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Lectio Dominical

Vie 17 Mayo 2019

Jesús es el Buen Pastor que tiene conocimiento de cada una de sus ovejas

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 14,21b-27 Salmo: 145(144),8-9.10.11-12.13ab (R. cf. 1b) Segunda lectura: Apocalipsis 21,1-5a Evangelio: Juan 13,31-33a.34-35 Introducción En este Quinto Domingo de Pascua, la Palabra de Dios nos presenta la meta para la cual ha sido creado al ser humano y motivo por el cual Cristo murió y resucitó: participar de la vida eterna en la plena comunión con Dios, de su amor perfecto y eterno, de vivir en la Nueva Jerusalén, en el cielo. Nuestra meta es Dios. De ahí que la liturgia nos propone 3 temas conexos entre sí: • El mandamiento nuevo del Señor Jesús, Jn 13,34. • El cielo, Ap. 21,2. • El anuncio el Evangelio a todos los pueblos, Hch 14,27. Los tres temas tienen como hilo conector el amor de Cristo vivido por los creyentes, pues ese amor llega por la predicación realizada de quienes, a su vez, han experimentado el amor de Cristo en sus vidas; esto es lo que nos comunica el libro de los Hechos de los Apóstoles. Jesús mismo, en la Última Cena, ama a sus discípulos hasta el extremo y les da su mandamiento nuevo de amarse fraternalmente siguiendo su ejemplo, es decir, amar como Jesús amó, dándose a sí mismo por el bien de sus hermanos. El cielo nuevo, la tierra nueva, la Nueva Jerusalén, bajada del cielo, son figuras del Cielo, de la vida eterna, en donde sólo hay amor de Dios, ausencia de muerte y de todo mal, todo es belleza en plenitud, la experiencia de la dicha sin fin que sobrepasa nuestra mente y desborda nuestra capacidad, la vida del amor perfecto y eterno con Dios y con nuestros hermanos en Cristo. 1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la primera lectura, tomada del libro misionero de los Hechos de los Apóstoles, se nos narra cómo los diversos pueblos paganos, es decir no judíos, al escuchar la predicación de los misioneros, se convierten a Cristo y se introducen en la vida nueva del Evangelio. Es de resaltar la admiración de los apóstoles y de las comunidades cristianas al enterarse de la conversión de los pueblos que antes vivían en las tinieblas del pecado. Es la alegría misionera de la cual habla el Papa Francisco, una alegría que brota del amor de Cristo que quiere que todos se salven; este gozo por la conversión de los demás es un signo auténtico de que el amor de Cristo habita en nosotros, pues no hay envidia, sino gozo por el bien de los demás, y el mayor bien es conocer a Cristo, vivir en Cristo. En esta línea del amor, se nos revela en el salmo cómo es Dios, es bueno con todos y por eso pide, por boca del salmista, que se anuncie a todos la gloria de su reinado, es decir, que evangelicemos, que compartamos su Buena Noticia que es Jesucristo para que en Él tengamos la vida verdadera, la vida nueva y eterna, es decir, la vida del Amor. En la segunda lectura del libro del Apocalipsis, se nos muestra claramente cuál es nuestra meta: el Cielo. Allí no habrá muerte, ni llanto, ni dolor, ni mal alguno, todo es belleza, felicidad, alegría si fin porque todas las personas vivirán unidas a Dios de un modo nuevo, pleno y para siempre. Una característica especial es que se habla del cielo nuevo y de la tierra nueva, es decir que la creación entera también se transformará y participará de la restauración definitiva de los hijos de Dios, esto lo afirma san Pablo: “en efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios” (Rm 8,19). Para ir al Cielo necesitamos vivir y morir en unión con Cristo, de allí que el distintivo de los cristianos sea precisamente el amor fraterno, como lo dice hoy Jesús mismo al final del Evangelio: “en esto conocerán que son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13,35). Se trata de acoger el amor de Cristo y de amar a los demás con ese mismo amor de Cristo, es decir, amar como Jesús amó. Si así vivimos y morimos entonces viviremos para siempre en la dicha sin fin del Cielo como lo dice de un modo hermoso el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios (Ap 21,2), “la Esposa del Cordero” (Ap 21,9). Ya no será herida por el pecado, por las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua” (1045). 2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? Ante todo hoy la Escritura nos habla fuerte y claro por medio de nuestro Señor Jesucristo, que en el contexto de la Última Cena, un poco antes de su entrega en la muerte de cruz, nos da su testamento espiritual sintetizado en su mandamiento nuevo de amarnos unos a otros así como él nos ha amado. El cristianismo es la religión del amor, un amor que tiene forma de cruz, es decir, un amor de donación total de la persona, un morir a sí mismo, un morir al pecado, un morir a todo egoísmo, para que viva Jesús en nosotros y para que Él ame en nosotros a los demás. Se trata de la vida nueva que es Cristo viviendo en nuestros corazones. Sólo así se comprende y se vive lo que san Pablo vivió y expresó cuando dijo: “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Nadie puede amar como Cristo ama si no está unido al mismo Cristo, entonces, amar así es un don que viene de lo alto. Por lo tanto, lo más propio para alcanzar ese don del amor de Dios es pedirlo y procurarlo, esta es la parte que nos corresponde a cada uno: orar y procurar. Las dos cosas, orar y procurar, hay que hacerlas con sinceridad, con deseo de vivir la amistad de Jesús y de seguir sus mandatos. Todos los mandatos del Señor y toda la biblia se resumen en el mandamiento nuevo del amor. Así como un vaso limpio contiene el agua limpia que se vierte en él, así también debemos dejarnos limpiar por el Señor, dejarnos reconciliar por él, confesarle sinceramente todos nuestros pecados sin excusarnos. Luego, como vasos limpios, dejarnos llenar de su amor, surge entonces por gracia de Dios, un manantial, el vaso se convierte en fuente de agua viva que vivifica todo lo que toca. Sólo el amor llena y desborda el corazón del hombre, sólo el amor sana, resucita y vivifica, solo el amor es eterno. Quien ama ha conocido a Dios, dice san Juan, “porque Dios es amor” (1Jn 4,8). Sólo existe un amor verdadero, el de Dios, Cristo mismo es el Amor. Todo lo demás son falsificaciones del amor, fácilmente se llama amor a lo que en verdad es egoísmo, Cristo desenmascara los ídolos y toda mentira y pecado. 3. ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad? Para amarnos los unos a los otros con el amor de Cristo es siempre indispensable estar unidos a Cristo, ya que él es la fuente del amor de Dios. ¿Qué hacer para amar como Cristo? Lo primero es cuidar todo lo que nos une y propicia nuestro encuentro con Cristo: la oración sincera y diaria, la lectura de la Palabra de Dios, la participación en los sacramentos y la realización de los propios deberes por amor a Cristo y a las personas que Él nos ha confiado, ejercitando, de este modo, la caridad en la búsqueda del bien de los demás. El Papa Francisco en Villavicencio dijo que “basta una persona buena para que haya esperanza. No lo olviden: ¡basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona buena!” (Homilía en la Misa de beatificación de los mártires Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y del Padre Pedro María Ramírez Ramos. Villavicencio, 8 de septiembre de 2017). Recordemos que Jesús dijo que sólo Dios es bueno, pues sólo Dios es el Amor verdadero. Quien ama hace todo por el bien de los que ama, hasta dar su propia vida por el bien de los demás, un ejemplo de ello es que Cristo murió en la cruz por amor a nosotros; otro ejemplo es el de san Maximiliano María Kolbe que, en la prisión durante la segunda guerra mundial, dio su vida por otro prisionero que era padre de familia; un ejemplo más, el de la joven madre Chiara Corbella que, en estado de embarazo riesgoso, dio su vida con fe y amor para que su hijo naciera vivo y sano, y así tantos ejemplos de padres de familia que se sacrifican por el bien de sus hijos, de personas que con fe se interesan y buscan el bien de los demás, permitiéndoles vivir el amor de Cristo. Para vivir el amor de Cristo es necesario dejarnos reconciliar por Cristo continuamente, vivir en estado de conversión permanente y de misión permanente, no solo recibir la misericordia de Dios, sino también compartirla con los de casa y con los demás. 4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? Todo encuentro real con Jesucristo me sana de mi egoísmo y me impulsa a amar, de modo que el amor no es egoísta, pues “el amor no obra con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Cor 13,5-7). La misión es el fruto del amor a Cristo, es la respuesta natural que surge de encontrarse con el Señor, un ejemplo de ello es lo que le pasó al apóstol Andrés, que una vez que se encontró con Jesús, fue a buscar a su hermano Pedro y lo llevó a Jesús (cf Jn 1,41-42). Nadie puede amar con el amor de Cristo si primero no ha experimentado el amor de Cristo en su propia vida. Muchas veces queremos ser misioneros sin habernos encontrado realmente con el Señor, esto es un gravísimo error. De allí que san Juan Pablo II dijera con claridad que “el verdadero misionero es el santo” (RM 90). Y el santo es el que se deja sanar y guiar por el Señor. Como también es cierto que el amor cubre multitud de pecados, entonces, es necesario obrar con misericordia, viviendo con fe lo que el Jesús mismo dijo que cuando practicamos la misericordia especialmente con los pobres, los enfermos, los encarcelados y los más necesitados: “les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 24,40). RECOMENDACIONES PRÁCTICAS 1. Motivar la creación o fortalecimiento de la pastoral parroquial de la salud que busca atender a los necesitados por medio de la vivencia del domingo, día de la caridad. 2. Resaltar con algún signo la apertura del mensaje de Jesús a otros pueblos, colocando en lugar apropiado algunos elementos que nos identifiquen y recuerden a los hermanos indígenas, afros, campesinos, habitantes urbanos de las periferias… Y colocar en un cartel la frase: “El AMOR es el distintivo de los discípulos del Señor” 3. Sería oportuno hacer hoy el Rito para la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, propio para la cincuentena pascual, Misal, p. 1058. 4. Podría emplearse el Prefacio de Pascuas III, “Cristo vive e intercede por nosotros”, Misal, pág. 377.

Vie 10 Mayo 2019

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 13,14.43-52 Salmo: 100(99),1-2.3.5 (R. 3c) Segunda lectura: Apocalipsis 7,9.14b-17 Evangelio: Juan 10,27-30 Introducción • Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan que, una vez han sido evangelizados los judíos, la Palabra de Dios se dirige también a los paganos. • El libro del Apocalipsis nos presenta algunas acciones del pastor: apacentar, guiar y enjugar las lágrimas de los ojos. • El Evangelio de San Juan nos habla de la relación íntima entre el rebaño y el Pastor que genera escucha, seguimiento y vida eterna. 1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El evangelista San Juan después de presentar una catequesis sobre el Buen Pastor nos habla de la relación del pastor con su rebaño. En los versículos que nos presenta el evangelio de este domingo, Jesús habla en primera persona, “mis ovejas” y con esto nos indica la pertenencia que tiene con su rebaño, pues el Padre es quien le ha dado este rebaño y Él da la vida por sus ovejas. Hay algunos verbos que nos hablan de esa unión entre el pastor y el rebaño: Escuchar, seguir y dar vida. Escuchar la voz del pastor: La escucha genera seguridad y conocimiento. Las ovejas no siguen la voz de un extraño porque la desconocen, mientras que la voz del pastor la identifican fácilmente por la familiaridad que han adquirido con él. La voz del pastor es la Palabra de Dios, una palabra que da vida a todo aquel que la escucha. Algo curioso sucede en los rebaños que durante la noche se les dificulta la visión pero se les facilita la audición. Las ovejas pueden identificar los sonidos que emite el pastor y eso les da seguridad en medio de la oscuridad de la noche. El mismo salmo 23,4 así lo expresa: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tu vas conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan”. Sí la escucha genera identidad y seguridad, ambas posibilitan el seguimiento del pastor. Seguir al pastor: Sí hay conocimiento entre el rebaño y el pastor, se suscita el seguimiento, pues las ovejas no siguen la voz de los extraños porque no la conocen. La voz del pastor la identifican como la de aquel que cuida y ofrece confianza y estabilidad. El pastor es el que da la vida por las ovejas, por lo tanto lo siguen como aquel que protege y defiende de los peligros. El seguimiento del pastor es lo que da identidad al verdadero discípulo de Jesús. Seguir a Jesús significa entrar en una relación de armonía con él. Es un seguimiento que implica el compromiso de parte del discípulo y este se de mediante la permanencia y la fidelidad a la voz de su Palabra. Dar la vida eterna: La seguridad que el pastor ofrece al rebaño es presentada por el evangelista Juan como la capacidad para vencer la muerte: “Yo les doy vida eterna y no perecerá́ jamás, y nadie las arrebatará de mi mano”. Vida eterna en este evangelio no se refiere a la longevidad, sino a la vida que se vive en la presencia de Dios. Esto solo es posible en la medida en que el rebaño permanece unido a su pastor. Esa vida eterna es la que el pastor ofrece al rebaño, pues con su entrega y muerte en la cruz nos devolvió la vida que habíamos perdido por causa del pecado, de modo que Jesús es el Buen Pastor que ha resucitado para darnos vida en abundancia. 2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? Jesús es el Buen Pastor que tiene conocimiento de cada una de sus ovejas, no es cualquier pastor, por eso recibe el calificativo de “bueno”. Con esto ya se identifica su tarea a diferencia de los asalariados que sólo buscan su propio bienestar y comodidad. Jesús es Buen Pastor porque cuida de su rebaño y conoce a cada una de las ovejas, ninguna pasa bajo el anonimato, pues del mismo modo que el pastor las conoce y las llama, así debe ser rebaño que escucha la Palabra del pastor que le habla y lo conduce hacia la verdad. Jesús es un pastor que ama a su rebaño y por eso se entrega para darle la vida que necesita. El conocimiento que Jesús tiene del rebaño permite que se genere la cercanía entre ambos. También se espera que el rebaño conozca al buen pastor y escuche su voz que lo guía y le muestra el camino correcto. La escucha posibilita la obediencia y el seguimiento; es aquí donde se genera una relación de intimidad y cercanía entre el rebaño y el pastor. Es la Palabra de Dios la que pide docilidad de parte del rebaño, ya que no es una palabra cualquiera sino la Palabra que da vida y que salva. La escucha del pastor pide que el rebaño tenga la atención puesta en quien lo guía, de modo que pueda rechazar otras voces que no vienen del pastor sino de los asalariados. Los verdaderos discípulos son los que escuchan la voz de su maestro, del mismo modo el verdadero rebaño es el que escucha la voz de su pastor y lo sigue. El seguimiento del pastor posibilita la seguridad y la confianza del rebaño pues el pastor que va delante conoce el trayecto y aparta los peligros para que el débil rebaño avance seguro sin perderse del camino. El rebaño con el pastor está siempre seguro, ya que el pastor provee todo lo necesario para que sus ovejas tengan vida y permanezcan en ella. Esa vida que ofrece el pastor no es algo pasajero, pues con la gracia sacramental, el pastor da su misma vida al rebaño, una vida que ya le otorgó en la cruz donde se entregó plenamente para rescatar al rebaño. La oración colecta de este día nos recuerda la necesidad de que el débil rebaño se deje conducir en medio de la asamblea hacia donde encuentra la fortaleza de su pastor. La unidad de Jesús con el Padre pide la unidad del pastor con el rebaño, pues un rebaño dividido se destruiría, mientras que unido a su pastor puede tener la seguridad de permanecer en la vida que el pastor le otorga. “La señal de pertenencia al rebaño de Cristo es la escucha atenta de la Palabra y el ser pronto para obedecer lo mismo que él, no ir tras las voces extrañas. Para nosotros el escuchar es lo mismo que creer lo que se nos dice. Por lo tanto, somos conocidos de Dios quienes le escuchamos; y ser conocido es lo mismo que estar unido a Él; ciertamente del todo conocido por Dios sino es mediante la constante cercanía y fidelidad a su Palabra. Así, cuando Cristo afirma: “Conozco a mis ovejas, es como si dijera: “Las abrazaré y las uniré conmigo mística y perfectamente” (San Cirilo de Alejandría, comentarios al evangelio de Juan 7,1). 3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad? El amor del Padre ha sido tan grande con la humanidad que ha querido entregar a su Hijo para dar su vida en rescate por todos. Jesús como Buen Pastor cuida de su pueblo y lo conduce hacia la casa del Padre. Nosotros que somos el rebaño escogido por el Señor, debemos tener una relación de cercanía y amistad con Jesús, esa intimidad será lo que nos garantice la posibilidad de escuchar, conocer y seguir al maestro. El Papa Francisco nos invita a una relación de familiaridad con el Señor: “Jesús no habla de un conocimiento intelectual, sino de una relación personal, de predilección, de ternura mutua, un reflejo de la misma relación íntima de amor entre Él y el Padre. Esta es la actitud a través de la cual se realiza una relación viva y personal con Jesús: dejándonos conocer por Él. No cerrándonos en nosotros mismos, abrirse al Señor, para que Él me conozca. Él está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón profundamente: conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades, los proyectos que hemos logrado y las esperanzas que fueron decepcionadas. Pero nos acepta tal como somos, nos conduce con amor, porque de su mano podemos atravesar incluso caminos inescrutables sin perder el rumbo. Nos acompaña Él. A nuestra vez, nosotros estamos llamados a conocer a Jesús. Esto implica buscar un encuentro con Él, que despierte el deseo de seguirlo abandonando las actitudes autorreferenciales para emprender nuevos senderos, indicados por Cristo mismo y abiertos a vastos horizontes. Cuando en nuestras comunidades se enfría el deseo de vivir la relación con Jesús, de escuchar su voz y seguirlo fielmente, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no son coherentes con el Evangelio” (Regina Coeli, Roma, 22 abril de 2018). 4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? Durante este año el Papa Francisco nos invita a celebrar el mes misionero extraordinario el mes de octubre, a la luz de esta Palabra de Dios debemos ponernos en actitud de misión para atraer a aquella parte del rebaño que aún no camina bajo el pastoreo de Jesús, esto solo se logra mediante la cercanía y el cuidado de la Iglesia en la tarea del pastoreo. La voz del pastor es para todo el rebaño, pero tal vez muchos no la han identificado porque no la han escuchado. Nuestra tarea es hacer eco de esa Palabra de Dios para posibilitar que las ovejas alejadas conozcan a Jesús Buen Pastor. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS: 1. Hoy la homilía tiene como figura protagonista al Buen Pastor: puede elaborarse una cartelera alusiva al pastor colocar en ella imágenes del Papa, los obispos y presbíteros. 2. Este domingo, Día del Buen Pastor, es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales. Conviene tener en cuenta el mensaje del Santo Padre para esta ocasión y orar de manera más especial por las vocaciones al ministerio ordenado; así como por todos los ministros, para que sean fieles al encargo recibido. 3. Podría seguirse el Prefacio de Pascua V: «Cristo sacerdote y víctima», Misal, pág. 379, por resaltar el papel oferente de Cristo, sacerdote, víctima y altar

Vie 10 Mayo 2019

Encuentro con el Resucitado - Mayo 12 de 2019

"Los animaban a perseverar fieles a la gracia de Dios y así la palabra de Dios se difunda" (Hch 5,29) TAREAS 1. Toma la gracia de Dios como una bandera de tu vida 2. Anima a una persona que veas triste en la fe 3. En tu oración diga: "Señor ayúdame con tu gracia" [icon class='fa fa-download fa-2x'] Ir a lista de reproducción[/icon]

Vie 3 Mayo 2019

Encuentro con el Resucitado - Mayo 05 de 2019

"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5,29) TAREAS 1. En todo, ver lo que es más importante 2. Orar por la fidelidad de los sacerdotes 3. Nunca hable mal de Dios, ni de la Iglesia [icon class='fa fa-download fa-2x'] Ir a lista de reproducción[/icon]

Jue 2 Mayo 2019

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,27-32.40b-41 Salmo: 30(29),3-4.5-6.12ac-13 (R. 2a) Segunda lectura: Apocalipsis 5,11-14 Evangelio: Juan 21,1-19 Introducción Las lecturas de este domingo proporcionan una riqueza temática que permite plantear tres temas: • Después de la Resurrección se muestra la Iglesia naciente, con la predicación activa de los Apóstoles, perseverando en la enseñanza, obedeciendo a Dios antes que a los hombres y sufriendo las persecuciones por causa de predicar a Jesucristo vivo. • La experiencia de Dios en el creyente que, a pesar de las contradicciones de la vida diaria, las angustias, persecuciones, dolores, sufrimientos, lágrimas, es capaz de perseverar en el Señor; y puede convertir el luto en danza, la debilidad en fortaleza, el dolor y el sufrimiento en alegría y esperanza. • El encuentro de los discípulos con Jesucristo Resucitado transforma la desolación en consolación, renace la alegría y la esperanza, y convierte a los apóstoles en misioneros, continuadores de la obra de construcción del Reino de Dios. 1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles muestra como el Sanedrín en cabeza del Sumo sacerdote, les prohíbe a los Apóstoles “enseñar en nombre de ese” y los acusan de haber “llenado a Jerusalén con esa doctrina”. Los Apóstoles a su vez les responden: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Cómo ellos se convierten en testigos de la resurrección de Jesucristo y cómo salen contentos por haber sido considerados dignos de sufrir los ultrajes por el Nombre de Jesucristo. El Salmo 30 (29), resalta la súplica del creyente que clama y llama a Dios, sana su herida, saca su alma del abismo. A partir de esta experiencia el creyente, hace una lectura de la experiencia de Dios que es capaz de visitarlo en medio del sufrimiento con las lágrimas; pero pasado el tiempo, ese sufrimiento se convierte en gozo. Es así, como Dios es capaz de transformar el luto en danza, por estas proezas, el creyente, alaba a Dios por siempre. La segunda lectura tomada del libro del Apocalipsis, refleja mediante los órganos del oído y de la visión, la experiencia de Dios. El creyente que ve y escucha a Dios vive recibiendo la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza para Adorar permanente a Dios. La perícopa del Evangelio, manifiesta tres momentos sublimes en la experiencia de Jesucristo resucitado en la vida de los Apóstoles: 1. Un primer momento de desolación. Los Apóstoles no saben qué hacer, tratan de volver al lugar donde el Maestro los había llamado y escogido. Ante la muerte de Jesús, se pierde la esperanza, y se quiere volver atrás mediante el trabajo cotidiano, a las redes y a la barca. Es una forma de mitigar la tristeza que le ha causado la muerte del Señor. 2. El segundo momento, está iluminado por la pesca milagrosa, los Apóstoles en cabeza del discípulo amado, descubren la presencia del Señor, escuchan y obedecen la Palabra del Señor, y de las aguas vuelven a la tierra, sabiendo que El Señor no ha muerto, está con ellos, renace la esperanza y esto los llena de ilusiones y alegría. 3. Un tercer momento, en el cual el Señor les encarga la misión de continuar predicando el Evangelio y la Buena Nueva de la salvación, se ratifica el amor y el seguimiento del Señor. 2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? La narración evangélica evoca la celebración de la Eucaristía. Así, como en el Evangelio de este domingo se pueden observar tres momentos sublimes, de la misma manera, se pueden vivir estos tres momentos en la Misa: El momento de la desolación; de la consolación; y de la misión. Así, pues, en la Eucaristía, memorial de la Nueva alianza, podemos observar los tres momentos, así: 1. El momento de la desolación, cuando en la primera parte de la Eucaristía, llegamos de la vida en ocasiones cargados con nuestras contradicciones, desesperanzados, tristes y agobiados por los problemas cotidianos y por la carga de nuestros pecados. En el acto penitencial se nos pide hacer memoria de nuestros pecados y pedirle perdón al Señor, por todos estos momentos de sufrimiento y dolor. 2. En la Liturgia de la Palabra y de la Eucaristía propiamente dicha, nuestros sentidos se abren para que escuchando nos dejemos iluminar por la Palabra del Señor. Como Pedro llegamos a la misa desnudos, desprotegidos y desvencijados, y una vez, que escuchamos al Señor, empezamos a descubrir que Él está allí con nosotros, que no tengamos miedo, que nos revistamos de su gracia, nos cubre y protege. Él nos invita a salir de las aguas que inundan y amenazan nuestra existencia, y nos invita a aterrizar, Él en la Eucaristía, nos prepara el Banquete de la Alianza, su Cuerpo y su Sangre, nos alimenta, nos fortalece, nos invita a hacer comunidad. En comunidad se fortalecen nuestros vínculos, renace en nosotros la alegría y la esperanza. En comunidad permite que escuchemos al Señor en su Palabra. La comunidad permite que trabajemos juntos por una pesca abundante, donde a cada uno no le haga falta el alimento; en este sentido, la comunidad fortalece la fraternidad y se vive la caridad. 3. Tercer momento: Una vez que el Señor nos ha alimentado con su Cuerpo y con su Sangre, salimos de la misa entusiasmados, llenos de alegría y esperanza, el Señor camina con nosotros, como camina con Pedro, ratifica con cada uno de los creyentes su pacto de amor, nos invita a perseverar en el camino de la caridad, y nos encarga la misión de continuar su obra de amor a través de los tiempos y de las naciones. El Señor, nos envía, como envió a sus discípulos. Cada Eucaristía, cuando salimos es a vivir lo que hemos experimentado en comunidad, al salir del templo, cada cristiano, debe sentir que el Señor camina con él, que ratifica su amor por nosotros y nos hace sus discípulos misioneros en el camino de la vida en la edificación del Reino de Dios. 3. ¿Qué me sugiere la Palabra que debo decirle a la comunidad? Cristo resucitado que nos hace discípulos misioneros que construyen su reino con el amor y la paz; a través de las palabras del Papa Francisco, en la reciente Exhortación Apostólica Gaudete ed Exultate, el llamado que nos hace a la santidad, comentando las bienaventuranzas, dice: ¨dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios¨. Al final del numeral 89 de esta exhortación, acuña una frase, que sin duda alguna pudo haber aprendido de la visita en Colombia, pues nos invita a ser artesanos de la paz, y dice textualmente: “Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza. Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad”. En esta misma línea del mandato que hace el Señor a Pedro y a los discípulos y a través de ellos, a toda la Iglesia, el Papa Francisco exhorta a la comunidad creyente a que seamos discípulos misioneros al encuentro de Jesucristo vivo. “Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio. Se trata entonces de un camino de santidad que se construye con la Gracia que Cristo resucitado infunde en sus apóstoles, discípulos, misioneros, y en toda la Iglesia. 4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? El encuentro con Jesucristo resucitado se parece a ese camino que realizó el Señor con Pedro. Tres veces le pregunta el Señor si lo ama, y tres veces le responde Pedro que, sí lo quiere, y en la tercera, Pedro se entristece, pero el Señor lo ratifica en el amor. Varias interpretaciones sugieren que el número tres en la Biblia, es significativo, porque es la forma de ratificar un compromiso, y sellar un pacto; pero también es la forma de recordar las tres ocasiones en que Pedro negó al Señor. De alguna manera, se ve en esta triple pregunta que, por encima de las negaciones, está el amor que consolida el sello de la alianza con el Señor. Así, nosotros, podemos recordar momentos en que con nuestras actitudes, conductas o pecados hemos negado al Señor. Así, como en la Cruz el cayó tres veces, tres veces se levantó; de esta forma, nosotros debemos ratificar ese amor, no nos quedemos anclados en la negatividad del pasado sino que levantándonos de nuestras contradicciones y pecado, podamos con la Gracia del Señor, animarnos a seguirlo, a ser discípulos, a continuar caminando por el camino de la vida, llenos del amor que Él nos regala. El Señor no nos condena, ni se alegra de nuestras contradicciones, sino que nos amina a seguirlo amorosamente en el camino de la vida. No nos cansemos de levantarnos, no nos cansemos de decirle Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo, no nos dejemos inundar de desesperanza en el camino de la vida, sino que sigamos diciéndole, sí, Señor, hágase en mí según tu palabra. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS: 1. Se sigue en el Tiempo pascual, cuyo tiempo se expresa en la alegría de los cantos, orientados al seguimiento y discipulado misionero. 2. Cuidar los signos propios de este Tiempo Pascual: manteles, luces, flores, ornamentos festivos, 3. Sería oportuno hacer hoy el Rito para la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, propio para la cincuentena pascual, Misal, p. 1058. 4. Debido a la temática del amor que presenta la Palabra de Dios, se recomienda tomar la Plegaria Eucarística para Diversas Circunstancias IV, con su Prefacio: “Jesús, que pasó haciendo el bien”. 5. Recordar que el viernes 3, es en Colombia la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y día de la Reconciliación. 6. En este día se celebra la Jornada Mundial de la Infancia Misionera.

Vie 26 Abr 2019

Encuentro con el Resucitado | Abril 28 de 2019

"Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres que se adherían al Señor" (Hch 5,14) TAREAS 1. Haga oración por aquellos que no creen 2. Regale una frase de un texto bíblico a alguien [icon class='fa fa-download fa-2x'] Ir a lista de reproducción[/icon]

Vie 26 Abr 2019

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,12-16 Salmo: 118(117),2-4.22-24.25-27a (R. 1) Segunda lectura: Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19 Evangelio: Juan 20,19-31 Introducción Las tres ideas temáticas que engloban la interpretación de los textos bíblicos litúrgicos de este segundo Domingo de Pascua, se pueden enmarcar en torno a: • La Acción de Dios que infunde Cristo resucitado soplando el Espíritu Santo a los discípulos, hace que realicen señales y prodigios. • Jesucristo en medio de los Apóstoles infunde en ellos el don de ver (creer) y testimoniar esta experiencia mediante la Escritura. • La presencia de Jesucristo Resucitado que sopla el Espíritu Santo, disipa las dudas, hace que se perdonen los pecados y les trae la paz. 1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, dice que los Apóstoles tenían un mismo Espíritu y realizaban muchas señales y prodigios. Nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos; aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio. El salmo responsorial 118 (117) recalca la importancia de la alegría y el gozo, por la Resurrección del Señor. Se encuentra un tetraedro inclusivo en cuanto que Yahveh Dios, es Quien da la salvación, el éxito, Quien ilumina y Quien otorga la salvación. La segunda lectura destaca la paciencia en el sufrimiento; de allí que el Apóstol San Juan testimonie por escrito la fraternidad y el compañerismo en medio de las tribulaciones. El Evangelio narra las apariciones de Jesucristo a los discípulos, donde se resaltan algunos elementos que ayudan a la hermenéutica reflexiva: el día primero de la semana, Jesucristo que se presenta en medio de ellos y siempre los saluda con la paz, los discípulos que se llenan de alegría porque ven al Señor. Cristo resucitado sopla el Espíritu Santo y les concede el poder perdonar los pecados. Tomás que no estaba con los demás discípulos, no cree al principio y luego expresa Señor mío y Dios mío. Se manifiesta, de esta forma, el contraste entre el ver físico y de la fe, la paradoja entre creer y la incredulidad. Resalta el Evangelista que muchos prodigios no han sido escritos, y que la finalidad de que hayan sido escritos es para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y creyendo tengamos vida en su nombre. 2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? Se quiere mediante esta herramienta homilética hacer reflexionar a los miembros de las comunidades en el segundo punto que se propone dentro de los tres temas planteados: Jesucristo crucificado y resucitado en medio de los Apóstoles les da la Gracia de Ver (creer) y testimoniar mediante Las Sagradas Escrituras la presencia de Dios vivo en medio de su pueblo. San Juan Evangelista, autor también del libro del Apocalipsis, crea un puente entre el cuarto Evangelio y el último libro de la Biblia. Juan testifica en el Apocalipsis que recibe de Jesucristo el mandato. “Escribe en un libro lo que veas”, y más adelante vuelve a repetir la frase: “Escribe lo que has visto”. En el Evangelio, Juan cierra su libro con estas palabras: “Otras muchas señales que no están escritas en este libro, han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y creyendo tengáis vida en Su Nombre”. Al mismo tiempo, el Apóstol San Juan, junto al verbo escribir, pone particular énfasis en el verbo: VER, que progresivamente se va volviendo CREER; presentando el contraste entre quien no ve no cree. Hace parte del estilo redaccional del Evangelista, evangelizar pedagógicamente, mediante círculos concéntricos, donde juega con los términos, en una forma repetitiva, pero que poco a poco, va hilando el discurso, usando el término, pero a la vez progresando en su contenido. Así, lo podemos constatar con VER- CREER- ESCRIBIR. Hay que distinguir el VER del Mirar y a su vez del observar. El mirar, parece ser una capa superficial, que no implica la totalidad de la persona. Evoca la persona que, al pasar mira de forma distraída, sin detenerse y sin que esa mirada, llame la atención, a fin de que haga que la persona se detenga, o cambie a partir deesa mirada. Mirar, por tanto, es pasajero, superficial, y no implica compromiso; como quien cruza las calles, mira las vitrinas de un almacén, pero nada lo detiene en su caminar. Mira distraídamente y sin responsabilidad alguna. Observar, implica mayor profundidad, quien observa, se detiene para investigar, analizar. Fija su atención de manera particular sobre el objeto deseado. Contrario al mirar que es externo, observar busca profundidad en el conocer, de una manera más racional, científica; sin que implique un compromiso de la persona que observa. El observar es objetivo, en cuanto, que busca conocer y analizar el objeto de manera científica. El ver, implica la persona, es una mirada profunda, que transforma a la persona que se pone en actitud de ver. Quien ve se compromete, y da un paso más en el observar científico y racional, puesto que quien ve, cree. Es un ver de confianza, que se fía, que implica una relación entre la persona que ve y lo que es visto. En efecto, el Evangelista San Juan describe “hemos visto al Señor”, y este testimonio produce en los Apóstoles alegría, gozo, paz, fortaleza, esperanza y entusiasmo para ir a hablar y testimoniar al Señor. También, se observa en los Sinópticos que consecuencia del ver está el creer: “vio y creyó”. Así, la experiencia de Jesús crucificado y resucitado implica para los Apóstoles tres movimientos dinámicos: VER – CREER- ESCRIBIR. 3. ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad? La Iglesia en Latino América durante la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) celebrada hace cincuenta años en Medellín distinguió un método teológico propio, que tiene sus fundamentos bíblicos. El Apóstol San Juan, es invitado a ver. Hoy hay que ver la realidad, de nuestros pueblos sumidos entre los desafíos pastorales que interpelan nuestra fe; frente a la violencia, miseria, corrupción… hay que discernir los signos de los tiempos. Quien ve, debe hacerlo con una mirada de fe, es decir, juzgar con criterios de fe. Para creer que esa realidad es transformadora, Juan se encuentra exiliado en la Isla de Patmos, es invitado a ver, contemplar con ojos de fe; para juzgar con la mirada del Señor, los acontecimientos que suceden en su tiempo. Solo quien ve, juzga con ojos de fe y cree que la realidad por muy contradictoria que sea, contiene un ver que transforma dicha realidad con esperanza y caridad. Finalmente, el evangelista, una vez que ve la realidad, cree, porque sus ojos se iluminan con la fe en el Jesús Crucificado y Resucitado; puede entonces, dar el tercer paso: escribir, es decir, actuar, según el método teológico latinoamericano. 4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? Dice la misma Escritura “Lo escrito, escrito está” (Cfr. Mt 4,4; 21,13), como una forma de ratificar un compromiso, que se hace perenne en el tiempo. Quien escribe ha pasado por una experiencia de fe que ha interpelado su existencia. Cuando se pone por escrito el pensamiento, se fija la idea y se concretiza en el tiempo y el espacio. Cuando se escribe la experiencia se vuelve perenne y se eterniza el tiempo. Latino América después de quinientos años entre descubrimiento, conquista y evangelización, ha puesto por escrito la experiencia de Dios que peregrina en este continente; y esa historia se vuelve historia de salvación cuando se ve con los ojos de la fe y se juzga a partir de criterios del Magisterio eclesial que ayuda a discernir los signos de los tiempos. Es un recuerdo vivo (anamnesis) que se vuelve la memoria viva de un acontecimiento que cambia la historia y transforma al ser humano. Leíamos en el Salmo 118 “Da Yahveh, Dios, da la salvación, da Yahveh Dios el éxito, Yahveh Dios nos ilumina”. En la Eucaristía es el Hosanna, Dios bendice a su pueblo, y actualiza el memorial de la Nueva alianza. Poner el pensamiento, la experiencia por escrito no solo testimonia la verdad de Jesucristo Crucificado y Resucitado; sino que se transmite y conserva esta verdad; y se sucede en la historia de salvación, una infinidad de interpretaciones personales y comunitarias que transforman la vida, a partir del acontecimiento de Cristo Crucificado y Resucitado que penetra las almas y transforma las historias de los pueblos. Jesucristo es el acontecimiento liberador y transformador que nos permite leer la historia con otros ojos, juzgarla con criterios evangélicos y señalar caminos que nos permiten actualizar y vivir Las Sagradas Escrituras. Cada persona miembro de una comunidad está llamada a ver los signos y prodigios de Cristo muerto y resucitado en su vida y en su historia. A confiar, creyendo para tener vida en su nombre, pero también, como persona y comunidad escribir los prodigios y acciones de Cristo Muerto y resucitado en su propia vida. Las interpretaciones hermenéuticas permiten que la infinitud de lecturas de cómo Jesús crucificado y resucitado ha transformado sus vidas, son una muestra del poder de Dios en Cristo transformando las vidas y las historias de los pueblos y ratifica la experiencia con los ojos de fe que viven los Apóstoles. Así, como Tomás,permite una lectura creyente, que favorece la bienaventuranza en el tiempo y el espacio traspasa el umbral de las tinieblas y de la increencia, se vuelve testigo del Crucificado resucitado. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS: 1. Por ser un día en el que se privilegia la Misericordia, sería bueno colocar en lugar visible las obras de misericordia, junto a ellas un mensaje que diga: Si queremos la paz practiquemos la misericordia. 2. Se sugiere llevar en Alto la Palaba de Dios en la procesión de entrada, como la Palabra Escrita que testifica la Acción del Espíritu Santo y de los Apóstoles que pusieron por escrito la experiencia de la Resurrección. 3. Seguir el Prefacio Pascua I: «El Misterio Pascual», con la parte propia: «en este día glorioso». Convendría seguir el Canon Romano o Plegaria Eucarística I, con las partes propias que contiene. 4. Tener presente que para la Bendición final de la Misa se puede usar la fórmula solemne de la Vigilia Pascual, Misal, pág. 219. Para despedir al pueblo se agrega el doble Aleluya. Con las segundas Vísperas de este domingo termina la Octava de pascua. 5. Desde el Papa san Juan Pablo II ha tomado fuerza el segundo domingo con especial énfasis en Jesús de la Misericordia. Si se tiene la imagen, se recomienda exponerla en el templo, y si se ve oportuno, explicar su sentido desde la orientación pascual del costado de Cristo, del que brota sangre y agua como los signos sacramentales que fundan la Iglesia en el Bautismo y la Eucaristía.

Vie 19 Abr 2019

Encuentro con el Resucitado | Abril 21 de 2019

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado (Lc 24,5-6) TAREAS 1. Participa en la Vigilia Pascual 2. Saluda diciendo ¡Cristo Resucitó! 3. Vive alegremente este Tiempo de Pascua [icon class='fa fa-download fa-2x'] Ir a lista de reproducción[/icon]