? En este esfuerzo, de hace ya varias décadas, de celebración de la Semana por la Paz, nuestro propósito no ha sido otro que responder a una pregunta esencial: ¿Cómo vivir bien estando juntos en nuestros territorios y fructificando cada uno, con su familia, allí donde Dios nos sembró? Es en la comunidad donde se sitúan todos los saberes que deben servir a la felicidad personal, comunitaria y social. Esta semana por la paz tiene como lema: “Territorios en movimiento por la paz- reconociendo, resignificando y reivindicando”. Es un lema que nos invita a reconocer que Colombia es un país de regiones en las que, no sólo hay una tierra como espacio geográfico, sino también un territorio que es su geografía humana con todos sus valores compartidos y también unas territorialidades que son ese entramado de relaciones y de acuerdos que enmarcan sus identidades y su ethos cultural. Territorios en movimiento quiere decir fundamentalmente que, desde la palabra que nos congrega vamos a deliberar, entre todos, la región que soñamos y la Colombia que queremos. Será un reflexionar juntos sobre ese conjunto de valores que nos llenan de sentido, pero también sobre aquellas instituciones para la convivencia social y la construcción del bienestar colectivo. Desde la Colombia profunda, la que el Papa Francisco llama periferias existenciales, el mayor clamor que sube hasta el centro de la Nación es el cuidado de su gente. Cuidar su Pueblo es el supremo valor político que todo presidente y su gobierno están llamados a respetar. Es función del Estado cuidar la vida y medios de vida de los ciudadanos, lo cual va más allá de la economía; cuidar también la justicia en estos contextos de corrupción e impunidad, así como la participación y la debida atención a las necesidades de los ciudadanos en las diferentes instancias de su vida personal, comunitaria y social. Movilizar territorios es reconocer que nuestra sociedad colombiana no podrá crecer en humanidad sobre la falta de cuidado, de justicia y de igualdad. Y todo ello porque la justicia y el cuidado han sido bienes escasos de nuestra historia de Nación. Una sociedad no cuidada e injusta será siempre violenta producirá violencia y sufrirá violencia. Nuestra esperanza es que durante esta semana nos demos la oportunidad de reconocer que Colombia necesita generosidad, cooperación y diálogo, comunicación libre. En una palabra, los valores que construyen la amistad y la fraternidad social. (Fratelli Tutti # 66). Valoremos que hoy somos una Nación que respira aires de esperanza. Y lo hace desde sus movimientos sociales de jóvenes y mujeres, de campesinos y artesanos de la vida, desde sus comunicadores populares que cada vez más democratizan la palabra, desde los obreros y desde las empresas que se abren a la nueva genialidad de ser comunidad de personas. Queremos vivir lo social y lo solidario como un nuevo paradigma que nos señale un norte. Sólo nos queda una disyuntiva: reforzar el nuevo paradigma esperanzador o correr el riesgo de que lo peor se haga posible, y lo posible, probable. A quienes profesamos una fe y nos consideramos discípulos y misioneros de Jesús, los invitamos, en el marco de esta Semana por la paz a reconocer que el agua brota con mayor fuerza cuando viene de la profundidad, lo cual significa que todo lo debemos hacer con espiritualidad. Queremos invitar a cada familia, pequeña comunidad, parroquia, Zona o Vicaría de Pastoral, movimiento religioso, congregación religiosa a que, en esta Semana por la Paz, firmemos este manifiesto que les proponemos inspirado en la Palabra de Dios que es luz para nuestros pasos. En primer lugar, lo vamos a reflexionar y a meditar hasta apropiarnos de él. Luego, en un acto simbólico, lo vamos, todos, a firmar como signo de comprimo ante Dios, ante la comunidad y como signo de Esperanza para una Nación creyente que confía y espera en su Señor. Manifiesto por la Paz y la Convivencia 1. Nos alegraremos con los que se alegran y lloraremos con los que lloran. (Rom. 12,15). 2. Nos pondremos de acuerdo para que no haya divisiones entre nosotros y así podamos vivir en perfecta armonía. (1Cor. 1,10). 3. Haremos de nuestras conversaciones un momento agradable y de buen gusto, sabiendo cómo tratar a cada uno (Col. 4,6). 4. No nos vamos a morder ni mucho menos a devorar, para no destruirnos los unos a los otros. (Gál. 5,15). 5. Nos ayudaremos mutuamente a llevar las cargas, así cumpliremos el mandato solidario de Jesús. (Gál. 6,2). 6. Nos vamos a soportar mutuamente con caridad. Tratando de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. (Ef. 4,2-3). 7. Nos comprometemos a no pronunciar palabras que no edifican. Evitaremos la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad (Ef. 4,29-31). 8. Consideraremos a los demás como superiores a nosotros mismos. No buscaremos nuestro propio interés sino el interés de los demás. (Flp. 2,3-4). 9. Ninguno de nosotros pretenderá devolver mal por mal. Nos esforzaremos por hacer siempre el bien. Estaremos siempre alegres y oraremos sin descanso (1Tes. 5,15-17). 10. Evitaremos las cuestiones carentes de sentido: estamos convencidos de que solo traen grandes altercados. Como servidores de Dios procuraremos ser amables con todos. (2Tim. 2,23-24). Finalizada la proclama del manifiesto y antes de su firma, todos y todas, haremos esta suplica en cada rincón familiar y comunitario: “Señor llévame de la muerte a la vida y de la falsedad a la verdad. Llévame de la desesperación a la esperanza y del miedo a la confianza. Llévame del odio al amor y de la guerra a la paz. Permite, señor, que la paz llene nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y a Colombia entera. Amén. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Vie 19 Ago 2022

Iglesia colombiana presente en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

Hoy, 19 de agosto de 2022, fecha en que se celebra el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria con el que se rinde homenaje a todos los voluntarios y trabajadores humanitarios que están en zonas de conflicto o de emergencia, la Iglesia Católica, a través Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS) – Caritas se hace presente con un saludo especial de agradecimiento en esta día. El padre Rafael Castillo Torres, director de este órgano de la Iglesia resaltó la importancia de esta fecha y dijo que es prioridad que las organizaciones no gubernamentales y toda institución que ofrecen ayuda humanitaria en esta línea, incluida la Iglesia, sigan comprometidas en el servicio y atención de las personas más vulnerables. Resaltó cuatro acciones que desde el SNPS se vienen adelantando y que se siguen fortaleciendo. Son ellas: 1. La protección a las personas en situación de riesgo. 2. Acompañarlos en su subsistencia para que tengan el mínimo necesario para desarrollar su grandeza humana 3. El desarrollo de sus capacidades, tanto en ellos como en sus familias 4. Tanto acompañar la protección, subsistencia y desarrollo en capacidades, también les permitan levantar los ojos hacia Dios y en ese caminar humanitario hacer su experiencia de Dios El directivo animó a todos a vivir este día como un momento de acción de gracias a Dios, porque con ello –agregó- “resaltamos la grandeza del ser humano y nos comprometemos a seguir haciendo bien la tarea que se nos ha confiado (…) Los invitamos a ser generosos y a apoyar en este día de la atención humanitaria todos los esfuerzos que se están haciendo por diferentes entidades”. Labor de la Iglesia en Colombia Desde el Secretariado Nacional de Pastoral Social (SNPS) – Caritas Colombia, actualmente se presta atención a la población más vulnerable, que consiste en ofrecer apoyos en asistencia psicosocial y jurídica, kits de aseo, económica y alimentaria, pero sobre todo resaltó el padre Castillo “caminando al ritmo de estas personas que están en riesgo”. Esta institución desde su misión eclesiástica y social han acompañado a las comunidades en diferentes situaciones de crisis y eventos de emergencia derivados de fenómenos naturales, conflicto armado, migración y dinámicas socioeconómicas, culturales y políticas que hacen parte de la realidad de nuestro país. Durante el año 2022, el SNPS/CC ha apoyado a la población de distintas regiones del territorio colombiano con acciones de asistencia y ayuda humanitaria, entre las que se incluyen 9.146 y 7.826 asistencias de apoyo psicosocial y jurídico, respectivamente; la entrega de 7.706 kits de higiene, 2.145 ayudas en efectivo multipropósito y 6.548 unidades de apoyo en canastas familiares en beneficio de comunidades asentadas en regiones como La Mojana (Bolívar, Sucre y Córdoba) y en ciudades y municipios como Ancuya, Apartadó, Arauca, Cúcuta, Florencia, Ipiales, Jerusalén, Montería, Palmira, Pasto, Puerto Carreño, San Bernardo, San Pablo, Tibú y Jerusalén, entre otros. Con el llamado a continuar abrazando la dignidad de las personas, el SNPS/CC reitera su invitación a instituciones, organizaciones y personas para que con su apoyo contribuyan a continuar prestando la atención, protección y ayuda de las comunidades que más lo necesiten. Para ello pueden unirse a la campaña “Compartir con Alegría” y realizar donaciones a través de Cuenta Corriente Banco de Bogotá, No. 081-33959-0, NIT: 860.039.273.3, Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana. También pueden dirigirse a las parroquias de las Diócesis en el país y hacer sus donaciones económicas o en especie, para aunar esfuerzos dirigidos a fortalecer la capacidad de respuesta humanitaria de la Iglesia en los territorios. Antecedentes El 19 de agosto de 2003, un atentado bomba en el hotel Canal de Bagdad se cobró la vida de 22 trabajadores humanitarios, entre ellos el Representante Especial del Secretario General de la ONU para Iraq, Sergio Vieira de Mello. Cinco años más tarde, la Asamblea General adoptó una resolución que designaba el 19 de agosto como Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Cada año, este día internacional se centra en un tema, reuniendo a socios de todo el sistema humanitario para abogar por la supervivencia, el bienestar y la dignidad de las personas afectadas por las crisis y por la seguridad de los trabajadores humanitarios. Para el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, organizado anualmente por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), mostramos la importancia, la eficacia y el impacto positivo del trabajo humanitario. Fuente: Of. comunicaciones SNPS

Lun 8 Ago 2022

Sector religioso reafirma su compromiso por la unidad y la reconciliación de Colombia

Al concluir el pasado 04 de agosto, el Encuentro Interreligioso realizado en la sede de la Conferencia Episcopal, líderes de varios sectores religiosos entre ellos la Iglesia Católica, ofrecieron una rueda de prensa, donde expresaron su compromiso para seguir trabajando unidos en la construcción de escenarios de paz que lleven a la reconciliación nacional. Durante su intervención, el padre Rafael Castillo Torres, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, observó que, los presentes en este encuentro interreligioso, coincidieron en que hay una tarea urgente e impostergable que realizar, trabajar por la paz, para ello dijo el directivo, lo primero es acercar a las orillas. Durante la rueda de prensa, se leyó un comunicado como conclusión del encuentro, donde los diferentes sectores interreligiosos, Iglesias Históricas Monoteístas, sector Ecuménico, DIPAZ y la Iglesia Católica, reafirmaron una serie de compromisos, entre ellos el de trabajar por el diálogo y los consensos sociales y políticos por la reconciliación y la paz y, fortalecerse como organizaciones “en la integración y el diálogo interreligioso y los procesos educativos que contribuyen a una cultura de la reconciliación y la paz”. DESCARGAR COMUNICADO

Mar 26 Jul 2022

Cartagena sede del IV Encuentro Nacional Apostolado del Mar y los Ríos

Desde este miércoles 27 al viernes 29 de julio, el Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias será sede del IV Encuentro Nacional del Apostolado del Mar y los Ríos Colombia, con el lema “Naveguemos Juntos”. Evento convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Pastoral de Migrantes, presidida por monseñor Misael Bacca Ramírez, obispo de Duitama. En este espacio en el que participarán representantes del Apostolado del Mar y del Río a nivel nacional, local y diocesano, se propone entre otros objetivos analizar la realidad de las comunidades relacionadas con el fenómeno marítimo, el agua, los pescadores y sus familias, buscando así emprender acciones de ayuda. Lady Ruiz Gamba, representante del Apostolado del Mar de la Diócesis de Garagoa,  indicó que el encuentro de este año busca propiciar un espacio participativo de formación y articulación entre el Apostolado del Mar de las iglesias locales y la Conferencia Episcopal de Colombia, dada la importancia que reviste el origen y evolución histórica y espiritual del Apostolado del Mar a nivel mundial durante cien años de existencia, "este trabajo se realizará con la esperanza de fortalecer y consolidar puertos más seguros, más humanos y justos para nuestros marinos, pescadores y gentes del mar".  Por su parte, el padre Rafael Castillo, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, observó que, “Nos anima para este IV Encuentro Nacional del Apostolado del Mar y de los Ríos Colombia el saber que, desde nuestros orígenes hemos sido cercanos y sensibles a la gente del mar.  Es algo que la Iglesia ha hecho desde siempre. Todo comenzó en Galilea junto al mar y muchos de los que iniciaron el anuncio del Evangelio eran verdaderos marinos curtidos en las artes pesqueras”.  Este evento se lleva a cabo gracias al impulso de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos y Adveniat (organización de ayuda de los católicos en Alemania al servicio de todas las personas en América Latina y el Caribe), a la colaboración de la Arquidiócesis de Cartagena y del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.  Participantes: La cuarta versión de este encuentro en Cartagena congregará a los señores obispos, sacerdotes, consagrados, instituciones y agentes de pastoral de zonas costeras, ribereñas, puertos marítimos y ríos donde convergen marinos y mercantes, así como a académicos, instituciones y representantes del sector portuario, marítimo y de la sociedad civil. Expositores Monseñor Ariel Lascarro, Obispo de Magangué, monseñor Francisco Múnera, arzobispo de Cartagena, monseñor Jaime Sanabria Arias, Vicario Apostólico de San Andrés, monseñor Julio García, obispo de Garagoa y Coordinador Nacional del Apostolado del Mar, y monseñor Orlando Olave, obispo de Tumaco, entre otros. Invitados especiales: Entre los académicos e invitados del certamen está el psicólogo y licenciado de la Corporación Desarrollo y Paz Karin Abdul Vélez y el director ejecutivo de la misma organización Jorge Vidales; la secretaria general de la Universidad de Cartagena Marly Mardini; los sacerdotes y docentes de la Universidad Javeriana, Luis Alfredo Escalante y José Vicente Vergara; el sacerdote de la Congregación de Movilidad Humana y Scalabriniano, Roberto Maestrelli; y el padre Enán Humánez Almario, subdirector del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana. Como representantes de la sociedad portuaria y del sindicato mundial de trabajadores del transporte marítimo, y representantes de la sociedad civil, participarán Juan Alberto Vásquez, del Grupo de Voluntarios de Visitadores de Barcos en Cartagena, Lisandro Emilio Paredes de la Granja Lismar y Lilia Miranda de la Asociación de Mujeres para el Desarrollo Integral de Puerto Badel-AMUDIC, entre otros.