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Orientaciones de la presidencia de la CEC sobre reapertura de templos

Vie, 28/08/2020 - 18:33 Diana Álvarez

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Lun 1 Jun 2026

La Arquidiócesis de Barranquilla celebró dos legados de formación y misión: 60 años del Seminario Juan XXIII y 40 años de la visita de san Juan Pablo II

La Iglesia que peregrina en la región Caribe colombiana celebró los 60 años de existencia del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII, una institución que ha contribuido decisivamente a la formación de cientos de sacerdotes y al fortalecimiento de la misión evangelizadora en el norte del país.La conmemoración oficial tuvo lugar el pasado 26 de mayo en la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla, mediante una solemne Eucaristía presidida por monseñor Pablo Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, acompañado por los obispos de las provincias eclesiásticas de Cartagena y Barranquilla, sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, laicos y benefactores de esta casa de formación.La celebración estuvo marcada por un doble motivo de acción de gracias: los seis decenios de servicio del Seminario Regional Juan XXIII y los 40 años de la histórica visita de san Juan Pablo II a Barranquilla, acontecimiento que sigue vivo en la memoria eclesial de la región.Una obra que ha sostenido la misión evangelizadora del Caribe colombianoDesde la bendición de su primera piedra, el 24 de agosto de 1963, por iniciativa de monseñor Germán Villa Gaviria y los obispos de la entonces Provincia Eclesiástica de Cartagena, el Seminario Juan XXIII se consolidó como un proyecto de comunión eclesial al servicio de la formación de los futuros sacerdotes de la Costa Atlántica.Durante la celebración, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacó el aporte de esta institución a la vida pastoral de la región:“Damos gloria y alabanzas al sacerdocio de Jesucristo y damos gracias por cada sacerdote que ha sido formado en esa casa porque ha ayudado a sostener la tarea misionera y evangelizadora de toda nuestra región Caribe”.Por su parte, el padre William Acosta Peralta, rector del Seminario, expresó su gratitud por quienes han acompañado y sostenido esta obra a lo largo de seis décadas: obispos, formadores, sacerdotes, benefactores y comunidades eclesiales que han contribuido a su desarrollo, conservación y fortalecimiento.Mirar el futuro con esperanza y responsabilidadMás que una mirada al pasado, el aniversario se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre los retos actuales de la formación sacerdotal.En su homilía, monseñor Pablo Salas subrayó que esta conmemoración se enmarca en el camino de preparación hacia el centenario de la Arquidiócesis de Barranquilla, que se celebrará en 2032. En este contexto, señaló que la prioridad no es únicamente la renovación de la infraestructura del Seminario, sino también el fortalecimiento integral de los procesos formativos.El Arzobispo insistió en la necesidad de promover una formación más humana, comunitaria y cercana a la realidad contemporánea, que favorezca la madurez espiritual, intelectual y afectiva de los candidatos al sacerdocio. Asimismo, recordó que la Iglesia universal viene impulsando una reflexión profunda sobre la formación en los seminarios, inspirada en los principios de sinodalidad, comunión y cercanía con el Pueblo de Dios.“Los desafíos son enormes. Por lo tanto, esta celebración se constituye para nosotros en una providencial oportunidad para mirar más allá y seguir configurando nuestro Seminario según el querer de Dios y las necesidades de la Iglesia”, afirmó el prelado.En esa misma línea, destacó la importancia de formar sacerdotes con una profunda vida espiritual, capaces de vivir el ministerio desde el servicio, la cercanía y la alegría evangélica, respondiendo a los desafíos pastorales de nuestro tiempo.San Juan Pablo II: una memoria que sigue inspirando al Caribe colombianoLa Eucaristía también conmemoró los 40 años de la visita apostólica de san Juan Pablo II a Barranquilla, realizada en julio de 1986 y recordada como uno de los acontecimientos eclesiales más significativos para la región Caribe.Durante la celebración se expuso una reliquia de primer grado del santo pontífice, junto con la estola que utilizó durante su visita a la ciudad. Además, estuvo presente monseñor Víctor Antonio Tamayo Betancourt, obispo auxiliar emérito de Barranquilla, quien tuvo la responsabilidad de coordinar la visita papal hace cuatro décadas.Uno de los momentos más emotivos fue la coronación de la imagen de María Auxiliadora que san Juan Pablo II había coronado en 1986 ante miles de fieles reunidos en la actual Plaza de la Paz Juan Pablo II. El gesto evocó la profunda huella espiritual que dejó el Pontífice en la Iglesia colombiana.Al recordar aquella visita, monseñor Pablo Salas señaló que la bendición impartida por el Santo Padre continúa siendo implorada para Colombia, sus jurisdicciones eclesiásticas y sus seminarios, especialmente en un momento histórico que exige renovar la esperanza, fortalecer la comunión e impulsar una evangelización cada vez más cercana a las personas y sus realidades.Un legado que continúaLa jornada concluyó con la bendición de la nueva entrada del Seminario Regional Juan XXIII y un encuentro fraterno entre obispos, sacerdotes, seminaristas, familias y benefactores.Sesenta años después de su fundación, el Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII continúa siendo signo de la comunión entre las Iglesias particulares del Caribe colombiano y una expresión concreta del compromiso de la Iglesia con la formación de pastores según el corazón de Cristo, llamados a servir con alegría, cercanía y espíritu misionero al Pueblo de Dios.Vea la nota audiovisual de la celebración:Conozca la historia completa del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII:

Jue 21 Mayo 2026

Conferencia Episcopal presenta guía litúrgica para orar por Colombia en la Vigilia de Pentecostés

La Conferencia Episcopal de Colombia presenta la guía litúrgica para acompañar la celebración de la Vigilia de Pentecostés este sábado 23 de mayo en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país. Publicada bajo el lema “Un clamor al Espíritu Santo por la paz y la reconciliación”, propone vivir la solemnidad de Pentecostés como una intensa jornada de oración por Colombia, en medio de los desafíos sociales, humanitarios y de violencia que atraviesan distintas regiones del territorio nacional.Desde el inicio de la celebración, el subsidio invita a las comunidades a elevar “un clamor orante por la paz y la reconciliación” y a pedir al Espíritu Santo que “desarme los corazones, sane las heridas de la violencia y nos convierta en artesanos de justicia”.Un llamado a orar por Colombia en medio del contexto electoralLa publicación de este subsidio pastoral coincide además con el llamado que hicieron los obispos colombianos este 20 de mayo, en los mensajes dirigidos a los sacerdotes y al pueblo colombiano con motivo de las elecciones presidenciales de 2026. En esos pronunciamientos, los prelados invitaron a intensificar la oración por el país en el actual contexto nacional y pidieron aprovechar especialmente la Solemnidad de Pentecostés como un tiempo propicio para pedir al Espíritu Santo por la paz, el discernimiento y la reconciliación de Colombia.La propuesta litúrgica de la Conferencia Episcopal conecta el sentido teológico de Pentecostés con la realidad concreta del país. En la monición inicial, se reconoce que “el dolor y la violencia sacuden nuestra nación”, mientras se anima a los fieles a convertirse en “testigos valientes de la esperanza y constructores de una sociedad donde la vida sea sagrada”.Una vigilia centrada en las víctimas, la reconciliación y la esperanzaEl subsidio incluye una amplia liturgia de la Palabra, momentos de renovación bautismal y de la confirmación, oraciones por las víctimas, los jóvenes, las familias y quienes tienen responsabilidades públicas, así como un “Lucernario de los Siete Dones”, presentado como un signo de compromiso de la Iglesia con la paz en los territorios. Allí se afirma que “cada don es una herramienta de paz y un camino para la reconciliación”.En uno de los momentos centrales de la vigilia, las comunidades orarán explícitamente por quienes sufren las consecuencias del conflicto y por la transformación de quienes ejercen violencia. Entre las súplicas se pide al Espíritu Santo “tocar el corazón de piedra de los violentos” y moverlos “a la conversión”, reconociendo que “el respeto a la vida es la piedra angular de nuestra sociedad”.Una respuesta pastoral frente al dolor y la violenciaEl documento también hace referencia a realidades que afectan especialmente a las regiones del país, como el confinamiento, el reclutamiento de jóvenes, la exclusión social y el miedo generado por la violencia. En la reflexión propuesta para la Hora Santa, se afirma que Jesús se hace presente “en medio de nuestra ‘geografía del dolor’” y que el Espíritu Santo da la fuerza para ser “reparadores de brechas”.Además del contenido litúrgico, el subsidio ofrece orientaciones pastorales para que las celebraciones tengan un fuerte sentido comunitario y territorial. Se sugiere, por ejemplo, que en el lucernario participen representantes de distintas realidades sociales, como jóvenes, víctimas, líderes sociales o miembros de la vida consagrada, como signo visible del anhelo común de reconciliación.Pentecostés como oportunidad para renovar el compromiso con la pazLa oración final sintetiza el espíritu de toda la celebración: pedir a Dios que sane las heridas del país, fortalezca la unidad y haga de la Iglesia “verdaderamente sinodal”, capaz de “caminar juntos, escuchando el clamor del pobre, siendo artesanos de una esperanza que no defrauda”.Con este subsidio, la Conferencia Episcopal de Colombia busca ofrecer a las jurisdicciones eclesiásticas y comunidades parroquiales un instrumento común de oración, reflexión y esperanza, animando a la Iglesia en Colombia a vivir Pentecostés como una oportunidad para renovar su compromiso con la reconciliación, la defensa de la vida y la construcción de paz.

Mar 19 Mayo 2026

Colombia renovó su consagración al Inmaculado Corazón de María en una jornada de oración que unió a miles en el país

En medio de los desafíos sociales, humanitarios y de reconciliación que vive Colombia, la Iglesia vivió este 13 de mayo una de las jornadas marianas más significativas de los últimos años. En la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, miles de fieles se unieron en distintas regiones del territorio nacional para participar en el Cuarto Rosario Nacional por la Paz y la Reconciliación de Colombia y en la renovación de la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María.La celebración central se llevó a cabo en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, donde se desarrollaron tres momentos principales: el Santo Rosario Nacional, la celebración de la Eucaristía y el acto de renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María.La Santa Misa y el acto de consagración fueron presididos por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien hizo un fuerte llamado a sanar las heridas del país desde la reconciliación, el perdón y la fraternidad.“Necesitábamos este bálsamo espiritual que está en el corazón del pueblo de Dios, que clama por un tiempo de paz, de reconciliación. Y quién mejor que la Madre, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia, quien nos pueda unir como nación”, expresó el prelado.Durante su homilía, monseñor Múnera recordó que la consagración a María encuentra su sentido pleno en la consagración bautismal a Jesucristo. Además, propuso contemplar el corazón de María desde tres escenas evangélicas: Caná, el Calvario y el Cenáculo, como caminos para reconstruir el tejido social y espiritual del país.“El corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón, Cristo nuestra paz”, afirmó.El arzobispo también recordó los tres compromisos centrales del mensaje de Fátima: la oración, la reparación y la consagración. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, la solidaridad y la esperanza, especialmente en medio del actual discernimiento social y político que vive Colombia.“María es la tejedora de vínculos y relaciones. Nos ayuda a remendar los corazones heridos. Por lo tanto, a ella tenemos que acudir como madre y maestra de paz, de perdón y reconciliación”, expresó el presidente de la Conferencia Episcopal.La intención central del Rosario Nacional, cuyo lema fue “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, estuvo enfocada en pedir por las víctimas de la violencia, las familias, los jóvenes, los gobernantes, las instituciones del país y todos los colombianos.La jornada concluyó en la tarde con adoración eucarística y el tradicional Rosario de Antorchas en la Plaza de Bolívar.Esta iniciativa de oración fue promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá. La directora del Rosario Nacional, Jimena Lian, destacó el valor de la unidad eclesial alcanzada durante esta edición:“Un país unido en oración siempre estará protegido”, aseguró.La renovación de la consagración tuvo además un profundo significado histórico y espiritual. La primera Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María se realizó en octubre de 2008, en una ceremonia presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada, al tiempo que la renovación de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús vigente desde 1902.Una Iglesia unida desde los territoriosLa jornada mariana trascendió la capital colombiana y se vivió intensamente en múltiples jurisdicciones eclesiásticas del país, donde miles de fieles elevaron oraciones por la paz, la reconciliación y la esperanza en sus territorios.En la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Múnera, luego de presidir la celebración nacional en Bogotá, viajó para acompañar a su familia arquidiocesana la fiesta patronal de Nuestra Señora de Fátima en el barrio Villas de la Candelaria. Allí, junto a la comunidad y sacerdotes de diferentes zonas de la capital de Bolívar, presidió una celebración marcada por la fraternidad y la devoción mariana.En la Diócesis de Cúcuta, cientos de fieles participaron en la tradicional peregrinación hacia el monumento de la Virgen en el Bario San Miguel. La jornada culminó con una Eucaristía presidida por monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a los fieles a perseverar en la oración y a mirar a María como modelo de esperanza en medio de las dificultades que vive la región.En la Diócesis de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la celebración principal se desarrolló en el corregimiento de Pacelli. Allí, monseñor Israel Bravo Cortés llamó a la conversión sincera como camino para alcanzar la paz verdadera. La jornada estuvo marcada también por gestos solidarios hacia familias afectadas por la violencia.““Pedimos especialmente que no afecte ninguna causa más, ningún bien ni ninguna vida… Que la gente pueda retornar con tranquilidad a sus tierras, a sus casas...Aquí seguimos acompañando a la gente en otra dinámica: dinámica de paz, de desarrollo y de justicia, donde nos sintamos hermanos”, expresó el padre Jairo Gelves Tarazona, párroco del lugar.En la Diócesis de Ocaña, la celebración de Nuestra Señora de Fátima se vivió en un ambiente de profunda fe y devoción. Los fieles se congregaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Ocaña para participar de esta significativa celebración presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba. La tradicional Procesión de las Luces también reunió a la comunidad en torno a la oración por la libertad de los secuestrados y el consuelo de las familias afectadas por la violencia.Desde el Santuario Mariano Nuestra Señora de Fátima, la Diócesis de Santa Marta se unió al Rosario Nacional elevando plegarias por la reconciliación de Colombia. El padre Harold Tejada recordó que el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual:“Solamente habrá paz cuando reconstruyamos el corazón. Y reconstruir el corazón significa romper con la violencia, con el odio y con la división”, afirmó.En la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro presidió la celebración de consagración al Inmaculado Corazón de María en medio de un contexto marcado por el dolor de la violencia y las tensiones fronterizas del sur del país.“Queremos poner en las manos de la Santísima Virgen María nuestra patria para que podamos construir pacíficamente esa nación que soñamos, donde nadie se sienta excluido”, expresó el obispo.La Arquidiócesis de Popayán la oración reunió no solo a la Iglesia, sino también a instituciones civiles, universidades, niños, jóvenes y comunidades religiosas.El Rosario por la paz se realizó en el atrio de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción como un signo de unidad por el Cauca, uno de los departamentos más afectados por la violencia en Colombia.En la Diócesis de Yopal, los fieles peregrinaron hasta el Mirador de la Virgen de los Dolores de Manare para encomendar el territorio llanero a la Madre de Dios.En Pereira, Barrancabermeja, Palmira, El Banco, Cali y otras jurisdicciones, parroquias, santuarios y comunidades de fe se unieron al clamor nacional por la paz.Desde Barrancabermeja, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez pidió por la paz del Magdalena Medio y destacó el valor espiritual y social de esta movilización de fe:“La paz es posible, la hemos ido construyendo y la seguiremos construyendo. Hoy hemos renovado ese empeño escuchando una vez más el clamor de Nuestra Señora de Fátima de rogar por la reconciliación y la paz del mundo entero”, manifestó.María, signo de esperanza para ColombiaEn este mes mariano, la consagración al Inmaculado Corazón de María representa un signo de confianza espiritual, pero también, un llamado colectivo a reconstruir el país desde la conversión del corazón, el perdón y la esperanza. La fiesta de Nuestra Señora de Fátima volvió a poner en el centro el llamado a la oración, la conversión y la paz.Pese a las múltiples heridas y fragmentaciones sociales, esta gran jornada nacional reflejó cómo la fe continúa siendo un punto de encuentro para millones de colombianos.Con rosarios en las manos, velas encendidas y plegarias elevadas desde distintos rincones del país, la Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso pastoral de seguir promoviendo la reconciliación, la fraternidad y el cuidado de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:

Vie 8 Mayo 2026

Un signo de esperanza para Bojayá: Iglesia conmemoró 24 años de la masacre con la consagración de la custodia del “Cristo Mutilado”

La jornada, convocada por la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia ACN Colombia, reunió a comunidades afro e indígenas del Chocó en actos de memoria, oración y reconciliación.Han pasado 24 años desde la masacre de Bojayá, una de las tragedias humanitarias más dolorosas que ha dejado el conflicto armado colombiano. Sin embargo, en las orillas del río Atrato, la memoria permanece viva y las comunidades continúan resistiendo desde la fe.Este 2 y 3 de mayo de 2026, en el marco de la conmemoración de esta tragedia, la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia) convocaron una jornada de reconciliación y memoria con actividades en Bellavista (Bojayá) y en Quibdó, marcada por un profundo sentido espiritual, comunitario y pastoral.El acto central fue la consagración de una nueva custodia eucarística inspirada en la emblemática figura del “Cristo Mutilado”, la imagen religiosa que sobrevivió a la explosión ocurrida el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por la entonces guerrilla de las Farc impactó la Iglesia donde centenares de civiles buscaban refugio en medio de enfrentamientos armados. La masacre dejó 119 personas muertas, entre ellas, 48 niños.La celebración litúrgica central se llevó a cabo en ese mismo lugar, el templo San Pablo Apóstol, reconstruido años atrás con el apoyo de ACN Colombia.Un Cristo herido, convertido en signo de esperanzaLa nueva custodia, elaborada por un orfebre colombiano, conserva la figura herida del "emblemático crucificado" y ubica en el centro de su pecho el viril que contiene la Eucaristía.Para la Iglesia, este signo busca acompañar espiritualmente a las comunidades que han sufrido el impacto de la violencia, así como reafirmar un mensaje de reconciliación, consuelo y esperanza para el Pacífico colombiano.“La iniciativa busca visibilizar la fe y la resistencia de las comunidades en medio del sufrimiento, enviando un mensaje claro al país: la promoción de la reconciliación y el acompañamiento a las poblaciones más alejadas sigue siendo una prioridad", expresaron los organizadores.Durante la conmemoración, monseñor Wiston Mosquera Moreno, obispo de Quibdó, describió la presencia de la Iglesia antes, durante y después de la tragedia:“La Iglesia ha estado ahí siempre acompañando a las poblaciones, a las comunidades y por eso hay una máxima entre nosotros: el último en salir regularmente de una población es el sacerdote acompañando a su comunidad y eso fue lo que sucedió ese día”.Una jornada de fe y la memoria de las víctimasLa jornada inició con una multitudinaria procesión fluvial por el río Atrato y por las calles de Bellavista. Entre cantos tradicionales afrocolombianos (alabaos) y oraciones, las comunidades acompañaron al Cristo Mutilado hasta el lugar de la tragedia.La procesión pasó por el mausoleo que hoy guarda los restos y recuerdos de muchas de las víctimas, incluidos niños que no alcanzaron a nacer.El padre Johnny Milton Córdoba, director de Pastoral Social de la Diócesis de Quibdó, destacó el profundo significado espiritual y comunitario de estos actos de memoria:“Cada vez que venimos acá también es una forma de hacer una pequeña catarsis para que la gente pueda quizás ir poco a poco avanzando en el poder perdonar”.La conmemoración reunió a comunidades afro e indígenas, líderes sociales, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones que acompañan históricamente a las poblaciones del Chocó.Una vigilia por la reconciliación en QuibdóTras los actos en Bojayá, la custodia fue trasladada hasta Quibdó, capital del departamento, donde se celebró una Vigilia de Adoración por la Reconciliación presidida por el obispo de la diócesis.Durante esta celebración, los fieles elevaron oraciones por las víctimas del conflicto armado, por las comunidades que continúan sufriendo desplazamientos y confinamientos, y por la paz en Colombia.“Fue un encuentro con Cristo vivo, con Cristo mutilado, pero que está presente en nosotros”, expresó Carmen Inés Rentería, una de las participantes.Por su parte, Luz Mercedes Mosquera afirmó:“Fue un momento de reflexión, restauración y perdón…solamente le pido al Señor que nos siga restaurando y que nos enseñe a caminar con esos brazos y esos pies que a Él le faltan”.Conmemoración en medio de una violencia que persisteLa conmemoración de este año ocurre además en un contexto especialmente complejo para el Chocó. Pese al acuerdo de paz firmado con las antiguas Farc en 2016, distintas comunidades del Pacífico continúan afectadas por la presencia de grupos ilegales, los desplazamientos forzados y las restricciones a la movilidad.Frente a esta realidad, la Iglesia ha insistido en la necesidad de fortalecer la presencia institucional, proteger a las comunidades y garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición.“Todos los territorios que han sido tomados por los grupos al margen de la ley han estado de espaldas al Estado colombiano”, advirtió monseñor Mosquera Moreno durante la jornada.ACN Colombia y la misión de acompañar a la Iglesia que sufreLa Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) acompaña a comunidades católicas necesitadas, perseguidas o afectadas por la violencia en distintos países del mundo.En Colombia, ACN ha apoyado históricamente procesos pastorales, humanitarios y de reconstrucción eclesial en territorios marcados por el conflicto armado, entre ellos Bojayá.La directora ejecutiva de ACN Colombia, María Inés Espinosa Calle, explicó lo que significó esta jornada para la fundación pontificia:"Puede ser que el evento de Bojayá no haya sido un acto en contra de la religión propiamente, pero la gente se fue a a a meter en esta Iglesia como un sitio seguro, en donde pensaban que nada les podía pasar y pasaron por encima de ese lugar sagrado y allí mandaron este ataque que acabó con la vida de estas 119 personas. Es la razón por la cual nosotros queremos servir y acompañar a la Iglesia que está en necesidad en nuestro país."Hoy, la Iglesia espera que la custodia del Cristo Mutilado se convierta en un signo de resistencia espiritual para las comunidades del Pacífico colombiano, que continúan clamando por el fin de la violencia y una presencia del Estado que los defienda y dignifique.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada: