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Lun 5 Dic 2022

Se estrena en Colombia la comedia navideña “Tengamos la fiesta en paz”

Este primero de diciembre fue el estrene en las salas de cine colombianas de la película del cineasta católico Juan Manuel Cotelo, una comedia navideña titulada “Tengamos la fiesta en paz”. Se trata de la historia de un hogar en el que los tres hijos deciden castigar a sus padres, porque ambos han dañado la relación familiar al dedicarle más tiempo a sus trabajos. “Queridos Reyes Magos y querido Papá Noel: este año nos hemos portado muy mal, pero nuestros padres se han portado peor. Y por su propio bien, hemos tenido que castigarles”, escriben los tres niños en una carta. En el sitio web de la película, producida por Infinito +1, se recuerda que “el cine influye poderosamente en la construcción de valores individuales, familiares y sociales”. En ese sentido, “nosotros, conscientes de esa preciosa responsabilidad, deseamos contribuir de modo alegre en la defensa y promoción de la unidad familiar, para ofrecer esperanza a todas las familias. Amarse es posible... no es una utopía de épocas pasadas... es un reto en equipo, que merece la pena conquistar”. “Por eso, ‘Tengamos la fiesta en paz’ es una película divertida y optimista. Porque el buen humor ayuda a afrontar cualquier conflicto”, afirman sus realizadores. Asimismo, es musical “porque la música amansa a las fieras”, navideña porque “es la mayor fiesta familiar del año”. “Metamos a la Sagrada Familia en este lío”, concluyen. Salas de cine disponibles La comedia navideña “Tengamos la fiesta en paz” puede verse en Bogotá, Medellín, Cali, Chía, Soledad, Bucaramanga, Barrancabermeja, Manizales, Cartagena y Villavicencio, en las salas de Cinemas Procinal, Cinecolombia, Procinal y Cinépolis. Fuente: ACIPRENSA

Vie 14 Ene 2022

FRANCISCO: La paternidad en tiempos de COVID y el testimonio de San José

Entrevista del Papa Francisco con los medios vaticanos sobre la paternidad en tiempos del Covid y el testimonio de San José, ejemplo de fuerza y ternura para los padres de hoy. El Año especial sobre San José se concluyó el pasado 8 de diciembre, pero la atención y el amor del Papa Francisco por este Santo no se han concluido, es más, se desarrollan aún más con las catequesis que, desde el pasado 17 de noviembre, se están centrando en la figura del Patrón de la Iglesia universal. L’Osservatore Romano, el periódico del Papa, ha publicado una columna mensual a lo largo de todo el 2021. También la ha recogido el portal de Vatican News. Han dedicado cada número a un capítulo de la Carta Apostólica sobre San José. Esa columna que ha hablado de padres, pero también de hijos y de madres en diálogo ideal con el Esposo de María, ha suscitado el deseo de poder confrontar al Papa precisamente sobre el tema de la paternidad en sus diversas facetas, desafíos y complejidades. El resultado es esta entrevista, en la que Francisco responde a nuestras preguntas mostrando todo su amor por la familia, su proximidad a quien experimenta el sufrimiento y el abrazo de la Iglesia a los padres y a las madres que hoy deben afrontar miles de dificultades para dar un futuro a sus hijos. Pregunta: Santo Padre, usted ha establecido un Año especial dedicado a San José, ha escrito una carta, la Patris Corde, y está llevando a cabo un ciclo de catequesis dedicadas a su figura. ¿Qué representa San José para usted? Respuesta: Nunca he escondido la sintonía que siento hacia la figura de San José. Creo que esto viene de mi infancia, de mi formación. Desde siempre he cultivado una devoción especial por San José porque creo que su figura representa, de manera hermosa y especial, lo que debería ser la fe cristiana para cada uno de nosotros. José, de hecho, es un hombre normal y su santidad consiste precisamente en haberse convertido en santo a través de las circunstancias buenas y malas que ha debido vivir y afrontar. No podemos tampoco esconder que a San José lo encontramos en el Evangelio, sobre todo en los relatos de Mateo y de Lucas, como un protagonista importante de los inicios de la historia de la salvación. En efecto, los acontecimientos que rodearon el nacimiento de Jesús fueron acontecimientos difíciles, llenos de obstáculos, de problemas, de persecuciones, de oscuridad y Dios, para ir al encuentro de Su Hijo que nacía e el mundo le coloca al lado a María y a José. Si María es aquella que dio al mundo el Verbo hecho carne, José es aquel que lo defendió, que lo protegió, que lo alimentó, que lo hizo crecer. En él podremos decir que está el hombre de los tiempos difíciles, el hombre concreto, el hombre que sabe asumir la responsabilidad. En este sentido, en San José se unen dos características. Por una parte, su fuerte espiritualidad se traduce en el Evangelio a través de los relatos de los sueños; estos relatos atestiguan la capacidad de José para escuchar a Dios que habla a su corazón. Sólo una persona que reza, que tiene una intensa vida espiritual, puede tener también la capacidad de distinguir la voz de Dios en medio de las muchas voces que nos habitan. Junto a esta característica después hay otra: José es el hombre concreto, es decir, el hombre que afronta los problemas con extrema practicidad, y frente a las dificultades y a los obstáculos, no asume nunca la posición del victimismo. En cambio, se sitúa siempre en la perspectiva de reaccionar, de corresponder, de fiarse de Dios y de encontrar una solución de manera creativa. Pregunta: ¿Esta atención renovada a San José en este momento de prueba tan grande asume un significado particular? Respuesta: El tiempo que estamos viviendo es un tiempo difícil marcado por la pandemia del coronavirus. Muchas personas sufren, muchas familias están en dificultades, muchas personas se ven asediadas por la angustia de la muerte, de un futuro incierto. He pensado que precisamente en un tiempo tan difícil necesitamos a alguien que pueda animarnos, ayudarnos, inspirarnos, para entender cuál es el modo juntos para saber afrontar estos momentos de oscuridad. José es un testimonio luminoso en tiempos oscuros. He aquí por qué era justo darle espacio en este tiempo para poder volver a encontrar el camino. Pregunta: Su ministerio petrino inició precisamente el 19 de marzo, día de la fiesta de San José… Respuesta: He considerado siempre una delicadeza del cielo poder iniciar mi ministerio petrino el 19 de marzo. Creo que, de algún modo, San José me ha querido decir que continuaría ayudándome, estando junto a mí y yo podría continuar pensando en él como un amigo al que dirigirme, al que confiarme, al que pedir que interceda y rece por mí. Pero ciertamente esta relación, que se da por la comunión de los santos, no sólo me está reservada a mí, creo que puede ser de ayuda para muchos. Por eso espero que el año dedicado a San José haya llevado a muchos cristianos a redescubrir el profundo valor de la comunión de los santos, que no es una comunión abstracta, sino una comunión concreta que se expresa en una relación concreta y tiene consecuencias concretas. Pregunta: En la columna sobre la Patris Corde, organizada por L´Osservatore Romano durante el Año especial dedicado a San José, hemos enlazado la vida del Santo con la de los padres, pero también con la de los hijos de hoy. ¿Qué pueden recibir del diálogo con San José los hijos de hoy, es decir, los padres del mañana? Respuesta: No se nace padres, pero ciertamente todos nacemos hijos. Esta es la primera cosa que debemos considerar, es decir, cada uno de nosotros más allá de lo que la vida le ha reservado, es sobre todo un hijo, ha estado confiado a alguien, proviene de una relación importante que lo ha hecho crecer y que lo ha condicionado en el bien o en el mal. Tener esta relación y reconocer su importancia en la propia vida significa comprender que un día, cuando tengamos la responsabilidad de la vida de alguien, es decir, cuando debamos ejercer una paternidad, llevaremos con nosotros sobre todo la experiencia que hemos hecho personalmente. Y es importante entonces poder reflexionar sobre esta experiencia personal para no repetir los mismos errores y para atesorar las cosas hermosas que hemos vivido. Estoy convencido de que la relación de paternidad que José tenía con Jesús ha influenciado tanto su vida hasta el punto de que la futura predicación de Jesús está plena de imágenes y referencias tomadas precisamente del imaginario paterno. Jesús, por ejemplo, dice que Dios es Padre, y no puede dejarnos indiferentes esta afirmación, especialmente si pensamos en la que ha sido su personal experiencia humana de paternidad. Esto significa que José lo ha hecho tan bien como padre que Jesús encuentra en el amor y la paternidad de este hombre la referencia más hermosa para dar a Dios. Podríamos decir que los hijos de hoy que se convertirán en los padres de mañana deberían preguntarse qué padres han tenido y qué padres quieren ser. No deben dejar que su papel paternal sea el resultado de la casualidad o simplemente la consecuencia de una experiencia pasada, sino que deben decidir conscientemente de qué modo amar a alguien, de qué modo responsabilizarse de alguien. Pregunta: En el último capítulo de Patris Corde se habla de José como padre en la sombra. Un padre que sabe estar presente pero dejando al hijo libre para crecer. ¿Es posible esto en una sociedad que parece premiar solo a quién ocupa espacios y visibilidad? Respuesta: Una de las características más hermosas del amor, y no solo de la paternidad, es, de hecho, la libertad. El amor genera siempre libertad, el amor nunca debe convertirse en una prisión, en posesión. José nos muestra la capacidad de cuidar de Jesús sin adueñarse nunca de él, sin querer manipularlo, sin querer distraerlo de su misión. Creo que esto es muy importante como prueba de nuestra capacidad de amar y también de nuestra capacidad de saber dar un paso atrás. Un buen padre lo es cuando sabe retirarse en el momento oportuno para que su hijo pueda emerger con su belleza, con su singularidad, con sus elecciones, con su vocación. En este sentido, en toda buena relación es necesario renunciar al deseo de imponer una imagen desde arriba, una expectativa, una visibilidad, una forma de llenar completa y constantemente la escena con excesivo protagonismo. La característica de José de saber hacerse a un lado, su humildad, que es también la capacidad de pasar a un segundo plano, es quizá el aspecto más decisivo del amor que José muestra por Jesús. En este sentido es un personaje importante, me atrevería a decir que esencial en la biografía de Jesús, precisamente porque en un momento determinado sabe retirarse de la escena para que Jesús pueda brillar en toda su vocación, en toda su misión. A imagen y semejanza de José, debemos preguntarnos si somos capaces de saber dar un paso atrás, de permitir que los demás, y sobre todo los que nos han sido confiados, encuentren en nosotros un punto de referencia pero nunca un obstáculo. Pregunta: En varias ocasiones usted ha denunciado que la paternidad hoy está en crisis. ¿Qué se puede hacer, qué puede hacer la Iglesia, para devolver la fuerza a las relaciones padre-hijo, fundamentales para la sociedad? Respuesta: Cuando pensamos en la Iglesia pensamos en ella siempre como Madre y esto no es algo equivocado. También yo en estos años he tratado de insistir mucho en esta perspectiva porque el modo de ejercer la maternidad de la Iglesia es la misericordia, es decir, es ese amor que genera y regenera la vida. ¿El perdón, la reconciliación no son tal vez un modo a través del que nos volvemos a poner en pie? ¿No es un modo a través del que recibimos nuevamente la vida porque recibimos otra posibilidad? ¡No puede existir una Iglesia de Jesucristo si no es a través de la misericordia! Pero creo que deberemos tener el valor de decir que la Iglesia no debería ser solo materna sino también paterna. Es decir, está llamada a ejercer un ministerio paterno no paternalístico. Y cuando digo que la Iglesia debe recuperar este aspecto paterno me refiero precisamente a la capacidad paterna de colocar a los hijos en condiciones de asumir las propias responsabilidades, de ejercer la propia libertad, de hacer elecciones. Si por un lado la misericordia nos sana, nos cura, nos consuela, nos anima, por el otro lado el amor de Dios no se limita simplemente a perdonar, a sanar, sino que el amor de Dios nos empuja a tomar decisiones, a despegar. Pregunta: A veces, el miedo, más aún en este tiempo de pandemia, parece paralizar este impulso… Respuesta: Sí, este periodo histórico es un periodo marcado por la incapacidad de tomar decisiones grandes en la propia vida. Nuestros jóvenes muy a menudo tienen miedo de decidir, de elegir, de ponerse en juego. Una Iglesia es tal no solo cuando dice sí o no, sino sobre todo cuando anima y hace posible las grandes elecciones. Y cada elección siempre tiene consecuencias y riesgos, pero a veces por el miedo a las consecuencias y a los riesgos permanecemos paralizados y no somos capaces de hacer nada ni de elegir nada. Un verdadero padre no te dice que irá siempre todo bien, sino que incluso si te encontrarás en la situación en la que las cosas no irán bien podrás afrontar y vivir con dignidad también esos momentos, también esos fracasos. Una persona madura se reconoce no en las victorias sino en el modo en el que sabe vivir un fracaso. Es precisamente en la experiencia de la caída y de la debilidad como se reconoce el carácter de una persona. Pregunta: Para usted es muy importante la paternidad espiritual. ¿Los sacerdotes cómo pueden ser padres? Respuesta: Decíamos antes que la paternidad no es algo que se da por descontado, no se nace padres, como mucho uno se convierte en ello. Igualmente, un sacerdote no nace ya padre sino que debe aprenderlo un poco cada vez, a partir sobre todo del hecho de reconocerse hijo de Dios pero también hijo de la Iglesia. Y la Iglesia no es un concepto abstracto, es siempre el rostro de alguien, una situación concreta, algo a lo que podemos dar un nombre bien preciso. Nuestra fe cristiana no es algo que siempre hemos recibido a través de una relación con alguien. La fe cristiana no es algo que se pueda aprender en los libros o en un simple razonamiento, sino que es siempre un pasaje existencial que pasa por las relaciones. Así, nuestra experiencia de fe surge siempre del testimonio de alguien. Por tanto, debemos preguntarnos cómo vivimos nuestra gratitud hacia estas personas y, sobre todo, si conservamos la capacidad crítica de saber distinguir lo que no es bueno que ha pasado a través de ellas. La vida espiritual no es diversa de la vida humana. Se un buen padre, humanamente hablando, es tal porque ayuda al hijo a convertirse en sí mismo, haciendo posible su libertad y empujándole a las grandes decisiones, de igual modo un buen padre espiritual lo es cuando no cuando sustituye la conciencia de las personas que se confían a él, no cuando responde a las preguntas que estas personas se llevan en el corazón, no cuando domina la vida de los que le han sido confiados, sino cuando de manera discreta y al mismo tiempo firme es capaz de indicar el camino, de ofrecer claves de lecturas diversas, ayudar en el discernimiento. Pregunta: ¿Qué es más urgente hoy para dar fuerza a esta dimensión espiritual de la paternidad? Respuesta: La paternidad espiritual es muy a menudo un don que nace sobre todo de la experiencia. Un padre espiritual puede compartir no tanto sus conocimientos teóricos, sino sobre todo su experiencia personal. Sólo así puede serle útil a un hijo. Hay una gran urgencia, en este momento histórico, de relaciones significativas que podríamos definir como paternidad espiritual, pero -permítanme decir- también maternidad espiritual, porque este papel de acompañamiento no es una prerrogativa masculina o sólo de los sacerdotes. Hay muchas religiosas buenas, muchas consagradas, pero también muchos laicos que tienen una gran experiencia que pueden compartir con otras personas. En este sentido, la relación espiritual es una de esas relaciones que necesitamos redescubrir con más fuerza en este momento histórico, sin confundirla nunca con otras vías de naturaleza psicológica o terapéutica. Pregunta: Entre las dramáticas consecuencias del Covid está también la pérdida del trabajo de muchos padres. ¿Qué le gustaría decir a estos padres en dificultades? Respuesta: Siento muy cercano el drama de esas familias, de esos padres y de esas madres que están viviendo una particular dificultad, agravada sobre todo a causa de la pandemia. No creo que sea un sufrimiento fácil de afrontar el de no conseguir dar el pan a los propios hijos y de sentirse encima la responsabilidad de la vida de los demás. En este sentido, mi oración, mi cercanía, y también todo el apoyo de la Iglesia es para estas personas, para estos últimos. Pero pienso también en tantos padres, en tantas madres, en tantas familias que escapan de las guerras, que son rechazadas en los confines de Europa y no solo y que viven situaciones de dolor, de injusticia, y que nadie toma en serio o ignora deliberadamente. Quisiera decir a estos padres, a estas madres, que para mí son héroes porque encuentro en ellos el coraje de quien arriesga su propia vida por amor a sus hijos, por amor a su familia. También María y José han experimentado este exilio, esta prueba, debiendo escapar a un país extranjero a causa de la violencia y del poder de Herodes. Este sufrimiento suyo les hace cercanos precisamente a estos hermanos que hoy sufren las mismas pruebas. Que estos padres se dirijan con confianza a San José sabiendo que como padre él mismo ha experimentado la misma experiencia, la misma injusticia. y a todos ellos y a sus familias quisiera decir que no se sientan solos. El Papa se acuerda de ellos siempre y en la medida de lo posible continuará dándoles voz y no los olvidará. Fuente: Agencia católica ZENIT

Mié 12 Ene 2022

VIDEO: “Espiritualidad matrimonial y familiar”

Es el título de la reflexión que el Papa Francisco presenta a través del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano, responsable de animar el año Familia Amoris laetitia. Según lo explica este Dicasterio, este video se refiere al capítulo noveno de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia: “Espiritualidad matrimonial y familiar”. En su reflexión el Pontífice recuerda que «En la familia no están solo el marido y la mujer, los hijos, porque en el matrimonio habita Jesús. El Señor vive en la familia real y concreta, se expresa en los gestos de amor. Gestos concretos entre esposo y esposa, entre padres e hijos. Las caricias en una familia son muy importantes». Así, el Papa invita a reconocer la presencia de Jesús en la cotidianidad de cada familia. Acompaña a las palabras del Santo Padre el testimonio de la familia española Aymerich, misioneros que actualmente hacen su apostolado en Costa Rica. Testimonian la fidelidad a un tiempo de oración familiar en su jornada: «Precisamente porque en el curso de nuestra historia hemos constatado innumerables veces nuestra poquedad y nuestra irrelevancia, somos conscientes de que gracias a estos momentos de oración Dios hace fecunda la Misión». [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar subsidio cartilla 10[/icon] Videos sobre la familia Cada mes se está publicando un vídeo con las reflexiones del Papa sobre la exhortación apostólica Amoris laetitia y testimonios de familias de todo el mundo. Este material, ha dicho el Dicasterio, es una invitación a “caminar juntos para redescubrir la familia como un don, a pesar de todos los problemas, obstáculos y desafíos que hoy debe afrontar”. Objetivos del Año Familia Amoris laetitia Entre los objetivos propuestos por el Dicasterio para Laicos, Familia y Vida se contempla la difusión del contenido de la exhortación apostólica Amoris laetitia, para hacer experimentar que el evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera. Asimismo, el anuncio de que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano, con la finalidad de hacer a las familias protagonistas de la pastoral familiar. También buscarán concienciar a los jóvenes sobre la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, así como ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar. O

Mar 11 Ene 2022

Temas complejos en un año nuevo

Se atrevió el papa Francisco a mencionar ese desorden de afectos que se ha instalado en muchas personas, dando preferencia a los animales por encima de las personas; en ocasiones, como presunto reemplazo de los hijos. Y, ¿quién dijo miedo? Es un tema tabú como tantos otros en una sociedad que alardea de ser de mente abierta y, sin embargo, en realidad, es sorda a cualquier voz contraria. Hace bien el santo padre en llamar la atención sobre un tema que va mucho más allá y que tiene que ver con un descenso de la natalidad hasta alcanzar unos números negativos que, más temprano que tarde, van a ser un problema grande para toda la humanidad. Y esto lo sostienen muchos hoy desde otras tribunas, especialmente, en las llamadas naciones desarrolladas, pero que ya asoma con fuerza en países en pleno desarrollo como Colombia. No tener ningún hijo no es solución de ningún problema y sí una muestra, en algunos casos, de un egoísmo enorme. En esta negativa a abrir campo a la vida no es menor el reto que plantea la difusión y práctica de la eutanasia como una solución más a las dificultades de la vida. Todo apunta a que se le presente como una opción más, sin muchas preguntas éticas, cuando la existencia se hace difícil por una u otra circunstancia. En el fondo de esta mentalidad está la afirmación de que el sufrimiento hace indigna la vida y que las personas nunca deben sufrir. Es muy posible que esta forma de pensar termine por desarrollar todo un sistema que facilite al conjunto de la sociedad herramientas para terminar la vida a voluntad y no sería extraño que lleve también a dar autoridad a unos para decidir el fin de la vida de otros. Bajo el aparente velo de la compasión puede esconderse también una especie de selección a favor de los más fuertes para que solo ellos sigan viviendo. Puede ser posible que en algún momento la persona sea informada de que la decisión de seguir viviendo ya no está en sus manos, sino en manos del Estado, del “sistema”, de los centros de salud, etc. Horas oscuras se ciernen sobre los débiles. Por otra parte, la omnipresente pandemia sigue planteando duros retos para toda la humanidad. Parece que un mal anticipado triunfalismo no ha hecho sino darle más alas a la propagación del COVID 19 en todas sus variables. Y no ayudan de ninguna manera las personas y movimientos opuestos a las vacunas y a la vacunación. Tanto el papa Francisco como la comisión vaticana creada para hacer seguimiento al tema, han reiterado que la Iglesia está a favor de la aplicación de las vacunas que, sin garantizar un 100% de protección, de hecho, han demostrado ser una herramienta muy eficaz para afrontar la pandemia. A favor de esta posición están sin duda las estadísticas y el trabajo serio y dedicado de los científicos y el personal médico a lo largo y ancho del mundo. Mantenerse en una posición de negación, tanto de la presencia del virus como de las soluciones alcanzadas, es inaceptable pues pone en riesgo millones de vida en forma innecesaria. Es imperativo seguir invitado a los negacionistas a entrar en razón. Finalmente, a la Iglesia le queda por delante todo un replanteamiento de su actuar pastoral, a partir de las consultas que actualmente se adelantan a través del Sínodo convocado por el santo padre. Y también por la pandemia que se ha vuelto un obstáculo, a veces insalvable, para que se congreguen los fieles en innumerables actividades pastorales pues la Iglesia es por esencia congregación. Además, la Iglesia está abocada a responder con fidelidad a la Palabra de Dios, a los primeros temas enunciados para orientar a sus hijos con sabiduría y buen tino. También, en diferentes lugares y ambientes, la Iglesia enfrenta no solo persecución en firme, sino una cultura de cancelación que la quiere invisibilizar. En fin, a la Iglesia el nuevo año le presenta retos enormes en los cuales está curtida por siglos de experiencia, pero esto no implica ni que las cosas sean fáciles ni las soluciones inmediatas. Hay que orar mucho, reflexionar, estudiar, dialogar con el mundo y proponer respuestas que apunten siempre al objetivo de su misión: llevar la salvación de Dios a todas las personas. Muchos otros temas están a la vista para el mundo, para la Iglesia, para cada cristiano, en el año que comienza. Que nadie renuncie a realizar la misión recibida, siempre en fidelidad al plan de Dios. Editorial El Catolicismo

Mié 1 Sep 2021

Amor fecundo: Sexto video dedicado al año de la familia

Avanzan las reflexiones propuestas por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en el Vaticano, responsable de animar el año Familia 'Amoris laetitia'. En esta ocasión ofrece el sexto video titulado “Amor fecundo: la dimensión gratuita del amor”, allí, el Papa Francisco indica que el amor conyugal no se agota al interior de la pareja, sino que genera una familia. “La familia se genera y se acoge a la vida ¡Cada hijo que llega es un don de Dios! en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia (…) El amor de los padres es instrumento del amor de Dios, que espera junto a ellos el nacimiento de cada niño, lo acepta y lo acoge así como es”. El obispo de Roma, se refiere igualmente al tema de la adopción recordando que esta, es una opción cristiana que una pareja puede tomar y agrega, que, “adoptar es dar una familia a quien no la tiene y es el acto de amor por el que un hombre y una mujer se convierten en mediadores del amor de Dios”. El video viene acompañado del testimonio de un matrimonio, Enrico y Francesca, originarios de Venecia, actualmente están de misión en Bridgeport (Estados Unidos), llevan 28 años de casados. Por años lucharon para tener hijos y luego de cinco abortos espontáneos, tomaron la decisión de adoptar a Emmanel. Unos meses después de haber adoptado a su pequeño hijo, ella queda embarazada, llegando así luego ella a tener seis hijos más, para la gracia y la bendición de esta pareja. Luego de este milagro como ellos le llamaron ofrecieron su familia a la misión. “La acogida de este hijo sana, nos cura y nos sentimos amados y perdonados por Dios, lo que sigue es gracia, unos meses después de la adopción quedo embarazada y nacieron Giosué, Miriam, Benedetta, Israel, Simón Pietro y Natanaele”, cuenta Francesca. Por su parte, Enrico cuenta que ellos ahora viven como una familia normal, “dando testimonio del amor de Dios a las personas que encontramos en nuestro camino, anunciando con nuestras vidas que Cristo ha resucitado y ha vencido la muerte”. Sexto subsidio: Amor fecundo Cada video está siendo acompañado de un subsidio, que puede ser utilizado de manera flexible tanto por las familias como por las distintas realidades eclesiales (jurisdicciones, parroquias, comunidades). Este material, además, está organizado en 4 partes, cada una de las cuales puede ser utilizada para profundizar en la familia o la comunidad, incluso en momentos diferentes. DESCARGAR SEXTO SUBSIDIO [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon] Videos sobre la familia: Cada mes se está publicando un vídeo con las reflexiones del Papa sobre la exhortación apostólica 'Amoris laetitia' y testimonios de familias de todo el mundo. Este material, ha dicho el Dicasterio, es una invitación a “caminar juntos para redescubrir la familia como un don, a pesar de todos los problemas, obstáculos y desafíos que hoy debe afrontar”. Objetivos del año Familia 'Amoris laetitia' Entre los objetivos propuestos por el Dicasterio para Laicos, Familia y Vida se contempla la difusión del contenido de la exhortación apostólica 'Amoris laetitia', para hacer experimentar que el evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera. Asimismo, el anuncio de que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano, con la finalidad de hacer a las familias protagonistas de la pastoral familiar. También buscarán concienciar a los jóvenes sobre la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, así como ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar.

Mar 17 Ago 2021

La Buena Noticia de la familia

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - La familia es una realidad que, de una forma u otra, está siempre viva en toda persona humana. Como toda institución, pasa en algunos momentos por situaciones de crisis que le ofrecen la ocasión de redefinirse armoniosamente en el concierto social. La Iglesia ha recibido una “buena noticia” acerca de la identidad, la configuración y la misión de la familia y es, para ella, un deber y una alegría anunciarla. Tengamos presentes, por tanto, algunos aspectos que debemos trabajar, especialmente este año, en la catequesis y en el acompañamiento pastoral de los jóvenes y de los esposos. 1. Dios es amor y la persona humana tiene la posibilidad de vivir ese amor en la familia. El Dios que Jesús nos ha revelado no es un Dios solitario, lejano, inaccesible, sino un Dios que vive en la comunión de tres personas divinas y busca una cercanía con la humanidad con el propósito de hacerla partícipes de su plenitud y de su felicidad. Todos, sea cual sea nuestra condición y nuestra situación, tenemos un lugar en el corazón de Dios. No existiríamos si él no nos hubiera creado para participar del amor eterno e infinito que él es. Esta realización de la imagen de Dios en nosotros tiene un espacio privilegiado en la vida familiar, que existe precisamente para ayudarnos a vivir nuestra dignidad y a aprender la comunión. 2. La familia se construye y se proyecta a partir de la riqueza de la persona humana a la que Dios ha creado en la doble dimensión de varón y mujer. La pareja que se ama y engendra la vida es una manifestación patente de Dios creador y salvador. Cuando cierta ideología afirma que no hay diferencia entre el varón y la mujer y que cada uno puede elegir para sí el género que quiera, está ignorando la realidad profunda de la diferencia y la reciprocidad de la dimensión masculina y femenina, que tiene arraigo biológico, psicológico e incluso religioso. Si bien ninguna persona puede ser discriminada por su condición sexual, no es posible tampoco vaciar el fundamento antropológico y social de la familia. “Lo creado nos precede y debe ser recibido como un don”. 3. La familia tiene el privilegio y el gozo de generar la vida humana. Debemos aprender a asombrarnos y a agradecer el milagro de la existencia de cada persona humana, por lo que significa en su individualidad y originalidad y por lo que implica para el camino de la humanidad. Si una sociedad no es capaz de transmitir la vida a la generación siguiente, es una sociedad que fracasa en una tarea fundamental. El “invierno demográfico” se empieza a reconocer, en diversos ámbitos, como un verdadero cataclismo. Por tanto, urge valorar esta misión esencial de la familia y lograr que todas las fuerzas vivas apoyen a los esposos que generosamente quieren transmitir el don maravilloso de la vida y asumir la tarea inherente del acompañamiento educativo. 4. La familia es una vocación para la plena realización de la persona. El proyecto de Dios sobre el matrimonio y sobre la familia se configura esencialmente como una llamada a cooperar en su plan de salvación. Esta es la dimensión básica para comprender la vida y la misión de los esposos. La vocación al matrimonio se traduce específicamente en la atracción hacia una determinada persona, en el enamoramiento que se vive, en la decisión de compartir la vida con esa persona y de construir con ella una familia, en el propósito de de proyectar la belleza y la fecundidad de este amor en toda la sociedad. Qué importante transmitir esta convicción particularmente a los jóvenes, haciéndoles ver que en ninguno de los momentos de este proceso Dios está ausente. 5. La familia abre una perspectiva más humana a la sociedad. Una familia sólida enseña a mirar el mundo con responsabilidad y esperanza, transmite valores esenciales como la fidelidad, la sinceridad y la solidaridad, educa para practicar el respeto y la cooperación con los demás. La disminución en las relaciones personales, la pérdida de un adecuado comportamiento ético, la insensibilidad con los más débiles, el recurso permanente a la violencia, están mostrando la necesidad del aporte cultural y social que puede ofrecer, como de un modo natural, esa célula esencial que es la familia. Más aún, por la gracia del sacramento del matrimonio, la familia es para nosotros una “Iglesia doméstica” donde se transmite la vida nueva del Evangelio. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Sáb 20 Mar 2021

Presidente CEC: “Déjense educar por Dios en su familia”

Mensaje del arzobispo de Villavicencio y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, durante la eucaristía celebrada este viernes 19 de marzo de manera virtual, como acto de apertura al año dedicado a la familia y con ocasión del quinto aniversario de la publicación de la exhortación postsinodal “Amoris laetitia”. Durante su homilía, el prelado señaló que hoy Dios trabaja para un mundo nuevo dentro de la familia y, a pesar de los dramas, las crisis o dudas que puedan haber al interior de los hogares, “el Señor no le quita espacio a la familia, no rompe la pareja, pide ese doble sí, que se vuelve creativo, porque es compartido por dos corazones, con tantos sueños y trabajos mutuos”. Indicó que la sociedad está engendrando una crisis fruto del momento que vive la humanidad y esto, aseguró, se ve y se seguirá viendo reflejado en las familias colombianas y del mundo. Llamó la atención de todos los que están comprometidos en el trabajo de la pastoral familiar a seguir sin cansancio brindando apoyo a las familias que lo necesitan. “Hoy la familia está sometida a tantas asechanzas que quieren romper su tejido, minar su unidad natural y sobrenatural, disgregando los valores morales, sobre los que se apoya y se construye la familia. Comprometernos todos obispos, sacerdotes, consagrados, diáconos y fieles laicos comprometidos con la familia, implica luchar contra esas fuerzas que desintegran a la persona y a la sociedad”. Continuó su llamado a los que son padres de familias, recordándoles la irremplazable misión que tienen en la educación de los hijos, “como María y José lo hicieron con Jesús”, pero les advirtió que, aunque no es una tarea fácil, “es bella, porque es trabajar el corazón de sus hijas y sus hijos”. “En el hogar se aprende el alfabeto fundamental del respeto, la solidaridad, la reconciliación, la ternura, el servicio, el amor y la paz. Dios como a Abraham y Sara, como a María y José, los lleva de la mano, los capacita para amar y educar como él ama y como él educa y Dios a todos nos educa en la familia”. El prelado hizo un llamado a los padres para que pierdan el miedo y transmitan la fe de Dios en sus hijos, apoyados en la palabra bíblica. Igualmente los exhortó a orar en familia y a aprovechar los espacios de cercanía para el diálogo. “Oren en familia y aprovechen tantos momentos de la existencia que se pueden convertir en canales para transmitir verdad, justicia, bondad, perdón, fe y amor. En esta tarea bella y comprometedora cuentan también los gestos y los signos sencillos que acompañan su misión educativa”. Finalmente, expresó: “como el ángel dijo a José, les digo hoy a todos al empezar este año de la Familia, no «tengan miedo» déjense educar por Dios en su familia”.

Mié 26 Oct 2016

La familia es indispensable

Por Mons. Ricardo Tobón Restrepo -Cada día tendríamos que admirarnos más de la grandeza y la belleza de la familia; sin embargo, amplios sectores del mundo de hoy, por un motivo o por otro, viven un momento de ceguera sobre esta institución fundamental. Tener claridad sobre este tema es definitivo para salvar las personas concretas y para salvar la civilización. De la identidad y estabilidad de la familia depende, en buena parte, que haya niños felices, mujeres felices, hombres felices; todos armoniosamente ubicados e integrados en la sociedad. Para percibir y aceptar la identidad y la misión de la familia es necesario, ante todo, ver el proyecto que, a través de ella, Dios ha inscrito en la estructura humana. Se entiende la familia en su realidad profunda cuando se ve como fruto de una vocación, de una llamada y una respuesta, de un diálogo salvífico entre Dios y el ser humano. Desde esta perspectiva se pueden combatir mejor los males que la asechan: el egoísmo, la inmadurez, la falta de formación, la persecución cultural y la escasez de una adecuada acción pastoral. Hoy, tal vez como nunca, la familia es irremplazable en ciertos campos esenciales para la persona y la sociedad. Ante todo, es el espacio primordial para ser amado y para aprender a amar. Uno no nace terminado. En el hogar, de un modo natural, se continúa una dinámica de creación en el amor. Es el único lugar donde el amor es gratuito; uno no tiene que ganarse el amor; lo recibe desde antes de nacer. Así surge la autoestima que nos asegura que cada uno es amado por sí mismo y no es un error de la vida. Por consiguiente, si soy amado también soy capaz de amar y de darme. En el hogar la persona se encuentra con su originalidad y sus posibilidades. Se conocen y se viven la dimensión masculina y la dimensión femenina de la persona; se entra en una relación integral de adultos, jóvenes y niños; se aprenden las actitudes difíciles que llevan a relaciones humanas de calidad: amar al otro como es, compartir lo que se es y se tiene, servir desinteresadamente, perdonar con nobleza, ser solidario con los demás. La familia es una escuela de comportamiento ético. En el hogar no se puede resolver el problema moral de la sociedad, pero se puede enseñar un comportamiento verdadero; el concepto de moralidad se forma en los tres primeros años de vida. Esta es una labor prioritaria de la familia, porque anuncia y testimonia los valores esenciales: ser honesto, ser veraz, ser responsable. Igualmente, desenmascara los valores falsos que deshumanizan. Enseña hacia dónde se debe orientar todo el ser y cómo se deben tomar decisiones en la vida. Por último, la familia es el ámbito para trascender, para entrar en una verdadera espiritualidad. La experiencia de Dios que es Padre misericordioso de quien soy un hijo amado se tiene de un modo primigenio en el hogar. Allí, viendo orar al padre y a la madre, se aprende a creer en alguien que da sentido y fuerza para vivir; se tiene la certeza de que existe un Amor que no traiciona; se aprende también a vivir la fe compartida y en unión con los otros, es la primera experiencia de Iglesia. En la familia se recibe el mejor regalo que es Dios. + Monseñor Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín