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predicación orante

Vie 23 Feb 2024

Se transfiguró delante de ellos

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMAFebrero 25 de 2024Primera Lectura: Gn 22,1-2.9a.10-13.15-18Salmo: 116(115),10 y 15.16-17.18-19 (R. cf. 9)Segunda Lectura: Rm 8,31b-35aEvangelio: Mc 9, 2-10I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn este segundo domingo de cuaresma la Palabra de Dios tiene como tema central la vocación. Tanto en la primera lectura, la vocación de Abrahán, como en el evangelio el llamado de Jesús a Pedro, Santiago y Juan, constituyen los componentes propios de la disponibilidad a la voluntad de Dios. De esta forma, se puede profundizar que aquellos que responden al llamado de parte del Señor dirán con el apóstol de los gentiles: «Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros?».1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La primera lectura del libro del Génesis es el mayor ejemplo de la confianza y fe en Dios. La respuesta afirmativa al llamado de Abrahán es una muestra de la firmeza que tiene la fe de quien entrega todo su ser a Dios; de allí que la misericordia de Dios llene la escena con un mensaje del ángel que le ordena a Abrahán con contundencia: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» En este apartado queda en evidencia que la obediencia al Señor tiene una recompensa que se extiende de generación en generación como es la promesa a este sirvo de Dios.Pablo en su carta a los Romanos, un pueblo no judío, que recibió el mensaje de salvación, se convierte en un ejemplo para nosotros vivir a profundidad la fe. De allí que las preguntas, que aparecen en el texto: «¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?» Estos son interrogantes que afirman la fe que será una guía de la confianza que se debe tener de la presencia de Dios en nuestra vida.Marcos en el centro de su evangelio presenta el relato de la transfiguración como una muestra de la importancia de reconocer a Jesús como el verdadero Hijo de Dios, tema fundamental de su relato. Los signos que aparecen en la escena son una síntesis completa para entender la finalidad del evangelio de Marcos del anuncio de «la Buena Nueva de Jesucristo». De allí que la presencia de Elías como representación de las profecías veterotestamentarias y Moisés como el gran legislador, son la evidencia de cómo en Jesucristo Dios tiene su máxima revelación. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El mensaje de la Palabra de Dios en la liturgia de este segundo domingo de cuaresma contiene dos grandes mensajes: el primero está relacionado con la vocación o llamado que Dios le hace a Abrahán. La segunda parte está centrada en el relato de la transfiguración del Señor en el que hay una manifestación que reafirmará en los apóstoles la solides de su vocación al seguir a Jesús revelado como el verdadero Hijo de Dios. Escuchar estos relatos, en el contexto de cuaresma, es un camino para comprender que disponernos a vivir la pascua es una oportunidad para tener una experiencia profunda de encuentro con Jesús.En el relato del Génesis Dios llama a Abrahán a subir al monte, de la misma forma como Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto. Esta es una clara evocación del monte como un lugar en el que Dios se manifiesta, la montaña es el lugar donde habita Dios y en el que él se revela. De modo que la Palabra nos lleva a descubrir, ¿cuál es la montaña en la que me encuentro con el Señor? O ¿cómo me dispongo a encontrarme con Dios o a dejarme encontrar por él?La liturgia de la Palabra en este domingo nos presenta a cuatro patriarcas de la fe: Abrahán, Isaac, Elías y Moisés. En estos personajes hay una síntesis de la fe judeocristiana, entre ellos la vocación es una clara disposición a vivir la fe de una manera sincera y radical, y aunque puede haber en ellos dudas e incertidumbres, el mismo camino que recorren los llevará a pensar que han escogido el mejor sendero. De allí que, disponernos al llamado del Señor tiene como recompensa el título de ser verdaderos hijos de Dios al estilo de Jesús en quien reside la plenitud de la salvación.La representación de Jesús transfigurado, y en ella, los signos de la pureza representados en el resplandor y el blanco de las vestiduras son una evidencia de la divinidad. Por ello, la reacción de Pedro, ante la transfiguración de Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.», puede ser tenida como una manifestación del asombro y al tiempo el signo que Pedro y los apóstoles esperaban para reafirmar su vocación. En medio del camino del seguimiento de Cristo, son muchos los signos de la revelación de Cristo en nuestras vidas, entre ellos el descubrirlo en el rostro de nuestro prójimo, en las necesidades de los más vulnerables y en las acciones misericordiosas nos conectan con las formas en que Jesús manifestó la presencia el Reino de Dios en nuestro camino.Los sentimientos propios de la escena de la transfiguración, miedo, asombro e incertidumbre se juntan en la presencia de unos apóstoles que buscan entender aquello que Jesús quiere revelar de sí. En ese mismo espacio de confusión de los testigos de la transfiguración hay un signo de la presencia de Dios por medio una nueve que se formó y de la cual surge una voz, en ella la vocación para todos los seguidores del Señor: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo.». Nuestra vocación se concreta en la manera en que afinamos los oídos a la escucha del Hijo amado, es decir, aprender a discernir; somos llamados y vacacionados a escuchar a Dios en la vida cotidiana, en la sencillez de la vida, en la grandeza del amor al prójimo, en la capacidad que tengamos de perdonar, y buscar la reconciliación como experiencia en la que se construye la comunidad.Por ello Jesús al bajar de la montaña prepara, a Pedro, Santiago y Juan, para subir a Jerusalén y hacer el camino de la Cruz. Y esta preparación para nosotros es la cuaresma, luego de reconocer a Jesús como el verdadero Hijo de Dios, el camino de la Cruz es una cuaresma que vivimos en el paso a paso de nuestra vida cristiana. La vida en Cristo está mediada por la cruz para reconocer en esta una manera de acercarnos a la experiencia que Jesús vivió hasta superarla con la resurrección, como una nueva vida resplandeciente como la luz emanada por Jesús en su transfiguración.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?El papa Francisco define la transfiguración como «un signo concreto del amor de Dios». Por ello, el Papa nos insta a que: “Subamos a la montaña en oración; oración silenciosa, oración del corazón, oración... Siempre buscando al Señor. Permanezcamos unos instantes en el recogimiento, cada día un rato, fijemos nuestra mirada interior en su rostro y dejemos que su luz nos impregne e irradie en nuestra vida”. Actitud esta de oración que nos une a la vivencia profunda de la cuaresma.Vivir iluminados por la transfiguración es dejarnos cautivar por Jesús quien en la montaña del encuentro se muestra con el Dios y Mesías verdadero que se estaba esperando. Esa luz divina recibida por los apóstoles irradia hoy a nuestra Iglesia, el transfigurado aún sigue siendo luz del mundo y la voz que presenta al Hijo amado de Dios aun resuena en nuestro interior. El camino de la cuaresmal se ilumina con la luz del transfigurado y con la voz del cielo que ratifica que aquel al que seguimos es el verdadero Hijo de Dios._______________________Recomendaciones prácticas:•Recomendar a los fieles los ejercicios de piedad propios del tiempo de Cuaresma: el Viacrucis, meditación de los evangelios de la Pasión del Señor, las peregrinaciones, etc.•Promover el Sacramento de la Reconciliación y la Penitencia, preferiblemente, en celebraciones penitenciales comunitarias.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaBienvenidos a la celebración de esta eucaristía en el domingo, día en que en comunidad de nuevo nos reunimos para alimentarnos de la Palabra y la Eucaristía. Dejemos que el resplandor de las vestiduras del Señor, en el monte Tabor, nos sigua iluminando hoy para que en este camino cuaresmal nos preparemos a vivir la experiencia de la cruz como una forma de responder al llamado que el Señor nos hace de renovar la fe. Vivamos esta eucaristía orando unos por otros para que salgamos fortalecidos en el Señor en esta celebración dominical.Monición a la Liturgia de la Palabra Cuando escuchamos la historia, de Abrahán y su hijo Isaac, nos asombramos de ver una escena en la que Dios, descubre el valor de una fe que es capaz de dar sin reservas. La fe de Abrahán el padre de todos los creyentes es un ejemplo para nosotros hoy sobre cómo vivir nuestra fe. Guardemos atención a como la evocación del episodio del monte, en que se da el sacrificio, en el Antiguo Testamento nos lleva a revivir la experiencia de un Jesús que en la montaña de la transfiguración se muestra tal cual es: «el verdadero Hijo de Dios». Dejemos que esta Palabra nos lleve a recordar que, si estamos con el Señor, nada irá en nuestra contra, como lo dice Pablo en su carta a los Romanos. Escuchemos con atención el mensaje de salvación que nos renueva en el amor a Dios en esta liturgia de la Palabra.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos al Señor nuestras plegarias como comunidad que se deja iluminar por el resplandor del resucitado y digamos al unísono: R. Qué tu luz Señor nos ilumine siempre.1.Oremos al Señor, por el Papa, para que su ministerio apostólico sea un ejemplo para que, como Iglesia, sigamos el resplandor del resucitado siempre amparados por la fe de Abrahán.2.Oremos al Señor, por nuestros gobernantes, para que la luz del transfigurado les ilumine en las decisiones que deben asumir en la construcción del bien común.3.Oremos al Señor, por nuestra comunidad, para que estemos dispuestos a caminar en esta cuaresma, siguiendo la luz del Señor que se sigue manifestando en nuestras vidas.4.Oremos al Señor, por los que se encuentran buscando empleo, por los jóvenes que inician su vida profesional y por todos los que se encuentran comenzando nuevos proyectos para que el resplandor del señor dirija sus vidas.5.Oremos al Señor, por los enfermos de nuestra comunidad, para que nuestra plegaria y participación en esta celebración les conforte y anime en estos momentos de dificultad.Oración conclusivaEstas suplicas las ofrecemos al Señorpara que sean atendidas con misericordia y bondad,por Jesucristo nuestro Señor.R. Amén.

Vie 20 Oct 2023

Dar a Dios, lo que es de Dios

VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO22 de octubre de 2023Primera lectura: Isaías 45,1.4-6Salmo: 96(95),1 y 3.4-5.7-8.9-10a y c (R. 7b)Segunda lectura: 1Tesalonicenses 1,1-5bEvangelio: Mateo 22,15-21I. Orientaciones para la PredicaciónIntroducción-Algunos reyes, en su época, fueron instrumentos en las manos de Dios. De esa manera el profeta Isaías evoca la actuación de Ciro, el Ungido, y su misión para doblegar ante él las naciones, no dejando de recordar que Dios es el único y verdadero Señor.-El texto a los tesalonicenses es el más antiguo de los escritos del Nuevo Testamento, escrito unos veinte años después de la muerte de Cristo. Es interesante que ya allí se da el nombre de “Iglesia” a una comunidad cristiana, en este caso a la de Tesalónica. Allí se destaca que la adhesión al Señor no ha sido solo de palabras sino también demostrado en la actividad de la fe, el esfuerzo en el amor y la esperanza en la tribulación.-Es importante tener presente dos cosas: Primero: Dios no exime a la persona de sus responsabilidades en la sociedad, por el contrario, la invita a contribuir en la construcción de la misma desde los valores cristianos. Segundo: su poder no entra en competencia con el nuestro: es don, amor y servicio, no apropiación, ni violencia ni dominio.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?v. 21 “Pues páguenle al César lo que es el del César y a Dios lo que es de Dios”. Así responde Jesús a la pregunta de sus interlocutores “¿es lícito pagar impuesto al César o no?”. Cualquier respuesta que hubiese dado Jesús se da por descontado que habría sido “polémica”, como sucede con cualquier opinión que pueda dar un obispo o un presbítero ante la situación política de una nación, en un mundo en donde la estrategia de quienes mueven los hilos del poder es polarizar, poniendo a las personas de una parte o de otra.Si Jesús hubiera dicho que había que pagar el tributo a los opresores romanos, se había puesto contra el pueblo, si hubiera dicho que no había qué pagarlo, se habría ido en contra de la autoridad.“Dad al César lo que es del César”. Es claro: si tienes la moneda del César, reconoces su autoridad y le debes tributo. El cristiano reconoce la autoridad civil y la respeta en lo bueno que ella hace, al organizar la convivencia de los hombres. Su servicio proviene de Dios (Rm 13, 1-7) aunque el modo realmente no viene de Él. Esto no significa que el cristiano deba ser aliado del poder y cuando este se propone como absoluto e impone normas contra la conciencia, debe encontrar el rechazo.“Y a Dios lo que es de Dios”. Todo es de Dios. No en el sentido de que Él se apropia de todo sino como lo da: como un don a todos. Ese poder lo conoce el Hijo y es un poder de mansedumbre, don y servicio. Dar a Dios lo que es de Dios significa vivir la gratuidad (sin sentirnos dueños de todo), la libertad y la fraternidad que es posible aquí y ahora. Por eso damos gracias por la vida, por los alimentos, por la salud porque todo lo consideramos regalo de Dios.v. 22: “Quedaron maravillados”. Así termina el texto advirtiendo que la respuesta de Jesús los sorprende. Además de la alternativa puesta por ellos, existe otra posibilidad. La trampa que le han tendido a Él es en realidad la trampa en la que ellos mismos caen.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La relación entre la autoridad del César y la de Dios es, desde siempre, algo que se debe gestionar con cuidado y prudencia. Es la misma difícil relación que los profetas tuvieron con las instituciones de gobierno. La desconfianza entre el estado y la iglesia nace desde el mismo momento en que ésta última tiene que ser profética: anunciar y denunciar. Por eso, a lo largo de la historia se han vivido momentos que van desde la persecución por la fe hasta la lucha por la justicia y la libertad, pero también desde la lucha por defender intereses propios hasta la alianza por mantener privilegios, desde el alejamiento por comodidad hasta la subordinación alterna entre los dos, que es nociva para todos.Sólo quien da a Dios lo que es de Dios sabe lo que ha de dar al César. Lo que es de Dios, que quiere el Padre, es la dignidad y libertad de los hijos y el amor de los hermanos. En la moneda está esculpida la imagen del César, pero en la persona está esculpida la imagen de Dios (Gn 1, 27) y por tanto “dar a Dios lo que es de Dios” significa el respeto a la dignidad y libertad de toda persona desde su concepción hasta su muerte.La Iglesia siempre insistirá en ser buenos ciudadanos y cumplir los deberes cívicos, además de orar por los gobernantes de cada nación, aun cuando estos, en algunas ocasiones, persiguen a sus miembros. Pero al único que se debe dar culto es a Dios. Si entendemos esto, tenemos que actuar decidida y confiadamente para llevar al mundo –en cada momento de la historia- la fe, la esperanza y el amor, con la convicción de que el Evangelio es “una fuerza del Espíritu Santo para transformar al mundo”.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Me dispongo, con un momento de silencio, para entrar en oración. Introduzco este momento pidiendo al Padre la presencia del Espíritu Santo ayudado por una oración que puedo tener lista al momento de empezar la oración.Dejo que algunas palabras del texto, que he leído, hagan eco en mi corazón.Luego pido al Señor lo que quiero: discernir qué debo hacer aquí y ahora para vivir la libertad como hijo y como hermano; ¿cómo puedo contribuir, desde mi comportamiento para que mi país, mi ciudad o municipio sea mejor? ¿Hoy qué debo dar a Dios que sea de Dios? ¿Puedo orar para que los gobernantes sean instrumentos en manos de Dios en favor de todos los pueblos?Hay que subrayar estas palabras:“den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. ¿Qué significa para mí que las personas tienen esculpida la imagen de Dios en su ser?_______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Misiones•Se puede celebrar la misa por la “Evangelización de los pueblos” (Misal Romano pág. 934-936). Lecturas, Ciclo A: Is 60, 1-6/ Sal 19 (18), 2-3.4-5/ Rm 10, 9-18/ Mt. 28, 16-20.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Jesús vino para dar a Dios lo que es de Dios: a restituir a las personas su libertad de Hijos de Dios. Su poder no lucha contra el César. Es sencillamente diferente. La Iglesia no lucha contra los poderes terrenales, busca acompañarlos e iluminarlos desde la Palabra de Dios. Hoy se nos invita a reconocer y respetar toda autoridad civil y su servicio a la sociedad, pero sin aceptar ningún modelo de gobierno que sea violento y destructivo especialmente con los menos favorecidos. Oremos por nuestros gobernantes y por nuestra Iglesia para que ponga en la sociedad la levadura y la sal del evangelio de la vida.Monición a la Liturgia de la Palabra Jesús, respondiendo sabiamente sobre el tributo al César, deja claro que su reino no es de este mundo y que no viene a cambiar a la sociedad políticamente sino a curarla desde dentro, enseñando a “dar a Dios lo que es de Dios”. De esa manera el profeta Isaías, en la primera lectura, también nos recuerda la actuación del gobernante Ciro como Ungido del Señor, no sin dejar de resaltar que Dios es el único y verdadero Señor. Que nuestra presencia en la sociedad, como resalta la Carta a los tesalonicenses, esté marcada no solo por las palabras sino por la fe en el actuar, el esfuerzo en el amor y la esperanza y fortaleza en las dificultades. El Espíritu Santo disponga nuestros corazones para le Escucha.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos y hermanas: oremos al Padre celestial por la Iglesia y por todas las personas de nuestra sociedad, diciendo a una sola voz:R. Escucha, Señor, la oración de tu pueblo.1.Por la Iglesias de Oriente y Occidente, por las que viven en países de misión y por sus obispos, presbíteros y misioneros, oremos al Señor.2.Por quienes han sido constituidos en autoridad, por quienes dan al césar lo que es del César y por los que dan a Dios lo que es de Dios, oremos al Señor.3.Por los que no creen en Cristo, para que la gracia del Espíritu Santo, los lleve a conocerlo, amarlo y servirle, oremos al Señor.4.Por los hombres y mujeres que no tienen felicidad, por quienes sufren la dictadura de los gobiernos y la represión; y por todos aquellos cuyos derechos humanos no son respetados, oremos al Señor.5.Por nuestra asamblea, aquí reunida, por los fieles que permanecen firmes en la esperanza y por quienes practican con alegría la caridad, oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor, Dios del universo,que acoges las oraciones y acciones de graciasde quienes se reúnen en la Iglesia,escucha los deseos del corazóny las súplicas que a ti te presentamos con toda confianza.Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.

Mar 27 Jun 2023

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES 29 de junio de 2023 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 12,1-11 Salmo: 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9 Segunda lectura: 2Timoteo 4,6-8.17-18 Evangelio: Mateo 16,13-19 ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓN Introducción Pedro, en nombre de los discípulos, confiesa la fe en Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios y por eso es constituido como la piedra en la que será edificada la Iglesia, la comunidad donde habita Cristo en medio de los creyentes. El Pueblo de Dios ora por el apóstol Pedro y el Señor lo rescata de las cadenas de la prisión que no pueden obstaculizar la misión evangelizadora de la iglesia apostólica. Se manifiestan el poder de Dios y la intercesión de los fieles. El apóstol Pablo da testimonio de su fidelidad al Señor desde que comenzó su camino de fe a partir del encuentro con Cristo resucitado. Consciente de la proximidad de su martirio, él confía en recibir la corona merecida pues el mismo Señor le dio fuerzas para evangelizar y lo libró de los peligros. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Ya no solamente son las autoridades religiosas quienes persiguen a los primeros cristianos, sino que también entra en escena la autoridad política, representada en la figura del rey Herodes. Parece ser que, para poner preso al apóstol Pedro, su única motivación es agradarle a la gente. Humana y físicamente hablando era imposible que Pedro saliera por sus medios de la cárcel pues la perícopa resalta el hecho de estar muy bien custodiado por cuatro piquetes de soldados y dormir encadenado entre dos soldados. No obstante, como ocurrió en otros momentos puntuales de la Historia de la Salvación, el Dios que hace obras admirables interviene para dar la libertad a sus hijos, a sus elegidos. Luego de que el ángel del Señor le ayudara a superar todas las barreras para salir de la prisión, se le abren los ojos a Pedro, quien, volviendo en sí, reconoce la obra de Dios y confiesa su fe: “el Señor ha enviado a su ángel para librarme”. Cabe subrayar el papel de la oración de la Iglesia: como respuesta a esta oración, el Señor envía a su ángel. “Para Lucas el episodio es importante no sólo porque revela el poder de la fe y la oración cristianas, sino la fidelidad de Dios que nunca abandona a sus elegidos” (J. Fitzmyer). Estando en la prisión, Pablo resume su vida en tres acciones: combatir bien el combate, correr hasta la meta y mantener la fe. Si en otro pasaje el apóstol exhorta a su discípulo Timoteo a combatir el buen combate de la fe (cf. 1Tm 6,12) es porque tiene toda la autoridad de vida para aconsejarlo. Podríamos decir que dicho combate por el Evangelio, pasando por cada prueba que tuvo que enfrentar, comenzó el día en que tuvo su encuentro con Cristo en el camino hacia Damasco y fue bautizado. Inmediatamente después de esto, san Pablo no vaciló en ponerse al servicio de la causa de Cristo, por encima de las dificultades, transformándose en el gran evangelizador de la primera generación de cristianos. Pablo experimenta la cercanía de lo que él llama “el momento de ser sacrificado”, dando a entender que entregará su vida como ofrenda sagrada, agradable para el mismo Dios. Consciente de la proximidad del final de su vida y su misión, Pablo evalúa su camino y lo compara con una carrera que él ha corrido completa, hasta la meta (no todos los corredores terminan una competencia). El apóstol ya había hecho esta comparación de la vida cristiana en otra de sus cartas, invitando a los discípulos a que, privándose de las cosas del mundo, no se cansaran de correr por el premio: una corona incorruptible (Cf. 1Cor 9,24-25). En ese orden de ideas, Pablo está tan convencido de haber cruzado la meta, que se expresa muy seguro a la hora de afirmar que simplemente aguarda la corona, el premio. De la misma manera, les da un mensaje de esperanza a todos aquellos que aspiran al premio eterno, si perseveran compitiendo hasta el final y aman la venida del Señor. Dos preguntas les hace Jesús a sus discípulos caminando por la región de Cesarea de Filipo (región claramente distinguida como pagana): una primera para conocer qué es lo que ellos han oído de la gente acerca de su maestro y para que den una respuesta sin comprometerse; otra, la segunda, para cuestionarlos directamente y saber si han descubierto quién es el “Hijo del hombre”, quién es el maestro con el que han compartido la vida, quién es el amigo que los ha guiado en el camino de discipulado. A la primera pregunta responden con las suposiciones del pueblo en general, con nombres de otros personajes proféticos que lo que dejan entrever no es otra cosa, sino la confusión de la gente con respecto a la identidad de Jesús. Y a responder la segunda pregunta se lanza Pedro, tomando la vocería, para declarar que Jesús es más que un profeta, es el Ungido prometido desde el principio, el Hijo del mismísimo Dios vivo, único y verdadero, Dios revelado a Moisés y a los israelitas como YHWH. Reconocer la condición divina de Jesús, es decir, su origen celestial, es un don recibido por parte del Padre celestial, lo que indica que todo discípulo que quiera reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, debe abrirse al don que viene del Padre, el único que, por la acción del Espíritu, ilumina nuestro entendimiento y fortalece nuestra voluntad para conducirnos a la Verdad plena que es Jesucristo. En la misma línea teológica podemos afirmar que también Pedro recibe el don de ser piedra sobre la que Cristo edificará la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, la comunidad de los bautizados que fundamentan su fe en el Resucitado. Pedro lo que ha hecho es expresar su fe personal, que a su vez es la fe de la comunidad apostólica. Sobre esa sólida fe que ha confesado la verdad de Cristo, sobre esa misma fe, es que se sostiene la vida de la Iglesia. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? En el contexto de este tiempo sinodal que vive la Iglesia escuchemos la siguiente reflexión del Papa Francisco en la Misa de la solemnidad de san Pedro y san Pablo del año 2022, tomando como referencia la primera lectura: “Los Hechos de los Apóstoles nos han relatado lo que sucedió la noche en que Pedro fue liberado de las cadenas de la prisión; un ángel del Señor lo sacudió mientras dormía y ‘lo hizo levantar, diciéndole: ¡Levántate rápido!’ (12,7). Lo despertó y le pidió que se levantara. Esta escena evoca la Pascua, pues aquí encontramos dos verbos usados en los relatos de la resurrección: despertar y levantarse. Significa que el ángel despertó a Pedro del sueño de la muerte y lo instó a levantarse, es decir, a resurgir, a salir fuera hacia la luz, a dejarse conducir por el Señor para atravesar el umbral de todas las puertas cerradas (cf. v. 10). Es una imagen significativa para la Iglesia. También nosotros, como discípulos del Señor y como comunidad cristiana, estamos llamados a levantarnos rápidamente para entrar en el dinamismo de la resurrección y dejarnos guiar por el Señor en los caminos que Él quiere mostrarnos. […] El Sínodo que estamos celebrando nos llama a convertirnos en una Iglesia que se levanta, que no se encierra en sí misma, sino que es capaz de mirar más allá, de salir de sus propias prisiones al encuentro del mundo. Con la valentía de abrir las puertas. […] Una Iglesia sin cadenas y sin muros, en la que todos puedan sentirse acogidos y acompañados, en la que se cultive el arte de la escucha, del diálogo, de la participación, bajo la única autoridad del Espíritu Santo. Una Iglesia libre y humilde, que “se levanta rápido”, que no posterga, que no acumula retrasos ante los desafíos del ahora, que no se detiene en los recintos sagrados, sino que se deja animar por la pasión del anuncio del Evangelio y el deseo de llegar a todos y de acoger a todos. No nos olvidemos de esta palabra, todos. ¡Todos! Vayan a los cruces de los caminos y traigan a todos: ciegos, sordos, cojos, enfermos, justos, pecadores, ¡a todos, a todos! Esta palabra del Señor debe resonar en la mente y en el corazón, todos, en la Iglesia hay lugar para todos. Muchas veces nosotros nos convertimos en una Iglesia de puertas abiertas, pero para despedir y para condenar a la gente. Ayer uno de ustedes me decía: ‘Para la Iglesia este no es el tiempo de las despedidas, es el tiempo de la acogida’. ‘Pero no vinieron al banquete’ — Vayan al cruce de los caminos y traigan a todos, a todos — ‘Pero son pecadores’ — ¡Traigan a todos!” 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Siguiendo el ejemplo de la Iglesia relatado en la primera lectura, hoy oremos por el sucesor del apóstol Pedro, el santo padre, el Papa Francisco. Contemplemos con gozo que la promesa del Señor se sigue cumpliendo: La Iglesia ha estado y sigue estando edificada sobre la roca de la fe del apóstol Pedro. Tengamos en cuenta que nuestra fe personal debe estar arraigada en la fe de toda la Iglesia, que es la fe de la comunidad de los bautizados. En nuestra vida se debe reflejar lo que decimos cada vez que recitamos el Credo: “Creo en santa Iglesia Católica”. Celebrar a los apóstoles Pedro y Pablo es una bella oportunidad para renovar nuestra fe en Dios uno y trino, nuestra fe en la resurrección y nuestra fe en la Iglesia. _____________________ Recomendaciones prácticas: Jornada del Óbolo de San Pedro. Se celebra la misa vespertina de la vigilia de esta solemnidad el día 28 de junio desde las 6 de la tarde en adelante. Esta misa tiene eucología menor y lecturas propias (cf. Misal, página 607). II. MONICIONES Y ORACIONES DE LOS FIELES Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos: celebramos hoy el testimonio de fe de los santos apóstoles Pedro y Pablo: la fe que confesó san Pedro, reconociendo a Jesús como el Mesías; la fe que confesó san Pablo para evangelizar y formar comunidades de cristianos. En esta fe se sostiene la fe de todos los miembros de la Iglesia, unidos a su cabeza que es Cristo. Por eso vivamos esta Eucaristía con la alegría de tener nuestra fe bien cimentada en la roca de los apóstoles. En este día oremos de manera especial por las intenciones del Papa Francisco. Monición a la Liturgia de la Palabra El mensaje que anunciaron los apóstoles Pedro y Pablo es la Buena Noticia de Cristo. Hoy este mensaje ha llegado a nosotros gracias a que se ha transmitido de generación en generación desde el tempo de los apóstoles hasta nuestros días. Entonces sintámonos privilegiados de escuchar la Palabra del Señor. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Alegres por celebrar la solemnidad de los apóstoles San Pedro y San Pablo, presentemos al Padre, por medio de Cristo, nuestras oraciones por el mundo entero y digamos juntos: R. Padre de amor, escucha la oración de tu Iglesia. Oremos por la Iglesia Universal para que, permaneciendo fiel al fundamento apostólico, haga resonar la proclamación del Evangelio en todo el orbe. 2. Oremos por el Papa Francisco, sucesor de Pedro, para que, impulsado por el Espíritu Santo, siga confirmando en la fe a todo el pueblo de Dios. 3. Oremos por los gobernantes de las naciones, para que, buscando el bien de todas las personas, lleven a cabo su misión guiados por la caridad. 4. Oremos por los que sufren en el cuerpo y el alma, para que, con ayuda de sus hermanos encuentren fortaleza y consuelo. 5. Oremos por nosotros que participamos de esta celebración, para que, imitando el ejemplo de San Pedro y San Pablo, confesemos nuestra fe con convicción y seamos testigos valientes de Cristo Resucitado. Oración conclusiva Dios todopoderoso, por intercesión de tus santos apóstoles Pedro y Pablo no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. R. Amén

Vie 16 Jun 2023

Al ver Jesús a las gentes, se compadecía

DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 18 de junio de 2023 Primera lectura: Éxodo 19, 2-6a Salmo: 99, 1b-2,3,5 (R.:3c) Segunda lectura: Romanos 5, 6-11 Evangelio: Mateo 9, 36-10,8 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La palabra de Dios en este domingo nos lleva a tomar una conciencia más clara de nuestra condición de pueblo de Dios, de discípulos y misioneros, de llevar el alivio de la caridad a los más pobres y necesitados. Recibimos la invitación para trabajar en la mies del Señor y para orar pidiendo que haya más obreros en ella. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura del Éxodo se refiere a Israel como pueblo de la alianza, que ha experimentado las maravillas obradas por el Señor. El Señor llama a Israel pueblo de su propiedad, reino de sacerdotes y nación santa. Son tres apelativos que denotan la especial consagración del pueblo a Dios en todas las instancias de su existencia, condición que le exige ser “distinto” a los demás pueblos, guardando los preceptos del Señor. Escuchado el Evangelio asistimos al llamado y primer envío misionero de los Apóstoles; se alude, en primer lugar, al “recorrido” de Jesús por los poblados y a su compasión frente al cansancio y abandono de la muchedumbre, la cual está “como ovejas que no tienen pastor”. Así, el actuar de Cristo aparece como modelo de toda acción pastoral, que lleva a quienes sufren el alivio, el descanso, la sanación, la esperanza, en pocas palabras, la verdadera y completa salvación. La invitación a pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, de un lado constata que es tiempo de sembrar y cosechar en la instauración del reinado de Dios, y que son necesarios cooperados en esta tarea. En estrecha continuidad con este mandato, se sitúa la vocación de los doce Apóstoles, quienes, llamados con nombre propio, son enviados por Jesús, con autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y violencia. Podemos decir que esta misión, que se detalla aún más al final del pasaje evangélico, es fruto y prolongación de la compasión y de la acción del mismo Cristo, Buen Pastor de las ovejas. La segunda lectura, en este contexto, nos hace presente la salvación que Cristo ha obrado en nosotros, llamándola “reconciliación y salvación”. Aunque no se menciona directamente en estos versículos, el propósito es que la comunidad cristiana viva y promueva la reconciliación con Dios y con los hermanos: “ser embajadores de reconciliación” (cfr. 2Cor 5, 20). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La palabra de Dios nos estimula en este día que volvamos sobre nuestra identidad y misión, especialmente como “pueblo, nación santa, reino de sacerdotes”. En efecto, no debemos olvidar que… • Somos pueblo elegido y comunidad consagrada a Dios: el Señor nos ama eligiéndonos y haciendo alianza de amor con nosotros. A la elección de Dios debemos responder con santidad, es decir consagrando a él toda nuestra vida y optando diaria y radicalmente por los mandamientos, como senderos de libertad. • Somos comunidad apostólica: porque nuestra fe está vinculada a los doce que Jesús llamó y porque todos somos enviados como ellos a combatir el mal a fuerza de bien (cfr. Rom 12, 21) y a curar toda enfermedad y dolencia. Somos Iglesia que anuncia la maravillosa buena nueva del amor de Dios, a todos, sin exclusión. • Somos comunidad que da testimonio de unidad fraterna, de caridad, de esperanza, en medio de un mundo que sufre por tantas realidades que van en contravía del plan de salvación del Señor; una Iglesia embajadora de la reconciliación que Cristo consiguió para el mundo con su muerte en cruz y resurrección gloriosa. • Somos Iglesia que prolonga la compasión de Cristo frente al agobio y el sufrimiento de tantos hermanos por la pobreza, la violencia, la injusticia, el desplazamiento, la exclusión, la enfermedad… 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Le pedimos al Señor, como él mismo nos recomienda, que envíe obreros a su mies; que todos los bautizados asumamos con mayor entusiasmo y arrojo nuestro discipulado misionero; que avancemos sinodalmente por los caminos de la comunión, la participación y la misión. Suplicamos igualmente que el Señor, además suscite vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada para que, trabajando en comunión con todo el pueblo santo de Dios, no se malogre la cosecha de la gracia divina, que no deja de actuar en el mundo y en cada persona. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Día del Padre. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunimos en el Día del Señor, para celebrar el Misterio de nuestra fe. Jesús, en varias ocasiones al ver a las multitudes solas y sin pastor, aparece en el Evangelio movido a compasión por ellas: se conmueve en lo más hondo de su ser, porque andaban maltratadas, abatidas y desorientadas. Por eso, Jesús, dirigiéndose a los discípulos, dice: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”. Reavivemos la conciencia del llamado que se nos hace a todos como bautizados: prolongar la obra de Cristo, anunciar su Reino, y asumir compromisos concretos de Evangelización en los diversos ambientes en los cuales nos encontramos. Participemos con fe y alegría de esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra nos recuerda la identidad y misión de la Iglesia, pueblo de Dios en el hoy de nuestra historia, comunidad de discípulos y misioneros. Por eso, las lecturas nos animan a pedir al Señor que suscite en nuestras comunidades hombres y mujeres dispuestos a descubrir el sentido vocacional de su vida; que no solo les baste ser buenos, sino que se sepan llamados a ser obreros en la viña del Señor y correspondan generosamente. Escuchemos con atención a Dios que nos habla. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos nuestras oraciones al Padre, que es rico en misericordia, y que está siempre presto a atender las súplicas de quienes lo invocan confiada y filialmente. Digamos con fe: R. Señor, envía obreros a tu mies. 1. Por el Papa, para que el Señor le conceda la fortaleza necesaria para vencer las dificultades que se le presentan cada día y así puedan seguir guiando a la Iglesia con amor, valentía y sabiduría. 2. Por los gobernantes de las naciones y todos los que están comprometidos con la vida política, para que reconozcan que su gran misión es velar por el bienestar común de los que les han sido confiados. 3. Por los enfermos y sus familias, por los secuestrados, por los que han debido abandonar sus familias en busca de mejores oportunidades, para que encuentren en el Señor la ayuda, el consuelo y la paz que necesitan. 4. Por nosotros, reunidos en torno al altar, para que, a la luz del Evangelio, nos comprometamos, a partir de la familia, a ser casas abiertas al paso de Dios y a atender las necesidades de nuestros hermanos con sensibilidad y caridad cristianas. 5. Por los padres de familia, para que reciban el auxilio de Dios y sigan cumpliendo con responsabilidad la misión encomendada en el cuidado de sus familias y por los que ya fallecieron para que reciban el gozo del encuentro con el Padre Celestial. Oración conclusiva Padre bueno, que velas continuamente por nosotros, atiende las plegarias que te presentamos confiadamente. Por Jesucristo, Nuestro Señor. R. Amén.

Mié 10 Mayo 2023

Le pediré al Padre que les dé otro Paráclito

SEXTO DOMINGO DE PASCUA Mayo 14 de 2023 Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17 Salmo: 66(65),1-3a.4-5.6-7a.16y20 (R. 1) Segunda Lectura: 1Pedro 3,15-18 / Evangelio: Juan 14,15-21 I. Orientaciones para la Predicación Introducción En este sexto domingo de Pascua la Iglesia nos invita a tomar consciencia de que cada bautizado es un testigo del Señor, un anunciador de su Palabra, así como lo explica la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles sobre Felipe, quien por su predicación y testimonio de fe en Jesucristo Resucitado provoca la conversión de muchos samaritanos. A su vez, es importante comprender que no puede ser una fe aislada del resto de la comunidad. Los apóstoles Pedro y Juan van a Samaría a confirmar en la fe a quienes han abierto el corazón a la acción del Espíritu de nuestro Señor Jesucristo en su vida personal y comunitaria. Nuestra sociedad contemporánea está en una búsqueda incesante de respuestas al sentido de la vida, en medio de muchas confusiones, incertidumbres y angustias. Hoy la Iglesia, en la primera carta de Pedro en la segunda lectura nos pide “estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que les pide dar razón de su Esperanza”. La misión de la Iglesia, de cada bautizado, es dar razón de su Esperanza en medio de una sociedad perdida en la desesperanza. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El texto que nos propone la liturgia de este Domingo como primera lectura, se centra en la figura y el ministerio del diácono Felipe; teniendo como preámbulo la dispersión de los cristianos tras la muerte del diácono Esteban (ver Hch. 8, 4-40). Muchos pensaban que la persecución iba a terminar con la evangelización, pero sucedió todo lo contrario, la potencializó. Los que fueron esparcidos por la persecución, se ocuparon de predicar el evangelio por donde iban; tanto es así que algunos iban a sitios tan distantes como Chipre, Fenicia y Antioquía. Este fue el caso del diácono Felipe, que elegido como uno de los hombres espirituales para el arte de servir (diakonein), el Espíritu Santo lo dotó de dones especiales para evangelizar, inaugurando su tarea apostólica por Samaría. ¿Por qué Samaria? Los samaritanos eran descendientes de los judíos, los cuales se habían mezclado con paganos (asirios), y al sentirse excluidos por los judíos, construyen un templo paralelo al de Jerusalén, por esta razón eran considerados como herejes. Los samaritanos compartían con los judíos la esperanza mesiánica (Cfr. Jn. 4,25), es por eso que cuando Felipe les anuncia a Cristo, su persona y su obra, acogieron el mensaje con mucho interés y tenían un deseo íntimo de comprender todo aquello que les anunciaba. Es interesante ver cómo la predicación iba acompañada por signos (milagros) conforme a la promesa del Señor (Cfr. Mc. 16,17-18), por ese motivo, al producirse tales signos, la gente se llenó de gozo (la alegría es fruto del Espíritu). Para unificar lo que el egoísmo y el pecado había dividido, era necesario que el Espíritu Santo obrara de la misma manera que en Pentecostés: “Pedro y Juan, bajaron y rezaron para que recibieran el Espíritu Santo”, para que se derribasen las paredes de separación y así concluyesen todas las diferencias raciales, sociales y religiosas. La unidad de la Iglesia debía ser preservada; no podía haber una iglesia en Jerusalén y otra rival en Samaría. La Iglesia es una, y las distintas iglesias son manifestaciones locales de la única Iglesia de Cristo. El Salmo 65, es un himno de alabanza por las obras que Dios realiza en beneficio de todos los pueblos, porque inclusive, los que no pertenecen a la comunidad escogida por Dios, reciben de Él una vocación: están llamados a conocer el “camino” revelado a Israel, el cual, abarca un inmenso horizonte hasta alcanzar a todos los pueblos de la tierra. Seguimos con la lectura de la primera carta del Apóstol Pedro, pero no olvidemos que el texto es mucho más práctico que doctrinal, de forma que las exhortaciones y las directrices de la vida cristiana ocupan un lugar mucho más central que las fundamentaciones doctrinales que les acompañan. Incluso los verbos que acompañan marcan el carácter exhortativo, con imperativos: Glorifiquen, estén siempre prontos, etc. Hay que notar también que, entre las razones aducidas para fundamentar las exhortaciones, la referencia a Cristo como autor y modelo de la salvación, tiene una clara preeminencia. Además, el texto nos presenta, cómo el apóstol, impera a llevar una vida ejemplar en un ambiente pagano, desarrollando a su vez, una serie de actitudes frente a las adversidades y contrariedades. El texto evangélico es una continuación del capítulo de 14, que venimos leyendo desde el domingo pasado. A partir del versículo 15, cambia la perspectiva del diálogo que Jesús traía con sus discípulos, ahora el tema de conversación, ya no es sobre su ida inminente, sino sobre una nueva venida. La ida clave en el texto es “Venir”. Según parece, se trata de varios tipos de venida, por un lado, habla de la venida de “otro paráclito”, de una venida junto con el Padre para hacer morada en sus discípulos y de una venida que sucederá “prontamente”-tras la Pascua (Resucitado). El Señor pone por otro lado una condición, invita a los discípulos a amarlo y a guardar sus mandamientos (vs. 15 y 21). Esto rememora un aspecto que es la raíz de la espiritualidad veterotestamentaria: la alianza (ver Ex.20,6 y Dt. 5,10), donde YHWH promete su fidelidad y su bendición a aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos. Por tanto, los versículos 16 y 17, se unen directamente al v.15, y contienen una promesa para los discípulos si aman a Jesús y guardan sus mandamientos; pedirá el Espíritu-Paráclito (Don divino que asistirá a los discípulos en lugar de Jesús) desde el Padre para ellos (ver Ez.36, 26). Por último, en los vs. 19-21, el Señor introduce una diferencia entre el “mundo” y los discípulos, el mundo no lo verá más, y los discípulos sí que lo verán; por tanto, tiene que tratarse de una forma de percepción por la fe, a lo que hace referencia a la promesa de “seguir viviendo”; esto es, que los discípulos en el futuro “vivirán” después de Pascua, para tener parte en la “vida” con Jesús. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Después de compartir con Cristo Resucitado durante estos domingos de Pascua, llega el momento de las despedidas, y para entender el sentido de estos discursos no olvidemos que las palabras de Cristo son “verdaderas”, por tanto, no se trata solo de tranquilizar las inquietudes de los discípulos con palabras “vacías”, sino de animarlos con promesas ciertas. Tales promesas expresan su fidelidad, Él seguirá “al lado” o “junto a”, como expresa el término “paráclito”, pero, aunque se pueda tratar de un elemento externo, por eso precisa que enviará “otro paráclito”, que hará posible la continuación de la obra mesiánica. Recordemos las palabras del apóstol Pedro, que señala de cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hch.10, 38) Así como en Cristo obraba con fuerza el Espíritu Santo, de la misma manera obrará en la persona del discípulo-misionero. Por eso se trata de una promesa que lleva al compromiso, a la tarea, porque la intimidad de la Iglesia con Jesús, se configura como comunión misionera. En la actualidad, el papa Francisco, nos impulsa con sus palabras y escritos, a vivir en esta dinámica de comunión-misión. Estar unidos a Cristo hace posible la pasión en la misión: “allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida ¿Cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros? (E.G 8). No podemos permitir que ni las dificultades o los malos momentos, frustren este dinamismo renovador, recordemos las palabras del apóstol Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución hambre, desnudez, peligro, espada? Como dice el texto: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte, nos tratan como a ovejas destinadas al matadero. En todas esas circunstancias salimos más vencedores gracias al que nos amó” (Rom. 8, 35-37). En eso la primitiva comunidad cristiana es modelo paradigmático para una Iglesia que corre el riesgo de ensimismarse, de quejarse, de vivir de añoranzas, en definitiva, de caer en pastorales de conservación o simple solipsismos; veamos que el Evangelio y las adversidades, deben impulsarnos a discernir cuál será el camino que el Señor nos pide, porque todos estamos capacitados por el bautismo y llamados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. Finalmente, enfaticemos, en un par de ideas, qué nos ayudaran a examinar nuestra “consciencia pastoral”. El Evangelio que anunciamos, tiene una potencialidad y una liberalidad propias, que rompen nuestros horizontes y planes pastorales, porque al dejarnos impulsar por el Espíritu Santo, nos puede llevar a sorprendernos de cómo nuestra gente acepta el mensaje con docilidad, ya que es un mensaje que libera, sana y reconforta, provocando alegría en sus corazones: “la alegría del evangelio es para todos, y no puede excluir a nadie” (EG. 23). La otra idea es, evitar cualquier sentimiento de inferioridad, porque al no valorar el contenido del mensaje salvador, podemos pensar que es inapropiado o anticuado: “Estén siempre dispuestos a defenderse si alguien les pide explicaciones de su esperanza”. El Evangelio es siempre nuevo y joven. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? - Le pido al Señor me conceda la gracia del celo apostólico para anunciar su Palabra en el ambiente y lugar donde vivo, desde mi familia y mi vecindario y, aún más allá, con el apoyo de mi parroquia, con el ejemplo del diácono Felipe narrado en los Hechos de los Apóstoles. - Asumir la comunión apostólica como un elemento clave de nuestra fe cristiana en la tradición católica. No es posible una vivencia auténtica del Evangelio de Jesús Resucitado si no es confirmada por los apóstoles, siguiendo el testimonio nos narra hoy el libro de los Hecho. - Suplicamos al Señor que nos dé una actitud permanente de apertura a la acción del Espíritu Santo, que nos lleva a vivir en la Verdad, a experimentar el amor del Padre y a vivir permanentemente en Él. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Día de la Madre: programar en la parroquia una eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas. • Día del educador (15 de mayo): tener en cuenta a los profesores en las intenciones de la Misa de este Domingo. • El 19 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos hermanos y hermanas a esta celebración en este domingo VI del tiempo Pascual. Hoy la Palabra de Dios nos está invitando a dar “razones de nuestra Esperanza. Cuando vivimos en una sociedad marcada por el desaliento, el desamor y la desilusión es cuando la Iglesia y cada uno de nosotros, como testigos del Señor Resucitado, debemos dar razones suficientes de nuestra Esperanza, no solo en una vida perdurable después de esta vida temporal, sino también para la construcción de una sociedad más justa, más humana, donde la vivencia del amor no sea una utopía sino una realidad en nuestro vivir cotidiano. Los invito para que nos dejemos confirmar en la fe, viviendo la SINODALIDAD como nos lo propone hoy la Iglesia, donde todos tenemos una responsabilidad y el ejercicio de un ministerio, de una vocación específica, como testigos del Señor Resucitado. Monición a la Liturgia de la Palabra Felipe predica en Samaría, una región separada del resto de los judíos. Por la predicación de Felipe y su profunda experiencia de fe en Jesucristo viene la conversión de muchos samaritanos. La iniciación cristiana a través de Felipe la completan los apóstoles Pedro y Juan, quienes los confirman en la fe. En la segunda lectura el apóstol Pedro nos está invitando a vivir una fe que supere la costumbre o una obligación moral, que sea capaz de dar razón de su Esperanza a muchos que viven una vida sin sentido y sin ninguna esperanza. Es asumiendo el Espíritu de Jesucristo Resucitado, enviado por el Padre, como realmente es posible vivir en el amor de Dios: “El que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a Él”. Escuchemos: Oración Universal o de los Fieles Presidente: Elevemos nuestras suplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo quien vive plenamente en Él, para que nos de la Gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle: R. Te rogamos, óyenos. 1. Por el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes para que el Señor les conceda un “celo ardiente hasta el sacrificio” en su ministerio de anunciar el Evangelio de Jesucristo a todas las naciones. Roguemos al Señor 2. Por todos los consagrados, religiosos y religiosas y laicos comprometidos en el anuncio del Evangelio para que no se dejen dominar de la corriente del mundo y sean testigos de la auténtica Esperanza que nos permite vivir plenamente como hijos a hijas de Dios. Roguemos al Señor 3. Por los líderes de nuestra comunidad local y de la sociedad en general, políticos, educadores, administradores públicos para que se dejen guiar por el Espíritu de la Verdad y así sean testigos en su vida cotidiana, en su ambiente y en su trabajo de Jesucristo Resucitado. Roguemos al Señor. 4. Por los misioneros y misioneras que viven en regiones lejanas a sus tierras de origen abriendo caminos al Evangelio para que el Señor los fortalezca en su fe, asuman con amor las dificultades y persecuciones y puedan dar razón de su Esperanza a quienes reciben la predicación del Evangelio en sus lugares de misión. Roguemos al Señor. 5. Por todos nosotros para que, al dejarnos confirmar en la fe por nuestra Iglesia apostólica, en camino de Sinodalidad, podamos ser testigos en el Espíritu de Jesucristo Resucitado, en nuestro propio hogar, en nuestro trabajo y en la vida cotidiana. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre de Bondad que nos envías el Espíritu de tu Hijo Jesucristo y nos llevas a la comunión fraterna en nuestra vida ordinaria y al compromiso de servir con amor a nuestros hermanos y hermanas más vulnerables de nuestra sociedad, muéstranos tu misericordia y concédenos vivir siempre contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Jue 4 Mayo 2023

Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida

QUINTO DOMINGO DE PASCUA Mayo 7 de 2023 Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 6,1-7 Salmo: 33(32),1-2.4-5.18-19 (R. cf. 22) Segunda Lectura: 1Pedro 2,4-9 Evangelio: Juan 14,1-12. I. Orientaciones para la Predicación Introducción “Eligieron a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría”. (Hch 6, 1-7): La primera lectura nos narra la institución por los Apóstoles de “los Siete”, que es el segundo grupo definido de discípulos (el primero está formado por “los doce”), al que se le encomienda un ministerio en la Iglesia. Lucas emplea la palabra “Diaconía” (asistencia, servicio, ministerio), para hacer referencia explícita a estos hombres de buena fama y llenos de Espíritu y Sabiduría. El nombramiento de” diáconos” acaba en un aumento de fieles y sacerdotes conversos a la fe. “La piedra que rechazaron los constructores, está ha llegado a ser la piedra angular” (1P 2,7): Todo el pasaje gira en torno a la imagen de la edificación. El Bautismo hace al cristiano miembro del edificio espiritual de la Iglesia, cuya piedra clave es Cristo. Los cristianos piedras vivas, han de estar unidos a Él por la fe y por la gracia, para construir sólidamente el templo donde se ofrezcan “sacrificios espirituales, agradables a Dios” (1P 2,5). Cuanta más íntima sea la unión con Jesucristo, más sólida resultará la edificación. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6): Al parecer, el anuncio de las negaciones de Pedro ha entristecido a los discípulos. Jesús los anima diciendo que se marcha para prepararles una morada en los cielos, pues, a pesar de sus miserias y claudicaciones, finalmente perseverarán. La muerte de Jesús va a ser el tránsito hacia el Padre, con quien es uno por ser Dios (Jn 14, 10). Los Apóstoles no entendían con profundidad lo que Jesús les estaba enseñando; de ahí la pregunta de Tomás: Señor no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? (Jn 14,5). El Señor explica que Él es el camino hacia el Padre. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Las palabras de Jesús al responder: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6), van más allá de la pregunta de Tomás. Ser la Verdad y la Vida es lo propio del Hijo de Dios hecho hombre, del que San Juan dice en el prólogo a su Evangelio que está “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). Él es la Verdad porque con su venida al mundo se muestra la fidelidad de Dios a sus promesas, y porque enseña quien es verdaderamente Dios y cómo la auténtica adoración ha de ser en “espíritu y verdad” (Jn 4,23). Él es la vida por tener desde toda la eternidad la vida divina junto al Padre, y porque nos hace, mediante la gracia, partícipes de esa vida divina. Por todo ello dice el Evangelio: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado” (Jn 17,3). Todo hombre alcanza a comprender la Verdad y la Vida; pero no todos encuentran el Camino. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Hoy nos podemos detenernos un instante a meditar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo "les guiará en toda la verdad", siendo él mismo "el Espíritu de la Verdad". Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?". Pilato no llega a entender que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y, sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, "se hizo carne", que vino entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona.  (S.S. Francisco, catequesis del 15 de mayo de 2013) Comunicar el amor misericordioso del Señor. ¡Esta es nuestra misión! También a nosotros nos han dado la “lengua” del Evangelio y el “fuego” del Espíritu Santo, porque mientras anunciamos a Cristo resucitado, vivo y presente en medio de nosotros, calentamos el corazón de los pueblos acercándoles a Él, camino, verdad y vida. (Homilía de S.S. Francisco, 24 de mayo de 2015). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Quien dice: “te seguiré” compromete su vida presente y futura. Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Te seguiré quiere decir estar dispuestos a “identificarse” con el Maestro, querer llegar a tener la misma “identidad” de Jesucristo. También para nosotros, el seguimiento de Jesús, como discípulos suyos, miembros de la misma Iglesia, supone comprometer nuestra vida y aprender de la vida de Jesucristo Camino, Verdad y Vida. Sencillamente no podemos seguir “cualquier camino”, ni debemos temer a la verdad, ni aferrarnos a nuestro modo de concebir la “vida”. ¿Qué significa para un discípulo creer en Jesús Camino, Verdad y Vida? Camino: abrirse a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; Verdad: renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones; Vida: abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros «tengan vida en Él». En el proceso de identificación con el Maestro, la Eucaristía y la oración ocupan un lugar central, es la gran transformación que realiza desde el interior que tiene su reflejo en el exterior, por tanto, es la invitación que nos hace el Señor desde la Palabra el día de hoy, es acercarnos constantemente a Él. _______________________ Recomendaciones prácticas: • No se necesitan, pues grandes discursos sobre el cristianismo, sino hombres y mujeres “que sepan hacer estas pequeñas cosas por Jesús, por el Padre”. Las obras de misericordia “son la continuidad de este amor, que se empequeñece, llega a nosotros, y nosotros lo llevamos adelante” (Papa Francisco). No olvidar motivar el mes de mayo como mes de la virgen y mes de la familia. • Jornada Nacional de la Infancia Misionera II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos: Este caminar del discipulado nos ha ido entregando las características de una vida marcada por el encuentro personal y comunitario con Jesucristo. En este día se nos invita a tomar conciencia alegre y confiada en Jesucristo Camino, Verdad y Vida. Dispongámonos, pues, a celebrar la eucaristía, abriendo nuestro corazón a la acción transformadora del Espíritu Santo. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios que escucharemos en este Quinto domingo de Pascua nos presenta la comunidad cristiana como un cuerpo vivo, que se organiza, que vive la sinodalidad. Sus miembros van asumiendo diversas responsabilidades; como un pueblo sacerdotal, cuyos miembros son piedras vivas del edificio eclesial, que tiene como columna principal a Cristo Resucitado y como un grupo unido que camina hacia Dios al ritmo de la historia bajo la guía de Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre Santo, Te dirigimos nuestras súplicas llenas de confianza en tu amor paternal, para que hagas de nuestra vida un reflejo y un anuncio de Tu amor entre los hombres, diciendo: R. Escucha, Señor, nuestra oración. 1. Por el Santo Padre Francisco y todos los responsables de las comunidades cristianas para que el anuncio del Evangelio se convierta en su testimonio vivo y concreto de vida. 2. Para que todos los cristianos, en especial los gobernantes de las naciones descubran la necesidad de responder a Dios que nos invita a entrar en comunión con Él. 3. Para que todos los hombres que sufren sepamos aceptar tu presencia que nos llena de alegría y nos hace hombres libres. 4. Por todos nosotros, para que nos esforcemos día a día por crear una comunidad que vive la sinodalidad en la que se revela nuestra condición de hijos de Dios. Oración conclusiva Recibe, Padre, nuestras súplicas, por mediación de Jesús, Tu hijo y nuestro hermano, y concédenos la fuerza de Tú Espíritu para que pongamos por obra cuanto te pedimos. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.  

Jue 27 Abr 2023

El Pastor auténtico da la vida por sus ovejas

CUARTO DOMINGO DE PASCUA Abril 30 de 2023 Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 14a.36-41 Salmo: 23(22),1-3a. 3b-4.5.6 (R. 1) Segunda Lectura: 1Pedro 2, 20b-25 Evangelio: Juan 10,1-10 I. Orientaciones para la Predicación Introducción “Recibiréis el don del Espíritu Santo”. (Hch 2, 38): El Bautismo que prescribe el Apóstol no es como el del Bautista, sino que incluye el don del Espíritu Santo. Este texto hace referencia directa de cómo Dios habla al corazón del hombre en el lenguaje profético de las promesas, el Espíritu del Señor renovará el corazón de los hombres, y de esta manera, adquirimos la condición de cristianos. “Pastor y guardián de las almas” (1P 2,25): La buena conducta implica respetar la armonía doméstica. En el caso de los criados incluye soportar con paciencia penas injustas, mirándonos en el ejemplo de Jesús. En Cristo se han cumplido las profecías del Siervo doliente (Is 52,13-53,12). Por grandes que sean los sufrimientos que los cristianos padezcamos, nunca serán tantos ni tan injustos como los del Señor. Además, la imagen de pastor y guardián, nos recuerdan las profecías mesiánicas sobre el siervo doliente contienen la imagen del rebaño descarriado y disperso (Is 53,6), al que alude Jesucristo al desarrollar la alegoría del Buen Pastor (Jn 10, 11-16). “Jesús, el Buen Pastor” (Jn 10,1-10): San Juan muestra en este pasaje cómo los hombres podemos llegar a la salvación por la fe en Cristo y por medio de su gracia. Jesús es la puerta por la que se entra a la vida eterna, el Buen Pastor que nos conduce y ha dado su vida por nosotros. Con las imágenes del pastor, las ovejas y el redil, se evoca un tema preferido de la predicación profética en el Antiguo Testamento: el pueblo elegido es el rebaño y el Señor su Pastor (Sal 23). Los profetas especialmente Jeremías y Ezequiel (Jr 23,1-6; Ez 34, 1-31), ante la infidelidad de los reyes y sacerdotes, a quienes también se aplicaba el nombre de pastores, prometen unos pastores nuevos. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Jesús se presenta como el Buen Pastor que cuida de sus ovejas. Se cumplen, por tanto, en Él las antiguas profecías. El arte cristiano se inspiró muy pronto en esta figura entrañable del Buen Pastor y dejó así representado el amor de Cristo por cada uno de nosotros. Para comprender mejor las palabras de Jesús, conviene recordar que en aquellos tiempos era costumbre reunir al oscurecer varios rebaños en un mismo recinto. Allí permanecían toda la noche bajo la custodia de un guarda. Al amanecer, cada pastor llegaba, le abría el guarda, y llamaba a las ovejas, que se incorporaban y salían del aprisco tras él: les hacía oír frecuentemente su voz para que no se perdieran, y caminaba delante para conducirlas a los pastos. El Señor hace uso de esta imagen, tan familiar a los oyentes, para hacerles una advertencia importante: ante voces extrañas, es necesario reconocer la voz de Cristo y seguirle, para encontrar el alimento abundante de nuestras almas. Las palabras de Jesús tienen especial significación para quienes ejercen en la Iglesia el oficio de pastores. Con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles que nadie puede ser un buen pastor, sino llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero Pastor. Además, Cristo se aplica la imagen de la puerta por la que se entra al aprisco de las ovejas que es la Iglesia. Al redil entran los pastores y las ovejas. Tanto unos como otros han de entrar por la puerta, que es Cristo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Las acciones del Buen Pastor, “escuchan mi voz”, “me siguen”, son acciones que muestran de qué modo debemos corresponder a la actitud dócil y premurosa del Señor. Escuchar y reconocer su voz, de hecho, implica intimidad con Él, que se consolida en la oración, en la escucha de la Palabra, en el encuentro corazón a corazón con el divino Maestro y Pastor de nuestras almas. Esta intimidad refuerza en nosotros el deseo de seguirlo, saliendo del laberinto de recorridos erróneos, abandonando los comportamientos egoístas para encaminarnos sobre caminos nuevos de fraternidad y de entrega de nosotros mismos, a imitación de Él. No olvidemos que Jesús es el único Pastor que nos habla, que nos conoce, que nos da la vida eterna y que nos custodia. Nosotros somos su rebaño y sólo debemos esforzarnos en escuchar su voz, mientras con amor Él escruta la sinceridad de nuestros corazones. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En este domingo surge espontáneamente recordar a Dios a los Pastores de la Iglesia, y a quienes se están formando para ser Pastores. Los invito por tanto a una especial oración por los obispos, por los párrocos, por las familias, por todos aquellos que tienen responsabilidades en la guía del rebaño de Cristo, para que sean fieles y sabios al llevar a cabo su ministerio. En particular, rezamos por las vocaciones al sacerdocio en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. _______________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales y religiosas. • El día del Buen Pastor. • Orar por la santificación de los sacerdotes y el aumento de las vocaciones • Leer el mensaje del Papa para la Jornada de oración por las vocaciones. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Como pueblo de Dios, convocados en torno a Jesús Buen Pastor, quien no cesa de atraernos y llamarnos a seguirlo en un camino de santidad, elevemos nuestra acción de gracias por todos los pastores que ha colocado en su Iglesia a lo largo de nuestra vida, para conducirnos hacia el encuentro con El y roguemos que su testimonio y entrega den fruto de nuevas vocaciones al servicio del reino de Dios. Dispongamos nuestro corazón para vivir esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra El mensaje de Dios, a través de su Palabra, nos invita a descubrir el llamado que Jesús nos hace a seguirlo como el Pastor y centro de nuestra vida, disipando todo ruido que nos impide escuchar su voz. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, como un solo rebaño, oremos a nuestro Padre, que por amor nos ha enviado a su Hijo, Buen Pastor, que entregó su vida por nosotros y supliquémosle diciendo: R. Escúchanos, Señor. 1. Por la Santa Iglesia, luz de Cristo en medio del mundo, para que el anuncio del reino de Dios y su entrega a los pobres, trasforme el corazón de los hombres al deseo de Dios y de la vida verdadera. Oremos. 2. Por el Santo Padre Francisco, y todos los Obispos, sacerdotes y diáconos, para que el Señor, que los ha consagrado para trabajar en su viña, los acompañe y sostenga en su labor de enseñar con alegría las verdades de la fe. Oremos. 3. Por todos los religiosos y religiosas, para que su vida consagrada a la pobreza, castidad y obediencia, les dé un nuevo impulso hacia la santidad para una renovada evangelización. Oremos. 4. Por los gobernantes de las naciones, para que iluminados por el Espíritu Santo, promuevan espacios propicios para la reconciliación, la concordia y la libertad religiosa. Oremos. 5. Por todos nosotros, para que fortalecidos por el Espíritu Santo, crezcamos en la fe y experimentemos la alegría de ser discípulos y misioneros de Cristo, luz del mundo y sal de la tierra. Oremos. Oración conclusiva Padre Misericordioso, escucha nuestras súplicas que te hemos dirigido con fe y esperanza, con la confianza que serán escuchadas. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Vie 21 Abr 2023

Jesús se acercó y siguió caminando con ellos

TERCER DOMINGO DE PASCUA Abril 23 de 2023 Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33 Salmo: 16(15),1-2y5.7-8.9-10.11 (R. 11a) Segunda Lectura: 1Pedro 1,17-21 Evangelio: Lucas 24,13-35 I. Orientaciones para la Predicación Introducción «Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas». Esta es la petición que hace la Iglesia y que brota de la meditación del pasaje del encuentro del Resucitado con los discípulos de Emaús. En este tiempo en el que estamos reflexionando sobre el sentido de la sinodalidad, la Palabra de Dios de este domingo nos muestra que realmente Jesús Resucitado nos acompaña en el camino y nos va explicando su Palabra, mientras que los bautizados vamos caminando juntos en la fe. «Que tu pueblo, oh Dios, se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido». Esta palabra de la oración colecta de este III domingo de Pascua expresan cómo se siente la Iglesia y cómo se sienten los bautizados que andan en sendas de vida nueva pues han participado del misterio de la Resurrección de Cristo. Y es que nos sentimos jóvenes en el espíritu ya que, como dice el apóstol Pedro en la segunda lectura, hemos sido rescatados «no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo». «Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos». Sigue resonando en el tiempo de la Pascua el anuncio del Kerigma porque es el anuncio que le da razón a nuestra fe pascual. Se trata de un mensaje que debe estar fundamentado en el testimonio porque sólo podrá ser evangelizador quien haya encontrado al Resucitado. Muchos llegarán a creer en la medida que haya testigos auténticos del Misterio Pascual de Cristo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Gracias a los Hechos de los Apóstoles podemos evidenciar el impresionante cambio que experimentaron en sus vidas los testigos de la resurrección. Además, con el don del Espíritu Santo llega a plenitud su transformación en hombres nuevos. De manera especial este cambio de vida esta atestiguado en el primer discurso del apóstol Pedro, pronunciado con la autoridad propia de quien ha recibido la efusión del Espíritu. Los versículos 22-24 de nuestro texto son prototipo del kerigma apostólico, con unas ideas clave que hay que destacar: Jesús es el hombre «acreditado por Dios»; la cruz formó parte de un sabio designio de Dios, el cual entregó a su Hijo único a los hombres por amor; inclusive, dirigiéndose a los presentes, Pedro afirma que todos son responsables de la muerte de Cristo; sin embargo, Dios lo resucitó. Por otra parte, el Kerigma está respaldado por el testimonio de las Escrituras, las cuales sólo son comprensibles a la luz del Misterio Pascual. Por eso Pedro explica el salmo 15 como una profecía realizada en Cristo, el Mesías de quien se dice que no conocerá la corrupción. Quienes han sido rescatados a precio de la Sangre de Cristo están llamados a tomar en serio su proceder en esta vida. Esta seriedad, según el argumento que nos ofrece el apóstol, se fundamenta en el reconocimiento de Dios como Padre y también como juez. Si tenemos en cuenta de que esta carta de Pedro tiene el carácter de homilía bautismal, podemos recordar que es por el bautismo que nos convertimos en hijos de Dios y recibimos el privilegio de llamar Padre al justo juez de todos los seres. Leyendo este pasaje en su conjunto se percibe que el propósito del autor es hacernos tomar conciencia de lo que significa la sangre de Cristo, es decir, el precio de nuestra salvación. He ahí en esta perícopa una manera de explicar el fundamento de nuestra fe: precisamente el fundamento es el mismo Cristo, quien nos orienta a creer en Dios que lo resucitó y de esta manera a darle sentido nuestra esperanza en la vida eterna. Parecía que todo había terminado en la muerte de Cristo y en el corazón de todos los discípulos sólo quedaba la frustración. Decepcionados porque no había ocurrido la liberación de Israel, dos discípulos deciden alejarse de la Ciudad Santa y emprenden un viaje hacia Emaús. Aunque tienen un destino fijo, estamos ante la representación del viaje de alguien que pareciera que no tuviera rumbo y se siente perdido existencialmente. Sin que ellos lo reconozcan inicialmente, habiendo escapado de las cadenas de la muerte y dispuesto a darnos la vida en abundancia que prometió para todo el que crea en él, Cristo Resucitado sale al encuentro de estos discípulos para llevarlos a reconocerlo, primero con la explicación de las Escrituras y luego con la fracción del Pan. Estamos ante un proceso muy pedagógico de Jesús, que, como buen Maestro, va paso a paso en su catequesis. Primero provoca que el corazón de estos discípulos arda en el camino mientras les explica la Palabra y luego provoca que se les abran los ojos en el momento de la Fracción del Pan para que se den cuenta de que el Señor siempre estuvo caminando con ellos. Y es tan lógico y consecuente todo este camino de Emaús guiado por el resucitado, que todo desemboca en el testimonio sorprendido y alegre de los discípulos, quienes cuentan que han visto al Señor: han llegado a transformarse en testigos de la resurrección. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Según el proceso pedagógico que acabamos de descubrir en el pasaje evangélico de este III domingo de Pascua, tendríamos que preguntarnos si nuestro corazón de verdad arde y se estremece cuando escuchamos la Palabra de Dios. Esto sólo puede pasar cuando descubrimos que la Escritura nos lee a cada uno de nosotros, cuando nos damos cuenta de que ella es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero y cuando todas las cosas que acontecen en nuestra vida comienzan a tener sentido a la luz de la Palabra de Dios. Lo más importante es que contamos con la presencia viva de Cristo, resucitado de entre los muertos, el único que nos puede explicar verdaderamente las Escrituras ya que Él mismo es quien le da sentido a todo lo consignado en el texto sagrado. Luego de comprender las Escrituras, explicadas por Cristo Resucitado, el siguiente paso que debemos dar es el de reconocerlo en la fracción del Pan, en la Eucaristía. Necesitamos que el Resucitado nos cure la ceguera provocada por el horror de la cruz, haciéndonos capaces de “ver” al Resucitado, de creer en la Resurrección (cf. Papa Francisco, Carta sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios, núm. 7). De aquí se desprende que no podemos permitir que se nos pase una celebración de la Eucaristía sin que nosotros reconozcamos al Resucitado presente en el sacramento de su Cuerpo entregado y su Sangre derramada. En ese sentido, recientemente el Papa Francisco nos ha recordado que la liturgia es el lugar privilegiado de encuentro con Cristo. Así lo explica: «En la Eucaristía y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua. El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos. […] El Señor Jesús que, inmolado, ya no vuelve a morir; y sacrificado, vive para siempre (Prefacio III de Pascua), continúa perdonándonos, curándonos y salvándonos con el poder de los Sacramentos. A través de la encarnación, es el modo concreto por el que nos ama; es el modo con el que sacia esa sed de nosotros que ha declarado en la cruz» (DD 11). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La mejor súplica que podemos hacer está en el mismo Evangelio: «Quédate con nosotros, Señor». Por eso, qué mejor que tomar estas Palabras orantes del Papa San Juan Pablo II para contemplar el misterio de la presencia del Resucitado que nunca nos deja solos, habiéndose quedado en las Escrituras y en la Eucaristía: «Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos, Señor Jesús, ¡quédate con nosotros! Tú, divino Caminante, experto de nuestras calzadas y conocedor de nuestro corazón, no nos dejes prisioneros de las sombras de la noche. Ampáranos en el cansancio, perdona nuestros pecados, orienta nuestros pasos por la vía del bien. Bendice a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, a las familias y particularmente a los enfermos. Bendice a los sacerdotes y a las personas consagradas. Bendice a toda la humanidad. En la Eucaristía te has hecho “remedio de inmortalidad”: danos el gusto de una vida plena, que nos ayude a caminar sobre esta tierra como peregrinos seguros y alegres, mirando siempre hacia la meta de la vida sin fin. ¡Quédate con nosotros, Señor! Quédate con nosotros! Amén» (San Juan Pablo II, Homilía en la apertura del año de la Eucaristía, 17 de octubre de 2004). _______________________ Recomendaciones prácticas: Los signos litúrgicos de la Pascua deben seguir resplandeciendo por su belleza y expresividad: el altar iluminado, el cirio pascual, la fuente bautismal, los ornamentos blancos, la música sagrada, etc. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy ha resucitado el Señor. Hoy el Señor nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan en el Sacramento de la Eucaristía. Hoy nosotros como Iglesia, queremos reconocer esta presencia del Resucitado y por eso brota de nuestro corazón la misma súplica de los discípulos de Emaús en el camino: «Quédate con nosotros, Señor». Esta petición se convierte en una oración actual ya que deseamos que el Resucitado no pase de largo por nuestras vidas. Convencidos de que Él permanece en medio de nosotros, vivamos alegres esta celebración eucarística. Monición a la Liturgia de la Palabra Así como sucedió en el camino de Emaús, ahora en la liturgia de la Palabra, Cristo nos ayuda a comprender las Escrituras, por medio de la Iglesia. Dejemos que este mensaje, que nos continúa anunciando el acontecimiento de la resurrección, alegre nuestra vida, de manera que podamos decir: ¡Como ardía nuestro corazón cuando el Señor nos explicaba las Escrituras! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Como los discípulos de Emaús, reconociendo que Cristo Resucitado está presente en su Palabra y en la Fracción del Pan, oremos con esperanza por las necesidades del mundo entero y digamos: R. Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos. 1. Por la Iglesia: para que la fe de la Pascua la libre de toda servidumbre y la haga más generosa en el servicio. Roguemos al Señor. 2. Por los pueblos todos de la tierra: para que el triunfo de Jesús sobre la muerte apague los odios y restaure la paz. Roguemos al Señor. 3. Por todos los que sufren: para que la gloria del Resucitado cure sus heridas y transforme su dolor en alegría. Roguemos al Señor. 4. Por nuestros hermanos que viven en las periferias, para que, por la caridad, se sientan incluidos y atendidos, y así experimenten la cercanía de Cristo y de la Iglesia. 5. Por nosotros y por todos los cristianos: para que el gozo de esta Pascua renueve nuestra fe y nos haga testigos entusiastas del Evangelio. Roguemos al Señor. Oración conclusiva ¡Oh Dios!, tu amor ha sido más fuerte que el odio y que la muerte. Escucha nuestra súplica filial y haz de nosotros hombres nuevos por la fe en tu Hijo Jesús Resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.