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Opinión

Lun 24 Feb 2025

Homilía ordenación episcopal monseñor Alexander Matiz Atencio

Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - “Con la mirada fija en Jesús, el que inicia y perfecciona nuestra fe” (Hb, 12, 2); con la mirada fija en el Cristo milagroso que preside esta basílica, los invito a contemplar el misterio del amor de Dios que nuevamente se desparrama sobre esta Iglesia diocesana de Buga al concederle un nuevo obispo en la persona del presbítero Alexander Matiz Atencio.Recordamos agradecidos y oramos por quienes han sido sus antecesores, hoy, de manera especial por Mons. José Roberto Ospina Leongómez, quien después de más de 12 años de servicio entrega el cayado de pastor de Buga al nuevo obispo, con la tranquilidad del deber cumplido, para la gloria de Dios y el bien de la Iglesia. A monseñor José Roberto lo saludamos y le expresamos nuestra sincera y ferviente gratitud por su generosa entrega a la Iglesia colombiana y de Buga en sus 21 añosde vida episcopal.Hoy la Diócesis de Buga está alegre. Celebra la dedicación de su iglesia catedral y la consagración de la diócesis al patrocinio de San Pedro.La celebración litúrgica de hoy, la Cátedra de San Pedro, es fiesta en Buga, y lo será todavía más, porque en este día su Obispo es consagrado y asume con alegría la misión de ser su padre, amigo y pastor.La diócesis de Buga acoge un presbítero ordenado en la Arquidiócesis de Cali, quese alegra de entregarles un servidor fiel, solidario, amante y servidor de los pobres. Como su arzobispo y ahora su metropolitano, me llena de júbilo y honor poder imponerle las manos, y con mis hermanos obispos, elevar al Pastor de los pastores nuestra oración por el buen éxito de la misión que el Señor, a través del papa Francisco, le ha confiado.Mi saludo y gratitud al señor Nuncio, moseñor Paolo Rudelli por la reiterada confianza que ha tenido en la Provincia eclesiástica de Cali, al llamar recientemente a tres de sus hijos al episcopado en nombre del Papa.Gracias, señor Nuncio por su cercanía y presencia entre nosotros. En esta fiesta de la Cátedra de san Pedro, le pido el favor de hacer llegar al Santo Padre el amor que este pueblo le tiene, así como nuestra oración por su ministerio apostólico y susalud.Todos conocemos diversas facetas de la vida de San Pedro. Todos sabemos cómo a pesar de haberse reconocido pecador, el Señor lo llama; le cambia el nombre de Simón por Cefas (piedra); lo acompaña, comprende y educa en los distintos momentos de su vida; lo va puliendo y formando desde dentro; se le da a conocer y hace posible que en él actúe el poder de Dios, y le ayuda a caer en la cuenta que el conocimiento que va teniendo de su naturaleza divina, al reconocerlo como “el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, le es revelado por el Padre que está en el cielo (cfr. Mt. 16, 16 – 17).Así, Jesús lo va transformando de pescador de peces en pescador de hombres; lo va llenando de su fortaleza para que al final se identifique tanto con él, que su triple profesión de amor se hizo testimonio de vida crucificado por ese mismo amor en Roma.Y a lo largo del camino, el pescador y analfabeta Pedro se fue llenando de la sabiduría que viene de lo alto. No solo ejercía el liderato entre los apóstoles y discípulos, sino que los orientaba con su palabra y ejemplo.Si bien es cierto que la fiesta de la Cátedra de San Pedro nos remite a la misión que el Papa tiene de guiar y enseñar al pueblo santo de Dios, y por eso oramos con sincero corazón por el papa Francisco, sucesor de Pedro en nuestros días, también es cierto que esta fiesta nos permite reconocer en el apóstol Pedro y en los sucesores de los apóstoles a los hombres elegidos por el mismo Cristo paraconstituirlos en la roca firme sobre la que se edifica la iglesia de ayer, hoy y mañana. Y en esta misión estamos los obispos. Y para esta misión has sido llamado, apreciado monseñor Alexander.El rito de ordenación recoge la múltiple y variada misión que debe realizar el obispo. Al responder libremente a las preguntas del interrogatorio inicial, el candidato asume el reto de hacer posible que el Reino de Dios, inaugurado por Cristo, se siga expandiendo en el mundo.Es por esto que, dentro de poco, te voy a preguntar, entre otras cosas, si quieres edificar la Iglesia, Cuerpo de Cristo y permanecer en su unidad con el Orden de los Obispos bajo la autoridad del sucesor de Pedro; si Quieres obedecer fielmente al sucesor de Pedro, y si quieres cuidar del pueblo santo de Dios y dirigirlo por el camino de la salvación con amor de padre. En estas tres preguntas encontramos la centralidad de la misión episcopal.Con amor de padre estás siendo llamado a acompañar a tus hijos para que conozcan a Jesucristo, y con Él, hagan posible que el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, se siga edificando en todos los rincones de tu jurisdicción. Me viene ahora a la mente la promesa de Yahvé al pueblo de Israel a través del profeta Jeremías: “Les daré pastores conforme a mi corazón, que los aparecerán con ciencia y con sabiduría” (Jr. 3,15). Esa promesa se sigue cumpliendo también hoy, aquí en Buga. Es muy significativo que la palabra edificar aparezca en el rito. Ya el apóstol Pablo también dirá que “por la gracia que Dios me ha concedido, yo, como hábil arquitecto, puse los cimientos, pero otro continúa la construcción” (1Cor, 3, 10). Dentro de tus saberes, apreciado Alexander, fuera de los estudios eclesiásticos, eres también arquitecto. Entiendes de sobra lo que significa edificar sobre bases firmes, antisísmicas, se diría hoy. Qué bueno que, en tu misión en Buga, y como obispo al servicio de la Iglesia en Colombia, seas hábil arquitecto, al estilo de Pablo, para que la comunidad que se te confía, pueda resistir los embates de las tormentas o de los sismos que pretenden impedir la construcción de la obra de la fe de la Iglesia o destruirla.La Diócesis de Buga, con la siembra hecha por tus antecesores, tiene bases sólidas; haz que sean realmente antisísmicas a través de la evangelización centrada en la persona de Jesús, animando a tus hijos y colaboradores a perseverar en la fe, aun en medio de la prueba.Para lograr este objetivo, ten presente en todo momento lo que el apóstol Pedro te ha dicho hoy: “Apacienta el rebaño de Dios que te ha sido confiado; vela por él, de buena gana, como quiere Dios; no a la fuerza ni por un interés mezquino, sino con abnegación; no como dueño de aquellos que están a tu cuidado, sino siendo de corazón ejemplo para el rebaño” (1Pe. 5, 2 – 3).En las conclusiones del Sínodo sobre la sinodalidad del 2024, se dice que “la tarea del Obispo es presidir una Iglesia local, como principio visible de unidad en su interior y vínculo de comunión con todas las Iglesias” (n. 69) y que “el servicio del obispo se realiza en, con y para la comunidad, realizado a través de la proclamación de la Palabra, la presidencia de la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos (n. 70).Apreciado Alexander. Los retos que tiene la Iglesia son enormes y, por tanto, los desafíos del obispo son inmensos. Trabajar por la sinodalidad, fomentar la santidad del rebaño y allanar el camino al cielo, resumen algunos de los aspectos que se espera del obispo de hoy. Por eso mismo, tu lema “Todo lo puedo en aquel que me conforta (Filp. 4,13) tiene pleno sentido porque será el Señor quien realmente haga posible que el edificio crezca. Ten presente en todo momento lo que dijimos con el salmista: “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”. Apreciado Alexander: confía, espera y ama.Recibes le ordenación episcopal también en el marco del año santo, cuando el Papa nos ha exhortado a ser peregrinos de la esperanza. Que tu servicio episcopal esté macado por la esperanza que no defrauda (Rom. 5,5), que sirva de aliento y consolación para tus hijos.En el emocionante y espiritual ambiente orante que estamos viviendo en esta basílica, permítanme terminar esta reflexión compartiendo un hermoso soneto - oración, que encontré en una placa ubicada en el exterior de la basílica, junto a la antigua ermita, escrito por el poeta Jorge Robledo Ortiz, que se intitula El Cristo milagroso. A este Cristo encomendamos tu ministerio, a este Cristo inmolado por amor, imploramos el don de la paz y la reconciliación para el Valle del Cauca y el mundo entero.“Este Cristo a los odios enclavado; este Cristo en plegaria suspendido; esteCristo desnudo de pecado, pero en ingratitudes florecido.Este Cristo de dudas coronado; este Cristo de amor desprotegido; este Cristoen los ojos apagado, pero para el perdón siempre encendido.Este Cristo de barro americano; este Cristo de nieve entre el pantano; esteCristo con sed y hambre de paz.Es el guardián del corazón de Buga, el Cristo de la ermita que madruga aencender el amor de la heredad”.Nuestra Señora de las Victorias te ayude a recibir la corona de gloria que no semarchita. Amén.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mié 19 Feb 2025

La esperanza cambia la vida

Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Hemos entrado en el Año Jubilar que el Papa Francisco ha querido orientar hacia la esperanza. La esperanza es una dimensión fundamental de la vida cristiana; por eso, la Carta a los Hebreos une estrechamente a la “plenitud de la fe” la “inmutable profesión de la esperanza” (10,22-23). Pero la esperanza responde también a una necesidad profunda de la persona y de la sociedad que, en medio de los avatares de la existencia, van haciendo un camino en el que es preciso tener un proyecto y un horizonte.En efecto, sólo la esperanza logra liquidar la angustia que puede anidar en el corazón del ser humano, proclamar valores y propósitos capaces de constituir una base segura para la sociedad, mantener presente el primado de Dios como norte indefectible en el camino. Todavía más, la esperanza cristiana, asegurando la certeza de la providencia divina que vela siempre sobre nosotros, puede proclamar que la última palabra no la tendrá el mal, que la vida es más fuerte que la muerte y que el triunfo definitivo será el del amor.Por eso, San Pedro exhorta a los cristianos a ser capaces de dar razón de su esperanza (1 Pe 3,15) y San Pablo recuerda a los Efesios que, antes de su encuentro con Cristo, estaban sin Dios y sin esperanza en el mundo (Ef 2,12). Es decir, que los dioses y mitos que tenían se contradecían, no ofrecían un sentido a la vida y, finalmente, no daban seguridad ni aliciente para el futuro. Sin Dios el mundo es tenebroso y el futuro es oscuro, pero gracias a Cristo no nos afligimos como los que no tienen esperanza (1Tes 4,13).La esperanza es un distintivo de nosotros los cristianos porque verdaderamente tenemos futuro. No conocemos los elementos particulares de lo que nos espera, pero sabemos que nuestra vida no terminará en la nada y el vacío. Sólo cuando el futuro es una realidad positiva, es vivible el presente. Por eso, el cristianismo no es sólo para comunicar una doctrina que se debe saber, sino para entrar en una vida nueva, que no está esclavizada por las promesas de falsos dioses, sino que tiene abierta la puerta oscura del futuro.Es preciso aprovechar este año para clarificar si nuestra fe cristiana conlleva para nosotros hoy una esperanza que transforma y orienta decididamente la propia existencia, si es un mensaje que moldea de un modo nuevo la vida misma o es solamente una información que a veces creemos superada por otras noticias y propuestas más recientes, si trabajamos para que sea realidad lo que nuestros padres y padrinos en el Bautismo buscaban para nosotros cuando pidieron que se nos diera la fe que lleva a la vida eterna.Tal vez hoy, para muchos cristianos, la vida eterna no aparece como una realidad deseable. No pocos están tan instalados en la vida presente, que sólo quisieran retardar lo máximo posible la muerte. Incluso, algunos pueden pensar que vivir para siempre puede resultar aburrido y finalmente insoportable. Muy distinta es la visión cristiana que considera la muerte como una liberación de las fatigas y el sufrimiento que nos ha traído el pecado, para tener de nuevo la vida en plenitud que habíamos perdido. La esperanza no puede ser una ilusión etérea o una actitud pasiva, debe convertirse en movimiento, en tarea que pone en juego la vida misma. No puede desentendernos de la realidad que vivimos y de los deberes que tenemos. Se vive la esperanza en la vida eterna construyendo cada día la tierra que Dios nos ha confiado. Dada la situación del mundo marcado frecuentemente por la injusticia, el egoísmo, la codicia, la mentira y la violencia, que ponen en cuestión aun la condición humana, es preciso hacer realidad la esperanza.Para el cristiano, la certeza de que un Dios personal abraza el universo, interviene en la historia y vela amorosamente por cada persona y la espera en su casa, no es una simple teoría. Es una certeza transformadora de la vida y, como consecuencia, empeño renovador del mundo, de las realidades sociales y económicas, de las familias y de la condición de cada persona. El Evangelio no es sólo una comunicación de cosas que se pueden saber, sino un anuncio poderoso que debe producir hechos y cambiar la vida.+Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín

Mié 19 Feb 2025

El Jubileo, un Año para Renacer

Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Según las disposiciones de la Ley de Moisés (cf Lev 25), en cada pueblo de Israel resonaba el sonido de un cuerno llamado yobel, del que se deriva el término “jubileo”, para anunciar el comienzo de un año especial. Era un tiempo de reconstrucción de la vida social que proponía una redistribución de la tierra y hacía consciente al pueblo de que era una familia en camino. Al comienzo de su predicación, Jesús retoma en la sinagoga de Nazaret esta propuesta del jubileo, dándole un sentido nuevo.El mismo Jesús, ungido y enviado por el Espíritu, es la liberación de los cautivos, la luz de los ciegos, la buena noticia para los pobres, el año de gracia que todos esperan para salir del pecado, para encontrar la misericordia de Dios y emprender un camino de alegría y esperanza (cf Lc 4,18-19). A partir del año 1300, la Iglesia Católica viene convocando a vivir este tiempo fuerte que alimenta el deseo de transformar la propia existencia, mediante un encuentro con Dios que libera del pecado y de la muerte.Realmente el Año Santo es una ocasión especial para la renovación personal y el enriquecimiento espiritual de toda la Iglesia. El signo de la peregrinación que se vive en Roma y en las distintas diócesis del mundo nos recuerda que todos estamos en camino y que no podemos despreciar el llamamiento a una unión más profunda con el Señor Jesús y a estar disponibles a la acción de su Espíritu que puede transformar nuestras vidas y el mundo en que vivimos.Concretamente, este año debe ser una experiencia de la gracia de Dios que perdona nuestros pecados y nos ofrece su indulgencia, es decir, una nueva oportunidad de vivir en la alegría y la libertad de su amor. Es la ocasión de renovar las fuerzas y la certeza de que, en esta “hora oscura” por las guerras y la pobreza en que viven tantas personas, de la que habla el Santo Padre, podemos mirar el futuro con un espíritu nuevo, un corazón generoso y una mente clarividente.Es un año para acoger y transmitir la esperanza cristiana. Sobre esto el Papa Francisco nos dice que la esperanza no es un final feliz que hay que esperar pasivamente, sino la promesa del Señor que hemos de acoger. Esta esperanza nos pide que no nos dejemos llevar por la rutina, que no nos detengamos en la mediocridad, que tengamos la valentía de cambiar las cosas que no están bien, que busquemos la verdad, que nos dejemos inquietar por el sueño de Dios de un mundo nuevo donde reinen la paz y la justicia.Sigue señalando el Papa, en su homilía para el inicio del Jubileo, que la esperanza cristiana no admite la falsa prudencia de quien no se arriesga a comprometerse, ni el cálculo de quien sólo piensa en sí mismo, ni la vida tranquila de quien no alza la voz contra el mal y las injusticias. La esperanza mientras nos invita a la paciente espera del Reino que germina y crece, exige de nosotros la audacia de anticipar hoy esta promesa, a través de nuestra responsabilidad y de nuestra compasión.(cfr Homilía 24.12.24).Este Jubileo nos urge a redescubrir la alegría del encuentro con el Señor, nos llama a la renovación espiritual y nos compromete en la transformación de nuestras familias, de nuestros ambientes de trabajo, de nuestros centros urbanos. Todos, además, tenemos la tarea de llevar la esperanza donde se ha perdido, allí donde la vida está herida, en los fracasos que destrozan el corazón, en los ambientes donde hay cansancio, soledad, sufrimiento, pobreza, violencia y tristeza.Este es un año para renacer en Cristo. Es a Él a quien buscamos cuando anhelamos la felicidad, es Él quien nos espera cuando nada de lo que encontramos nos satisface, es Él la belleza que siempre nos atrae, es Él quien nos impulsa a quitarnos las máscaras que hacen falsa la vida, es Él quien pone en el corazón las decisiones verdaderas que otros quieren sofocar (San Juan Pablo II). El Jubileo se abre para que a todos nos sea dada la esperanza del Evangelio, la esperanza del perdón, la esperanza del amor.+Ricardo Tobón RestrepoArzobispo de Medellín

Mar 11 Feb 2025

La familia, espacio vital de cuidado a los enfermos

Mons. Félix Ramírez Barajas - La familia, querida por Dios, hunde sus raíces en su designio amoroso y constituye la relación y comunión con ÉL y con el prójimo. Estos dos principios: Lo espiritual y lo antropológico, permiten el desarrollo integral de la persona y le da trascendencia a su ser como creatura y como hijo de Dios. Cada uno de los ambientes y necesidades están regulados por estas relaciones y requieren el compromiso de todos para que se valore la dignidad de cada uno, en lo que respecta a sus derechos y deberes fundamentales.A propósito de la Jornada mundial del enfermo que se celebra cada año en la memoria de nuestra Señora de Lourdes, la familia es el espacio vital y más cercano, como oportunidad para ver el rostro sufriente del Señor en cada uno de los hermanos enfermos y por los que siempre mostró predilección en el anuncio del reino. La Iglesia y la familia no pueden estar al margen de este compromiso de caridad que se ha de manifestar en la cercanía y cuidado de cada persona en situaciones límites y de necesidades diversas tanto físicas como espirituales.En el mensaje para la jornada de oración por los enfermos, el Papa Francisco nos recuerda en su mensaje, entre otros aspectos que: “Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, médicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y allí donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las clínicas.”Hoy ante tanta incertidumbre, en cuanto a las reformas de la salud sobre todo, la familia debe estar a la vanguardia del cuidado y sobre todo pendiente de humanizar la salud de quien vive en cada hogar, ciertamente que la atención médica es muy importante, pero también hay muchos casos donde el enfermo está agotado en una cama hospitalaria y aunque, si bien es cierto, puede estar bien atendido por el personal médico y paramédico, su ambiente natural es la familia, su casa, donde se siente en libertad y confianza.Toda la situación de enfermedad asumida desde la fe es una tarea en la línea de la caridad cristiana que muchas veces rebosa las capacidades físicas o materiales de la familia o de la persona que está a cargo del enfermo y requiere por eso de la solidaridad y ayuda de otras personas. En este sentido vale la pena mencionar la necesidad de redes solidarias de familia, de vecinos y otras personas que, por su fe, puedan rodear al enfermo y ayudarle a vivir serena y en paz su limitación física.También el Papa Francisco nos alienta diciendo: “La comunidad cristiana sabe bien que, a la familia, en la prueba de la enfermedad, no se la puede dejar sola. Y debemos decir gracias al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y del sufrimiento. Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para una parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace comprender el reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios. (Catequesis del 10 de junio de 2015).Para quien tiene fe y esperanza, el sufrimiento puede ser un instrumento para transformar la enfermedad en oblación que trae como beneficio crecimiento espiritual y encontrar especial consuelo en la presencia de Cristo resucitado y de la Iglesia través de la vida sacramental. En este tiempo de frenesí, de prisa en todo, de búsqueda de comodidades y de una vida fácil, se suele olvidar la realidad del sufrimiento, con tantas excusas, se está dejando al enfermo a la deriva, en un ambiente de soledad y de condiciones inhumanas, el viacrucis permanente en pedir citas médicas, la cantidad de enfermos en salas de urgencias o simplemente en pasillos de clínicas y hospitales, entre otras dificultades, suele cansar a los dolientes y al mismo enfermo y en ocasiones se desiste de comenzar procesos de recuperación largos y tediosos. Esto requiere, por parte de la familia de fe y de la Iglesia buscar la manera de prepararnos para afrontar y vivir estas situaciones humanas que requieren de valor, decisión y de un alto grado de sacrificio en el acompañamiento de los hermanos enfermos.Se requiere también, a nivel humano y pastoral concientizar a los niños y a los jóvenes en la sensibilidad y sentido de servicio y caridad con las personas vulnerables y en general con los enfermos a todo nivel, de tal manera que, en cada hogar puedan ellos, no huir del compromiso de participar en el cuidado de los enfermos, en este caso cuenta mucho la cercanía respetuosa y sobre todo cuando es conveniente, adecuada y sin riesgos para que los niños y los jóvenes, con la presencia de algún adulto, puedan vincularse al cuidado de los enfermos de acuerdo a la capacidad y normas tanto de higiene como de prevención de contagios u otras contingencias que sea pertinente advertir.En este año del jubileo estamos llamados todos a ser peregrinos de esperanza sobre todo con el compromiso de acompañamiento proactivo y eficaz en favor de los más pobres y necesitados y en particular de los enfermos que esperan nuestra caridad afectiva y efectiva siguiendo el ejemplo del Señor quien hace presente el reino a través, no solo de la sanación física, sino espiritual y reincorporando a los enfermos a la vida de la comunidad. +Félix Ramírez Barajas Obispo Diócesis Málaga-SoatáMiembro Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Mar 11 Feb 2025

Sean mis testigos (Hech 1, 8)

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Nuestro lema pastoral para este año 2025, en la Diócesis de Cúcuta, es el mandato del Señor, cuando estaba con los discípulos antes de la Ascensión al cielo y deja instrucciones para continuar la obra misionera, diciendo: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo, Él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra” (Hech 1, 8). Este mandato lo tomamos hoy en la Iglesia en salida misionera para ir a todos los pueblos a hacer discípulos misioneros del Señor: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20).Para asumir con fervor espiritual este mandato misionero es necesario tener un encuentro con Jesucristo, pues vamos en salida misionera a transmitir no una idea de Dios, sino una experiencia con Jesucristo que está vivo, de quien experimentamos su perdón y su amor misericordioso. El Papa Francisco así nos lo recuerda cuando afirma: “¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!” Entonces, lo que ocurre es que, en definitiva, ‘lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos’ (1Jn 1, 3) (Evangeli Gaudium 264), porque es una gran noticia que no podemos dejar para nosotros mismos, sino que deseamos que sea conocida por todos en el mundo, de la que nosotros somos sus testigos.Es posible sostenerse en la vida siendo testigos de Jesucristo, si estamos en plena unidad con Él, mediante el estado de gracia en el que nos esforzamos en permane-cer, auxiliados por la oración contemplativa que nos permite entrar en comunión con el Señor de corazón a corazón, para experimentar la gracia de Dios, que nos lleva por caminos de santidad. El Papa Francisco nos lo recuerda cuando afirma: “La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para esto urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás” (EG 264).Para entender profundamente el mandato del Señor para ser sus testigos, se hace necesario un encuentro personal con Jesucristo, que es el amor sin límites que nos salva. Nuestro Señor Jesucristo entregó su vida en la cruz por todos nosotros, mostrándonos cuánto nos ama. Un discípulo misionero tiene que experimentar el amor de Dios que salva y por eso el corazón, ardiendo de fervor por la evangelización, suscita en el misionero el deseo vehemente de anunciar al Señor por todas partes. Así lo expresa el Papa Francisco: “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más” (EG 264). No es posible anunciar a Jesucristo con la vida, si no se ha experimentado su amor misericordioso, que perdona y salva.Es por esto que el misionero tiene que ser un contemplativo de Jesucristo Crucificado, que en gracia de Dios comunique el Evangelio, que es camino, verdad y vida que nos lleva hasta el Padre y con el cual se identifica cada día. Sin la gracia de Dios, sin la oración, sin el alimento de la Eucaristía diaria, no es posible ser un verdadero discípulo misionero del Señor. Se podrán hacer muchas actividades, pero no se comunica con valentía la persona de Jesucristo y su Evangelio. Así lo expresa el Documento de Aparecida: “El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús - Camino, abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús - Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias am-biciones, y nos identifica con Jesús - Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros ‘tenga vida en Él’” (137).La espiritualidad misionera centrada en Jesucristo, hace que el discípulo viva desde dentro su condición de cristiano, que produce el fervor por la misión, es decir, por vivir en anuncio constante del Evangelio con la vida entregada a Dios y con las palabras que brotan de un corazón en gracia, para ser sus testigos. Aparecida nos lo enseña cuando afirma: “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre. Es un ‘si’ que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo Camino, Verdad y Vida” (DA 136), para seguirlo radicalmente asumiendo la propia cruz, unida a la cruz del Señor, cumpliendo con el mandato misionero de ser sus testigos por todos los confines de la tierra.Hoy recibimos con la alegría de los hijos de Dios el mandato del Señor: Sean mis testigos (Cf Hech 1, 8) y de rodillas frente al Santísimo Sacramento, mirando y contemplando el Crucificado, abrimos nuestro corazón a la gracia de Dios, dejando que Él nos contemple, reconociendo su mirada de amor para con nosotros, recibiendo su perdón y comunicando este encuentro con Jesucristo en salida misionera, por todos los confines de nuestra Diócesis. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, alcancen del Señor la gracia de sentirnos todos los días llamados y enviados por el Señor a ser testigos de su cruz y resurrección.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Vie 31 Ene 2025

Peregrinos de Esperanza

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Para la gloria de Dios y el bien de la Iglesia que amamos, comenzamos el año 2025 con ánimos renovados y un fervor pastoral fortalecido, para llevar a cabo la evangelización en nuestra Diócesis de Cúcuta. Damos gracias a Dios por el trabajo pastoral y el compromiso apostólico de todos nuestros sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, animadores de la evangelización y fieles de cada una de las parroquias e instituciones diocesanas, que hasta el momento se han desgastado dando lo mejor de sí para llevar a todos al encuentro con Jesucristo, respondiendo al llamado de ser testigos del Evangelio por todas partes.Hemos sido convocados por el Papa Francisco para vivir el Jubileo, un tiempo de gracia del Señor que tiene como lema “Peregrinos de la Esperanza”, que nos ayuda a seguir con alegría el anuncio del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Para llevar a cabo esta tarea, les garantizo a todos mi oración constante de rodillas frente al Santísimo Sacramento y la celebración diaria de la Eucaristía, con la intención de ayudarles en su crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad, para responder al llamado del Señor de ser sus testigos por todos los confines de la tierra: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; Él vendrá sobre ustedes para que SEAN MIS TESTIGOS en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra” (Hch 1,8).El Espíritu Santo, con su presencia constante, es el motor y la fuerza que nos mantiene siempre en pie, con los ojos fijos en el Señor y los pies en la tierra para cumplir con la misión que Dios mismo nos ha confiado. Así lo afirma el Papa Francisco en la Bula de convocación del Jubileo: “En efecto, el Espíritu Santo, con su presencia perenne en el camino de la Iglesia, irradia en los creyentes la luz de la esperanza. Él la mantiene encendida como una llama que nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. La esperanza cristiana no engaña ni defrauda porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino”.Frente a tanta incertidumbre por la que atraviesa el ser humano en el mundo actual, el Jubileo de la Esperanza es un momento de gracia para recibir el perdón de Dios por nuestros pecados y también para fortalecer la centralidad de la vida en Cristo, quien nos sostiene en medio de las dificultades y tribulaciones que enfrentamos cada día. El Papa Francisco citando la carta a los Romanos nos dice: “¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros o la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Rm 8, 35.37-39). He aquí por qué esta esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre de la caridad; así hace posible que sigamos adelante en la vida”.Tenemos certeza de que con la fuerza del Espíritu Santo mantenemos viva nuestra fe, esperanza y caridad; somos sostenidos para seguir como peregrinos de la esperanza en gracia a Dios, dando testimonio de Jesucristo en el cumplimiento de nuestra misión y en el trabajo misionero que cada uno realiza aún en medio de sufrimientos y dificultades. Al respecto san Pablo nos anima diciendo: “Por la fe en Cristo hemos llegado a obtener esta situación de gracia en la que vivimos y de la que nos sentimos orgullosos; esperando participar en la gloria de Dios. Y no solo esto: hasta los sufrimientos nos hacen sentir orgullosos; sabiendo que los sufrimientos producen paciencia; la paciencia produce virtud sólida; y esta virtud sólida produce esperanza: una esperanza que no defrauda” (Rm 5, 2-5) y nos mantiene en pie en el combate espiritual para seguir adelante caminando juntos en la gracia de Dios.Con la fe puesta en el Señor, nos disponemos a caminar este año como peregrinos de la esperanza; abiertos a la gracia del perdón que viene de Dios para vivir en familia y comunidad la caridad cristiana. Este será el fruto maduro de esta peregrinación que realizaremos durante todo el año: anunciar con salida misionera la palabra, el mensaje y la persona de Nuestro Señor Jesucristo cumpliendo con el mandato que nos ha dejado: “Sean mis testigos; vivan la fe” en todos los lugares y ambientes donde compartimos diariamente.En unión de oraciones, reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Lun 2 Dic 2024

“El divorcio exprés”: una píldora que no sana

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Colombia es un país de leyes, un país tan cristiano en su cultura y, al mismo tiempo, laico en su Estado Social de Derecho. Por ello, en las últimas décadas, con especial incremento desde 1991, han venido haciendo carrera, decisiones judiciales, la expedición de leyes y de normas del orden ejecutivo, que contradicen lo que los ciudadanos de a pie generalmente tienen por cierto y han defendido como sistema de valores, sobre el respeto y la conservación de la vida humana en todas sus etapas, la familia y sus creencias más genuinas.Con ello, se busca proteger las libertades, según el discurso de quienes las promueven. Sin embargo, lo que viene ocurriendo, es la supresión de las creencias religiosas que históricamente han formado integralmente a la mayoría de los colombianos, y que han iluminado su conciencia, apostándole a un cambio de mentalidad aparentemente inclusivo, en el que no caben quienes defienden, entre otras cosas, la moral cristiana, la ley natural y el derecho natural, que son, sin duda, patrimonio de la historia del país.En esa línea, de un laicismo desbordante y no un simple Estado Social de Derecho de corte laico, el martes 26 de noviembre de 2024, surge, la aprobación, por parte de la Cámara de Representantes en último debate, del proyecto que permite el divorcio de forma unilateral, que se convertirá en ley, una vez sea conciliado en el Congreso y sancionado por el Presidente de la República. En consecuencia, se incorpora al artículo 154 del Código Civil, la causal de divorcio número 10, “La sola voluntad de cualquiera de los cónyuges”.Con la nueva causal de divorcio, que se hace ante un Notario Público o ante un Juez de la República, divorciarse, se convierte en un mecanismo aún mucho más fácil desde el punto de vista legal. Ya no será necesario contar con el acuerdo de ambas partes, esperar dos años de separación de hecho o probar la culpa del demandado y recurrir a las causales actuales. Con divorcio unilateral, los colombianos podrán separarse sin necesidad del consentimiento de la otra parte, como estaba establecido hasta ahora. “El divorcio exprés”, se convierte prácticamente en el mecanismo preferencial para divorciarse en el país.Recordemos que el Divorcio “es el trámite que legalmente se debe realizar para dar ruptura al vínculo matrimonial. Con el divorcio se establece la anulación del contrato de matrimonio, las responsabilidades en relación a la custodia de los hijos y la división de las propiedades o bienes económicos. Con el divorcio se cambia el estado civil de los implicados” (cf. https://scj.gov.co)Analizando las cosas, más allá de los fines legales y soluciones fáciles ante problemas vitales y complejos, el divorcio en sí mismo, como forma de solucionar los problemas de pareja, lleva a viciar la voluntad de quienes desean y deciden casarse. Incluso, induce a pensar, en el matrimonio como algo transitorio y no como un verdadero proyecto de felicidad.Sin el ánimo de polemizar y obviamente siendo respetuosos de las instituciones del Estado, contrario al divorcio, la Iglesia ha defendido la estabilidad del matrimonio, como unos de los tesoros y punto de partida para constituir verdaderas familias y de paso sociedades y naciones prósperas y sostenibles. La Iglesia sabe que el divorcio trae nuevas heridas y acaba con la familia, la felicidad de las personas, sin lo cual, toda sociedad tarde que temprano sucumbe y se arruina. El Código de Derecho canónico sostiene que “la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo el Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento” (cf. Canon 1055).Nos enseñó el Papa San Juan Pablo II, que “en el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de relaciones interpersonales, relación conyugal, paternidad, maternidad, filiación, fraternidad, mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la «familia humana» y en la «familia de Dios», que es la Iglesia” (cf. FC No. 15 del 22 de noviembre del año 1981).La Iglesia encuentra así en la familia, nacida del sacramento, su cuna y el lugar donde puede actuar la propia inserción en las generaciones humanas, y éstas, a su vez, en la Iglesia. La familia al estilo cristiano, hay que apreciarla, predicarla y defenderla. Se requiere amor verdadero por las familias y en esto los pastores y el pueblo de Dios deben ponerle alma, corazón y vida.Es verdad, que en los matrimonios surgen dificultades, a las cuales se les debe buscar solución, a través de la ayuda espiritual, la oración de unos por otros y la terapia dirigida por profesionales. En caso de haber problemas, no se puede posponer su solución. Es por esto, que la Iglesia como institución, se ha venido organizando para ser una verdadera ayuda, en la que se puedan refugiar y apoyar los esposos, sin recurrir a la solución macabra del divorcio para solucionar sus dificultades. A nivel de Conferencia Episcopal, a nivel de las Diócesis y en muchas parroquias, ya se ha logrado bastante en este campo.Por su parte, el Santo Padre, el Papa Francisco, en un encuentro con los Equipos de Nuestra Señora, el 04 mayo 2024, les manifestó que acompañar a los matrimonios hoy en día constituye, una "verdadera misión".“Salvaguardar el matrimonio significa, de hecho, salvar a la familia entera, significa salvar todas las relaciones que se generan en el matrimonio: el amor entre los cónyuges, entre padres e hijos, entre abuelos y nietos; significa salvar el testimonio de un amor que es posible y es para siempre, y en el cual a los jóvenes les cuesta creer. Los niños, en efecto, necesitan recibir de sus padres la certeza de que Dios los ha creado por amor, y de que un día también ellos podrán amar y sentirse amados como lo han hecho mamá y papá. Tengan la certeza de que la semilla del amor depositada por sus padres en los corazones de los hijos, brotará tarde o temprano.” Estas palabras son válidas para la Iglesia colombiana.Por último, como Iglesia, no defendemos lo indefendible. Esto es, que algunos matrimonios celebrados litúrgicamente, no funcionaron, porque fueron nulos, es decir no cumplieron los requisitos necesarios para celebrar válidamente el matrimonio sacramental. Por ello, la normativa canónica, ha contemplado, que haciendo un debido proceso, buscando la verdad, el Tribunal Eclesiástico, con certeza moral y jurídica, a solicitud de los cónyuges o del promotor de justicia, declare nula la boda celebrada. Para esta temática que, sin duda deja preguntas, se pueden acercar a la curia diocesana más cercana y solicitar la debida orientación.+Miguel Fernando González MariñoObispo de El Espinal y Administrador Apostólico de GarzónPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Jue 28 Nov 2024

Una sociedad que odia a los niños

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Idolatramos la biodiversidad pero atacamos a la humanidad.“Y vio Dios que era bueno” repite el Génesis a medida que narra la creación. Los 7 días y la enumeración de las criaturas que poco a poco iban apareciendo por el querer divino, nos enseña que fueron diseñadas y queridas una por una, como una expresión de inteligencia, orden, armonía y belleza. Y este proceso magnífico creador es permanente porque Dios no solo creó y luego echó a andar el mundo para que funcionara, sino que Él lo mantiene en el ser. Existimos porque en este momento somos queridos, más aún: amados por Dios. Por eso se dice que cada bebé que es concebido es un acto de esperanza de Dios en la humanidad, pues demuestra que Dios sigue confiando en la humanidad a la que le ha encargado la administración de este mundo. Esto es lo que nuestra fe nos enseña.Lamentablemente hay algunos que le creen más a F. Nietszche y su delirio de haber matado a Dios y entonces aquello del “Creador inteligente, providente y bueno” no entra en sus discursos. Así las cosas, el orden armónico y la dignidad de las creaturas poco les dice. A las ideologías ecologistas fundadas en ese modo de pensar les parece justo promover campañas contra la vida humana mientras defienden el cuidado de la diversidad de aves y mariposas, ya que el ser humano resulta ser el depredador más peligroso de la naturaleza. Se crea así una mortal y disfrazada “defensa de la vida”.Una sociedad que odia a los niñosBien decía Chesterton: “cuando una sociedad abandona a Dios, no se vuelve atea, sino inhumana”. En una política absolutamente ideologizada –y en realidad nada política, porque no busca el bien común–, vemos aterrorizados toda una serie de atentados violentos contra la vida, la familia y la dignidad humana de los más vulnerables, aquellos que deberían ser los más protegidos por la sociedad.Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que hoy nacer vivo en Colombia ya es toda una hazaña heroica. Por una parte, mueren muchos bebés de parejas que pueden, pero no quieren, tener hijos: la sistemática ampliación del aborto, ese aberrante homicidio, –como bien lo llamó el Papa Francisco en Bélgica– que ya se acerca a la no menos cruel eutanasia neonatal, con la cual se busca acabar con la vida de aquellos pequeños que en muchos casos sobrevivieron a los variados métodos anticonceptivos que con frecuencia suelen ser microabortivos. Por otra parte, parejas hetero u homosexuales, que quieren, pero no pueden tener hijos, fomentan que cientos de embriones sean asesinados por la indiscriminada “producción” bajo pedido, de niños en laboratorios ya sea por la donación de gametos de los padres o de extraños, que, si no se encuentran “viables” no son colocados en el útero materno, sino desechados, o tal vez congelados para ser posteriormente manipulados de los modos más indignos, produciéndoles finalmente la muerte.Si por fin se les permiten nacer, los niños se enfrentan a una legislación que no los protege, sino que, a pesar de su indefensión los ataca y vulnera. Efectivamente, vemos cómo ese obsesivo propósito de imponer la cultura de la muerte, hace que se les inventen libertades a los niños. Un funcionario público se arroga el derecho promover cirugías de “reasignación” de sexo y tratamientos hormonales para menores sin el consentimiento de los padres, amenazando la integridad física y sicológica de los niños, violando la patria potestad y arremetiendo contra el orden natural.Pero los bombardeos contra los niños y la familia continúan: la señora Ministra de Justicia presenta un proyecto de decreto que establece que los niños y adolescentes se les permite cambiar de género en el registro civil ante un notario para que se les asigne aquel con el que supuestamente se identifican. Eso sí, el notario deberá tramitar la solicitud, aunque se haga sin la compañía de un adulto. En tal ambiente no es extraño que la educación religiosa escolar se vea como un estorbo en medio de una cultura que no quiere aceptar que somos creaturas y que las leyes para nuestra subsistencia ya están dadas por el Creador.Ante semejante panorama social ¿Por qué escandalizarnos de que cada vez haya más depresión, ansiedad, drogadicción, cutting, bullying y suicidios de niños y adolescentes, cuando la cultura en que viven es tan agresiva con ellos? Simplemente es la forma como expresan su comprensible clamor: “¡Esta sociedad no nos quiere!”.Finalmente, y como consecuencia, se promueve una lectura manipulada de todo este panorama, que dice: como la situación social, económica, climática, afectiva, familiar, etc. es tan adversa, lo mejor es no tener hijos ¡Qué gran triunfo! Han logrado convencer al gran público que es mejor evitar que haya una próxima generación.Si seguimos así y no reaccionamos, dentro de unos pocos años no habrá familias, no habrá gente joven, que ame su patria y quiera sacarla adelante con su ingenio, con la fuerza y la creatividad de su trabajo, no habrá científicos que investiguen, progresen y enseñen a los más jóvenes; no habrá agricultores que cultiven los campos para que haya alimento en las ciudades, no habrá fuerza juvenil que haga vibrar al país con sus hazañas deportivas...No habrá quién produzca para que los mayores puedan tener una justa pensión. Simplemente habrá un país deshabitado, invadido por los colonizadores tecnológicos manipulados por ideologías inhumanas, a quienes muy poco les conmoverá la tan publicitada biodiversidad. Muy posible sería entonces que el país quede invadido por los hijos...De nuestras mascotas. Obviamente este no es el plan de Dios porque como bien dice el Papa Francisco, Dios no creó un mundo descartable. Nos han hecho creer que somos capaces de desbaratarle los planes a Dios. Una sociedad conformada por familias fundadas en el amor y respeto, con vínculo estable para toda la vida, no es un proyecto utópico, lejano e irrealizable, al contrario, es el fundamento, el punto de inicio que Dios diseñó, porque cuando creó al hombre y la mujer los hizo a su imagen y semejanza y vio que estaba bien hecho. El Papa ha querido que el gran Jubileo de la Esperanza 2025 se inicie en todas las diócesis del mundo el domingo 29 de diciembre, justamente en la Fiesta de la Sagrada Familia, indicándonos que la familia es la gran esperanza para el mundo.+Miguel Fernando González MariñoObispo de El Espinal y Administrador Apostólico de GarzónPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia