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Lectio Dominical

Vie 27 Mayo 2022

Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo

SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA ASCENSIÓN DEL SEÑOR Mayo 29 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11 Salmo: 47(46), 2-3.6-7.8-9 (R. cf. 6) Segunda lectura: Efesios 1, 17-23 ó Hb 9, 24-28; 10, 19-23. Evangelio: Lucas 24, 46-53 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La riqueza de la solemnidad que celebramos hoy alcanza para un amplio número de temas reflexivos, puesto que subraya el triunfo final de la humanidad de Cristo el Señor, cuyo principio de dicha humanidad tuvo comienzo con la encarnación. De lo anterior dan fe: Los relatos de la infancia de Jesús (Mt 1—2; Lc 1—2), el prólogo de san Juan (1,1-18) y el cántico de Filipenses (2,5-11). A partir de la victoria de la humanidad de Cristo, tres temas orientan nuestra reflexión: • El primero es la difusión del evangelio, pues uno de los deseos finales del Resucitado consistió en la proclamar la conversión para el perdón de los pecados. Para este fin los agentes fueron los discípulos, testigos de los misterios de la pasión y resurrección del Señor. • El segundo punto de reflexión lo ocupa nuestras aspiraciones de vida: Resulta llamativo cómo los discípulos contemplaban, con la mirada fija al cielo y postrados ante el Resucitado, el misterio de la ascensión. Sin embargo, los compromisos cotidianos de la vida no son menos importantes que la actitud de adoración, las palabras de los dos hombres vestidos de blanco de Hch 1,10-11, aplican también para nosotros, no quedarnos simplemente mirando al cielo y desentendidos de la misión en esta tierra. • En tercer lugar, conviene reflexionar sobre la promesa del Espíritu Santo, la recepción del Espíritu Divino otorga la fuerza para el éxito de la misión de todos los bautizados, cuyo efecto resulta palpable primero, en Jerusalén, después Judea y Samaría y, finalmente en los confines de la tierra (Hch 1,8). El misterio de esta promesa queda en suspenso hasta cuando se desvele en la Solemnidad de Pentecostés el próximo domingo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Lucas presenta en el evangelio de manera tan resumida las últimas manifestaciones de Cristo resucitado, que si no tuviéramos más que esta página evangélica sentiríamos la tentación de colocar el relato de la ascensión el mismo día que el de la resurrección y el de las apariciones. No obstante, el mismo autor, informa expresamente, en los Hechos de los Apóstoles, que entre la resurrección y la ascensión de Jesús pasaron cuarenta días. (Hch 1,3). Se pone de relieve en la orientación teológica de Lucas, que el evangelio será predicado a todas las naciones para que se conviertan y obtengan el perdón de los pecados, el punto de partida de esta expansión victoriosa será Jerusalén. (Lc 24,47; Hch 1,8). Ante semejante misión se requiere que los apóstoles tengan conciencia de su deber y de su fuerza. Su deber es dar testimonio de la verdad: “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24,48). Su fuerza reside en la presencia del Espíritu Santo, cuya promesa les renueva Cristo: “Y saber que yo les envío la promesa de mi Padre” (Lc 24,49), “vosotros seréis bautizados con el Espíritu dentro de pocos días” (Hch 1,5). Así pues, Lucas insiste en el evangelio como en Hechos sobre la presencia nueva de Jesús en la Iglesia a través del Espíritu Santo y en la responsabilidad de sus discípulos de ser sus testigos en la tierra. La ascensión del Señor al cielo resalta la soberanía del Resucitado sobre la humanidad entera y sobre todo el mundo. Así lo menciona el salmo 46 que reporta expresiones como: “El Señor es emperador de toda la tierra, Dios es el rey del mundo, Dios reina sobre las naciones”. El beneficio para nosotros de esta soberanía es que involucra a quienes creemos en Él, Cristo como cabeza de la Iglesia, revela el estado en el que también estará su cuerpo místico (nosotros los bautizados que somos su Iglesia). Desde esta perspectiva se comprende la expresión de la carta a los Hebreos: “Tenemos entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús” (Hb 10,19), con lo cual el texto propone el camino nuevo y vivo que el Señor ha inaugurado para nosotros. En el conjunto de las escenas de la Ascensión la gente se sentía animada por una fe capaz de todas las conquistas, los discípulos regresaron no con la tristeza de la despedida, sino con la alegría de la promesa, pues estaban continuamente en el Templo contemplando a Dios, por eso fue que los Once volvieron a Jerusalén dóciles a las últimas recomendaciones del Resucitado. (Lc 24,52; Hch 1,12). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La solemnidad de este día nos sitúa en la meta que ha logrado Cristo resucitado. La expresión cielo donde ascendió el Señor, es la vida eterna a le que estamos destinados todos los bautizados. De ahí que esta solemnidad nos centra en la esperanza de lo que será nuestro futuro, la vida eterna. La carta a los Hebreos concluía afirmando: “Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa” (Hb 10,23). En este orden de ideas la oración colecta nos anima a “exultar de gozo porque la ascensión de Jesucristo es nuestra victoria, y donde nos ha presidido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo”. La certeza del futuro que anhelamos y que nos espera, no dispensa de las responsabilidades en esta tierra. El libro de los Hechos afirma: “Galileos, que hacen ahí parados mirando al cielo?” La satisfacción de quedarnos mirando al cielo y esperando que lleguemos a él, sin compromisos serios en este peregrinar por la tierra, sigue vigente en muchas comunidades. Nuestra fe, nuestras ilusiones y esperanzas no se reducen a este mundo que pasa, pero mientras estemos en él, nos compete ser testigos de Cristo resucitado. Hechos de los Apóstoles insiste en esta responsabilidad: “Cuando el Espíritu descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos”. Es necesario expresar con palabras y, sobre todo, con acciones que Cristo resucitado sigue presente en medio del mundo; en consecuencia, conjuguemos la doble dimensión que expone esta solemnidad de Jesús: por un lado, aspirar al futuro que nos espera con la mirada lanzada al cielo y por el otro, testificar ante los demás la presencia viva y operante de Cristo resucitado que hoy asciende al cielo entre aclamaciones y al son de trompetas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Te agradecemos Padre porque nos ofreces la certeza de cómo nuestro destino no termina aquí en la tierra, sino que se abre la esperanza hacia la vida eterna, donde todo será amor, paz, alegría y bondad, así quedarán aniquilados el luto, el llanto y el dolor. Te damos gracias oh Jesús por subir como nuestra cabeza al cielo y manifestar la victoria a la que aguardamos todos como Iglesia, tu cuerpo, que cree y aguarda la vida sin ocaso. Frente a tan altas aspiraciones, todos en general y cada uno en particular, comprometámonos a ser testigos del Señor en la familia y los demás ambientes en los que desempeñamos la vida, de modo que mostremos el rostro de Cristo resucitado y ascendido al cielo, a los enfermos, marginados y a los menos tenidos en cuenta de la comunidad. _________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. • Motivar la participación a la Misa de la Vigilia de Pentecostés. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos, hoy nos congrega la Solemnidad de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Este hecho sella la entrada definitiva de la humanidad de Jesús a la presencia de Dios Padre; y es para nosotros motivo de esperanza, dado que nos invita a pensar en nuestro destino final, que no será otro que anhelar estar en la presencia del Padre. Monición a la Liturgia de la Palabra Dios se nos revela en la novedad de su Palabra. La riqueza del mensaje de hoy nos ilumina y orienta para comprender este misterio de glorificación y el compromiso que implica ser testigos de este acontecimiento. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre eterno, nos sabemos hijos tuyos, por eso, en confianza te presentamos las necesidades que nos afligen, seguros de ser escuchados y atendidos por tu prodigiosa eficacia en favor nuestro. Oramos juntos diciendo: R. Por la Asunción de tu Hijo, escúchanos Señor. 1. Te pedimos, Señor, por tu Iglesia, para que asumiendo con compromiso el anuncio del Evangelio, proclame a todos tu mensaje de salvación. 2. Te suplicamos, Señor, por quienes aún no han recibido la riqueza de tu Palabra, para que el mensaje llegue y toque sus corazones. 3. Te presentamos Señor, a quienes, alejados de ti, no han reconocido la presencia de tu Hijo en medio de ellos. 4. Te entregamos, Señor, a los enfermos y desvalidos, para que, sostenidos por tu presencia amorosa y cercana, asuman con esperanza su dolor. 5. Te ofrecemos, Señor, esta comunidad, que celebra con gozo la Ascensión de tu Hijo a los cielos, para que se afiance la fe que los anima. Oración conclusiva Dios nuestro, que has querido elevar a tu Hijo a tu presencia, te pedimos por su intercesión, escuches nuestras súplicas y nos alcances los bienes que proceden de tu amor y clemencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Mié 18 Mayo 2022

El Espíritu Santo les irá recordando todo lo que les he dicho

SEXTO DOMINGO DE PASCUA Mayo 22 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 15, 1-2.22-29 Salmo: 67(66), 2-3.5.6 y 8 Segunda lectura: Apocalipsis 21, 10-14.22-23 Evangelio: Juan 14, 23-29 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El Espíritu Santo es el protagonista del caminar histórico de la Iglesia. Guiados por su luz, los apóstoles toman las decisiones que más le convienen a las comunidades cristianas nacientes. Alivianar las cargas es la consigna para que los creyentes puedan ser realmente libres según el Espíritu. • El Cordero Pascual que ha sido inmolado y cuya Resurrección estamos celebrando se presenta en el Apocalipsis como el Sol glorioso que iluminará la Nueva Jerusalén, la ciudad santa donde Dios habita y donde habitaremos para siempre con el Señor. • Para los que aman a Cristo se nos promete el amor del Padre, que, junto con el Hijo, e incluso con el Espíritu, vendrán a poner su morada en la vida de cada discípulo. El Espíritu Santo obrará en sus mentes para reavivar el recuerdo de las enseñanzas del Maestro, palabras de vida eterna. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta la controversia que se suscitó en Antioquía y en Jerusalén acerca de la obligatoriedad de la circuncisión con miras a la salvación. En ese contexto, el fragmento que se toma para la liturgia de este domingo nos ofrece dos partes: a) Los primeros dos versículos presentan en qué consistía la problemática; b) enseguida, saltándose el relato del Concilio de Jerusalén con las intervenciones de los apóstoles, la perícopa coloca los vv. 22-29 que hacen alusión a la carta que los apóstoles envían a Antioquía y en la cual se les garantiza la liberación de las cargas innecesarias. En la segunda lectura encontramos otro pasaje del capítulo 21 del Apocalipsis, del cual ya habíamos escuchado los primeros cinco versículos en el domingo anterior. Ahora Juan es llevado a contemplar la visión de la Jerusalén celestial (la imagen de la ciudad santa sirve para simbolizar el ámbito celestial-escatológico), luego de que el ángel le había prometido: «Ven, que te voy a enseñar a la novia, a la Esposa del Cordero» (este es el v. 9 que no hace parte del texto que se proclama en la liturgia de este domingo). Esta ciudad viene a ser el gran templo donde habita la gloria de Dios. Se ingresa allí a través de los apóstoles para descubrir que, en realidad el templo es Dios mismo y el Cordero, vencedor de la muerte, es él mismo la luz. Continuando con sus palabras de despedida, Jesús les garantiza a sus discípulos la inhabitación divina que tiene por causa el amor del Padre, así como por amor Dios ha enviado a su Hijo (cf. Jn 3,16). Habiéndole a dicho a Felipe: «el que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9), ahora explica que su presencia después de la resurrección llevará consigo la presencia del Padre. Dicha presencia es consecuencia del amor del discípulo por el Hijo; por ende, la falta de amor es la causa de que el mundo no pueda reconocer ni al Padre ni al Hijo. Además, el Espíritu Santo, que se enviará en nombre de Cristo se encargará de mantener en el tiempo las enseñanzas del Maestro, lo que hace perfecta y completa la presencia de Dios entre nosotros que es fruto de la Pascua, de la glorificación del Hijo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Con la resurrección de Cristo, no sólo llegamos a contemplar su gloria, sino que, gracias a la efusión del Espíritu Santo, Dios llega a habitar en nosotros. Se realiza así lo que Dios ha deseado con la encarnación: «y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Sabemos que esta inhabitación se ha hecho realidad desde nuestro Bautismo que nos hace hijos amados del Padre, perfeccionada en la Confirmación con el don del Espíritu Santo y llevada a plenitud en la Eucaristía, sacramento donde se cumple la promesa de Cristo: «Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (Jn 6,56). Si afirmamos con san Pablo: «Ya no soy yo quien vive, sino es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20) es porque el Padre y el Hijo han venido a morar en nosotros. Y si nuestros corazones arden cuando nos ponemos delante de las enseñanzas del Maestro es porque el Espíritu Santo cumple a cabalidad su misión de recordarnos las Palabras de Jesús. Al respecto de esta obra iluminadora del Paráclito, nos dice el Papa Francisco: «Nosotros no estamos solos: Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros. Su nueva presencia en la historia se realiza mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado […] Y el signo de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Mi paz os doy» (v. 27). Esa es diversa de la que los hombres se desean o intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y signo de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado con la certeza de su victoria y a la espera de su venida definitiva» (Ángelus, 01/05/2016). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? No perdamos de vista el camino sinodal que vive la Iglesia. Para hacer realidad el proyecto de caminar juntos debemos atender a la voz del Espíritu, que pone en nuestras mentes y en nuestros corazones el Evangelio de Cristo: «Una pregunta fundamental nos impulsa y nos guía: ¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo con la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? Enfrentar juntos esta cuestión exige disponerse a la escucha del Espíritu Santo, que, como el viento, “sopla donde quiere: oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Jn 3,8), permaneciendo abiertos a las sorpresas que ciertamente preparará para nosotros a lo largo del camino» (Documento preparatorio, 2). Por tanto, en este presente que vive la Iglesia, estamos llamados a invocar con más intensidad al Espíritu Santo: «Ven Espíritu Santo, derrama tu luz en medio de tus fieles y otórganos el don de estar unidos, de caminar juntos. Que podamos hacer memoria de lo que has obrado en la historia y nos muestres el camino para ser signo de salvación en el mundo de hoy». __________________ Recomendaciones prácticas: • Motivar la Novena de Pentecostés. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos y hermanas: En esta celebración eucarística, Cristo resucitado sale a nuestro encuentro, presente en su Palabra y en la Eucaristía. Nos promete el Señor habitar en nuestros corazones y mantener vivo el recuerdo de sus enseñanzas gracias a la acción santificadora del Espíritu. Que este mismo Espíritu nos disponga para vivir plenamente este acontecimiento de salvación, mientras seguimos avanzando en este itinerario pascual. Monición a la Liturgia de la Palabra Palabras de vida eterna se nos transmiten ahora en esta liturgia. Son las palabras de Cristo, el Señor, que quiere entrar en diálogo de amor con su pueblo. Ahora, mientras escuchamos estas lecturas, guardemos este mensaje en nuestro corazón para que seamos templos donde habite la Santa Trinidad. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Padre del cielo que nos envía a su Hijo y al Espíritu Santo para que participemos de su vida, le presentamos nuestra oración que brota de la escucha de su Palabra, en este tiempo en que celebramos a Cristo, nuestra Pascua. Por eso, suplicamos diciendo: R. Por Jesucristo, vencedor de la muerte, escúchanos Padre. 1. Por la Iglesia para que el Espíritu Paráclito la guíe con la fuerza del Evangelio y para que brille en el mundo como luz que acompaña el camino de toda la humanidad. 2. Por quienes están encargados del gobierno de las naciones para que sepan escuchar la voz del pueblo que clama para recibir el apoyo humano para sus necesidades más urgentes. 3. Por un verdadero diálogo en la Iglesia y en la sociedad para que, por un camino de perseverancia, paciencia y comprensión mutua, estemos atentos a la experiencia de las personas y de los pueblos. 4. Por todos los que sufren a causa de tantos males para que experimenten la presencia cercana y amorosa de Dios que está atento a sus oraciones y es providente para con todo aquel que requiere de su ayuda. 5. Por nosotros, participantes de esta celebración, para que sigamos exultando de alegría pascual y para que seamos portadores de aquella paz que sólo da Cristo resucitado y no puede darla el mundo. Oración conclusiva Padre bueno, que prometes amarnos y visitarnos cuando guardamos la palabra de tu Hijo No desoigas nuestras peticiones y favorece a aquellos que imploran tu auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Jue 12 Mayo 2022

Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros

QUINTO DOMINGO DE PASCUA Mayo 15 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 14, 21b-27 Salmo: 145(144), 8-9.10.11-12.13ab (R. cf. 1b) Segunda lectura: Apocalipsis 21, 1-5a Evangelio: Juan 13, 31-33a.34-35 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • Cercana la hora de dar la vida por sus amigos, el Señor les entrega el mandamiento nuevo del amor. Los discípulos están llamados a acoger este mandato descubriendo la novedad de amar según Dios: se trata de amar como Cristo, amar desde Cristo, amar en Cristo. • Gracias a la misión evangelizadora de la Iglesia, se sigue abriendo para toda la humanidad la puerta de la fe. Es el mismo Dios quien abre esta puerta en el corazón de cada persona y esto nos alienta para perseverar en el anuncio de la Resurrección de Cristo. • También nos anima la esperanza del cielo nuevo y la tierra nueva. El amor de Dios se encargará de hacer nuevas todas las cosas y, para esto, desde ya debemos dejar que el Señor haga morada nuestras vidas. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En el contexto de la misión de Pablo y Bernabé que se relata desde Hch 13,1, la liturgia nos presenta la conclusión de este viaje con el retorno a Antioquía, desde donde habían partido. Se percibe en los apóstoles el gozo y la gratitud por las comunidades evangelizadas pues son animadas para afrontar las pruebas, son guiadas por los presbíteros y el Señor les ha abierto la puerta de la fe a los gentiles. Pablo y Bernabé narran lo vivido, comprendiendo que Dios ha hecho la obra junto con ellos. En la segunda lectura nos encontramos ante uno de los pasajes más significativos del Apocalipsis. Allí se puede notar el empeño del autor en hacer sentir la Nueva Creación con todas sus implicaciones y consecuencias. Se presenta la Nueva Jerusalén (que representa a la Iglesia) engalanada como novia para el gran desposorio escatológico con su Dios, la nueva y definitiva alianza. La voz que proviene del trono expresa una decisión irrevocable de Dios: habitar con la humanidad. Enseguida de la escena del lavatorio de los pies y del anuncio de la traición de Judas, comienza el gran discurso de despedida de Jesús, habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre (Jn 13,1), la hora de ser glorificado por Dios (Jn 2,4; 7,30; 12,23). Consciente de su paternidad espiritual para con sus discípulos y del poco tiempo de presencia física en medio de ellos, Jesús les entrega el mandato nuevo de amarse. No se puede perder de vista que el amor es algo más que un mandamiento: es un don que procede del Padre por Jesús y es otorgado a los que creen en él. En ese sentido Jesús ama a sus discípulos como el Padre lo ha amado (cf. Jn 15,9) y ellos deben amarse a la manera como Él ha entregado la vida por ellos, sus amigos (Jn 15,13). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Hoy más que nunca los discípulos de Cristo hemos de manifestar al mundo la esencia de nuestra identidad, que al mismo tiempo es la herencia que el Señor nos dejó en la Última Cena: amar. Aquel amor que lo llevó al sacrificio de la cruz es el amor que destruye la muerte con su resurrección. Por eso también podemos afirmar que el gran fruto que debe brotar en la vida un discípulo que ha resucitado con Cristo es la práctica del amor a los hermanos; signo de que el cristiano realmente camina en senderos de vida nueva es que se esfuerza por configurar su vida con el mandamiento nuevo del amor. En su reciente encíclica Fratelli Tutti el Papa Francisco nos recuerda que «un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud “si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”» (n. 87). Esta es la verdad que está a la base de la fraternidad y la amistad social que promueve en su carta. Refiriéndose al valor único del amor nos sigue enseñando Francisco: «La altura espiritual de una vida humana está marcada por el amor, que es “el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana”. Sin embargo, hay creyentes que piensan que su grandeza está en la imposición de sus ideologías al resto, o en la defensa violenta de la verdad, o en grandes demostraciones de fortaleza. Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar (cf. 1 Co 13,1-13)» (n. 92). Por tanto, si queremos ser fieles a la enseñanza pascual que el Señor nos ofrece debemos volcarnos hacia cada persona que nos encontremos en el camino de la vida para buscar su bien: «El amor implica entonces algo más que una serie de acciones benéficas. Las acciones brotan de una unión que inclina más y más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello, más allá de las apariencias físicas o morales. El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos» (n. 93). Y recordemos: sólo amaremos al otro verdaderamente si lo hacemos como Cristo, desde Cristo y en Cristo; he ahí la novedad de su mandato. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En la oración nos dirigimos al Dios Amor y nuestra plegaria debe estar llena de amor a Dios y a los hermanos. Gracias a que en la oración experimentamos el amor infinito, total e incondicionado de Dios por cada uno nosotros, se hace posible un amor al prójimo visible, solícito y atento. Sin embargo, en medio de nuestra fragilidad que limita nuestra capacidad de amar, nuestra petición ha de ser simple, pero firme: Señor, enséñanos a amar como tú nos has amado. Para que se refleje en nuestra vida el don del amor podemos meditar esta enseñanza de H. J. M. Nouwen: «Antes que nada, en el amor a Dios me descubro a “mí mismo” de un modo nuevo. En segundo lugar, no nos descubriremos sólo a nosotros mismos en nuestra individualidad, sino que descubriremos también a nuestros hermanos humanos, porque es la gloria misma de Dios la que se manifiesta en su pueblo a través de una rica variedad de formas y de modos». _____________________ Recomendaciones prácticas: • Día del Educador. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos y hermanas: En medio de la desbordante alegría de la Pascua, hoy Cristo resucitado nos recuerda el mandamiento nuevo del amor, la señal por la que nos reconocerán como sus discípulos. Celebrar esta eucaristía es celebrar el Amor que vencido la muerte y compartir la vida en fraternidad, como hermanos en Cristo. Participemos con fe. Monición a la Liturgia de la Palabra Ya que el Señor nos ha abierto la puerta de la fe, acojamos su Palabra con alegría. Ella nos garantiza que, con Cristo resucitado, nos espera una vida renovada y nos invita a practicar la caridad a ejemplo de Jesús que nos amó hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Habiendo escuchado la Palabra que Dios nos comunica, y como un acto de amor para con nuestros hermanos, oremos al Padre por medio de Cristo, vencedor de la muerte, suplicando por toda la familia humana. Digamos juntos: R. Tú que eres la vida y la resurrección, escúchanos. 1. Oremos por la Iglesia universal. Que la vida de todos los ministros ordenados, religiosos y laicos sea señal de que el amor según Cristo es el único camino hacia la plenitud de cada persona humana. 2. Oremos por una espiritualidad del caminar juntos. Que nos formemos como discípulos de Cristo, como familias, como comunidades y como seres humanos, a través de nuestra experiencia de este camino Sinodal. 3. Oremos por los gobernantes. Que, movidos por una caridad sincera y desinteresada, puedan realizar obras que realmente contribuyan al progreso íntegro de todos los pueblos y de cada ser humano. 4. Oremos por los educadores que celebran hoy su día. Que sigan el ejemplo de Cristo Maestro y que sus enseñanzas repercutan en cada estudiante de tal manera que nuestra sociedad crezca en valores humanos y cristianos. 5. Oremos por nosotros que, celebrando esta liturgia pascual, hemos escuchado el mandato nuevo del amor. Que esta caridad, que se fundamenta en Cristo, nos ayude a reconocer, valorar y amar a cada persona. Oración conclusiva Padre de amor, que con la resurrección de tu Unigénito nos infundes vida en abundancia. Escucha estas plegarias que te presentamos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Mié 4 Mayo 2022

Yo doy la vida eterna a mis ovejas

CUARTO DOMINGO DE PASCUA Mayo 08 de 2022 • Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 13, 14.43-52 • Salmo: 100(99), 1-2.3.5 (R. 3c) • Segunda lectura: Apocalipsis 7, 9.14b-17 • Evangelio: Juan 10, 27-30 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Los primeros domingos de Pascua la Iglesia presenta en la liturgia las apariciones del Resucitado a sus discípulos, pero el cuarto domingo de Pascua ofrece una figura especial, la de Cristo Pastor de las ovejas; es claro para nosotros que Él es el único Buen Pastor para sus fieles, pero el pueblo ha reconocido a través de los siglos en el papa, los obispos y los presbíteros un ministerio a favor de aquel del Único Pastor que reúne bajo su cuidado a gentes muy diversas, como sucedía ya desde las primeras comunidades cristianas compuestas de fieles provenientes de los judíos y de los gentiles (cf. Directorio Homilético, apéndice I, ciclo c, Cuarto domingo de Pascua). 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La lectura de los Hechos de los Apóstoles se inserta en un apartado sobre la evangelización de Chipre y Asia menor, pero más específicamente nos presenta a Pablo y a Bernabé en Antioquia de Pisidia mientras ofrecen a los gentiles el mensaje de salvación ya que muchos judíos, sus primeros destinatarios, lo habían rechazado; así, quienes aceptaban el mensaje se alegraban y daban alabanza a la Palabra proclamada y quienes lo rechazaban experimentaban envidia e ira contra los discípulos al ver que muchos acudían a la escucha de la Palabra. El Salmo noventa y nueve es un llamado a la alabanza por el gozo del reconocimiento de la misericordia fiel del Señor con su pueblo, es también por esto acción de gracias, pero además confesión de la fe en Dios creador y guía del pueblo –expresado como las «ovejas de su rebano»–, es evidente así, que el Salmo pone también en tono de oración el contenido de la lectura de los Hechos. Además, como segunda lectura se continua el libro del Apocalipsis que la Iglesia hace terminar en los versículos que declaran que el Cordero (Cristo) será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a los que han sido atribulados y pasados por la sangre del Cordero para secar sus lágrimas: una consoladora imagen profética y apocalíptica de la comunión de los mártires de todos los tiempos. La dirección de toda esta riqueza de la Escritura la señala el Evangelio, que propone un breve, pero muy diciente pasaje del evangelista Juan en que Jesús, después de que un grupo de judíos le pidiera que les dijera expresamente si era o no el Mesías –porque la incertidumbre les turbaba el alma–, les responde que se los ha dicho, pero no se lo creen porque no son ovejas suyas, en cambio sus ovejas, las que el Padre le dio, escuchan su voz y lo siguen. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Quienes acuden a la escucha de la Palabra de Dios, son reunidos de los más diversos pueblos y reciben hoy, como en muchas épocas, la alegría que brota de ella y la alaban, como sucedía con los gentiles que acogían la Buena Noticia por parte de los Apóstoles, en el mensaje de la primera lectura. En efecto, el mensaje del Señor llega como la luz a todos los extremos de la tierra para iluminar a los que viven en las tinieblas y para congregarlos como su pueblo y ovejas de su rebano; esta es la respuesta que se ofrece para que la comunidad ratifique cada una de las estrofas del salmo de alabanza que acompaña la lectura. La segunda lectura continúa motivándonos a una alegre fe y a una firme esperanza, esta vez recordando que el Cordero de Dios será quien como un pastor conduzca los mártires, a quienes han pasado por la sangre del Cordero, hacia la vida, hacia las aguas vivas y quien dé recompensa a los sufrimientos que asumieron por seguir fielmente a su pastor. El verso preparatorio al Evangelio recuerda el conocimiento mutuo que caracteriza al Pastor y a las ovejas, esa conexión supera por mucho el oficio del pastor de este mundo de Cristo Pastor, porque él nos da vida, no es aquel que usufructúa la vida de las ovejas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En la oración colecta, que da el tono de la celebración de la Misa, pedimos al Señor que, a pesar de las debilidades del rebano del Señor, este pueda llegar a la gloria que nos alcanzó la fortaleza de Cristo, nuestro único pastor, es decir que por el ejemplo de Jesucristo, logremos perseverar en Él para alcanzar los gozos celestiales; reflejamos el encuentro con esta Palabra en nuestra vida cotidiana de diversas formas, entre las cuales se encuentra el recordar que ante las dificultades por subsistir en este mundo, contamos con la providencia del Señor, que no solo nos prodiga lo necesario para subsistir sino también el alimento de la Palabra que nos llena de alegría en el Espíritu Santo y de la Eucaristía, que es fuente inagotable de alegría y precio de nuestra salvación (cf. Misal Romano, III Domingo de Pascua, oración sobre las ofrendas y después de la comunión) ____________ Recomendaciones prácticas: • Día del Buen Pastor. • Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales. • Día de la Madre. • Orar por la santificación de los sacerdotes. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Somos congregados por el amor de Cristo muerto y resucitado por nuestra salvación, por su amor que nos ha limpiado de la turbidez del pecado; escucharemos la Palabra del Señor y comulgaremos su pan y bebida de salvación y de esta forma somos participes de la vida eterna que solo Él puede otorgar. ¡Qué alegría, en este domingo hemos sido congregados por el Señor, nuestro único Pastor, como ovejas de su rebano! Monición a la Liturgia de la Palabra La voz del Pastor conduce a sus ovejas hacia él; nosotros, que acudimos a escuchar la Palabra de Dios, somos conducidos por ella hacia la fuente de nuestro consuelo, al Señor, que nos da la vida eterna y nos llena de la alegría y del Espíritu Santo, el mismo que inspiró cuanto ahora se nos proclamará. ¡Escuchemos! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, confiados en Dios, nuestro Padre, que por amor nos ha enviado a su Hijo, Buen Pastor, dirijámosle nuestras súplicas por las necesidades propias y las del mundo entero. Oremos diciendo: R. Escúchanos, Señor. 1. Por la Iglesia, extendida por toda la tierra, para que el testimonio de muchos sirva de ejemplo a otros, y así ellos te sigan y te alaben llenos del Espíritu Santo. Oremos. 2. Por la santificación de los sacerdotes para que tú, Pastor y Guardián de las almas, concedas fruto abundante a su ministerio y a su grey docilidad. Oremos. 3. Por las madres de familia, para que su ejemplo de fe, de amor y de servicio sea un testimonio de vida cristiana para los hijos. Oremos. 4. Por los que sufren, para que conducidos por Ti hacía a las buenas aguas del consuelo, sean fortalecidos en su cuerpo y espíritu. Oremos. 5. Por nosotros, para que nuestros corazones y mentes estén abiertos a escuchar a los demás sin prejuicios. Oremos. Oración conclusiva Padre bueno,escucha estás súplicas que te hemos dirigido con fe y esperanza, con la confianza de que serán escuchadas. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Mié 27 Abr 2022

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

TERCER DOMINGO DE PASCUA Mayo 01 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5, 27-32.40b-41 Salmo: 30(29), 3-4.5-6.12ac-13 (R. 2a) Segunda lectura: Apocalipsis 5, 11-14 Evangelio: Juan 21, 1-19 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Avanza el tiempo de gracia de la Pascua y en la liturgia de este domingo afloran algunas inspiraciones para la escucha y meditación de la Palabra de Dios; como la obra del Espíritu Santo que anima a los apóstoles y a los discípulos para dar testimonio del Resucitado; como la compasión de Cristo por el género humano, reflejada en su encuentro con los discípulos junto al lago de Tiberiades y con Pedro en particular; como las relaciones entre la liturgia terrena y la liturgia celestial, porque al participar de la santa Misa, en este mundo, anticipamos ya el gozo de alabar al Cristo, el Cordero de Dios, representándole en nuestra voz la glorificación de todas las criaturas que hay en este mundo y uniéndola a la adoración de todos los ángeles (cf. Directorio Homilético, apéndice I, ciclo c, Tercer domingo de Pascua). 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que se tiene como primera lectura, se ubica dentro de algunos relatos sobre el núcleo de la primera comunidad cristiana en Jerusalén y más específicamente trata de los apóstoles que comparecen ante el sumo sacerdote que los interroga por predicar a Cristo, incluso cuando les habían prohibido hacerlo. Pedro, tomando la voz de los Apóstoles, declara la Verdad, es decir a Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación; el texto termina recordando que estas vicisitudes acontecidas a los apóstoles constituyen un ultraje que ellos sobrellevaron contentos por el nombre de Jesús; esta sentencia es justamente el enlace con el Salmo, que pone bajo el acento espiritual y de oración el contenido de la lectura que lo precede. El verso de respuesta hace repetir (cuando es que se hace de manera responsorial) «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado», así la Iglesia orante interpreta bajo algunos versículos del salmo veintinueve la fidelidad de Cristo que acompaña a sus discípulos en medio de contrariedades de diverso tipo. Por otra parte, como segunda lectura se ofrece un pasaje del Apocalipsis que en este ciclo C es de donde se toma la lectura apostólica porque «estos textos están muy de acuerdo con el espíritu de una alegre fe y una firme esperanza, propio de este tiempo» (Ordenación de las lecturas de la Misa, n. 100), en efecto el texto apocalíptico trata de una asamblea que glorifica al Cordero de Dios acompañada de la voz de muchísimos ángeles y de todas las criaturas terrestres, lo cual evoca la misma celebración litúrgica en que se proclama este texto sagrado. Como la Iglesia ha querido, «hasta el domingo tercero de Pascua, las lecturas del Evangelio relatan las apariciones de Cristo resucitado», la perícopa ofrece la aparición del Señor a los discípulos junto al lago de Galilea o de Tiberiades, estos últimos lo reconocen, pero no sin dificultad, después de echar las redes de pesca motivados por Jesús, luego comparten con él una comida de pan y peces. En medio de esta realidad la figura de Pedro resalta de nuevo de entre los otros apóstoles y se nos ofrece un diálogo suyo con el Resucitado en el que se le interroga sobre su amor que debía ser superior al de los otros, un amor que culminaría en la muerte con que iba a dar gloria a Dios, para sellar definitivamente el seguimiento de Cristo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Quienes celebran el día del Señor están recibiendo en las primeras semanas de Pascua los relatos de las apariciones del Resucitado, de modo que ellos son hechos por la Palabra también testigos suyos, con el Espíritu Santo que es quien recuerda lo que Él nos enseñó, quien toma de lo suyo para conducirnos hasta la verdad completa y esto constituye nuestra fuerza para resistir a todo tipo de dificultades, porque el Señor libra a los suyos y no permite que triunfe la burla de sus adversarios, como indica el Salmo, pero ese agradecimiento del orante, que ha recibido el auxilio de parte de Dios, queda representado de manera óptima en la celebración litúrgica porque es Acción de gracias por excelencia. Como la celebración de la Iglesia tiene el poder admirable de hacer presentes los eventos salvíficos remotos, también pone ante nuestros ojos el consuelo futuro de la liturgia celestial porque en el Misterio, es decir en el Sacramento, unidos a los ángeles y a los santos cantamos sin cesar el himno de la gloria de Dios en las bodas del Cordero; recuérdese la sentencia con que se prepara inmediatamente a los fieles a la comunión eucarística al mostrar la hostia consagrada, «este es el Cordero de Dios» quien merece, como lo declaraba la primera lectura todo nuestro honor, gloria y alabanza. El Señor, entonces, aparece también en nuestras asambleas pascuales para partir el pan y darlo a nosotros por medio de sus ministros sagrados. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Suplicamos al Señor, motivados por la oración colecta, que aguardemos con esperanza la resurrección final, motivados por la alegría recibida en la celebración del sacramento de la Pascua del Señor, porque el domingo es día que renueva el impulso de los creyentes en Cristo para anunciar aquello de lo cual son testigos, el gozo del encuentro con el Resucitado que nos dice «vengan a comer» y toma el pan y nos lo da en la santa Misa (cf. Antífona de comunión). En la vida podemos reflejar este encuentro ofreciendo consuelo a los tristes lo cual es manera de compartir la alegría del Resucitado con quienes más lo necesitan. _____________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Nacional de la Infancia Misionera. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En este día de salvación, el domingo, día del encuentro con el Resucitado, reconocemos como discípulos amados del Señor que Él mismo se hace presente en medio de nosotros para invitarnos a la mesa en que nos alimenta con la Palabra y la Eucaristía. ¡Cuánto provecho nos hace vivir este sacramento admirable en comunidad y atestiguar, llenos del Espíritu Santo, que nuestro Señor nos acompaña siempre! Este es un gozo tan profundo que no lo disminuyen ni las dificultades derivadas de la predicación. Monición a la Liturgia de la Palabra Dios da el Espíritu Santo a los que le obedecen, a los que lo escuchan bien para atenderlo; escuchemos, entonces, esta Palabra que se nos proclamará y que nos hace testigos del Resucitado y de su Iglesia, de forma que toque nuestro corazón para que la aceptemos. ¡Atentos! Oración Universal o de los Fieles. Presidente: Hermanos, por la escucha de la Palabra somos testigos del Resucitado; respondamos a esta gracia divina orando a nuestro Padre del cielo con la oración fervorosa y a cada una de las suplicas digamos: R. Escucha, Señor, y ten piedad. 1. Por la Iglesia entera, haz que reconozca a tu Hijo en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía: y que llenemos el mundo con la predicación del Evangelio de Cristo. 2. Por los gobernantes, para que sus pueblos avancen hacia la esperanza y que la humanidad conozca pronto un tiempo de reconciliación. 3. Por nuestra participación en la Misión de Cristo, para que a través de nuestro camino Sinodal juntos, crezcamos en nuestra responsabilidad compartida de la misión que se nos ha confiado 4. Por los sufrientes, extiende para ellos tu consuelo, socorre a los heridos y necesitados, y recibe a los pobres y a los forasteros. 5. Por nosotros reunidos aquí, en la asamblea dominical: para que asumamos con gozo la Palabra y la Eucaristía y recibamos así el consuelo de la fe a fin de ser testigos de tu Hijo amado. Oración conclusiva Dios clemente y misericordioso, cuyo Unigénito Resucitado está siempre vivo para interceder por nosotros ante Ti, recibe favorablemente las oraciones que te hemos dirigido y regálanos el consuelo de tu Espíritu Santo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Dom 17 Abr 2022

Él había de resucitar de entre los muertos

DOMINGO DE PASCUA EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Abril 17 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34a.37-43 Salmo: 118(117), 1-2.15c y 16a y 17.22-23 (R. 24) Segunda lectura: Colosenses 3, 1-4 o bien 1 Cor 5, 6b-8 Evangelio: Juan 20, 1-9 I. Orientaciones para la Predicación Introducción En este Domingo de Pascua gritamos con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Cristo ha resucitado de entre los muertos dándonos a todos la vida!”. Este es el Domingo que le da sentido a todos los domingos en el que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos hacer una proclamación de júbilo y de victoria que sea capaz de asumir nuestros dolores y los transforme en esperanza, que nos convenza de una vez por todas que la muerte no es la última palabra en nuestra existencia. A la luz de esta certeza hoy brota lo mejor de nosotros mismos e irradia con todo su esplendor nuestra fe como discípulos de Jesús. Efectivamente, somos cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es manantial de vida nueva y primicia de nuestra participación en la naturaleza divina, de nuestro fundirnos como una pequeña gota de agua en el inmenso mar del corazón de Dios. Y nos levantamos con una nueva mirada sobre el mundo porque la resurrección de Jesús tiene un significado y una fuerza que vale para toda la humanidad, para el cosmos entero y, de manera particular, para los dolorosos acontecimientos que afligen a la humanidad. La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida. Por eso en este Tiempo Pascual que estamos comenzando tenemos que abrirle un surco en nuestro corazón a la Palabra, para que la fuerza de vida que ella contiene sea savia que corra por todas las dimensiones de nuestra existencia y se transforme en frutos de vida nueva. Es así como la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado cala hondo: se entreteje con nuestras dudas, con nuestro ensimismamiento en la tristeza, delatando nuestra pobre visión de la vida y mostrándonos el gran horizonte de Dios desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas. Cristo resucitado se hunde en nuestro corazón y desata una gran batalla interior entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación y la consolación. San Gregorio Nacianceno, predicando en un día como hoy decía: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra manera de vivir, un cambio en nuestra misma naturaleza”. ¡Esa es hoy nuestra seguridad! 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En el Evangelio, encontramos dos escenas muy bien tejidas en relación con el sepulcro: la reacción de María Magdalena y la de Pedro y del discípulo amado. Esta última está preparada por la anterior y da la clave con que interpretar el sepulcro vacío: creer sin ver la resurrección de Jesús. La ida de María Magdalena al sepulcro introduce otra ida, la de Simón Pedro y el otro discípulo, “a quien Jesús amaba”. Ambos se mueven por la denuncia del robo del cuerpo del Señor. Así consta que no fueron sus discípulos y que el amor mueve a María Magdalena a ir a encontrar al Señor, aunque siempre es el Señor quien se deja encontrar. La escena de la reacción de Pedro y del otro discípulo destaca la reacción del discípulo amado ante la misma visión: los lienzos puestos en el suelo y el sudario.., puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Son señales que nos remiten a Juan 11, 14, donde el muerto Lázaro sale «atado» . El discípulo amado lo ve y cree. El evangelista no indica, sin embargo, cuál es la reacción de Pedro después de haber visto. Con ello no quiere dejar en mal lugar a Pedro, sino que quiere afirmar que existió un discípulo que creyó en el Señor resucitado antes que las apariciones lo confirmaran. Nadie se esperaba la resurrección de Jesús. Sólo se «ve» desde la fe que surge del amor o de la acogida de la Palabra de Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? En la mañana del Domingo la única preocupación de los tres discípulos del Señor –María, Pedro y el Discípulo Amado- es buscar al Señor, a Jesús muerto sobre la Cruz por amor pero resucitado de entre los muertos para la salvación de toda la humanidad. El amor los mueve a buscar al Resucitado en ese estupor que sabe entrever en los signos el cumplimiento de las promesas de Dios y de las expectativas humanas. Entre todos, cada uno con su aporte, van delineando un camino de fe pascual. La búsqueda amorosa del Señor se convierte luego en impulso misionero. Como lo muestra el relato, se trata de una experiencia contagiosa la que los envuelve a todos, uno tras otro. Es así como este pasaje nos enseña que el evento histórico de la resurrección de Jesús no se conoce solamente con áridas especulaciones sino con gestos contagiosos de amor gozoso y apasionado. El acto de fe brota de uno que se siente amado y que ama, como dice San Agustín: “Puede conocer perfectamente solamente aquél que se siente perfectamente amado”. ¡Así todos nosotros, discípulos de Jesús, debiéramos amar intensamente a Jesús y buscar los signos de su presencia resucitada en esta nueva Pascua! 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? “Día de la Resurrección. Resplandezcamos de gozo en esta fiesta. Abracémonos, hermanos, mutuamente. Llamemos hermanos nuestros incluso a los que nos odian. Perdonemos todo por la Resurrección y cantemos así nuestra alegría: Cristo ha resucitado de entre los muertos con su muerte ha vencido la muerte y a los que estaban en los sepulcros les ha dado la vida” (Del Tropario). ________________ Recomendaciones prácticas: • Con las Vísperas del Domingo de Resurrección termina el Sagrado Triduo Pascual (NUALC, n.19). • Para concluir el Triduo Pascual, se recomienda un lucernario antes de rezar las vísperas comunitariamente. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En el alba del domingo, resplandece la luz pascual de Cristo que ha vencido las tinieblas de la muerte. En este solemne día de la Pascua, los cristianos acudimos, como María Magdalena, para encontrar al Resucitado y nos encontramos con el gozo de la Pascua, donde descubrimos la novedad de Cristo vivo en la fracción del Pan. Celebremos con fe este misterio infinito del amor de Dios que nos reconcilia y nos hace hermanos. Monición a la Liturgia de la Palabra La Resurrección del Señor es el centro de nuestra fe, y ha sido predicada desde los comienzos del cristianismo. Por tanto, la importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección de Jesús. Anuncian que Cristo vive, y éste es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que, después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo vive! Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Cristo nuestra Pascua ha resucitado y camina con su pueblo, por eso hoy presentemos nuestra oración confiada al Padre, y digamos juntos: R. Dios de amor, escuchamos. 1. Padre santo, te pedimos por la Iglesia, para que caminemos como compañeros, uno al lado del otro en el mismo camino en este proceso Sinodal. Roguemos al Señor. 2. Padre de bondad, acompaña a nuestros gobernantes, para que el don de la paz que da Cristo resucitado los fortalezca en el trabajo por la justicia y la equidad. Roguemos al Señor. 3. Padre misericordioso, que nos llamas a buscar los bienes celestiales, has que los exiliados y quienes pasan por dificultades, puedan experimentar la fuerza que los lleve a levantar la cabeza y experimentar la libertad que nos das. Roguemos al Señor. 4. Padre amoroso, abre nuestros corazones para que acojamos tu Palabra, santifica esta comunidad que celebra la fe en el Señor Resucitado y danos siempre la gracia de reconocerte en el camino. Roguemos al Señor. 5. Padre Justo, te pedimos por los que estamos aquí reunidos celebrando esta Eucaristía, para que la resurrección de Cristo nos renueve en la fe y el amor. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre santo, que en Jesucristo nos has manifestado tu amor, atiende estas súplicas que te hemos presentado con fe y esperanza. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Mar 12 Abr 2022

¿A quién buscan? A Jesús el Nazareno

VIERNES SANTO EN LA PASIÓN DEL SEÑOR Abril 15 de 2022 Primera lectura: Isaías 52, 13 - 53,12 Salmo: 31(30), 2 y 6.12-13.15-16.17+25 (R. 6a) Segunda lectura: Hebreos 4, 14-16; 5,7-9 Evangelio: Juan 18, 1 - 19,42 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El siervo sufriente, que es figura profética en la cual la tradición cristiana y el mismo Nuevo Testamento han reconocido a Cristo. • Cristo sacerdote que reconcilia a los hombres con Dios por el sacrificio de su vida. • Jesús aparece en una triple función: como rey, como juez y como salvador. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Las lecturas apuntan claramente a la muerte salvadora de Cristo. Empezando por el cuarto cantico del Siervo (el domingo de Ramos leímos el 3: Is 50: la misión que le ha encomendado Dios comporta la negación de sí mismo (yo no me resistí… ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban): pero todo sin desfallecer en la confianza que siente ante Dios; y entre semana también los otros dos: Is 42: El primer canto del Siervo de Yahvé: elegido por Dios, lleno de su Espíritu, es enviado a proclamar la ley de Dios: pero lo hace con suavidad y delicadeza. Jesús, Ungido como Mesías, y lleno del Espíritu cumplirá a la perfección esta empresa: «pasó haciendo el bien» … Is 49: el segundo canto del Siervo: su misión, ya desde el seno materno, es hablar en nombre de Dios, reunir a los dispersos, iluminar a todos los pueblos. Es la profecía que se cumple perfectamente en Jesús, sobre todo con la entrega de su vida por todos. En general el poema se centra en la actitud de entrega del Siervo hasta la muerte. La descripción del Siervo que carga con los males de la humanidad es en verdad dramática: "despreciado y desestimado... él soportó nuestros sufrimientos... leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones". El salmo que acompaña a esta lectura parece como un eco del cantico de Isaías, expresando el dolor del justo -"soy la burla de mis enemigos"- y, a la vez, su confianza: "pero yo confío en ti, Señor, haz brillar tu rostro sobre tu siervo". Repetimos como antífona las palabras que los evangelistas ponen en labios de Cristo en la cruz: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". El autor de la Carta a los Hebreos anima a sus lectores a la perseverancia en su seguimiento de Cristo, que en su Pasión realiza la misión anunciada del Siervo. Para ello les propone el ejemplo de Jesús en su hora más crítica. El Viernes Santo leemos cada año la Pasión según Juan, mientras que el domingo de Ramos se van alternando los otros tres evangelistas. De nuevo, hoy, una lectura pausada, expresiva, de la Pasión es el momento culminante de la celebración de la Palabra. La comunidad cristiana queda siempre impresionada por este relato del camino de Cristo a la cruz. Las lecturas nos presentan la teología del dolor de Cristo, como el Siervo que ha cargado sobre sus hombros el mal de toda la humanidad, como el que, enviado por Dios para salvarnos, aunque con gritos y lágrimas deseara ser librado de la muerte, obedeció́ hasta el final, experimentando en sí mismo todo el dolor que puede sufrir una persona. Dios nos salva asumiendo él con su propio dolor el desfase que se da entre su plan salvador y nuestra debilidad. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Las lecturas y textos del día de hoy apuntan al dolor de toda la humanidad y a descubrir el amor sin límites. En la cruz de Cristo se puede decir que están representados todos los que han sufrido antes y después de él: los que son tratados injustamente, los enfermos y desvalidos, los que no han tenido suerte en la vida, los que sufren los horrores de la guerra, del hambre o de la soledad, los crucificados de mil maneras. También en nuestro caso el dolor, como en el de Cristo, puede tener valor salvífico, aunque no acabemos de entender todo el sentido del plan salvador de Dios. Dios no está ajeno a nuestra historia. No es un Dios inaccesible, impasible. Por medio de su Hijo ha querido experimentar lo que es sufrir, llorar y morir. Nos ha salvado desde dentro. Cristo no solo ha sufrido por nosotros, sino con nosotros y como nosotros. No nos ha salvado desde la altura, sino que ha asumido nuestro dolor y nos ha mostrado la capacidad de amar hasta el extremo. Es un ejemplo, como quiere el autor de la carta a los Hebreos, para todos los que se sienten cansados en su camino de fe y tentados de dimitir. Nos propone el ejemplo palpitante de este Cristo que camina hacia la cruz y que es "capaz de compadecerse de nuestras debilidades, porque ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado". El salmo de hoy, al final, nos invitaba a todos los que experimentamos alguna vez el dolor y el desánimo: "sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor". Con el ejemplo de la pasión y muerte de Cristo, tenemos más motivos todavía para aceptar en nuestras vidas el misterio del dolor y del mal. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit nos acompaña hoy en este momento de la oración y la contemplación, destaquemos algunos de sus apartes y convirtámoslos en una súplica confiada al Señor y en un compromiso con toda la humanidad para que cada día experimentemos desde la teología de la cruz el amor sin límites. El Señor «entregó su espíritu» (Mt 27,50) en una cruz cuando tenía poco más de 30 años de edad (cf. Lc 3,23). Es importante tomar conciencia de que Jesús fue un joven. Dio su vida en una etapa que hoy se define como la de un adulto joven. En la plenitud de su juventud comenzó su misión pública y así «brilló una gran luz» (Mt 4,16), sobre todo cuando dio su vida hasta el fin. Este final no era improvisado, sino que toda su juventud fue una preciosa preparación, en cada uno de sus momentos, porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio» y «toda la vida de Cristo es misterio de Redención». “118. …Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte. Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo: «Él, que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). San Pablo decía que él vivía confiado en ese amor que lo entregó todo: «Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20). 119. Ese Cristo que nos salvó en la Cruz de nuestros pecados, con ese mismo poder de su entrega total sigue salvándonos y rescatándonos hoy. Mira su Cruz, aférrate a Él, déjate salvar, porque «quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento». Y si pecas y te alejas, Él vuelve a levantarte con el poder de su Cruz. Nunca olvides que «Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría». 121. Su perdón y su salvación no son algo que hemos comprado, o que tengamos que adquirir con nuestras obras o con nuestros esfuerzos. Él nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud y con la alegría de ser tan amados antes de que pudiéramos imaginarlo: «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19). 183. Queridos jóvenes, no acepten que usen su juventud para fomentar una vida superficial, que confunde la belleza con la apariencia. Mejor sepan descubrir que hay hermosura en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y en el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa despeinada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo, hay hermosura en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, en esos viejitos que caminan de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro.” ___________________ Recomendaciones prácticas: • Resaltar el sentido del silencio de la procesión de entrada. • La Palabra de Dios se ha de introducir con un brevísimo comentario. Es una bellísima síntesis del Misterio de la Pasión del Señor y de su Muerte Gloriosa. No deben omitirse las lecturas. La lectura de la Pasión (según San Juan) es el centro de la liturgia de la Palabra de este día. • La homilía debe ser breve y concreta • Hoy es el día en que la oración Universal tiene un carácter especial, es muy distinta a la forma cotidiana. Es la ocasión en la que, como dice el Misal, los fieles al responder ejercen su oficio sacerdotal, al implorar por la humanidad entera. • Respecto a las formas de la presentación de la Cruz escójase con tiempo la que va a usarse y ensáyese incluso, para que sea realizada de modo digno, solemne y sobrio. • Como es un día de silencio y de oración, los cantos deben apropiarse de este espíritu. Hoy no se acompaña el canto con ningún instrumento, ni guitarras ni órgano, el canto llano es el más indicado. • La distribución de la comunión debe tener un carácter de sobriedad, es en silencio, o con un canto muy sobrio, o preferiblemente en oración. II. Moniciones Monición inicial Esta tarde estamos reunidos para celebrar la muerte victoriosa de Cristo en la cruz. Contemplemos y meditemos en Jesús: el Cordero sacrificado por nuestra liberación. La muerte de Cristo fue la causa de que nuestra muerte fuera vencida. La celebración de hoy no es la Eucaristía, la Iglesia no celebra la misa en este día. La liturgia de hoy tiene cuatro partes: lectura de la Palabra de Dios, oración de los fieles, la adoración de la Cruz y la distribución de la Sagrada Eucaristía reservada anoche. Comencemos hoy nuestra celebración en silencio. Monición a la postración El sacerdote, haciendo presente el abajamiento de Cristo, se postra ante el altar, nosotros nos pondremos de rodillas orando ante Jesús desde lo más profundo de nuestro corazón. Monición a la Liturgia de la Palabra Dispongámonos a escuchar las lecturas de hoy. La profecía de Isaías, el salmo, el texto de la carta a los Hebreos, y sobre todo la Pasión según san Juan, nos ayudarán a introducirnos en el misterio que hoy celebramos. Escuchemos, más todavía, contemplemos, con atención y con el corazón bien abierto, la Palabra de Dios. Monición a la Oración Universal La Cruz de Cristo, como proclama la liturgia de hoy, ha traído la alegría y la salvación al mundo entero. Los cristianos, que hemos conocido esa alegría, no podemos guardar para nosotros ese tesoro de la salvación de Dios. Por eso, como respuesta a esta Palabra que hoy hemos escuchado, vamos a hacer la oración de los fieles, que es siempre oración universal, pidiendo por todos, para que a todos alcance la luz de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Lo haremos de forma solemne: un lector proclamará la intención, por la que todos oramos en un momento de silencio, y luego el sacerdote recoge la oración de todos en una oración que todos elevamos al Padre diciendo “Amén”. Oración universal, Misal Romano pp.173 Monición a la Adoración de la Santa Cruz La cruz del Señor es el símbolo de nuestra salvación. Nuestra fe en el Crucificado es el fundamento de nuestra esperanza. Al acercarnos procesionalmente a la cruz, reconozcamos a Jesús como nuestro único Salvador y Redentor, y adorémoslo. Monición a la Sagrada Comunión Hoy no celebramos la Eucaristía. Ahora se trae el Pan que fue consagrado en la celebración de ayer y con Él comulgaremos. Al comulgar expresemos y vivamos la unión con Aquel que se entregó por nosotros en la cruz. Monición final Después de haber sido testigos del amor del Padre por nosotros, al entregarnos a su propio Hijo, con la gracia del Espíritu Santo y en compañía de María Santísima, prolonguemos en el silencio de hoy y de mañana la contemplación del Misterio de la Pasión, y preparémonos al gozo de la Resurrección.

Mar 12 Abr 2022

Los amó hasta el extremo

JUEVES SANTO MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR Abril 14 de 2022 Primera lectura: Éxodo 12, 1-8.11-14 Salmo: 116(115), 12-13.15 y 16bc.17-18 Segunda lectura: 1Corintios 11, 23-26 Evangelio: Juan 13, 1-15 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La última parte del evangelio de Juan se abre con una introducción solemne: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. El evangelista Juan nos ayuda a recorrer atentamente el último día de Jesús con sus discípulos. Así nos hace comprender que efectivamente ha llegado la “hora” tan esperada por Jesús, la “hora” ardientemente deseada, cuidadosamente preparada, frecuentemente anunciada (ver 12,27- 28). Es la “hora” en que manifiesta su amor infinito entregándose a quien lo traiciona, en el don supremo de su libertad. Dos aspectos se ponen de relieve: 1. Esta es la hora en que Jesús regresa a la casa del Padre: “había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre”. Él conoce el camino y la meta. 2. Esta es la hora en la que Jesús da la máxima prueba de su amor: “los amó hasta el extremo”. Juan señala que el amor de Jesús viene de Dios y es, por lo tanto, un amor gratuito y total. La cruz de Jesús será la manifestación de este amor divino, afecto supremo que ama hasta las últimas consecuencias, hasta el extremo de sus fuerzas. El marco es el de la Pascua hebrea: “Antes de la fiesta de la Pascua”. En ella el pueblo de Israel celebra con gratitud los beneficios de Dios, quien lo liberó de la esclavitud y lo hizo su pueblo. Jesús lleva a su cumplimiento esta liberación, arrancando al hombre de la esclavitud del pecado y de la muerte y dándole la comunión plena con Dios. El gesto simbólico del lavatorio de los pies muestra la significación de la entrega de su vida y el valor ejemplar que ésta tiene para todo discípulo . 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Los evangelios sinópticos dedican algunos, pocos, versículos a la narración de la última cena, en cambio el evangelista Juan dedica 5 capítulos de su evangelio a este acontecimiento. Sería importante leerlos en su conjunto. Allí encontramos un largo discurso que Jesús hace a sus discípulos. La Biblia, por lo general, recoge los discursos finales de los grandes personajes y les da el sabor de un testamento pues es la recomendación final de cómo debe ser el comportamiento en la vida, con la promesa de una bendición (cf. Testamento de Jacob, Gn 49). Pues lo mismo sucede en el evangelio de Juan, los discursos de Jesús, ubicados en la Última Cena, tienen el objetivo de ser el testamento que Jesús deja a sus discípulos. Nosotros sabemos ¡cuánto son sagradas las últimas palabras de una persona que nos ha amado y que se marcha! Este testamento no se abre con un discurso sino con un gesto de Jesús que conservó únicamente el evangelista Juan y el cual, seguramente, dejó desconcertados a los discípulos: el lavatorio de los pies. Este hecho se introduce con unas palabras muy solemnes que, ante todo, hablan de la hora de Jesús al pasar de este mundo al Padre, además menciona cómo la vida de Jesús se resume en un verbo: amar, y un amor sin condiciones, hasta el extremo que es el don de la vida misma, más allá de esto no se puede ir. Incluso esta escena pone al Maestro de rodillas ante quien no lo ha aceptado como sucedió con Judas. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Cuando leemos este texto de Juan y cómo describe cada gesto de Jesús, nos pareciera que es una narración en cámara lenta con el propósito de que se nos escape ningún detalle de este momento particular y único de Jesús, pero sobre todo para que sea un signo que quede por siempre en el corazón de los fieles seguidores del Maestro. La solemnidad con que se cuenta esta escena nos llevaría a esperar que inmediatamente Juan narrara la institución de la Eucaristía, en cambio no, es el único evangelista que no lo hace, incluso habiendo hablado de la Eucaristía en el capítulo 6 de su evangelio, sino dice que cuando estaban cenando Jesús se levantó, se quitó el manto y se ciñó una toalla, echó agua en una vasija y se puso a lavarle los pies a los discípulos. “Se quitó el manto” es una expresión que poco se ha meditado pero que es un gesto importante. Pero en el lenguaje bíblico no solo se quitó el manto, sino también la túnica, es decir, quedó vestido como un esclavo de la época y esto aún causa mayor admiración, pues nosotros pensamos, todavía hoy, en un Dios al que debemos servir y no un Dios que nos sirve, como hace Jesús. Estamos frente a un Dios que se hace esclavo del hombre y no es fácil dejarnos convertir por esta imagen de Dios, menos en una sociedad donde prevalece el “yo”. Haríamos bien en quedarnos en silencio contemplando esta imagen de Dios que ha convulsionado la mentalidad de los discípulos durante la Última Cena y preguntarnos ¿en qué momento dejamos de contemplar a un Dios que se hace servicio, para ponernos en el centro de atención y ser servidos por los demás? “Pedro dice: Señor, ¿tú lavarme los pies a mí?”. Pedro se da cuenta que con ese gesto Jesús está cambiando el orden de las cosas tal y como los discípulos las pensaban. ¿Cuál es el orden lógico y normal? Que el maestro sea servido por sus discípulos. Y Pedro no acepta este gesto porque ya está entendiendo que Jesús reproduce el rostro del Padre del cielo y es imposible pensar en un Dios que se inclina para servir a las personas. Ciertos gestos de pastores humildes y sencillos, no son aceptados fácilmente por el mismo clero y los fieles, porque en su lógica humana todavía pretenden ser servidos. Aún hoy existe quien, como Pedro, se rebela ante un Dios que quiere inclinarse para servir a la humanidad, no lo acepta, simplemente porque no se siente cómodo al ser confrontado con la propuesta de Jesús: ustedes deben lavarse los pies unos a otros. No logramos quitarnos el manto que da prestigio y reconocimiento. Además, muchas expresiones antiguas y nuevas de espiritualidad enfatizan en que es la persona que debe servir a Dios con una moral a rajatabla y le es escandaloso pensar en un Dios que, al contrario, sirve al hombre. El inclinarse de Jesús para lavar los pies de sus discípulos es el último escalón del servicio necesario para la salvación del hombre. Jesús necesitaba bajar hasta este punto de su encarnación para rescatar totalmente a la humanidad del pecado. “Ustedes también deben lavarse los pies unos a otros”. Jesús se pone de nuevo el manto, pero no se quita la toalla que es el símbolo del servicio, lo que significa que el gesto realizado por Jesús no es solamente algo del momento para después volver a ser el Dios que necesita ser servido. No es una fachada que utiliza para mostrarse espontáneo y cercano en algún momento. No, ese gesto es la presentación auténtica de la identidad de Dios que quiere servir siempre a la humanidad. Eso nunca cambiará pues esa es la naturaleza de Dios: servir. La verdadera dignidad del cristiano es reproducir esta imagen del Padre del cielo que brilla en la persona de Jesús. Aquí también puede Jesús decirnos, después de celebrar la Eucaristía: “hagan esto en memoria mía”. “Dichosos ustedes si lo cumplen”. Dichoso es aquel que ha logrado hacer de su vida un servicio, que ha encontrado un sentido a su existencia desde la enseñanza de Jesús. A estos el Señor les felicitará porque han manifestado a sus hermanos el amor de Cristo, no para ganarse méritos sino para llegar al paraíso. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor Jesús, que tu amor sin condiciones sea el modelo más claro para mi vida. Que amar y servir sean el propósito de mi existencia y si, por algún motivo, no logró entender la lógica de tu amor, que tu Espíritu Santo me guie en mi camino de conversión. Señor Jesús que, según tu ejemplo, mi lema sea “en todo amar y servir” como lo expresaba San Ignacio de Loyola a ejemplo de aquel Jesús que sirvió por amor a la humanidad. Señor Jesús, que siempre endose el vestido del servicio, sin fachadas ni maquillajes momentáneos, y que allí encuentre el sentido de mi vida. _____________________ Recomendaciones prácticas: • Los sacerdotes que han celebrado para el bien del pueblo o han concelebrado en la Misa Crismal, pueden concelebrar en la Misa Vespertina. • «Invítese a los fieles a una adoración prolongada del Santísimo Sacramento en la reserva solemne. En esta ocasión es oportuno leer una parte del evangelio de San Juan (cap. 13 al 17).» (Circular sobre las Fiestas Pascuales, n. 56). II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Comienza esta tarde, con la Misa vespertina de la Cena del Señor, la celebración del Misterio Pascual de Cristo muerto, sepultado y resucitado, que es la base fundamental de nuestra fe. Al caer de la tarde, reunidos como los apóstoles en torno al Maestro, celebramos la santa Eucaristía, memorial viviente de nuestra redención y Pascua sacramental del Hijo de Dios inmolado por la salvación del mundo. En este jueves santo la Iglesia hace memoria y celebra la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y la institución del servicio fraterno y recíproco a través del gesto que hace Jesús al lavar los pies a sus discípulos. Monición a la Liturgia de la Palabra La cena del pueblo de Israel, narrada en el libro del Éxodo, antes de su Pascua de liberación, la releemos en la narración de la nueva Cena pascual que san Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos transmite, así como la ha recibido del Señor. Antes de partir el pan, el evangelista Juan, en aquella hora del paso de este mundo al Padre, confía a la Iglesia aquel evento desconcertante de Cristo que lava los pies a sus discípulos. Monición al lavatorio de los pies La liturgia invita ahora al celebrante a revivir el gesto del lavatorio de los pies, hecho por Jesús a sus discípulos. Este rito quiere recordarnos que, para ser, en verdad, discípulos del Señor, que ha dado su vida por la humanidad, es necesario ir por el camino del servicio, sin condiciones y hasta el final. Las personas que han aceptado la invitación de dejarse lavar los pies representan los distintos ámbitos de nuestra comunidad parroquial. Esto significa que cada persona en nuestra comunidad puede ser ayudado y servido, pero lo importante es aceptar la invitación que nos hace el Señor de cambiar nuestra mentalidad y nuestra vida. Monición a la preparación de los dones Confirmados por la caridad de Cristo, llevamos al altar nuestros corazones y los signos de nuestra comunión con Dios y con los hermanos, pidiendo a Dios Padre que el amor hecho sacrificio de Cristo obtenga de nosotros plena adhesión. Monición a la Procesión del Santísimo Sacramento La Eucaristía ahora es llevada al monumento preparado esmeradamente por la comunidad para la Adoración del Santísimo Sacramento. Allí estamos invitados a vivir un momento de oración y contemplación de un Dios que se entrega por nosotros y se convierte en alimento de vida eterna en la Sagrada Comunión. El don recibido en la Eucaristía es muy grande. No podemos salir del templo a toda prisa, hoy no es un día como cualquier otro. Dejemos que nuestros asuntos, los afanes, los compromisos y tantas otras ocupaciones esperen y cedan el puesto a la adoración de Jesús Eucaristía. Dejemos que el corazón exprese una alabanza, una acción de gracias, suplique el perdón y confié a Jesús todas sus intenciones y necesidades. La Iglesia permanecerá abierta hasta media noche y tendremos la hora santa a las 9 de la noche. Son tantos momentos que nos ayudarán a vivir en el amor de Jesús estos días. Adoremos al Señor Jesús, vivo y presente realmente en la Eucaristía. Oración Universal o de los Fieles Presidente: En la hora en que Jesús nos entrega con el pan y el vino el sacramento del amor, presentémosle al Padre, nuestras súplicas diciendo: R. Cristo, pan de vida, escúchanos. 1. Por el papa Francisco, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que, a imagen de Cristo, buen Pastor, sean testigos del servicio desinteresado, especialmente a los más pobres y necesitados. 2. Por nuestros gobernantes, para que, iluminados por los valores y principios cristianos sepan administrar con justicia y honestidad, los bienes que se les han confiado para bien del pueblo colombiano. 3. Por las personas más necesitadas de nuestro pueblo, para que encuentren en el corazón generoso de los cristianos alivio a sus sufrimientos. 4. Por nuestro país, para que, reine la paz, la concordia, la reconciliación y la justicia en medio de todos los hombres. Convierte el corazón de los violentos y no permitas que impere la injusticia y los atentados contra la vida humana. 5. Por el corazón de los jóvenes de nuestro pueblo, para que sepan responder con generosidad al llamado que Cristo les hace a entregar su vida al servicio de los demás en el sacerdocio o en la vida consagrada. Oración conclusiva Dios Padre nuestro, mira con bondad nuestros corazones hambrientos de tu misericordia y concédenos cuanto te hemos pedido, si es conforme a tu voluntad, Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.