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iglesia en colombia

Jue 2 Jul 2026

El respeto por la vida humana, en el corazón de la intención de oración del Papa León XIV

En su intención de oración para julio de 2026, el Santo Padre invita a reconocer que toda persona, desde el primer instante de su existencia hasta su muerte natural, posee una dignidad inviolable. Su mensaje propone pasar de la oración a gestos concretos que protejan, acompañen y valoren cada vida humana.En un tiempo marcado por múltiples formas de violencia, exclusión e indiferencia frente al sufrimiento humano, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a volver la mirada hacia aquello que sostiene toda convivencia auténticamente humana: el respeto incondicional por la vida.Esta es la intención de oración que el Santo Padre confía a los fieles durante el mes de julio, a través de la iniciativa Reza con el Papa, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa. En ella propone una oración que recuerda que cada persona es "un don sagrado que refleja tu rostro", llamado a ser acogido, protegido y amado durante toda su existencia.Más que una reflexión sobre un tema específico, la intención de este mes constituye una invitación a renovar la manera de mirar a los demás, especialmente a quienes experimentan mayor fragilidad.Toda vida posee un valor único e irrepetibleEn la oración, el Pontífice se dirige al "Señor de la vida" para agradecer el don recibido y pedir la gracia de reconocer "el valor único e irrepetible de cada ser humano".Desde esa certeza, pide aprender a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz.La plegaria también se convierte en un examen de conciencia cuando reconoce las veces en que la indiferencia o la cultura del descarte impiden descubrir en el otro a una persona digna de amor."Perdónanos, Señor, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor", reza el Papa.Una oración que interpela la realidadLa intención de julio adquiere especial significado en un contexto donde millones de personas continúan viendo amenazada su dignidad por diversas formas de violencia, pobreza, abandono, discriminación y descarte.El Papa recuerda que el respeto por la vida no puede reducirse a una convicción teórica ni a una postura ética aislada. Implica reconocer el valor de cada persona en cualquier circunstancia, desde el inicio de su existencia hasta su muerte natural, especialmente cuando la fragilidad hace más necesario el cuidado de los demás.Su propuesta no nace de la confrontación, sino de una profunda conversión del corazón que permita construir una auténtica cultura del encuentro, donde nadie sea considerado descartable, inútil o sobrante.Una Iglesia que cuide y haga sentir a todos en casaEn uno de los momentos más significativos de la oración, León XIV pide que la Iglesia sea "un testimonio vivo del Evangelio de la vida", capaz de convertirse en un hogar donde toda existencia sea celebrada.Con esa petición, el Santo Padre recuerda que la misión de la comunidad cristiana no consiste únicamente en proclamar el valor de la vida, sino también en hacerlo visible mediante comunidades que acompañen, sostengan y acojan a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.La oración concluye con una súplica para que los creyentes aprendan a amar la vida "como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega", haciendo visible ese amor mediante palabras y gestos concretos.Rezar para transformar la realidadCada mes, millones de personas en todo el mundo se unen espiritualmente a las intenciones que el Papa confía a la Iglesia a través de la Red Mundial de Oración del Papa.La iniciativa Reza con el Papa busca que la oración no permanezca únicamente en el ámbito personal, sino que impulse compromisos concretos frente a los grandes desafíos de la humanidad y de la misión evangelizadora de la Iglesia.Vea a continuación el Video del Papa:

Mié 1 Jul 2026

Llamados a ser santos y a participar en el ministerio de Cristo

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Con ocasión de la jornada para la santificación sacerdotal, el papa León XIV escribió, en el marco de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, un profundo mensaje en el cual reitera el llamado a los ministros ordenados a ser santos. Dice así, entre otras cosas:“Dios nos invita a participar de su misma santidad. Cuando nos llama a ser santos porque Él es santo, nos indica el camino a seguir: dejarnos modelar según su Corazón. Y para nosotros, queridos hermanos, esta llamada es particularmente radical. El Señor prometió: «Les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia» (Jer. 3,15). La santidad que se nos pide es un abandono confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu.Sin embargo, precisamente aquí surge la gran paradoja de nuestra vida sacerdotal: estamos llamados a participar de la misma santidad de Dios, pero llevamos este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7), somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas. ¿Cómo puede un corazón humano, tan vulnerable, responder a una llamada tan alta? El sacerdote vive esta tensión, pero sabe dónde encontrar paz: en el costado abierto del Señor Jesús”.En muchas jurisdicciones eclesiásticas, en los meses de junio y julio se llevan a cabo los retiros espirituales para los ministros ordenados, presbíteros y diáconos. En Cali se realizan cuatro tandas, tres para los presbíteros y una para los diáconos permanentes.Es por esto que he considerado muy pertinente proponer esta reflexión, pues el llamado que nos hace el Papa es siempre actual, y diríamos, urgente. La humanidad que reviste a los ministros ordenados a veces los lleva a perder el norte de su ser y de su misión. Ya lo anotaba el Papa que “somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas”.Este tomar conciencia de la realidad que envuelve a los sacerdotes y diáconos, es un punto de partida para seguir consolidando lo que desde el seminario se nos decía: la importancia del autocuidado. Aquí es necesario que los presbíteros y diáconos tengan las herramientas espirituales y humanas para saber hacer frente a las dificultades y desafíos que vayan encontrando. Anoto algunas: la dirección espiritual, la oración personal y comunitaria, la vida fraterna, la frecuente celebración del sacramento de la reconciliación, la vivencia plena y confiada del sacramento de la eucaristía, una afable y confiada relación con la Virgen María, sanas amistades, descanso, ejercicio físico y vida familiar sincera.El Papa Francisco nos hablaba de unas cercanías como medios para proteger a los sacerdotes y ayudarles a crecer en su vida de santidad: cercanía a Dios, al obispo, a los hermanos sacramentales y al pueblo santo de Dios.Simplemente invito a quienes van a participar en los retiros espirituales 2026, a vivirlos con entusiasmo y a ver en ellos ese kairós, ese tiempo de gracia para fortalecer lo que está bien en el ministerio, a revisar y mejorar lo está débil, y a dar el paso a una auténtica conversión si se está desviando el camino. Para ello: no tengan miedo a reconocerse limitados y necesitados de la ayuda del Señor que actúa a través del obispo.A los fieles en general dirijo también un llamado: oren por sus sacerdotes y servidores en la Iglesia. Ellos los necesitan hoy más que nunca, con su comprensión, su exigencia y mano extendida. Valoren la entrega de sus sacerdotes a sus comunidades, en la mayoría de los casos sacrificada. En el silencio ellos llevan sobre sus hombros sus penas y dolores. Necesitan, pues, el aliento de sus fieles más que las críticas destructivas a veces infundadas.En estos días en que muchos de los párrocos estarán ausentes de sus parroquias para hacer los retiros, únanse en oración ante el Sagrario y téngalos muy presentes. En los retiros ellos llevan también sus plegarias al altar.De nuevo retomo el llamado final del Papa León en su mensaje para la santificación sacerdotal:“Queridos sacerdotes, renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo. Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (cf. Benedicto XVI, Carta para la convocación del Año Sacerdotal [16 junio 2009]: AAS 101 [2009], 569). Este amor es prenda y garantía de que nada de nosotros se perderá, si todo lo nuestro lo entregamos y ofrecemos. Les encomiendo a todos y a cada uno a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que conservó en su corazón el misterio del Hijo, nos enseñe a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de Cristo, Salvador del mundo”.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mié 1 Jul 2026

El ministerio del Papa nos confirma en la fe y la comunión

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en el desarrollo de nuestro Proceso Evangelizador con el lema: “vayan y hagan discípulos” (Mt 28, 19), recibiendo el mandato del Señor de ir por todas partes a transmitir el Evangelio de Cristo, en la Iglesia que Él ha fundado sobre el cimiento de los apóstoles, con Pedro y sus sucesores como piedra angular de la misma. Es Pedro, a quien el mismo Jesús le ha entregado la potestad de perdonar, “te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19). Esto es lo que le da fuerza y solidez a la fe; por eso, proclamamos con fervor que nuestra Iglesia es apostólica.El apóstol Pedro, columna de la Igle¬sia, es testigo de Jesucristo, ante quien hizo profesión de fe, como manifestación de su deseo de entregar toda su vida a la voluntad de Dios. Él fue elegido por el Señor para la misión de ser el primero entre los apóstoles, él es la piedra sobre la cuál se edificó la Iglesia, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16, 18). Pedro, quien junto con los demás apóstoles y luego con sus sucesores garantizan la apostolicidad de la Iglesia, que llega hoy hasta el Papa León XIV, que en este momento es Pedro, para cada uno de los creyentes en Cristo, en co¬munión con todos los obispos. Por el Papa León oramos y a él respetamos y obedecemos como pueblo de Dios que camina en esta Iglesia Particular.El ministerio del Papa es fundamental para la Iglesia católica, ya que nos confirma a todos en la fe, la esperanza y la caridad y nos fortalece en la comunión con Cristo y con la Iglesia, comunidad de creyentes en todo el mundo, que camina cumpliendo el mandato misionero dado por Jesús a los apóstoles: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 - 20).Celebramos con toda la Iglesia la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, con esta celebración estamos llamados a renovar nuestra comunión con la Iglesia universal en la persona del Papa León XIV, en quien los católicos tenemos la roca firme de nuestra fe, porque Jesucristo quiso edificar su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. En sus enseñanzas y escritos encontramos magisterio firme, para hacer frente a los oleajes de confusión doctrinal que hoy en día aparecen en muchos ambientes que desorientan a los cristianos. Por eso, cumple su misión evangelizadora con el único propósito de extender el Reino de Dios por todas partes, haciendo presente a nuestro Señor Jesucristo que transforma la vida de cada creyente.En el Papa, en los obispos, sacerdotes y en los fieles, es decir, en todos aquellos que reconocen la autoridad del Romano Pontífice, siguen su Magisterio y transmiten sus enseñanzas, encontramos al mismo Cristo, Buen Pastor, que guía a sus ovejas a la salvación eterna. Escuchemos su voz, sigamos sus huellas, imitemos su ejemplo de amor, santidad y de entrega incondicional para el bien de toda la humanidad y la Iglesia.Los católicos en comunión con Pedro tenemos la misión de defender y proclamar la fe católica, en obediencia al Papa, dando testimonio de unidad y comunión en los distintos ambientes en los que cada uno se encuentra a nivel familiar, parroquial, de trabajo y de relaciones sociales. Así lo expresa Aparecida cuando dice: “ante la tentación muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella ‘nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión. Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podemos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa” (DA 156). Con esto, recordamos que la vocación a ser discípulos misioneros, es vocación a la comunión en la Iglesia, porque no puede haber discipulado sin comunión.Esta verdad viene reforzada con el testimonio de vida de los últimos Papas que hemos tenido, quienes han mantenido la fe, la esperanza, la caridad y la comunión, aún en medio de muchos sufrimientos y momentos de cruz en el cumplimiento de su misión apostólica, recibiendo del Espíritu Santo la fortaleza para no temer seguir a Jesús cargando la cruz, en las contrariedades de cada día que trae predicar y defender el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, en comunión con toda la Iglesia, con la certeza que el poder del infierno no derrotará a la Iglesia (Cf. Mt 16, 18) porque está unida a la roca firme que es nuestro Señor Jesucristo.Al celebrar a los santos apóstoles Pedro y Pablo, nos unimos a la jornada del Óbolo de San Pedro y oramos particularmente por las intenciones del Papa León XIV. De modo que, en todo momento reciba la gracia del Espíritu Santo, que lo llene de sabiduría para continuar conduciendo a la Iglesia e iluminando todas las realidades del mundo con la luz del Evangelio, trabajando por la comunión y la unidad de toda la Iglesia. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José nos ayuden con Pedro y los demás apóstoles, a ir por todas partes y hacer discípulos del Señor (Cf. Mt 28, 19), para vivir en comunión con Jesucristo y con la Iglesia universal, unidos al Papa León, hoy Pedro, piedra firme de la Iglesia para nosotros.En unión de oraciones, reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mié 1 Jul 2026

Iglesia Católica en Colombia articula respuesta nacional para apoyar a las comunidades afectadas en Venezuela

"Tendamos nuestra mano solidaria a Venezuela". Tras este llamado de los obispos, la Iglesia Católica en Colombia puso en marcha una amplia movilización solidaria para acompañar a las comunidades afectadas por los terremotos ocurridos en el país vecino. La respuesta articula la convocatoria nacional liderada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana con las múltiples iniciativas que las jurisdicciones eclesiásticas desarrollan desde sus propios territorios para fortalecer la atención humanitaria que la Iglesia brinda en Venezuela.La tragedia provocada por los terremotos del pasado 24 de junio continúa dejando profundas consecuencias humanitarias en Venezuela. En respuesta a esta emergencia, la Iglesia Católica en Colombia activó una estrategia de solidaridad que integra esfuerzos nacionales y locales para canalizar el apoyo de los colombianos hacia las comunidades damnificadas, en estrecha coordinación con la Iglesia venezolana.Esta respuesta es liderada, a nivel nacional, por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, organismo de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), y se desarrolla en articulación con la Conferencia Episcopal Venezolana, Cáritas Venezuela y la red internacional Cáritas, para garantizar que las ayudas lleguen de manera organizada, transparente y oportuna a quienes más las necesitan.Una emergencia que sigue reclamando solidaridadDe acuerdo con el más reciente informe de situación de Cáritas Venezuela, las necesidades humanitarias continúan siendo críticas. La atención médica, el acceso a agua potable, alimentos, albergues temporales, kits de higiene, protección y acompañamiento psicosocial hacen parte de las prioridades para atender a las familias damnificadas. Desde las primeras horas posteriores a la emergencia, la Iglesia en Venezuela mantiene desplegada una amplia red de atención a través de Cáritas Venezuela, las diócesis, las parroquias y cientos de voluntarios presentes en las zonas afectadas, en coordinación con Cáritas Internationalis y otros organismos humanitarios.Una respuesta que se multiplica en todo el paísLa convocatoria nacional liderada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana se complementa con las múltiples iniciativas que las jurisdicciones eclesiásticas vienen impulsando desde sus propios territorios.En distintas regiones del país, arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos, a través de sus pastorales sociales, parroquias y comunidades, han organizado colectas, campañas de sensibilización, jornadas de oración y otras acciones solidarias para acompañar al pueblo venezolano.Cada Iglesia particular desarrolla estas iniciativas de acuerdo con su realidad pastoral y sus posibilidades, pero todas convergen en un mismo propósito: expresar la cercanía de la Iglesia en Colombia y fortalecer la respuesta humanitaria que la Iglesia en Venezuela brinda a las comunidades afectadas.Entre las iniciativas que ya se conocen públicamente se encuentran las promovidas por las diócesis de Cúcuta, Riohacha e Ipiales, jurisdicciones de frontera que, por su cercanía histórica con el pueblo venezolano, han sido de las primeras en convocar a sus comunidades a esta expresión de fraternidad. También las arquidiócesis de Medellín, Barranquilla, Cartagena, Nueva Pamplona y Cali, así como las diócesis de Palmira y San José del Guaviare, han puesto en marcha campañas propias de solidaridad. Estos son solo algunos ejemplos de la amplia movilización que las Iglesias particulares vienen desarrollando en diferentes regiones del país para responder a esta emergencia. La información específica de los centros de acopio y otras cuentas habilitadas puede ser consultada por los fieles a través de los perfiles de cada Iglesia particular en redes sociales.Iniciativas que ayudan a reencontrar familiasLa solidaridad también se expresa en acciones pastorales que buscan responder a otras consecuencias de la tragedia.La Pastoral Social de la Diócesis de Palmira, además de promover una colecta económica y el acopio de ayudas, acompaña a familias colombianas que han perdido comunicación con sus seres queridos en Venezuela. Como respuesta a esta necesidad, habilitó un boletín digital con información actualizada sobre personas hospitalizadas tras los terremotos, con el propósito de facilitar su ubicación y contribuir al reencuentro de las familias.Este boletín, que se actualiza permanentemente de acuerdo con la información médica disponible, puede consultarse aquí.Asimismo, quienes cuenten con información que pueda contribuir a la localización de alguno de los pacientes podrán compartirla a través de los canales habilitados por la Pastoral Social de la Diócesis de Palmira.Bancos de alimentos y aliados fortalecen la respuestaLa movilización también cuenta con el respaldo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO) y de los bancos de alimentos diocesanos, que trabajan de manera coordinada con el Banco de Alimentos de Venezuela para fortalecer la atención a las comunidades damnificadas.A esta respuesta se suman alianzas establecidas por Cáritas Colombiana con Farmatodo, Redeban, Bancolombia, Mercado Libre (Mercado Pago), que amplían los canales de donación y facilitan que más personas puedan unirse a esta expresión de solidaridad.Canales nacionales para canalizar la solidaridadAdemás de las campañas promovidas por las jurisdicciones eclesiásticas desde sus propios territorios, la Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, habilitó una convocatoria nacional para que quienes deseen canalizar sus aportes mediante esta red de la Iglesia puedan hacerlo de manera segura, transparente y articulada con la respuesta humanitaria que se desarrolla en Venezuela.Siguiendo recomendaciones recientes de Cáritas Venezuela, se invita a priorizar las donaciones económicas, pues las condiciones logísticas y los procesos aduaneros hacen que este sea, en la etapa actual de la emergencia, el mecanismo más eficaz para atender las necesidades de las comunidades afectadas.Las personas que deseen canalizar sus aportes económicos a través de del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana pueden hacerlo consignando en la siguiente cuenta bancaria:Banco de Bogotá- Cuenta de ahorros No. 081789224Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3También podrán realizar sus donaciones a través del micrositio: https://donar.caritascolombiana.orgGracias al trabajo articulado entre Cáritas Colombiana, Cáritas Venezuela y la red internacional Cáritas, estos recursos fortalecerán la atención que la Iglesia ya brinda en las zonas afectadas, respondiendo de manera organizada y transparente a las necesidades más urgentes identificadas en el territorio.Claves de esta movilización- La Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, coordina una convocatoria nacional para canalizar ayudas hacia Venezuela.- Las jurisdicciones eclesiásticas desarrollan, de manera autónoma y complementaria, campañas propias de solidaridad en distintas regiones del país.- La Iglesia en Venezuela, por medio de Cáritas Venezuela, las diócesis y las parroquias, lidera la atención humanitaria en los territorios afectados.- Las donaciones económicas son la forma más efectiva de apoyar la emergencia en esta etapa, de acuerdo con la recomendación de Cáritas Venezuela.- Toda la ayuda canalizada por la Iglesia fortalece una respuesta humanitaria articulada, transparente y basada en las necesidades identificadas en el terreno.Una solidaridad que se transforma en esperanzaEsta movilización nace, especialmente, del llamado que los obispos colombianos hicieron al pueblo colombiano para acompañar a los hermanos venezolanos con gestos concretos de fraternidad."Invitamos a los fieles católicos, a las comunidades eclesiales y a todas las personas de buena voluntad a manifestar su solidaridad mediante una respuesta generosa, organizada y oportuna, que contribuya a atender las necesidades de quienes han sido golpeados por esta emergencia".Como expresan los obispos en su mensaje, esta respuesta busca que Colombia siga caminando junto a Venezuela "en la fe y la esperanza, tendiendo nuestra mano solidaria para acompañar su dolor y contribuir a la reconstrucción de aquello que ha sido afectado".Así, la solidaridad se convierte en un signo concreto de comunión entre dos pueblos hermanos y en una expresión viva del compromiso de la Iglesia con quienes hoy atraviesan el sufrimiento y la esperanza de la reconstrucción.

Lun 29 Jun 2026

El Papa León XIV nombra a monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de Yopal

La Santa Sede ha dado a conocer el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de la Diócesis de Yopal.Monseñor Sanabria Arias se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés y Providencia. Con esta designación, se convierte en el tercer obispo de la Iglesia particular de Yopal.Monseñor Sanabria Arias sucede a monseñor Edgar Aristizábal Quintero, quien fue nombrado obispo de Duitama-Sogamoso en mayo de 2024. Desde entonces, la Diócesis de Yopal permanecía en sede vacante y estaba bajo la administración pastoral del presbítero Jeison Andrey Salguero Roa, elegido Administrador Diocesano por el Colegio de Consultores el 25 de julio de 2024.De la Isla a los LlanosDesde 2016, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ha estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, circunscripción eclesiástica directamente sujeta a la Santa Sede que comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Su sede se encuentra en la ciudad de San Andrés.Fue nombrado vicario apostólico de esta jurisdicción por el Papa Francisco el 16 de abril de 2016. Recibió la ordenación episcopal el 22 de mayo del mismo año y tomó posesión canónica del Vicariato el 25 de junio de 2016.Con el nombramiento realizado por el Papa León XIV, concluye una década de servicio episcopal en el archipiélago y asume ahora la conducción pastoral de la Iglesia particular de Yopal, en el departamento de Casanare.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de YopalMonseñor Jaime Uriel Sanabria Arias nació el 17 de abril de 1970 en el municipio de Ciénega, Boyacá, perteneciente a la Arquidiócesis de Tunja. Es hijo de José del Carmen Sanabria y Rosalbina Arias Soler.Realizó sus estudios básicos en el Colegio José Cayetano Vásquez de su municipio natal. Posteriormente ingresó al Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Tunja, donde cursó los estudios de Filosofía y Teología.Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1994 para la Arquidiócesis de Tunja. Además, realizó estudios de Pastoral con el Movimiento para un Mundo Mejor y el Plan de Renovación y Evangelización Diocesana.Durante su ministerio sacerdotal desempeñó, entre otros, los siguientes servicios pastorales:-Vicario parroquial en Ciénega, Boyacá (1994-1999).-Párroco de San Antonio de Ventaquemada (1999-2007).-Vicario Episcopal para la Acción Pastoral de la Arquidiócesis de Tunja (2008-2016).La Diócesis de YopalLa Diócesis de Yopal tiene sus orígenes en el antiguo Vicariato Apostólico del Casanare, territorio de misión que acompañó durante décadas la evangelización de esta región de los Llanos Orientales. Comprende los municipios de Sácama, Pore, Nunchía, Yopal, Pajarito, Recetor, Aguazul, Chámeza, Monterrey, Sabanalarga y Villanueva, así como parte de los municipios de Hato Corozal, Paz de Ariporo, Tauramena y el corregimiento de Morcote.Fue erigida en 2001 por san Juan Pablo II, quien nombró ese mismo año como su primer obispo a monseñor Misael Vacca Ramírez. Posteriormente, entre 2017 y 2024, la jurisdicción fue pastoreada por monseñor Edgar Aristizábal Quintero.La patrona de esta Iglesia particular es Nuestra Señora de los Dolores de Manare, cuya devoción ha acompañado históricamente la vida de fe de ese pueblo casanareño, que ahora iniciará una nueva etapa pastoral con el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias.

Vie 26 Jun 2026

La Voz del Pastor | 28 de Junio del 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 10, 37-42

Vie 26 Jun 2026

Cardenal Luis José Rueda moderó la primera sesión del Consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV

Con la participación de 178 cardenales provenientes de distintos continentes, inició este viernes 26 de junio el Consistorio extraordinario convocado por el papa León XIV, un encuentro que reúne durante dos días al Colegio Cardenalicio para reflexionar sobre algunos de los principales desafíos que enfrenta la Iglesia en el contexto actual y sobre los caminos para fortalecer su misión evangelizadora.Entre los participantes se encuentra el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, quien tuvo una participación destacada en la apertura de los trabajos de esta asamblea eclesial.El Consistorio, que se desarrolla los días 26 y 27 de junio en el Vaticano, aborda cuatro grandes temas: el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo; la cultura del poder y la civilización del amor; la construcción del bien común; y la implementación del camino sinodal de la Iglesia.Un espacio de discernimiento para la misión de la IglesiaLa jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, presidida por el Santo Padre. Durante su homilía, el papa León XIV invitó a los cardenales a vivir estos días de reflexión permaneciendo unidos a Cristo y orientando su discernimiento desde la fe, la unidad y la escucha del Evangelio.El Papa propuso tres claves para el trabajo del Consistorio: compartir en la fe la verdadera libertad, pedir el don de la paz en la unidad y vivir la concordia en la obediencia a la Palabra de Dios.En ese contexto, reiteró su llamado a la construcción de la paz y afirmó que “la guerra nunca es digna del hombre y nunca será bendecida por Dios”, recordando que la humanidad está llamada a resolver sus conflictos mediante caminos de diálogo y reconciliación.Posteriormente, durante la sesión inaugural en el Aula Pablo VI, el Pontífice pidió a los cardenales acompañarlo con un apoyo “firme, explícito y público”, subrayando que la misión evangelizadora constituye la razón de ser de la Iglesia y el criterio fundamental para todo discernimiento eclesial.“Necesito su experiencia, su sabiduría pastoral y su conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que les han sido confiados”, expresó el Santo Padre.El cardenal Luis José Rueda moderó la primera sesión de trabajoEl cardenal Luis José Rueda Aparicio tuvo la responsabilidad de moderar la primera sesión del Consistorio extraordinario.Tras el canto del Veni Creator Spiritus, el purpurado colombiano dio inicio a los trabajos de la asamblea y cedió la palabra al cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, para su saludo de apertura. Posteriormente intervino el papa León XIV con su discurso introductorio.Al concluir la intervención del Santo Padre, el cardenal Rueda destacó la petición de apoyo formulada por el Papa al Colegio Cardenalicio y manifestó su respaldo con fe, alegría y disponibilidad. Posteriormente, presentó el tema de reflexión de la primera sesión: “¿En qué mundo estamos llamados a anunciar el Evangelio?”Su participación en la conducción de esta sesión refleja la presencia activa de la Iglesia colombiana en uno de los espacios de reflexión y discernimiento más significativos de la Iglesia universal.Las preocupaciones y esperanzas que compartieron los cardenalesDurante la primera sesión, los cardenales reflexionaron sobre las realidades que hoy afectan a los pueblos y a las comunidades eclesiales en distintos lugares del mundo.Entre los principales desafíos identificados se mencionaron las crecientes polarizaciones sociales y políticas, los conflictos armados, la violencia, la falta de respeto hacia las minorías, la crisis de la familia, el individualismo, la soledad de jóvenes y adultos mayores, las migraciones, la corrupción, el narcotráfico y la pérdida de referentes espirituales y trascendentes.También se abordaron la desconfianza hacia las instituciones, las dificultades para la convivencia social y los efectos de la desinformación en la construcción del tejido comunitario.Frente a estas realidades, los grupos de trabajo coincidieron en la necesidad de que la Iglesia se manifieste cada vez más como una madre cercana y acogedora, capaz de acompañar el sufrimiento humano, promover la reconciliación, fortalecer la esperanza y contribuir a la construcción de la paz y del bien común.Los cardenales destacaron además la responsabilidad de la Iglesia de seguir defendiendo la dignidad humana, promoviendo la solidaridad y ofreciendo espacios de encuentro en medio de un mundo marcado por múltiples fracturas sociales y culturales.Un camino de reflexión que continúaLas sesiones previstas para este sábado 27 de junio profundizarán en la reflexión sobre la cultura del poder y la civilización del amor, la construcción del bien común y los desafíos relacionados con la implementación del proceso sinodal que vive actualmente la Iglesia.El encuentro concluirá con un diálogo entre los cardenales y el papa León XIV, quien ha insistido en que la sinodalidad constituye una actitud de escucha, discernimiento y corresponsabilidad para afrontar los desafíos de la misión evangelizadora.La participación del cardenal Luis José Rueda Aparicio en este Consistorio pone de manifiesto la contribución de la Iglesia en Colombia a la reflexión común de la Iglesia universal sobre los desafíos pastorales, sociales y culturales del tiempo presente.Los trabajos del Consistorio se enmarcan además en la preparación de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, que será celebrada el próximo 29 de junio en la Basílica de San Pedro.

Vie 26 Jun 2026

Iglesias hermanas en el corazón del Vaupés

Por P. Renzo Martínez Ramírez - La Iglesia en Colombia vive desde hace varios años una experiencia significativa de comunión misionera a través del programa de Hermanamiento Misionero entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. Esta iniciativa busca fortalecer los vínculos entre las Iglesias particulares, compartir recursos humanos y pastorales, y expresar de manera concreta la corresponsabilidad en la misión evangelizadora.El origen de este proceso se encuentra en las reflexiones y conclusiones del XII Congreso Nacional Misionero celebrado en Bucaramanga. En las memorias publicadas por las Obras Misionales Pontificias en octubre de 2016 se propuso la creación de una estructura permanente de cooperación misionera entre las jurisdicciones eclesiásticas colombianas mediante el intercambio de agentes pastorales y la solidaridad económica, promoviendo el hermanamiento entre los vicariatos apostólicos, las diócesis de misión y las provincias eclesiásticas del país.Sin embargo, la cooperación misionera entre Iglesias no es una realidad nueva. Ya en la década de los años ochenta la Iglesia colombiana impulsaba experiencias de hermanamiento con proyección internacional. Documentos de trabajo presentados a la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano y diversos intercambios con Iglesias de Bangladesh y Etiopía muestran que la misión siempre ha sido entendida como una responsabilidad compartida entre todas las comunidades eclesiales.En este contexto se sitúa la relación entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú, una experiencia que se ha convertido en un verdadero laboratorio de sinodalidad y misión.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el departamento del Vaupés, en el corazón de la Amazonía colombiana. Se trata de un territorio marcado por enormes desafíos geográficos, grandes distancias, escasas vías de comunicación y una notable riqueza cultural representada en numerosos pueblos indígenas que conservan tradiciones, lenguas y formas de organización propias.Una tierra marcada por la misiónLa historia evangelizadora del actual Vicariato Apostólico de Mitú hunde sus raíces en las primeras expediciones misioneras realizadas por los Misioneros Montfortianos a comienzos del siglo XX. El 15 de agosto de 1914 llegaron los primeros misioneros, atravesando el océano Atlántico y remontando el río Amazonas, el río Negro y el río Papurí, iniciando una extraordinaria labor evangelizadora que se abrió camino entre selvas, caños y ríos hasta alcanzar los lugares más apartados de esta vasta región amazónica.Su misión estuvo orientada al anuncio del Evangelio entre los pueblos indígenas del Vaupés, sembrando las primeras semillas de una Iglesia que, con el paso de los años, se identificaría profundamente con la realidad cultural y espiritual de la Amazonía colombiana.Posteriormente, la Santa Sede confió este territorio a los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes asumieron oficialmente la responsabilidad pastoral en 1949 con la creación de la Prefectura Apostólica de Mitú. Junto con ellos llegó Monseñor Gerardo Valencia Cano, figura emblemática de la Iglesia misionera en Colombia, quien impulsó con entusiasmo el espíritu evangelizador y el compromiso con las comunidades indígenas hasta finales de 1953.Ese mismo año asumió la conducción pastoral Monseñor Heriberto Correa, quien fortaleció la organización eclesial y la acción evangelizadora hasta 1964. Más adelante, en 1967, fue nombrado Monseñor Belarmino Correa Yepes, recordado por su decisivo aporte al desarrollo humano y pastoral del Vaupés. Durante su ministerio se fortalecieron las escuelas, la formación de catequistas, la educación contratada y los medios de transporte aéreo y fluvial, herramientas fundamentales para acercar la presencia de la Iglesia a las comunidades más alejadas.En 1989 se produjo una importante reorganización eclesiástica con la creación del Vicariato Apostólico de San José del Guaviare y del Vicariato Apostólico de Mitú–Puerto Inírida, lo que permitió una atención pastoral más cercana a los diversos territorios amazónicos. Posteriormente, la Iglesia local continuó su camino bajo el liderazgo de Monseñor José Gustavo Ángel Ramírez, consolidando los procesos evangelizadores y pastorales desarrollados durante décadas.A lo largo de más de un siglo, generaciones de misioneros han recorrido ríos, selvas y comunidades apartadas, entregando su vida al servicio del Evangelio. Su labor ha contribuido no solo al crecimiento de la fe cristiana, sino también a la promoción humana, la educación, la defensa de las culturas indígenas y el acompañamiento integral de los pueblos amazónicos.Actualmente, el Vicariato Apostólico de Mitú es pastoreado por Mons. Medardo de Jesús Henao del Río, misionero javeriano nacido en Antioquia y profundo conocedor de la realidad amazónica. Su ministerio episcopal está orientado a fortalecer una Iglesia cercana a los pueblos indígenas, comprometida con la evangelización, la promoción humana, el diálogo intercultural y el cuidado de la casa común, siguiendo el legado de quienes, a lo largo de la historia, han hecho de la misión el corazón de esta Iglesia particular.Una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoEl Vaupés es uno de los territorios con mayor riqueza cultural de Colombia. En él habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones, estructuras familiares y formas ancestrales de organización comunitaria. Allí, la palabra tiene un profundo significado y el silencio también comunica respeto, escucha y sabiduría.La presencia de la Iglesia en esta región es fruto de más de un siglo de labor misionera. Generaciones de evangelizadores han navegado ríos y atravesado selvas llevando el anuncio del Evangelio, promoviendo la educación y acompañando los procesos de desarrollo humano de las comunidades.Sin embargo, la realidad actual plantea importantes desafíos pastorales. La desaparición de la educación contratada, que durante décadas permitió una presencia permanente de agentes evangelizadores en los territorios, ha reducido significativamente la frecuencia de las visitas pastorales. Algunas comunidades reciben la visita de un sacerdote apenas una o dos veces al año, mientras que otras deben esperar períodos aún más prolongados debido a las limitaciones de personal y recursos.En medio de este contexto, los misioneros encontraron comunidades acogedoras, familias deseosas de acompañamiento espiritual, niños y jóvenes abiertos al diálogo y mayores que conservan la memoria viva de sus pueblos. También pudieron conocer de cerca situaciones de vulnerabilidad relacionadas con el abandono estatal, las dificultades económicas, las limitaciones en salud, la escasez de agentes pastorales y problemáticas que afectan especialmente a la juventud.La fuerza evangelizadora de la cercaníaUno de los mensajes más insistentes compartidos durante la experiencia misionera fue la importancia de la cercanía como primer anuncio del Evangelio. En las comunidades amazónicas, las personas valoran profundamente la presencia sincera de quienes llegan a compartir la vida cotidiana.Más allá de las actividades pastorales programadas, los misioneros fueron invitados a escuchar con atención, visitar las familias, compartir los alimentos, aprender los nombres de las personas y dejarse interpelar por las realidades que encontraron. En este contexto, la evangelización se expresa especialmente a través de los gestos sencillos, la escucha respetuosa y la capacidad de caminar al ritmo de las comunidades.Aprender de los pueblos amazónicosLa misión también fue una oportunidad para reconocer la riqueza espiritual presente en los pueblos indígenas. Desde su relación armónica con la naturaleza, su sentido comunitario y el respeto por la memoria de los mayores, las comunidades amazónicas ofrecen valiosas enseñanzas para toda la Iglesia.Los responsables pastorales insistieron en la necesidad de vivir una auténtica actitud de inculturación, evitando juicios apresurados y favoreciendo el diálogo respetuoso entre el Evangelio y las culturas locales. La experiencia misionera invitó a los participantes a cultivar la humildad, valorar el silencio, fortalecer la fraternidad entre los equipos y convertirse en signos de esperanza para quienes atraviesan situaciones difíciles.Una escuela de vida misioneraLas condiciones propias del territorio amazónico también hicieron parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones en conectividad y la sencillez de las condiciones de vida permitieron a los participantes experimentar una forma diferente de acercarse a la misión.En muchos lugares la atención ofrecida por las comunidades consistió únicamente en un desayuno o un almuerzo sencillo, expresión generosa de hospitalidad en medio de recursos limitados. Esta realidad motivó a los misioneros a compartir con gratitud y a valorar profundamente cada gesto de acogida.Al finalizar la experiencia, muchos coincidieron en que la Amazonía no solo recibe misioneros, sino que también los forma. La selva enseña humildad, el río enseña paciencia y las comunidades enseñan fraternidad. En el corazón del Vaupés, la misión continúa siendo una escuela privilegiada de encuentro con Dios, con los pueblos indígenas y con las periferias que siguen esperando una Iglesia cercana, samaritana y profundamente misionera.La Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia con casi siete décadas de historia misioneraLa Diócesis de Sonsón-Rionegro es una Iglesia particular de la Iglesia Católica ubicada en el Oriente Antioqueño, una de las regiones más dinámicas y profundamente creyentes de Colombia. Fue creada por el Papa Pío XII el 18 de marzo de 1957 mediante la bula In Apostolici Muneris, por lo que en el año 2026 cuenta con 69 años de vida diocesana. Desde entonces ha acompañado el crecimiento espiritual, social y humano de las comunidades del Oriente antioqueño, convirtiéndose en un referente de evangelización y compromiso pastoral en el país.A lo largo de su historia, la diócesis ha desarrollado una intensa acción evangelizadora mediante sus parroquias, instituciones educativas, obras sociales, movimientos apostólicos y procesos misioneros. Su identidad se caracteriza por una profunda espiritualidad eclesial, una fuerte participación de los laicos y una permanente apertura a la misión, tanto dentro de su territorio como en otras regiones de Colombia.Un camino pastoral orientado a la renovación misioneraDurante los últimos años, la diócesis ha venido desarrollando un amplio proceso de planificación pastoral impulsado por Mons. Fidel León Cadavid Marín. Este itinerario pastoral, construido con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos, surgió de un profundo análisis de la realidad social y eclesial del territorio y se concretó en este último proyecto pastoral denominado "Por una Diócesis Sinondal: Comunión, Participación, Misión", que orienta la acción evangelizadora diocesana entre 2026 y 2030.El objetivo fundamental de este proceso ha sido renovar la vida cristiana de las comunidades: La Parroquia, fortalecer la identidad de los discípulos misioneros y promover una Iglesia cada vez más evangelizada y evangelizadora. Inspirado por el llamado del Papa Francisco a una conversión pastoral permanente, el plan ha buscado consolidar comunidades participativas, abiertas, misericordiosas y comprometidas con la transformación de la sociedad desde el Evangelio.Actualmente, la diócesis continúa proyectando su acción pastoral hacia una Iglesia en salida, fortaleciendo los procesos de evangelización, la formación de agentes pastorales, la pastoral social, las vocaciones y la misión ad gentes, expresión concreta de su compromiso con la Iglesia universal.Su pastor: Mons. Fidel León Cadavid MarínDesde el año 2011 la diócesis es guiada por Mons. Fidel León Cadavid Marín, quien fue nombrado por el Papa Benedicto XVI el 2 de febrero de ese año y tomó posesión de la diócesis en marzo de 2011. Nacido en Bello, Antioquia, el 3 de julio de 1951, es sacerdote, teólogo y pastor de amplia experiencia en la Iglesia colombiana. Antes de llegar a Sonsón-Rionegro se desempeñó como obispo de Quibdó, donde desarrolló una destacada labor pastoral en favor de las comunidades más vulnerables del Chocó.Su ministerio episcopal se ha caracterizado por el impulso de la evangelización, la formación permanente del clero, el fortalecimiento de la pastoral diocesana y la promoción de una Iglesia cercana a las comunidades. Bajo su liderazgo, la diócesis ha consolidado importantes procesos de renovación pastoral y ha fortalecido su compromiso misionero dentro y fuera del territorio diocesano.Misión diocesana Sinodal: Iglesias hermanas que se visitanLa misión realizada en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una expresión concreta de este espíritu evangelizador que anima a la Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia que, fiel al mandato de Cristo, continúa saliendo al encuentro de las periferias geográficas y humanas para anunciar el Evangelio y servir a los más necesitados.La relación entre Mitú y las Iglesias de Antioquia tiene además una dimensión histórica y afectiva. Muchos de los misioneros que han servido en la Amazonía colombiana provienen de esta región del país. Por ello, el hermanamiento entre la Provincia Eclesiástica de Medellín y el Vicariato Apostólico de Mitú representa la continuidad de una larga tradición misionera que ha buscado construir puentes entre distintas realidades eclesiales.Como fruto de este proceso nació la Misión Diocesana Sinodal de la Diócesis de Sonsón Rionegro. Esta iniciativa surge en el marco del actual Plan Diocesano de Pastoral, cuyo horizonte está expresado en cinco grandes ejes: Cultivar y practicar la espiritualidad sinodal, formar discípulos misioneros, contribuir al desarrollo humano integral, salir al encuentro de la infancia, adolescencia, juventud y familia, y por último la gratitud. Dando respuesta a lo que la Iglesia Universal esta caminado: comunión, participación y misión.La Misión Diocesana Sinodal no es una actividad aislada. Constituye una opción pastoral permanente que busca formar una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asuman conjuntamente la responsabilidad evangelizadora. Su objetivo es fortalecer la identidad misionera de toda la diócesis, promover la participación de los bautizados, favorecer la escucha mutua y llegar a las periferias geográficas y existenciales donde el Evangelio necesita ser anunciado y testimoniado.Esta visión encuentra una profunda sintonía con el proceso sinodal promovido por la Iglesia universal. La escucha, el discernimiento comunitario, la corresponsabilidad, la valoración de los diversos carismas y la participación activa del Pueblo de Dios constituyen elementos centrales tanto de la sinodalidad como de la experiencia misionera vivida por la diócesis.La vocación misionera de la Diócesis de Sonsón-Rionegro encuentra una de sus expresiones más significativas en la misión ad gentes, fruto del compromiso evangelizador de sacerdotes, religiosos y laicos. Esta riqueza eclesial se manifiesta a través de numerosos grupos, movimientos y comunidades que animan la acción pastoral de la diócesis, entre ellos el grupo misionero Pálpitos, conformado principalmente por jóvenes comprometidos con el anuncio del Evangelio; los Laicos de San Pablo, que aportan su experiencia evangelizadora y formativa; y diversas comunidades religiosas como las Hermanas Franciscanas de María Auxiliadora, las Dominicas de la Doctrina Cristiana y las Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Junto a muchas otras expresiones eclesiales, todos ellos fortalecen el dinamismo misionero de una Iglesia en salida, cercana a las comunidades y comprometida con la construcción del Reino de Dios.La expresión más visible de este espíritu misionero se vivió entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cuando 54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro se desplazaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú para compartir una semana de encuentro, evangelización y servicio fraterno con las comunidades indígenas y amazónicas del Vaupés.Participaron sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de diversas parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales. Los equipos fueron distribuidos en distintos centros misionales (doce comunidades) de las parroquias a misionar ( Parroquia Catedral María Inmaculada; Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Parroquia de San Pablo Apóstol, Cuasi Parroquia Santa Laura Montoya) y desarrollaron múltiples actividades pastorales: visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y actividades de animación misionera.Sin embargo, la riqueza de esta experiencia no puede medirse únicamente por el número de actividades realizadas. Lo más significativo fue el encuentro entre dos Iglesias que decidieron compartir sus dones y caminar juntas.Los misioneros llegaron para anunciar el Evangelio, pero también para escuchar. Llegaron para servir, pero también para aprender. Las comunidades amazónicas compartieron con ellos su experiencia de fe, su capacidad de resiliencia, su profundo sentido comunitario y su estrecha relación con la creación. De esta manera se produjo un auténtico intercambio de dones que enriqueció a todos los participantes.La espiritualidad que animó la misiónToda experiencia misionera necesita una profunda raíz espiritual. En la Misión Diocesana Sinodal 2026, vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú, esa espiritualidad estuvo acompañada de manera especial por el himno "Eucaristizar" y por la Oración por la Misión, signos visibles de la comunión entre las Iglesias hermanas que caminaron juntas en el corazón del Vaupés.El himno Eucaristizar acompañó los momentos de oración, envío y encuentro comunitario, recordando a cada misionero que su vocación consiste en hacer de la propia vida una ofrenda de amor, servicio y entrega, al estilo de Jesucristo, Pan partido para la vida del mundo. Su mensaje se convirtió en una verdadera síntesis de lo vivido durante la misión: compartir, escuchar, servir y caminar juntos hacia la vida plena.De igual manera, la Oración por la Misión fue un instrumento permanente de comunión espiritual. Rezada antes, durante y después de cada jornada, ayudó a los participantes a mantener viva la conciencia de que la misión es ante todo obra de Dios y respuesta al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. A través de ella, las comunidades de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, el Vicariato Apostólico de Mitú y muchas personas que acompañaron desde la distancia se unieron espiritualmente a esta experiencia evangelizadora.El himno y la oración se convirtieron así en dos expresiones complementarias de una misma convicción: que la misión nace de la Eucaristía, se fortalece en la oración y se realiza en el encuentro fraterno con los hermanos. Desde esta certeza, los misioneros pudieron experimentar que, más allá de las distancias geográficas, las Iglesias hermanas están llamadas a remar juntas con Jesús hacia la vida plena.Esta experiencia ofrece enseñanzas importantes para la Iglesia en Colombia y para muchas Iglesias particulares del mundo.En primer lugar, demuestra que la misión sigue siendo el camino privilegiado para construir comunión. La unidad eclesial no nace únicamente de las estructuras o de los documentos, sino del encuentro concreto entre personas que comparten la misma fe y la misma misión.En segundo lugar, pone de manifiesto el protagonismo de los laicos. Una gran parte de los participantes fueron fieles laicos que respondieron generosamente al llamado misionero (una gran gama de edades: entre los más jóvenes hasta los más adultos). Esto confirma que la misión pertenece a todo el Pueblo de Dios y no exclusivamente a un grupo particular dentro de la Iglesia.En tercer lugar, muestra que las periferias tienen mucho que enseñar. La Amazonía no es únicamente destinataria de la evangelización. También es sujeto evangelizador. Las comunidades indígenas y amazónicas ofrecen a la Iglesia universal valiosas lecciones sobre fraternidad, cuidado de la creación, solidaridad y sentido de pertenencia comunitaria.Finalmente, esta experiencia confirma que la sinodalidad alcanza su máxima expresión cuando se convierte en misión compartida. Caminar juntos encuentra su sentido más profundo cuando se hace para anunciar juntos el Evangelio.Las recientes palabras del Papa León XIV iluminan especialmente esta experiencia. El Santo Padre ha manifestado su deseo de una Iglesia auténticamente misionera, capaz de salir al encuentro de las heridas de la humanidad para llevar consuelo, esperanza y reconciliación. Ha insistido en la necesidad de una Iglesia cercana, que acompañe, escuche y contribuya a sanar las fracturas que afectan a las personas, las comunidades y los pueblos.La experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una respuesta concreta a este llamado. Durante esos días, la misión buscó sanar la distancia mediante la cercanía, el aislamiento mediante la fraternidad y la indiferencia mediante el encuentro. Fue una Iglesia que salió de sí misma para caminar con otros, compartir sus dones y dejarse transformar por ellos.Lo sucedido en Mitú muestra que la sinodalidad no es una teoría ni un concepto abstracto. Es una forma concreta de vivir el Evangelio. Cuando dos Iglesias particulares deciden encontrarse, escucharse, ayudarse mutuamente y anunciar juntas a Jesucristo, la misión se convierte en escuela de comunión, participación y esperanza.En un tiempo en que la Iglesia busca renovar su impulso evangelizador, la experiencia de hermanamiento entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú aparece como un signo profético. Es una muestra de que la misión sigue siendo el corazón de la Iglesia y de que el futuro de la evangelización pasa por una comunión cada vez más profunda entre las Iglesias hermanas que comparten la alegría de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.La experiencia vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye también una invitación para toda la Provincia Eclesiástica de Medellín y en general de toda la Iglesia Colombiana a fortalecer los vínculos de comunión y cooperación misionera con las Iglesias que peregrinan en los territorios de misión. Ojalá este camino recorrido motive a los señores obispos, sacerdotes, religiosos y laicos a volver la mirada hacia los vicariatos apostólicos de Colombia, reconociendo en ellos no únicamente destinatarios de ayuda solidaria, que es necesaria siempre, pero de también la pastoral: verdaderas Iglesias hermanas que enriquecen a todo el Pueblo de Dios con su testimonio de fe, entrega y esperanza.La Amazonía, el Pacífico y las demás periferias misioneras siguen recordando a la Iglesia colombiana que la misión es una responsabilidad compartida y que la comunión eclesial se fortalece cuando caminamos juntos, compartimos nuestros dones y nos comprometemos con quienes afrontan mayores desafíos evangelizadores.P. Renzo B. Martínez RamírezDelegado Episcopal de Pastoral Misionera y OMP de la Diócesis de Sonsón Rionegro