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Vie 30 Oct 2026

La Voz del Pastor | 01 de Noviembre 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según Mateo 5, 1-12

Vie 30 Oct 2026

Bienaventurados vosotros

TRIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSolemnidad de todos los santos1 Noviembre 2026Primera lectura: Ap 7,2-4.9-14Salmo: Sal 24(23),1-2.3-4ab.5-6 (R. cf. 6 )Segunda lectura: 1Jn 3,1-3Evangelio: Mt 5,1-12a.I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓN-Introducción:La vida cristiana es un camino hacia la felicidad, pero que pasa por la renuncia y el sacrificio; solamente cuando afrontamos las exigencias evangélicas, entonces podremos experimentar la alegría y el gozo que brotan del corazón traspasado del Señor. Él es el Amor victorioso, que vence mediante la cruz y la muerte, mediante la entrega completa de sí y nos hace partícipes de su vida de Hijo, ahora en la fe y, en la Jerusalén celestial, cara a cara y de manera plena.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura del libro del Apocalipsis se nos presenta el gran número de quienes han vencido a la bestia infernal, a quienes han conquistado la felicidad plena. El mal los combatió hasta acabar con sus vidas en esta tierra, pero en virtud de su fidelidad amorosa al Cordero degollado, ahora se encuentran victoriosos y felices junto a su Dios y Señor. En el salmo alabamos al Todopoderoso que ha triunfado en el grupo de los bienaventurados, quienes se han mantenido puros de corazón y con manos inocentes y por esto han llegado al monte del Señor, a la Jerusalén celestial.San Juan, en su primera carta, nos invita a contemplar el amor tan grande de Dios, fuente de permanente gozo, que nos ha hecho hijos y que llegaremos a ver cara a cara a quien es nuestro Padre sapientísimo y amorosísimo. En el Evangelio se nos indica el camino hacia la felicidad, no excluyendo la dosis de dolor y renuncia que comporta y las exigencias que implica, incluso la propia vida.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?El bien triunfa y es fuente de la máxima felicidad, pues elegirlo significa elegir a Dios, quien paga con vida y vida plena. A pesar del aparente dominio del mal y sus nefastas y terribles consecuencias que deja tras de sí, sufrimiento y muerte, hay muchos que están dispuestos a elegir el camino, estrecho y exigente, pero verdadero y bueno, de la auténtica felicidad. Este sendero es fuente de gozo para quien lo sigue y estímulo para quienes viven a su lado y se benefician de los deliciosos frutos del bien asumido con fortaleza y valentía.La felicidad que Jesús nos propone comporta la elección de un camino exigente y sacrificado; Él nunca nos engaña; desea lo mejor para nosotros y nos presenta de manera clara las exigencias que implica seguirle. Ahora bien, nunca nos deja solos, más aún, ha recorrido ya el camino, sin ahorrarse ningún atajo o hacerse alguna rebaja; lo ha recorrido hasta las últimas consecuencias; solamente una vida así, totalmente dada y entregada por amor, es fuente de verdadera felicidad.Este camino hacia la felicidad tiene un fin: la bienaventuranza celestial, en donde no habrá llanto ni luto, dolor ni sufrimiento, enfermedad ni muerte. Allí todo será alegría y gozo. En el libro del Apocalipsis se nos describe los ciento cuarenta y cuatro mil, número simbólico que significa la totalidad de los que no han temido el sufrimiento y le han apostado a una vida auténtica y verdadera, fuente de gozo y felicidad y que ya disfrutan de ella de manera plena y total.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor, que el enemigo nunca nos engañe como a nuestros primeros padres en el Paraíso, haciéndonos creer que la felicidad está en un camino distinto al que nos propone nuestro buen Dios. Cada vez que nos venga la tentación de algo contrario al plan del Creador y Redentor, como Jesús y con Jesús, no dialoguemos y cerrémosle inmediatamente las puertas de nuestro corazón, recurriendo a su Palabra, la única que nos guía por los senderos del verdadero bien y la auténtica felicidad.Señor, ayúdanos a no temerle a las exigencias de una vida hermosa y grande; como los ciento cuarenta y cuatro mil del Apocalipsis, fortalécenos para darlo todo, incluso la propia vida si fuera necesario, con tal de no perder tu presencia y compañía en nuestras vidas. Concédenos la gracia de sabernos imponer un estilo de vida decidido y firme, capaz de afrontar con determinación los momentos adversos y las contrariedades de la vida.Señor, concédenos una inteligencia luminosa que nos permita comprender que la felicidad que el buen Dios nos quiere dar ya desde esta vida, siempre frágil y débil, vale cualquier sacrificio y exigencia que nos debamos imponer; también, ayúdanos a comprender que cualquier otro camino que proponga una vida feliz sin exigencias, barata y que no comporta precio alguno, es falaz y pura mentira, que solamente lleva a una vida vacía y sin sentido.Recomendaciones prácticas y litúrgicas a tener presente:•Catequizar sobre la unidad profunda de la solemnidad de este día y de la conmemoración de los fieles difuntos del día siguiente. La Iglesia es una; esta nota característica le es esencial. Todos los que caminamos por este mundo, Iglesia peregrinante, alabamos a Dios por las maravillas realizadas en los santos, Iglesia celeste, y nos encomendamos a su intercesión para que también lleguemos a confirmarnos profundamente con el guía y consumador de nuestra fe. Al día siguiente, oramos por quienes, habiendo ya terminado su peregrinación terrenal, se encuentran en el estado de purificación y a la espera de la entrada en el reino de la felicidad eterna.II.MONICIÓN INTROUDUCTORIA DE LA MISA Y ORACION DE LOS FIELESIntroductoria de la Misa:Unidos a todos los santos del cielo, alabemos al Dios tres veces santos, por todas las maravillas obradas en la creación y, muy especialmente, en quienes ya te ven cara a cara. Al mismo tiempo, nos encomendamos a su intercesión para que lleguemos, también nosotros, un día a la Jerusalén celestial y podamos contemplarte en la hermosura de tu rostro. Celebremos con fe y devoción, llenos de gozo y alegría.A la liturgia de la Palabra:La Palabra de Dios es luz para nuestros pasos, que nos conduce hacia pastos abundantes y aguas frescas, es decir, hacia una vida verdaderamente bienaventurada, de la que ya gozan completamente los santos. Dejemos que su Palabra resuene en nuestro interior y seamos dóciles a sus insinuaciones que nos invitan a ponerla en práctica de manera concreta y precisa.Oración de los fielesPresidente: Con la confianza de hijos, no defraudada en quienes ya gozan de la bienaventuranza celestial, te presentamos nuestras intenciones y necesidades. R/ Por intercesión de todos los santos, escúchanos, Señor.1. Por la Iglesia que camina a lo largo y ancho del orbe entero, para que animados y estimulados por sus miembros que ya gozan de la bienaventuranza celestial, camine con ánimo decidido hacia la Jerusalén del cielo.2. Por quienes sufren, para que vean el sufrimiento como el camino más rápido para llegar a una vida bienaventurada y sean ayudados muy especialmente con las oraciones de la comunidad.3. Por los niños, adolescentes y jóvenes, para que comprendan la belleza de la vida cristiana vivida con valentía y radicalidad, sin temer a sus exigencias de renuncia y radicalismo evangélico.4. Por todos nosotros, para que nos esforcemos de manera valiente y generosa a fin de elegir siempre y en todo momento el camino del bien y del bien más grande y, así, podamos experimentar que Jesús es veraz y no falla en sus promesas.Oración conclusiva:Presidente: Recibe, Padre santo, las suplicas que te hemos dirigido en esta solemnidad de todos los santos y que te las presentamos por medio del único y eterno mediador, Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.R. Amén.

Mié 28 Oct 2026

Rostros de la sinodalidad: Diversidad de vocaciones al servicio de la evangelización desde la Conferencia Episcopal

Carolina Escalante Ortega y el diácono permanente Bernardo Vanegas asumen nuevas responsabilidades pastorales en el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano. Sus experiencias reflejan la riqueza de las vocaciones y el compromiso de caminar juntos al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia.Recientemente, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado nuevas responsabilidades de servicio eclesial a Carolina Escalante Ortega, quien asumirá la dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida, y al diácono permanente Bernardo Vanegas, quien estará al frente del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, con el acompañamiento de su esposa, Ángela María Correa.Estas designaciones representan una oportunidad para reconocer la riqueza de las distintas vocaciones y experiencias que contribuyen a la misión evangelizadora de la Iglesia. Desde sus trayectorias profesionales, pastorales y familiares, ambos aportan nuevas perspectivas al servicio que presta el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC).La familia y la vida, una misión que compromete a toda la IglesiaLa dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida ha sido confiada a Carolina Escalante Ortega, joven psicóloga con formación en intervención psicosocial y salud mental, especializada en el trabajo con familias y comunidades vulnerables.Su trayectoria está marcada por el compromiso con las comunidades, especialmente en el Catatumbo, una de las regiones afectadas por la violencia en Colombia, donde desarrolló un trabajo pastoral vinculado a la Diócesis de Tibú.Carolina recibe esta responsabilidad con alegría y con grandes expectativas frente a los nuevos procesos que pueden impulsarse en la pastoral familiar y en la promoción y defensa de la vida. Para ella, “este encargo representa también una misión que Dios le confía en un momento significativo para el país y para la Iglesia”.La importancia de estos dos ámbitos pastorales radica, además, en su carácter transversal:“La familia y la defensa de la vida están presentes en las distintas dimensiones de la acción evangelizadora y se fortalecen cuando se articulan con las demás pastorales”.En el contexto actual de Colombia, las familias y la dignidad de la vida humana afrontan diversos desafíos. Por ello, estos departamentos están llamados a acompañar a las iglesias particulares, promover iniciativas pastorales y contribuir a la construcción de comunidades que acojan, protejan y acompañen a las familias, especialmente a aquellas que atraviesan situaciones de dificultad.Esta perspectiva encuentra eco en las palabras de monseñor Francisco Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tras su participación en el encuentro internacional “Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy”, realizado en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.Al referirse al acompañamiento de las familias, el presidente de la Conferencia Episcopal destacó la importancia de una presencia cercana y concreta: “Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas”.Sus palabras recuerdan que la pastoral familiar no consiste únicamente en proponer orientaciones, sino también en caminar junto a las familias, escuchar sus realidades y acompañarlas en sus alegrías, dificultades y esperanzas.Caminar juntos: la comunión y la sinodalidad en la vida cotidianaPor su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado al diácono permanente Bernardo Vanegas la dirección del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, una instancia que recoge y reorienta la labor que anteriormente desarrollaba el Departamento de Lugares Eclesiales. Bernardo es diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, desde noviembre de 2017. Está casado con Ángela María Correa, con quien lleva 30 años de matrimonio. Es ingeniero industrial y empresario del sector de la tecnología, además de teólogo de Unicervantes, especialista en Sagrada Escritura de la Universidad de San Dámaso y máster en Estudios Bíblicos de la Universidad de La Rioja.Bernardo ha recibido esta responsabilidad con gratitud y sentido de responsabilidad. Desde su ministerio diaconal, reconoce en este encargo“una oportunidad para continuar sirviendo a la Iglesia, poner al servicio de la comunidad lo aprendido y seguir creciendo junto a quienes comparten esta misión”.En este camino contará con el apoyo de su esposa, Ángela María Correa. Para ambos, la posibilidad de asumir juntos esta tarea tiene un significado especial, pues les permite aportar desde su vida matrimonial, su fe y su experiencia familiar.Como explica el diácono Bernardo:“Fueron los mismos señores obispos quienes pidieron que ella también me acompañara en este encargo, para que como matrimonio sirvamos al Departamento y a la Iglesia. Para nosotros esto tiene un significado muy especial y es un claro signo de sinodalidad. Nos alegra poder aportar juntos desde nuestra vida matrimonial, nuestra fe y nuestra experiencia de familia”.Esta experiencia permite reconocer que la sinodalidad también se expresa en la vida cotidiana, en la escucha mutua, en la corresponsabilidad y en la disposición para poner los propios dones al servicio de los demás.Animar la comunión para fortalecer la misiónEl Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad busca acompañar a las jurisdicciones eclesiásticas y a las comunidades en sus procesos, reconocer las experiencias que ya vienen desarrollando y facilitar espacios de encuentro, formación y discernimiento.La parroquia continúa siendo un lugar privilegiado para que los fieles vivan una experiencia concreta de Cristo y de comunión eclesial y esa realidad era la que, particularmente, buscaba acompañar la anterior denominación Lugares Eclesiales. Sin embargo, la comunión y la sinodalidad están llamadas a impregnar todos los ámbitos de la vida de la Iglesia, favoreciendo la participación y la corresponsabilidad de quienes comparten la misión evangelizadora.En este sentido, el Departamento quiere contribuir a que las comunidades eclesiales fortalezcan sus vínculos, avancen en el reconocimiento de los dones de cada vocación y encuentren caminos para responder, de manera conjunta, a los desafíos pastorales de sus territorios.Su servicio se desarrolla en comunión con los obispos y con la participación de sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos. Cada uno, desde su vocación y experiencia, está llamado a contribuir a una Iglesia que escucha, discierne y camina unida.Una diversidad de vocaciones al servicio del EvangelioLas nuevas responsabilidades confiadas a Carolina Escalante Ortega y a Bernardo Vanegas, junto con el acompañamiento de Ángela María Correa, permiten reconocer la riqueza que surge cuando diferentes vocaciones, experiencias y conocimientos se ponen al servicio de la Iglesia.Más que un cambio en la dirección de dos departamentos, estas designaciones constituyen una oportunidad para seguir fortaleciendo la participación, la corresponsabilidad y la articulación de los distintos servicios pastorales.El desafío consiste en traducir esta riqueza en una mayor comunión y en un acompañamiento más cercano a las personas, las familias y las comunidades. Porque, en definitiva, el servicio en la Iglesia adquiere su verdadero sentido cuando se convierte en una oportunidad para servir, amar y dar testimonio del Evangelio.

Vie 23 Oct 2026

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO25 octubre 2026Primera lectura: Éx 22,20-26Salmo: Sal 18(17),2-3a.3bc-4.47 y 51ab (R. 2)Segunda lectura: 1Ts 1,5c-10 Evangelio: Mt 22,34-40.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducción:La vida cristiana es un camino, un éxodo en el cual experimentamos momentos de soledad, oscuridad, angustia, en algunos momentos sentimos que estamos vagando sin sentido. También, es un camino que nos lleva a experimentar la compañía de Dios, sentir que Él nos guía, nos alimenta, nos lleva por una ruta segura. Celebramos el domingo trigésimo del tiempo ordinario, hemos vivido este año litúrgico como ese camino, el cual recorremos llenos de confianza y esperanza en la presencia y compañía de Dios, con la certeza que no estamos solos, que día a día Él está aquí, con nosotros, en cada momento y en cada acontecimiento.Podemos resaltar algunas ideas de esta domínica:·El libro del éxodo nos hace una llamada a vivir la caridad con el prójimo sin reservas y sin medida, de manera especial con los más necesitados, más débiles y vulnerables.·El apóstol San Pablo destaca cómo los hermanos de Tesalónica han acogido la Palabra de Dios y se ha convertido en testimonio para los demás, al acoger la fe y vivirla son signo para los demás, alejándose de los ídolos para servir al Dios verdadero.·San Mateo recoge una gran enseñanza de Jesús, nos recuerda la necesidad de vivir a plenitud el mandamiento del Amor, pero expresado en esa trilogía de amar a Dios, al prójimo y a uno mismo, sin reservas.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Reflexionemos sobre algunas enseñanzas del evangelio de hoy:·Algunos fariseos se llenan de rabia contra Jesús y quieren ponerlo a prueba con una pregunta. Quizás no les interesa en ese momento la enseñanza de Jesús, sino hacerlo caer.·Le preguntan cuál es el mandamiento más importante, en medio de todas las normas y preceptos que tenía el pueblo judío, a veces asfixiante, cuál era la esencia, cuál era el mandato que si o si se debía cumplir para ser una “persona religiosa”·Jesús responde que hay un mandamiento principal, el primero e importante. “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser,” pero existe un segundo, que es igual de importante al primero, “amar al prójimo”. Pero ese segundo supone, requiere otro, “amarse a uno mismo”.·Jesús afirma que la ley y los profetas se fundamentan en el gran mandamiento del AMOR.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? A veces pensamos que para vivir el mandamiento del amor a Dios con todas fuerzas implica olvidarnos del amor al prójimo o el amor a nosotros mismo.En una sociedad como la que vivimos, donde muchas veces crece el individualismo y el egoísmo, el mensaje de Jesús es un llamado a unir en una única experiencia el amor a Dios, el amor al prójimo y el amor a uno mismo. A Dios hay que amor con todo el corazón, con todas las fuerzas, no es un amor que brota de la razón, de la lógica humana. Es un gran sentimiento que parte de lo más profundo del ser, es entregarnos, donarnos, abandonarnos en Dios, confiar “ciegamente” en ÉL. Es amarlo sin calcular. Pero para amarlo, se debe amar al prójimo. No se puede amar a Dios y odiar al hermano. Amar al prójimo implica perdonarlo, pedirle perdón, ayudar a sanar sus heridas, caminar juntos, ser consuelo en los momentos difíciles, entender las equivocaciones y asumir las diferencias.Además, Jesús manifiesta que ese amor al prójimo debe ser como a “uno mismo”. Hoy más que nunca debemos abrir nuestros oídos para escuchar ese llamado de Jesús a amarnos, querernos a nosotros mismos, comprender nuestros errores y limitaciones y conocernos desde los más profundo de nuestro ser, experimentar esa gracia de amarnos para poder así emprender el camino de la conversión y la santidad.La palabra de Dios en este domingo nos invita a vivir estos tres amores, a Dios con todas las fuerzas, al prójimo, siempre, incluso a los que nos han hecho daño y a nosotros mismos. Pero esta vivencia del amor debe ser no solo de palabra si no con hechos y acciones concretas, al estilo y ejemplo de Jesús.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Ser cristiano, ser discípulo de Jesús es parecernos cada día más a Él en nuestras actitudes, palabras y pensamientos. Ser un verdadero discípulo es vivir la experiencia del amor que lo trasciende todo, lo transforma todo y lo perdona todo, es amar como Jesús, sin condiciones, sin exigencias, como lo hizo con Pedro, con Juan, con la Magdalena, con Judas, con aquellos que los insultaban y lo estaban matando. Señor danos la gracias de amarte con todo el corazón, de amar al prójimo con todo el corazón, de amarnos a nosotros mismos, danos la gracias de entender que solo amando de verdad y sin media podemos encontrar la verdadera felicidadII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaNos congregamos para celebrar la Santa Misa en este domingo trigésimo del tiempo ordinario, banquete espiritual donde vivimos la verdadera comunión. Pidamos que esta asamblea sea un verdadero signo de unidad y fraternidad donde todos seamos auténticos hermanos.Ofrezcamos nuestra vida y la vida de esta comunidad que reúne en torno al altar del Señor.Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos hace un llamado a vivir de manera autentica la caridad, la justica y la paz. Escuchemos con el corazón y comprometámonos a hacer vida estos textos sagrados.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Con la confianza de un hijo que sabe que su padre le ama y le escucha, elevemos nuestra suplicas a Dios nuestro Padre y unámonos diciendo:R/ Padre de amor, escúchanos.1. Por la Iglesia Universal, el Papa León, los obispos y todos los sacerdotes, para que sean signo del amor de Dios en medio del mundo. Oremos.2. Por nuestros gobernantes, para que trabajen por el bien común y promuevan la solidaridad, la justica y la paz en el mundo Oremos.3. Por aquellos que se sienten excluidos, marginados y viven la soledad para que experimenten nuestra caridad cristiana con acciones concretas y reales. Oremos.4. Por cada uno de nosotros, para que vivamos a plenitud el mandamiento del amor y no nos dejemos arrastrar por una sociedad egoísta e individualizante. Oremos.Oración conclusivaAcoge Señor nuestras suplicas, y las de aquellos que más sufren y llenan nuestra vida de gozo y esperanza. Por Jesucristo nuestro señor.

Mié 21 Oct 2026

La Voz del Pastor | 25 de Octubre 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según Mateo 22, 34-40

Lun 19 Oct 2026

Presidente del episcopado colombiano llama a fortalecer la pastoral familiar tras encuentro en el Vaticano

Al concluir en el Vaticano el encuentro internacional sobre la exhortación apostólica del papa Francisco, monseñor Francisco Javier Múnera Correa destacó el protagonismo evangelizador de las familias y la necesidad de acompañarlas en sus distintas realidades. El papa León XIV invitó a compartir los frutos de esta reflexión con las Iglesias locales.La necesidad de renovar el compromiso evangelizador con las familias, fortalecer el acompañamiento pastoral y reconocer su protagonismo en la vida de la Iglesia fueron algunos de los principales énfasis del encuentro internacional «Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy», que concluyó el 14 de octubre en el Vaticano con la participación de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.Al término de las jornadas, desarrolladas del 7 al 14 de octubre por convocatoria de la Santa Sede, el prelado colombiano señaló que este aniversario constituye una oportunidad para profundizar en la riqueza doctrinal y pastoral de Amoris Laetitia, exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016, como fruto de los dos Sínodos de los Obispos sobre la Familia realizados en 2014 y 2015.«Tal vez la primera invitación que necesitamos todos es volver a conocerla, profundizar la riqueza doctrinal y pastoral que ella nos ofrece», expresó monseñor Múnera en un mensaje grabado desde Roma el día de la clausura del encuentro.Las familias, protagonistas de la evangelizaciónUno de los énfasis del presidente del episcopado colombiano fue el papel de las propias familias en la transmisión de la fe y en el acompañamiento a otros hogares. Destacó que aquellas que viven su vocación evangelizadora pueden convertirse en referentes para los nuevos matrimonios y, al mismo tiempo, brindar apoyo concreto a quienes atraviesan dificultades.«Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas», afirmó.Esta perspectiva estuvo en sintonía con las reflexiones del encuentro, en el que se abordaron las transformaciones sociales, culturales y económicas que inciden en la vida familiar, así como la necesidad de acompañar las fragilidades de los hogares y ofrecer respuestas pastorales acordes con sus circunstancias.Entre los asuntos destacados estuvo la importancia de brindar ayuda espiritual y concreta ante situaciones de violencia y maltrato en el hogar, con especial atención a la protección de los niños y las personas vulnerables. También se insistió en la necesidad de promover espacios de escucha y apoyo que permitan a las familias buscar ayuda sin estigmatización.Ante estos desafíos, monseñor Múnera hizo un llamado a fortalecer la articulación pastoral y la participación de las comunidades eclesiales. «Es una invitación para que podamos construir pastorales más articuladas, más sinodales, más centradas en la acción evangelizadora de la familia», señaló.Papa León XIV: compartir los frutos del encuentro con las Iglesias localesAl concluir las jornadas, el papa León XIV envió un mensaje a los participantes, en el que agradeció las oraciones, el trabajo realizado y el intercambio de experiencias, así como los testimonios de las familias que compartieron sus alegrías, dificultades y esperanzas.El Santo Padre anunció que leerá los resultados de las deliberaciones y ofrecerá sus reflexiones posteriormente. Entretanto, invitó a los participantes a compartir lo vivido y aprendido con sus respectivas conferencias episcopales y diócesis, y a continuar anunciando el Evangelio con las familias, inspirados en la riqueza de Amoris Laetitia.En particular, expresó su deseo de que las familias sigan participando activamente en la vida y la misión de las Iglesias locales, contribuyendo también al discernimiento de los caminos pastorales por seguir.El mensaje pontificio refuerza una de las orientaciones centrales de las jornadas: las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino participantes activas en la evangelización y en la construcción de comunidades eclesiales más cercanas a las realidades de las personas.La familia, escuela de humanidad y solidaridadEn su balance, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia destacó el aporte de la familia al cuidado y la protección de la vida, la formación humana y el surgimiento de las vocaciones. También la describió como una escuela de solidaridad, cuyo valor trasciende el ámbito doméstico y repercute en la vida comunitaria.Por ello, agradeció a los movimientos, asociaciones, comunidades parroquiales, obispos, matrimonios y familias que asumen la tarea de acompañar y sostener a otros hogares. De manera especial, reconoció el testimonio de quienes proponen a las nuevas generaciones la belleza del matrimonio y la vida familiar.«Las familias son y están llamadas a ser protagonistas de la acción misionera y evangelizadora para con todas las familias, en todas sus situaciones concretas, apoyarlas y sostenerlas», concluyó monseñor Múnera.El encuentro culminó con la presentación y discusión de un documento de síntesis que recoge las principales reflexiones de las jornadas. Entre sus ejes se encuentran los cambios que afrontan las familias en el mundo contemporáneo, la fragilidad, el acompañamiento pastoral y la necesidad de encontrar respuestas a los nuevos interrogantes que surgen en una sociedad en transformación.Vea a continuación el mensaje conclusivo del presidente del episcopado colombiano:

Vie 16 Oct 2026

Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia

El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:

Vie 16 Oct 2026

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

VIGÉSIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO18 octubre 2026Primera lectura: Is 45,1.4-6Salmo: Sal 96(95),1 y 3.4-5.7-8.9-10a y c (R. 7b)Segunda lectura: 1Ts 1,1-5b / Evangelio: Mt 22,15-21.I.Orientaciones para la PredicaciónEn este Domingo Mundial de las Misiones – DOMUND –, la Iglesia acoge con gratitud el lema que el Santo Padre propone para orientar nuestro camino evangelizador en este mes de Octubre: “Uno en Cristo, unidos en la misión”.La misión aparece hoy ante nosotros como don, llamada y envío, realidad que sostiene y dinamiza la vida de la Iglesia en todos los pueblos. Unidos en Cristo, formamos un solo Cuerpo que anuncia un único Evangelio, impulsados por la fuerza del Espíritu hacia los ámbitos donde el corazón humano se siente más frágil.Las lecturas de este domingo nos recuerdan que Dios actúa en la historia, reúne a su pueblo para la alabanza universal y envía a cada creyente a ser testigo de su amor, para que el mundo crea y descubra en Cristo la fuente de la verdadera unidad.1. LECTIO: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Primera lectura – Isaías 45,1.4-6Dios unge a Ciro, un rey extranjero, para cumplir su designio. Al proclamar que “no hay otro Dios fuera de mí”, Isaías muestra que el Señor actúa más allá de las fronteras visibles del pueblo. Él dirige la historia y llama incluso a quienes no lo conocen explícitamente. Su acción une, convoca y abre caminos inesperados.Salmo 95(96)Es un canto misionero por excelencia: “Cuenten su gloria a las naciones; anuncien su salvación día tras día”. La liturgia nos invita a reconocer que la misión es alabanza, anuncio y apertura universal a todos los pueblos.Segunda lectura – 1 Tesalonicenses 1,1-5bPablo recuerda que el Evangelio llegó a los tesalonicenses “no sólo de palabra, sino también con poder y con el Espíritu Santo”. La comunidad vive unida en la fe, el amor y la esperanza. Esa unidad es fuente de misión: donde los discípulos permanecen en Cristo, el anuncio se vuelve fecundo.Evangelio – Mateo 22,15-21Los fariseos y herodianos tienden una trampa a Jesús. Él responde con sabiduría:“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Jesús enseña a no absolutizar los poderes terrenales y a reconocer que nuestra vida pertenece a Dios. Esta libertad interior es condición para una misión auténtica y confiada.2. MEDITATIO: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?UNO EN CRISTO, UNIDOS EN LA MISIÓNLas lecturas de este domingo revelan un hilo profundo: Dios es quien une, convoca y envía. A la luz del lema para la Jornada Mundial de las Misiones del Santo Padre: «Uno en Cristo, unidos en la misión», comprendemos que la misión nace de la unión con Cristo y se expresa como comunión entre los creyentes.Dios actúa en la historia para reunir a los pueblosEn Isaías, el Señor obra a través de Ciro, un rey extranjero, mostrando que su plan de salvación trasciende toda frontera.La misión consiste en reconocer y abrazar esta acción universal de Dios. Somos enviados a sumarnos a una obra que ya está en marcha, guiados por un Dios que llama a todos hacia la unidad.La comunidad apostólica vive unida en Cristo y, por eso, es misioneraLa Iglesia de Tesalónica recibió el Evangelio gracias a la acción del Espíritu y vivió la fe con obras concretas de amor y perseverancia.Solo una comunidad unida en Cristo puede ser una comunidad enviada por Cristo.La unidad no es un accesorio espiritual: es la primera forma de evangelización.Jesús unifica el corazón para enviarlo con libertad“Den a Dios lo que es de Dios […]”. Estas palabras revelan la raíz de la libertad cristiana: solo quien pertenece a Dios puede entregarse plenamente a la misión.La unidad interior, la alineación del corazón con Cristo, hace al discípulo transparente, auténtico y disponible.La misión fluye de la unidad con Cristo y construye unidad entre los pueblosLa misión comienza con la unión a Cristo y culmina en la creación de comunión entre las personas.Anunciar el Evangelio es tejer vínculos, curar divisiones y ofrecer esperanza.En un mundo fracturado, la misión es un acto de reconstrucción espiritual y social.El DOMUND 2026 nos llama a renovar la unidad misioneraCelebrar 100 años del DOMUND nos invita a redescubrir que la misión es tarea de todo bautizado y camino de fraternidad universal.Unidos a Cristo, la Iglesia se convierte en signo y sacramento de unidad para toda la humanidad.3. ORATIO Y CONTEMPLATIO : ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Oración por las MisionesDios y Señor nuestro, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, mira la abundante mies de tu Iglesia y envíale obreros que anuncien el Evangelio a todas las naciones. Que tu pueblo, convocado por la Palabra de Vida y sostenido por la gracia sacramental, avance unido hacia la salvación por el camino de la caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.Haznos, Señor, “uno en Cristo, unidos en la misión”.Haznos peregrinos del Evangelio, capaces de cruzar fronteras, de acercarnos a los alejados y de anunciar con alegría tu amor que une a todos los pueblos.Recomendaciones prácticas:•El penúltimo domingo de octubre, DOMUND, la Iglesia autoriza y recomienda el uso del formulario litúrgico “Por la Evangelización de los Pueblos”, para subrayar el carácter misionero de esta jornada y orientar la oración de toda la comunidad hacia la misión universal.•La Iglesia nos pide hoy orar por LA MISIÓN y los Misioneros, y destinar la ofrenda económica que los fieles aportan en las Misas para la Colecta Universal de las Misiones. Esta colecta, el Santo Padre la destina, a través de las Obras Misionales Pontificias, a sostener las Iglesias jóvenes o las llamadas “Iglesias en territorios de Misión”, a apoyar sacerdotes, religiosos y religiosas en situaciones especiales de misión, a apoyar la formación del clero y de los agentes de pastoral, a impulsar la educación y la promoción humana. En Colombia, se benefician especialmente los 10 Vicariatos Apostólicos.•Aprovechar la oración por las misiones, el afiche y demás materiales ofrecidos por las Obras Misionales Pontificias para esta Jornada Mundial de las Misiones, DOMUND.•Promover las iniciativas a favor de las misiones: hora santa misionera, jornada de animación misionera, retiro misionero, congreso diocesano misionero, festival misionero, etc. II MONICIÓN INTRODUCTORIA DE LA MISA Y ORACIÓN DE LOS FIELESMonición inicial a la MisaHermanos y hermanas: Hoy celebramos con gozo la Jornada Mundial de las Misiones, día en que la Iglesia universal eleva su oración y su compromiso por el anuncio del Evangelio en todos los pueblos.El Señor nos recuerda que la misión no es tarea de unos pocos, sino vocación de todo bautizado. Abramos el corazón para dejarnos enviar por el Espíritu y celebrar la Eucaristía como discípulos misioneros.Monición a la Liturgia de la PalabraEn la Palabra de hoy veremos cómo Dios actúa en la historia, cómo su Espíritu transforma a los creyentes y cómo Jesús nos invita a vivir con libertad interior, dando a Dios lo que es de Dios.Escuchemos con fe: el Señor nos habla para renovar en nosotros la pasión por la misión.Oración de los fielesPresidente:Confiados en el Dios que llama, envía y sostiene la misión, elevemos con humildad nuestras súplicas por la Iglesia y por todos los pueblos de la tierra.R/ Señor, haznos un solo cuerpo para una sola misión.1.Por la Iglesia universal, para que, unida en Cristo, sea signo de comunión y testigo fiel del Evangelio ante todos los pueblos. Oremos.2.Por los misioneros y misioneras ad gentes, para que, fortalecidos en la unidad con Cristo, lleven esperanza allí donde la vida clama por reconciliación. Oremos.3.Por todos los pueblos de la tierra, para que crezcan caminos de fraternidad, justicia, diálogo y paz. Oremos.4.Por nuestra comunidad, para que, iluminada por la Palabra y sostenida por la Eucaristía, viva como Iglesia en salida y comprometida con la misión universal. Oremos.Presidente:Padre bueno, tú que enviaste a tu Hijo para hacer de todos los pueblos una sola familia, escucha nuestras súplicas y haz de nosotros testigos ardientes de la esperanza que transforma el mundo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.