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Predicación Orante de la Palabra

Vie 21 Abr 2023

Jesús se acercó y siguió caminando con ellos

TERCER DOMINGO DE PASCUA Abril 23 de 2023 Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33 Salmo: 16(15),1-2y5.7-8.9-10.11 (R. 11a) Segunda Lectura: 1Pedro 1,17-21 Evangelio: Lucas 24,13-35 I. Orientaciones para la Predicación Introducción «Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas». Esta es la petición que hace la Iglesia y que brota de la meditación del pasaje del encuentro del Resucitado con los discípulos de Emaús. En este tiempo en el que estamos reflexionando sobre el sentido de la sinodalidad, la Palabra de Dios de este domingo nos muestra que realmente Jesús Resucitado nos acompaña en el camino y nos va explicando su Palabra, mientras que los bautizados vamos caminando juntos en la fe. «Que tu pueblo, oh Dios, se regocije siempre al verse renovado y rejuvenecido». Esta palabra de la oración colecta de este III domingo de Pascua expresan cómo se siente la Iglesia y cómo se sienten los bautizados que andan en sendas de vida nueva pues han participado del misterio de la Resurrección de Cristo. Y es que nos sentimos jóvenes en el espíritu ya que, como dice el apóstol Pedro en la segunda lectura, hemos sido rescatados «no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo». «Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos». Sigue resonando en el tiempo de la Pascua el anuncio del Kerigma porque es el anuncio que le da razón a nuestra fe pascual. Se trata de un mensaje que debe estar fundamentado en el testimonio porque sólo podrá ser evangelizador quien haya encontrado al Resucitado. Muchos llegarán a creer en la medida que haya testigos auténticos del Misterio Pascual de Cristo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Gracias a los Hechos de los Apóstoles podemos evidenciar el impresionante cambio que experimentaron en sus vidas los testigos de la resurrección. Además, con el don del Espíritu Santo llega a plenitud su transformación en hombres nuevos. De manera especial este cambio de vida esta atestiguado en el primer discurso del apóstol Pedro, pronunciado con la autoridad propia de quien ha recibido la efusión del Espíritu. Los versículos 22-24 de nuestro texto son prototipo del kerigma apostólico, con unas ideas clave que hay que destacar: Jesús es el hombre «acreditado por Dios»; la cruz formó parte de un sabio designio de Dios, el cual entregó a su Hijo único a los hombres por amor; inclusive, dirigiéndose a los presentes, Pedro afirma que todos son responsables de la muerte de Cristo; sin embargo, Dios lo resucitó. Por otra parte, el Kerigma está respaldado por el testimonio de las Escrituras, las cuales sólo son comprensibles a la luz del Misterio Pascual. Por eso Pedro explica el salmo 15 como una profecía realizada en Cristo, el Mesías de quien se dice que no conocerá la corrupción. Quienes han sido rescatados a precio de la Sangre de Cristo están llamados a tomar en serio su proceder en esta vida. Esta seriedad, según el argumento que nos ofrece el apóstol, se fundamenta en el reconocimiento de Dios como Padre y también como juez. Si tenemos en cuenta de que esta carta de Pedro tiene el carácter de homilía bautismal, podemos recordar que es por el bautismo que nos convertimos en hijos de Dios y recibimos el privilegio de llamar Padre al justo juez de todos los seres. Leyendo este pasaje en su conjunto se percibe que el propósito del autor es hacernos tomar conciencia de lo que significa la sangre de Cristo, es decir, el precio de nuestra salvación. He ahí en esta perícopa una manera de explicar el fundamento de nuestra fe: precisamente el fundamento es el mismo Cristo, quien nos orienta a creer en Dios que lo resucitó y de esta manera a darle sentido nuestra esperanza en la vida eterna. Parecía que todo había terminado en la muerte de Cristo y en el corazón de todos los discípulos sólo quedaba la frustración. Decepcionados porque no había ocurrido la liberación de Israel, dos discípulos deciden alejarse de la Ciudad Santa y emprenden un viaje hacia Emaús. Aunque tienen un destino fijo, estamos ante la representación del viaje de alguien que pareciera que no tuviera rumbo y se siente perdido existencialmente. Sin que ellos lo reconozcan inicialmente, habiendo escapado de las cadenas de la muerte y dispuesto a darnos la vida en abundancia que prometió para todo el que crea en él, Cristo Resucitado sale al encuentro de estos discípulos para llevarlos a reconocerlo, primero con la explicación de las Escrituras y luego con la fracción del Pan. Estamos ante un proceso muy pedagógico de Jesús, que, como buen Maestro, va paso a paso en su catequesis. Primero provoca que el corazón de estos discípulos arda en el camino mientras les explica la Palabra y luego provoca que se les abran los ojos en el momento de la Fracción del Pan para que se den cuenta de que el Señor siempre estuvo caminando con ellos. Y es tan lógico y consecuente todo este camino de Emaús guiado por el resucitado, que todo desemboca en el testimonio sorprendido y alegre de los discípulos, quienes cuentan que han visto al Señor: han llegado a transformarse en testigos de la resurrección. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Según el proceso pedagógico que acabamos de descubrir en el pasaje evangélico de este III domingo de Pascua, tendríamos que preguntarnos si nuestro corazón de verdad arde y se estremece cuando escuchamos la Palabra de Dios. Esto sólo puede pasar cuando descubrimos que la Escritura nos lee a cada uno de nosotros, cuando nos damos cuenta de que ella es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero y cuando todas las cosas que acontecen en nuestra vida comienzan a tener sentido a la luz de la Palabra de Dios. Lo más importante es que contamos con la presencia viva de Cristo, resucitado de entre los muertos, el único que nos puede explicar verdaderamente las Escrituras ya que Él mismo es quien le da sentido a todo lo consignado en el texto sagrado. Luego de comprender las Escrituras, explicadas por Cristo Resucitado, el siguiente paso que debemos dar es el de reconocerlo en la fracción del Pan, en la Eucaristía. Necesitamos que el Resucitado nos cure la ceguera provocada por el horror de la cruz, haciéndonos capaces de “ver” al Resucitado, de creer en la Resurrección (cf. Papa Francisco, Carta sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios, núm. 7). De aquí se desprende que no podemos permitir que se nos pase una celebración de la Eucaristía sin que nosotros reconozcamos al Resucitado presente en el sacramento de su Cuerpo entregado y su Sangre derramada. En ese sentido, recientemente el Papa Francisco nos ha recordado que la liturgia es el lugar privilegiado de encuentro con Cristo. Así lo explica: «En la Eucaristía y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua. El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos. […] El Señor Jesús que, inmolado, ya no vuelve a morir; y sacrificado, vive para siempre (Prefacio III de Pascua), continúa perdonándonos, curándonos y salvándonos con el poder de los Sacramentos. A través de la encarnación, es el modo concreto por el que nos ama; es el modo con el que sacia esa sed de nosotros que ha declarado en la cruz» (DD 11). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La mejor súplica que podemos hacer está en el mismo Evangelio: «Quédate con nosotros, Señor». Por eso, qué mejor que tomar estas Palabras orantes del Papa San Juan Pablo II para contemplar el misterio de la presencia del Resucitado que nunca nos deja solos, habiéndose quedado en las Escrituras y en la Eucaristía: «Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos, Señor Jesús, ¡quédate con nosotros! Tú, divino Caminante, experto de nuestras calzadas y conocedor de nuestro corazón, no nos dejes prisioneros de las sombras de la noche. Ampáranos en el cansancio, perdona nuestros pecados, orienta nuestros pasos por la vía del bien. Bendice a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, a las familias y particularmente a los enfermos. Bendice a los sacerdotes y a las personas consagradas. Bendice a toda la humanidad. En la Eucaristía te has hecho “remedio de inmortalidad”: danos el gusto de una vida plena, que nos ayude a caminar sobre esta tierra como peregrinos seguros y alegres, mirando siempre hacia la meta de la vida sin fin. ¡Quédate con nosotros, Señor! Quédate con nosotros! Amén» (San Juan Pablo II, Homilía en la apertura del año de la Eucaristía, 17 de octubre de 2004). _______________________ Recomendaciones prácticas: Los signos litúrgicos de la Pascua deben seguir resplandeciendo por su belleza y expresividad: el altar iluminado, el cirio pascual, la fuente bautismal, los ornamentos blancos, la música sagrada, etc. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy ha resucitado el Señor. Hoy el Señor nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan en el Sacramento de la Eucaristía. Hoy nosotros como Iglesia, queremos reconocer esta presencia del Resucitado y por eso brota de nuestro corazón la misma súplica de los discípulos de Emaús en el camino: «Quédate con nosotros, Señor». Esta petición se convierte en una oración actual ya que deseamos que el Resucitado no pase de largo por nuestras vidas. Convencidos de que Él permanece en medio de nosotros, vivamos alegres esta celebración eucarística. Monición a la Liturgia de la Palabra Así como sucedió en el camino de Emaús, ahora en la liturgia de la Palabra, Cristo nos ayuda a comprender las Escrituras, por medio de la Iglesia. Dejemos que este mensaje, que nos continúa anunciando el acontecimiento de la resurrección, alegre nuestra vida, de manera que podamos decir: ¡Como ardía nuestro corazón cuando el Señor nos explicaba las Escrituras! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Como los discípulos de Emaús, reconociendo que Cristo Resucitado está presente en su Palabra y en la Fracción del Pan, oremos con esperanza por las necesidades del mundo entero y digamos: R. Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos. 1. Por la Iglesia: para que la fe de la Pascua la libre de toda servidumbre y la haga más generosa en el servicio. Roguemos al Señor. 2. Por los pueblos todos de la tierra: para que el triunfo de Jesús sobre la muerte apague los odios y restaure la paz. Roguemos al Señor. 3. Por todos los que sufren: para que la gloria del Resucitado cure sus heridas y transforme su dolor en alegría. Roguemos al Señor. 4. Por nuestros hermanos que viven en las periferias, para que, por la caridad, se sientan incluidos y atendidos, y así experimenten la cercanía de Cristo y de la Iglesia. 5. Por nosotros y por todos los cristianos: para que el gozo de esta Pascua renueve nuestra fe y nos haga testigos entusiastas del Evangelio. Roguemos al Señor. Oración conclusiva ¡Oh Dios!, tu amor ha sido más fuerte que el odio y que la muerte. Escucha nuestra súplica filial y haz de nosotros hombres nuevos por la fe en tu Hijo Jesús Resucitado, que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.  

Vie 11 Sep 2020

“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”

VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 13 de septiembre Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7 Salmo: 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a) Segunda lectura: Rm 14,7-9 Evangelio: Mt 18,21-35 I. Orientaciones para la Predicación Introducción De la Palabra de Dios que se nos ofrece para este domingo, presentamos tres ideas temáticas, que pueden iluminar nuestra reflexión: - Importancia del perdón: el perdón de las ofensas debe caracterizar a la comunidad cristiana. - No hay límite para el perdón, la propuesta es “siempre” - De qué forma se puede acoger al pecador para llevarlo a la reconciliación con la comunidad, donde se debe vivir la solidaridad y fraternidad. Es la comunidad espacio para vivir la experiencia del perdón y la misericordia de Dios. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Existen dos momentos claves en este Evangelio de Mateo para vivir la reconciliación al interior de la comunidad con el tema central del “perdón de las ofensas”: a. El número de veces que se debe perdonar al hermano cuando tiene actitudes y comportamientos ofensivos: ante la pregunta de Pedro “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”, a lo cual Jesús responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”; el número siete es perfección, es decir “siempre”, no existe límite, lo cual significa que es importante olvidar todos los insultos, humillaciones, agravios, maltratos y perjuicios que impiden el perdón y la reconciliación y que dificultan el perdón entre los hermanos; es importante hacer sentir la experiencia del perdón desde el corazón, que permite que la misericordia de Dios se haga realidad. No hay que insistir en la ofensa recibida del hermano, al contrario, ¡hay que luchar por olvidarla y de corazón! además, es una forma de ¡combatir la violencia que existe en el corazón del ser humano! ¡Es la enseñanza de Jesucristo, quien perdonó hasta el último momento de su vida! Luego, el perdón es de todos los días y en todos los momentos y espacios de interacción. b. La parábola del siervo muestra la misericordia de Dios y señala lo qué le sucederá a quien no perdona según el corazón compasivo del Padre. Porque el amor de Dios hacia sus creaturas es grande y, además, gratuito; como dice la parábola, es como el Rey que perdonó a aquel súbdito, no solo la deuda sino, aún su vida y la de su familia, en eso consiste la ¡compasión! Pero, el Rey no alcanzó a pensar, cuál sería la actitud del siervo frente a sus deudores, lo más probable es que pensara que actuaría como él: con perdón y misericordia. Lo contrario hizo el siervo, no tuvo sus mismas entrañas, su comportamiento fue de injusticia y cobardía, ni siquiera lo escuchó. La lección que se puede sacar es: ante el amor de Dios, misericordioso y gratuito, que perdona siempre, el actuar del hombre hacia sus hermanos tiene que ser igual, no puede existir ¡incapacidad para perdonar! Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Este evangelio permite orientar a la comunidad sobre la forma de discernir e identificar cómo se debe actuar frente a las ofensas que se reciben del hermano o se dan al hermano, y la respuesta cristiana a esas ofensas que ha recibido desde la mirada de Jesucristo. El perdón se convierte en una necesidad, en una urgencia y una actitud fundamental de todo discípulo de Cristo frente a tantas faltas de amor que se hacen: humanamente es difícil perdonar las heridas que a diario se hacen; hoy se viven procesos de paz donde el perdón y el olvido debe ser lo central de estos procesos, es alcanzar un amor sin límites, como lo propone Jesús, pero se hace tan difícil su práctica: ¡lograr la reconciliación es la propuesta cristiana! ¡Qué difícil es “perdonar setenta veces siete” como lo propone Jesús!, sin embargo, no es imposible, a veces el odio y la venganza son actitudes que hacen sobrepasar la respuesta del ser humano, pero se llega un momento en que se desea dejar tanta intolerancia, insulto, atropello, entre otras actitudes que atentan contra el verdadero amor que no solo se debe demostrar sino, que estamos llamados a vivir… Perdonar 70 veces siete, es decir siempre, debe ser la verdadera actitud cristiana, que muestre la fortaleza, la grandeza y magnanimidad del ser humano, capaz de sentir la verdadera experiencia del perdón y la reconciliación. La cruz es la mejor imagen de que de verdad se puede perdonar y de corazón, ¡es Jesucristo quien perdona hasta la muerte! Toda deuda se puede perdonar todas las veces necesarias, si se deja anteponer el amor a cada una de las circunstancias, tiempo y lugar donde se vive el odio y la venganza. Es la lucha de todo ser humano que quiera vivir la verdadera experiencia de perdonar y ser perdonado, ¡no se puede posponer esta deuda que tenemos con Dios en nuestros hermanos! Hay que vivir espacios alternativos de solidaridad y fraternidad, espacios de acogida y de perdón, donde todos sean bienvenidos. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Es importante crear un espacio, lugar y tiempo que permita cuestionar la propia vida y la de la comunidad: ¿Realmente perdonamos “siempre” y en todas las circunstancias de la vida? ¿Sé perdonar y soy capaz de pedir perdón y sentirme perdonado? O, actuamos como el siervo de la parábola, que no sabía de ¡misericordia y compasión! ¡No supo perdonar! ¿Creo en la importancia del sacramento de la reconciliación? ¿Con qué frecuencia lo busco? ¿Existe conciencia de perdón en nuestro corazón? ¿Cómo se percibe? ¿En la realidad de violencia, odios, desamor que se vive actualmente en los diferentes espacios sociales y comunitarios, cómo se manifiesta el perdón y la reconciliación? ¿Cuáles se consideran los verdaderos espacios y momentos para el perdón, la misericordia y la reconciliación? ¿qué gestos de fraternidad en los diferentes espacios donde convivo con los demás (calle, casa, familia, trabajo y otros) tengo? No hay que olvidar que el perdón, la misericordia y la reconciliación son considerados un solo tema en esta Palabra. Perdón basado en el amor sincero, de corazón, que permite convivir los hermanos juntos, en actitud siempre de reconocimiento y reconciliación, en conversión diaria de corazón que conduzca a verdaderos momentos de reconciliación. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunidos para celebrar juntos el amor y la misericordia de Dios, en este misterio de entrega total de su Hijo, Jesucristo. Él nos enseñó a perdonar hasta el extremo por eso, somos llamados a expresar nuestra fe con actitudes de perdón y reconciliación. Iniciemos esta Eucaristía con alegría y entusiasmo. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios en este domingo nos recuerda la importancia de perdonar las ofensas y sentirnos perdonados. Jesús nos invita a perdonar sin límites, es decir, siempre. Las lecturas de hoy son de fácil entendimiento, pero exigentes para llevarlas a la práctica en la vida cotidiana. Escuchemos con atención y que el Espíritu de Dios nos regale el don de la conversión para el perdón y la reconciliación. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos con confianza a Dios, nuestro Pedro, las súplicas implorando su misericordia y perdón. Diciendo: R. Que tu misericordia y perdón llegue hasta nosotros 1. Por la Iglesia Universal, para que fortalecida en el amor misericordioso de Dios pueda llegar a procesos de conversión que le permitan vivir en reconciliación, perdón y paz. 2. Por el Santo Padre Francisco, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, para que testimonien la misericordia y el amor de Dios en todas sus actitudes de vida y en sus acciones pastorales. 3. Por nuestro país que continúa buscando la paz y la reconciliación para que, aportando desde nuestra propia vida los valores de perdón y fraternidad, se pueda vivir el proyecto de Jesucristo de donación total. 4. Por los cristianos católicos del mundo entero para que, viviendo la misericordia y el amor de Dios, tengan gestos de reconciliación, y de perdón para con sus hermanos que los ofenden. 5. Por los enfermos que sufren a causa del virus del COVID-19, para que, en medio de sus dolores, encuentren fuerza y alivio en la caridad de los hermanos. 6. Por nosotros aquí presentes para que llevemos la buena noticia de la misericordia y la reconciliación a la que nos invita y capacita Dios, para perdonar y amar a nuestros hermanos. Oración conclusiva Padre, que en tu Hijo Jesucristo nos entregas tu amor misericordioso acoge estas súplicas que te presentamos con la fe y confianza de que serán escuchadas. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén

Vie 1 Feb 2019

El Señor llama a sus profetas

La liturgia de la palabra se ilumina también con la reciente exhortación apostólica del Papa Francisco “Gaudete et Exsultate”; en el numero 123 afirma “Los profetas anunciaban el tiempo de Jesús, que nosotros estamos viviendo, como una revelación de la alegría: «Gritad jubilosos» (Is 12,6)”. Primera lectura: Jeremías 1,4-5.17-19 Salmo: 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab+17 Segunda lectura: 1Corintios 12,31 - 13,13 Evangelio: Lucas 4,21-30 De los textos que la Iglesia hoy nos propone, en este día a nuestra reflexión y vivencia podemos entresacar las siguientes ideas: Presentan el tema vocacional. La primera lectura refiere la vocación de Jeremías, me parece que es la oportunidad, para recordar que, a lo largo de la historia, el Señor ha llamado a personas concretas, para que anuncien su presencia y voluntad, a sabiendas que ese llamado, vivido con fidelidad tiene un precio, en el caso de Jeremías, una violenta persecución. Hoy volvemos a escuchar al Señor Jesús en la sinagoga de Nazaret, después de proclamar el texto del profeta Isaías, nos dice “hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”. (continuación del evangelio del domingo pasado) Estas palabras desbordan en una situación abierta de rechazo y violencia, ante el reclamo que Jesús hace a sus oyentes, puesto que no tienen fe. San Pablo, luego de insistir en la importancia de la unidad y el servicio al “Cuerpo Místico de Cristo”, hoy nos presenta el punto central de la existencia cristiana: el amor. Deseo centrar la reflexión de este día, en la dimensión profética, por eso, veamos detenidamente estos textos y descubramos en ellos la llamada del Señor a continuar su obra en cada uno de nosotros, a través de la vocación a la que hemos sido llamados, a ser testigos, profetas del Evangelio. ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La primera lectura nos presenta los detalles más profundos del llamado vocacional de Jeremías, de quien sabemos era apenas un muchacho. Dios lo llamó, lo sacó de su pueblo Anatot, de una vida tranquila y sencilla, a ser su profeta. “Antesde formarte en el vientre materno, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagre”. El señor le anuncia que va a ser profeta de las naciones y que clamará contra la corrupción, la falta de fe, las alianzas políticas inútiles; ante esta misión Dios lo invita a armarse de valor, a no tener miedo y le advierte que la tarea no será fácil “lucharán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo para librarte”. El salmo 70 pone de manifiesto el tono de confianza que ha de tener el profeta, que no se fía de sus propias fuerzas, sino de la ayuda de Dios. “A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú eres justo, líbrame y ponme a salvo…”. La Iglesia hoy nos señala una de las páginas más hermosas del Nuevo Testamento y talvez de las más conocidas, “el himno al amor”, descrito por San Pablo en la primera carta a los Corintios. Todo termina, todo es limitado, pero cuando venga lo perfecto, lo limitado se acaba, lo único que prevalece es el amor. El amor “…goza con la verdad, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”. El evangelio del domingo nos dejó en estado de expectativa, Jesús en la sinagoga de Nazaret, lee el libro del profeta Isaías y después de entregarlo al encargado afirma “hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”, el relato nos cuenta que los oyentes “tenían los ojos fijos en Él”. Hoy continuamos con la descripción de la misma escena. Lo dicho por Isaías, tiene cumplimiento en Jesús, Él es el profeta de la buena noticia, el liberador de todos los males del hombre. Esto inicialmente despierta curiosidad y admiración, pero cuando Jesús les dice que no va a realizar allí ningún milagro y les da la razón por la cual no lo va hacer – les falta fe -, la reacción es violenta “se pusieron furiosos y lo empujaron fuera del pueblo con intención de despeñarlo”. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura? Es importante reconocer que los verdaderos profetas incomodan, provocan reacciones que confrontan la vida con el querer de Dios; el profeta autentico pone de manifiesto con toda claridad las injusticias, las situaciones de infidelidad, la falta de fe. Una preciosa lección de vida es cómo el que hace la voluntad de Dios, sin importar el precio que hay que pagar, Dios le acompaña, le asiste, lo protege, como a Jeremías: “no les tengas miedo... diles lo que yo te mando... yo estoy contigo”. Jeremías y Jesús cumplieron su misión, no se callaron, dijeron la verdad, a pesar de la oposición y la violencia que los rodeaba. Confiaron y se acogieron a la protección de Dios. “a ti, Señor, me acojo... mi peña y mi alcázar eres tú”. Jesús se abrió paso y llevo su misión hasta el final. ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad? Jesús al presentarse en Nazaret y entrar en la sinagoga, confronta inicialmente a los suyos, a sus paisanos, les dice que no tienen fe y por esta razón no puede hacer allí ningún milagro. Los dos refranes con los que aclara su postura “médico cúrate a ti mismo” y “ningún profeta es bien recibido en su propia tierra” genera la ira de sus oyentes que, de la admiración del domingo pasado, pasan a una actitud violenta de linchamiento. Seguramente a sus coterráneos les hubiera gustado que Jesús los adulara, curara enfermos y no que los confrontara en su fe. Jeremías es la figura original de un profeta que, por su misión, tiene que enfrentar situaciones adversas, llenas de desprecios, soledad y violencia. El pueblo no le hace caso, no se convierten, sin embargo, esta situación no lo desanima en el fiel cumplimiento de su misión, al contrario, el Profeta Jeremías se mantiene fiel a la llamada de Dios y no descansa en el anuncio de la voluntad de Dios. La realidad de los tiempos del profeta Jeremías o de los tiempos de Jesús, nos es extraña hoy en muchos de los ambientes donde se anuncia el Evangelio. Muchos con valentía y total confianza en el Señor, proclaman los valores del Evangelio, en las familias, a los jóvenes, a la sociedad civil, con reacciones positivas, pero también con reacciones de desprecio, indiferencia y rechazo abierto al querer de Dios. En este contexto estamos llamados a ser testigos de nuestra condición bautismal en la que nos hemos configurado con Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey. Ante la oferta de tantos caminos que ofrecen la felicidad, en su mayoría caminos fáciles, sin sacrificios, la Palabra nos señala un camino exigente, de donación, de trasparencias, es el camino de la verdad, de la fidelidad, de la confianza en Dios que no abandona. Ante la tentación de dimitir, para no complicarnos la vida, está la opción de seguir el camino del profeta, que se hace testigo auténtico del querer de Dios. Hoy tenemos que dejarnos interpelar por el mensaje de San Pablo en la primera carta a los Corintios, amar salva, el que ama hace la voluntad de Dios, amarlo a Él y al prójimo es lo más importante. El amor cristiano, me da identidad, me hace discípulo del Señor, me lleva a experimentar el amor de Dios y por su amor hacemos de la vida lo mejor, buscamos la paz, servimos en la construcción de un mundo mejor, agradando a Dios y sirviendo a los hermanos. Así nos hacemos verdaderos profetas, testigos del amor de Dios en el mundo. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión? El encuentro con Jesús nos permite confirmar que nosotros también somos profetas; además de ser discípulos en el seguimiento de Jesús, debemos reconocer la grandeza del bautismo que nos ha hecho también profetas del siglo XXI. El Espíritu Santo recibido en los sacramentos de la Iglesia, nos empuja, como a Jesús, al desierto, al mundo, para ser profetas, testigos, proclamadores de las grandezas del Señor en la vida de los hombres. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS: Insistir en el sentido de las palabras: elección, llamado, profeta, enviado, Palabra y amor. Se podría hacer una cartelera en la que se destaquen algunas personas que en la historia de la comunidad han dado testimonio de auténtica vida cristiana. Se sugiere el Prefacio Dominical III, la salvación del hombre por un hombre, Misal, pág. 385; con la Plegaria Eucarística III. Se puede emplear la fórmula de bendición solemne En el Tiempo Ordinario I, Misal, pág. 475

Jue 17 Ene 2019

El Espíritu nos lleva a la unidad

Se pueden establecer tres ideas a partir de los textos bíblicos que hoy nos propone la liturgia: El profeta Isaías anuncia la llegada de un tiempo nuevo manifestado en la Justicia de Dios que brillará más que la luz de las antorchas. En el tiempo nuevo de la Iglesia, el Espíritu, que es uno, enriquece a cada bautizado con la multiplicidad de dones y carismas que nos llevan a la unidad. Ha llegado el tiempo de la nueva alianza manifestada en el signo de la conversión del agua en vino. Primera lectura: Isaías 62,1-5 Salmo: 96(95),1-2a.2b-3.7-8a.9-10ac (R. cf. 97[96],6) Segunda lectura: 1Corintios 12,4-11 Evangelio: Juan 2,1-11

Jue 10 Ene 2019

Con el bautismo entramos en relación con Dios

El bautismo del Señor Jesús es el centro de la liturgia de la Palabra de este domingo. Las tres lecturas de hoy, especialmente, el evangelio según san Lucas, hacen referencia a este acontecimiento que, cabe anotar, es descrito no solo por Lucas sino también por los otros tres evangelistas. Se resalta en esta narración que el bautismo de Jesús se hace en las aguas del río Jordán, viendo la tradición en este hecho la institución del bautismo cristiano, aunque éste sólo fue administrado después de la muerte y resurrección de Jesús. Asimismo, “en el bautismo del Señor puede verse el prototipo del sacramento, en cuanto por el bautismo se hace al creyente hijo de Dios y entra así en relación con Dios, semejante a la de Jesús en su bautismo en el Jordán.” (Diccionario de la Biblia. H. Haag / A. van den Born / S. de Ausejo. Ed. Herder) Es importante, también, destacar en el relato la declaración expresa de Dios de que Jesús de Nazaret es Hijo suyo, declaración que queda confirmada por el hecho de que el Espíritu Santo desciende sobre Jesús. Primera lectura: Isaías 42,1-4.6-7 Salmo: 29(28),1a+2.3ac-4.3b+9b-10 Segunda lectura: Hechos de los Apóstoles 10,34-38 Evangelio: Lucas 3,15-16.21-22

Jue 3 Ene 2019

Caminemos hacia Jesús

En esta solemnidad la Palabra de Dios nos presenta a Jesús como luz que ilumina a todos los pueblos: Algunos buscan y siguen esa luz y brota un encuentro que se convierte en adoración, junto a la transformación de la vida de quien adora. Otros, por su parte, prefieren las tinieblas y, preocupados por sus intereses, realizan planes homicidas contra quien es la Luz. En definitiva, el anhelo de la Iglesia es que todos los pueblos caminen hacia la luz y se dejen atraer por ella, y, al mismo tiempo, abran su corazón a los sentimientos que esa luz irradia, tales como la alegría y la esperanza. Primera lectura: Isaías 60,1-6 Salmo: 72(71), 1-2.7-8.10b-11.12-13 (R. cf. 11) Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6 Evangelio: Mateo 2,1-12

Dom 30 Dic 2018

María guarda todo en su corazón

En el Evangelio que se nos propone en esta solemnidad de Santa María Madre de Dios, podemos reflexionar en tres actitudes: La glorificación de los pastores al salir al encuentro del Salvador. El amor de María que como madre ama entrañablemente a su hijo y como creyente y testigo de las acciones amorosas de Dios, guarda todo en su corazón. La misión que Jesús tiene de salvar la humanidad y hacernos hijos libres del Padre Dios. Primera lectura: Números 6,22-27 Salmo: 67(66),2-3.5.6+8 Segunda lectura: Gálatas 4,4-7 Evangelio: Lucas 2,16-21

Jue 27 Dic 2018

Dios está presente en la familia

Igual que Jesús quiso hacer parte de la familia humana, unámonos con la Sagrada Familia de Jesús, María y José, para agradecer y alabar a Dios, que nos hizo parte de su familia divina. Por eso esta fiesta tiene dimensión universal, en la Iglesia, y se celebra, generalmente, el Domingo después de Navidad. Es la fiesta que nos recuerda que Dios está presente en la familia, donde se hace vida por excelencia: vida divina y vida humana. JESÚS, el Hijo de Dios, nace de María, la Madre que lo acoge y acompaña con su ternura; es cuidado por José, en la familia humilde, pobre y sencilla de Nazaret; y es asistido por su Padre Dios, quien en su Hijo nos da la Luz que nos ilumina, nos diviniza y nos salva como personas, familias, pueblos y naciones. Celebremos con gratitud y alegría. En esta fiesta las lecturas del Eclesiástico, salmo 128, Hebreos y del Evangelio de San Juan, nos propone reconocer la presencia y la acción de Dios en: Las formas de vida y las realidades históricas de nuestras familias, para potenciar las virtudes y las cualidades de obediencia, respeto y honra a nuestros padres y, en ellos, a Dios y, así, alcanzar sus bendiciones. La familia de Nazareth, desde donde el Señor Jesús se une a nuestra historia, espera que lo reconozcamos para hacernos Hijos de Dios y salvarnos. En nuestra disponibilidad de amar, para superar la ley que nos hace correr el riesgo de perder el amor, el sentido y la razón de ser de nuestra vida cristiana. Primera lectura: Eclesiástico 3,2-6.12-14 Salmo: 128(127),1-2.3.4-5 (R. cf. 84[83],5a) Segunda lectura: Colosenses 3,12-21 Evangelio: Lucas 2,41-52