Con verdadera fe acojamos al Salvador

Las lecturas de esta noche nos traen de nuevo el anuncio del nacimiento del Salvador. También nos invitan a acercarnos a Él y a acogerlo en nuestro corazón con verdadera fe. Dejémonos conducir por Dios que nos habla.

Lecturas

Primera Lectura: Isaías 9,1-6
Salmo de respuesta: 96(95),1-2a.2b-3.11-12.13 (R. cf. Lc 2,11)
Segunda Lectura: Tito 2,11-14
Evangelio: Lucas 2,1-14


  CONTEXTO BÍBLICO

El pasaje evangélico de hoy nos relata, con trazos detallados pero simples, el acontecimiento más grande de la historia de nuestra salvación. San Pablo dice de este momento que es “la plenitud de los tiempos”, en el que Dios nos envió a su Hijo nacido de una Mujer (cfr. Gal 4,4-5). Conviene subrayar en este pasaje las palabras del ángel a los pastores, porque ellas nos indican el sentido profundo de lo que celebramos en esta noche: “No teman. Les anuncio una gran alegría, que es para todo el pueblo… Nos ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. Es el mismo anuncio que la Iglesia y el mundo entero reciben hoy. A partir del Evangelio, podemos comprender el pleno sentido de la profecía mesiánica de Isaías: ¡El Niño que nace en el pesebre es el Salvador! Él es la luz para el pueblo que camina en tinieblas, Él es quien multiplica la alegría, el que puede destrozar el yugo que nos oprime. Además, son muy expresivos los títulos con que Isaías nos describe al Mesías: “Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Siempre Padre, Príncipe de Paz”. El Apóstol San Pablo resume todo lo anterior en una frase: En Cristo, “la gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres”.

  CONTEXTO SITUACIONAL

A partir del encuentro con la Palabra, es posible aplicar su mensaje y la celebración misma de esta noche a nuestra vida.

  • Navidad no puede ser una fiesta cualquiera, es una fiesta para contemplar el amor de Dios, para extasiarnos frente a su determinación de salvarnos definitivamente con el nacimiento de su Hijo. Por eso, la primera actitud con la que hemos de recibir al Mesías es la contemplación y la acción de gracias.
  • El Evangelio nos invita, en segundo lugar, a reconocer en el Niño del pesebre al verdadero Salvador. La abundancia de títulos para el Mesías en las lecturas también nos conduce a este reconocimiento, que no es otra cosa que la actitud de fe. Cristo es todo lo que Dios no da, Él es todo lo que espera nuestro corazón; en Él encontramos la manifestación plena del amor del Padre.
  • Todo lo que rodea el nacimiento de Jesús es pobre, humilde y sencillo. Por eso hay que recibir al Mesías con la misma humildad y sencillez. El Papa Francisco nos dice que solo reconoce o ve la luz que trae el Salvador la gente sencilla, dispuesta a acoger el don de Dios. En cambio, no la ven los arrogantes, los soberbios, los que establecen las leyes según sus propios criterios, los que adoptan actitudes de cerrazón” (cfr. Homilía en la noche de Navidad, 2014).
  • Tenemos que recibir al Salvador sin temor. Éste es el imperativo del ángel y nos pide abandonarnos completamente en el Hijo de Dios y estar dispuestos a seguirlo con toda nuestra vida, aunque nos tropecemos con dificultades y problemas. Lo expresa bien el apóstol San Pablo: “Nada nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús” (Rom 8,39).
  • Y, finalmente, la Navidad nos pide vivir con novedad el mandamiento del amor. Dios nos ha manifestado su amor y con ese mismo amor, que es Cristo, debemos amar a los hermanos. Por eso, la Navidad nos invita a renovar nuestro compromiso de caridad con todos. El Apóstol San Pablo hoy nos ha dicho que este misterio nos lleva a renunciar a los “deseos mundanos” y nos debe encaminar a la “práctica de todo lo que es bueno”.
  CONTEXTO CELEBRATIVO

En la Eucaristía, Cristo vuelve a entregarse por nuestra salvación. Lo hace porque asumió nuestra carne y se inmoló por nosotros. En la celebración del nacimiento del Mesías, debemos acercarnos con profunda devoción al banquete del cuerpo y de la sangre del Señor.


Recomendaciones prácticas

  • Recordar que esta solemnidad es de precepto; se debe entonar el Gloria de la Misa de manera más solemne; en el Credo se debe hacer genuflexión cuando se dicen las palabras «se encarnó».
  • Dar realce a la imagen del niño Jesús, recién nacido. No se debe colocar sobre el altar, sino en alguna mesa auxiliar o en el mismo pesebre, con el fin de permitir que en algún momento, fuera de la celebración, sea venerada de manera especial.

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