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carta obispo colombiano

Mar 3 Nov 2026

Caminamos juntos hacia la Santidad

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta.Vamos avanzando, haciendo historia de salvación en el camino de perfección cristiana que recorremos juntos, dando gracias a Dios por los 70 años de vida diocesana, que recoge frutos de santidad en tantas personas que han recibido el Evangelio de Jesucristo y desde la sencillez de sus vidas, iluminados por el Espíritu Santo, han vivido en la gracia y la presencia de Dios.En la Solemnidad de Todos los Santos nos regocijamos con tantos hombres y mujeres que se han desgastado en el cumplimiento de su misión, viviendo la caridad, aún en medio de los momentos de cruz, amando a Dios y al prójimo. Así lo enseña el Concilio Vaticano II: “el Señor Jesús, divino Maestro y modelo de toda perfección, predicó la santidad de vida, de la que Él es autor y consumador, a todos y a cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen: sean pues, ustedes perfectos, como su Padre Celestial es perfecto. Envió el Espíritu Santo, que los mueva interiormente para que amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas y para que se amen unos a otros como Cristo nos amó” (Lumen Gentium, 40).La acción evangelizadora de la Iglesia convoca a todos los bautizados a vivir como conviene a los santos, haciendo la voluntad de Dios, para que cada uno llegue a la salvación eterna. Teniendo como camino seguro el perdón mutuo, un camino de caridad que lo ha trazado Jesús desde la cruz, cuando nos ha enseñado a perdonar y a levantar al que está caído por el mal y el pecado. Así lo predica el apóstol San Pablo: “como elegidos de Dios, pueblo suyo y amados por Él, revístanse de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga motivos de queja contra otro. Del mismo modo que el Señor les perdonó, perdónense también ustedes. Y por encima de todo, revístanse del amor que es el vínculo de la perfección” (Col 3, 12 - 14).Este camino de perfección cristiana, donde juntos avanzamos tiene dificultades y tropiezos, porque el espíritu del mal quiere entrar a la vida interior y destruir la gracia. Por eso, tenemos necesidad de permanecer y perseverar en la gracia de Dios y en la oración, para que todos los cristianos de cualquier condición puedan vivir en santidad y atraer a otros al cumplimento de la voluntad de Dios. El Concilio Vaticano II así lo enseña: “es evidente que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Para alcanzar esa perfección, los fieles, según la diversa medida de los dones recibidos de Cristo, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda generosidad a la gloria de Dios y al servicio del prójimo” (LG, 40).Para vivir en constante camino de santidad y de perfección cristiana es necesario preocuparse por perseverar en el estado de gracia, que capacita al cristiano para el seguimiento de Cristo con limpieza de corazón. Por debilidad humana todos somos pecadores, pero de un cristiano se espera que no permanezca en estado de pecado por mucho tiempo, sino que de inmediato frente al pecado pueda buscar el sacramento de la con-fesión para recuperar la gracia y volver al estado inicial de recién bautizado; llevando a plenitud su vocación que es vivir en gracia de Dios y santidad de vida. Así lo enseñó el Papa Francisco: “cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: Señor yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor. En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad” (Gaudete et Exultate, 15).La evangelización en la que estamos todos empeñados tiene como fin llevarnos a vivir en santidad. En la vida de la gracia y en el trabajo misionero, tenemos que evitar la tentación del protagonismo personal, atribuyendo a nuestra pequeñez, lo que le corresponde a Dios. San Juan Pablo II nos previene de esta tentación cuando expresó: “hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral; pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar. Ciertamente Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, no podemos hacer nada (Cf. Jn 15, 5)” (NMI 38); de tal manera que, si una persona se acerca a Dios, deseando vivir en santidad, no es obra nuestra, sino Dios que está haciendo cosas grandes en la vida de las personas.Cuando toda nuestra vida está proyectada a hacer y amar la voluntad de Dios, podemos asumir la cruz de cada día reconociendo que es el camino de perfección cristiana para llegar a la salvación eterna, que solo se logrará si nos esforzamos por hacer juntos el camino de santidad, dándole prioridad a la gracia de Dios, que transformará el mundo desde el testimonio de cada bautizado en la misión que realiza. Que la Santísima Virgen María, el Glorioso Patriarca San José y todos los santos, nos alcancen del Señor bendiciones y gracias para ser testigos del Evangelio, construyendo el reino de Dios, desde una vida en camino de santidad.En unión de oraciones,reciban mi bendición.