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matrimonio

Vie 5 Oct 2018

Dios nos brinda ayudas para vivir en paz y crear su pueblo

La ayuda que Dios le ofrece al hombre es la relación con la raza humana, con los otros hombres y las mujeres. Es una complementariedad que se verifica en diversos niveles, la relación fraterna, la ayuda laboral, incluso en la relación que se establece en el noviazgo o en el matrimonio; esas son ayudas adecuadas que rompen con la soledad y producen lo que el papa Francisco llama la cultura del encuentro que nos ayuda a mantener la paz y crear el Pueblo de Dios. Tareas: Diferenciemos los distintos niveles de ayuda que nos brindan los otros: la amistad o el trabajo. No confundamos que todo tipo de relación conduce a la sexualidad. Mire y valore al otro como un don, como un regalo de Dios y agradezca a Dios por esas personas. Valore adecuadamente su noviazgo o su relación matrimonial, allí está una bendición y una ayuda de Dios.

Jue 21 Jun 2018

La Misión del padre y de la madre

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Estamos celebrando la Semana de la Familia y el próximo domingo será el Día del Padre. Es una ocasión propicia para pensar, una vez más, que el matrimonio y la familia son valores esenciales para la humanidad. Allí se transmiten la vida y el amor, allí se tiene un nombre y una historia personal, allí se comparten las tristezas y las alegrías, allí se aprende a vivir la libertad dentro del vínculo con los demás seres humanos, allí se percibe y acepta la diversidad del otro, allí se tiene la iniciación para incorporarse a toda la sociedad humana, allí cada momento trasmite una chispa del amor de Dios. Mientras damos gracias a Dios por tantas familias que en nuestra Arquidiócesis se esfuerzan por vivir su vocación y su misión, reflexionemos de nuevo sobre la importancia del padre y de la madre en un hogar. A ello se refiere el Papa Francisco en la Exhortación Amoris Laetitia, cuando nos muestra la belleza de la apertura a la vida y del acompañamiento de los hijos por parte de los padres. El amor conyugal no se agota dentro de la pareja. Los esposos, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de ellos mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre (cf AL, 165). La familia es el ámbito no sólo de la generación sino de la aceptación de la vida que llega como regalo de Dios. El don de un nuevo hijo, que reciben el padre y la madre, comienza con la acogida, sigue con la ayuda a lo largo de la vida y tiene como última meta el gozo de la vida eterna. Comprender esto hace a los padres más conscientes de que Dios les ha dado una joya y una bendición. El Papa muestra también la maravilla de las familias numerosas y recuerda que tener hijos es una aventura que exige unos padres maduros. Se ama un hijo, no por sus características, sino porque es hijo; y el amor de los padres es instrumento del amor de Dios que acepta gratuitamente cada niño (cf AL, 170-171). Hoy, cuando tantos niños viven un sentimiento de orfandad, es preciso saber que todo niño tiene el derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos son necesarios para su maduración integra y armoniosa. Respetar la dignidad de un niño significa afirmar su necesidad y derecho natural a una madre y a un padre. No se trata del amor del padre y de la madre por separado, sino del amor entre ellos, percibido como fuente de la propia existencia y como fundamento de la familia. Ambos, padre y madre, son cooperadores del amor creador de Dios. Ellos enseñan el valor de la reciprocidad, donde cada uno aporta su propia identidad y sabe también recibir al otro (cf AL, 172). En nuestro tiempo es posible ver lo difícil que es una maduración equilibrada de los hijos si falta uno de los padres que ejerzan su función educadora desde la identidad maternal femenina y paternal masculina. La madre que ampara con su ternura ayuda a experimentar que el mundo es un lugar bueno que nos recibe y esto facilita desarrollar la autoestima. La figura paterna contribuye a percibir los límites de la realidad, ayuda a salir hacia un mundo más amplio y desafiante, invita al esfuerzo y a la lucha. Un padre con una clara identidad masculina, que a su vez convine el afecto y la protección, es tan necesario como la madre (cf AL 175). Después el Papa señala que en nuestra cultura la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida. Aun la virilidad pareciera cuestionada. Se ha producido una confusión en nombre de una liberación del padre representante de la ley. Y hoy el problema no parece ser la exagerada autoridad del padre en el hogar, sino su ausencia. De ahí pueden derivar en los hijos diversas situaciones afectivas, de inseguridad personal y de desadaptación en la sociedad. Cada vez, resulta más urgente defender la familia y apoyarla para que, no obstante las dificultades actuales, realice su tarea preciosa e imprescindible en el mundo. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Mié 6 Jun 2018

Avanzan encuentros de Pastoral familiar con equipos regionales

Con el objetivo de socializar el Plan de Pastoral que la Comisión Episcopal de familia viene construyendo y el trabajo en torno al Directorio Nacional, el 4 y 5 de junio, se realizó en el Seminario Mayor San Esteban de la Diócesis de Neiva, el encuentro del Equipo Nacional con la regional del Eje Cafetero y Tolima Grande. El Obispo de la Diócesis de Neiva, Monseñor Froilán Tiberio Casas Ortiz y Monseñor Edgar de Jesús García, Obispo de Palmira y Presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia, acompañaron la jornada en la que participaron los ocho coordinadores regionales y sacerdotes delegados de Pastoral de Familia de las Provincias Eclesiásticas de Ibagué y Manizales, quienes estuvieron acompañados por dos parejas. Trazar líneas conjuntas para la acción pastoral y evangelizadora, con énfasis en procesos formativos y atención a parejas que viven en situación irregular, fueron algunos de los desafíos propuestos durante estos encuentros.

Mié 11 Abr 2018

Episcopado publica cartilla “El Evangelio de la Familia"

En el marco de la Semana por la Familia y con el objetivo de que los colombianos se preparen para la Congreso Mundial de las Familias, La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través del Departamento de Matrimonio y Familia, publica la cartilla “El Evangelio de la Familia: Alegría para el mundo”. Esta publicación ofrece un itinerario, que consta de siete catequesis, inspiradas a la luz de las enseñanzas del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica post-sinodal Amoris leatitia. Matrimonio y Familia del episcopado colombiano anima para que sea usada como instrumento de reflexión en la Semana por la Familia que se realizará del 14 al 19 de mayo. "Deseamos que esta cartilla sea trabajada por cada familia y en las parroquias de cada una de las diócesis de nuestro país", afirmó el Padre Daniel Bustamante, director de Matrimonio y Familia de la CEC. Así también, la cartilla busca preparar a las familias colombianas para la IX Jornada Mundial de las Familias que se realizará en Dublín del 21 al 26 de agosto. Este insumo puede ser adquirido en la Librería de la Conferencia Episcopal de Colombia. Informes: Librería

Mar 27 Jun 2017

La grandeza del matrimonio

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo – Está bajando el número de los matrimonios. Para muchos, el matrimonio no produce más que problemas y hasta el divorcio resulta difícil y costoso. Por eso, algunos jóvenes optan por no casarse y otros por la unión libre que une sin unir y que presenta la relación ante la sociedad sin que establezca un gran compromiso hacia el futuro. Varios piensan que el matrimonio conserva las huellas de un pasado que cada vez está más lejos. Para algunos más es una celebración que pretende algo imposible: comprometer para toda la vida a dos personas cambiantes en una sociedad en evolución donde nada es estable y definitivo. Así se opaca el sentido del matrimonio. Se lo ve sólo como la garantía de una unión y hasta se lo ha utilizado para adquirir derechos, legitimar una herencia, reconciliar familias, reparar un acto prematuro o simplemente darle realce a una relación. Este no es el verdadero matrimonio. Sin embargo, a pesar de las apariencias, del ataque de ciertas ideologías y de la desconfianza de tantos, el matrimonio resiste. La mayoría de las parejas lo contraen o por lo menos lo desean, porque el auténtico matrimonio responde a un instinto natural fundamental en el que hay que buscar sus raíces El verdadero origen del matrimonio no está en la sociedad; Dios lo ha puesto en el interior de nuestro ser. Siguiendo la reflexión de Jean Onimus, nosotros tenemos necesidad de vivir juntos en un intercambio permanente, con las diferencias indispensables que fecundan el diálogo. Todo lo que es exterior a una pareja es contingente y de alguna forma la perturba. El amor durable es una realidad íntima, una exigencia del corazón; él vive sin hacerse notar, él madura y se purifica como el acero, él envejece como el buen vino, él no se deja arruinar por el tiempo porque sabe entrar en la eternidad. Probablemente, el matrimonio es la unión espiritual que cada vez se vuelve más inescrutable desde lo exterior; éste es su profundo misterio. Podría parecer grandioso pero a la vez absurdo que dos personas diferentes, cada una con sus costumbres, sus preferencias, su pasado, su libertad, se comprometan a vivir juntas hasta la muerte. Aparentemente, hay algo de locura en esta entrega total. Se han necesitado siglos para que la realidad del matrimonio se configurara en su plenitud. Cuando Jesús exige la fidelidad absoluta en el matrimonio, los discípulos reaccionan: “entonces es mejor no casarse”. En muchas culturas se ha tenido la presencia de una esposa principal rodeada de amantes de paso. Ha sido la solución cómoda para el doble deseo del amor: la permanencia y el cambio. Es la oposición entre el amor profano que aparece ante todo como un juego o un placer y el amor sagrado que es un fuego que trenza a la vez el deleite y lo espiritual. Con la ayuda de la contracepción, el acto de amor tiende hoy a volverse todavía más anodino y sin trascendencia. Comienzan a asomarse las graves consecuencias que vendrán de esta liberación de los sentidos, que está modificando la vida de las parejas. Es necesario llegar a la conciencia de que el verdadero amor está más allá; no puede surgir de un capricho sino de un don interior de otro orden. Lo que está aconteciendo entre nosotros anuncia una nueva etapa de la cultura, que ofrece la doble posibilidad de una sociedad dura y seca en la que el amor se configura con lo rutinario de la vida o de un amplio porvenir abierto al amor durable hecho de ternura y de donación. Pastoralmente tenemos que estar atentos a estos cambios, al principio casi imperceptibles, pero que dejan luego grandes efectos; así procede la evolución cultural. Hay que mostrar que el amor fiel es todavía más fresco y feliz que el otro; él lleva la alegría hasta la ancianidad; él introduce en lo absoluto y trascendente. La felicidad del matrimonio descansa en exigir toda la grandeza de que somos capaces. Es el poder de ir más lejos, hasta la completa unión. Es algo extraordinario y al mismo tiempo natural, como son todas las obras maestras de la vida. Sería una tristeza y una tragedia que permitamos que ya no se vea y se realice la belleza y la grandeza del verdadero matrimonio. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Mié 24 Ago 2016

Atrevida intervención del estado

Por Mons. Froilan Casas - La familia es un bien natural inalienable. La familia tiene unos principios rectores de comportamiento social que deben ser respetados. Ordinariamente los regímenes totalitarios de derecha o de izquierda han pretendido siempre introducirse en el fuero interno de las familias. El Estado, en una sociedad democrática, ofrece educación a los niños, pero a la par respeta las creencias de los ciudadanos, -obviamente creencias que permitan el desarrollo de la convivencia ciudadana-. La educación sexual es fundamental en toda sociedad civilizada. Pero el Estado tiene sus límites en ofrecerla. Los padres de familia son insustituibles en la formación de sus hijos. La educación sexual que se ofrece en los establecimientos educativos no puede suplantar el papel de los padres en la orientación y formación sexual de sus hijos. Los padres deben estar atentos ante cualquier pretensión del Estado en imponer, sutil o abiertamente un “modo” de educación con orientaciones que obedecen a un horizonte hermenéutico materialista. El hombre no es solo fisiología, es también sicología y valores religiosos. No cabe duda que los gobiernos de turno a través del Ministerio de Educación Nacional, deben ofrecer una respetuosa y científica educación sexual. Los padres de familia deben estar vigilantes para que en las instituciones educativas impartan una seria educación sexual. Los padres de familia deben asociarse y protestar enérgicamente cuando un Estado totalitario capitalista o comunista pretenda imponer un determinado enfoque, sesgado y tendencioso, de instrucción sexual. Y no nos traten de trogloditas porque pensamos distinto. Tenemos, como ciudadanos qué opinar y hacernos sentir. Que no castren nuestro pensamiento so pretexto que estamos en una sociedad libre. Claro que una sociedad libre, pero a la vez, esto nos da derecho, como a los otros de expresar nuestros enfoques de vida. Que no nos vengan a mutilar nuestro pensamiento por darles gusto a los autodenominados librepensadores. Permítanos disentir y proponer. Esa es la verdadera democracia. Invito a los parlamentarios cristianos católicos y a los cristianos de confesiones distintas, a defender en el parlamento, -laboratorio de las leyes- el derecho íntimo e interno de las familias a exigir respeto por la formación sexual de sus niños. Se entiende que tal formación, derecho de las familias, no vaya en contra del Bien Común y de los valores naturales que exige una convivencia pacífica en una sociedad pluralista. Los planes y programas de educación sexual tienen mayor libertad cuando se trata de la educación secundaria y universitaria. Ya el chico tiene unos fundamentos vividos en su familia que le permiten tener discernimiento para ser crítico frente a lo oído, leído o visto. Lo que sí es claro es el derecho que tienen los padres de formar a sus hijos. En un Estado totalitario y marxista se llegaba a la escuela a hacer un ejercicio monstruoso: se le decía a los niños que le pidiesen a Dios pan. Obviamente el pan no aparecía. Entonces, a renglón seguido le decían: ahora pidan a Stalin pan. Inmediatamente llegaban las bolsas llenas de pan. Conclusión: Dios no existe. ¡Qué adoctrinamiento tan asqueroso y nocivo! Nunca como ahora los cristianos debemos estar atentos para que los gobiernos no gobiernen en contra de nuestra cultura. Monseñor Froilan Casas Obispo de la diócesis de Neiva

Vie 19 Ago 2016

El derecho a disentir

Por Monseñor Froilán Casas - El disentir es una de las expresiones de la verdadera democracia. Obviamente este derecho se debe enmarcar dentro del respeto a las leyes. Una democracia que no tenga oposición no es democracia, es dictadura de partido. Un monopolio de partido es una dictadura disfrazada. Recientemente ante la política de gobierno presionada por organismos internacionales, que quiere imponer la ideología de género en la educación escolar, los cristianos católicos y otros cristianos de Iglesias separadas, salimos a protestar por la injuriosa intromisión del Estado al pretender suplantar a los padres de familia en el derecho inalienable de dar formación sexual a sus hijos. En un Estado democrático, los gobiernos ayudan a los padres en esta tarea, pero no los sustituyen. Se debe respetar la identidad cultural de un pueblo. Las creencias hacen parte vital de la cultura de un pueblo. Los cristianos católicos, siguiendo la ley natural, afirmamos que el sexo no es cuestión de elección, el Creador ha dotado a la naturaleza humana de esta dimensión esencial a la persona humana. Pretender afirmar que la escogencia de género es una cuestión cultural, es un pecado contra el Creador, es negar el plan de Dios en la creación humana. ¡Qué soberbio y atrevido que ha sido el hombre en toda su historia! Se quiere borrar a Dios de la ciudad humana. En todas las épocas, los regímenes totalitarios de derecha o de izquierda han buscado negarles a los padres el derecho de educar a sus hijos. Esto no es nada nuevo. La Iglesia católica siempre se ha opuesto a tal abuso del Estado, -por decir lo menos-. Defendemos el derecho inalienable de los padres de educar a sus hijos, sobre todo en materia sexual. Un Estado laico no es el que masacra las creencias de un pueblo, es el que las respeta. Los cristianos católicos somos ciudadanos y como tales tenemos el derecho a disentir ante políticas gubernamentales que atenten contra nuestros principios. Los gobernantes, que son elegidos por el pueblo, no deben olvidar que sus electores, en su gran mayoría son creyentes y, por lo tanto deben ser respetadas sus creencias. Traiciona y lacera un gobernante a un pueblo que lo ha elegido cuando pisotea sus valores religiosos. Quienes pretenden implantar la ideología de género, ¿por qué no se van a los países de cultura musulmana y la proponen a ver qué les pasa? Nuestros permanentes depredadores nos quieren reducir a las sacristías para que les hablemos a personas octogenarias o nonagenarias; salir a la plaza pública es “meterse en política”. Si lo hacen otros grupos religiosos, sociales o culturales, eso es algo normal. Nos quieren mutilar y reducir al ostracismo de las mazmorras. Los padres de familia deben estar atentos a vigilar con sumo cuidado las políticas educativas. Ellos son quienes determinan la orientación religiosa de sus hijos. Defenderemos siempre el respeto a toda persona independientemente de su sexualidad, etnia, partido o religión. Las situaciones sexuales de cada persona deben ser respetadas; censuramos todo matoneo o acoso escolar en esta materia; esto es infame y denigrante. Afirmamos sin ambages que todo ser humano es imagen y semejanza de Dios. Monseñor Froilán Casas Obispo de Neiva

Mié 17 Ago 2016

"Queremos la original"

Por Monseñor Ricardo Tobón - La multitudinaria marcha en defensa de la familia, realizada el pasado 10 de agosto en varias ciudades del país, brotó de la entraña misma del pueblo. Algunos la descalificaron y varios medios de comunicación la ignoraron, pero en el fondo nos mostró a todos que el sentido común indica que hay realidades fundamentales de la vida, como la familia, que no se pueden maltratar sin que peligre toda la estructura humana y social. El mismo Gobierno Nacional vio la gravedad del reclamo popular y dio marcha atrás, probablemente hasta otra ocasión que vea más favorable para su propósito. La verdad es que, como ha denunciado el Papa Francisco, hay una colonización ideológica para imponer, entre otras, la ideología de género. La plataforma de lanzamiento ha sido la ONU, que trabaja desde 1990 para que las Conferencias Mundiales y los programas de Naciones Unidas incluyan los objetivos de género. En concreto, en el Fondo para la Población, UNICEF, UNESCO y OMS se han elaborado muchos documentos y propuestas con categorías propias de esta ideología. Desde las Naciones Unidas va pasando a todos los países, donde se difunde por los medios de comunicación y a través de diversas actividades en los centros educativos. Como hay fuertes presiones económicas y políticas sobre los Estados, casi todos van cediendo sin que importe ni la verdad y la libertad de las personas, ni la democracia. La ideología de género pretende, en primer lugar, liberar al ser humano de su biología; cada uno puede escoger su sexo. Ya no se admite que la “naturaleza” tenga algo que decir; cada uno puede modelarse a su gusto, para sentirse libre y liberado. Es una insurrección contra los presupuestos biológicos; el sexo se escoge o se cambia de acuerdo con el rol social y cultural que se asume. De otra parte, esta ideología ve el matrimonio y la familia como dos modos de violencia permanente contra la mujer y por tanto como instituciones que deben desaparecer. Igualmente, ve la organización familiar y social como una estructura de poder y un instrumento de discriminación para la minoría con sexualidad diversa. Por tanto, hay que imponer una liberación, que acabe con todas las inhibiciones o represiones de la sociedad contra el instinto sexual. Los criterios para actuar son el egoísmo, la satisfacción de las necesidades y lo que más conviene. En pocas palabras, se puede hacer con el cuerpo lo que se quiera, pues el fin de la sexualidad es el placer. Los riesgos de esta ideología son muy grandes, pues la persona entra en una ambigüedad frente a su identidad, puede perder el sentido de la vida, no sabe conducir su propio desarrollo humano, no logra realizar adecuadamente sus relaciones interpersonales y familiares y pone en grave peligro toda la vida social. Si cambiamos los fundamentos éticos por el relativismo, donde no existe un orden real y objetivo que todos debemos respetar, cada uno decide dónde está el bien y dónde está el mal, todo queda permitido y no nos espera sino el enfrentamiento mutuo a partir de las diversas posiciones particulares. Ante esta realidad pareciera que algunos legisladores y jueces hayan perdido la conexión con la realidad y el sentido común que tiene el pueblo cuando sale a las calles a pedir que no se trastorne el orden natural de la familia, diciendo: “Queremos la original”. Esta situación es un llamamiento para que los padres de familia hagan valer el derecho primario e inalienable que tienen sobre la educación de sus hijos, para que las familias valoren lo que son y luchen por realizar lo que significan en la sociedad, para que entendamos que la ideología de género no mejora la educación y para que comprendamos que no se defienden los derechos de una minoría ni se evitan la discriminación y la intolerancia atropellando el orden natural y social. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín