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iglesia colombiana

Lun 3 Jul 2023

“Somos los primeros necesitados de la misericordia”: monseñor Luis José Rueda

Bajo el propósito central de profundizar y fortalecer el carácter misericordioso de la Iglesia Católica en Colombia , este lunes 3 de julio los obispos del país dieron inicio a su CXV Asamblea Plenaria en Bogotá. Durante la apertura, monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), invitó a sus hermanos pastores a seguir manteniendo una voz profética para el país, que acompañe y aliente frente a las preocupaciones de la realidad actual. Recordó que también son seres humanos y ciudadanos desafiados por esta realidad; además, que son los primeros necesitados de misericordia y consolación pastoral. Monseñor Rueda inició su mensaje recordando que la reflexión de esta asamblea se configura dentro de una de las tres opciones que han tomado para caminar juntos, “con las cuales nos hemos propuesto vivir y servir como Iglesia en Colombia, con la mirada puesta en el Jubileo de la Esperanza del 2025 y del gran Jubileo de la Redención del 2033”, precisó. Se trata de la tercera opción, a través de la cual proponen ser “una Iglesia misericordiosa que se conmueve, se detiene y ayuda al otro, cuantas veces sea necesario”. Por esto, dijo, “el desarrollo de cada jornada será, ante todo, una experiencia espiritual, en un ambiente de oración, diálogo y discernimiento”. La alocución del primado de Colombia se enmarcó en cuatro aspectos centrales: 1. La realidad humana como lugar de encuentro con Dios. 2. La experiencia de la desolación espiritual. 3. La desolación como oportunidad para crecer y madurar. 4. La consolación pastoral. “Los obispos en colegialidad somos una voz profética necesaria para Colombia” Monseñor Luis José Rueda afirmó que todas las realidades humanas le interesan a la Iglesia y que, aunque son plenamente conscientes que, como obispos, no tienen la solución a las diversas problemáticas que vive Colombia, se sienten “enviados por el Señor a acompañar, como pastores y como servidores, todas las situaciones de la vida del Pueblo fiel de Dios”, especialmente “desde el testimonio, con la presencia y el acompañamiento a las comunidades, en diálogo social evangelizador como camino para encontrar las salidas a los duros conflictos que vivimos”, remarcó. Así mismo, el presidente de la CEC recordó a los demás prelados la necesidad del profetismo, inspirado en el Evangelio y en la enseñanza social de la Iglesia, “en cercanía con fe y amor, asumiendo las actitudes de Jesús, Buen Pastor”. Sobre esto, precisó: “el momento histórico de nuestro país nos pide a los obispos estar en permanente ejercicio de discernimiento evangélico, reflexionar la realidad desde las regiones con actitud profética, en nombre de Dios, sin dejarnos ahogar en lo coyuntural, con visión de futuro, con realismo esperanzado, sin la beligerancia que alimenta polarizaciones, con humildad y a la vez sin ingenuidad”. “Los obispos somos seres humanos y ciudadanos, desafiados por los problemas propios de la Iglesia y solicitados por todos los problemas sociales” El Arzobispo de Bogotá recordó a sus hermanos en el episcopado que su realidad eclesial y su realidad personal están íntimamente tejidas con la realidad social de Colombia, que constantemente lo externo se mezcla con lo interior, y que esto hace que su vida se convierta en una especie de campo de combate y un camino exigente y que, ante esto, la fuerza y la guía la encuentran en el Señor. “Somos frágiles y somos los primeros necesitados de la misericordia” Seguidamente, monseñor Luis José Rueda reconoció que, aunque, como obispos, tienen la gracia del ministerio sacerdotal en primer grado, son los primeros necesitados de la misericordia de Dios y que es ella la que los levanta y pone nuevamente en el camino. Al tiempo, el prelado recordó que más allá de este momento complejo que vive el país y de las pruebas que los agobian, el papa Francisco les ha pedido no desanimarse ni rendirse ; a “hacer una pausa para estar en la presencia de Jesús, a quien encontramos siempre fiel en nuestro camino, cercano y atento a nuestra vida, para ofrecernos la necesaria consolación pastoral”. Se trata de una consolación que tiene la fuerza del Espíritu Santo, que “acude en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8,26), para propiciar nuestro progreso como obispos en la adoración, en la gratitud, en la humildad misionera y en una más esperanzada relación con el Señor y con todos los miembros del Pueblo fiel de Dios”, remarcó. “¡Preferimos una vida de obispos y de Iglesia “deshilachada en el servicio” (EG 96), en vez de presentarnos como maestros espirituales que señalan desde fuera” A propósito de esta consolación pastoral, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia dijo que con ella recibirán el don de la alegría espiritual para lanzarse a la misión de manera renovada, “nos robustecerá en el dinamismo evangelizador centrado en Jesucristo, con el “aire puro del Espíritu Santo”, que nos libera de la mundanidad manifestada en “embelecos” y “vanaglorias” doctrinales y estadísticas que nos distancian del Pueblo fiel de Dios”. Los obispos vivirán esta CXV Asamblea Plenaria a través de una metodología conocida como la conversación espiritual que consiste en una escucha atenta de lo que el Espíritu les quiere decir por medio de las intervenciones de todos los participantes. Sobre ella, monseñor Rueda dijo que, vivida en fraternidad y cercanía con el Señor y con María, los ayudará a progresar en “la misión de Iglesia misericordiosa, capaz de contemplar, conmoverse y detenerse para servir”. Durante este primer día de encuentro los obispos estarán enfocados en su retiro espiritual y con él los pastores de la Iglesia que peregrina en Colombia, buscarán establecer las bases para que dicha propuesta de conversación espiritual “se convierta en la mejor manera de aproximarnos con fe a la realidad social, eclesial y personal, como auténtico lugar de encuentro con Dios”, así lo afirmó monseñor Luis José Rueda Aparicio al cierre de su discurso.

Dom 2 Jul 2023

Vicepresidente del episcopado rechaza el ataque contra diácono y laico en Caldono

Ante los graves hechos ocurridos en la madrugada de este domingo 2 de julio en el casco urbano del municipio de Caldono (Cauca), en los que el diácono Fredy Muñoz y el laico Eider Bototo resultaron gravemente heridos tras ser víctimas de un ataque mientras se desplazaban en un vehículo al servicio de la parroquia provenientes de la vereda La Esmeralda, monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo de Popayán y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), ha emitido un comunicado en el que lamenta y rechaza con vehemencia este atentado. De acuerdo con el prelado, este ataque da cuenta de la degradación del conflicto en ese territorio. Afirma, además que aunque, milagrosamente, las lesiones sufridas por estos dos miembros de la Iglesia que adelantan su misión pastoral en la Parroquia San Lorenzo de Caldono no amenazan hoy su vida,son el reflejo de las heridas de toda la sociedad civil del Cauca, en la que sus habitantes "son víctimas permanentes de esta violencia armada salida de todo principio de racionalidad y respeto al Derecho Internacional Humanitario". Pese a la situación, en el mensaje, monseñor Sánchez ratifica el compromiso indeclinable de la Iglesia Católica colombiana con la búsqueda de la reconciliación y la paz. "Cada hecho violento en nuestros territorios nos reclama mayor compromiso en este propósito; no podemos seguir postergando este profundo anhelo", agrega el arzobispo. DESCARGUE EL COMUNICADO AQUÍ

Sáb 1 Jul 2023

El que pierda su vida por mí, la encontrará

DÉCIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 2 de julio de 2023 Primera lectura: 2 Reyes 4,8,-11.14-16a Salmo: 89(88),2-3.16-17.18-19 Segunda lectura: Romanos 6,3-4.8-11 Evangelio: Mateo 10, 37-42 I.Orientaciones para la Predicación Introducción Jesús, el Maestro, debe ocupar el primer lugar en el corazón y en la vida de los discípulos, incluso por encima de los afectos familiares. Además, el discípulo está llamado a saber perder la vida para obtener la vida verdadera; debe cargar la cruz para ser digno de seguir a Cristo. Todo aquel que acoja a los enviados de Dios tendrá su recompensa, como la tuvo la mujer que recibió en su casa a Elías o como serán premiados los que brinden hospitalidad a los misioneros de Cristo por ser sus discípulos. ¿Qué aconteció el día en que fuimos sumergidos en las aguas del bautismo? Fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a la vida nueva. Si la muerte ya no tiene poder sobre Cristo, también nosotros hemos muerto al pecado y vivimos para Dios. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La mujer sunamita y su esposo dan testimonio de generosidad y hospitalidad al acoger al profeta Elías en su casa. Ellos reconocen que es un “hombre de Dios” y por eso no dudan en asegurarle hospedaje durante sus viajes al monte Carmelo. De esta manera, la mujer practica la fe en YHWH, de quien Eliseo es mediador, con un gesto desinteresado (cf. 4,13). El nacimiento de un hijo será para esta mujer la inesperada recompensa, signo de la bendición divina (vv. 14-16a). Todo cristiano se une a Cristo por medio de su bautismo. Se trata de una unión, es decir, de una incorporación tan íntima y radical que nos ha asociado completamente al misterio de su muerte, sepultura y resurrección. Por el bautismo hemos muerto con Cristo, hemos sido sepultados con Cristo y hemos resucitado con Cristo. San Cirilo de Jerusalén lo explica de una forma muy clara en su segunda catequesis mistagógica: “No hemos muerto ni hemos sido sepultados de modo verdadero, ni resucitamos después de que hubiésemos sido verdaderamente crucificados, pero sí se ha realizado en imagen una imitación de aquellas cosas, y es de aquí de donde ha brotado la salvación. Cristo fue verdaderamente crucificado, verdaderamente fue sepultado y verdaderamente resucitó, y todo ello nos ha sido regalado a nosotros por gracia para que, hechos partícipes de sus sufrimientos, obtengamos en verdad la salvación”. Morir al pecado y resucitar para andar por sendas de vida nueva es la manera como se refleja en la vida del cristiano el misterio del bautismo que ha recibido. Jesús es radical y contundente cuando afirma que nadie puede ser querido más que él. Por su estilo de vida, el discípulo está llamado a jerarquizar sus vínculos afectivos, colocando en primer lugar el amor por Jesús. Se trata de asumir en la vida la virtud como el orden del amor, el ordo amoris del que habla san Agustín: se debe amar lo que verdaderamente debe ser amado. Por tanto, Jesús es el valor absoluto para el discípulo, quien le hace capaz de afrontar los sufrimientos e incluso la muerte, capaz de perder la vida en vez de conservarla para ganarla, capaz de llevar la cruz ejemplo de aquel que cargó la cruz para hacernos libres. Por otra parte, quien acoge al misionero también vive un vínculo de comunión intenso con Jesús y con el Padre, ya que, según la concepción común del judaísmo, el enviado es igual al que envía; quien acoge al misionero acoge a Jesús y en él al Padre que lo ha mandado (v. 40). Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Dejemos que sea el Papa Francisco quien nos ilumine con su enseñanza, tomada del discurso antes del rezo del Ángelus pronunciado el 2 de julio de 2017: “La liturgia nos presenta las últimas frases del discurso misionero del capítulo 10 del Evangelio de Mateo (cf. 10, 37), con el cual Jesús instruye a los doce apóstoles en el momento en el que, por primera vez les envía en misión a las aldeas de Galilea y Judea. En esta parte final Jesús subraya dos aspectos esenciales para la vida del discípulo misionero: el primero, que su vínculo con Jesús es más fuerte que cualquier otro vínculo; el segundo, que el misionero no se lleva a sí mismo, sino a Jesús, y mediante él, el amor del Padre celestial. Estos dos aspectos están conectados, porque cuanto más está Jesús en el centro del corazón y de la vida del discípulo, más ‘transparente’ es este discípulo ante su presencia. Van juntos, los dos. ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...’ (v. 37), dice Jesús. El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro. Cualquier discípulo, ya sea un laico, una laica, un sacerdote, un obispo: la relación prioritaria. Quizás la primera pregunta que debemos hacer a un cristiano es: ‘¿Pero tú te encuentras con Jesús? ¿Tú rezas a Jesús?’. La relación. Se podría casi parafrasear el Libro del Génesis: Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a Jesucristo, y se hacen una sola cosa (cf. Génesis 2, 24). Quien se deja atraer por este vínculo de amor y de vida con el Señor Jesús, se convierte en su representante, en su ‘embajador’, sobre todo con el modo de ser, de vivir. Hasta el punto en que Jesús mismo, enviando a sus discípulos en misión, les dice: ‘Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado’ (Mateo 10, 40). Es necesario que la gente pueda percibir que para ese discípulo Jesús es verdaderamente ‘el Señor’, es verdaderamente el centro de su vida, el todo de la vida”. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Al Padre le pedimos que nos llene de su amor y nos enseñe a amar para saber amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, de manera que ocupe el primer lugar de nuestros afectos. Pidamos también al Señor que sepamos re-presentarlo (hacerlo presente) como sus misioneros, como sus testigos, respaldados con nuestra coherencia de vida, según la bella indicación del Maestro: “El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado”. Toda persona con quien nos vamos encontrando en el camino de la vida debe percibir en nosotros la presencia de Jesucristo y la presencia de Dios, nuestro Padre. Recomendaciones prácticas: CXV Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, 3 al 7 de julio. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Cada Domingo la Iglesia celebra a Cristo Resucitado. Él está en medio de nosotros para hablarnos en su Palabra y alimentarnos con su Eucaristía. De manera particular, hoy Jesús nos anima a seguirlo y a cargar nuestra cruz, sabiendo que todo discípulo tendrá su recompensa. Participemos con fe. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra que se nos ofrece hoy, nos alienta a dejar salir de cada uno de nosotros los mejores valores cristianos que poseemos, dejémonos iluminar y guiar por ella. Que la palabra de Dios sea lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Reunidos, para recordar los beneficios de nuestro Dios, pidámosle que inspire nuestras plegarias para que merezcan ser atendidas, supliquémosle diciendo: R. Salva, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre Por la Iglesia y sus ministros, para que utilicen todos los recursos y medios de comunicación para dar a conocer la buena nueva del evangelio, Roguemos al Señor. . Por los gobernantes de las naciones, para que depongan sus planes personales, piensen en los más necesitados y los ayuden a mejorar su calidad de vida, Roguemos al Señor. Por los obispos que estarán reunidos en Asamblea Plenaria esta semana, para que tengan abundante asistencia del Espíritu Santo, y sean dóciles a sus divinas inspiraciones, y encuentren las soluciones adecuadas a los tiempos actuales. Por las familias que sufren la perdida de sus seres queridos a causa de la pandemia, para que el Señor las consuele y las llene de fortaleza. Roguemos al Señor. Por cada uno de los que participamos de esta celebración, para que el Señor toque nuestro corazón y nos permita recibirlo a Él, con la hospitalidad practicada a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Que te sean gratos, Señor, los deseos de tu Iglesia suplicante, y concede lo que no podemos esperar por nuestros méritos. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 30 Jun 2023

La Voz del Pastor | 2 de julio de 2023

Reflexión de monseñor Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según SanMateo 10,37-42

Vie 30 Jun 2023

Misericordia: tema central de la próxima asamblea del episcopado colombiano

Del lunes 3 al viernes 7 de julio, los 72 obispos, junto a 3 administradores diocesanos que actualmente tiene la Iglesia Católica colombiana, estarán reunidos en Bogotá, en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), para vivir su Asamblea Plenaria #115. En esta oportunidad, buscarán, a través del discernimiento, el diálogo y los espacios de trabajo sinodal que desarrollarán, identificar cómo “ser una iglesia misericordiosa que contemple, se conmueva y se detenga a ayudar al otro, cuantas veces sea necesario”, así lo ha dado a conocer monseñor Luis Manuel Alí Herrera, obispo auxiliar de Bogotá y secretario general de la CEC en el primer informe que emite ‘Así va la Asamblea’, el informativo del episcopado, a través del cual se darán a conocer, como cada seis meses, los acontecimientos más relevantes de este encuentro. A propósito de la realidad actual del país en términos sociales y políticos, dimensión que también es objeto de análisis durante cada asamblea plenaria, de acuerdo con monseñor Luis Manuel Alí Herrera, obispo auxiliar de Bogotá y secretario general de la CEC, los pastores colombianos compartirán “sus gozos y esperanzas, pero también sus preocupaciones y grandes desafíos para seguir consolidando el trabajo de la Iglesia en Colombia a favor de la paz y de la justicia”. Sobre la manera concreta en que abordarán los obispos esta nueva reunión, monseñor Alí se refirió a una metodología conocida como la conversación espiritual. “Esta consiste en una escucha atenta de lo que el Espíritu nos quiera decir por medio de las intervenciones de todos los participantes. Así, optamos por ser una Iglesia que sale al encuentro de los que sufren, acompaña a las víctimas de la violencia y de todo tipo de abusos; y anuncia, con valentía, la promoción y defensa de la vida, de la dignidad humana y el cuidado de la casa común”, precisó el obispo. Finalmente monseñor Luis Manuel Alí pidió a todos oración por los frutos del trabajo que se realizará durante esta centésima décima quinta asamblea plenaria del episcopado colombiano. Conozca todos los detalles en la primera entrega del informativo 'Así va la Asamblea':

Jue 29 Jun 2023

Iglesia apoyará búsqueda de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado

“En Colombia, 104.000 familias buscan muy intensamente a sus seres queridos desaparecidos a lo largo del conflicto armado”, así lo dio a conocer monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) para las relaciones Iglesia – Estado. Esto, a propósito de la reunión que sostuvieron este martes, 27 de junio, los tres miembros de la junta directiva de la CEC (monseñor Luis José Rueda, monseñor Omar Sánchez y monseñor Luis Manuel Alí), junto a monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de la Diócesis de Soacha y a monseñor Henao, con Luz Janeth Forero Martínez, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas(UBPD). El encuentro, desarrollado en la sede del episcopado en Bogotá, formalizó la colaboración que prestará la Iglesia Católica colombiana en la búsqueda de personas y así “dar respuesta a una necesidad humanitaria que afecta a tantas familias a lo largo del país y que representa una huella profunda en la vida, en la psicología de las personas, en sus vidas comunitarias”, precisó monseñor Henao. Sobre el encuentro, la UBPD ha dicho que “la Iglesia es fundamental para la búsqueda en los territorios”. Esto, reconociendo, de manera especial, la amplia presencia que tiene como institución en las diferentes regiones del país, a través de sacerdotes, comunidades religiosas y agentes de pastoral que acompañan de manera permanente a las comunidades. Según monseñor Héctor Fabio Henao, los equipos de esta unidad tienen un enfoque particular de búsqueda en 7.600 sitios donde han identificado la existencia fosas comunes. A propósito de las formas concretas de colaboración por parte de la Iglesia, el delegado de la CEC explicó también que en las “parroquias o diócesis que tienen cementerios bajo su responsabilidad o propiedad, donde pueden haber personas sepultadas sin identidad o en fosas comunes, ahí se puede hacer un trabajo mancomunado en esta búsqueda”. Agregó que hay una labor humanitaria permanente de acompañamiento a los familiares para transmitir información y para hacer que se pueda tener acceso a otras sepulturas que están dispersas en algunos territorios o en cementerios informales que se han creado en el marco del conflicto armado. Declaración de monseñor Héctor Fabio Henao sobre la reunión: Declaración de monseñor Héctor Fabio Henao sobre las formas en que Iglesia apoyará la búsqueda:

Mié 28 Jun 2023

Un sueño que se hizo realidad para enaltecer la liturgia en la Catedral San José de Cúcuta

Tras más de dos meses de ejecución, se materializó el proyecto deinstalar un órganoen la Catedral San José, uno de los instrumentos musicales más complejos que existen, pero que emiten las más bellas, emotivas y potentes melodías. De acuerdo con monseñor José Libardo Garcés Monsalve, este es “un sueño hecho realidad para enaltecer la liturgia”, ya que “le abre paso al corazón, para elevarlo a Dios en oración contemplativa”. El obispo agradeció al maestro Luis Enrique García, encargado del diseño y la adecuación, quien le ha ayudado a exaltar el culto; alpresbítero Diego Fernando Huertas Marulanda, párroco de la Catedral, también le expresó gratitud por “su disposición para llevar a feliz término este proyecto”; y a los benefactores, por “contribuir con este privilegio”, ya que pocas ciudades en el país lo tienen. Al tiempo, monseñor Garcés se dirigió a todos los feligreses y a la sociedad cucuteña, para que “valoren este nuevo instrumento que le dará altura a la liturgia y a la cultura nortesantandereana”. La iniciativa fue impulsada directamente por monseñor José Libardo, quien,inquieto por compartir una liturgia impecable, ya había liderado proyectos similares enlaCatedralBasílica Metropolitana Nuestra Señora del Rosario deManizales, y en laCatedral de la Inmaculada Concepción, en la Diócesis deMálaga-Soatá. Ahora, como obispo de la Diócesis de Cúcuta, monseñor Garcés propuso para esta Iglesia particular, el diseño, construcción y adecuación de un sistema de música de órgano para laCatedral San José, confiando en la experiencia de Luis García, el destacado maestro de la ciudad de Manizales, quien es un docente jubilado de lógica matemática y filosofía de la ciencia, pero apasionado por la música y calificado como un organista eminente. El maestro Luis explica que, el órgano es de los instrumentos más complejos que una sola persona pueda tocar, ya que hay que leer tres pentagramas (uno para cada mano y otro para los pies), además de esto, pertenece a varias categorías de instrumentos (de viento, de teclado y de aire insuflado). Su elaboración podría llegar a ser excesivamente costosa, pero el maestro asegura que, en la Diócesis de Cúcuta pudo reducir considerablemente en gastos, gracias a que contó con el teclado y el equipo de sonido que ya había en la Catedral, por lo que su valor podría ser una centésima parte de lo que vale un órgano tubular, o una décima parte de lo que cuesta un órgano digital. Por otra parte, destacó el trabajo delingeniero electrónico Rubén Flórez; precisamente, el órgano lleva la firma:García Flórez. De esta manera, los fieles bautizados que peregrinan en esta zona de frontera, ya pueden profundizar en su espiritualidad cuando visiten el templo madre, donde ya se atiende el numeral 120 de la constitución ‘Sacrosanctum Concilium’: “Téngase en gran estima en la Iglesia latina, el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales”. Fuente: Oficina de Comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Mar 27 Jun 2023

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES 29 de junio de 2023 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 12,1-11 Salmo: 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9 Segunda lectura: 2Timoteo 4,6-8.17-18 Evangelio: Mateo 16,13-19 ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓN Introducción Pedro, en nombre de los discípulos, confiesa la fe en Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios y por eso es constituido como la piedra en la que será edificada la Iglesia, la comunidad donde habita Cristo en medio de los creyentes. El Pueblo de Dios ora por el apóstol Pedro y el Señor lo rescata de las cadenas de la prisión que no pueden obstaculizar la misión evangelizadora de la iglesia apostólica. Se manifiestan el poder de Dios y la intercesión de los fieles. El apóstol Pablo da testimonio de su fidelidad al Señor desde que comenzó su camino de fe a partir del encuentro con Cristo resucitado. Consciente de la proximidad de su martirio, él confía en recibir la corona merecida pues el mismo Señor le dio fuerzas para evangelizar y lo libró de los peligros. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Ya no solamente son las autoridades religiosas quienes persiguen a los primeros cristianos, sino que también entra en escena la autoridad política, representada en la figura del rey Herodes. Parece ser que, para poner preso al apóstol Pedro, su única motivación es agradarle a la gente. Humana y físicamente hablando era imposible que Pedro saliera por sus medios de la cárcel pues la perícopa resalta el hecho de estar muy bien custodiado por cuatro piquetes de soldados y dormir encadenado entre dos soldados. No obstante, como ocurrió en otros momentos puntuales de la Historia de la Salvación, el Dios que hace obras admirables interviene para dar la libertad a sus hijos, a sus elegidos. Luego de que el ángel del Señor le ayudara a superar todas las barreras para salir de la prisión, se le abren los ojos a Pedro, quien, volviendo en sí, reconoce la obra de Dios y confiesa su fe: “el Señor ha enviado a su ángel para librarme”. Cabe subrayar el papel de la oración de la Iglesia: como respuesta a esta oración, el Señor envía a su ángel. “Para Lucas el episodio es importante no sólo porque revela el poder de la fe y la oración cristianas, sino la fidelidad de Dios que nunca abandona a sus elegidos” (J. Fitzmyer). Estando en la prisión, Pablo resume su vida en tres acciones: combatir bien el combate, correr hasta la meta y mantener la fe. Si en otro pasaje el apóstol exhorta a su discípulo Timoteo a combatir el buen combate de la fe (cf. 1Tm 6,12) es porque tiene toda la autoridad de vida para aconsejarlo. Podríamos decir que dicho combate por el Evangelio, pasando por cada prueba que tuvo que enfrentar, comenzó el día en que tuvo su encuentro con Cristo en el camino hacia Damasco y fue bautizado. Inmediatamente después de esto, san Pablo no vaciló en ponerse al servicio de la causa de Cristo, por encima de las dificultades, transformándose en el gran evangelizador de la primera generación de cristianos. Pablo experimenta la cercanía de lo que él llama “el momento de ser sacrificado”, dando a entender que entregará su vida como ofrenda sagrada, agradable para el mismo Dios. Consciente de la proximidad del final de su vida y su misión, Pablo evalúa su camino y lo compara con una carrera que él ha corrido completa, hasta la meta (no todos los corredores terminan una competencia). El apóstol ya había hecho esta comparación de la vida cristiana en otra de sus cartas, invitando a los discípulos a que, privándose de las cosas del mundo, no se cansaran de correr por el premio: una corona incorruptible (Cf. 1Cor 9,24-25). En ese orden de ideas, Pablo está tan convencido de haber cruzado la meta, que se expresa muy seguro a la hora de afirmar que simplemente aguarda la corona, el premio. De la misma manera, les da un mensaje de esperanza a todos aquellos que aspiran al premio eterno, si perseveran compitiendo hasta el final y aman la venida del Señor. Dos preguntas les hace Jesús a sus discípulos caminando por la región de Cesarea de Filipo (región claramente distinguida como pagana): una primera para conocer qué es lo que ellos han oído de la gente acerca de su maestro y para que den una respuesta sin comprometerse; otra, la segunda, para cuestionarlos directamente y saber si han descubierto quién es el “Hijo del hombre”, quién es el maestro con el que han compartido la vida, quién es el amigo que los ha guiado en el camino de discipulado. A la primera pregunta responden con las suposiciones del pueblo en general, con nombres de otros personajes proféticos que lo que dejan entrever no es otra cosa, sino la confusión de la gente con respecto a la identidad de Jesús. Y a responder la segunda pregunta se lanza Pedro, tomando la vocería, para declarar que Jesús es más que un profeta, es el Ungido prometido desde el principio, el Hijo del mismísimo Dios vivo, único y verdadero, Dios revelado a Moisés y a los israelitas como YHWH. Reconocer la condición divina de Jesús, es decir, su origen celestial, es un don recibido por parte del Padre celestial, lo que indica que todo discípulo que quiera reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, debe abrirse al don que viene del Padre, el único que, por la acción del Espíritu, ilumina nuestro entendimiento y fortalece nuestra voluntad para conducirnos a la Verdad plena que es Jesucristo. En la misma línea teológica podemos afirmar que también Pedro recibe el don de ser piedra sobre la que Cristo edificará la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, la comunidad de los bautizados que fundamentan su fe en el Resucitado. Pedro lo que ha hecho es expresar su fe personal, que a su vez es la fe de la comunidad apostólica. Sobre esa sólida fe que ha confesado la verdad de Cristo, sobre esa misma fe, es que se sostiene la vida de la Iglesia. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? En el contexto de este tiempo sinodal que vive la Iglesia escuchemos la siguiente reflexión del Papa Francisco en la Misa de la solemnidad de san Pedro y san Pablo del año 2022, tomando como referencia la primera lectura: “Los Hechos de los Apóstoles nos han relatado lo que sucedió la noche en que Pedro fue liberado de las cadenas de la prisión; un ángel del Señor lo sacudió mientras dormía y ‘lo hizo levantar, diciéndole: ¡Levántate rápido!’ (12,7). Lo despertó y le pidió que se levantara. Esta escena evoca la Pascua, pues aquí encontramos dos verbos usados en los relatos de la resurrección: despertar y levantarse. Significa que el ángel despertó a Pedro del sueño de la muerte y lo instó a levantarse, es decir, a resurgir, a salir fuera hacia la luz, a dejarse conducir por el Señor para atravesar el umbral de todas las puertas cerradas (cf. v. 10). Es una imagen significativa para la Iglesia. También nosotros, como discípulos del Señor y como comunidad cristiana, estamos llamados a levantarnos rápidamente para entrar en el dinamismo de la resurrección y dejarnos guiar por el Señor en los caminos que Él quiere mostrarnos. […] El Sínodo que estamos celebrando nos llama a convertirnos en una Iglesia que se levanta, que no se encierra en sí misma, sino que es capaz de mirar más allá, de salir de sus propias prisiones al encuentro del mundo. Con la valentía de abrir las puertas. […] Una Iglesia sin cadenas y sin muros, en la que todos puedan sentirse acogidos y acompañados, en la que se cultive el arte de la escucha, del diálogo, de la participación, bajo la única autoridad del Espíritu Santo. Una Iglesia libre y humilde, que “se levanta rápido”, que no posterga, que no acumula retrasos ante los desafíos del ahora, que no se detiene en los recintos sagrados, sino que se deja animar por la pasión del anuncio del Evangelio y el deseo de llegar a todos y de acoger a todos. No nos olvidemos de esta palabra, todos. ¡Todos! Vayan a los cruces de los caminos y traigan a todos: ciegos, sordos, cojos, enfermos, justos, pecadores, ¡a todos, a todos! Esta palabra del Señor debe resonar en la mente y en el corazón, todos, en la Iglesia hay lugar para todos. Muchas veces nosotros nos convertimos en una Iglesia de puertas abiertas, pero para despedir y para condenar a la gente. Ayer uno de ustedes me decía: ‘Para la Iglesia este no es el tiempo de las despedidas, es el tiempo de la acogida’. ‘Pero no vinieron al banquete’ — Vayan al cruce de los caminos y traigan a todos, a todos — ‘Pero son pecadores’ — ¡Traigan a todos!” 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Siguiendo el ejemplo de la Iglesia relatado en la primera lectura, hoy oremos por el sucesor del apóstol Pedro, el santo padre, el Papa Francisco. Contemplemos con gozo que la promesa del Señor se sigue cumpliendo: La Iglesia ha estado y sigue estando edificada sobre la roca de la fe del apóstol Pedro. Tengamos en cuenta que nuestra fe personal debe estar arraigada en la fe de toda la Iglesia, que es la fe de la comunidad de los bautizados. En nuestra vida se debe reflejar lo que decimos cada vez que recitamos el Credo: “Creo en santa Iglesia Católica”. Celebrar a los apóstoles Pedro y Pablo es una bella oportunidad para renovar nuestra fe en Dios uno y trino, nuestra fe en la resurrección y nuestra fe en la Iglesia. _____________________ Recomendaciones prácticas: Jornada del Óbolo de San Pedro. Se celebra la misa vespertina de la vigilia de esta solemnidad el día 28 de junio desde las 6 de la tarde en adelante. Esta misa tiene eucología menor y lecturas propias (cf. Misal, página 607). II. MONICIONES Y ORACIONES DE LOS FIELES Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos: celebramos hoy el testimonio de fe de los santos apóstoles Pedro y Pablo: la fe que confesó san Pedro, reconociendo a Jesús como el Mesías; la fe que confesó san Pablo para evangelizar y formar comunidades de cristianos. En esta fe se sostiene la fe de todos los miembros de la Iglesia, unidos a su cabeza que es Cristo. Por eso vivamos esta Eucaristía con la alegría de tener nuestra fe bien cimentada en la roca de los apóstoles. En este día oremos de manera especial por las intenciones del Papa Francisco. Monición a la Liturgia de la Palabra El mensaje que anunciaron los apóstoles Pedro y Pablo es la Buena Noticia de Cristo. Hoy este mensaje ha llegado a nosotros gracias a que se ha transmitido de generación en generación desde el tempo de los apóstoles hasta nuestros días. Entonces sintámonos privilegiados de escuchar la Palabra del Señor. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Alegres por celebrar la solemnidad de los apóstoles San Pedro y San Pablo, presentemos al Padre, por medio de Cristo, nuestras oraciones por el mundo entero y digamos juntos: R. Padre de amor, escucha la oración de tu Iglesia. Oremos por la Iglesia Universal para que, permaneciendo fiel al fundamento apostólico, haga resonar la proclamación del Evangelio en todo el orbe. 2. Oremos por el Papa Francisco, sucesor de Pedro, para que, impulsado por el Espíritu Santo, siga confirmando en la fe a todo el pueblo de Dios. 3. Oremos por los gobernantes de las naciones, para que, buscando el bien de todas las personas, lleven a cabo su misión guiados por la caridad. 4. Oremos por los que sufren en el cuerpo y el alma, para que, con ayuda de sus hermanos encuentren fortaleza y consuelo. 5. Oremos por nosotros que participamos de esta celebración, para que, imitando el ejemplo de San Pedro y San Pablo, confesemos nuestra fe con convicción y seamos testigos valientes de Cristo Resucitado. Oración conclusiva Dios todopoderoso, por intercesión de tus santos apóstoles Pedro y Pablo no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. R. Amén