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Monseñor Darìo Monsalve

Lun 1 Ago 2022

¿Qué tenemos qué hacer?

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Esta es la gran pregunta que brota espontánea de quienes escuchan al Bautista (Lc 3,10-14), o a Pedro y a los demás Apóstoles, que les anuncian la Buena Noticia de Jesucristo (Hch 2,37. Es también la pregunta que, ante la urgencia de gestionar el riesgo colectivo mundial y nacional, requiere hacerse la humanidad, para poder resolver los problemas que afrontamos. La alternativa de continuidad, desconociendo las graves grietas en el desarrollo de la propia vida, o en las estructuras y modelos vigentes en una sociedad, se enfrenta con la de una “conversión interior”, el bautismo y la acogida del Espíritu Santo por “cada uno” (Hch 2,38); pero también a la del cambio de toda sociedad o gremio, llamados a compartir, a ser justos, honestos, veraces y no violentos, como indican las respuestas del Precursor. Conversión interior de las personas y cambio social e institucional, deben andar unidos. Recuperar el sentido de la historia común conlleva la tarea del “cambio de mentalidad” y siembra de un auténtico sentido de la vida en las consciencias. De ahí el empeño necesario en lo que llamo las “e” del cambio, derivadas de la “e” de educación: espiritualidad, equidad, ecología, ética y estética. Para nosotros los creyentes cristianos, esas “e” derivan de la “E” del Evangelio de la Vida, la Gran Noticia que transforma la existencia humana, el universo y la historia. Bastan las cifras de degradación y muerte, que amenazan con arruinar la sostenibilidad de un país como el nuestro, para entender la elección popular de una alternativa de cambio. En buena hora Colombia eligió en las urnas esta voluntad mayoritaria. Una “voluntad” que puede ser aún más grande entre los más de 17 millones de abstencionistas y de 11 millones de no aptos para votar. Ante esta realidad y el cuatrienio del gobierno que se inicia en este 7 de agosto, es probable que muchos colombianos, angustiados o temerosos de lo que puede sobrevenir, se estén preguntando también: “¿Qué tenemos que hacer?”. O, aún de modo más personal, como aquel carcelero que se arrojó a los pies de Pablo y Silas y les dijo: “Señores, ¿qué tengo qué hacer para salvarme?”. A lo que recibe una clara respuesta: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” (Hch 17,29-31). A esta pregunta de consciencia honrada y de disponibilidad para el cambio ante realidades y verdades incontrovertibles, corresponden también hoy respuestas necesarias, precisas, hacia el compromiso de toda persona, de toda familia, de todo gremio y sociedad. Como respondía el Bautista o Precursor de Jesús, lo que tiene qué hacer todo colombiano hoy, creyente o no, ateo o agnóstico, es: 1. “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene”. “Me vieron desnudo y me vistieron”, dijo después Jesus, identificándose con el despojado de su dignidad y bienes, el destechado, el desplazado forzoso, el indigente, el habitante de calle. 2. “El que tenga para comer que haga lo mismo”. “Tuve hambre y me dieron ustedes de comer”. “Dénles ustedes de comer”. “Comieron todos y se saciaron. Y recogieron 12 cestos de lo que sobró”, son respuestas inmediatas al hambre que no da espera. Afrontar en Colombia esta realidad es tarea de tierras productivas para alimentación, de cultivadores con garantía de almacenamiento, mercado y seguros de precio y ante contingencias. Es tarea de examinar inversiones y construir autoabastecimiento. De apoyo a Bancos de Alimentos y de semillas, de huertas y agricultura urbana, doméstica, amigable con la convivencia y buen ambiente. Da vergüenza, es imperdonable que Colombia no aproveche sus climas, ciclos dobles o triples de cosechas, tierras que no deben crecer en contra de la naturaleza y las selvas, sino en intensidad, tecnología y hacia lo alto. 3. Viene también la DIAN de esos tiempos y El Bautista les responde: “No exijan más de lo que está fijado”. Un delicado asunto de corrupción instituida e injusticia estructural, que requiere cuidadoso manejo. Estos tiempos de “reformas tributarias” exigen lupa y pies descalzos para saber dónde se esconde el diablo y dónde están sus víctimas. 4. Y llegan también los de la fuerza pública, unos soldados, y hacen la misma pregunta: ¿Que debemos hacer? Respuesta: “No hagan extorsión a nadie. No hagan denuncias falsas. Conténtense con su soldada”. (Lc 3,10-14). De este tema doloroso con nuestras fuerzas armadas y policiales, ni hablar. El horror por lo que han hecho de ellos los gobiernos y las ideologías de poder; el dolor por lo que a ellos ponen a hacer contra su propio pueblo; el necesario repudio a lo que hacen contra ellos, contra nuestros jóvenes policías y soldados, asesinándolos a diario. Hay qué rehacer y transformar su misión de ejemplo, disuasión, cuidado de las poblaciones, garantías de desarme social y monopolio de armas, garantes de convivencia pacífica, democracia, orden y soberanía nacional. Y para todos, no para clases hegemónicas y poderes de búnker y para meter miedo. Si esto lo decía un predicador andrajoso en el desierto, a más de 2022 años atrás, hoy nosotros debemos enumerar y elaborar entre todos el catálogo de respuestas colombianas a cada realidad enferma y dañada en nuestro país. Quede como indicativo y tarea a la que invito a toda persona, comunidad, familia, gremio, etnia, organización, institución, a hacer. En mi [email protected] quisiera recibirlos si los quieren compartir. Catálogos de respuesta al ¿Qué tengo què hacer yo? ¿ Qué tenemos que hacer nosotros? La Iglesia y las iglesias, los que se llaman y nos llamamos cristianos, hagamos el catálogo de respuestas, compartámoslo con otros en casa y territorios, y sumémonos al futuro. La respuesta de María, la mujer Madre de Jesús, a unos confundidos servidores y anfitriones de un banquete de bodas, donde se había acabado el vino, es contundente e inequívoca: “HAGAN LO QUE JESÚS LES DIGA”. Y llegó el vino más bueno y ¡se salvó la fiesta! ( Juan 2, 1-12). ¡Como para leerlo y colombianizarlo, invitándolos a Jesús, María y sus discípulos a esta fiesta de lograr juntos un auténtico cambio! + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Jue 2 Jun 2022

JUNIO: El mes de la Iglesia

Por: Mons. Dario de Jesús Monsalve Mejía - Tanto el Año Litúrgico como nuestra “semana arquidiocesana” de Cali, del 13 al 20 de junio), nos invitan a profundizar en “la verdad de La Iglesia”. El calendario de celebraciones del mes y la infaltable figura de María, invocada como Nuestra Señora de Los Remedios, Patrona de la Arquidiócesis y del Valle del Cauca, nos conducen al misterio, a la comunidad misionera y a la institución eclesial que, unida por el Espíritu Santo, continúa y extiende la misión de Cristo Jesús en todos los pueblos, tiempos y culturas. Como Iglesia Particular de Cali, avanzamos con la Iglesia Universal hacia la propuesta actual de la sinodalidad, entendiéndola, más que como mero “modelo de Iglesia”, como construcción permanente del Amor de Dios en las almas y en nuestro mundo humano. Las solemnidades litúrgicas de junio inician con el Domingo de Pentecostés (día 5). La naciente Iglesia Apostólica, la que surge con la persona misma de Jesucristo, de su cruz y resurrección, proclama el Evangelio de La Vida que rompe cadenas de muerte, de odio, de mentira, de ídolos, de pecado y de culpa. Es la fuerza del Amor de Dios al mundo, la que se vuelve anuncio, testimonio y misión. Como lo anunciaron los profetas y los sabios de Israel, como lo prometió Jesús a sus discípulos, ahora el Espíritu del Padre Dios y de su Hijo, ascendido y sentado a su derecha, es derramado sobre toda carne, toda persona y nación. La comunidad cristiana es el cuerpo visible que le transmita esta Alma Divina, con sus dones diversos y sus múltiples frutos. Dios establece su “morada” en quienes acogen la palabra y acogen a Cristo Jesus como su Salvación, su Señor y Dios, como Soberanía del Amor y Reino de Dios. El fuego de este amor divino abre la libertad humana hacia la Verdad de Dios. Él revela su ser desde su actuar, desde el amar y el Amor que nuestra libertad puede reconocer en la Creación, en la Redención de la humanidad perdida y en la restauración de la armonía entre las criaturas todas, encaminadas a la perfección del Amor. Las solemnidades de la Santísima Trinidad de Dios, de la Eucaristía en el Corpus Christi, de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, del Sagrado Corazón de Jesús, de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles, son una procesión de imágenes y realidades que contienen el misterio, la sacramentalidad, la “antropología teológica”, la ministerialidad de Cristo entre Dios y los hombres, y la doble misión evangelizadora (Pablo) y pastoral (Pedro) de la Iglesia. Toda una “síntesis festiva y litúrgica” del ser y tarea de la Iglesia, desde el ser intratrinitario de Dios, hasta el ser comunitario y social que visibiliza este “cuerpo de Cristo”, que prolonga su encarnación en la vida e historia de la humanidad. Para los creyentes católicos, la virgen María es el precioso “ícono” de la Iglesia, mujer y madre, sierva y servidora, maestra de Cristo e Intercesora de los cristianos, protectora de la humanidad. El mes de junio nos trae el “CON MARÍA” de la comunidad de los apóstoles, antes de Pentecostés, que evoca la unidad y la continuidad con la Anunciación y la Encarnación. Por ello, la actual liturgia ha puesto la memoria obligatoria de la “Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia”, el lunes siguiente a Pentecostés. También el día 16 de junio, la tradición eclesial invoca a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, antigua imagen de la ortodoxia greco rusa y del occidente católico. Y el día 26, Nuestra Señora de la Paz, patrona de países y parroquias, es también invocada en nuestro “ordo” nacional. Son títulos, muchos de ellos también litanicos, que proclaman la histórica solidaridad de María con las luchas de los creyentes y con los pueblos que se inspiran y acuden a Ella. En el marco festivo de este “mes de la Iglesia”, miremos ahora la hermosa tradición de Nuestra Señora de Los Remedios, desde los inicios de la colonización de estos territorios ancestrales. Tradición que une a la Virgen María con la fe y la vida de los más pobres y sufridos, de los indígenas y los esclavos negros fugitivos de sus amos, los llamados “cimarrones”, refugiados en las montañas y los campos, en lugares apartados o en palenques y kilombos. A la imagen de la Virgen, que indígenas y fugitivos veneraban en la escondida montaña de los indios Calimas, en las cañadas cordilleranas de El Queremal, en la cascada que denominaron “el manto de la Virgen”, le pusieron el nombre cariñoso de “la montañerita cimarrona”, cuyo niño Jesús, cargado con su brazo izquierdo, llevaba la tradicional y silvestre fruta del chontaduro en su manita. Más tarde, trasladada a Cali por el frayle mercedario Miguel de Soto, quedó con el nombre español de “Los Remedios”, porque sus devotos la invocaban en las pestes y Ella les obtenía alivio del Cielo. Así se unieron la devoción inicial de aborígenes, afro descendientes y campesinos con la de los citadinos caleños. E instalada en Cali en el año de 1580, en el templo de Las Mercedes, aquella misteriosa talla de piedra de pedernal, labrada sobre la roca de la cascada, fue declarada Patrona de la sede diocesana de Cali y, posteriormente, de la actual arquidiócesis metropolitana del Valle del Cauca. La Semana Arquidiocesana, del 13 al 20 de junio, efectuada ya por varios años, concluye con el aniversario de la elevación de Cali como sede arzobispal, el 20 de junio de 1964, mediante la Bula “Quamquam Christi” de San Paulo VI, y la dedicación pontificia a Nuestra Señora de Los Remedios. ¿Cómo hacer la celebración en este año 2022? Sigamos el derrotero que nos trace la Vicaria de Evangelización y Pastoral. Incluyamos en ella los signos y gestos que den continuidad a nuestro “sensus ecclesiae” (sentido y sentir de Iglesia), a nuestro “sensus fidei y consensus fidelium” (sentido de fe y consenso de los fieles), de modo que el Amor a Jesús sea inseparable del Amor a María. Que cada párroco con su Asamblea de servidores, con sus fieles, tengan en esta ocasión y una vez más, la disponibilidad y el entusiasmo para testimoniar la devoción y veneración a la advocación patronal de Los Remedios. Que sea ocasión para orar juntos por nuestra Iglesia diocesana. Una procesión o peregrinación, con la imagen o pendón de nuestra Patrona, hacia el templo mariano más cercano, con el Santo Rosario y la Santa Misa por nuestra Arquidiócesis, darían ese toque de familia, de “caminar juntos”, de Pueblo de Dios. “De dos en dos”, como en el envío misionero, o “dónde dos o más se reúnan en mi nombre”, como en la promesa de JESÚS EN MEDIO, nuestras feligresías y sus pastores se unan para hacer el signo de Iglesia Particular. La oración CON MARÍA nos haga fuertes como Ella en la fe, el amor y la esperanza, especialmente en el “socorro y remedio” a los que sufren y padecen enfermedad u opresión. Los bendigo con pastoral afecto. + Dario de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Lun 16 Mayo 2022

Mons. Luis Fernando Rodríguez asume como Arzobispo coadjutor en Cali

En una solemne eucaristía celebrada en la Catedral Metropolitana de San Pedro, este sábado 14 de mayo, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, asumió como Arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Cali. La eucaristía fue presidida por el arzobispo residencial de esta Jurisdicción, monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, quien durante su homilía resaltó las valiosas capacidades de trabajo, entrega y celo pastoral de monseñor Rodríguez, a lo largo de estos casi 8 años de servicio como obispo auxiliar en esta Iglesia particular. “Hemos caminado juntos con todo el pueblo de Dios durante estos casi 8 años de tu vida Episcopal en Cali, hemos recogido el valioso legado de nuestros hermanos antecesores y hoy nos disponemos juntos a consolidar con la gracia de la fidelidad y de la continuidad estos procesos en curso”, afirmó. El prelado aseguró que esta posesión canónica permitirá ahora hacer una lectura y revisar “el conjunto de los pasos dados y los que debemos dar aún para caminar con Jesús”. Insistió que para hacer esta tarea, “es necesario sentir como Iglesia y escuchar el clamor de los pobres y de la tierra”. Así también, agradeció al Papa Francisco su deferencia con esta Iglesia caleña y con él mismo, por haber designado a este obispo como coadjutor y futuro sucesor “tomado desde dentro de la entraña misma de nuestra Misión y construcción de iglesia”. Intervención de monseñor Luis Fernando Rodríguez Por su parte monseñor Luis Fernando Rodríguez, al presentar su saludo ante la comunidad dijo que recibía esta designación con humildad e inmensa gratitud, consciente de las responsabilidades que debe asumir ahora como coadjutor y en un futuro como residencial. “Estoy aquí ante ustedes, para que conmigo alabemos y bendigamos al Rey de la gloria y entendamos la realidad del misterio de fe que estamos viviendo con emoción. Hoy un sucesor de los apóstoles, llamado Luis Fernando, viene a acompañarlos y servirles en el nombre del Señor (…) no me queda sino dar gracias de rodillas al Altísimo y encomendar este camino al Señor, confiado en que Él actuará, me protegerá, más aun, nos protegerá y nos llevará por sus sendas de vida y de santidad”. Recordó que estos siete años de servicio en calidad de auxiliar han sido una verdadera escuela y le han permitido vivir de cerca las distintas realidades de esta Iglesia particular. “Aprovechaba cada instante para prepararme para cuando me llegara el día de ser obispo residencial, sin tener idea dónde sería”. Indicó que salir como obispo auxiliar e iniciar como coadjutor de la Arquidiócesis de Cali, es un nuevo paso para su vida episcopal y agregó “Esta nueva etapa la viviré con intensidad. Deseo caminar con ustedes, para escucharlos, para que soñemos juntos (...) Ensancharé mi corazón y mi mente para conocerlos y amarlos más, de manera que pueda estar mejor preparado para cuando me corresponda asumir la sucesión del muy apreciado Mons. Darío de Jesús Monsalve, a quien agradezco sus deferencias para conmigo”. Antes de concluir, expresó su sentido agradecimiento a Dios por esta designación, su gratitud al Santo Padre Francisco y al Nuncio Apostólico Luis Mariano Montemayor. Su saludo a los arzobispos, obispos, presbíteros y demás miembros del pueblo de Dios, religiosos, religiosas, fieles laicos, pidiendo de ellos sus oraciones por este nuevo encargo pastoral. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar intervención de Mons. Luis Fernando Rodríguez[/icon] Designación como arzobispo coadjutor de Cali Recordemos que el pasado 21 de abril, el Papa Francisco había designado a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, como arzobispo coadjutor de la arquidiócesis de Cali. Con esta designación adquiere el derecho de suceder a monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, actual arzobispo residencial de esta Jurisdicción, cuando la Santa Sede acepte su renuncia. Monseñor Monsalve Mejía cumplirá el15 de marzo de 2023, los 75 años. Según lo estipula el canon 401 del Código de Derecho Canónico, todo obispo, al cumplir esta edad deberá presentar su renuncia protocolaria al Santo Padre.

Vie 22 Abr 2022

El Papa Francisco nombra arzobispo coadjutor de Cali

El Papa Francisco nombró arzobispo coadjutor de la arquidiócesis de Cali a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, hasta ahora obispo auxiliar de esta Iglesia particular.Con esta designación adquiere el derecho de suceder a monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, actual arzobispo residencial de esta Jurisdicción, cuando la Santa Sede acepte su renuncia. Monseñor Monsalve Mejía cumplirá el 15 de marzo de 2023, los 75 años. Según lo estipula el canon 401 del Código de Derecho Canónico, todo obispo, al cumplir esta edad deberá presentar su renuncia protocolaria al Santo Padre. Biografía Mons. LUIS FERNANDO RODRÍGUEZ VELÁSQUEZ Nació en Medellín, el 08 de diciembre de 1959. En la Universidad Pontificia Bolivariana realizó los estudios de filosofía, teología y licenciatura en educación y ciencias religiosas. En la Pontificia Universidad del Laterano, en Roma, obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico y el doctorado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Ordenado presbítero en 1984, para la Arquidiócesis de Medellín, ha sido párroco, vicerrector del Seminario Conciliar de Medellín, vicecanciller de la curia arquidiocesana, presidente de la Sala Tercera del Tribunal Eclesiástico Regional de Medellín, oficial del Pontificio Consejo para la Familia en el Vaticano, rector general de la Universidad Pontificia Bolivariana, durante los años 2004-2013, actualmente es el presidente de la Comisión Episcopal de Educación y Culturas del episcopado. Fue miembro del Centro Bíblico Teológico Pastoral para América Latina - CEBITEPAL- y del equipo jurídico de reforma de los Estatutos. Siendo vicario general de la Arquidiócesis de Medellín, el 5 de julio de 2014, fue nombrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cali, y ordenado el 22 de agosto de 2014. El 22 de abril, el Santo Padre Francisco lo nombró arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Cali. Qué es un obispo coadjutor En el Derecho Canónico, coadjutor es el nombre que recibe un obispo que ha sido designado por la Santa Sede para que apoye la labor pastoral de un obispo residencial que, generalmente, está en proceso de retiro por cumplimiento de la edad canónica, enfermedad o alguna otra causa considerable. Coadjutor significa estar al lado de, en este caso el obispo elegido estará al lado del obispo residencial que está pronto a terminar su oficio pastoral. Por este motivo, al recibir la bula de su designación, el obispo coadjutor toma posesión no de la Sede, sino del oficio eclesiástico, y se convierte en sucesor legítimo del obispo residencial cuando la Santa Sede le acepta la renuncia. Funciones del coadjutor El obispo coadjutor asume la función fundamental de acompañar al obispo residencial, a quién sucederá en la etapa final de su ministerio, realizando con él en comunión de mente, espíritu y corazón la tarea de la transición, para que conozca la jurisdicción que se le confiará, sacerdotes, obras pastorales y demás. En la actividad pastoral diocesana, sigue siendo el obispo residencial el responsable, hasta cuando le sea confirmada su renuncia. Por tanto, el coadjutor tendrá solo las funciones que el residencial le confíe, como designarlo Vicario General y encomendarle ya en la etapa de transición algunas responsabilidades. "modus procedendi" El obispo coadjutor deberá tomar posesión con la bula respectiva enviada y firmada por el Papa ante el Colegio de Consultores de la Jurisdicción, en general se realiza una celebración eucarística de carácter público donde participa todo el pueblo de Dios, el presbiterio, comunidades y representantes de las distintas autoridades. Antes de su posesión deberá como es habitual en la Iglesia, hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad al Papa y a todas las disposiciones eclesiásticas. A partir de entonces, en la liturgia se elevarán plegarias, pidiendo por el obispo residencial y se invocará oraciones por el obispo coadjutor.

Dom 10 Abr 2022

Un mundo en contravía

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía – La historia que la humanidad ha tejido por siglos, después del acontecimiento de Cristo Jesús, no es la de construir con Él y con los cristianos una cultura y civilización explícitas, que desarrollen su proyecto: el de la soberanía del Amor, que une a las personas con un sublime sentido de Dios, y une a las personas entre sí, con un horizonte infinito de “perfección en el Amor”. Si bien muchas vidas humanas ayer y hoy profesamos abiertamente nuestra fe en Jesucristo, no alcanzamos en estos tiempos a marcar una incidencia cierta, real, efectiva, en un concepto unívoco del comportamiento cristiano. Y mucho menos darle rostro cultural, social, ambiental, estructural y universal a una “tendencia de humanidad”, a ese “pensamiento catedral” que plantea el filósofo australiano Roman Karznaric: “superar la mentalidad del aquí y del ahora y de los proyectos egoístas y monopolicos, para concentrar esfuerzos en el proyecto a largo plazo que le dé sostenibilidad y certeza de futuro a las sociedades”. En su obra, “The Good Ancestor” (El Buen Antepasado), el sociólogo y político de Cambridge afirma contundentemente: “La era de la tiranía del aquí y el ahora es la gran responsable de la crisis que está enfrentando el mundo”. Y añade: “el pensamiento catedral, inspirado en las catedrales europeas del medievo, que demoraban siglos en construirse, es la gran salida que el mundo necesita para consolidar su futuro”. Volver al rostro y al ser que reveló Dios en la Encarnación, en la persona y propuesta de Jesús, en su oferta de salvación y restauración, en su plan de libertad ascensional por la vía del espíritu que trasciende y unifica, que nos pone a pensar en grande y en colectivo al mundo, que clava su cruz de No Violencia y de Perdón en toda consciencia que lo invoca: esa es la actividad espiritual, intelectual, comunitaria devocional y litúrgica, a la que nos convoca la SEMANA SANTA 2022. Quizás estemos en las últimas oportunidades antes del caos humano, de la impotencia para reemprender el proyecto de Jesús. Es una luz de salvación en medio del fulgor mortal de las bombas , de la guerra, de sus atrocidades, de su amenaza nuclear. Más que nunca, hoy es imposible quedarse indiferente. O quedarse proyectando al futuro el mismo aquí y ahora en que nos acomodamos. O, como también ocurre, seguir repitiéndose a sí mismo, creyéndose en el ego el intérprete obligado de los demás. Egos que luchan para que nada cambie. Egos que luchan para cambiarlo todo a su pequeña medida. Es un retrato para pensarnos la Pascua 2022. Una rama verde de olivo primaveral, o una hoja y rama de palmera en la “domenica in RAMIS palmarum” ( domingo de ramos), nos permita decir con certeza: ¡Jesucristo está Vivo! !Nosotros queremos VIVIR con Él! + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Vie 1 Abr 2022

Una humanidad crucificada

Por: Dario de Jesús Monsalve Mejía - Celebramos, en este 2022, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, desde la gracia de la fe, del Espíritu y la Iglesia. En el seno de esta humanidad e historia de hoy, signadas por la condena masiva de pueblos enteros a la masacre y al desarraigo, la Cruz y el Calvario de los crucificados se prolongan en un gigantesco “Viernes de Dolor” sobre la faz de la tierra. Los pueblos crucificados son la “continuación histórica del Siervo Sufriente", porque, como dice Jhon Sobrino, “al cargar con el pecado” de quienes convierten la humanidad en una pelea por la hegemonía, “se convierten en víctimas que comunican luz y salvación al mundo”. Sin caer en enfoques que reduzcan el don de la salvación en Cristo, o que justifiquen las cruces y el dolor de los pueblos como medios para lograr el bien de la humanidad, no podemos dejar de ver esta procesión mundial de crucificados a la luz de la vida, la cruz y la resurrección de Jesús. Estos pueblos son inocentes pasivos, víctimas del pecado personal, social e institucionalizado, que se traduce en desprecio y abuso por parte de quienes los someten al absurdo de las armas y del fracaso humano, disfrazado como guerra, subversión, insurgencia, contra insurgencia, empresa o iniciativa económica ilícitas. Son nuestros pueblos azotados por diversos actores armados, desplazados de su territorio o confinados en él, diezmados con asesinatos, reclutamiento y despojo. Son poblaciones como la de Ucrania y Rusia, sometidas por los tejemanejes internacionales a la enemistad, el odio, el sacrificio y la destrucción, con devastadores efectos en los países vecinos y en el bienestar mundial. ¿Podemos conmemorar la Pasión de Cristo, del Dios y Hombre hecho humanidad, solidaridad y salvación para todos, sin acoger este clamor de paz y por el cambio de culturas y de estructuras injustas? La Semana Santa 2022 nos haga comprender y experimentar en la vida personal la gracia de ser amados y perdonados, de ser hechos partícipes de la muerte y resurrección de Cristo, para que vivamos la vida como un continuo en sí misma, victoriosa ya sobre la muerte, sobre el odio y la culpa, abierta al ascenso infinito del espíritu que se absorbe la materia, encaminada hacia la perfección del amor y de la Alianza Eterna con Dios. No basta con “estar al pie de la cruz” ni con mirar desde la comodidad personal a quienes la cargan, en esta procesión de condenados a desgracia y muerte. Es necesario estar en la cruz misma, crucificados por la fuerza desmedida y generosa del amor al prójimo, a todo prójimo, sin excluir de la salvación, como despropósito del “perdón en Cristo”, a quienes tienen sus manos y mentes envenenadas de muerte y de codicia insaciable. ¡Tenemos qué ESTAR EN LA CRUZ! Ahí donde Jesús venció a las huestes del odio, del sinsentido y la inhumanidad. Ahí donde María estaba crucificada con el Hijo de sus entrañas, carne, huesos y sangre de su misma humanidad. Ahí donde el amor no puede serlo sino con el sobrepaso de todo sentimiento de odio, venganza, ira y mentira. Ahí donde impera la no violencia de quien está clavado de pies y manos para no ceder a la tentación de la fuerza. La comunión del Viernes Santo, unida a la Cruz proclamada en la Palabra, orada en la Oración Universal, y adorada con un gesto de amor ante el Santo Crucifijo, nos recoja este año a todos en intercesión por la humanidad entera, por las víctimas todas, incluidas las que la propaganda ideológica y mediática criminaliza y oculta para mantenernos divididos. Oremos unidos por la rendición de todo corazón humano ante el Corazón Sangrante de Jesús y el Inmaculado Corazon de María. Invito a todos a tener en sus manos, ante sus ojos, en sus oídos y corazones, la sentida e inspirada ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, hecha por el Papa Francisco el pasado viernes 25 de marzo, para consagrar a Rusia y Ucrania a la Santísima Virgen. Sea una infaltable oración de toda familia católica, en toda comunidad e institución, difundida por todos los medios posibles, el Viernes y Sábado Santo. La imagen de La Dolorosa, desde la noche del Viernes Santo y durante el gran silencio del día, en el Sábado Santo, nos recoja ante la Cruz y El Crucificado, quien en su santa resurrección nos muestra las manos con sus llagas y el costado abierto por la lanza. “Con Cristo estoy crucificado. Y no vivo yo: es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20). Ante una humanidad crucificada, nadie quede por fuera de nuestra súplica al Dios Misericordioso. El “PERDÓNALES” de Jesús esté en los labios de las víctimas y de todo creyente, que no solo se postra ante La Cruz, sino que crucifica en su corazón todo sentimiento y toda actitud contra sus semejantes. El “perdónanos como también nosotros perdonamos” resuene como oración común allí donde “dos o más se reúnan en mi nombre”. ¡Mi saludo, bendición y abrazo fraterno en esta Pascua! En el nombre, la presencia, la palabra, el poder y el Espíritu de Jesús, Amén. + Dario de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali.

Lun 14 Feb 2022

Volvernos territorios democráticos

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - En este año electoral nos sentimos desbordados por las realidades que se vienen dando en el mundo y en el país. La crisis sanitaria La crisis sanitaria, por el desencadenamiento sistemático de virosis y pandemias cuyas causas reales y colectivas no se desvelan con objetividad ni se afrontan aún, afecta todas las áreas de la vida humana. Los efectos y el control sobre el contagio requirieron un esfuerzo gigantesco y rápido para producir vacunas, que ya van hacia una cuarta dosis. Esfuerzos que aún deben ser correspondidos, sin falta, por toda la población, accediendo a vacunarnos y manteniendo medidas de bioseguridad. Por crisis sanitaria entendemos no sólo la producida por el COVID y sus mutantes. Hay muchos aspectos de nuestra realidad en acceso a la salud y manejo del sistema en Colombia, que pone en evidencia la pérdida del control público y privado del bien de la salud, su cobertura, su calidad y seguridad, la crisis por corrupción en la gestión de EPS, que generan la inviabilidad de “los hospitales de los pobres”, como el San Juan de Dios de Cali. Cuidar la salud humana y cuidar la salud del ecosistema son también esfuerzos que requieren articularse en contenidos y formas. El cambio climático Como un tsunami, el calentamiento global, causado por las actividades humanas que elevan la temperatura de la atmósfera y de los océanos, provocando el efecto invernadero, obliga a toda la humanidad y a los países mayormente responsables a una carrera contrarreloj por el cambio climático. En pocos años tendremos que pasar de los hidrocarburos a limpias y renovables fuentes de energía. Toda nuestra movilidad, nuestro hábitat y modos de producción se someten a calendarios de transformaciones precisas, si queremos recuperar el planeta, sus ecosistemas y su biosfera. El “cuidado de la casa común”, de los recursos naturales y de todo el medio ambiente y los entornos en que habitamos y actuamos, es tarea que obliga a cada persona, desde el niño hasta el anciano, exigiendo educarnos y disciplinarnos en esta materia. Como individuos, como ciudad y país, como Iglesia educadora, tenemos que conocer los pasos a dar en cada campo, desde el uso de energía solar hasta carros eléctricos, desde limpieza colectiva de canales y vías, hasta suspensión y cambio de productos y empaques no biodegradables. Una pastoral de la tierra y del territorio, un compromiso cristiano y comunitario, permanente, con este propósito, exige empeño y voluntariado de feligresías y de sectores socio ambientales, en la jurisdicción geográfica de nuestras parroquias. Armas, armados y violencia creciente Hace más grave aún la situación, y acongoja el alma de todos, la pobreza que se vuelve miseria y la violencia que se convierte en armamentismo y reclutamiento, en rebatiña de cuerpos armados por el control territorial, perdiendo la fuerza de la razón, del derecho y de la palabra. La tragedia que viven nuestras regiones, los indígenas y poblaciones negras, los campesinos y fronteras, las zonas periféricas urbanas, los torrentes migratorios que deambulan por Colombia, es horripilante. Una pastoral que anuncie la No Violencia de la Cruz de Cristo, que proclame y cultive el respeto por toda vida humana y por la vida humana toda, desde el óvulo fecundado hasta las cenizas del cuerpo y la soberanía del espíritu sobre la materia, es prioritaria en esta cultura de fuerza y eliminación genocida de seres humanos. La vida humana como propiedad de Dios y responsabilidad de los progenitores, de las sociedades y de todos los estados del mundo, debe ser la inspiración de toda ley y de todo proceso educativo. ¿Cómo hacerla lucha y causa de cada creyente y de toda comunidad eclesial? En nuestra realidad nacional, este panorama de violencia y de pobreza que se vuelve miseria se hace más dramático aún con las economías ilícitas y el narcotráfico, lo mismo que con la corrupción y abusos del poder público para enriquecerse. Sistema político clasista A ello se le suman el centralismo autoritario y la incertidumbre de vivir atrapados por un sistema político que se cierra, de modo intransigente y represivo, a toda transformación estructural por la inclusión masiva de población en tierra, trabajo y empleo, vivienda digna, ingreso garantizado, oportunidades universales y ciertas, protección a la vida humana, a la célula familiar, a la paz y convivencia civil como tarea de la fuerza pública en vez del fomento a la guerra interna y armamentismo por supuestas amenazas externas. Esto convierte al modelo colombiano en un blindado poder plutocrático, del dinero y lo financiero, de acumulación ilimitada y feroz de bienes y capitales, recurriendo a despojos y muertes, a la “compra venta” del estado por maquinarias burocráticas y contratantes. Como Iglesia católica, no podemos anclarnos en conveniencias políticas o diplomáticas, sin un claro profetismo de evidenciar la realidad y proponer alternativas de inspiración en el Evangelio y en la Soberanía del Amor, entendido como “Amor de la Cruz”, no exento de rechazo y persecución, incluso de martirio. Un país donde el mismo DANE (Departamento Nacional de Estadísticas), señala que más de 22 millones de personas tienen que pasar el día con menos de 10 mil pesos, y en donde las cifras de violencia, corrupción, informalidad y criminalidad son tan espantosas, no pueden “domesticar” el cristianismo como mera religiosidad popular o mero pulular de Iglesias biblicistas, algunas como partidos electorales y adheridas a las fuerzas intransigentes de nuestra sociedad. Año de elecciones y nuevo Gobierno No es un contexto alentador el nuestro, enmarcado en procesos geopolíticos de vecindad continental que presionan a que la vía electoral sea en Colombia una trasparente posibilidad de cambio pacífico y democrático. En este marco proceloso entramos en el año electoral 2022. Y vivimos la realidad urbana, regional y nacional, que aún resuena con los dolorosos enfrentamientos y muertos entre civiles y policías, los ataques a militares y de ellos a cuerpos armados ilegales, los bloqueos y daños graves a bienes sociales y públicos. Duelen, a más no poder las violencias y masacres agudizadas en territorios como Arauca y toda la gran frontera con Venezuela, el Pacífico y Suroccidente, Bajo Cauca y otras regiones. Violencias que denuncian un gigantesco poder armado que muta sus apariencias y actúa con planes de exterminio sistemático y acciones terroristas de miedo y amenaza. En este contexto es más importante el votante que el voto, la voluntad de cooperar en propósitos colectivos de supervivencia, solidaridad y paz, que las afiliaciones y los carnets partidistas. La democracia se vuelve más asamblearia y horizontal que meras filas ante las urnas y espera de resultados, más por nombres y pactos “históricos” entre aspirantes al poder, que pactos sociales y populares entre quienes deben concertar cambios y transformaciones territoriales. Asistimos más al sainete de peleas y ofensas que a la escucha de las poblaciones en los territorios, las propuestas sociales de cambio y los programas de gobierno propuestos. “Veo un gran bosque de candidatos y un enorme desierto de propuestas”, decía al respecto el Arzobispo de Bogotá, monseñor Rueda Aparicio. Cambiar de camino Cuando arrecian crisis como las que viven nuestras comunidades y Consejos Comunitarios del Bajo Calima y Cuencas de los ríos sobre el Pacífico, sólo queda esta certeza de que la masa social popular, ajena a armados, a plataformas ideológicas y a partidos políticos de confrontación, fortalezcan sus vínculos para la supervivencia colectiva. Hay que unir hacia dentro de los territorios y hacia afuera de las autonomías, una verdadera red de salvamento y resistencia comunitaria, fortaleciendo vínculos comunicacionales, solidarios y fraternos con las otras comunidades, tejiendo solidaridades regionales y nacionales. entre las poblaciones urbanas y las periféricas. En otras palabras, llega la hora en que más que electorado tradicional vamos a tener que volvernos un sujeto colectivo en cada territorio y ciudad, un pueblo que rehace sus discursos y actitudes sociales y se reorganiza para no recurrir ni al desplazamiento forzoso, ni a huir del país, ni a caer en la trampa de matarnos unos a otros, dejando empoderar de los territorios a hordas armadas e intereses oportunistas sobre ellos. A este propósito es indispensable la unión de ejes sociales e institucionales, de gobiernos locales, Iglesia o Iglesias, empresarios, Academia y Comunidad Internacional, que conciten al encuentro, a la confianza en la vía del diálogo y la concertación, del acuerdo y el consenso, al reconocimiento del otro, la interlocución y el consenso. Muchas poblaciones indígenas, negras y campesinas tienen bases y experiencia, capacidad instalada, saberes y conocimientos acumulados que los han hecho y harán fuertes ante esta oleada de nuevas violencias y multiplicación estratégica de actores armados para desestabilizarlos y debilitarlos. Requerirán del apoyo humanitario y la mano tendida de gobiernos y sociedades locales y regionales, así como del invaluable acompañamiento y el aporte de recursos que ha venido haciendo la Comunidad Internacional. Que esta “campaña electoral” no sea capitalizada por las violencias que quieren el caos, supuestamente para derribarlo todo y comenzar de nuevo, como predicaron los falsos idearios de la “lucha armada”, ni por las violencias intransigentes y sangrienta a de quienes están dispuestos a todo y al “todo vale”, con tal de que nada les cambie y se mantengan sus intereses, sus modelos, sus abusos. Ni mucho menos por las violencias y bombazos de los capos del narcotráfico, ajenos a toda consideración humana y social, que quieren volver el mundo un gran supermercado de sus alucinógenos y alucinadas idolatrías del dinero. Llamado a una nueva democracia Los llamamos a unirnos en aras de que sobrevivamos todos y sobreviva nuestra nación como patria digna, civilizada y con futuro. Dios no nos habla ahora tanto por medio de discursos. En esta Torre de Babel de estos tiempos, en estos “diluvios universales” nos habla por medio de las realidades. Ellas son los “profetas” y “los signos de los tiempos” que necesitamos escuchar todos. Es a ellas a las que hay que escuchar, para que así estemos dispuestos a escucharnos unos a otros, a recoger todas las propuestas pacíficas, a llegar pronto a los propósitos comunes y a definir los proyectos colectivos y prioritarios en cada territorio y ciudad. Una democracia de realidades asumidas y de unidad en las diversidades, de igualdad en la común dignidad humana y de consensos en el bien común, el desarme social, la paz y el desarrollo armónico, será la que ponga al centro el derecho y el respeto por toda vida y por la vida toda. Es la “democracia horizontal “más que la vertical y centralista. Que se centra en el ejercicio territorial, de calles, veredas e instituciones, más que en conceptos de derechas, centros e izquierdas. Que nos preparemos y estemos listos para acompañar al pueblo colombiano en estos trances históricos y para convocar a todos los armados legales e ilegales, a toda la sociedad y el nuevo Gobierno, a la comunidad internacional y los pueblos vecinos del continente, a un nuevo y completo proceso popular de paz en Colombia. +Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Lun 6 Dic 2021

Luces en la noche

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - En tiempos de incertidumbre, la noche extiende su oscuridad sobre el horizonte de nuestras consciencias. Vemos solo el instante en que vivimos. Y una inseguridad, tejida de temores apocalípticos, diezma el ímpetu emprendedor y la fuerza interior de la esperanza. Caminar a oscuras, sin horizonte y sin brújula, sin guía y sin metas, en las diásporas del “sálvese quien pueda”, es ser arrastrados por la vorágine de la autodestrucción, en la que estamos instalados hoy. Pandemias, guerras, economías ilícitas, cambio climático, torrentes migratorios, manipulación mediática, control político y policial, robo e inseguridad, escasez y carestía: todo un cuadro crítico que presiona la psiquis humana de esta generación. Depresión y fatiga, proyectos de muerte y pánico colectivo están al acecho. No es necesariamente el Apocalipsis del fin del mundo. Podría ser mejor el amanecer de una conciencia global, de casa común, de solidaridad interhumana, de convivencia pacífica y amistad social. Un amanecer que trasponga los meridianos entre las tinieblas y la luz; que suscite el bíblico “canto del gallo”, es decir, la frontera entre noche y día, la hora de recobrar la fidelidad perdida y de llorar la amargura de nuestras cobardías y traiciones: aquellas que disocian la libertad de la verdad, la vida del amor, haciéndonos incapaces del bien que labra un mundo mejor, un mañana que ilusione. En estos escenarios de contrastes, irrumpe la luz de Navidad, con las esperas del antes y del después de Cristo. Es la esperanza de la Encarnación de Dios que recorre las sendas de la vida, desde las entrañas de María hasta la “humanidad sin entrañas” de la Cruz y del Calvario, desde las entrañas de la noche de Navidad, hasta las entrañas mismas de la noche de Pascua y el amanecer definitivo de la vida en la resurrección. “¡El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz! A los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos” (Isaías 9,2). Centrar la vida y la historia en una persona, en la persona de Cristo Viviente, es la gracia de la encarnación de Dios, que adoramos en la noche y el día de Navidad, al recitar el Credo y doblar la rodilla en el “et incarnatus est” y el “et homo factus est” (se encarnó, se hizo hombre). Apresurar la llegada del Reino de Dios que Él consolidó sobre el trono de su cruz, sobre la humanidad que acepta crucificar manos y pies, actitudes y palabras, para poner el cimiento más radical, el de la no violencia del amor, es el secreto íntimo de la “cultura de la vida” en todo tiempo y circunstancia. Hay luces en la noche. No estamos solos en el devenir de la historia. Un devenir que Dios Encarnado, Jesús de Belén, de Nazareth y de Jerusalén, puso en positivo. No caminamos hacia el fin apocalíptico del mundo, sino hacia la segunda venida de Cristo como Señor que somete a los “enemigos del hombre” y a la muerte misma, al poder pacificador de su resurrección. ¿Cómo encender estas “luces en la noche” de la actual travesía humana? Desde el gesto personal de llamar e invocar a Jesús con el “Marana Tha” (“Ven, Señor Jesús”), convertido en plegaria de Adviento y gozo de la Novena de Navidad; hasta la adoración del misterio encarnado en la Noche Buena y fiesta del Nacimiento, el símbolo de la luz en las noches, de las velas encendidas y las alegrías compartidas en viandas, músicas, pesebres y regalos que se intercambian, sin la pólvora aguafiestas ni las estridencias paganas, ayudan a “socializar” la esperanza y a reintegrar familias y vecindades, generaciones y marginalidades. Y más allá de estas tradiciones, busquemos con ellas y entre todos ese caminar juntos, la disposición de ser sínodo, peregrinos y caminantes que hacemos parte de quienes procuran soluciones y no de quienes agravan los problemas y tienden a la destrucción apocalíptica de los desesperados. La coyuntura de desafíos globales y de época preelectoral y apremio de protesta social y de paro nacional en Colombia, exigen luz y lucidez de todos, hombres y mujeres, para avanzar unidos por la vida, la reconciliación, las garantías de derechos y de democracia, la convivencia entre diversos y los acuerdos de paz entre adversarios. Sin violencia alguna, con presencia colectiva de pueblo sin más armas que la dignidad, la voluntad y la palabra, sin más estrategia que la de la “unidad superior al conflicto”, con unidad espiritual y firmeza moral, podremos vencer toda tentación de destrucción y muerte, toda imposición de injusticia y engaño. Me uno en oración a todas nuestras comunidades y a todos los hogares. Y los bendigo como pastor y obispo de esta Iglesia que peregrina en Cali. ¡Navidad y Año Nuevo 2022 llenos de luz y esperanza! + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali