Pasar al contenido principal

Opinión

Jue 22 Sep 2022

La misión de la Iglesia es anunciar la Palabra de Dios

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en este mes de septiembre que en sus comienzos ha estado dedicado a orar por la paz, recibirla en el corazón como don de Dios y llamados a trasmitirla a nuestros hermanos, y ahora seguimos con esa intención, reforzando nuestro compromiso con la escucha atenta de la Palabra de Dios, con el llamado que nos hace la Iglesia y nuestra Diócesis de Cúcuta a reflexionar sobre el contenido de las Escrituras en la próxima Semana Bíblica para la que nos preparamos, que fortalecerá el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular, que este mes tiene como lema: “El amor todo lo puede, sigamos adelante”. El llamado insistente que el Papa Francisco nos sigue haciendo es el fortalecimiento en la Iglesia de la conciencia misionera, que es el mandato de Jesucristo desde los orígenes: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19-20), como una invitación a compartir la fe con los hermanos, que hoy se hace realidad en nuestra Iglesia particular que está en salida misionera y desea transmitir la Palabra de Dios por todas partes. La misión de la Iglesia es anunciar la Palabra de Dios a tantas personas que no conocen a Jesús, para ello, el Papa Francisco lo recuerda como la tarea prioritaria de la Iglesia: “quiero recordar ahora la tarea que nos apremia en cualquier época y lugar, porque no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, y sin que exista un primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización” (EG 110), que está contenido en la Palabra de Dios y por esta razón, la fuente de la predicación y la evangelización se encuentra en las Sagradas Escrituras, que contienen la fuente de nuestra salvación. La Evangelización es tarea de la Iglesia, entendiendo aquí el llamado a todos los bautizados a trasmitir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a los demás, porque ese tesoro que se recibe no puede quedar escondido, hay que comunicarlo a otros para que también tengan la alegría de conocer a Jesús. Así nos lo enseñó el Papa Benedicto XVI en ‘Verbum Domini’: “No podemos guardar para nosotros las palabras de vida eterna que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo: son para todos. Toda persona de nuestro tiempo, lo sepa o no, necesita de este anuncio. El Señor mismo, suscita entre los hombres nueva hambre y sed de las palabras del Señor. Nos corresponde a nosotros la responsabilidad de transmitir lo que, a su vez, hemos recibido por gracia” (VD 91). Con esto, todos los cristianos entendemos que la misión de la Iglesia de transmitir la Palabra de Dios, no puede ser algo opcional, ni un agregado a nuestra vida de fe, esperanza y caridad, sino que es el núcleo de nuestro ser de cristianos que estamos llamados a comunicar como prioridad en nuestra vida, pues se trata de participar en la vida y misión de la Iglesia, escuchando la voz del Espíritu Santo que nos ilumina la manera como debemos comunicar hoy a Nuestro Señor Jesucristo. Se hace necesario para los cristianos redescubrir cada vez más la prioridad y la urgencia de anunciar la Palabra de Dios, para que el Reino de Jesucristo llegue y crezca en todos los corazones y familias de nuestras comunidades cristianas. Esta tarea corresponde a cada uno de nosotros, así lo repite el Papa Benedicto XVI cuando afirma que “la misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo. Ningún creyente en Cristo puede sentirse ajeno a esta responsabilidad que proviene de su pertenencia sacramental al Cuerpo de Cristo. Se debe despertar esta conciencia en cada familia, parroquia, comunidad, asociación y movimiento eclesial. La Iglesia como misterio de comunión, es toda ella misionera y, cada uno en su propio estado de vida, está llamado a dar una contribución incisiva al anuncio cristiano” (VD 94). Con este llamado que hace Benedicto XVI a todos a participar en la misión de la Iglesia de trasmitir la Palabra de Dios por todas partes, invito a todos los bautizados, familias, parroquias, comunidades cristianas, asociaciones y movimientos apostólicos de nuestra Diócesis de Cúcuta a redoblar los esfuerzos por la evangelización y cada uno desde su carisma y don que ha recibido del Espíritu Santo se ponga en salida misionera, para transmitir la fe a otros que no conocen a Jesús, porque “la actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera” (EG 15). Como cristianos comprometidos sigamos en salida misionera, anunciando la Palabra de Dios por todas partes. Que esta Semana Bíblica (del 25 de septiembre al 2 de octubre) que vamos a vivir juntos, sea un momento especial de gracia para interiorizar la Palabra de Dios, conocer y amar más a Jesucristo y comunicarlo a nuestros hermanos, incluyendo a aquellos que no lo conocen o lo rechazan abiertamente. Que la Santísima Virgen María y el glorioso Patriarca san José, alcancen del Nuestro Señor Jesucristo el fervor misionero para cumplir con la misión de la Iglesia de anunciar la Palabra de Dios por todas partes. En unión de oraciones, reciban mi bendición. + José Libardo Garcés Monsalve Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 20 Sep 2022

¡Un país descuadernado!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez - Quizás muchos me tilden hoy de sectario o partidista; me llamen duquista, petrista, uribista, sin embargo, mi corazón está con la comunidad inspirando mi vida en el evangelio; como san Pablo estoy convencido de que soy de Cristo, aunque muchos se inclinen a pensar: ‘soy de Pablo, soy de Apolo, soy de Cefas’ (1 Cor 1,12). Por estas convicciones, desde el evangelio y mi compromiso social, no puedo callar ante tanto ruido y poca acción contundente que nos conduzca a la llamada ‘paz total’. Con razón decía San Vicente de Paúl: ‘el ruido no hace bien; el bien no hace ruido’. En lo que va corrido de este período presidencial, hemos visto a un gobierno que va de ‘tumbo en tumbo’, tomando decisiones que hoy se difunden y al día siguiente se cambian. No se asumen las responsabilidades sino, que siempre se está mirando al gobierno anterior, a quien se le endilga la debacle económica, las masacres, la corrupción, etc. Anunciar la creación de un ‘ejército del pueblo’, invitando a los jóvenes pertenecientes a las bandas criminales a que se desmovilicen y actúen ahora como si fueran los adalides de la paz, es incongruente. No es de justicia pensar en que, quienes han sido terroristas, criminales y antisociales se conviertan en los gestores de paz y quienes trabajan por la paz y la justicia, desde el anonimato o a través de acciones sociales contundentes, sean vistos como los enemigos de la paz. Es un exabrupto pensar que un dictador como el presidente Maduro, se convierta de la noche a la mañana en garante de un proceso de paz con el ELN, cuando su país está en crisis y no ha sido capaz de contener la delincuencia organizada, convirtiendo su casa en guarida de bandidos y guerrilleros. El panorama no es alentador: una seguridad urbana cada vez más frágil, un ESMAD que no puede actuar ante los atropellos de los maleantes; el freno de bombardeos que impide la garantía de una seguridad soberana; invasiones a predios privados como vía de hecho para debilitar la propiedad privada, una vía como la del Gaubio bloqueada. Y qué decir de las quince masacres perpetradas por grupos delincuenciales en lo que va corrido de este semestre. Es ilógico que un ministro de justicia salga a decir que ‘no hay relación de las masacres con la paz total’, que es necesario ‘mirar la naturaleza de las masacres’ trivializando y ocultando la responsabilidad que les compete al argumentar que en el gobierno anterior fueron más de sesenta masacres. No se puede gobernar evadiendo responsabilidades, lavándose las manos como Poncio Pilato y justificando los errores, endilgando a otros las crisis y flagelos sociales. Dónde quedan los buenos deseos de hacer frente a la corrupción, con un congreso que sigue enredado en polémicas y mermeladas; cómo fortalecer la inteligencia y apostarle a una prevención eficaz si no hay una ruta clara y lo que vemos son caminos tortuosos, trochas y derrumbes. La salida en falso de los ministros no hace bien, los anuncios del presidente generan más polarizaciones que tranquilidad, la reforma tributaria pone en riesgo el bolsillo de los colombianos, así como el costo de los combustibles, la reforma pensional y un anuncio, que duele profundamente, cuando se advierte que todo esto obstaculizará una inversión social justa y a tiempo, mientras crece el hambre, se recrudece la pobreza y las pobrezas y se genera una mayor violencia. Los plantones por el alza de tarifas de energía, el malestar en distintos departamentos por la ausencia del estado, el desplazamiento forzoso y la salida de cientos de hombres y mujeres del departamento de Chocó, es la radiografía de que las cosas no van bien. El país está descuadernado y se requiere la serenidad; indudablemente, es urgente apostarle a la unidad nacional y a la reconciliación, pero, solo será posible si hay una conciencia clara de que hay que apostarle a la verdad, a la libertad, a la justicia y a la sensatez. Hay signos evidentes de salidas en falso y empezamos a dividirnos y a enfrentarnos como enemigos. ¿De qué manera se puede construir una paz total si no hay decisiones que lleven a construir caminos de fraternidad? El populismo no es sano, aliarse con delincuentes y aprobar las acciones de dictadores no es aceptable. No podemos dividirnos en petristas y no petristas. El presidente de los colombianos debe gobernar para todos y hacerlo con responsabilidad, rodeándose de los mejores y tomando decisiones que revistan esta patria colombiana de seguridad, confianza, credibilidad y justicia. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Lun 19 Sep 2022

Protestar desde la Iglesia

“Convirtieron el Rosario en un arma de protesta”, dijo recientemente un prelado, viendo las imágenes de unas personas situadas en la calle para protestar contra algo que no era de su agrado. Y es cierto. Se ha convertido en una especie de hábito el que algunos católicos se agrupen ante instituciones, clínicas, edificios estatales y, camándula en mano, expresen su protesta por una u otra cuestión. Aunque hay que reconocer la valentía de situarse en la calle para levantar la voz de protesta cuando hay ofensas a la religión y a la Iglesia, cabe preguntarse si una oración como la del Rosario fue diseñada para tal fin, pero, sobre todo, si esos plantones generan a la larga algo positivo o una mayor repelencia con la fe y la Iglesia. En lo que estamos de acuerdo unos y otros es que la Iglesia, los fieles bautizados, no podemos permanecer estáticos cuando hay actos que violentan la libertad religiosa y de culto, cuando se ataca a la institución eclesiástica o a sus ministros, a las comunidades, en razón de su fe. La historia milenaria de la Iglesia demuestra una y otra vez que, si no está atenta a los signos negativos de los tiempos, la fe corre peligro de extinguirse, la Iglesia es desplazada, sus instituciones aniquiladas. Hoy en día se ha visto un despertar notable de los laicos para ser la voz de protesta de la Iglesia pues a veces consideran las intervenciones de los pastores muy genéricas y diplomáticas, sin efectos reales sobre ciertos problemas por solucionar. Sin embargo, pareciera que hoy en día la Iglesia tiene que ser la abanderada del diálogo en todo momento, pero sobre todo en cuestiones problemáticas que causan tensiones. Hay que tener cuidado de no fomentar a nivel de la misma Iglesia y en el campo religioso posiciones extremas y polarizantes, pues cualquier persona radicalizada en lo religioso puede convertirse en problema mayúsculo y hasta generadora de violencia. Por eso, insistimos, el diálogo para crear, fortalecer o sanar vínculos de la fe y la sociedad, o la fe y las instituciones, o la fe y el Estado, debe ser la herramienta –no arma- para lograr acuerdos benéficos para que los creyentes puedan vivir su fe en medio de la sociedad sin mayores inconvenientes. La Iglesia toda debe ser consciente de que estamos en un mundo cambiante y que se hace necesario encontrar las formas adecuadas para continuar su misión en todas partes. En Colombia, la Constitución y las leyes admiten y protegen los derechos religiosos de las personas y en ese marco hay que actuar. Las protestas sobre realidades que afecten derechos adquiridos o la misma libertad religiosa, además de manifestaciones públicas válidas y necesarias, deben ir acompañadas de claros soportes teológicos y jurídicos, de manera que se obtengan los resultados esperados. Pero siempre hay que tener presente que ninguna manifestación eclesial debería producir alejamientos de la fe de otras personas, ni cerrar las puertas del diálogo en toda circunstancia. Como quiera que sea, a todas las personas, incluso a quienes no simpaticen con la Iglesia, esta debe llevarles el mensaje salvador de Jesús y por eso siempre se necesitan puentes. Y la oración que siempre siga siendo eso: oración. Fuente: Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones de Bogotá

Lun 12 Sep 2022

El estallido de las élites

Por: Mons. Juan Carlos Barreto Barreto - Constatar que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo y que el 39 % de la población colombiana vive en la pobreza, invitan a pensar en las verdaderas causas del empobrecimiento del país y en las soluciones que se deben dar para transformar las condiciones de vida del pueblo colombiano. Es de conocimiento público que los megaempresarios colombianos siempre han estado en contra de reformas tributarias que les toquen el bolsillo y afecten sus abundantes dividendos y sus tradicionales exoneraciones. Recientemente, el presidente de la ANDI ha tenido a su disposición amplios espacios en diversos medios de comunicación, hablando de la catástrofe que significaría que el actual gobierno realice una reforma tributaria en la que se recauden 25 billones de pesos. En este contexto, se puede afirmar que la propuesta de reforma tributaria del año 2021 produjo un estallido social y la actual propuesta de reforma está produciendo un estallido de las élites. El punto de vista aquí presentado no pretende ser un análisis sobre toda la reforma tributaria, sino sobre la posibilidad de aporte de los sectores económicos con mayores posibilidades. Además, bien sabemos que la sola reforma tributaria no es suficiente si no se logran atacar la corrupción, la elusión y evasión. Para un análisis objetivo es absolutamente necesario tener en cuenta los datos de la Superintendencia de Sociedades, la cual ha informado que las mil empresas más grandes del país obtuvieron utilidades por 98 billones de pesos en el año 2021, y que esas mil empresas han obtenido utilidades por 370 billones de pesos en los últimos seis años (la ganancia en billones, según el año, ha sido: 2016: 45, 2017: 45, 2018: 68, 2019: 69, 2020: 45, 2021: 98). Por consiguiente, se quedan sin fundamento las falsas alarmas del sector empresarial, al cual el país no le pide que deje de recibir utilidades. Lo que se requiere del alto empresariado colombiano es que se parezca al empresariado de Europa y de Estados Unidos, en donde hay solidaridad con la ciudadanía y han contribuido a construir sociedades con bienestar para todos. Por pagar impuestos justos, las empresas no se han acabado en Europa ni en Estados Unidos, y no se acabarán en Colombia. En el caso del sector financiero, según la Superintendencia Financiera de Colombia, a cierre de mayo de 2022, los activos del sistema financiero alcanzaron $2.461,5 billones. De este valor $1.221,5 billones (49,6 % del total) corresponden a recursos propios de las entidades vigiladas, mientras que los recursos de terceros, incluyendo activos en custodia, alcanzan los $1.240 billones (50,4 % del total). Respecto a los terratenientes, según un estudio realizado por Oxfam (ONG internacional que trabaja para combatir la desigualdad) con base en las informaciones del DANE correspondientes al censo agropecuario del año 2014 (los datos más actualizados de los que dispone el país), en Colombia el resultado es dramático: el 1% de las explotaciones agrícolas de mayor tamaño ocupa el 81% de la tierra, mientras el 99% ocupa tan solo el 19%. De otra parte, los predios grandes (de más de 500 Ha) ocupaban 5 millones de hectáreas en 1970 y en 2014 pasaron a ocupar 47 millones. En el mismo periodo su tamaño promedio pasó de 1.000 a 5.000 hectáreas. Indudablemente, Colombia es un país de terratenientes. Otros ricos, dentro de los cuales están empresas que no hacen parte de las mil más grandes del país, los grandes comerciantes, los herederos de grandes fortunas, algunos profesionales y otras personas naturales también gozan de generosos beneficios, y podrían hacer un aporte significativo al país. No escribo este artículo como un economista, porque no lo soy, ni como un defensor del gobierno actual, porque como pastor de la Iglesia estoy comprometido con una posición crítica frente a todos los gobiernos, valorando lo positivo y rechazando lo injusto. Estas reflexiones surgen del análisis de los datos oficiales (los cuales son incontrovertibles), de la preocupación por la desinformación que difunden muchos medios de comunicación y sectores políticos y económicos, y ante la tristeza de ver que el país puede seguir generando riquezas solo para los grandes empresarios, los banqueros, los terratenientes y otros ricos. Me inspira el pensamiento del Papa Francisco, quien, dirigiéndose a los jóvenes en el año 2020, les dijo: “Les escribo para invitarlos a una iniciativa que he deseado tanto: un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un “pacto” para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”. + Juan Carlos Barreto Barreto Obispo de Soacha Publicado en: Diario El Espectador

Vie 9 Sep 2022

Ciudadela y Sínodo sacerdotal

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Recibir de Dios las vocaciones y los pastores que necesita una Iglesia Particular como la de Cali, es una gracia que hoy agradecemos infinitamente al Dueño de la mies, al “Pastor y Obispo de nuestras almas”, Cristo Jesús. Es una bendición inmensa contar con familias, escuelas, parroquias, movimientos apostólicos, congregaciones religiosas, cooperación entre Iglesias y con benefactores que apoyan a los seminaristas, que lo han hecho posible. El Seminario San Pedro Apóstol, el “Seminario Parroquia” de profesionales Santiago Apóstol, y el naciente Propedéutico San Joaquín, ubicado en dicha parroquia, conforman, con sus formadores y docentes, vinculados a la Unicatolica, esta comunidad formativa sacerdotal para el presbiterio de Cali. No solamente de formación básica, con sus tres ciclos, sino con formación permanente, con profesionalización y especializaciones académicas en Cali y en el exterior. Estos procesos están enmarcados, necesariamente, en una búsqueda, que es diferencial en cuanto a sus referentes, de lo que el Papa Francisco llamó LAS CERCANÍAS DEL SACERDOTE, que ampliamos a 5 cercanías: a Dios, al Obispo, a sus hermanos en el Orden sacerdotal, a sus feligreses y, con ellos, al territorio y población en que viven, comparten, sirven y evangelizan. En este “tiempo de Dios” que vive la Iglesia bajo el signo y metáfora del SÍNODO, es decir, del dinamismo comunitario y colectivo para “caminar juntos”, el mismo Señor nos ha permitido transformar un espacio y terreno de la Arquidiócesis en lo que llamaremos “Ciudadela Sacerdotal Santo Toribio de Mogrovejo”, al sur de la ciudad. Será un intento por configurar, entre todos, nuestro proceso de pastoral sacerdotal, con su Vicaría y organismos del presbiterio, en función de las “cercanías” antes referidas, entendiéndolas todas como “proyecto integral de la vida sacerdotal”. Un proyecto que recoge y hace visible y viable la vida entera de un sacerdote, sin aislamientos ni desmedro de su identidad, su estilo de vida y su ejercicio sacerdotal, aún por fuera del cargo y de las condiciones para desempeñar alguno. La Ciudadela Sacerdotal de Cali está siendo una obra concebida en su ubicación, terreno y diseño arquitectónico, en su Templo, sus espacios interiores y externos, para educarnos más en relación a la dignidad, la solidez y la unidad que deberían caracterizar siempre la vida de todo presbiterio. Su proyección al inmediato futuro, sus desarrollos ulteriores y el acceso a su ocupación y uso, buscarán garantizar esos “valores” espirituales y esos objetivos funcionales. ¿Quién es Santo Toribio de Mogrovejo y porqué la elección de dicho nombre como Santo Patrono? Lo diremos en la siguiente entrega de Octubre. Por ahora, refresquemos la actualidad de esta gran figura del Santoral Latinoamericano, quien confirmó a Santa Rosa de Lima y fue contemporáneo también de San Martín de Porres, San Juan Macías y San Francisco Solano. *Santo Toribio de Mogrovejo anticipó en su época, (siglo XVI), el caminar de la IGLESIA EN SALIDA en nuestro continente, y vivió a plenitud el ejercicio sinodal. Dedicó 17 de sus 25 años como Arzobispo de Lima y Metropolitano del Virreinado, a recorrer aproximadamente 40.000 Kilómetros de su jurisdicción eclesiástica, que comprendía gran parte de Centro y SurAmérica, defendiendo los derechos de los indígenas, anunciando el Evangelio en las periferias y consolidando las doctrinas, comunidades y patronatos. El Obispado de Popayán y el territorio de la Cali de entonces, hasta Panamá y Nicaragua, estaban bajo su cayado de Pastor. Así hizo 13 sínodos y convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron prelados de toda Hispanoamérica. Cada 23 de marzo en el Calendario litúrgico y cada 27 de abril en el del Perú, se celebra su fiesta o memoria, recordándolo como “el Santo Padre de América” y Patrono del Episcopado Latinoamericano. Su mismo nombre, etimológicamente (turbios), significa “vida en movimiento”, persona dinámica, caminante (tour, tur). Toda una profecía de celo misionero, valentía y autonomía proféticas, sentido y consenso desde la fe y la comunión. Sínodo y Ciudadela Sacerdotal convergen plenamente en el ejemplo y legado de santidad de Santo Toribio de Mogrovejo. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Mié 31 Ago 2022

¡Abramos juntos Caminos de humanidad!

P. Rafael Castillo Torres - La paz no nacerá, ni nos llegará, espontáneamente de unas actitudes violentas. Una cosa es la paz que se firma… y otra son las paces territoriales. Ambas muy necesarias. Los desaciertos que hemos tenido hasta hoy, sólo han traído enormes retrocesos que han contribuido, en gran manera, al dominio territorial que hoy tienen las estructuras mafiosas y las organizaciones criminales. Organizaciones que nos han mostrado, con su accionar, que sí son capaces de paralizar y de controlar, tanto las pequeñas comunidades de la Colombia de bien adentro, como cualquiera de nuestras principales ciudades capitales. Verbigracia la ciudad de Barranquilla. La paz verdadera requiere un clima social, propicio. ¿Qué actitudes concretas deberíamos asumir en aras de poder superar “la torpeza de la pasionalidad política” que ha acompañado por décadas nuestra Nación? 1. Rechacemos, no solo interiormente, sino también de manera pública, los crímenes de los violentos. Nadie puede identificarse con sus objetivos que hoy golpean cobardemente la vida de soldados y policías. Nuestra conciencia antecede todo. Defendamos, unánimemente, nuestras instituciones, la vida y los derechos fundamentales de la persona. 2. Demostremos a los violentos y a los enemigos de la paz, cuál es la voluntad de esa Colombia profunda, sola y abandonada, que no solo vive en el purgatorio de su pobreza, sino también en el infierno de su miseria. Esos grupos creados para asesinar líderes sociales, al igual que todos los actores armados ilegales y quienes dentro del Estado, de manera equivocada, pretendan reactivar prácticas ignominiosas, deben entender que no pueden seguir actuando contra nuestra voluntad. 3. Tengamos claridad sobre la asignatura que está pendiente: Pasar de un acuerdo firmado, a una paz en permanente construcción. Esta paz es más importante que el gobierno de turno y que el saliente y que la polarización en el Congreso. Es una paz que está por encima de los intereses particulares y de las pretensiones partidistas de aquellos que no se ruborizan ni sienten vergüenza. No es justo impedir la paz, dificultarla o retrasarla. Aprovechemos como conviene los aires los buenos propósitos de dialogo y de reconciliación. 4. Aprendamos de San Oscar Arnulfo Romero, quien siempre buscó resolver los problemas de su pueblo por las vías dignas del ser humano, por caminos de humanidad. Dios no nos creó para vivir en la violencia y en el odio, sino para que nos entendiéramos buscando lo mejor para todos. 5. Apoyemos y defendamos los acercamientos y entendimientos que nos alejen del enfrentamiento destructor. Renunciemos a los extremismos faltos de realismo y que no ayudan. Dejemos de lado las reacciones viscerales y sus consignas de odio y venganza. 6. Persistamos en la búsqueda de la verdad. No la deformemos por intereses partidistas, ni la sacrifiquemos por ninguna estrategia. La mentira impide el entendimiento y la ceguera genera violencia. La paz la transitamos por caminos objetivos procurando esclarecer las razones enfrentadas, lo cual nos exige creer en la justicia transicional, que sí es justicia. 7. Introduzcamos, como nación, nuestra capacidad de perdonar. De la nobleza del perdón, nos llegarán las buenas energías para construir nuestro futuro de nación. Oremos al Dios de la Paz por estas intenciones. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Mié 31 Ago 2022

La XXXV Semana por la Paz: ¡Territorios en Movimiento por la Paz!

Por: P. Rafael Castillo Torres - Del 4 al 11 de septiembre los colombianos celebramos la Semana por la Paz, como un escenario de múltiples encuentros y a múltiples niveles en el que la movilización social territorial hará visible aquellos procesos y esfuerzo de personas, organizaciones y comunidades, que trabajan por el logro de la paz, la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de iniciativas que dignifican la vida. No hay duda que Colombia vive momentos de esperanza en medio de las expectativas que se han generado con el nuevo gobierno, siendo nuestra mayor esperanza, en esta transición de la Nación, la generación de condiciones ciertas para la reconciliación y la paz con el concurso de todos los actores que creemos que si bien la Patria es un don… la Nación es una tarea. Los discípulos misioneros, seguidores de Jesús, estamos llamados, durante todo el mes de septiembre y de manera muy especial en el marco de la Semana por la Paz, a celebrar, desde nuestra espiritualidad, identidades culturales, saberes comunitarios y procesos territoriales la cultura del encuentro que nos permita acercar orillas y construir puentes de civilidad que se puedan andar, confiadamente, en ambas direcciones. ¿No será este el camino más acertado de crecer en la sinodalidad como estilo de vida en la búsqueda permanente de la paz y de la reconciliación? En este esfuerzo, de hace ya varias décadas, de celebración de la Semana por la Paz, nuestro propósito no ha sido otro que responder a una pregunta esencial: ¿Cómo vivir bien estando juntos en nuestros territorios y fructificando cada uno, con su familia, allí donde Dios nos sembró? Es en la comunidad donde se sitúan todos los saberes que deben servir a la felicidad personal, comunitaria y social. Esta semana por la paz tiene como lema: “Territorios en movimiento por la paz- reconociendo, resignificando y reivindicando”. Es un lema que nos invita a reconocer que Colombia es un país de regiones en las que, no sólo hay una tierra como espacio geográfico, sino también un territorio que es su geografía humana con todos sus valores compartidos y también unas territorialidades que son ese entramado de relaciones y de acuerdos que enmarcan sus identidades y su ethos cultural. Territorios en movimiento quiere decir fundamentalmente que, desde la palabra que nos congrega vamos a deliberar, entre todos, la región que soñamos y la Colombia que queremos. Será un reflexionar juntos sobre ese conjunto de valores que nos llenan de sentido, pero también sobre aquellas instituciones para la convivencia social y la construcción del bienestar colectivo. Desde la Colombia profunda, la que el Papa Francisco llama periferias existenciales, el mayor clamor que sube hasta el centro de la Nación es el cuidado de su gente. Cuidar su Pueblo es el supremo valor político que todo presidente y su gobierno están llamados a respetar. Es función del Estado cuidar la vida y medios de vida de los ciudadanos, lo cual va más allá de la economía; cuidar también la justicia en estos contextos de corrupción e impunidad, así como la participación y la debida atención a las necesidades de los ciudadanos en las diferentes instancias de su vida personal, comunitaria y social. Movilizar territorios es reconocer que nuestra sociedad colombiana no podrá crecer en humanidad sobre la falta de cuidado, de justicia y de igualdad. Y todo ello porque la justicia y el cuidado han sido bienes escasos de nuestra historia de Nación. Una sociedad no cuidada e injusta será siempre violenta producirá violencia y sufrirá violencia. Nuestra esperanza es que durante esta semana nos demos la oportunidad de reconocer que Colombia necesita generosidad, cooperación y diálogo, comunicación libre. En una palabra, los valores que construyen la amistad y la fraternidad social. (Fratelli Tutti # 66). Valoremos que hoy somos una Nación que respira aires de esperanza. Y lo hace desde sus movimientos sociales de jóvenes y mujeres, de campesinos y artesanos de la vida, desde sus comunicadores populares que cada vez más democratizan la palabra, desde los obreros y desde las empresas que se abren a la nueva genialidad de ser comunidad de personas. Queremos vivir lo social y lo solidario como un nuevo paradigma que nos señale un norte. Sólo nos queda una disyuntiva: reforzar el nuevo paradigma esperanzador o correr el riesgo de que lo peor se haga posible, y lo posible, probable. A quienes profesamos una fe y nos consideramos discípulos y misioneros de Jesús, los invitamos, en el marco de esta Semana por la paz a reconocer que el agua brota con mayor fuerza cuando viene de la profundidad, lo cual significa que todo lo debemos hacer con espiritualidad. Queremos invitar a cada familia, pequeña comunidad, parroquia, Zona o Vicaría de Pastoral, movimiento religioso, congregación religiosa a que, en esta Semana por la Paz, firmemos este manifiesto que les proponemos inspirado en la Palabra de Dios que es luz para nuestros pasos. En primer lugar, lo vamos a reflexionar y a meditar hasta apropiarnos de él. Luego, en un acto simbólico, lo vamos, todos, a firmar como signo de comprimo ante Dios, ante la comunidad y como signo de Esperanza para una Nación creyente que confía y espera en su Señor. Manifiesto por la Paz y la Convivencia 1. Nos alegraremos con los que se alegran y lloraremos con los que lloran. (Rom. 12,15). 2. Nos pondremos de acuerdo para que no haya divisiones entre nosotros y así podamos vivir en perfecta armonía. (1Cor. 1,10). 3. Haremos de nuestras conversaciones un momento agradable y de buen gusto, sabiendo cómo tratar a cada uno (Col. 4,6). 4. No nos vamos a morder ni mucho menos a devorar, para no destruirnos los unos a los otros. (Gál. 5,15). 5. Nos ayudaremos mutuamente a llevar las cargas, así cumpliremos el mandato solidario de Jesús. (Gál. 6,2). 6. Nos vamos a soportar mutuamente con caridad. Tratando de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. (Ef. 4,2-3). 7. Nos comprometemos a no pronunciar palabras que no edifican. Evitaremos la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad (Ef. 4,29-31). 8. Consideraremos a los demás como superiores a nosotros mismos. No buscaremos nuestro propio interés sino el interés de los demás. (Flp. 2,3-4). 9. Ninguno de nosotros pretenderá devolver mal por mal. Nos esforzaremos por hacer siempre el bien. Estaremos siempre alegres y oraremos sin descanso (1Tes. 5,15-17). 10. Evitaremos las cuestiones carentes de sentido: estamos convencidos de que solo traen grandes altercados. Como servidores de Dios procuraremos ser amables con todos. (2Tim. 2,23-24). Finalizada la proclama del manifiesto y antes de su firma, todos y todas, haremos esta suplica en cada rincón familiar y comunitario: “Señor llévame de la muerte a la vida y de la falsedad a la verdad. Llévame de la desesperación a la esperanza y del miedo a la confianza. Llévame del odio al amor y de la guerra a la paz. Permite, señor, que la paz llene nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y a Colombia entera. Amén. Padre Rafael Castillo Torres Director del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Caritas colombiana

Lun 29 Ago 2022

¿Pagar Impuestos?

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez - Por estos días resuena en nuestros oídos y el corazón la propuesta de un grupo de congresistas en relación con el pago de impuestos por parte de las iglesias. Sin embargo, aunque la propuesta ha sido bien recibida por muchos sectores y, desde la Iglesia católica ha habido la buena voluntad de corresponder a la economía nacional, realizando un trabajo transparente en materia tributaria, es importante que nuestros lectores conozcan qué compromiso tiene nuestra Iglesia en este sentido. Es verdad que la Iglesia católica cuenta con un concordato vigente desde 1973 que ha recibido algunas modificaciones a lo largo del tiempo, sin embargo, hemos dado el buen ejemplo en el pago de los impuestos que nos corresponde, aunque es importante aclarar que hoy no es tan fácil el sostenimiento de una parroquia, que implica el pago de empleados, sostenimiento del culto, mantenimiento de los templos, emolumentos eclesiásticos, bienes administrados en nombre de la comunidad, sostenimiento de las obras sociales y las consiguientes exigencias tributarias. Hoy nuestras diócesis sobreviven en medio de dificultades económicas pues no se alcanza a suplir todas las necesidades materiales. Para que nuestros lectores se informen, nuestra diócesis ha ido asumiendo las exigencias contables vigentes como las Normas Internacionales de Información Financiera –NIIF-, está implementando el Sistema de Seguridad en el Trabajo, se ha comprometido con la protección de base de datos, la conservación, cuidado y mantenimiento de los cementerios y la protección del medio ambiente. La diócesis de Armenia como porción del pueblo de Dios está organizada en 56 parroquias; en ella coexisten 24 casas de comunidades religiosas masculinas y femeninas además del Seminario Mayor San Juan Pablo II y el Parque Fundación Jardines de Armenia. Tan sólo la curia diocesana, Jardines de Armenia y las parroquias cuentan con aproximadamente unos 305 empleados –trabajos directos y por prestación de servicios- que hemos cuidado, incluso durante el tiempo de pandemia para lo cual se elaboraron unos planes de contingencia que permitieron hacer una proyección social y económica. Cada parroquia cuenta con un consejo de asuntos económicos que asesora a los párrocos, por lo que se tiene una contabilidad organizada y transparente. Por lo mismo, se cuenta con un colectivo de contadores y un grupo de secretarias auxiliares contables. Nos regimos por las exigencias tributarias y un Estatuto Diocesano de Administración, que marca la ruta de gobierno para nuestra diócesis y las parroquias, en las que los párrocos deben actuar con responsabilidad, sin tomar decisiones arbitrarias, consultando y solicitando permisos y autorizaciones en materia de adecuaciones, construcciones, inversiones, venta o compra de bienes. Desde las parroquias, las comunidades religiosas, el parque cementerio, el centro de servicios de la diócesis, se paga el IVA por los arrendamientos de bienes inmuebles, se contribuye con el cuatro por mil, se paga el impuesto al consumo en las compras, se practica las retenciones de ley, se presenta la información exógena a la DIAN cada año, se cumple con las obligaciones laborales como cualquier entidad legalmente constituida –prestaciones sociales, primas, cesantías, intereses a las cesantías, vacaciones, etc.- se factura electrónicamente, se paga impuestos por vehículos y se certifican las donaciones recibidas enviando los respectivos reportes a la DIAN. Además, se ha ido actualizando el pago de predial en las diferentes comunidades, advirtiendo que las casas curales, los templos y cementerios se hallan exentos de estos impuestos. El sostenimiento de las obras sociales y la administración parroquial se da gracias a algunos proyectos internacionales, a la realización de banquetes, festivales, la venta de empanadas, donaciones, jornadas de amor y el diezmo que nos permite asimismo promover acciones de evangelización, así como las ofrendas y los estipendios de las misas. Lo que ingresa a una parroquia no le pertenece al párroco; lo que ingresa a la diócesis no es para el obispo; se tienen unos emolumentos que no corresponden a un salario ya que los sacerdotes renuncian a acumular bienes, respetando a quienes han ido ahorrando para su vejez. No se tiene una mentalidad mercantilista ni la intención de la Iglesia es capitalizar acumulando bienes, sino la de proveer para los gastos necesarios y coadyuvar en los procesos sociales, cimentando la vida eclesial en la dimensión espiritual. Muchas de las acciones sociales, que, de suyo, le corresponden al gobierno nacional, regional y local, son lideradas e implementadas por nuestras parroquias y desde una pastoral social, orgánica y organizada sin contribuciones de los gobiernos, con la convicción de responder a la llamada de Jesús: ‘denles ustedes de comer’ (Lc 9, 13). De esta manera, con esta breve presentación queremos mostrar el rostro de una Iglesia católica comprometida con la economía nacional. Desde nuestra propia realidad buscamos impulsar una ‘economía de comunión’ que nos permita alcanzar la prosperidad desde el evangelio superando la pobreza y las pobrezas, hacia la dignificación de los seres humanos y la consolidación de una sociedad más justa y más humana. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia