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Diócesis de Yopal
Diócesis de Yopal
Provincia eclesiástica de Tunja
Dirección: Calle 8 Nº 21-85 Yopal (Casanare)
Teléfono: (608) 6333889 / 3142947295

Obispo

Monseñor JAIME URIEL SANABRIA ARIAS

Obispo de Yopal

Historia

La historia de la Iglesia en Casanare: raíces de la Diócesis de Yopal

 


La historia de la Diócesis de Yopal hunde sus raíces en la evangelización de los territorios del Casanare. Desde hace siglos, los primeros misioneros llegaron a estas tierras llevando la fe católica a las comunidades indígenas y a los colonos que habitaban la región.

 


El camino de la Iglesia en este territorio estuvo estrechamente unido al proceso de exploración y colonización de los Llanos Orientales. Gonzalo Jiménez de Quesada, nacido en 1509, tendría posteriormente un papel importante en la exploración y colonización de estos territorios. En 1534, por disposición de la Corona y mediante acuerdos con la Real Audiencia, recibió el encargo de tomar posesión de las tierras ubicadas desde el río Pauto hacia el norte, en nombre del Rey de España, y de fundar cuantas poblaciones españolas fuera posible.

 


Hacia 1565 surgieron las primeras reducciones en la provincia del Casanare. Támara y Morcote se destacaron como centros iniciales de colonización y evangelización, dando paso a una presencia permanente de la cultura hispánica y cristiana en la región.

 


A comienzos del siglo XVII comenzó a tomar fuerza la presencia de los jesuitas. Después de la visita del arzobispo Hernando Arias de Ugarte, hacia 1600 se produjo su entrada a Casanare a través de Chita, Morcote, Pauto y Támara. En 1622 se fundó la casa de los Jesuitas en Santa Fe, que se convirtió en una base para las futuras misiones hacia los Llanos Orientales. Dos años después, en 1624, se consolidó la misión jesuita en Casanare.

 


En 1635, los jesuitas regresaron a la región. Los padres Alonso de Neira, Ignacio Cano y Juan Fernández Pedroche fundaron nuevamente la doctrina del Pauto y Puerto Casanare. En 1725 se consolidó la misión en el río Meta, con centro en Guanapalo, y de esta etapa surgieron nuevas fundaciones evangelizadoras, entre ellas Trinidad y Cravo.

 


La actividad misionera también se extendió por los Llanos de San Juan, en un territorio orinoquense que hoy comprende los departamentos de Arauca, Meta, Vichada y Casanare. Así, la evangelización fue dejando una huella profunda en esta extensa región.

 


Sin embargo, aquella labor misionera experimentaría un momento decisivo en 1767. El 2 de abril de ese año, el rey Carlos III firmó la Pragmática Sanción que ordenaba la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios bajo dominio español.

 


La medida tuvo profundas consecuencias para las misiones de Casanare. Los bienes pertenecientes a la Compañía de Jesús fueron expropiados, incluyendo propiedades, rentas eclesiásticas y efectos personales. En agosto de 1767, los catorce jesuitas que estaban a cargo de las misiones en Casanare fueron reunidos en la hacienda Tocaría por el gobernador de los Llanos, don Francisco Domínguez Tejada. Posteriormente fueron trasladados a Venezuela, donde fueron entregados a las autoridades de la Gobernación de Guyana.
La situación de las misiones después de la expulsión quedó reflejada en distintos informes. El 16 de noviembre de 1779, el gobernador de los Llanos informó sobre las consecuencias de aquel proceso y señaló que las haciendas y valores que eran propiedad común de los indígenas habían sido confiscados, dejando a sus legítimos dueños en una situación de desamparo.

 


Nuevas comunidades religiosas asumieron posteriormente la misión. Sin embargo, las guerras civiles, la inestabilidad política y la persecución contra la Iglesia provocaron, en 1855, el abandono de las misiones en Casanare por parte de los Padres Agustinos Recoletos, quienes habían estado presentes en la región desde el siglo XVII.

 


En 1861, el general Tomás Cipriano de Mosquera decretó la desamortización de los bienes de las comunidades religiosas y ordenó su extinción total. Esta situación obligó a los misioneros a abandonar Casanare por falta de medios de subsistencia.

 


La organización eclesial comenzó nuevamente a fortalecerse hacia finales del siglo XIX. En 1880, con la creación de la Diócesis de Tunja, se nombraron vicarios especiales para Casanare. Se estableció además un Colegio Seminario en Nunchía y se designaron curas párrocos para distintas poblaciones de la región.

 


En 1891, con la restauración de la Provincia de la Candelaria, los Agustinos Recoletos regresaron a Casanare. Nuevos sacerdotes fueron enviados a poblaciones como Nunchía, Morcote, Paya, Támara y Maní, entre otras.

 


El 17 de junio de 1893 se erigió el Vicariato Apostólico de Casanare mediante el breve Romani Pontífices del papa León XIII, con territorio desmembrado de la Diócesis de Tunja, hoy Arquidiócesis. En ese mismo momento, la misión fue encomendada a los Agustinos Recoletos y se nombró como primer vicario apostólico al padre Ezequiel Moreno, hoy canonizado.
Pero los años siguientes tampoco estuvieron exentos de dificultades. Entre 1899 y 1902, la Guerra de los Mil Días provocó tres largos años de enfrentamientos y derramamiento de sangre en Casanare, retrasando el progreso social y la obra espiritual que el Vicariato venía desarrollando.

 


En 1900, Avelino Rosas, jefe revolucionario, inició una persecución contra los misioneros. Religiosos de varias poblaciones fueron apresados y posteriormente expulsados hacia Venezuela en condiciones precarias.

 


El 26 de mayo de 1915, el Vicariato cedió una porción de su territorio para la erección de la Prefectura Apostólica de Arauca, hoy Diócesis de Arauca.

 


Terminada la guerra, en 1904, Monseñor Nicolás Casas regresó al Vicariato. Una de sus principales labores fue la restauración de la educación infantil y juvenil, mediante la reapertura de colegios y centros misioneros en varias poblaciones.

 


Décadas después, entre 1940 y 1950, los Llanos vivieron nuevamente un período de intensas luchas fratricidas. En la segunda mitad de aquella década se desató una violencia generalizada debido a la pugna entre conservadores y liberales, situación que dio origen a las guerrillas liberales.

 


En medio de este contexto, la Iglesia continuó acompañando el desarrollo de la región. En 1958 destacó la participación del reverendo padre Daniel Salaz, O.A.R., quien, junto con el comité pro intendencia, presentó ante las cámaras legislativas un informe en favor de la independencia de Casanare respecto de Boyacá.

 


El proceso de organización territorial continuó. El 28 de noviembre de 1973 fue aprobada la Ley 19, mediante la cual se creó oficialmente la Intendencia del Casanare, que comenzó a funcionar jurídicamente el 15 de mayo de 1974. Finalmente, en 1991, con la promulgación de la nueva Constitución Política de Colombia, Casanare fue elevado a la categoría de Departamento, consolidando su autonomía administrativa.

 


Mientras el territorio avanzaba en su organización política y administrativa, la misión de la Iglesia seguía desarrollándose. Hacia finales del siglo XX, el Vicariato trabajaba pastoralmente en veinte cabeceras municipales, acompañado por diversas comunidades religiosas que contribuyeron al desarrollo espiritual de la región.

 


Un nuevo capítulo comenzó el 29 de octubre de 1999, cuando la Diócesis de Yopal fue erigida mediante la bula Sollertem curam del papa Juan Pablo II. Para su creación obtuvo la mayor parte de su territorio del Vicariato Apostólico de Casanare, que fue simultáneamente suprimido, y en menor medida de la Diócesis de Duitama-Sogamoso.

 


El primer administrador apostólico de la nueva Diócesis fue monseñor Olavio López Duque, O.A.R., quien ejerció esta función desde el 29 de octubre de 1999 hasta el 24 de abril de 2001.
Tras el nombramiento de un nuevo obispo en 2024 y mientras la sede permanecía vacante, los sacerdotes del Colegio de Consultores de la Diócesis de Yopal eligieron, el 22 de julio de 2024, como administrador diocesano al padre Jeison Andrey Salguero Roa. El padre Salguero se venía desempeñando como Delegado Diocesano de Comunicaciones y párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Yopal desde 2021. Ejerció esta función hasta el 27 de agosto de 2026, cuando tomó posesión de la sede episcopal monseñor Jaime Uriel Sanabria.

 


Una Iglesia que continúa su misión

 


Toda esta historia ha preparado el camino de la Iglesia particular en Casanare. Desde aquellas primeras misiones hasta la realidad pastoral de nuestros días, generaciones de sacerdotes, religiosos y laicos han entregado su vida al servicio del pueblo de Dios.

 


Hoy, la Diócesis de Yopal continúa su misión evangelizadora, afrontando los nuevos tiempos y desafíos con el mismo espíritu misionero que la ha acompañado desde sus orígenes.
Este legado permanece también en su patrimonio religioso y cultural. La Catedral de San José, centro espiritual de la Diócesis, representa la consolidación de la fe católica en la región. El Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Manare, ubicado en Manare, constituye uno de los lugares de peregrinación más importantes del territorio y conserva una historia que se remonta a más de tres siglos.

 


A este patrimonio se suman las iglesias centenarias de municipios como Nunchía, Támara y Hato Corozal, que conservan elementos arquitectónicos y artísticos de gran valor histórico y cultural. También el Archivo Histórico Diocesano guarda documentos que dan cuenta de la evolución de la Iglesia en Casanare desde el período colonial hasta nuestros días.
Pero la historia de la Diócesis de Yopal no es solamente un recuerdo del pasado. Es una historia que continúa escribiéndose cada día con el aporte de todos sus fieles. Somos herederos de un rico legado espiritual y estamos llamados a seguir construyendo esta historia de fe y compromiso con nuestra región.

 


La invitación es a ser parte activa de esta historia viva: a compartir los testimonios, a conocer las raíces y a contribuir en la construcción de una Iglesia en salida, comprometida con el Reino de Dios y con la transformación social del territorio.

 


Así, desde las primeras misiones hasta el presente, la historia de la Iglesia en Casanare puede comprenderse como un camino de fe, servicio y perseverancia. Un camino que continúa abierto y que, con la participación de todos, seguirá escribiendo nuevos capítulos de esta historia de amor, fe y servicio en el corazón del Casanare.

 


Obispos de la Diócesis de Yopal

 


Desde su creación, la Diócesis de Yopal ha contado con los siguientes obispos:

 


Monseñor Misael Vacca Ramírez

Asumió como obispo de Yopal el 24 de abril de 2001 y permaneció al frente de la Diócesis hasta el 18 de abril de 2015, cuando fue nombrado obispo de Duitama-Sogamoso.

 


Monseñor Edgar Aristizábal Quintero

Asumió como obispo de Yopal el 4 de mayo de 2017. Permaneció en el cargo hasta el 24 de mayo de 2024, cuando fue nombrado obispo de Duitama-Sogamoso.

 


Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias

Fue nombrado por el papa León XIV el 29 de junio de 2026 como nuevo obispo de la Diócesis de Yopal y tomó posesión de la sede episcopal el 27 de agosto de 2026.

 


Desde 2016, monseñor Sanabria se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés y Providencia. Nacido en Ciénega, Boyacá, fue ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Tunja en 1994. Realizó estudios de Pastoral, específicamente con el Movimiento para un Mundo Mejor y el Plan de Renovación y Evangelización Diocesana, y fue nombrado obispo por el papa Francisco en 2016.

 


Con la designación de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias, se consolidó la sucesión episcopal de la Diócesis de Yopal, después de monseñor Misael Vacca Ramírez y monseñor Edgar Aristizábal Quintero.