Seamos peregrinos de la Fe

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Peregrinos de la Fe
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La peregrinación de la fe es el tema que nos muestran los textos de este día, para que nadie se quede estático sino que se ponga en camino con el don de la propia existencia a encontrarse con Dios y a establecer vínculos de solidaridad fraterna con todos los hermanos.

Lecturas

Primera Lectura: Isaías 60,1-6
Salmo de respuesta: 72(71), 1-2.7-8.10b-11.12-13 (R. cf. 11)
Segunda Lectura: Efesios 3,2-3a.5-6
Evangelio: Mateo 2,1-12


  CONTEXTO BÍBLICO

La manifestación del Hijo del eterno Padre en nuestra propia carne abre para toda la humanidad nuevos tiempos, los que Él mismo Padre había determinado desde la creación, cuando el hombre estaba inmerso en la luz de la gloria divina y que el pecado había oscurecido, haciendo al hombre enemigo de Dios.

Esta enemistad sigue latente según el relato del Evangelista Mateo, cuando nos muestra a unos paganos caminando al encuentro del “Rey de los judíos” que ha nacido en Belén, mientras que las autoridades políticas y religiosas del pueblo de Israel experimentan “sobresalto”, pues ha aparecido la luz que pone al descubierto lo que hay en el corazón del hombre.

Cerrarse a su resplandor y permanecer en plena noche fue el camino elegido por este grupo liderado por Herodes, sendero diametralmente opuesto al de Pablo, quien siendo también judío se regocija en haber conocido el misterio revelado y por el cual, ha sido constituido miembro del cuerpo de Cristo y partícipe de todos los dones concedidos por el Padre a aquellos que se acojan a su luz, rindiendo la propia existencia para servir a la construcción del Reino de Dios.

El Verbo, por su Encarnación, ha recorrido el camino que le acerca al hombre, asumiendo la naturaleza humana; ahora el hombre, es convocado a caminar hacia el encuentro con Él, para presentar nuestro ser como un humilde presente a Aquel que nos ha enriquecido con toda clase de dones espirituales y materiales.

En la pequeñez el Padre eterno manifiesta la grandeza de su poder, para convocar entorno a la fragilidad del niño a todos los pueblos de la tierra, para que en adelante no haya sino un solo rebaño bajo el cayado de un solo pastor.

  CONTEXTO SITUACIONAL

Quien lee desde la fe el misterio de la Encarnación como la más grande bendición divina, no puede menos que llenarse de alegría, otra realidad que sobresale en los textos bíblicos. Aquellos que han vivido como deportados en tierra extrajera, que habían salido de la ciudad de Dios (vivir en su amistad), retornan habiendo dejado atrás el yugo del pecado y apuran presurosos el paso para llegar al encuentro del Señor.

También hoy. muchos hombres llegan ante nosotros preguntando por Aquel que es fuente de la plena felicidad: lo hacen los jóvenes en su rebeldía para ajustarse a los modos del mundo actual, que ellos encuentran distante de ser el ambiente deseable para el desarrollo integral de la persona: las injusticias, el dolor de los más débiles, los carentes de posibilidades de desarrollo, los intrincados caminos para acceder al estudio de calidad o encontrar un trabajo digno son algunos de los motivos de sus búsquedas.

Hay búsqueda de felicidad en aquellas parejas de esposos que ven fracturarse la confianza y fidelidad juradas ante el altar del Señor, asumiendo como solución la ruptura del vínculo sagrado. Anhelan felicidad los niños que crecen sin la presencia de su padre o madre, aquellos que carecen del calor hogareño, aquellos que están atados a vivir en la ignorancia porque no tienen acceso al estudio, a la salud, a un trato digno. Buscan felicidad todas las mujeres que hoy son ignoradas, ultrajadas o sometidas a condiciones inhumanas de esclavitud.

Encontramos entonces muchas búsquedas y grandes insatisfacciones, que el recién nacido quiere iluminar con su luz, quiere transformar con su presencia, quiere acompañar con su gracia.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

La Eucaristía que ahora celebramos congrega a muchos hombres y mujeres convocados a ser cuerpo, familia de Dios. Ella nos llama a romper las múltiples barreras personales o comunitarias que hemos levantado y que son fuente de división y discordia.

La epifanía es un canto a la unidad, a la luz, a la vida, a la alegría. Por ello todos los que vivimos este misterio, estamos llamados a salir desde nuestro contacto íntimo con el Niño de Belén al encuentro con los hermanos que recorren muchas sendas equívocas y que esclavizan. Esta epifanía debe despertarnos de nuestro letargo espiritual, ese que nos hace celebrantes inactivos, que nos impide salir a participar a los hermanos de los dones que se nos han otorgado. Como Pablo estamos convocados a confesar que nuestra vida es Cristo y Él es nuestra máxima riqueza, que sin su presencia se oscurece la existencia humana y crecen en número e intensidad las mezquindades, llevándonos a vivir aferrados a egoísmos, a levantar muros, a separar, a dañar.

La Epifanía de nuestro Señor Jesucristo conduzca a todos los aquí congregados a salir por los caminos del mundo, como estos peregrinos que han llegado hasta el portal, para comunicar con alegría cuanto en gratuidad se nos ha otorgado.


Recomendaciones prácticas

  • Convendría Insistir en que el personaje central en este día es Jesucristo, el Niñito del Pesebre, y el misterio de la salvación revelado a todos y para todos por Él; y no las figuras de los llamados «tres reyes magos».
  • Encender una luz al frente del pesebre podría ser elemento pedagógico.
  • En la entrada procesional podría incluirse que algunos miembros lleven dones de especial significado y se depositen ante el pesebre con una finalidad específica: un mercado como solidaridad con los pobres, el agua como signo de la naturaleza que debe cuidarse, unas biblias para entregar a los fieles para que su fe sea iluminada, entre otros.
  • Convendría hacerse la fórmula de bendición solemne: «En el primer día del año», p. 471 del Misal Romano.

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