SISTEMA INFORMATIVO
Con un campeonato de microfútbol, Iglesia realiza “acto simbólico por la paz en Buenaventura”
Tags: Shotas espartanos diálogos regionales diócesis de buenaventura monseñor darío jaramillo diálogos pastorales Iglesia
Este domingo 02 de octubre, en el Día Internacional de la No Violencia, se llevó a cabo en la ciudad del principal puerto marítimo de Colombia, el “acto simbólico por la paz en Buenaventura”, liderado por monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de esta Iglesia particular.
Según explicó el prelado, a partir de las 9 de la mañana y durante todo el día en el Barrio Juan XXIII, se desarrollaron una serie de actividades religiosas, deportivas, recreativas y musicales, con la participación de la comunidad en general, resaltando de manera especial, la asistencia de integrantes de las bandas de los ‘Shotas’ y los ‘Espartanos’, quienes en días pasados decidieron acogerse a un proceso local de paz. Entre ellos jugaron un campeonato de microfútbol, portando unas camisetas que tenían una simbología, como signo de compromiso por la paz.
Este es un programa piloto que inició hace mes y medio y que incluye un cese al fuego, el mismo se materializó este domingo con un partido de fútbol y contó con la intermediación de la Iglesia Católica.
ENTREVISTA A MONS. RUBÉN DARÍO JARAMILLO MONTOYA
Ofrecemos la transcripción de la entrevista que Caracol Radio Cali, realizó a monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, en la que explica el papel facilitador que la Iglesia está ofreciendo en esta zona del país, entre bandas delincuenciales, que permitan llegar al cese de la violencia. También se refirió a los diálogos pastorales que desde todas las regiones del país se vienen liderando.
Leer entrevista completa
PERIODISTA
En Buenaventura ya han comenzado a darse pasos para ver si es posible lograr la paz entre los grupos delincuenciales que se enfrentan en las calles de Buenaventura, que protagonizan la preocupación de los habitantes en los barrios, también a los comerciantes les genera inseguridad, las extorsiones y demás, pero como ya lo había contado Caracol radio desde la semana pasada y con la mediación de la Iglesia Católica se ha logrado que se den pasos para que por lo menos haya un cese de agresiones y se haga o se cumpla un cese también de esto de las fronteras invisibles que hay en algunos barrios y que se establecen entre estas organizaciones delincuenciales.
Son pasos esperanzadores los que se están dando en Buenaventura y por eso queremos hablar con el señor obispo Rubén Darío Jaramillo, monseñor Muchísimas gracias por acompañarnos.
Monseñor hay una gran expectativa en el país porque se avance en esta propuesta de una paz total y usted en esta semana que termina nos hizo un anuncio importante de los pasos que se han dado en Buenaventura, donde se requiere tanto de esa paz.
¿Qué es lo que se ha podido lograr con organizaciones como ‘Shotas’ y los ‘Espartanos’ en medio de los diálogos que se ha podido sostener con ellos?
MONSEÑOR
Hace más o menos mes y medio, hemos venido dialogando con estos grupos que han generado tanta violencia, llamados los ‘Shotas’ y los ‘Espartanos’ en Buenaventura, para que en el marco de esta paz total del Gobierno Nacional, puedan aceptar un cese al fuego que era el delito de más alto impacto que teníamos en Buenaventura.
En los últimos tiempos teníamos un promedio de 25 a 30 personas asesinadas cada mes y el registro del mes de septiembre que estamos culminando, es que apenas hay un homicidio. Esto es una disminución de más del 95% en este delito y esto es lo que nos anima a poder continuar acompañando este proceso. Ellos se han comprometido primero, a dejar los homicidios, ojalá terminar el año en cero estos meses que faltan, cero homicidios por parte de ellos; y segundo, quitar las fronteras invisibles, porque las comunidades no podían pasar de un lugar a otro, había restricción, ellos mismos las habían colocado y ahora deciden que todos pueden movilizarse por todas partes.
Ellos quieren ayudar a la paz de Buenaventura, ellos saben lo que ha implicado para la comunidad esa situación tan compleja, pero también han manifestado que quieren ya la paz, que están cansados de la guerra y que quieren apostarle a algo diferente en lo que ellos y sus familias van estar bien, en paz y con vida, porque es lo más importante.
PERIODISTA
P/ Monseñor hay una particularidad en esto y es que son dos grupos que se enfrentan, que obviamente con sus enfrentamientos generan unas consecuencias para las comunidades y que ya el enfrentamiento con la fuerza pública viene posterior. ¿Cómo se logra poder acercarlos, cómo fue ese proceso, que permitiera que ellos dijeran esto “no queremos más y vamos a parar estos enfrentamientos” y las fronteras invisibles que no sigan afectando a la comunidad?
MONSEÑOR
Lo más importante era generarles confianza, de que ellos podían confiar en el proceso mismo y eso es lo que hemos hecho, acercarnos, darles confianza de que es verdad que se puede vivir en paz, de que no es necesario que ellos estén en una guerra absurda, porque en el fondo nos estamos matando nosotros mismos. Hacerles entender que la guerra no es el camino, que ellos no están consiguiendo nada, o les queda la cárcel, la muerte o la salida civilizada, negociar y hablar.
Definitivamente ellos también quieren apostarle a una paz verdadera en Colombia. Porque Buenaventura mejora su nivel de calidad de vida y vendrá la inversión, se ganará confianza también para que los empresarios puedan generar empleo, que es lo que más necesitamos en este Puerto, el turismo se va activar, entonces son noticias muy buenas y trascendentales para un Puerto que ha ocupado el puesto número 13 como la ciudad más violenta del mundo.
PERIODISTA
Qué nos puede decir, sin que esto afecte las confidencialidades que tienen este tipo de diálogos. ¿Qué nos puede decir de los voceros y líderes de estas dos organizaciones, cómo los percibe usted, alejándose por un momento de que son líderes de una organización que lideran acciones violentas, que han sido causantes de ese terror en Buenaventura? ¿Usted que ha podido percibir de ellos al mirarlos a los ojos, que ha podido encontrar?
MONSEÑOR
Yo veo el cansancio de la guerra, la guerra no trae sino dolor y sufrimiento y ante todo, ellos están esperanzados en sus hijos y nos dicen por favor hagan algo, el Estado colombiano tiene que hacer algo con los niños y los jóvenes, no queremos que ellos terminen donde estamos nosotros, ellos están pensando en sus hijos, en niños, niñas, en jóvenes que están creciendo y que saben que su papá está en lo que nosotros llamamos "en el cuento" y dicen, “no, mi niño no puede sufrir tanto”, entonces quieren terminar esta situación, quieren acabar con esta ola de violencia.
Ellos saben que tienen una deuda con la justicia colombiana y están esperando que el Estado colombiano pruebe una normatividad hacia ellos o unas penas alternativas, una justicia especial para la paz para ellos y que ya se está construyendo en diálogos con el Alto Comisionado para la Paz, esperando que esto pueda darse y que podamos entre todos ir avanzando en ese proceso de construir una paz por regiones, por zonas y ante todo una paz que nos lleve a todos a vivir diferente y a vivir mejor.
PERIODISTA
Usted ha podido hablar con el Alto Comisionado, ¿él ya conoce directamente estos avances, que ha dicho él?
MONSEÑOR
Hemos hablado con el doctor Iván Danilo Rueda Rodríguez, hemos tenido unas conversaciones para poder apoyarnos, porque realmente esto hace parte de unos diálogos nacionales, donde hay según cuentas, 23 bandas, de las cuales ya 10 se han acogido al proceso del cese al fuego, que han decidido no más asesinatos en sus territorios.
Se está discutiendo otros tipos de beneficios para todos, frente al robo y la extorsión, eso se sabe que es de acabarse, queremos también que eso disminuya o que se acabe, esto debe acabarse, estos jóvenes están pidiendo empleo para poder vivir, sostener a sus familias, ellos pagan arriendo, tienen sus necesidades básicas, entonces queremos ojalá ofrecerles capacitación, estudio, proyectos productivos y empleo formal, de esa manera podríamos pensar que podemos avanzar para que se acabe definitivamente todo tipo de delitos, el robo y la extorsión que afectan tanto a los comerciantes en todos los niveles.
PERIODISTA
En esta tarea de mediación, de trabajo humanitario, de búsqueda de la paz que hace la Iglesia a través suyo en Buenaventura, usted que representa también de alguna manera el sentir de la comunidad, ¿hay pasos con otros grupos, vendrán buenas noticias sobre este particular?
MONSEÑOR
Hay otros grupos que ya son organizados, como el ELN, las disidencias de las FARC, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, que tenemos en este territorio y todos los demás grupos, digamos tienen ya una ruta que el Estado colombiano se está reuniendo y está avanzando en eso.
Nosotros como Iglesia también acompañamos algunos procesos a nivel del episcopado, queremos aprovechar los diálogos pastorales, estos diálogos desde la Iglesia para ir construyendo todo un estado en función de la paz y esto es muy importante porque no se trata solo de un grupo, sino de hablar con todos. Los diálogos son rutas distintas porque el Estado reconoce unos grupos organizados que han tenido un tinte político, en el sentido de que van contra el Estado colombiano y hay otros grupos que son las bandas criminales, que no están con ninguna ideología, no están luchando contra el Estado, sino que tienen un interés económico y de territorio de poder. Detrás de todo esto en el corazón de las personas termina habiendo un orgullo, una prepotencia, unos deseos de tener más que el otro, y esto es propio de un corazón que está triste, que está solo, que está golpeado.
Porque son jóvenes que tienen unas familias disfuncionales, que son familias donde no ha habido un sentido de amor, de cariño, no ha habido autoridad en sus hogares, les ha faltado la educación, no han tenido oportunidades y finalmente terminan en esto. Que si esas personas hubiesen tenido las oportunidades que hemos tenido otros, como nosotros, quizá no estuvieran pasando en eso. Lo importante es que nosotros podamos tratar las raíces del problema con nuestros niños y jóvenes para ofrecerles alternativas, oportunidades en el Pacífico. Tenemos el deporte, la gastronomía, el turismo, la parte portuaria, la ecología, tenemos todo el sentido de esta biodiversidad, que nos enriquece en el Pacífico, si proyectamos todo a los jóvenes y niños hacia el desarrollo de todos esos campos, pues ya no habrá campo para la guerra. A veces se llega ahí, simplemente porque estamos en unas circunstancias en esos barrios, en esas zonas más periféricas y más pobres y terminan engrosando esas bandas, que es lo que más nos interesa arrancar y llegar hasta la raíz del problema para que no seguir generando jóvenes metidos en las bandas criminales.
PERIODISTA
Le insisto en esa licencia que ha dado el gobierno para que la regiones tengan protagonismo, un ejemplo de ello son los llamados “diálogos regionales incluyentes”, en ese escenario que ha permitido el gobierno, particularmente en Buenaventura, acercamientos con el ELN y disidencias, para también conocer y pulsar un poco cuál es el pensamiento de ellos y también si hay disposición.
MONSEÑOR
Hay disposición, todavía no hemos empezado estos diálogos en nuestra región, el 18 de octubre vendrá la vicepresidenta, la doctora Francia Márquez, para iniciar los primeros diálogos regionales vinculantes en Buenaventura.
PERIODISTA
Es decir con ELN y disidencias todavía no hay acercamientos.
MONSEÑOR
Hay unos acercamientos generales a nivel nacional y la Iglesia está acompañándolos, nosotros acompañamos y facilitamos los procesos. Lo estamos haciendo y lo hemos venido haciendo porque para nosotros es importante el tema de la paz integral, pero digamos en la particularidad de las regiones todavía no.
PERIODISTA
Monseñor usted ha mencionado, porque me parece que es bien importante que también se incluyan otros sectores que han sido afectados por la violencia en Buenaventura. ¿Usted qué percibe en los comerciantes, en los empresarios? en su contribución también a que cesen estos hechos de violencia, pues también además como diría, además de producir sus negocios, también ellos aporten algo o generen más empleo y ayuden a superar los problemas de hambre que tiene Buenaventura en algunas zonas. ¿Cómo los percibe, los siente comprometidos usted que ha podido hablar con ellos?
MONSEÑOR
Es un tema como de feed-back, pero ¿qué significa esto? que, si hay seguridad, hay inversión, hay empleo y hay compromiso. Pero a veces los comerciantes fuera de pagar todo lo que tienen que hacer ante las autoridades legalmente constituidas, les toca pagar unas vacunas, unas extensiones, entonces se ven más afectados, pero en el caso de parar esta guerra, hay un ánimo muy grande entre los empresarios de Buenaventura de aportarle y contribuir con la paz, porque ellos son los primeros beneficiados, si hay turismo, si hay gente, si hay emprendimiento, los empresarios van a ganar más, ellos están dispuestos a aportar en la medida de sus posibilidades.
Ya hemos hablado con los gremios, con algunas empresas portuarias y ellas están muy interesadas en que este proceso avance, porque con la paz todos ganamos y con la guerra, todos perdemos. Hay buen ánimo, estamos esperando ya que el Estado colombiano, en los distintos niveles, para que ellos puedan primero, avanzar en darle una normatividad jurídica al proceso; y segundo, den una inversión social. Los mismos jóvenes están pidiendo que se mejoren las escuelas, los puestos de salud, que se logre en los distintos barrios mejorar el alcantarillado, el agua, están pidiendo lo que cualquier ciudadano. Por eso yo creo que es un tema de atención integral en todos los aspectos, para que podamos hablar de un desarrollo para todos.
PERIODISTA
Monseñor este será un fin de semana y particularmente este domingo donde se desarrollarán varias actividades, de esas que acercan la Iglesia a la comunidad, muchas actividades donde usted también puede percibir, pulsar, palpar lo que la gente le preocupa y quiere. ¿Qué tiene previsto para este domingo?
MONSEÑOR
Este domingo vamos a hacer algo que hemos denominado el gran “acto simbólico de la paz para Buenaventura” y es donde estos dos grupos, van a mostrarle a la ciudadanía que ya no se están enfrentando, sino que quieren construir la paz y por eso se han establecido unos cuadrangulares, son los campeonatos de microfútbol, justo en el barrio donde más ha habido enfrentamientos entre estas dos bandas, donde antes se tiraban bala, ahora van a tirar goles y vamos entonces hacer un cuadrangular de microfútbol entre ellos y vamos a hacer una olla comunitaria, en el Barrio Juan XXIII, que aquí le llamamos cariñosamente Juancho.
Vamos a tener unos juegos de mesa, porque la gente del común, los niños, los jóvenes y los adultos mayores les gusta mucho este tipo de juegos, vamos a tener artistas, estamos invitando a todos los artistas de Buenaventura y hay un compromiso de todos ellos de aportarle a este proceso, vamos a tener eucaristía a las 2 p.m. por lo tanto es una actividad donde se le va a decir a la comunidad de Buenaventura, que no es simplemente unas declaraciones, sino que es una realidad y lo van a poder ver ahí, directamente con este acto simbólico que vamos a tener para decirle a la comunidad que estas bandas han decidido bajar las armas, bajar este odio, esta guerra y apostarle a la paz.
PERIODISTA
¿Monseñor y van a hacer goles y a jugar fútbol los integrantes de estas bandas?
MONSEÑOR
Goles por la paz, eso es lo que queremos con la ayuda de Dios, vamos a estar allí en este pequeño campeonato, entre los mismos muchachos de los grupos, que como decía antes que no se podían ver juntos, vamos a tener unas camisetas de compromiso por la paz de gran simbología, de construcción de paz para nuestra ciudad.
PERIODISTA
Monseñor nos alegra hablar con usted que en medio de la realidad hay una esperanza y que los pasos que usted ha dado con todo su equipo de trabajo, usted liderando a la comunidad, están viéndose estas manifestaciones de paz y que ojalá se consoliden plenamente para el bien de Buenaventura.
MONSEÑOR
Muchas gracias a ustedes y decirle a toda la comunidad yo le quiero pedir mucha oración a toda la comunidad, que le pidamos a Dios por la paz, es posible construir la paz, si lo estamos haciendo en Buenaventura y llevamos este tiempo tan largo ya sin homicidios, se puede hacer en Cali, se puede hacer en nuestras regiones, de deponer las armas, ese camino de la violencia no puede seguir en una región tan linda, con tantas posibilidades como tenemos nosotros en el valle, en Colombia y podremos ser una gran ciudad o un gran país si nos lo proponemos, si ayudamos y entre todos construimos unas condiciones diferentes, que Dios los bendiga.
Semana del matrimonio 2026: El amor que dialoga
Vie 30 Oct 2026
Semana del matrimonio 2026: El amor que dialoga
Vie 30 Oct 2026
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Mar 27 Oct 2026
¿Cómo seguir transmitiendo la fe en este cambio de época? Claves del documento “Venite ad Me”, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe
El 22 de octubre de 2026, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Santo Padre, dio a conocer el documento Venite ad Me, que ofrece algunas consideraciones para seguir transmitiendo la fe en una sociedad cada vez más secularizada.La reflexión parte de una pregunta fundamental para la misión evangelizadora de la Iglesia: ¿cómo anunciar a Jesucristo y favorecer la transmisión de la fe cuando esta ya no puede darse por supuesta como parte de la herencia cultural y de la vida familiar?¿Se ha debilitado la transmisión de la fe en la familia?En alguna ocasión, el papa Benedicto XVI afirmó: “Cuando, en la percepción de muchos, la fe católica ya no es patrimonio común de la sociedad (…), difícilmente podrá llegar al corazón mediante simples discursos o exhortaciones morales, y menos aún a través de referencias genéricas a los valores cristianos. La apelación valiente e íntegra a los principios es esencial e indispensable; sin embargo, la simple enunciación del mensaje no llega hasta lo más profundo del corazón de la persona, no toca su libertad ni transforma su vida. Lo que fascina es, sobre todo, el encuentro con personas creyentes que, mediante su fe, atraen hacia la gracia de Cristo y dan testimonio de Él”.Estas palabras, pronunciadas por Benedicto XVI el 13 de mayo de 2010, en Fátima, ofrecen una clave para comprender la preocupación que atraviesa el documento Venite ad Me: la necesidad de renovar la evangelización y recuperar la centralidad del encuentro personal con Jesucristo.En efecto, el documento constata una crisis en la transmisión generacional de la fe, especialmente en las sociedades de antigua tradición cristiana. En muchos contextos, ya no es posible dar por supuesta la transmisión de la fe en el ámbito familiar. Esta realidad invita a fortalecer el acompañamiento pastoral y a buscar nuevas formas de anunciar a Jesucristo, sin dejar de reconocer la importancia insustituible de la familia en la educación cristiana.Como recuerda la exhortación apostólica Evangelii gaudium, del papa Francisco, “Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico”. El documento señala, además, que muchas personas se sienten desencantadas y dejan de identificarse con la tradición católica, mientras aumenta el número de padres que no bautizan a sus hijos ni les enseñan a rezar.No se trata, por tanto, de afirmar que la familia haya dejado de ser un lugar de transmisión de la fe, sino de reconocer que esta tarea ya no puede darse por descontada y que necesita ser acompañada, fortalecida y renovada.Al centro está de nuevo el primer anuncio: el kerigmaLa preocupación por renovar la transmisión de la fe ya estaba presente en el magisterio del papa Francisco, quien solicitó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe una reflexión sobre esta cuestión. Posteriormente, el papa León XIV retomó esta urgencia en su discurso a los obispos italianos, en junio de 2025, al insistir en la necesidad de poner a Jesucristo en el centro del anuncio y de la existencia cristiana.En aquella ocasión, el Santo Padre señaló la importancia de ayudar a las personas a vivir una relación personal con Cristo para descubrir la alegría del Evangelio. En un contexto de gran fragmentación, insistió en la necesidad de volver a los fundamentos de la fe, al kerigma, como primer compromiso que impulsa todos los demás.En esta misma perspectiva, Venite ad Me propone volver al kerigma, es decir, al anuncio de lo esencial de la fe. Se trata de reconocer que las referencias a los valores morales y las exhortaciones a los principios cristianos, aun siendo importantes, no pueden dar por supuesto aquello que es previo y fundamental: el encuentro con Cristo.Para transmitir la fe hoy no basta con enseñar un conjunto de contenidos doctrinales o de informaciones religiosas, como podía suceder hace varias décadas, cuando el Evangelio se “respiraba” cotidianamente en la familia y en la sociedad.Volver al kerigma significa poner en el centro el anuncio de que Dios nos ama, que Jesucristo entregó su vida por nuestra salvación, resucitó y permanece vivo y presente en medio de nosotros. No se trata de restar importancia a la formación doctrinal, sino de reconocer que esta debe estar vinculada con el encuentro personal con Cristo y con una experiencia de fe capaz de transformar la vida.¿Cuáles son las consideraciones para seguir transmitiendo la fe?El documento invita a reconocer los espacios y las experiencias que hacen posible el encuentro con Cristo y favorecen una transmisión viva de la fe.En primer lugar, destaca la importancia de la familia y de la comunidad eclesial. Como señala el número 30, mientras la Iglesia está llamada a comunicar y hacer resplandecer la luz de Cristo, “la familia constituye el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe”.Este desafío exige acompañar a las familias y ayudarles a descubrir que la transmisión de la fe no se reduce a comunicar conocimientos religiosos. También supone enseñar a orar, compartir la vida cristiana, celebrar la fe y dar testimonio de ella mediante las decisiones cotidianas y el servicio a los demás.De igual manera, resulta fundamental el testimonio de las personas que han experimentado el encuentro con Cristo o han redescubierto una relación viva con Él. Sus experiencias pueden convertirse en una invitación para que otros se acerquen a la fe y descubran la presencia de Dios en sus propias vidas.Por eso, la transmisión de la fe no puede depender únicamente de discursos, actividades formativas o estrategias de comunicación. Necesita comunidades acogedoras en las que el anuncio del Evangelio se haga visible mediante relaciones fraternas, el acompañamiento personal, la celebración de los sacramentos y el compromiso con quienes más sufren.La tarea evangelizadora implica, en definitiva, crear condiciones para que las personas puedan encontrarse con Jesucristo, profundizar en su relación con Él y descubrir cómo la fe ilumina sus decisiones, sus relaciones y su compromiso con los demás.El aporte de la Conferencia Episcopal de ColombiaEl documento recoge testimonios personales y eclesiales que permiten comprender los desafíos de la transmisión de la fe en distintos contextos culturales. Para su elaboración, numerosas conferencias episcopales enviaron materiales y experiencias que contribuyen a enriquecer la reflexión.En Colombia, como en otros lugares, los abuelos desempeñan un papel significativo al suplir, en algunos casos, las carencias de la catequesis en el hogar, junto con el acompañamiento de las parroquias. En otros contextos, las condiciones culturales pueden influir incluso en el momento en que las familias solicitan el Bautismo para sus hijos, como se señala en el caso de algunas comunidades de la Amazonía peruana.Estas experiencias muestran que la transmisión de la fe ya no puede considerarse un proceso automático. La realidad de cada comunidad exige discernir cómo anunciar el Evangelio, acompañar a las familias y favorecer experiencias significativas de encuentro con Cristo.Entre los testimonios recogidos en el documento también se encuentra una experiencia procedente de Colombia que ilustra la fuerza transformadora del anuncio cristiano. Se trata de una persona que, después de atravesar situaciones de drogadicción, delincuencia y desamparo, encontró un camino de conversión gracias al acompañamiento de una fundación cristiana. La oración del rosario, la lectio divina y la Eucaristía fueron elementos importantes en su proceso de transformación. Posteriormente, esta persona llegó a convertirse en misionera y comenzó a acompañar a otros jóvenes.Este testimonio permite reconocer que la transmisión de la fe no se limita a la infancia ni termina con la catequesis sacramental. El encuentro con Cristo puede abrir nuevos horizontes en distintas etapas de la vida, especialmente cuando está acompañado por una comunidad que acoge, escucha y ayuda a reconstruir la esperanza.La experiencia colombiana pone así de relieve dos desafíos complementarios: fortalecer la transmisión de la fe en el ámbito familiar y comunitario, y promover procesos de evangelización capaces de acompañar a quienes buscan un sentido para su vida, atraviesan situaciones difíciles o desean reencontrarse con Dios.Signos de esperanza para una nueva etapa evangelizadoraLa situación actual de la Iglesia no debe conducir a la desesperanza. Por el contrario, el cambio de época puede convertirse en una oportunidad para una adhesión a la fe más consciente, libre y convencida.Los obispos de Bélgica destacan que esta situación permite a las personas elegir conscientemente profundizar en su fe. En una perspectiva semejante, los obispos de Chile señalan que la fe ya no puede presuponerse como una herencia cultural estable ni como una adhesión espontánea a un universo simbólico compartido. Se presenta, más bien, como una propuesta que debe ser acogida libremente y acompañada mediante procesos que tengan sentido para la vida.En este contexto, resulta especialmente esperanzador el aumento de conversiones y retornos a la Iglesia, particularmente entre jóvenes y adultos jóvenes. Francia constituye un ejemplo notable: en 2026, el número de adultos bautizados creció un 28 % respecto al año anterior y superó en más de tres veces la cifra registrada en 2016. La mayoría de quienes solicitan el Bautismo tiene menos de 40 años, y aproximadamente la mitad está entre los 18 y los 25 años.Entre las motivaciones para acercarse a la fe se encuentran las crisis personales, como el duelo o la enfermedad; las experiencias espirituales y de belleza, y el encuentro con otros creyentes, tanto presencialmente como a través de las redes sociales.Estos signos invitan a reconocer que, incluso en sociedades marcadas por la secularización, siguen existiendo búsquedas espirituales y oportunidades para anunciar el Evangelio. La respuesta de la Iglesia está llamada a integrar el anuncio explícito de Jesucristo, el testimonio de vida, el acompañamiento y el compromiso con los demás, sin reducir la misión a una estrategia de conservación institucional.Volver a Cristo para renovar la transmisión de la feEl documento Venite ad Me invita, en definitiva, a iniciar una nueva etapa evangelizadora, como ya lo había pedido el papa Francisco en Evangelii gaudium y ha reiterado el papa León XIV.La misión de la Iglesia no puede reducirse a conservar lo recibido ni a transmitir contenidos de manera aislada: está llamada a anunciar a Jesucristo, propiciar el encuentro con Él y dar testimonio de una fe que transforma la vida.En este cambio de época, el desafío no consiste solamente en encontrar nuevas formas de comunicar el Evangelio, sino en hacer visible, mediante familias acompañadas y comunidades acogedoras y misioneras, la alegría de haber encontrado a Cristo.Volver al kerigma es, por tanto, volver al corazón de la fe y de la misión de la Iglesia: anunciar a Jesucristo para que cada persona pueda encontrarse con Él, acoger libremente su amor y descubrir la esperanza que nace del Evangelio.
Vie 23 Oct 2026
Comunicado de la Diócesis de Ipiales: llamado urgente a los actores armados para que respeten la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades
La Iglesia en Ipiales, representada por monseñor José Saúl Grisales Grisales, hace nuevamente un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y protejan la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Se trata de poblaciones que han sufrido heridas, han perdido sus hogares y se han visto obligadas a desplazarse ante las amenazas contra su vida y su tranquilidad.En su comunicado, monseñor Grisales retoma las palabras del papa León XIV: “Exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz” (Audiencia general, 29 de abril de 2026).La Iglesia que camina en los territorios colombianos reitera su disposición de acompañar a las víctimas y a las comunidades, escuchando sus necesidades y trabajando por la construcción de la paz. Asimismo, hace un llamado a las instituciones y organizaciones humanitarias para que unan esfuerzos y garanticen a las familias afectadas una atención oportuna y digna, así como el respeto efectivo de los derechos humanos.Este pronunciamiento expresa la preocupación de la Iglesia por la persistencia de la violencia en nuestros territorios y, especialmente, por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de las confrontaciones armadas. Ante esta realidad, la Iglesia continúa anunciando la paz de Cristo resucitado, esa “paz humilde y perseverante” de la que nos habla el papa León XIV.Fiel a su misión de ser experta en humanidad, la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren y alzando su voz en defensa de la vida, la dignidad humana y el derecho de todos a vivir en paz.Descargue aquí el comunicado completo de la Diócesis de Ipiales.
Lun 19 Oct 2026
Presidente del episcopado colombiano llama a fortalecer la pastoral familiar tras encuentro en el Vaticano
Al concluir en el Vaticano el encuentro internacional sobre la exhortación apostólica del papa Francisco, monseñor Francisco Javier Múnera Correa destacó el protagonismo evangelizador de las familias y la necesidad de acompañarlas en sus distintas realidades. El papa León XIV invitó a compartir los frutos de esta reflexión con las Iglesias locales.La necesidad de renovar el compromiso evangelizador con las familias, fortalecer el acompañamiento pastoral y reconocer su protagonismo en la vida de la Iglesia fueron algunos de los principales énfasis del encuentro internacional «Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy», que concluyó el 14 de octubre en el Vaticano con la participación de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.Al término de las jornadas, desarrolladas del 7 al 14 de octubre por convocatoria de la Santa Sede, el prelado colombiano señaló que este aniversario constituye una oportunidad para profundizar en la riqueza doctrinal y pastoral de Amoris Laetitia, exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016, como fruto de los dos Sínodos de los Obispos sobre la Familia realizados en 2014 y 2015.«Tal vez la primera invitación que necesitamos todos es volver a conocerla, profundizar la riqueza doctrinal y pastoral que ella nos ofrece», expresó monseñor Múnera en un mensaje grabado desde Roma el día de la clausura del encuentro.Las familias, protagonistas de la evangelizaciónUno de los énfasis del presidente del episcopado colombiano fue el papel de las propias familias en la transmisión de la fe y en el acompañamiento a otros hogares. Destacó que aquellas que viven su vocación evangelizadora pueden convertirse en referentes para los nuevos matrimonios y, al mismo tiempo, brindar apoyo concreto a quienes atraviesan dificultades.«Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas», afirmó.Esta perspectiva estuvo en sintonía con las reflexiones del encuentro, en el que se abordaron las transformaciones sociales, culturales y económicas que inciden en la vida familiar, así como la necesidad de acompañar las fragilidades de los hogares y ofrecer respuestas pastorales acordes con sus circunstancias.Entre los asuntos destacados estuvo la importancia de brindar ayuda espiritual y concreta ante situaciones de violencia y maltrato en el hogar, con especial atención a la protección de los niños y las personas vulnerables. También se insistió en la necesidad de promover espacios de escucha y apoyo que permitan a las familias buscar ayuda sin estigmatización.Ante estos desafíos, monseñor Múnera hizo un llamado a fortalecer la articulación pastoral y la participación de las comunidades eclesiales. «Es una invitación para que podamos construir pastorales más articuladas, más sinodales, más centradas en la acción evangelizadora de la familia», señaló.Papa León XIV: compartir los frutos del encuentro con las Iglesias localesAl concluir las jornadas, el papa León XIV envió un mensaje a los participantes, en el que agradeció las oraciones, el trabajo realizado y el intercambio de experiencias, así como los testimonios de las familias que compartieron sus alegrías, dificultades y esperanzas.El Santo Padre anunció que leerá los resultados de las deliberaciones y ofrecerá sus reflexiones posteriormente. Entretanto, invitó a los participantes a compartir lo vivido y aprendido con sus respectivas conferencias episcopales y diócesis, y a continuar anunciando el Evangelio con las familias, inspirados en la riqueza de Amoris Laetitia.En particular, expresó su deseo de que las familias sigan participando activamente en la vida y la misión de las Iglesias locales, contribuyendo también al discernimiento de los caminos pastorales por seguir.El mensaje pontificio refuerza una de las orientaciones centrales de las jornadas: las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino participantes activas en la evangelización y en la construcción de comunidades eclesiales más cercanas a las realidades de las personas.La familia, escuela de humanidad y solidaridadEn su balance, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia destacó el aporte de la familia al cuidado y la protección de la vida, la formación humana y el surgimiento de las vocaciones. También la describió como una escuela de solidaridad, cuyo valor trasciende el ámbito doméstico y repercute en la vida comunitaria.Por ello, agradeció a los movimientos, asociaciones, comunidades parroquiales, obispos, matrimonios y familias que asumen la tarea de acompañar y sostener a otros hogares. De manera especial, reconoció el testimonio de quienes proponen a las nuevas generaciones la belleza del matrimonio y la vida familiar.«Las familias son y están llamadas a ser protagonistas de la acción misionera y evangelizadora para con todas las familias, en todas sus situaciones concretas, apoyarlas y sostenerlas», concluyó monseñor Múnera.El encuentro culminó con la presentación y discusión de un documento de síntesis que recoge las principales reflexiones de las jornadas. Entre sus ejes se encuentran los cambios que afrontan las familias en el mundo contemporáneo, la fragilidad, el acompañamiento pastoral y la necesidad de encontrar respuestas a los nuevos interrogantes que surgen en una sociedad en transformación.Vea a continuación el mensaje conclusivo del presidente del episcopado colombiano:
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual: