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Misión Diocesana Sinodal de la Diócesis de Sonsón Rionegro

Vie 26 Jun 2026

Iglesias hermanas en el corazón del Vaupés

Por P. Renzo Martínez Ramírez - La Iglesia en Colombia vive desde hace varios años una experiencia significativa de comunión misionera a través del programa de Hermanamiento Misionero entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. Esta iniciativa busca fortalecer los vínculos entre las Iglesias particulares, compartir recursos humanos y pastorales, y expresar de manera concreta la corresponsabilidad en la misión evangelizadora.El origen de este proceso se encuentra en las reflexiones y conclusiones del XII Congreso Nacional Misionero celebrado en Bucaramanga. En las memorias publicadas por las Obras Misionales Pontificias en octubre de 2016 se propuso la creación de una estructura permanente de cooperación misionera entre las jurisdicciones eclesiásticas colombianas mediante el intercambio de agentes pastorales y la solidaridad económica, promoviendo el hermanamiento entre los vicariatos apostólicos, las diócesis de misión y las provincias eclesiásticas del país.Sin embargo, la cooperación misionera entre Iglesias no es una realidad nueva. Ya en la década de los años ochenta la Iglesia colombiana impulsaba experiencias de hermanamiento con proyección internacional. Documentos de trabajo presentados a la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano y diversos intercambios con Iglesias de Bangladesh y Etiopía muestran que la misión siempre ha sido entendida como una responsabilidad compartida entre todas las comunidades eclesiales.En este contexto se sitúa la relación entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú, una experiencia que se ha convertido en un verdadero laboratorio de sinodalidad y misión.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el departamento del Vaupés, en el corazón de la Amazonía colombiana. Se trata de un territorio marcado por enormes desafíos geográficos, grandes distancias, escasas vías de comunicación y una notable riqueza cultural representada en numerosos pueblos indígenas que conservan tradiciones, lenguas y formas de organización propias.Una tierra marcada por la misiónLa historia evangelizadora del actual Vicariato Apostólico de Mitú hunde sus raíces en las primeras expediciones misioneras realizadas por los Misioneros Montfortianos a comienzos del siglo XX. El 15 de agosto de 1914 llegaron los primeros misioneros, atravesando el océano Atlántico y remontando el río Amazonas, el río Negro y el río Papurí, iniciando una extraordinaria labor evangelizadora que se abrió camino entre selvas, caños y ríos hasta alcanzar los lugares más apartados de esta vasta región amazónica.Su misión estuvo orientada al anuncio del Evangelio entre los pueblos indígenas del Vaupés, sembrando las primeras semillas de una Iglesia que, con el paso de los años, se identificaría profundamente con la realidad cultural y espiritual de la Amazonía colombiana.Posteriormente, la Santa Sede confió este territorio a los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes asumieron oficialmente la responsabilidad pastoral en 1949 con la creación de la Prefectura Apostólica de Mitú. Junto con ellos llegó Monseñor Gerardo Valencia Cano, figura emblemática de la Iglesia misionera en Colombia, quien impulsó con entusiasmo el espíritu evangelizador y el compromiso con las comunidades indígenas hasta finales de 1953.Ese mismo año asumió la conducción pastoral Monseñor Heriberto Correa, quien fortaleció la organización eclesial y la acción evangelizadora hasta 1964. Más adelante, en 1967, fue nombrado Monseñor Belarmino Correa Yepes, recordado por su decisivo aporte al desarrollo humano y pastoral del Vaupés. Durante su ministerio se fortalecieron las escuelas, la formación de catequistas, la educación contratada y los medios de transporte aéreo y fluvial, herramientas fundamentales para acercar la presencia de la Iglesia a las comunidades más alejadas.En 1989 se produjo una importante reorganización eclesiástica con la creación del Vicariato Apostólico de San José del Guaviare y del Vicariato Apostólico de Mitú–Puerto Inírida, lo que permitió una atención pastoral más cercana a los diversos territorios amazónicos. Posteriormente, la Iglesia local continuó su camino bajo el liderazgo de Monseñor José Gustavo Ángel Ramírez, consolidando los procesos evangelizadores y pastorales desarrollados durante décadas.A lo largo de más de un siglo, generaciones de misioneros han recorrido ríos, selvas y comunidades apartadas, entregando su vida al servicio del Evangelio. Su labor ha contribuido no solo al crecimiento de la fe cristiana, sino también a la promoción humana, la educación, la defensa de las culturas indígenas y el acompañamiento integral de los pueblos amazónicos.Actualmente, el Vicariato Apostólico de Mitú es pastoreado por Mons. Medardo de Jesús Henao del Río, misionero javeriano nacido en Antioquia y profundo conocedor de la realidad amazónica. Su ministerio episcopal está orientado a fortalecer una Iglesia cercana a los pueblos indígenas, comprometida con la evangelización, la promoción humana, el diálogo intercultural y el cuidado de la casa común, siguiendo el legado de quienes, a lo largo de la historia, han hecho de la misión el corazón de esta Iglesia particular.Una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoEl Vaupés es uno de los territorios con mayor riqueza cultural de Colombia. En él habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones, estructuras familiares y formas ancestrales de organización comunitaria. Allí, la palabra tiene un profundo significado y el silencio también comunica respeto, escucha y sabiduría.La presencia de la Iglesia en esta región es fruto de más de un siglo de labor misionera. Generaciones de evangelizadores han navegado ríos y atravesado selvas llevando el anuncio del Evangelio, promoviendo la educación y acompañando los procesos de desarrollo humano de las comunidades.Sin embargo, la realidad actual plantea importantes desafíos pastorales. La desaparición de la educación contratada, que durante décadas permitió una presencia permanente de agentes evangelizadores en los territorios, ha reducido significativamente la frecuencia de las visitas pastorales. Algunas comunidades reciben la visita de un sacerdote apenas una o dos veces al año, mientras que otras deben esperar períodos aún más prolongados debido a las limitaciones de personal y recursos.En medio de este contexto, los misioneros encontraron comunidades acogedoras, familias deseosas de acompañamiento espiritual, niños y jóvenes abiertos al diálogo y mayores que conservan la memoria viva de sus pueblos. También pudieron conocer de cerca situaciones de vulnerabilidad relacionadas con el abandono estatal, las dificultades económicas, las limitaciones en salud, la escasez de agentes pastorales y problemáticas que afectan especialmente a la juventud.La fuerza evangelizadora de la cercaníaUno de los mensajes más insistentes compartidos durante la experiencia misionera fue la importancia de la cercanía como primer anuncio del Evangelio. En las comunidades amazónicas, las personas valoran profundamente la presencia sincera de quienes llegan a compartir la vida cotidiana.Más allá de las actividades pastorales programadas, los misioneros fueron invitados a escuchar con atención, visitar las familias, compartir los alimentos, aprender los nombres de las personas y dejarse interpelar por las realidades que encontraron. En este contexto, la evangelización se expresa especialmente a través de los gestos sencillos, la escucha respetuosa y la capacidad de caminar al ritmo de las comunidades.Aprender de los pueblos amazónicosLa misión también fue una oportunidad para reconocer la riqueza espiritual presente en los pueblos indígenas. Desde su relación armónica con la naturaleza, su sentido comunitario y el respeto por la memoria de los mayores, las comunidades amazónicas ofrecen valiosas enseñanzas para toda la Iglesia.Los responsables pastorales insistieron en la necesidad de vivir una auténtica actitud de inculturación, evitando juicios apresurados y favoreciendo el diálogo respetuoso entre el Evangelio y las culturas locales. La experiencia misionera invitó a los participantes a cultivar la humildad, valorar el silencio, fortalecer la fraternidad entre los equipos y convertirse en signos de esperanza para quienes atraviesan situaciones difíciles.Una escuela de vida misioneraLas condiciones propias del territorio amazónico también hicieron parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones en conectividad y la sencillez de las condiciones de vida permitieron a los participantes experimentar una forma diferente de acercarse a la misión.En muchos lugares la atención ofrecida por las comunidades consistió únicamente en un desayuno o un almuerzo sencillo, expresión generosa de hospitalidad en medio de recursos limitados. Esta realidad motivó a los misioneros a compartir con gratitud y a valorar profundamente cada gesto de acogida.Al finalizar la experiencia, muchos coincidieron en que la Amazonía no solo recibe misioneros, sino que también los forma. La selva enseña humildad, el río enseña paciencia y las comunidades enseñan fraternidad. En el corazón del Vaupés, la misión continúa siendo una escuela privilegiada de encuentro con Dios, con los pueblos indígenas y con las periferias que siguen esperando una Iglesia cercana, samaritana y profundamente misionera.La Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia con casi siete décadas de historia misioneraLa Diócesis de Sonsón-Rionegro es una Iglesia particular de la Iglesia Católica ubicada en el Oriente Antioqueño, una de las regiones más dinámicas y profundamente creyentes de Colombia. Fue creada por el Papa Pío XII el 18 de marzo de 1957 mediante la bula In Apostolici Muneris, por lo que en el año 2026 cuenta con 69 años de vida diocesana. Desde entonces ha acompañado el crecimiento espiritual, social y humano de las comunidades del Oriente antioqueño, convirtiéndose en un referente de evangelización y compromiso pastoral en el país.A lo largo de su historia, la diócesis ha desarrollado una intensa acción evangelizadora mediante sus parroquias, instituciones educativas, obras sociales, movimientos apostólicos y procesos misioneros. Su identidad se caracteriza por una profunda espiritualidad eclesial, una fuerte participación de los laicos y una permanente apertura a la misión, tanto dentro de su territorio como en otras regiones de Colombia.Un camino pastoral orientado a la renovación misioneraDurante los últimos años, la diócesis ha venido desarrollando un amplio proceso de planificación pastoral impulsado por Mons. Fidel León Cadavid Marín. Este itinerario pastoral, construido con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos, surgió de un profundo análisis de la realidad social y eclesial del territorio y se concretó en este último proyecto pastoral denominado "Por una Diócesis Sinondal: Comunión, Participación, Misión", que orienta la acción evangelizadora diocesana entre 2026 y 2030.El objetivo fundamental de este proceso ha sido renovar la vida cristiana de las comunidades: La Parroquia, fortalecer la identidad de los discípulos misioneros y promover una Iglesia cada vez más evangelizada y evangelizadora. Inspirado por el llamado del Papa Francisco a una conversión pastoral permanente, el plan ha buscado consolidar comunidades participativas, abiertas, misericordiosas y comprometidas con la transformación de la sociedad desde el Evangelio.Actualmente, la diócesis continúa proyectando su acción pastoral hacia una Iglesia en salida, fortaleciendo los procesos de evangelización, la formación de agentes pastorales, la pastoral social, las vocaciones y la misión ad gentes, expresión concreta de su compromiso con la Iglesia universal.Su pastor: Mons. Fidel León Cadavid MarínDesde el año 2011 la diócesis es guiada por Mons. Fidel León Cadavid Marín, quien fue nombrado por el Papa Benedicto XVI el 2 de febrero de ese año y tomó posesión de la diócesis en marzo de 2011. Nacido en Bello, Antioquia, el 3 de julio de 1951, es sacerdote, teólogo y pastor de amplia experiencia en la Iglesia colombiana. Antes de llegar a Sonsón-Rionegro se desempeñó como obispo de Quibdó, donde desarrolló una destacada labor pastoral en favor de las comunidades más vulnerables del Chocó.Su ministerio episcopal se ha caracterizado por el impulso de la evangelización, la formación permanente del clero, el fortalecimiento de la pastoral diocesana y la promoción de una Iglesia cercana a las comunidades. Bajo su liderazgo, la diócesis ha consolidado importantes procesos de renovación pastoral y ha fortalecido su compromiso misionero dentro y fuera del territorio diocesano.Misión diocesana Sinodal: Iglesias hermanas que se visitanLa misión realizada en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una expresión concreta de este espíritu evangelizador que anima a la Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia que, fiel al mandato de Cristo, continúa saliendo al encuentro de las periferias geográficas y humanas para anunciar el Evangelio y servir a los más necesitados.La relación entre Mitú y las Iglesias de Antioquia tiene además una dimensión histórica y afectiva. Muchos de los misioneros que han servido en la Amazonía colombiana provienen de esta región del país. Por ello, el hermanamiento entre la Provincia Eclesiástica de Medellín y el Vicariato Apostólico de Mitú representa la continuidad de una larga tradición misionera que ha buscado construir puentes entre distintas realidades eclesiales.Como fruto de este proceso nació la Misión Diocesana Sinodal de la Diócesis de Sonsón Rionegro. Esta iniciativa surge en el marco del actual Plan Diocesano de Pastoral, cuyo horizonte está expresado en cinco grandes ejes: Cultivar y practicar la espiritualidad sinodal, formar discípulos misioneros, contribuir al desarrollo humano integral, salir al encuentro de la infancia, adolescencia, juventud y familia, y por último la gratitud. Dando respuesta a lo que la Iglesia Universal esta caminado: comunión, participación y misión.La Misión Diocesana Sinodal no es una actividad aislada. Constituye una opción pastoral permanente que busca formar una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asuman conjuntamente la responsabilidad evangelizadora. Su objetivo es fortalecer la identidad misionera de toda la diócesis, promover la participación de los bautizados, favorecer la escucha mutua y llegar a las periferias geográficas y existenciales donde el Evangelio necesita ser anunciado y testimoniado.Esta visión encuentra una profunda sintonía con el proceso sinodal promovido por la Iglesia universal. La escucha, el discernimiento comunitario, la corresponsabilidad, la valoración de los diversos carismas y la participación activa del Pueblo de Dios constituyen elementos centrales tanto de la sinodalidad como de la experiencia misionera vivida por la diócesis.La vocación misionera de la Diócesis de Sonsón-Rionegro encuentra una de sus expresiones más significativas en la misión ad gentes, fruto del compromiso evangelizador de sacerdotes, religiosos y laicos. Esta riqueza eclesial se manifiesta a través de numerosos grupos, movimientos y comunidades que animan la acción pastoral de la diócesis, entre ellos el grupo misionero Pálpitos, conformado principalmente por jóvenes comprometidos con el anuncio del Evangelio; los Laicos de San Pablo, que aportan su experiencia evangelizadora y formativa; y diversas comunidades religiosas como las Hermanas Franciscanas de María Auxiliadora, las Dominicas de la Doctrina Cristiana y las Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Junto a muchas otras expresiones eclesiales, todos ellos fortalecen el dinamismo misionero de una Iglesia en salida, cercana a las comunidades y comprometida con la construcción del Reino de Dios.La expresión más visible de este espíritu misionero se vivió entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cuando 54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro se desplazaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú para compartir una semana de encuentro, evangelización y servicio fraterno con las comunidades indígenas y amazónicas del Vaupés.Participaron sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de diversas parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales. Los equipos fueron distribuidos en distintos centros misionales (doce comunidades) de las parroquias a misionar ( Parroquia Catedral María Inmaculada; Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Parroquia de San Pablo Apóstol, Cuasi Parroquia Santa Laura Montoya) y desarrollaron múltiples actividades pastorales: visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y actividades de animación misionera.Sin embargo, la riqueza de esta experiencia no puede medirse únicamente por el número de actividades realizadas. Lo más significativo fue el encuentro entre dos Iglesias que decidieron compartir sus dones y caminar juntas.Los misioneros llegaron para anunciar el Evangelio, pero también para escuchar. Llegaron para servir, pero también para aprender. Las comunidades amazónicas compartieron con ellos su experiencia de fe, su capacidad de resiliencia, su profundo sentido comunitario y su estrecha relación con la creación. De esta manera se produjo un auténtico intercambio de dones que enriqueció a todos los participantes.La espiritualidad que animó la misiónToda experiencia misionera necesita una profunda raíz espiritual. En la Misión Diocesana Sinodal 2026, vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú, esa espiritualidad estuvo acompañada de manera especial por el himno "Eucaristizar" y por la Oración por la Misión, signos visibles de la comunión entre las Iglesias hermanas que caminaron juntas en el corazón del Vaupés.El himno Eucaristizar acompañó los momentos de oración, envío y encuentro comunitario, recordando a cada misionero que su vocación consiste en hacer de la propia vida una ofrenda de amor, servicio y entrega, al estilo de Jesucristo, Pan partido para la vida del mundo. Su mensaje se convirtió en una verdadera síntesis de lo vivido durante la misión: compartir, escuchar, servir y caminar juntos hacia la vida plena.De igual manera, la Oración por la Misión fue un instrumento permanente de comunión espiritual. Rezada antes, durante y después de cada jornada, ayudó a los participantes a mantener viva la conciencia de que la misión es ante todo obra de Dios y respuesta al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. A través de ella, las comunidades de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, el Vicariato Apostólico de Mitú y muchas personas que acompañaron desde la distancia se unieron espiritualmente a esta experiencia evangelizadora.El himno y la oración se convirtieron así en dos expresiones complementarias de una misma convicción: que la misión nace de la Eucaristía, se fortalece en la oración y se realiza en el encuentro fraterno con los hermanos. Desde esta certeza, los misioneros pudieron experimentar que, más allá de las distancias geográficas, las Iglesias hermanas están llamadas a remar juntas con Jesús hacia la vida plena.Esta experiencia ofrece enseñanzas importantes para la Iglesia en Colombia y para muchas Iglesias particulares del mundo.En primer lugar, demuestra que la misión sigue siendo el camino privilegiado para construir comunión. La unidad eclesial no nace únicamente de las estructuras o de los documentos, sino del encuentro concreto entre personas que comparten la misma fe y la misma misión.En segundo lugar, pone de manifiesto el protagonismo de los laicos. Una gran parte de los participantes fueron fieles laicos que respondieron generosamente al llamado misionero (una gran gama de edades: entre los más jóvenes hasta los más adultos). Esto confirma que la misión pertenece a todo el Pueblo de Dios y no exclusivamente a un grupo particular dentro de la Iglesia.En tercer lugar, muestra que las periferias tienen mucho que enseñar. La Amazonía no es únicamente destinataria de la evangelización. También es sujeto evangelizador. Las comunidades indígenas y amazónicas ofrecen a la Iglesia universal valiosas lecciones sobre fraternidad, cuidado de la creación, solidaridad y sentido de pertenencia comunitaria.Finalmente, esta experiencia confirma que la sinodalidad alcanza su máxima expresión cuando se convierte en misión compartida. Caminar juntos encuentra su sentido más profundo cuando se hace para anunciar juntos el Evangelio.Las recientes palabras del Papa León XIV iluminan especialmente esta experiencia. El Santo Padre ha manifestado su deseo de una Iglesia auténticamente misionera, capaz de salir al encuentro de las heridas de la humanidad para llevar consuelo, esperanza y reconciliación. Ha insistido en la necesidad de una Iglesia cercana, que acompañe, escuche y contribuya a sanar las fracturas que afectan a las personas, las comunidades y los pueblos.La experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una respuesta concreta a este llamado. Durante esos días, la misión buscó sanar la distancia mediante la cercanía, el aislamiento mediante la fraternidad y la indiferencia mediante el encuentro. Fue una Iglesia que salió de sí misma para caminar con otros, compartir sus dones y dejarse transformar por ellos.Lo sucedido en Mitú muestra que la sinodalidad no es una teoría ni un concepto abstracto. Es una forma concreta de vivir el Evangelio. Cuando dos Iglesias particulares deciden encontrarse, escucharse, ayudarse mutuamente y anunciar juntas a Jesucristo, la misión se convierte en escuela de comunión, participación y esperanza.En un tiempo en que la Iglesia busca renovar su impulso evangelizador, la experiencia de hermanamiento entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú aparece como un signo profético. Es una muestra de que la misión sigue siendo el corazón de la Iglesia y de que el futuro de la evangelización pasa por una comunión cada vez más profunda entre las Iglesias hermanas que comparten la alegría de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.La experiencia vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye también una invitación para toda la Provincia Eclesiástica de Medellín y en general de toda la Iglesia Colombiana a fortalecer los vínculos de comunión y cooperación misionera con las Iglesias que peregrinan en los territorios de misión. Ojalá este camino recorrido motive a los señores obispos, sacerdotes, religiosos y laicos a volver la mirada hacia los vicariatos apostólicos de Colombia, reconociendo en ellos no únicamente destinatarios de ayuda solidaria, que es necesaria siempre, pero de también la pastoral: verdaderas Iglesias hermanas que enriquecen a todo el Pueblo de Dios con su testimonio de fe, entrega y esperanza.La Amazonía, el Pacífico y las demás periferias misioneras siguen recordando a la Iglesia colombiana que la misión es una responsabilidad compartida y que la comunión eclesial se fortalece cuando caminamos juntos, compartimos nuestros dones y nos comprometemos con quienes afrontan mayores desafíos evangelizadores.P. Renzo B. Martínez RamírezDelegado Episcopal de Pastoral Misionera y OMP de la Diócesis de Sonsón Rionegro