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conferencia episcopal de colombia

Vie 3 Abr 2026

El Sermón de las Siete Palabras que interpela a Colombia: desafíos para sanar la nación

En este Viernes Santo, los obispos de Colombia dirigen al país una reflexión de profundo calado espiritual y social a través del tradicional Sermón de las Siete Palabras, proponiendo una lectura de la pasión de Cristo que ilumina las heridas, tensiones y búsquedas de la nación.Desde distintas regiones —desde el Pacífico hasta el centro del país— y en comunión como Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados ofrecen un mensaje que no solo invita a la contemplación, sino que interpela directamente la vida pública, las dinámicas sociales y las decisiones cotidianas de los colombianos.Desarmar la palabra en una sociedad herida por la confrontaciónAl reflexionar la primera palabra —“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”—, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, pone el foco en uno de los factores que hoy profundizan la fractura social: el uso destructivo del lenguaje.“En nuestras sociedades […] se está volviendo muy común, casi costumbre, casi ley, el uso de la palabra oral y escrita para calumniar, insultar, confrontar de forma grosera e imprudente al otro […] sencillamente al que no me cae bien o a quien considero mi enemigo”.Su reflexión toca un punto neurálgico del país: la normalización de la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana. Frente a ello, plantea una alternativa concreta:“Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje y mantener la integridad de las relaciones interpersonales y sociales”.Se trata, en palabras del Papa León XIV, de abrir paso a una palabra “desarmada y desarmante”, capaz de transformar el conflicto en posibilidad de encuentro.La dignidad de quienes viven en los márgenesLa segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— permite a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, arzobispo electo de Bucaramanga, iluminar la realidad de exclusión que viven amplios sectores de la sociedad.Su reflexión no evade la crudeza: habla de “vidas desarrolladas al margen de la justicia”, marcadas por la violencia, la delincuencia o la marginación estructural. Sin embargo, introduce una clave decisiva:“Mientras en la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo”.En un país donde muchas personas quedan atrapadas en ciclos de violencia, pobreza o estigmatización, el mensaje es profundamente contracultural: la exclusión no tiene la última palabra.Y lo expresa con fuerza: “El paraíso consiste en permanecer con Jesús que levanta a todos los caídos y los dignifica […] ofrece las oportunidades de vida nueva que los seres humanos tantas veces nos negamos entre nosotros”.Custodiar el corazón para reconstruir el tejido socialDesde la tercera palabra —“Ahí tienes a tu madre”—, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, propone una transformación que comienza en lo más profundo, pero que tiene consecuencias estructurales.“Custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento […] luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”.Su reflexión se sitúa explícitamente en el contexto colombiano:“Como colombianos tenemos la tragedia de estar viviendo momentos sumamente conflictivos para nuestra amada patria”.Desde ahí, plantea un camino concreto: reconstruir relaciones, sanar vínculos y generar cohesión social. No se trata solo de un cambio interior, sino de una ética relacional que atraviese comunidades, instituciones y territorios.“Es tiempo de reconstruir el tejido social […] hacer que nuestras relaciones estén fortalecidas por el amor y no por el odio”.El grito de las periferias: territorios que claman justiciaLa cuarta palabra —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— adquiere una fuerza particular desde el Pacífico colombiano, en la voz de monseñor Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi.Su reflexión encarna el clamor de territorios históricamente golpeados por la violencia, la pobreza y el abandono institucional:“Hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia […] en los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.Describe realidades concretas: precariedad en salud, falta de empleo digno, economías ilegales, presencia de actores armados y comunidades que “apenas sobreviven”.Desde allí, eleva una denuncia y una interpelación:“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”.Esta palabra se convierte así en una llamada a escuchar a los territorios, a reconocer sus heridas y a asumir responsabilidades frente a su dignidad.Una sed de justicia que no puede apagarseLa quinta palabra —“Tengo sed”— es leída por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, como un diagnóstico ético del país.“Colombia vive también una sed profunda. Una sed de ética en sus habitantes, instituciones y gobernantes. Una sed de transparencia. Una sed de verdad. Una sed de justicia que muchas veces parece insatisfecha”.Su análisis va más allá de la denuncia de la corrupción: señala un riesgo aún más profundo, la normalización del mal:“El gran peligro […] no es solamente la corrupción misma, sino la resignación, cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.En ese sentido, plantea un desafío directo: transformar esa sed en compromiso real, en responsabilidad personal y colectiva, capaz de incidir en la vida pública.No permanecer indiferentes ante el sufrimiento socialDesde la sexta palabra —“Todo está consumado”—, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso, invita a confrontar la distancia entre la fe profesada y la realidad vivida.“De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”.Su reflexión recorre problemáticas concretas: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.Y lanza un llamado claro:“No podemos permanecer pasivos esperando que sean los otros quienes solucionen tantos problemas sociales, sin mover nuestros corazones a la misión de acercarnos y luchar también por el bienestar del otro”.Aquí, la fe se presenta como una exigencia de acción concreta en favor del bien común.Esperanza en medio de la incertidumbre y la violenciaFinalmente, la séptima palabra —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”— es leída por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, como una clave para afrontar el momento actual del país.Describe un contexto marcado por “sueños truncados de paz, pactos rotos, proyectos inconclusos” y una creciente sensación de incertidumbre y miedo.Sin embargo, propone una respuesta profundamente cristiana y social:“El miedo no es para nosotros la opción […] cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.Y advierte con claridad: “Renunciar a la esperanza sería conceder la victoria a la lógica de la violencia”.En un país que ha vivido décadas de conflicto, esta afirmación se convierte en una invitación a no claudicar en la búsqueda de la paz.Un Viernes Santo que interpela a todo el paísEn este Viernes Santo, el mensaje de los obispos colombianos se presenta como una hoja de ruta espiritual y social para el país.Desde el lenguaje hasta las estructuras, desde el corazón hasta los territorios, desde la fe hasta la acción, las siete palabras de Cristo se convierten hoy en una invitación a asumir responsabilidades concretas.Vea a continuación las reflexiones de los obispos colombianos:

Lun 30 Mar 2026

Nombrado en la Secretaría de Estado por el Papa León XIV, monseñor Paolo Rudelli se despide de Colombia con carta

La Iglesia en Colombia acoge con gratitud el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Paolo Rudelli como Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Tras conocerse esta designación, el prelado dirigió una carta al presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, en la que expresó su profunda gratitud por la experiencia de fe vivida en el país.Monseñor Rudelli, quien se desempeñaba como Nuncio Apostólico en Colombia desde 2023, culmina así su misión diplomática para asumir esta nueva encomienda al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal.Como Sustituto para los Asuntos Generales, estará al frente de la Primera Sección de la Secretaría de Estado, encargada de gestionar los asuntos ordinarios del Pontífice, articular el trabajo entre los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede. Entre sus funciones se encuentran la redacción y expedición de documentos pontificios, el seguimiento de los nombramientos eclesiales, la difusión de las comunicaciones oficiales y la organización de los viajes apostólicos.Este nombramiento se inscribe en una amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede, que se remonta a más de veinte años. Desde 2001, monseñor Rudelli ha servido en representaciones pontificias en Ecuador y Polonia, así como en la misma Sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, de la cual ahora ha sido llamado a ser responsable por voluntad del Papa León XIV.Con esta designación, el Papa León XIV realiza uno de los primeros cambios de especial relevancia en la Curia Romana desde el inicio de su pontificado. Monseñor Rudelli sucede en esta responsabilidad al arzobispo Edgar Peña Parra, quien ha sido nombrado nuncio apostólico en Italia y en la República de San Marino.Gratitud por una experiencia de fe en ColombiaEn la carta enviada al episcopado colombiano, monseñor Rudelli expresó que su paso por el país ha sido una verdadera “experiencia de fe”, marcada por el encuentro con una Iglesia viva, comprometida y profundamente unida al Sucesor de Pedro.Durante su servicio como Nuncio Apostólico, se distinguió por su cercanía con las comunidades y su interés por conocer de manera directa la realidad del país. Recorrió numerosas jurisdicciones eclesiásticas y visitó diversas regiones, compartiendo con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos.En su mensaje, destacó la acogida fraterna de los obispos, la generosidad pastoral de los sacerdotes y la entrega de la vida consagrada, así como el compromiso de los laicos que, desde sus comunidades, contribuyen a la evangelización y al servicio de los más necesitados.Una Iglesia que es signo de esperanzaMonseñor Rudelli subrayó también el testimonio de comunidades que, en medio de situaciones sociales complejas, perseveran en la fe y fortalecen la esperanza. De manera particular, valoró el entusiasmo de los jóvenes y el camino vocacional de seminaristas, novicios y novicias.“Este tejido eclesial constituye para Colombia una riqueza humana y de fe, y un bastión de paz, de justicia y de libertad”, afirmó en su carta, destacando el papel de la Iglesia como presencia activa al servicio del país, especialmente en territorios afectados por la violencia.Asimismo, expresó su gratitud al Papa Francisco por haberlo enviado como su representante a Colombia, y al Papa León XIV por la confianza depositada en él para asumir esta nueva responsabilidad en la Santa Sede.Un llamado a seguir construyendo comunión y misiónEn su despedida, monseñor Rudelli animó a la Iglesia en Colombia con palabras del Santo Padre: “Esta es la hora del amor…construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad…fermento de concordia para la humanidad”.Por su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia eleva una acción de gracias por el servicio generoso de monseñor Rudelli y encomienda su nueva misión, al tiempo que reafirma su comunión con el Santo Padre y su compromiso de seguir anunciando el Evangelio en medio de las realidades del país.

Vie 27 Mar 2026

Recuperar la noche: el desafío de la verdad litúrgica en la vigilia pascual

Por Pbro. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - Esta nota tiene como objetivo orientar a las comunidades parroquiales, especialmente en el contexto de Colombia, sobre la importancia fundamental de respetar el horario nocturno de la Vigilia Pascual, desafiando la tendencia actual de adelantar su celebración por razones de orden pastoral (en algunas regiones, más por comodidad) o seguridad.En muchas parroquias de Colombia, se ha vuelto habitual celebrar la Vigilia Pascual a horas vespertinas, tratándola casi como una misa de sábado por la tarde. Esta práctica, aunque busca facilitar la asistencia de los fieles ante retos como la inseguridad o el transporte, termina por desvirtuar la naturaleza misma de la “madre de todas las santas vigilias” (Cf. Congregación para el Culto Divino. Normas para la preparación y la celebración de la Semana Santa, del 16 de enero de 1988, n. 3).El Magisterio de la Iglesia es claro e incisivo: la Vigilia Pascual debe celebrarse totalmente de noche (Ibíd., n. 78). Esto significa que no puede empezar antes del inicio de la noche ni terminar después del alba del domingo (Ibíd., n. 78; 21). Esta norma no es un capricho, sino una exigencia de la verdad de los signos.¿Por qué no conviene adelantar la hora?Sustentar la recuperación del horario nocturno requiere comprender qué se pierde cuando la luz del sol aún está presente:1. La verdad del signo de la luz: La primera parte de la Vigilia es el Lucernario. La bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual tienen como fin significar que Cristo es la Luz que disipa las tinieblas (Ibíd., nn., 82-83). Si se realiza con luz solar, el simbolismo de la luz que brilla en la oscuridad se vuelve irrelevante y falso.2. El carácter escatológico y de espera: Una vigilia es, por definición, una vela o espera nocturna. La Iglesia, como la esposa que aguarda el regreso de su Señor, permanece en vela esperando la Resurrección. Al adelantar la hora, se pierde la noción de espera y se reduce la celebración a un acto litúrgico más, privando a los fieles de la experiencia de aguardar el tránsito del Señor de la muerte a la vida (Ibíd., n., 79).3. La memoria histórica del Éxodo: La Vigilia Pascual recuerda la noche de la verdadera liberación, donde el pueblo de Israel fue guiado por una columna de fuego en la oscuridad. Celebrarla de noche vincula sacramentalmente a los fieles con esa noche histórica en la que Cristo, rompiendo las cadenas de la muerte, ascendió victorioso del abismo.4. La centralidad del Misterio Pascual: El Triduo Pascual es el centro de todo el año litúrgico (Ibíd., n., 2). Reducir la Vigilia a una misa vespertina por comodidad refleja una formación insuficiente sobre el Misterio Pascual como centro de la vida cristiana. La normativa vigente reprueba explícitamente el abuso de celebrar la Vigilia a la hora en que habitualmente se celebran las misas de sábado por la tarde.El Desafío PastoralEs comprensible que se invoque la inseguridad pública o la dificultad de los fieles para justificar el adelanto. Sin embargo, la Congregación del Culto Divino señala que “estos argumentos a menudo no se aplican a otras reuniones sociales o incluso a la misa de medianoche en Navidad” (Ibíd., n. 70).Para enfrentar este desafío en las parroquias colombianas, se sugieren soluciones que prioricen la dignidad de la celebración sobre la conveniencia geográfica:Agrupación de Comunidades: En lugar de realizar múltiples celebraciones apresuradas y tempranas en diversas capillas, es preferible reunir a varias comunidades en una iglesia principal para asegurar una celebración plena, festiva y estrictamente nocturna.Catequesis Mistagógica: Es necesario instruir a los fieles sobre la naturaleza peculiar del Sábado Santo y la noche de Pascua, para que comprendan que participar en la Vigilia no es el “último acto del sábado”, sino el inicio glorioso del domingo de Resurrección.Recuperar la hora de la Vigilia es recuperar la fuerza del sacramento. Solo en la oscuridad de la noche, el anuncio del “Aleluya” y la luz del Cirio adquieren toda su capacidad de transformar el corazón de los creyentes.Pbro. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Mié 25 Mar 2026

El Papa León XIV expresa condolencias a Colombia por tragedia aérea en Puerto Leguízamo

El Papa León XIV expresó su profundo pesar y cercanía espiritual con las víctimas del accidente aéreo ocurrido el pasado 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó al menos 68 personas fallecidas y decenas de heridos. El mensaje fue transmitido por la Nunciatura Apostólica en Colombia, a través de una carta dirigida a monseñor José Roberto Ospina Leongómez, obispo emérito de Buga y administrador apostólico del Obispado Castrense.Por medio del cardenal Pietro Parolin, el Santo Padre se unió "con profundo dolor” al sufrimiento de las familias que han perdido a sus seres queridos y encomendó a Dios el eterno descanso de los fallecidos. Asimismo, manifestó su cercanía con los heridos y con quienes participan en las labores de atención, impartiendo su bendición como signo de consuelo y esperanza en medio de esta tragedia.El siniestro, en el que, según han informado las autoridades, viajaban 125 personas —entre ellas tres pelotones de soldados—, ha suscitado una respuesta inmediata de la Iglesia en el territorio, marcada por la oración, la solidaridad y el acompañamiento pastoral.Desde el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano y el Obispado Castrense de Colombia se ha expresado la cercanía de la Iglesia con las víctimas, sus familias y las Fuerzas Militares, elevando súplicas por los sobrevivientes, por el eterno descanso de quienes han partido y por la fortaleza de quienes enfrentan este momento de dolor. En sus mensajes, han subrayado la esperanza cristiana que sostiene en medio de la prueba y la certeza de que Dios acompaña a los corazones quebrantados.Como signo concreto de este acompañamiento, durante estos días se han celebrado Eucaristías tanto en el territorio del vicariato como en el ámbito castrense, en memoria de las víctimas y en oración por sus familias.La comunicación del Papa León XIV se suma a las múltiples manifestaciones de solidaridad que ha suscitado esta tragedia en el país, mientras continúan las acciones de atención a los heridos y acompañamiento a las familias de las víctimas.

Mar 24 Mar 2026

Episcopados de Colombia y Ecuador piden acciones urgentes para superar tensiones fronterizas que afectan a las comunidades

En un mensaje pastoral conjunto, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hacen un llamado “respetuoso, fraterno y apremiante” a los gobiernos de ambos países para que, con sentido humanitario, dispongan las acciones necesarias que permitan superar las tensiones actuales y restablecer la convivencia en la frontera.El texto, dirigido a los presidentes Gustavo Francisco Petro Urrego y Daniel Noboa Azín, así como a sus respectivas cancillerías, insiste en la urgencia de privilegiar el diálogo y de adoptar decisiones que protejan la vida, la dignidad y el bienestar de las comunidades afectadas.Una voz pastoral ante la crisis humanitariaDesde su misión de acompañamiento a los pueblos, los obispos expresan su “dolor y creciente preocupación” por la crisis humanitaria que padecen las poblaciones en ambos lados de la frontera, subrayando que esta situación golpea directamente a las familias y comunidades.En ese sentido, reiteran que, incluso en medio de las diferencias, debe primar siempre el cuidado y la defensa de la vida y la dignidad humana, como fundamento de toda acción social y política.Tender puentes, no profundizar distanciasEl mensaje pone en el centro la historia compartida entre Colombia y Ecuador, recordando los lazos fraternos que han permitido construir dinámicas de cooperación e intercambio en la frontera.Frente al contexto actual, los episcopados invitan a reconstruir ese “puente humano” entre las naciones, apelando al diálogo respetuoso y paciente como camino para fortalecer la hermandad, el perdón y la reconciliación.Las comunidades, en el centroLa Iglesia exhorta a las autoridades a intensificar los esfuerzos de diálogo y a garantizar que las decisiones adoptadas prioricen la dignidad y el bienestar de las familias y comunidades fronterizas, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad.En el contexto del tiempo litúrgico en el que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, los obispos expresan su esperanza en una pronta reapertura de las fronteras como signo concreto de reconciliación y de superación de la crisis.Este llamado, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC (Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia) y por el cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, OFM (Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana), reafirma la opción pastoral de la Iglesia de ponerse del lado de las personas, especialmente de quienes sufren las consecuencias de las tensiones entre los Estados.Esperanza que se hace camino en el territorioEn sintonía con este llamado, diversas iniciativas pastorales comienzan a surgir en la frontera como signos concretos de reconciliación. Es el caso del Viacrucis Binacional por la Paz, la Reconciliación y el Progreso de los Pueblos, convocado por las diócesis de Ipiales y Tulcán, junto con las Cáritas de ambos países y otras organizaciones aliadas.La jornada se realizará el viernes 27 de marzo a las 3:30 p.m. en el puente internacional entre Tufiño y Chiles, y busca promover la hermandad, la defensa de la vida, el trabajo y la esperanza, en medio de los desafíos sociales y de seguridad que afectan la convivencia y la dignidad de las comunidades fronterizas.Esta iniciativa se presenta como un signo de fe y unidad que recoge, desde el territorio, el llamado de la Iglesia a tender puentes, fortalecer la fraternidad y acompañar a las poblaciones que hoy claman por caminos de paz.

Mar 24 Mar 2026

Elogio de la monogamia

Por Mons. Miguel Fernando González Mariño - Este no es el título de una novela antigua ni de una poesía medieval, sino el subtítulo de la nota doctrinal Una Caro [una carne] sobre “el valor del matrimonio como unión exclusiva y de pertenencia mutua”, firmada por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, aprobada por León XIV tras una audiencia el pasado 21 de noviembre de 2025.Con este documento se busca dar elementos para profundizar teológicamente en este tema que, según registra el autor, no ha sido suficientemente estudiado. Está dirigido en primer lugar a obispos y teólogos, recogiendo abundantes textos y centrándose únicamente en la primera propiedad esencial del matrimonio, la unidad, que puede definirse como “la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre, o, en otras palabras, como la pertenencia mutua de ambos, que no puede compartirse con otros".La monogamia tiene un fundamento antropológico, indica el documento que el propósito unitivo de la sexualidad no se limita a asegurar la procreación, sino que contribuye a enriquecer y fortalecer la unión única y exclusiva y el sentido de pertenencia mutua, pero se eleva a la trascendencia: “La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios”, señala el documento, además "Santo Tomás sostiene que la monogamia deriva esencialmente del instinto natural, inscrita en la naturaleza de todo ser humano; por lo tanto, esta esfera prescinde de las exigencias de la fe”.No obstante, dirigiendo la mirada a los fenómenos sociales que inciden en el tema, vemos hoy situaciones ambiguas, pues "nuestra época, experimenta diversas tendencias en relación con el amor: el aumento de las tasas de divorcio, la fragilidad de las uniones, la trivialización del adulterio y la promoción del poliamor. A la luz de todo esto, cabe reconocer que las grandes narrativas colectivas (novelas, películas, canciones) siguen exaltando el mito del "gran amor" único y exclusivo. La paradoja es evidente: las prácticas sociales socavan lo que la imaginación celebra. Esto revela que el deseo de amor monógamo permanece inscrito en lo más profundo del ser humano, incluso cuando los comportamientos parecen negarlo".Vamos a las cifras de nuestro país sobre infidelidad matrimonial: Colombia es el segundo país con más situaciones de infidelidad en Latinoamérica después de Brasil (unisabana.edu.co) trayendo como consecuencia la pérdida de confianza en la pareja, convirtiéndose en la primera causa de divorcio. Encuestas al respecto anotan que 8 de cada 10 hombres y 6 de cada 10 mujeres han sido infieles en sus relaciones de pareja.Otro dato inquietante lo proporciona un estudio de la OCDE sobre el porcentaje de niños nacidos fuera del matrimonio: Colombia ocupa el preocupante primer lugar con el 87%, seguida de Chile con el 78.1% y Costa Rica con el 74%. En los últimos lugares están: Corea con el 4,7%, Turquía con el 3,1% y Japón con el 2.4%. (OCDE. Babies Born Outside of Marriage).Como vemos, mientras nuestra Iglesia nos ayuda a profundizar en la teología de la monogamia, nuestro pueblo está muy lejos de practicarla. Es una realidad que debe interpelarnos seriamente sobre la eficacia de la pastoral familiar. Gracias a Dios, el Santo Padre ha convocado para el próximo mes de octubre a los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo a un encuentro de escucha recíproca y discernimiento sinodal sobre los pasos a seguir para anunciar el evangelio a las familias de hoy. Concluyamos entonces con la propuesta que hace Una caro, dándonos luces sobre el trabajo a realizar: "No basta con denunciar los fracasos; partiendo de los valores que aún se conservan en el imaginario popular, debemos preparar a las generaciones para abrazar la experiencia del amor como un misterio antropológico. El mundo de las redes sociales, donde el pudor se desvanece y prolifera la violencia simbólica y sexual, demuestra la urgente necesidad de una nueva pedagogía. El amor no puede reducirse a un impulso: siempre apela a la responsabilidad y la capacidad de esperanza de toda la persona. (...) Así, la educación en la monogamia no es una restricción moral, sino una iniciación en la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez. Dirige la energía erótica hacia una sabiduría de perdurabilidad y una apertura a lo divino. La monogamia no es arcaísmo, sino profecía: revela que el amor humano, vivido en su plenitud, anticipa de alguna manera el misterio mismo de Dios.Mons. Miguel Fernando González MariñoObispo de la Diócesis de El EspinalPresidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Mar 24 Mar 2026

Iglesia en Colombia reafirma la dignidad humana como eje de su acción pastoral por la vida

Inspirados por la declaración ‘Dignitas infinita’ y la enseñanza de la encíclica Evangelium vitae, que recuerda que “la vida es siempre un bien”, representantes de diversas jurisdicciones eclesiásticas del país se reunieron en Bogotá, en el Encuentro Nacional de Delegados de Pastoral de la Vida 2026, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia del 16 al 18 de marzo.El espacio permitió analizar las realidades sociales que hoy afectan la dignidad humana y fortalecer la respuesta pastoral de la Iglesia frente a estas situaciones.El encuentro fue presidido por monseñor Alejandro Díaz García, obispo auxiliar de Bogotá y presidente de la Comisión Episcopal de Promoción y Defensa de la Vida.El padre Nelson Ortiz Rozo, director del Departamento de Promoción y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal de Colombia, explicó que el evento buscó propiciar un espacio de discernimiento pastoral entre sacerdotes, religiosos y laicos, frente a las realidades que hoy afectan la vida humana en el país.“Al convocar este encuentro nacional de delegados buscamos que las jurisdicciones eclesiásticas puedan tener un espacio de reflexión y discernimiento sobre la realidad de las violencias en nuestro país y, a partir de ello, articular acciones que nos permitan dar una respuesta iluminadora y esperanzadora”, afirmó.Nuevas realidades que interpelan la defensa de la vidaLas reflexiones del encuentro abordaron diversas situaciones que hoy afectan la dignidad humana en Colombia. Entre ellas: la violencia estructural, la violencia intrafamiliar, la violencia digital, la trata de personas, la maternidad subrogada y otras realidades que impactan a personas y comunidades en distintos momentos de la vida.Para los participantes, comprender estas dinámicas sociales es fundamental para fortalecer una acción pastoral más cercana a las realidades que viven las personas.“Entre nuestras realidades se vienen dando lo que se llaman las violencias directas, pero también violencias estructurales y violencias culturales”, explicó el padre Víctor Antonio Bustamante, sacerdote de la Arquidiócesis de Cartagena.Una defensa de la vida que abarca todas sus etapasUno de los énfasis del encuentro fue reafirmar una comprensión integral de la defensa de la vida humana, que abarca todas las etapas de la existencia y todas las circunstancias en las que la dignidad de la persona puede verse vulnerada.“Nuestra lucha como Iglesia no es solamente en defensa de la vida del concebido no nacido, sino también de todos los momentos de la vida humana que se encuentran en riesgo”, señaló María Elizabeth Osorio Zuluaga, psicóloga de la Delegación de Pastoral Familiar de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Desde esta perspectiva, la pastoral de la vida se entiende como una misión transversal dentro de la acción evangelizadora de la Iglesia.“Somos una pastoral que atraviesa todas las realidades, porque en todas las pastorales hay vida humana”, expresó Karen Lizeth Bejarano, integrante del equipo de Promoción y Defensa de la Vida de la Diócesis de Facatativá.Formación y articulación pastoralOtro de los puntos centrales del encuentro fue la necesidad de fortalecer la formación de los agentes de pastoral y promover una mayor articulación entre diócesis, comunidades e instituciones que trabajan en la defensa y promoción de la vida.Según el padre Nelson Ortiz, responder a los desafíos actuales implica profundizar tanto en la formación doctrinal como en el conocimiento de las realidades sociales que afectan la dignidad humana.“Necesitamos formarnos más, tanto en la doctrina de la Iglesia, como en el conocimiento de la manera como estas estructuras del mal buscan atentar contra la dignidad de la persona humana”, afirmó.En este contexto, los delegados destacaron la importancia de generar redes de colaboración que permitan acompañar de manera más efectiva a las personas en situación de vulnerabilidad.Un compromiso renovado con la cultura de la vidaDurante el encuentro, los delegados también compartieron experiencias pastorales que adelantan en sus jurisdicciones y renovaron su compromiso de seguir promoviendo la dignidad de cada persona.Para la Iglesia, este trabajo pastoral busca contribuir a la construcción de una sociedad más justa y fraterna, donde cada vida sea reconocida y acompañada.“Terminamos este encuentro llenos de alegría y con la disposición de seguir caminando en comunión y sinodalidad para dar una respuesta de caridad a los hermanos más frágiles y débiles”, concluyó el padre Nelson Ortiz.De este modo, la Iglesia en Colombia reafirma su compromiso de seguir anunciando el Evangelio de la vida y de fortalecer acciones pastorales orientadas a promover una auténtica cultura de la vida en el país.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:

Vie 20 Mar 2026

Desde Pereira, Encuentro Regional de Liturgia del Eje Cafetero llama a recuperar el sentido auténtico del canto litúrgico

Obispos, presbíteros, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles laicos vinculados a ministerios de música se reunieron del 17 al 19 de marzo en la Diócesis de Pereira para participar en el Encuentro Regional de Liturgia del Eje Cafetero 2026, un espacio de formación, oración y reflexión que puso en el centro el protagonismo del canto en la vida celebrativa de la Iglesia.La iniciativa congregó a representantes de las diócesis de la Provincia Eclesiástica de Manizales con el propósito de profundizar en la comprensión teológica y pastoral del canto litúrgico, así como de analizar los retos que enfrenta actualmente este ministerio en las comunidades parroquiales.Durante el encuentro se insistió en que el canto litúrgico no es un elemento ornamental ni secundario, sino una dimensión constitutiva de la acción celebrativa de la Iglesia. Tal como lo recuerda el Concilio Vaticano II, el canto sagrado forma parte necesaria de la liturgia solemne porque expresa la alabanza a Dios, participa del lenguaje sacramental y manifiesta la comunión eclesial.En este sentido, los participantes subrayaron que la música en la liturgia debe brotar del misterio celebrado y estar al servicio de la participación activa de la asamblea, evitando reducirse únicamente a lo estético o a lo emotivo.Formación y discernimiento pastoralLa jornada inicial contó con una ponencia de monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, quien abordó la relación entre música y experiencia espiritual a partir de los salmos, destacando cómo el canto se convierte en una vía privilegiada para que el pueblo de Dios exprese su fe y su oración.El segundo día estuvo marcado por una intensa agenda académica y espiritual que incluyó el análisis de la situación actual del canto litúrgico en las diócesis de la región, así como la profundización en criterios teológicos y pastorales para orientar la práctica musical en la liturgia.Entre las reflexiones más significativas se destacó el valor del canto gregoriano como paradigma litúrgico, no como una expresión del pasado, sino como una tradición viva donde la música nace del texto bíblico y litúrgico, ayudando a conducir a los fieles hacia el misterio celebrado.Asimismo, se ofrecieron elementos de discernimiento pastoral sobre qué cantar en la liturgia y por qué hacerlo, insistiendo en la importancia de mantener coherencia entre la música, el rito y el tiempo litúrgico.Desafíos para la Iglesia en ColombiaA lo largo del encuentro también se identificaron diversos desafíos que interpelan a la Iglesia tanto en la región como en el país. Entre ellos, se destacó la disminución del canto de la asamblea en algunas celebraciones, la confusión entre música litúrgica y música religiosa en general, y la insuficiente formación litúrgica de músicos y coros parroquiales.Ante esta realidad, los participantes coincidieron en la necesidad de fortalecer los procesos de formación para los agentes de música litúrgica, promover un mayor conocimiento de los documentos del Magisterio y valorar el amplio patrimonio musical de la Iglesia.La última jornada estuvo dedicada a la aplicación pastoral de los temas abordados, con un llamado a que pastores, músicos y comunidades trabajen de manera conjunta para renovar el sentido del canto en la liturgia y favorecer celebraciones en las que la participación de los fieles sea más consciente, plena y activa.Camino hacia el Encuentro Nacional de Liturgia 2026Este encuentro regional se proyecta además como preámbulo del Encuentro Nacional de Liturgia 2026, que se realizará en Bogotá del 19 al 21 de mayo y en el que se espera la participación de cerca de 600 asistentes provenientes de diversas jurisdicciones eclesiásticas del país.El encuentro buscará consolidarse como un espacio de articulación nacional para avanzar en la construcción del Cantoral Litúrgico de la Iglesia Católica en Colombia, una iniciativa promovida por la Comisión Episcopal de Liturgia que busca ofrecer criterios comunes y fortalecer la identidad celebrativa de las comunidades.