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familia

Mié 28 Oct 2026

Rostros de la sinodalidad: Diversidad de vocaciones al servicio de la evangelización desde la Conferencia Episcopal

Carolina Escalante Ortega y el diácono permanente Bernardo Vanegas asumen nuevas responsabilidades pastorales en el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano. Sus experiencias reflejan la riqueza de las vocaciones y el compromiso de caminar juntos al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia.Recientemente, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado nuevas responsabilidades de servicio eclesial a Carolina Escalante Ortega, quien asumirá la dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida, y al diácono permanente Bernardo Vanegas, quien estará al frente del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, con el acompañamiento de su esposa, Ángela María Correa.Estas designaciones representan una oportunidad para reconocer la riqueza de las distintas vocaciones y experiencias que contribuyen a la misión evangelizadora de la Iglesia. Desde sus trayectorias profesionales, pastorales y familiares, ambos aportan nuevas perspectivas al servicio que presta el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC).La familia y la vida, una misión que compromete a toda la IglesiaLa dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida ha sido confiada a Carolina Escalante Ortega, joven psicóloga con formación en intervención psicosocial y salud mental, especializada en el trabajo con familias y comunidades vulnerables.Su trayectoria está marcada por el compromiso con las comunidades, especialmente en el Catatumbo, una de las regiones afectadas por la violencia en Colombia, donde desarrolló un trabajo pastoral vinculado a la Diócesis de Tibú.Carolina recibe esta responsabilidad con alegría y con grandes expectativas frente a los nuevos procesos que pueden impulsarse en la pastoral familiar y en la promoción y defensa de la vida. Para ella, “este encargo representa también una misión que Dios le confía en un momento significativo para el país y para la Iglesia”.La importancia de estos dos ámbitos pastorales radica, además, en su carácter transversal:“La familia y la defensa de la vida están presentes en las distintas dimensiones de la acción evangelizadora y se fortalecen cuando se articulan con las demás pastorales”.En el contexto actual de Colombia, las familias y la dignidad de la vida humana afrontan diversos desafíos. Por ello, estos departamentos están llamados a acompañar a las iglesias particulares, promover iniciativas pastorales y contribuir a la construcción de comunidades que acojan, protejan y acompañen a las familias, especialmente a aquellas que atraviesan situaciones de dificultad.Esta perspectiva encuentra eco en las palabras de monseñor Francisco Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tras su participación en el encuentro internacional “Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy”, realizado en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.Al referirse al acompañamiento de las familias, el presidente de la Conferencia Episcopal destacó la importancia de una presencia cercana y concreta: “Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas”.Sus palabras recuerdan que la pastoral familiar no consiste únicamente en proponer orientaciones, sino también en caminar junto a las familias, escuchar sus realidades y acompañarlas en sus alegrías, dificultades y esperanzas.Caminar juntos: la comunión y la sinodalidad en la vida cotidianaPor su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado al diácono permanente Bernardo Vanegas la dirección del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, una instancia que recoge y reorienta la labor que anteriormente desarrollaba el Departamento de Lugares Eclesiales. Bernardo es diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, desde noviembre de 2017. Está casado con Ángela María Correa, con quien lleva 30 años de matrimonio. Es ingeniero industrial y empresario del sector de la tecnología, además de teólogo de Unicervantes, especialista en Sagrada Escritura de la Universidad de San Dámaso y máster en Estudios Bíblicos de la Universidad de La Rioja.Bernardo ha recibido esta responsabilidad con gratitud y sentido de responsabilidad. Desde su ministerio diaconal, reconoce en este encargo“una oportunidad para continuar sirviendo a la Iglesia, poner al servicio de la comunidad lo aprendido y seguir creciendo junto a quienes comparten esta misión”.En este camino contará con el apoyo de su esposa, Ángela María Correa. Para ambos, la posibilidad de asumir juntos esta tarea tiene un significado especial, pues les permite aportar desde su vida matrimonial, su fe y su experiencia familiar.Como explica el diácono Bernardo:“Fueron los mismos señores obispos quienes pidieron que ella también me acompañara en este encargo, para que como matrimonio sirvamos al Departamento y a la Iglesia. Para nosotros esto tiene un significado muy especial y es un claro signo de sinodalidad. Nos alegra poder aportar juntos desde nuestra vida matrimonial, nuestra fe y nuestra experiencia de familia”.Esta experiencia permite reconocer que la sinodalidad también se expresa en la vida cotidiana, en la escucha mutua, en la corresponsabilidad y en la disposición para poner los propios dones al servicio de los demás.Animar la comunión para fortalecer la misiónEl Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad busca acompañar a las jurisdicciones eclesiásticas y a las comunidades en sus procesos, reconocer las experiencias que ya vienen desarrollando y facilitar espacios de encuentro, formación y discernimiento.La parroquia continúa siendo un lugar privilegiado para que los fieles vivan una experiencia concreta de Cristo y de comunión eclesial y esa realidad era la que, particularmente, buscaba acompañar la anterior denominación Lugares Eclesiales. Sin embargo, la comunión y la sinodalidad están llamadas a impregnar todos los ámbitos de la vida de la Iglesia, favoreciendo la participación y la corresponsabilidad de quienes comparten la misión evangelizadora.En este sentido, el Departamento quiere contribuir a que las comunidades eclesiales fortalezcan sus vínculos, avancen en el reconocimiento de los dones de cada vocación y encuentren caminos para responder, de manera conjunta, a los desafíos pastorales de sus territorios.Su servicio se desarrolla en comunión con los obispos y con la participación de sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos. Cada uno, desde su vocación y experiencia, está llamado a contribuir a una Iglesia que escucha, discierne y camina unida.Una diversidad de vocaciones al servicio del EvangelioLas nuevas responsabilidades confiadas a Carolina Escalante Ortega y a Bernardo Vanegas, junto con el acompañamiento de Ángela María Correa, permiten reconocer la riqueza que surge cuando diferentes vocaciones, experiencias y conocimientos se ponen al servicio de la Iglesia.Más que un cambio en la dirección de dos departamentos, estas designaciones constituyen una oportunidad para seguir fortaleciendo la participación, la corresponsabilidad y la articulación de los distintos servicios pastorales.El desafío consiste en traducir esta riqueza en una mayor comunión y en un acompañamiento más cercano a las personas, las familias y las comunidades. Porque, en definitiva, el servicio en la Iglesia adquiere su verdadero sentido cuando se convierte en una oportunidad para servir, amar y dar testimonio del Evangelio.

Mar 19 Mayo 2026

La familia, don de Dios

Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Y dijo Dios “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y henchid la tierra, sean fecundos". (Gn. 1,26-27)La familia: don sagrado de Dios que debe ser protegido hoy: en medio de los profundos cambios culturales, sociales y jurídicos que atraviesa el mundo contemporáneo, la familia —fundamento de la sociedad y santuario de la vida— enfrenta desafíos que cuestionan su identidad, su misión y su estabilidad. No se trata simplemente de transformaciones externas, sino de una verdadera crisis antropológica que toca el corazón mismo del ser humano, por eso, es urgente alzar la voz con claridad, caridad y firmeza para custodiar este don divino.1. La familia en el designio de DiosLa Sagrada Escritura nos presenta la familia no como una invención humana, sino como un proyecto nacido en el corazón de Dios:“Dios creó al hombre a su imagen… varón y mujer los creó” (Gn 1,27).La complementariedad entre el hombre y la mujer no es solo biológica, sino profundamente espiritual y relacional. En esta unión se revela el amor creador de Dios, que es fecundo, fiel y total.El matrimonio, elevado por Cristo a sacramento, no es un simple contrato social, sino una alianza sagrada que refleja el amor entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5,25). Por eso, la familia es llamada con razón “Iglesia doméstica”, lugar donde se transmite la fe, se aprende a amar y se cultiva la vida.2. Las amenazas actuales contra la familiaHoy la familia se ve amenazada por múltiples corrientes que, bajo el lenguaje de libertad o progreso, terminan debilitando su esencia:a. Las Ideologías que desdibujan la identidad humana: existen corrientes que niegan la naturaleza dada del ser humano, relativizando la identidad sexual y la complementariedad entre el hombre y la mujer. Esto no solo afecta la comprensión del matrimonio, sino también la estabilidad emocional y espiritual de las nuevas generaciones.b. La mentalidad anticonceptiva y rechazo de la vida: la difusión de prácticas anticonceptivas ha instaurado una cultura que separa el amor conyugal de su apertura a la vida. El hijo deja de ser don de Dios para convertirse, en muchos casos, en una opción condicionada o incluso rechazada. Esto contradice profundamente el sentido sacramental del matrimonio, llamado a ser signo de amor fecundo, generoso y abierto al don de la vida.c. La disolución progresiva del vínculo familiar: el aumento de separaciones, la banalización del compromiso y la fragilidad de los vínculos afectan gravemente el tejido social. Cuando la familia se rompe, no solo sufren los esposos, sino especialmente los hijos, quienes pierden referentes fundamentales para su crecimiento integral.d. Las tendencias jurídicas que redefinen la familia: en muchos contextos, las legislaciones buscan redefinir la familia desligándola de su fundamento natural y sacramental. Si bien es necesario garantizar derechos y dignidad para todas las personas, no se puede perder de vista la verdad profunda sobre la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abierta a la vida.3. La fidelidad, la verdad y el amor son la respuesta cristianaAnte este panorama, la Iglesia no responde con condena, sino con una propuesta: volver al plan original de Dios.a. Redescubrir la belleza del matrimonio: es necesario anunciar con alegría que el matrimonio no es una carga, sino una vocación hermosa, un camino de santidad donde el amor se purifica, madura y da fruto.b. Educar en el amor verdadero: la familia debe ser escuela de virtudes: respeto, entrega, fidelidad, perdón. Solo así se construyen relaciones sólidas capaces de resistir las dificultades.c. Defender la vida como don sagrado: cada hijo es signo del amor de Dios. Acoger la vida es participar en la obra creadora divina. La apertura a la vida no empobrece el amor, lo engrandece.d. Testimonio coherente: más que discursos, el mundo necesita familias que vivan con autenticidad su vocación: hogares donde se respire fe, donde el perdón sea posible, donde el amor no sea pasajero sino comprometido.4. Dimensión espiritual y sacramentalLa familia cristiana no está sola. Está sostenida por la gracia de Dios. En los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Matrimonio, encuentra la fuerza para perseverar.Orar en familia, participar en la vida de la Iglesia y confiar en la acción de Dios son pilares fundamentales para resistir las crisis.Proteger la familia no es una opción ideológica, es una urgencia humana y espiritual. Allí donde la familia es fuerte, la sociedad florece; donde la familia se debilita, todo se fragmenta.Hoy más que nunca, estamos llamados a custodiar este don con valentía, iluminados por la verdad del Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios.La familia no es un vestigio del pasado: es la esperanza del futuro porque donde la familia se mantiene unida a Cristo allí nace la esperanza del mundo.Señor Jesús, que la sagrada familia de Nazaret sea modelo y protección de nuestros hogares.Danos amor, unidad y fidelidad para que nuestra familia pueda vivir la voluntad creadora de nuestro Dios.El Señor proteja nuestra familia+Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de Diócesis de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Vie 12 Sep 2025

Salvar la familia

Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - La familia hoy ha perdido su identidad; se ha desvirtuado su misión, ahora se hace necesario escuchar de nuevo la palabra iluminadora para volver a valorar el plan de Dios sobre la familia.Hechos 16, 25-33“Hacia la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios, los presos le escuchaban. De repente, se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron.Al momento, quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.El carcelero despertó y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido.Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»El carcelero pidió luz, entró de un salto y, tembloroso, se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús, y te salvarás tú y tu casa.»Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.En aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas. Inmediatamente, recibió el bautismo él y todos los suyos. Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios”.El carcelero que custodiaba al apóstol Pablo al ver las puertas abiertas de la cárcel intenta quitarse la vida porque supone que no ha cumplido su misión de cuidar los presos que estaban bajo su responsabilidad. Entonces escucha una voz salvadora, el apóstol Pablo, también liberado por Dios, libera ahora al carcelero de la disciplina y pensamiento humano, salvándole la vida y otorgándole la verdadera libertad del espíritu que viene de Dios.Pide una luz y le fue concedida la Palabra divina de boca de Pablo y Silas. Ante este suceso, solo queda abrir el corazón a la acción divina.“¿Señores qué tengo que hacer para salvarme?” El carcelero comprende que la libertad está en Dios. Hace la pregunta fundamental. Dios ha actuado y ahora le corresponde a él; no puede dejar pasar esta oportunidad. Pidió una luz y le fue concedida la luz con la que se puede ver la realidad trascendente que supera toda verdad y pensamiento humano.«Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tu y toda tu casa» La luz que se irradia de la Palabra divina no solo ilumina su vida sino la de toda su familia. El Padre, cabeza de familia, ahora hace participe del don de Dios a toda su familia, que escucha la Palabra de Dios y se convierte.Este llamado continúa hoy, y tiene que llegar a todas nuestras familias. Hoy nuestra familia se encuentra en la oscuridad de pensamientos e ideologías que no nos dejan ver el valor y la dignidad de la familia, se rechaza a los enviados de Dios, a su Palabra y al anuncio de la Iglesia. Por eso, es indispensable volver a escuchar la Palabra Divina y dejar actuar a Dios en nuestras vidas, escucharle y seguir la luz que hacer ver la verdad que salva.Como miembros de nuestra familia, tenemos la responsabilidad de hacer llegar el mensaje de salvación a nuestro hogar, y convertimos a Dios, para salvar a los nuestros, a aquellos que forman parte de nuestro hogar. Esta responsabilidad es retadora porque me implica de manera personal: conocer el camino de salvación ante el llamado de Dios,El testimonio de la familia cristiana es hoy fundamental para la evangelización, porque:• Es responsabilidad y compromiso de todas las familias enseñar, trabajar y defender la verdadera cultura del amor, desde nuestra propia familia.• Es el lugar primordial para la educación en valores y principios evangélicos.• Allí se cultiva diariamente nuestra coherencia de vida familiar para que nuestro testimonio sea más fuerte que nuestras palabras.• Dios necesita de la familia para continuar realizando su obra su obra salvadora.Valoramos nuestro bautismo, en el que nos hacemos hijos de Dios y hermanos los unos con los otros. El Bautismo y los sacramentos santifican nuestra familia, que se ha de convertir en lugar sagrado del encuentro con el Señor.Dios Padre ha querido santificar la familia humana con la presencia de su amado Hijo en el hogar de Nazaret, con San José y la Santísima Virgen María. Recibamos en nuestros hogares a la familia de Nazaret y sigamos sus ejemplos para rescatar a nuestra familia colombiana, para recuperar los valores de nuestra sociedad y para lograr que nuestra familia sea un santuario donde se viva la paz, el amor y verdad. Solo así, volviendo a Dios, a escuchando su Palabra y viviéndola, las armas se silenciarán; nuestra tierra se verá regada de fertilidad en vez de sangre; los hijos podrán conocer a sus padres y crecer en el seno de sus hogares y no habrá más viudas llorando por sus esposos ni huérfanos lamentando la perdida de sus padres. Escuchemos a Dios, su palabra salvadora, antes que la voz humana que nos lleva a la oscuridad y desasosiego.Rescatemos nuestra familia, y así rescataremos nuestra sociedad, pues ella es la célula fundamental de una sociedad sana. Pero si la célula esta minada por el cáncer de la injusticia y la violencia, esta enfermedad seguirá dominado nuestra sociedad y nuestra familia. Es hora de vivir en la libertad de hijos de Dios.Escuchemos la Palabra de Luz que te salvará a ti y a tu familia.Oremos por y con nuestra familia: Que Dios bendiga y santifique a nuestras familias con el amor, la verdad y la paz que Dios nos da.Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Vie 13 Jun 2025

La Voz del Pastor | 15 de junio de 2025

Reflexión del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 16, 12-15

Vie 9 Mayo 2025

Semana de la Familia 2025: “Peregrinos de esperanza en el amor”

“La familia es el primer espacio donde se aprende a amar como Cristo nos enseñó”Del 11 al 18 de mayo de 2025, la Iglesia en Colombia celebrará la Semana de la Familia 2025, una iniciativa del Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del Año Jubilar convocado por el Papa Francisco.Con el lema inspirado en la Bula Spes non confundit (“La esperanza no defrauda”), esta semana busca renovar el amor, la fe y la misión de las familias como verdaderas Iglesias domésticas. Se trata de un llamado a vivir el Jubileo como un camino de renovación interior, en el que cada hogar se convierta en testimonio vivo de esperanza, gracia y unidad.Como parte de esta celebración, se ha preparado un subsidio especial que ofrece orientaciones pastorales, celebraciones litúrgicas, momentos de oración, reflexiones y actividades concretas para fortalecer los vínculos familiares y acompañar el proceso de conversión al que invita este Año de Gracia.La guía propone pilares prácticos para vivir el Jubileo en familia, promoviendo hábitos que impulsen la transformación personal y comunitaria, con el objetivo de alcanzar la finalidad jubilar: una renovación del corazón en el camino hacia Cristo, nuestra esperanza.Vea el mensaje del presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia:

Jue 27 Mar 2025

Proteger y defender la familia

Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - “Después que ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo». (Mateo 2,13-15) Desde el nacimiento del niño Jesús, la familia de Nazaret sufrió persecución, injusticia e incomprensión por parte de quienes le ven como competencia y siguen los lineamientos y normativas del rey judío, pretenden acabar con Él.La levadura de Herodes, enemigo de la fe, sigue hoy persiguiendo y hostigando a la familia tal como el Señor la instituyó desde el principio. Se intenta minar la concepción cristiana de la familia, desorientándola con ideologías que distorsionan su más sana visión. Por ejemplo, la ideología de género desarticula y divide, poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. El mandato primordial «Crezcan y multiplíquense» queda sujeto al vaivén de interpretaciones humanas. Ya se observa cómo la población envejece y los nacimientos son cada vez menos; nuestros jardines escolares y escuelas tienen menos alumnos. Esto debe ponernos en alerta.Por otra parte, la posición abortista sigue cobrando la vida de inocentes, avalada por legislaciones de tinte ideológico que agravan la crisis de nuestra humanidad.Nuestro cometido, como miembros de la familia cristiana, es defenderla de estos ataques de sabor herodiano. Debe ser un compromiso de fe. Es necesario escuchar la voz de Dios, como lo hizo José con la Sagrada Familia, y apartarnos de todo lo que pueda atentar contra ella. Debemos seguir la voz del Señor, confiar en su Palabra para preservar y hacer realidad su plan.Hoy deben resonar las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: «¿No han leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mateo 19, 4-6).Es necesario hacer una alianza santa para preservar la familia de ataques, muchas veces sutiles, disfrazados de bien para confundir. Es un llamado a todos los que siguen los pasos del Maestro divino, para hacer resplandecer el Evangelio de la familia, defender la verdad sobre ella y comprometernos en la defensa de nuestra fe. La familia es la Iglesia doméstica donde crece y se fortalece la fe.¿Qué deberíamos hacer?1. Reconocer la obra de Dios en la familia y aceptarla en nuestras vidas. Esto implica asumir la misión encomendada con valentía y determinación. La Sagrada Familia fue llamada de Egipto para dar testimonio en medio del pueblo de Israel, ocupado por el régimen romano. Es tiempo de ocupar los espacios invadidos por ideologías extrañas y llenarlos con la verdad de Dios y el testimonio de nuestra fe. Debemos vivir con parresía la fe que confesamos y nos salva.2. Valorar la familia como llamada a la santidad en el sacramento del matrimonio. Es necesario recuperar la vida espiritual de la familia como Iglesia doméstica, para recibir las gracias necesarias y permanecer en el camino de fe, fidelidad y amor a Cristo. En el matrimonio se consagra el amor sagrado, haciéndolo puro y santo, proyectado a la prole y llamado a santificar a los hijos.3. Convertir la familia en una verdadera familia de Dios. Debemos trabajar constantemente para liberarla del pecado y colocarla en el corazón de Dios. En el Génesis, Noé y su familia fueron salvados del diluvio porque obedecieron la voz de Dios. Hoy, el Señor nos invita a subir a la barca de su Iglesia y reconstruir nuestra familia. Dios no nos abandona; siempre nos da una nueva oportunidad. «Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Romanos 5,20). Cristo ha vencido el pecado y nos llama a la victoria sobre el mal. Nada está perdido si confiamos y esperamos en Él.4. Recuperar la dignidad de la familia en cada uno de sus miembros. La paternidad debe asumirse con responsabilidad, amor y gracia, teniendo como referente a San José, padre adoptivo de Jesús, y a Dios Padre, quien nos protege con amor misericordioso. La maternidad encuentra su más alta representación en María, Virgen y Madre por bondad de Dios. Cada mujer tiene en María el modelo a seguir para asumir su gran misión de madre y asegurar el futuro de la humanidad. En Cristo, tenemos el ejemplo preclaro de los hijos: obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.5. Orar por y con la familia. La familia debe abrirse a Dios y cumplir su misión siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. Poner en manos de Dios nuestra familia para que Él nos dé la fuerza y la luz necesarias para defenderla como su don y regalo.Dios Padre Todopoderoso bendiga nuestras familias, las guíe y las proteja de todo mal. Reciba nuestro acto de gratitud por habernos dado una familia donde recibimos la vida, el amor, el sustento y el reconocimiento, para seguir realizando su plan.Dios bendiga nuestras familias.Mons. Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de MonteríaMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Mié 16 Oct 2024

Todos llamados al seguimiento de Jesús

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta - Avanzamos en el mes de octubre dedicado en la Iglesia a la oración, reflexión y ayuda a las misiones, con el llamado a tomar conciencia de la tarea evangelizadora de la Iglesia, que en salida misionera, sigue llamando a todos al seguimiento de Jesús.En el pasado, en la familia se transmitían las verdades fundamentales de la fe, que permitían al niño y al joven optar por el Señor; hoy la parroquia en salida misionera, debe convocar mediante el proceso evangelizador, para que el seguimiento de Jesús sea una realidad en muchos hogares y ambientes. La tarea de la Iglesia sigue siendo la de cumplir con el mandato del Señor de ir a todos para anunciarles el mensaje de salvación, la Buena Nueva del Evangelio.San Pablo VI así lo enseña cuando afirma: “No obstante estas adversidades, la Iglesia reaviva su inspiración más profunda, la que le viene directamente del Maestro: ¡A todo el mundo! ¡A toda creatura! ¡Hasta los confines de la tierra! Como una llamada a no encadenar el anuncio evangélico limitándolo a un sector de la humanidad o a una clase de hombres o a un solo tipo de cultura” (Evangelii Nuntiandi, 50). Este llamado que nos hace el Papa nos tiene que mover a todos a desarrollar la creatividad para llegar a los distintos sectores de la parroquia.Hay que salir del ámbito del despacho parroquial. En palabras del Papa Francisco, hay que tener presente llegar con la evangelización a los tres ámbitos de la pastoral: “En primer lugar el ámbito de la pastoral ordinaria, animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad. En segundo lugar, el ámbito de las personas bautizadas que no viven las exigencias del bautismo, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. Finalmente, está el ámbito de quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado” (Evangelii gaudium, 14). Revisando nuestra acción misionera en el proceso evangelizador, hemos cuidado con diligencia el primer ámbito de la pastoral, encendiendo el corazón de los fieles que conservan una fe católica intensa y sincera, buscando que los creyentes respondan cada vez mejor y con toda su vida al amor de Dios.Nos hace falta ir a buscar a los que están en el ámbito de los que no viven las exigencias del bautismo, que es un grupo amplio de fieles. Y mucho más descuidado, se encuentran los del tercer ámbito, aquellos que no conocen a Jesucristo o lo rechazan abiertamente. El mandato de la salida misionera debe abarcar el segundo y tercer ámbito, y para llegar a todos, debemos convocar a los que tenemos en el primer ámbito de la pastoral, para que se comprometan en el anuncio gozoso del mensaje de Jesucristo en todos los ambientes, recordando lo que nos dice el Papa Francisco que: “los cristianos tienen el deber de anunciar el Evangelio sin excluir a nadie, no como quien impone una obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable” (EG 14).En el credo proclamamos que la Iglesia es católica, esto quiere decir universal, y la universalidad tiene que estar en la mente del evangelizador, para llegar con la fuerza del Evangelio a todas partes. Recordemos que el Señor es quien conduce la misión; nosotros somos instrumentos que entregamos nuestra vida al servicio del Evangelio. Esta certeza nos ayuda a vencer los miedos de entrar a ciertos sectores de la sociedad y arriesgarnos a ir; aún si nos rechazan en un primer momento, no desistir en la tarea evangelizadora, ya que sabemos, vamos en el nombre del Señor y tenemos la certeza de que Él mismo nos ha dejado en el Evangelio: “sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).Esto implica tener fervor por la evangelización, que en el misionero se percibe con fuerza cuando está en gracia de Dios. Un sacerdote, un misionero en gracia de Dios, es capaz de salir de su habitual situación de confort y dar la vida por Jesucristo. No es posible ser un misionero fervoroso estando en situación permanente de pecado. Todos somos pecadores, pero lo que se espera de un sacerdote, de un misionero es que no permanezca en situación de pecado por mucho tiempo, que, frente al pecado, busque de inmediato el sacramento de la confesión, reciba el perdón, y sienta la necesidad de ir a anunciar la misericordia de Dios por todas partes.Frente a esta realidad, necesitamos comunicar que todos están llamados al seguimiento de Jesús. Queda de parte del misionero hacer vida el llamado del Papa Francisco cuando dice: “la actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera” (EG 15), de tal manera que lo tenemos que hacer presente con la salida misionera a la que estamos convocados todos, con la conciencia de que: “cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20).En nuestra Diócesis de Cúcuta estamos con la disponibilidad de cumplir el mandato del Señor, de convocarlos a todos para que sigan a Jesucristo que es Camino, Verdad y Vida, que nos lleva hasta el Padre Celestial. Que la Santísima Virgen María, estrella de la evangelización y el glorioso patriarca san José, fiel custodio de la fe, alcancen de Nuestro Señor Jesucristo el fervor pastoral, para estar siempre en salida misionera.En unión de oraciones, reciban mi bendición.

Vie 4 Oct 2024

La importancia de la familia, a propósito del mes de las misiones

Por Mons. Félix Ramírez Barajas - “La familia está llamada a ser una comunidad misionera, que anuncia el Evangelio y testimonia el amor de Dios” (Familiaris Consortio n. 53)La Iglesia, que es misionera por naturaleza, acoge a cada familia y en ella a sus miembros que, como bautizados también reciben la fe y se unen estrechamente a la misión evangelizadora de la Iglesia. Acogiendo la Palabra de Dios y haciéndola vida en el seno de la familia, está llamada a formar en los valores del Reino como fundamental tarea de su acción misionera.1. En este mes caracterizado por el esfuerzo misionero, la familia aparece como protagonista, en virtud de su vocación cristiana, se esfuerza por ser defensora de la vida en contra de tantas amenazas desde el vientre materno, la familia creyente es y debe ser defensora de este don inestimable. “La familia está llamada a ser un lugar de acogida y defensa de la vida” (Amoris Laetitia, n. 44) y a rodear el ambiente familiar siendo consciente de la dignidad de la persona. En la familia la acción misionera en favor de la vida ha de ser una bandera que se lleva en la mente y en el corazón para gritar al mundo que la vida es don de Dios.2. También en este mes misionero, la familia ha de recordar el compromiso por el valor de la verdad, en contra de tanta falsedad y engaño del mundo moderno, con una preocupación desde la fe para conocer más a Cristo Camino, Verdad y Vida, solo desde este principio la familia puede también ser misionera, pues la verdad desde Cristo la lleva a poder dialogar entre las generaciones (adultos, jóvenes y niños) y lograr así verdaderos consensos que lleven a la unidad familiar. “La familia es un lugar privilegiado para la formación en la verdad y la virtud” (Veritatis Splendor, n. 101).3. La familia es escuela de amor y caridad, pues es, en el seno del hogar, donde los niños y jóvenes adquieren conocimiento y entrenamiento en este valor fundamental que proyecta a la familia a la caridad con los más necesitados y en general al amor al prójimo. “La familia es un sujeto misionero, llamado a evangelizar y a testimoniar el amor y la caridad” (Amoris Laetitia n. 88). Esta fuerza del amor en familia es, en definitiva, lo que dispone al perdón y a la reconciliación, muchas veces sanando heridas aun generacionales y de toda índole para buscar la armonía entre sus miembros y ad extra con las demás personas con las cuales se interactúa. El amor y la caridad, en todo caso, dispone a la familia a la apertura a la acción del Espíritu Santo quien es el protagonista de la misión, y se convierte así en testigo de la fe y la esperanza, en medio de un mundo donde se necesita testigos creíbles, para que el Evangelio llegue, como nos recuerda el Papa Francisco, a todas las periferias y sobre todo, a las existenciales, donde falta el amor, la paz, la verdad, la justicia y la vida y pueda sanar y redimir al ser humano desde su condición de pecado y lograr integrarlo a la dignidad bautismal de hijo de Dios.4. Su compromiso social también se extiende a la vivencia del valor de la justicia, en contra de tantas situaciones injustas y estructuras de corrupción en la sociedad. La familia mediante la práctica de la justicia está llamada a educar a las nuevas generaciones en esta acción misionera, que le ayuda a responder a la invitación del Evangelio a ser buenos administradores de los bienes que el mismo Señor pone en las manos de los padres y madres de familia, en primer lugar, confiándoles la vida y también la misión de educar en los valores fundamentales a sus hijos. San Juan Pablo II recordaba que la “Familia es el lugar privilegiado para la formación en la justicia y la solidaridad” (Jornada mundial de las familias 2018).5. A la familia cristiana se le pide también el aporte efectivo en la construcción de la paz, esta acción misionera es y debe ser permanente, “Cristo es nuestra Paz”, la familia en el desarrollo de esta tarea busca desarmar el corazón de toda clase de violencia, odios y rencores, incoherencias e infidelidades y se dispone para que cada uno de sus miembros, pueda ser instrumento de paz, revisando las maneras de ser y actuar y mediante la corrección fraterna, como acción evangélica, pueda generar espacios donde se propicien relaciones muy justas que lleven a la vivencia de la paz: “la familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor” (Mensaje 47 Jornada Mundial de la Paz 2014).6. La vida sacramental en la familia que comienza por la preocupación en la iniciación cristiana y en los demás sacramentos que garantizan en la familia la búsqueda de la santidad. “La familia es una comunidad sacramental, llamada a vivir la vida de gracia y de amor” (Familiaris Consortio n. 11) En este mes de las misiones estamos todos convocados a renovar nuestra tarea evangelizadora dentro de cada familia. Que especialmente la reconciliación y la Eucaristía defiendan a la familia de todo mal y les conceda vivir la alegría de ser discípulos misioneros. María madre y reina de las misiones guie, acompañe y proteja a cada una de las familias.Mons. Félix Ramírez BarajasObispo de Málaga-SoatáComisión Episcopal de Matrimonio y Familia