Cristo transforma la muerte en vida

Las palabras de la Escritura no son una historia de la comunidad primitiva que experimenta la alegría pascual, es un verdadero anuncio de una gran noticia que nos hace entrar en el camino de una Iglesia pascualizada, que nace del sepulcro vacío y grita al mundo que Cristo no habita en la muerte sino que la ha vencido y la ha transformado en vida.  Escuchemos.


Lecturas

 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10,34a.37-43
 Salmo de respuesta: 118(117),1-2.15c+16a+17.22-23 (R. 24)
 Segunda lectura: Colosenses 3,1-4
 O bien: 1Corintios 5,6b-8
 Evangelio: Juan 20,1-9


  CONTEXTO BÍBLICO

Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.  Las palabras del Salmo nos iluminan en esta celebración para cantar las maravillas, las gestas y proezas de Dios, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos.
La Palabra que hoy hemos proclamado, nos pone en ambiente eucarístico y nos  hace reconocer al Resucitado en medio de la comunidad y nos convierte en testigos del resucitado, ya que hemos comido y bebido con Él muchas veces.
La resurrección, marca la vida de la comunidad cristiana, logrando que los objetivos y metas sean de otro orden, que rompan la rutina de quienes buscan permanecer en el aquí y en el ahora y hace que se busquen los bienes superiores y nos convierte en seres comprometidos con la integridad y la verdad.

  CONTEXTO SITUACIONAL

Los que hemos nacido en el agua y en el Espíritu por el Bautismo, experimentamos que la muerte no tiene la última Palabra, y hoy nos alegramos porque tenemos el encuentro con el Resucitado, que nos levanta de la muerte, que nos hace capaces de luchar en el camino para vencer la oscuridad y el pecado.
La vida de la fe no se queda en doctrinas ni en ideas bellas y emotivas, va más allá y nos compromete para que seamos testigos y anunciemos lo que hemos vivido de la mano del Señor Resucitado.  Valdría la pena preguntarnos, en este día, si de verdad hemos tenido la experiencia significativa de un encuentro con el Señor o si, simplemente, somos repetidores de historias y no llegamos a provocar ni a entusiasmar a nadie porque no estamos convencidos de lo que anunciamos.
Ser cristiano es ser testigo de una persona, discípulo de Jesús y comprometido con la transformación de nuestro entorno para que todo sea propicio para la salvación.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

La Pascua es el núcleo de la vida de fe del cristiano y empieza a celebrarse como un todo, como un bloque que viene cargado de buenas noticias y de muchas esperanzas.  En este ambiente eucarístico tenemos la oportunidad del encuentro con el Resucitado, tal cual fue vivido por los discípulos de Emaús, quienes lo reconocieron al partir el Pan.
Eucaristía y resurrección se reclaman, no pueden concebirse separadas porque el Resucitado alimenta a la Iglesia y la Iglesia nace en la Eucaristía, se fortalece en ella y por ella se ve lanzada a una esperanza final.


 Recomendaciones prácticas

  • Para la cartelera se pueden usar palabras y frases como: “Quédate con nosotros” “Busquen los bienes de arriba”, “Resucitó”. 
  • En la mayoría de las comunidades se realiza la procesión con el resucitado; convendría motivar este momento con algunos textos del Catecismo de la Iglesia Católica relativos a la resurrección del Señor.
  • Sería oportuno hacer hoy el Rito para la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I del Misal Romano, propio para la cincuentena pascual,      p. 1058.
  • El centro de la vida celebrativa debe llevar a la asamblea a visualizar el Cirio Pascual y no la imagen del Resucitado.
  • Podría resaltarse el himno del “gloria” con el canto.
  • El Aleluya debe cantarse de manera solemne.
  • La Bendición final de la Misa es solemne, como en la Vigilia Pascual, agregando en la despedida el doble Aleluya, que se mantiene durante toda la Octava de Pascua.
  • Con las Vísperas de este día termina el Sagrado Triduo Pascual.
  • Los ocho primeros días del Tiempo Pascual, incluyendo el Domingo segundo de Pascua, constituyen la Octava de Pascua; estos días tienen la celebración como las solemnidades del Señor (Cf. Normas Universales sobre el Año Litúrgico y sobre el Calendario, n. 24).

Posted by Admin9834