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seminarios

Lun 23 Ene 2017

El adecuado uso de las redes sociales, reto para la formación en el seminario

A propósito del encuentro virtual organizado en estos días por la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y que llevó por nombre «Evangelización en Twitter para una Cultura del Encuentro», vemos de interés recordar algunos apartes de la entrevista que el arzobispo Jorge Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero, diera sobre este tema en la formación de los seminaristas. El arzobispo Patrón en noviembre de 2014 concedió una entrevista al Centro Televisivo Vaticano y habló sobre ciertos criterios que se deben tener en los seminarios para el uso del Internet y Redes Sociales, afirma que en la actualidad los futuros sacerdotes deben hablar este mismo idioma y estar a la altura de los tiempos. El prelado señala que si bien es importante saber cómo usar las redes, también es trascendental saber cómo estar en ellas testimoniando el Evangelio, recordando que él dedica alrededor de 45 minutos al día para comunicarse a través de las redes sociales. Conmemora que el aprovechamiento del internet y las redes sociales en la formación de los seminaristas hacia el tercer milenio es una realidad, ya no solamente una hipótesis. “Hoy los jóvenes que llegan a nuestros seminarios han nacido en este mundo digital y somos nosotros, los formadores, los que tenemos que aprender a comunicarnos a través de estas redes. Y ésta es una gran ventaja”, comenta el arzobispo de nacionalidad mexicana. Monseñor Patrón advierte que hay un gran reto para los obispos, sacerdotes y formadores en el seminario, quienes deben aprender a utilizar y vivir en este nuevo ambiente digital, aprovechando de la destreza que hay en las nuevas generaciones para que los contenidos del Evangelio lleguen de una forma atractiva y ágil a todos las personas. El arzobispo Jorge Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero, estará en Colombia participando en la de la 102 Asamblea Plenaria del Episcopado que se realizará en Bogotá del 6 al 10 de febrero. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Lea la entrevista completa[/icon]

Vie 9 Oct 2015

Justos pagan por pecadores.

P. Juan Álvaro Zapata Torres Justos pagan por pecadores ha sido una realidad a lo largo de la historia de la humanidad, en particular en la vida de la Iglesia. El primero de ellos fue el mismo Jesús, quien libre de culpa, justo e inocente, asumió sobre sí el pecado del mundo y murió en la cruz para dar la salvación a todos. Hoy esta historia se repite de muchas otras formas a través de los misioneros asesinados por la fe, los cristianos perseguidos, los cientos de miles de obispos, sacerdotes y religiosos que viven fiel y radicalmente su consagración, pero que a causa de unos cuantos incoherentes y faltos de honestidad, son medidos con el mismo rasero. Es justo que los pecadores o culpables por cualquier delito, falta o aberración que hayan cometido (laicos, sacerdotes o consagrados), paguen por sus acciones y paguen con todo el rigor de la ley y la justicia, pero no está bien que se haga pagar a los inocentes por las acciones de los que libre, voluntaria y conscientemente se apartaron de la verdad, de la moral y del evangelio. En el caso concreto de los pocos sacerdotes que viven una dicotomía en sus vidas es mejor apartarse del ministerio. Quien ama en verdad a Dios y a su Iglesia no la lastima, no la corona con las espinas de la humillación, del escarnio público o del rechazo de muchos. Tampoco le da latigazos con sus incoherencias y mentiras, no le da escupitajos por medio de sus injustos reclamos, exigencias o mal ejercicio de su ministerio. Ni mucho menos pone en ridículo a los miles que se esmeran por vivir en rectitud su entrega. El pueblo de Dios merece pastores que los acerquen a su Señor, que revelen con su vida al Salvador y no lo contrario. No en vano nos dice la Palabra: "Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar" (Mt 18,6). En los seminarios no ha de importar primero el número y luego la calidad. La delicada responsabilidad que tienen los formadores en los seminarios es de alta proyección, no solo beneficiarán a una persona sino que impactarán a toda la Iglesia y la sociedad, de ahí que los procesos de discernimiento han de ser obligatorios, estructurados, claros, intensos, integrales y procesuales, para que se compruebe que quienes son admitidos a la formación sacerdotal cuenten con todos los elementos necesarios, para dar una respuesta idónea conforme a la misión que se les va a confiar. Asimismo, si existen dudas de frente a una persona es mejor no admitirla o retirarla del seminario antes que pensar que con el tiempo esas dudas desaparecerán por arte de magia. Los formadores han de ser verdaderos maestros, su misión no es simplemente transmitir unos conocimientos o nociones de fe, es ante todo la de dar testimonio de lo que debe ser un sacerdote, revelar con palabras y obras la radicalidad del evangelio que ha impregnado sus propias vidas. Es ser cernidores, solo dejar pasar a aquellos que muestran la idoneidad para el ministerio. Es ser hermanos mayores, que saben educar, corregir y orientar hacia la meta de ser alter Christus. Por lo tanto, la compasión no puede llevarnos a dejar pasar a todos y la lastima no es un argumento formativo, ni mucho menos cristiano. Por ello, es importante que en los equipos de formadores exista unidad de criterios y apoyo mutuo a la hora de tomar decisiones de frente a un candidato, para que antes de pensar en favoritismos o amistad, se piense en el bien de la Iglesia y en la exigencia que pide Dios a quienes llama para el ministerio sacerdotal. Quien hoy es seminarista ha de pensar si su vocación es propia o es del Señor, si está dispuesto a vivir la coherencia y entrega que este ministerio exige, y si en verdad ama a la Iglesia con todo su corazón, para darse plenamente a favor de ella y del evangelio. Asimismo, si cuenta con las herramientas humanas, cristianas y vocacionales suficientes para corresponder a tan alta y santa misión. Si algo faltara es mejor hacer un pare temporal o definitivo, para no ir contracorriente y hacer que mañana por un capricho o por falta de honestidad personal, termine cooperando para que nuevamente justos paguen por pecadores. P. Juan Álvaro Zapata Torres Secretario adjunto Conferencia Episcopal de Colombia