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lectio dominical

Vie 24 Oct 2025

Porque todo el que se enaltece sera humillado y el que se humilla sera enaltecido

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 26 DE 2025Primera lectura: Sir 35,12-14.16-18Salmo: 34(33),2-3.17-18.19 y 23 (R. 7a)Segunda lectura: 2Tm 4,6-8.16-18Evangelio: Lc 18,9-14.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa palabra escuchada propone la humildad orante y la oración humilde como actitud distintiva de la vida cristiana. Además, presenta la llamada a la esperanza kerigmática y el kerigma esperanzador, tan necesarios en nuestros tiempos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El evangelio presenta a dos hombres en el templo de Dios, dedicados a la plegaria, parte integrante de la religión, pues es una manera privilegiada de ligarse y religarse al Señor, viviendo con él la intimidad comunional y la comunión íntima.Los dos hombres oran en el mismo lugar y se dirigen al mismo Dios, pero no de la misma manera. El fariseo saca a relucir su aristocracia moral y espiritual, su orgullo de casta, su superioridad sobre los otros. El nombre “fariseo” significa “separado”, porque se apartaban de los demás para observar la pureza cultual y garantizarse la santificación en la vida cotidiana. La intención era buena y el mismo apóstol Pablo era fariseo. Pero al fariseo del evangelio se le condena su prepotencia arrogante, arrogancia orgullosa, orgullo pretensioso, pretensión despreciadora en su relación con los otros.El riesgo de toda aristocracia espiritual es exaltar la supuesta virtud humana, por encima de la fe que confía en la misericordia divina y perder la empatía solidaria y la solidaridad empática con los demás, por mirarlos de arriba abajo desde un vano pedestal, rompiendo el vínculo universal con la condición humana.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El discípulo de Cristo está llamado a superar la lógica competitiva que necesita compararse con los defectos de los demás, para sentirse superior. La oración ha de oler a humildad simple, simplicidad sencilla, sencillez modesta, modestia mansa, mansedumbre amorosa.La humildad no es desestimarse, ni esconder los talentos recibidos, ni sustraerse a la participación, ni rehuir la misión. Consiste en renunciar a juzgar a los demás, encarcelándolos en su pasado o en su pecado; al contrario, el cristiano está llamado a la esperanza que mira y admira la novedad que Dios está llevando a cabo en la vida propia y de los demás.El fariseo cumple la ley justa, pero vuelve a casa sin ser justificado. Su falta, que contamina sus mejores intenciones, consiste en despreciar y juzgar al resto de los hombres, usurpando una función divina, concediendo justicia a sí mismo y negándola a los demás.El publicano no se compara con los demás, conoce y reconoce su pecado, pero espera en la misericordia amorosa y el amor misericordioso de Dios.El fariseo es un hombre de tantas palabras y pocas actitudes, mientras el publicano lo es de tantas actitudes y pocas palabras. El fariseo, lleno de sí, desprecia al otro; el publicano se reconoce vacío dentro de sí y siente necesidad del Otro. El fariseo no pide misericordia, porque considera que merece la justificación; el publicano clama misericordia, porque se sabe lejos de la santificación. El fariseo alza su voz, tan alto como su vanidad; el publicano no se atreve a alzar los ojos, actitud que expresa su gran humildad. El fariseo no ve sus propios pecados, porque está muy ocupado observando los de los demás; el publicano no mira los pecados ajenos, porque está muy ocupado reconociendo los propios.El fariseo enumera sus buenas obras, para que ninguno dude de su bondad; el publicano golpea su pecho, para que nadie dude de su responsabilidad. El fariseo vuelve a casa no justificado, porque Dios rechaza la actitud del prepotente; el publicano torna a casa justificado, porque Dios se complace en la actitud del penitente.La actitud de orgullo despreciador y desprecio orgulloso del fariseo es un serio obstáculo para el progreso espiritual, para la comunión, la participación y la misión. No sólo la vida de comunidad, sino la dimensión sinodal de la Iglesia se ven amenazadas por esta actitud que desprecia al otro irrespetándolo e irrespeta al otro despreciándolo.A la mirada del fariseo le falta lo que sobra a la mirada del publicano: esperanza. El fariseo mira a los demás con desesperanza, convencido de que no hay un futuro diverso para ellos, los considera irremediablemente perdidos. El publicano se mira a sí mismo con esperanza, no la espera que se apoya en los propios méritos o capacidades, sino en el amor poderoso y el poder amoroso de Dios.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?El Señor, manso y humilde de corazón, sostenga la esperanza en la misericordia divina, ayude a todos a hacer experiencia de ser amados porque perdonados y perdonados porque amados, para que se conviertan en multiplicadores de la esperanza misericordiosa y la misericordia esperanzadora.El Dios misericordioso conceda la mirada clara de la esperanza que ve en el otro lo que Dios ve, mucho más que su pecado, de manera que acogiendo a los demás, las comunidades crezcan en comunión, participación y misión y así caminemos en sinodalidad hacia los senderos que indica la esperanza.Abracemos a los demás con el corazón, sin juicios ni prejuicios, para caminar con ellos humildemente los senderos de la oración y la perfección cristianas, pues sólo así seremos reflejo de Cristo humilde y signos de esperanza para nuestro mundo.La Virgen Madre, humilde sierva del Señor, nos ayude a cultivar la humildad que edifica y a mantenernos lejos de la soberbia que destruye, a vivir la verdad humilde y la humildad verdadera, pues como escribió san Agustín: “simulatio humilitatis maior superbia est”, que significa “la simulación de la humildad es la más grande soberbia”. Recomendaciones prácticas:-31 de octubre – 02 de noviembre. Jubileo del Mundo EducativoII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunimos como Iglesia de Dios para celebrar al Señor resucitado, entrando en su templo con las actitudes del publicano, las cuales favorecen nuestra relación con Dios y con los hermanos. Participemos activamente con alegría.Monición a la Liturgia de la Palabra La divina Palabra propone la humildad como actitud del orante, que concede eficacia a la plegaria y alcanza raudales de gracia para quienes invocan al Señor.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Con corazón humilde, dirijamos nuestras oraciones a Dios, diciendo: Dios misericordioso, escúchanos.1.Atiende Señor la oración de tu pueblo por todos sus pastores, el Papa, obispos, presbíteros y diáconos, para que sirvan con la humildad del publicano.2.Escucha, oh, Dios, la súplica de tu pueblo por todos sus gobernantes, para que con humildad busquen el bien común, y sirvan a los más pobres y excluidos.3.Con la humildad del publicano, oramos Señor los necesitados, enfermos, ancianos solos, víctimas del conflicto y todos los que peregrinan en el dolor, para que nuestra caridad los sostenga y acompañe4.Mira, Señor, al pueblo reunido en esta asamblea eucarística, que con humildad se reconoce pecador e implora tu infinita misericordia.5.Señor, mira con bondad a los educadores y por la participación en el Jubileo del Mundo Educativo, concédeles la sabiduría para enseñar tu mensaje de amor.Oración conclusivaEscucha, Padre, la oración que tu pueblo eleva humildemente hacia ti, con la confianza y la esperanza de ser escuchado. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 17 Oct 2025

Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche

VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOJORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONESOCTUBRE 19 DE 2025Primera lectura: Éx 17,8-13Salmo: 121(120),1-2.3-4.5-6.7-8 (R. cf. 2)Segunda lectura: 2Tm 3,14 - 4,2 Evangelio: Lc 18,1-8.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEste domingo XXIX del tiempo ordinario se nos presenta en el Evangelio la figura de una viuda y un juez que dice no creer y no es justo, que vive en el espíritu de la impiedad. Nos encontramos en el capítulo 18 del evangelista Lucas y vemos allí la instrucción de Jesús a sus discípulos en el camino de Galilea a Jerusalén sobre la necesidad de la ORACIÓN, con una característica fundamental: la perseverancia, el no cansarse en el camino.Esta parábola que es propia de Lucas refleja la persecución y dificultades que vivían los cristianos y las incoherencias en el sistema judicial, podemos aventurarnos en la comprensión del texto y encontrar que muy posiblemente en aquella época los jueces no gozaban de buena reputación por sus comportamientos inicuos y estos no sólo no defenderán la causa de los más vulnerables, sino que la tacharán de subversión, rebelión, terrorismo y peligro para la nación y para la estabilidad social.Aparece una viuda, prototipo del abandono y de las masas de empobrecidos de la época que, debido a todas las injusticias vividas, tienen poca esperanza en la justicia que puede impartir el sistema judicial. La viuda clama justicia insistentemente frente a un juez que guarda silencio y se demora en su sentencia, pero al final actúa y quizás por conveniencia.El evangelista deja notar en las palabras de Jesús que, para quienes se sienten vulnerables ante la falta de justicia, es el mismo Dios el primero en interesarse por su causa de opresión y para esto invita a ser perseverantes en la oración.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». Y el Señor añadió: «Fíjense en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El texto me invita a tener una oración perseverante en todo momento de la vida; pues Dios, en su tiempo (Kairos), nos da lo que realmente necesitamos. Pese a las muchas injusticias que existen desde siempre en la historia de la humanidad, la actitud de todo discípulo misionero es apoyar su confianza plenamente en Dios, y esperar de Él la justicia y paz duraderas.El peligro que amenaza la oración es el cansancio y la monotonía, como Iglesia que caminamos juntos debemos mantener firme la cuerda de la oración que nos une a Él, así seremos auténticos testigos del evangelio ante el mundo.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Para la oración, invito a recitar el salmo que la liturgia de este domingo nos regala:Levanto mis ojos a los montes:¿de dónde me vendrá el auxilio?El auxilio me viene del Señor,que hizo el cielo y la tierra.No permitirá que resbale tu pie,tu guardián no duerme;no duerme ni reposael guardián de Israel.El Señor te guarda a su sombra,está a tu derecha;de día el sol no te hará daño,ni la luna de noche.El Señor te guarda de todo mal,él guarda tu alma;el Señor guarda tus entradas y salidas,ahora y por siempre. Para la contemplación, repitamos una frase del Evangelio que nos ayuda a Interiorizar el mensaje:«Dios hará justicia a sus elegidos que claman ante Él»II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Como Misioneros de la Esperanza entre los pueblos, nos acercamos hoy al altar de Dios para ofrecerle nuestra vida al servicio de LA MISIÓN.Al celebrar el Domingo Mundial de las Misiones DOMUND, venimos a nutrirnos del banquete pascual que nos da la fuerza para ir jubilosos a todos los lugares de la tierra a llevar el Evangelio de la Esperanza, que tanto necesita el mundo de hoy.Acompañados de la Santísima Virgen María, Reina de las Misiones, seguimos asumiendo con empeño el mandato misionero para que la buena noticia llegue hasta los confines de la tierra.Participemos con fervor.Monición a la Liturgia de la Palabra Los discípulos misioneros escuchamos con atención la Palabra de Dios, que es la voz de Dios iluminando nuestro camino y conduciendo nuestros pasos. Hoy, particularmente, el Señor nos invita en su Palabra a dar el paso decisivo a LA MISIÓN, que nos compromete con la justicia, nos alienta a ser constructores de paz y, por supuesto, nos hace testigos de la esperanza.Que esta Palabra proclamada sea bálsamo y alimento que nos de la fuerza para asumir con decisión, determinación y valentía LA MISIÓN de Dios y su invitación a ser misioneros de la esperanza entre los pueblos.Escuchemos con atención.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad y pidamos que asista a todos los bautizados en la tarea de ser Misioneros de la Esperanza entre los pueblos y digámosle:R. Te rogamos, óyenos.1.Por la Iglesia extendida por toda la tierra, para que lleve sin cesar el mensaje del Evangelio a todos los pueblos y trabaje incansablemente por conseguir la unidad de la fe y la caridad, Oremos. 2.Por el papa Francisco y todos los Obispos, para que iluminados por el Espíritu Santo y dóciles a sus inspiraciones, guíen al pueblo cristiano según el querer de Cristo. Oremos3.Por los misioneros del mundo entero, para que anuncien la Palabra de Dios con valentía, con creatividad, con la fuerza del Espíritu Santo, con alegría y con mucha paz. Oremos4.Por quienes han sido enviados a proclamar el Evangelio, para que con su palabra y ejemplo animen a sus hermanos en la fe y los congreguen para participar de la Eucaristía. Oremos5.Por quienes participamos en esta Eucaristía del DOMUND, para que comprometidos con la oración, el sacrificio y la ofrenda, ayudemos a que el Evangelio sea extendido hasta los confines de la tierra. Oremos. Oración conclusivaPadre de Bondad, acoge nuestras oraciones en favor de tu Iglesia,para que, comprometidos en el anuncio del Evangelio a todas las gentes, caminemos juntos por las sendas de la comunión, la participación y la misión. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.  

Vie 10 Oct 2025

Levántate, Vete; Tu Fe Te Ha Salvado

VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 12 DE 2025Primera lectura: 2R 5,14-17Salmo: 98(97),1.2-3ab.3cd-4Segunda lectura: 2Tm 2,8-13Evangelio: Lc 17,11-19.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn la primera lectura de 2 Reyes 5, 14-17, encontramos a Naamán, un hombre lleno de lepra, quien encuentra la sanación no solo al seguir el mandato de Dios, sino también a través de su fe y humildad. Él es un extranjero, pero la misericordia de Dios se extiende hacia él, mostrándonos que la gracia de Dios está destinada a todos los que se acercan a Él con fe.En el Evangelio, escuchamos la historia de los diez leprosos sanados por Jesús en Lucas 17, 11-19. Solo uno regresa para dar gracias, y Jesús alaba su fe. Este acto de gratitud, especialmente de un samaritano, nos recuerda la importancia de reconocer la gracia de Dios en nuestras vidas, de hacer memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos como nos dice San Pablo en su Carta a Timoteo.Al reflexionar sobre estos pasajes, consideremos el poder de la fe, la obediencia y el agradecimiento en nuestras propias vidas. Acerquémonos a la Palabra de Dios con corazones abiertos, deseosos de escuchar la voz de Dios y ser sanados, tal como lo fueron Naamán y los diez leprosos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El viaje de Jesús a Jerusalén traza el itinerario espiritual de discípulo. Ahora comienza la tercera y última etapa, que lleva a Jericó, que había sido, en el Antiguo Testamento, la puerta hacia la tierra prometida (Josué 6). Pero ¿quién tiene manos inocentes y puro corazón para subir al monte del Señor? (Salmo 24, 3). Jesús hace posible que nosotros, quizás leprosos, subamos al monte del Señor. Jesús es el samaritano que viene a nuestro encuentro, a quienes estamos excluidos de la gloria, para hacerse cargo de nuestra lepra.“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Esta invocación es el punto al cual Lucas quiere llevar al lector: es la oración que, como discípulos, nos asocia a Jesús, en su mismo viaje, al interior del cual quedamos curados de la lepra.La salvación que ninguno puede alcanzar por si solo (“Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”, Hch 16, 31) ya fue dada a todos los diez hombres leprosos que vinieron al encuentro de Jesús. En efecto, se encuentran en el mismo camino de aquel que vino a buscarlos a todos. Pero por ahora uno solo tiene la fe y encuentra al Salvador. Aún nueve sobre diez no saben que su vida ha sido condenada por la muerte, viven y mueren todavía como leprosos.“Mientras iban, quedaron limpios”. Quedamos limpios por la obediencia a su Palabra. La condición no es ser justos y estar limpios para seguir a Jesús: la salvación es consecuencia del seguimiento. Por eso nosotros pecadores y leprosos podemos recorrer el camino de Jesús.“Uno de ellos viendo que estaba curado se volvió alabando a Dios”. El único que vuelve a dar gracias es enviado para dar a todos la buena noticia: Jesús, por su cruz y resurrección, limpia la lepra del pecado de las personas. Este anuncio del leproso curado nos lleva a descubrir y aceptar el don de la salvación en Jesús. Esta salvación realmente se convierte en don cuando encuentra manos que lo acogen y corazón para alegrarse de ella.“tu fe te ha salvado”. Estas palabras son las mismas que Jesús dirige, también en Lucas, a la pecadora (7, 50), a la hemorroisa (8, 48) y al ciego (18, 42). En la dinámica del Reino los últimos serán primeros. Lo que ellos hacen en su encuentro con Él describe las características de la fe que salva. La salvación, aunque ya se ha dado a todos, es efectiva solamente si es acogida con fe. Esta consiste en darse cuenta del don y volverse al donante.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por miedo al contagio los leprosos eran excluidos de la vida social y del culto. Cuando se curaban, solo los sacerdotes podían verificar la curación y certificarla oficialmente (Lv 13-14). Los evangelios guardan la memoria de algunas curaciones de este tipo realizadas por Jesús.El hecho de que sea un samaritano quien recibe la curación indica que la misión de Jesús y los apóstoles traspasan las fronteras. Todos los pueblos son invitados a acercarse al Señor para pedir y obtener su purificación-salvación. No necesitan bañarse en un río extranjero como Naamán en Siria, pueden usar las aguas que están en su tierra como fuente bautismal. Siguiendo los pasos del leproso samaritano curado por Jesús, muchos otros regresarán para dar gracias.Los textos de Lucas 17, 11-19 y 2 Reyes 5, 14-17, nos revelan, entonces, que la salvación es un don gratuito de Dios, pero que requiere de un encuentro personal y una respuesta decidida hacia Él. Tanto Naamán como el leproso samaritano representan a quienes, en su humildad, reconocen que la verdadera sanación, física y espiritual, proviene de Dios. Sin embargo, el Evangelio da un paso más: la salvación plena se encuentra en Cristo Jesús. Solo el samaritano vuelve para postrarse a sus pies, reconociendo en Él no solo al sanador, sino al Salvador. Esta vuelta a Jesús es el camino esencial para recibir la vida nueva que Dios nos ofrece.Solo cuando nuestras acciones y decisiones personales y comunitarias están ancladas en Jesús podemos experimentar una transformación auténtica. Así como el leproso samaritano encuentra en Cristo la salvación al rendirse a Él con gratitud, nuestra sociedad está llamada a reconocer en Jesús el único camino para sanar nuestras heridas, reconciliar nuestras diferencias y construir un futuro lleno de esperanza. La salvación no es solo sanación momentánea; es vida eterna y verdadera comunión con Dios, a la que solo llegamos al seguir fielmente al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Palabra de Dios suscita nuestra oración y por eso, en este momento de Oratio, pedimos al Señor aquello que queremos alcanzar a partir de la reflexión que hemos hecho.“Señor Jesús, tú que recorres nuestros caminos, como lo hiciste de Galilea a Jerusalén, nos encuentras en nuestras heridas, enfermedades y desesperanzas. Nos miras con amor y nos invitas a confiar en tu palabra, como lo hiciste con los diez leprosos que clamaron por misericordia.Hoy venimos a ti, Señor, con el corazón humilde, reconociendo que tú eres nuestra única esperanza de salvación. Sana nuestras vidas, purifica nuestros corazones y haznos testigos de tu amor. Danos la gracia de no solo recibir tus dones, sino de regresar siempre a ti con gratitud, proclamando que solo en ti está la verdadera vida. Haznos conscientes de que la salvación no es solo un acto de sanación física, sino la plenitud de la vida en comunión contigo. Haz que nuestra vida sea un continuo regreso a tu presencia, buscando siempre tu rostro y proclamando al mundo que Tú eres el Señor, el Salvador, y el único camino hacia la vida eterna”. II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos encontramos reunidos como comunidad de fe para celebrar el gran misterio del amor de Dios, quien siempre está dispuesto a acogernos, sanarnos y guiarnos por el camino de la vida eterna. Este momento de encuentro es una invitación a abrir el corazón al Señor, reconociendo que, aunque enfrentemos pruebas y dificultades, Él nunca deja de actuar en nuestra historia con misericordia y fidelidad como lo hizo con Naamán y los diez leprosos.Hoy venimos a alabar a Dios, a renovar nuestra confianza en Él y a dejarnos transformar por su gracia. Que esta celebración sea para cada uno un tiempo de encuentro con Cristo, quien nos llama a vivir con gratitud, fe y esperanza, confiando en que Él es nuestra salvación y nuestro guía en el camino de la vida. Participemos con alegría, abriendo nuestra vida al amor del Señor que nos renueva y fortalece.Monición a la Liturgia de la Palabra Dispongamos nuestro corazón para escuchar con atención la Palabra de Dios que hoy nos habla de fe, obediencia y gratitud. En el pasaje del segundo libro de los Reyes, contemplamos a Naamán, quien por su fe y humildad es sanado de la lepra, reconociendo a Dios como el único Señor.En la segunda lectura escucharemos el testimonio de un anciano apóstol, San Pablo, ahora prisionero por la fe, que hace un bello himno a Cristo, muerto y resucitado, de cuyo destino participan, desde ya, todos los cristianos. Esta certeza es el fundamento de nuestra fe y esperanza.En el Evangelio de Lucas, Jesús nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta a su gracia: de los diez leprosos curados, solo uno regresa para agradecer, mostrando que la salvación plena se encuentra en seguir a Cristo con un corazón agradecido. Que esta Palabra de Dios hoy sea motivación para nuestra vida cristiana, fortaleza y consuelo en el caminar de nuestra historia.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos y hermanas: Elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que quiere la salvación de todos, incluso de aquellos que no lo invocan ni le agradecen, y supliquemos diciendo:R. Dios omnipotente, ven en nuestro auxilio1.Para que nuestro obispo N., los presbíteros y los diáconos acojan sin distinciones ni prejuicios a los más rechazados y que se acercan a ellos. Oremos al Señor.2.Para que los médicos, capellanes y enfermeros que atienden a los enfermos, que han perdido toda esperanza, reciban como recompensa la vida eterna. Oremos al Señor.3.Para que los leprosos y los enfermos incurables encuentren en cada persona que los sirve un hermano y una hermana en Cristo. Oremos al Señor.4.Para que Jesús, que sufre en los enfermos, los consuele y fortalezca con la gracia de su presencia y les dé fidelidad hasta el final. Oremos al Señor.5.Para que cada uno de nosotros, cuando esté enfermo, sepa mostrarse agradecido con quienes lo cuidan y dar gracias a Dios, que es la fuente de todos los bienes. Oremos al Señor.Oración conclusivaDios, nuestro Padre, que enviaste a tu Hijo amado para sanarnos de todo mal, danos un corazón agradecido que sepa darte gloria y alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.  

Vie 3 Oct 2025

Auméntanos la fe

VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOOCTUBRE 05 DE 2025Primera lectura: Ha 1,2-3; 2,2-4Salmo: 95(94),1-2.6-7ab.7c-9Segunda lectura: 2Tm 1,6-8.13-14Evangelio: Lc 17,5-10.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa primera lectura y el Evangelio, mirados en su conjunto, son una preciosa clave de lectura para entender el mensaje de la Palabra del domingo, y, en esta ocasión, ambos textos reflejan una dimensión esencial de la fe: la confianza en Dios a pesar de las dificultades y el aparente silencio divino.El texto de Habacuc expresa la angustia del profeta ante la violencia y el sufrimiento en su entorno. Habacuc clama a Dios por justicia, y Dios responde con una visión que requiere paciencia: "El justo vivirá por su fe". Aquí se destaca la confianza persistente en medio de la incertidumbre presente en muchos momentos de la vida.Por su parte el Evangelio de Lucas resalta que la fe, aunque pequeña como un grano de mostaza, tiene un poder inmenso cuando se vive con auténtica confianza y humildad. Jesús también llama a los discípulos a un servicio desinteresado y lleno de gratitud, reflejando la disposición de esperar y confiar plenamente en los planes de Dios.Ambos textos enseñan que la fe no es solo creer, sino mantenerse firmes, confiando en la acción de Dios en medio de los desafíos.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el pasaje del Evangelio, los apóstoles le piden a Jesús: "Auméntanos la fe". Jesús responde con una enseñanza sorprendente: incluso una fe tan pequeña como un grano de mostaza tiene un poder inmenso, capaz de mover una morera y plantarla en el mar. Luego, utiliza la parábola del siervo para ilustrar la actitud de humildad en el servicio a Dios. Un siervo no busca reconocimiento por hacer lo que le corresponde; de igual manera, los discípulos deben cumplir su misión sin esperar recompensas, conscientes de que todo lo hacen por gracia divina. ¿Hay alguna relación entre las dos partes del Evangelio de hoy? ¡Claro que sí! Lo exponemos enseguida.Los apóstoles se sienten inadecuados para la tarea que se les ha confiado porque perciben que su fe es insuficiente. Sin embargo, la fe no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Es una experiencia personal de adhesión, no a una doctrina, sino a una persona: Cristo. Por eso, la fe es el punto de partida de la misión. Además, debe pedirse como se pide el pan cotidiano o el perdón. Después de la oración "Enséñanos a orar" (Lc 1,1-4), esta es la plegaria esencial del creyente, especialmente del apóstol: "Auméntanos la fe". Es decir, "haz que nos unamos cada día más a Cristo vivo y resucitado". En efecto, todo es posible para quien cree, porque nada es imposible para Dios.“La fe como un grano de mostaza”. La fe se compara con una pequeña semilla que posee una fuerza vital inmensa. Aunque nadie imaginaría que algo tan diminuto contenga tanta vida, cuando se siembra en el terreno adecuado produce frutos sorprendentes. Así es la fe: una fuerza vital que brota de la adhesión a Cristo. San Pablo lo expresó de manera conmovedora: "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Flp 4,13). En la fe, nuestra fragilidad se llena del poder de Dios. Creer implica dejar de confiar en nosotros mismos y permitir que sea Él quien actúe.Esa fe, adhesión a Cristo, nos capacita para ser “siervos”. No se trata de ser "siervos inútiles", como dicen algunas traducciones que pueden prestarse a malentendidos en nuestro contexto, sino siervos según el ejemplo de Cristo. Esto significa que no vivimos la misión para obtener beneficios personales o utilidades, sino que servimos gratuitamente, porque le pertenecemos a Cristo y nos identificamos con su servicio. La fe es el origen del servicio del apóstol; nace de una experiencia personal de adhesión a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros."Hemos hecho lo que debíamos hacer". No se trata de cumplir por mera obligación o de convertirnos en simples funcionarios de la liturgia, sino de vivir el encuentro con Cristo que transforma nuestras acciones. Este encuentro nos llena de un amor que nos hace libres y apasionados por la misión, por servir a Dios y a los hermanos. Los fieles perciben cuando nuestras celebraciones están impregnadas de esta pasión por Cristo. Es esa fe viva la que da sentido a nuestro servicio, haciendo que cada acción sea expresión de amor y entrega.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La vida personal, la vida de la Iglesia y la vida del mundo ponen a menudo a prueba la fe. ¿Cómo es posible que Dios, siendo bueno, justo y todopoderoso, tolere tantas injusticias y violencias, tantos males y sufrimientos? ¿Está sordo a los gritos desgarradores de auxilio que se elevan desde todas partes? ¿Por qué parece tan indiferente ante todo lo que sucede? Estas preguntas no son nuevas, ya que aparecen en casi todas las páginas del salterio: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza" (Salmo 21, 2-3).En la cruz, Jesucristo, "con oraciones y lágrimas", se dirige a su Padre, "quien podía salvarlo de la muerte" (Hb 5, 7). Que preguntas como estas surjan dolorosamente en el corazón de los creyentes no tiene nada de extraño ni de anormal. Al igual que el profeta Habacuc, cuyo texto leemos hoy, necesitamos atrevernos a interpelar a Dios. Él no responde directamente a las preguntas que el profeta le plantea, ni intenta justificar las razones de su aparente silencio o indiferencia. Lo que le dice es algo mucho más profundo y esencial que cualquier respuesta inmediata que pudiera dar: "No duden de mi fidelidad. El justo vivirá por su fe".Una fe así es capaz de mover o superar montañas de dificultades y pruebas porque, siempre y en todo, el cristiano tiene una confianza inquebrantable en que Dios intervendrá en el momento oportuno, en la ocasión más favorable para quienes le son fieles. Esta fidelidad es la de los servidores felices, satisfechos y agradecidos por haber sido dignos de servirle en su presencia (cf. Plegaria Eucarística II). No piden nada más. Se abandonan a Él, confiando en que reconocerá que han hecho lo que debían, recordando que Jesús, su Señor y Maestro, está "en medio de ellos como el que sirve".No recibieron "un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de moderación", para "no avergonzarse de dar testimonio" del Evangelio que han recibido como depósito. Tienen la misión de guardar y anunciar con su vida "la sana doctrina con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ellos".3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Palabra de Dios suscita nuestra oración y por eso, en este momento de Oratio, pedimos al Señor aquello que queremos alcanzar a partir de la reflexión que hemos hecho.Digámosle al Señor con confianza: “Señor, te pido un espíritu firme y valiente para no ceder al miedo, un corazón lleno de amor auténtico para servir como tú nos enseñaste, y la sabiduría necesaria para discernir lo correcto y actuar con prudencia. Ayúdame a custodiar tu Evangelio con fidelidad, siendo testigo de tu verdad y amor en el mundo. Que tu Espíritu Santo me guíe en cada paso, para que mis palabras y acciones sean reflejo de tu gracia y salvación. Amén.Recomendaciones prácticas:-8 – 9 de octubre. Jubileo de la Vida Consagrada-11 – 12 de octubre. Jubileo de la Espiritualidad MarianaII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy, al participar en esta santa Misa, abramos nuestros corazones para recibir la Palabra de Dios que guía nuestro camino. Permitamos que el Espíritu Santo nos inspire a vivir una fe auténtica y humilde, sirviendo con amor y gratitud. Que cada acto de nuestra vida refleje la confianza en que Dios está con nosotros, transformando nuestras pequeñas acciones en grandes testimonios de su amor y misericordia.Invitamos a todos a unirse activamente en esta celebración, escuchando atentamente las lecturas, participando en las oraciones y recibiendo con fe los sacramentos que nos acercan más a Cristo. Que esta Misa sea una fuente de esperanza, renovación espiritual y fortalecimiento de nuestra comunidad de fe.Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos llama en este día a tener una fe profunda y confiada en Dios, una fe capaz de superar cualquier dificultad.En el Evangelio según San Lucas, los apóstoles le piden al Señor: “Auméntanos la fe”. Jesús responde con una enseñanza poderosa: una fe pequeña como un grano de mostaza puede mover montañas. Esto nos invita a confiar plenamente en el Señor, sabiendo que su fuerza actúa en nuestra debilidad.En la primera lectura del profeta Habacuc, en sintonía con el Evangelio, escuchamos el clamor del profeta ante el sufrimiento y las injusticias. Dios responde con una promesa de fidelidad: “El justo vivirá por su fe”. Estas palabras nos animan a perseverar con confianza, incluso en los momentos más oscuros, porque Dios siempre cumple sus promesas.La segunda lectura es una exhortación dirigida por Pablo a Timoteo, que lo invita a retornar constantemente a la fuente de su compromiso al servicio del Evangelio. Este llamado no solo es para él, sino que todo cristiano puede hacerlo suyo al reflexionar sobre su Bautismo, momento en el que recibió el Espíritu de fortaleza, caridad y moderación. Así, está llamado a custodiar 'la buena doctrina' y dar testimonio fiel de ella.Dispongamos nuestro corazón para escuchar la Palabra de Dios, dejando que ella ilumine nuestra vida y renueve nuestro compromiso de caminar con fe junto a Cristo, nuestro Maestro y Señor.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos y hermanas: con el ardor de la fe que el Señor nos ha dado, una fe capaz de obrar milagros, dirijamos nuestras súplicas con humildad por la Iglesia y por el mundo, diciendo con confianza:R. Bendice, Señor, a tu pueblo1.Por la santa Iglesia de Dios, para que anuncie la fe que conduce a la salvación y revele a la humanidad los misterios del Reino, oremos al Señor.2.Por aquellos que han recibido el Espíritu Santo, el don de Dios otorgado a los Apóstoles, para que den buen testimonio de Jesús con sus vidas, oremos al Señor. 3.Por los justos que claman al Señor contra toda violencia y opresión, para que su voz sea escuchada, oremos al Señor.4.Por los hombres y las mujeres del mundo entero que no son respetados en su dignidad, para que encuentren quien defienda sus derechos, oremos al Señor.5.Por nuestros agentes pastorales para que sirvan a Dios con alegría, en su casa, en el trabajo y en todas partes, oremos al Señor.6.Por todos los consagrados que participarán en el Jubileo de la Vida Consagrada y de la Espiritualidad Mariana, para que siguiendo el ejemplo de María perseveren en su Sí al Señor.Oración conclusivaSeñor, nuestro Dios y nuestro Padre, que enviaste a tu Hijo Jesucristo como servidor en medio de la humanidad, danos su Espíritu y aumenta en nosotros la fe, para que seamos fieles en nuestro servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.

Vie 26 Sep 2025

Recibiste tus bienes en vida

VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSEPTIEMBRE 28 DE 2025Primera lectura: Am 6,1a.4-7Salmo: 146(145),6c-7.8-9a. 9bc-10Segunda lectura: 1Tm 6,11-16Evangelio: Lc 16,19-31.I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn la primera lectura, tomada del profeta Amós (6,1-7), se denuncia a quienes se sienten seguros en este mundo, confiados en sus posesiones, se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo, viven como insensatos y no se preocupan de la ruina que les acarreará llevar este estilo de vida. El salmo 145 canta la preferencia que Dios tiene para con los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los peregrinos, los huérfanos y las viudas. La segunda lectura, tomada de la primera carta de Pablo a Timoteo (6,11-16), invita a buscar la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre, la vida eterna. Y el Evangelio, tomado de Lucas (16,19-31), con la parábola del rico que banquetea y del pobre Lázaro, inquieta a vivir con la mirada puesta, no solo en este mundo, sino también en la vida eterna. Así, en conexión con las lecturas del domingo pasado, vemos un hilo conductor: nuestra vida futura está marcada por el modo como vivamos la presente.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Jesús continúa su camino hacia Jerusalén y en esta ocasión no se dirige a sus discípulos, sino a los fariseos, quienes lo desprecian, porque Él no vale nada a los ojos de este mundo, es un maldito, no es un bendecido; pues según la doctrina judía, el que posee bienes y riquezas, es un bendecido por Dios, y Jesús es un pobre que no goza de bienes materiales. Si bien, no es pecado tener bienes, el problema puede surgir por el modo como estos son usados.El Evangelio de este domingo es una clara continuación del proclamado el domingo pasado, el cual se refería al administrador inteligente que, cuando supo que lo iban a echar del puesto, fue capaz de levantar la mirada, dejar de mirar solamente el dinero y ver hacia el futuro, cayendo en la cuenta que no bastaban las riquezas de este mundo para vivir bien y que era mejor cultivar amistades para que hubiera quien lo socorriera en el momento de la necesidad.El rico de la parábola de hoy, no fue capaz de levantar la mirada, porque andaba pegado a la mesa, pensando solo en sus banquetes con los que gozaba la vida cada día y en los trajes lujosos que lucía. Cuando fue capaz de levantar la mirada, ya era demasiado tarde. Si en esta vida hubiera levantado su mirada, habría visto al pobre, y si lo hubiera socorrido, este hubiese sido su tabla de salvación o su pasaporte para ingresar a la Patria Celestial.Sin embargo, la parábola más que referirse a la vida más allá de este mundo, se refiere al modo de vivir en esta vida, obviamente, como preparación para la vida más allá de este mundo material.Un primer aspecto que podemos notar en la parábola es que el rico no tiene nombre, mientras que el pobre sí posee un nombre propio. No poseer un nombre, significa no ser alguien, el nombre confiere dignidad. Los dignos a los ojos de este mundo son los ricos, los que gozan de bienes materiales; mientras que los pobres, los “indigentes”, no son personas, no cuentan, son basura y estorbo para la sociedad. A los ojos de Dios, todos valemos mucho, sobre todo los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los peregrinos, los huérfanos y las viudas, como lo escuchamos en el salmo 145.Un segundo aspecto, que se puede subrayar, es el vestido que usa el rico y el pobre. El pobre cubierto de llagas; mientras que el rico viste finos trajes de lino y de púrpura. El vestido del rico muestra una enfermedad de la sociedad actual, la enfermedad de la apariencia, del llamar la atención; y cuando no se es visto y admirado, se deprime. Se invierten cantidades de dinero, no para crecer y ser mejor persona, sino para aparecer. La Palabra de Dios, nos invita a vestirnos de humildad y mansedumbre, a revestirnos de Cristo.La parábola no habla de un rico que fuera malo y luego debiera ir al infierno; ni tampoco habla de un Lázaro, que fuera bueno y se ganara el cielo. El rico ha tenido la suerte de gozar de sus bienes y el pobre lo único que hace es “nada”, estar sentado: sentado a la puerta del rico, sentado en los brazos de los ángeles que lo llevan, sentado en el seno de Abraham. Por tanto, la parábola nos invita a mirar, no tanto el cielo y el infierno después de nuestra muerte, sino al cielo y al infierno que aquí estamos viviendo y construyendo.Dios nos ha puesto en este mundo, el cual divinamente podría ser un paraíso, pero nosotros los humanos lo hemos vuelto un infierno, es decir, un lugar invivible, donde ningún ser humano puede confiar en otro ser humano, porque puede ser una amenaza, puede ser un peligro y llegar hasta a asesinarlo. Los seres humanos hemos construido barreras y muros infranqueables, donde no podemos pasar de aquí para allá ni de allá para acá, sino que cada uno vive en su mundo solitario e individualista, donde no importa ni interesa las necesidades que el vecino pueda estar pasando. Solo se vive en el propio mundo ególatra e inmanente.Cada día es mayor la división y la separación entre ricos y pobres. Desde mediados del siglo pasado, la Iglesia Latinoamericana, ha denunciado la barrera entre ricos cada vez más ricos, a costa de pobres cada vez más pobres (cfr. Doc. Medellín); y el problema en vez de resolverse se ha agravado. Hoy, el diez por ciento de la población posee más del noventa por ciento de los bienes y riquezas de este mundo; mientras que un noventa por ciento de la humanidad tiene que vivir con el diez por ciento de bienes restante. Mientras unos pocos acumulan, muchos mueren en el hambre y la miseria.Los cinco hermanos del rico, son el Israel del tiempo de Jesús, son las primeras comunidades cristianas del tiempo de Lucas y son los pueblos y comunidades de nuestro tiempo. Ellos también, como el rico, viven en su propio mundo egoísta y avaro. ¿Cómo salvar a estos cinco hermanos? ¿Cómo pasar del egocentrismo a la alteridad, de la propia inmanencia a la trascendencia? Ni, aunque un muerto resucitara, nos cambiaría. Jesús ha resucitado y seguimos en las mismas. El único modo para librarnos del apego malsano a las riquezas y construir juntos un mundo más humano, es escuchando a Dios, dejarnos transformar por Él, permitirle que Él sea el protagonista de nuestras vidas y de nuestra existencia. “Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Escuchando a Dios, quien nos habla a través de los Moisés y los profetas de hoy, y dejándonos transformar por sus palabras y por su estilo de vida, podrá hacerse realidad el sueño de la fraternidad, la solidaridad y la amistad, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?¿Qué tenemos de epulones y qué de Lazaros? Alguna riqueza hemos recibido, material y/o espiritual, que, si sabemos compartirla, en vez de agotarse, se multiplicará en bendiciones, tanto para cada uno de nosotros, como para nuestros hermanos; y tanto para esta vida como para la futura. Y a su vez, somos necesitados, no somos autosuficientes, y esta precariedad y escasez nos hace conscientes de nuestros límites y fragilidades, las cuales nos ayudan a no quedarnos encerrados en nosotros mismos, en nuestra propia inmanencia, sino a saber alzar la mirada para buscar la ayuda necesaria. Además, las propias precariedades nos ayudan a ser misericordiosos antes las precariedades de nuestros hermanos.¿Cuál es el vestido que solemos llevar: vamos revestidos de apariencias y/o revestidos de Cristo? ¿Cuándo se nota que llevamos el vestido de la apariencia y cuándo se nota que vamos revestidos de Cristo?¿Qué mundo estamos construyendo entre nosotros, en nuestros hogares y comunidades? ¿De qué manera estamos aportando para construir un paraíso, donde podamos vivir juntos, de modo tranquilo y pacífico, ayudándonos recíprocamente y construyendo puentes de fraternidad y solidaridad? ¿Y de qué modo estamos dando un grano o un montón de arena para construir un infierno, donde la convivencia se hace imposible, porque prima el yo y se vive a costa de los demás, con tal de alcanzar los propios fines, construyendo barreras infranqueables entre unos y otros, donde no interesa el dolor, el sufrimiento y las necesidades que puedan estar viviendo los demás?Escuchando a Dios y a sus profetas, podemos cambiar, tanto nosotros mismos como este mundo. En este jubileo de la esperanza, sigamos adelante, sabiendo que sí es posible construir juntos un mundo más humano y más vivible, más fraterno y más solidario.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Levantemos la mirada y veamos más allá de nuestra propia nariz, es decir de nuestros propios intereses y necesidades; y veamos, también, las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los más necesitados, y contemplemos en ellos, al mismo Cristo, que sufriente y necesitado, sigue viviendo en medio de nosotros, y que nuestra mirada, no se quede en palabras de compasión sino en acciones de misericordia. Por eso contemplemos esta palabra, poniendo en práctica algunas de las catorce obras de misericordia, sean espirituales o materiales.Recomendaciones prácticas:-4 – 5 de octubre. Jubileo del Mundo Misionero-4 – 5 de octubre. Jubileo de los Migrantes-Día del turismoII.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos, nos hemos reunido en este lugar, porque Dios mismo nos ha convocado y nosotros nos hemos dejado guiar por su Santo Espíritu para llegar hasta este lugar. Que lo que ahora vamos a celebrar nos ayude a seguir adelante, viviendo con los pies en la tierra y con la cabeza y el corazón en el cielo. Vivamos esta Eucaristía con alegría y gratitud.Monición a la Liturgia de la Palabra En las lecturas de hoy, escucharemos la denuncia que hace el profeta a quienes se sienten seguros en este mundo, confiando solo en sus posesiones materiales y viven como insensatos, sin preocuparse por la ruina que les acarreará ese estilo de vida; mientras que en el salmo constataremos la preferencia que Dios tiene para con los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los peregrinos, los huérfanos y las viudas. Nos conviene buscar la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre y la vida eterna, como nos lo recordará la segunda lectura que escucharemos. Y orientados por la parábola del rico que banquetea y del pobre Lázaro, que será proclamada en el Evangelio, dejémonos inquietar por la Palabra de Dios, quien hoy quiere seguir transformando nuestras vidas. Acojamos esta Palabra con gozo y atención.Oración Universal o de los Fieles Presidente: A Dios Creador, fuente de toda bendición, dirijámosle nuestras plegariasR. Padre, fuente de toda bendición, escúchanos.1.Padre Dios, Tú quieres una Iglesia pobre para los pobres. Que tus ministros, tengan entre sus preferidos, a los más necesitados, y puedan socorrerlos con tus misericordias, en el momento oportuno.2.Padre Dios, que en nuestra sociedad cada día disminuya la gran barrera existente entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Que los gobernantes de nuestros pueblos y naciones sepan hacer una justa distribución de los recursos, optando preferencialmente por los más necesitados.3.Padre Dios, tu Hijo Jesucristo hoy sigue mendigando el pan en quienes no tiene lo necesario para sobrevivir. Que quienes estamos a su lado, crezcamos en generosidad y compartamos desde nuestra pobreza.4.Padre Dios, que todos aquellos que participan en el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, alcancen a experimentar tu misericordia para llevar este mensaje a todos aquellos que esperan en ti.5.Padre Dios, por quienes hemos venido a esta Eucaristía para que, al regresar a nuestros hogares y lugares de trabajo, cooperemos juntos para hacer de nuestras familias, comunidades y vecindarios, espacios de fraternidad, solidaridad y amistad social.Oración conclusivaPadre Dios, acoge los ruegos de tus hijos y, que movidos por las Palabras que hoy nos has dicho, seamos imagen viva de tu Hijo, que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos.R. Amén.

Vie 19 Sep 2025

No podéis servir a Dios y al dinero

VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSEPTIEMBRE 21 DE 2025Primera lectura: Am 8,4-7Salmo: 113(112),1-2.4-6.7-8 (R. 9, 19a)Segunda lectura: 1Tm 2,1-8 Evangelio: Lc 16,1-13 (forma larga) o Lc 16,10-13 (forma breve).I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa lectura del profeta Amós (8,4-7), denuncia las injusticias que se cometen contra los pobres, alterando las medidas y cobrando más de la cuenta; el salmo 113 (1-2.4-6.7-8) resalta la preferencia que Dios tiene para con los pobres; la primera carta de san Pablo a Timoteo (2,1-8) nos invita a elevar oraciones y súplicas por toda la humanidad; y, finalmente, el Evangelio de San Lucas (16,1-13) nos invita a revisar nuestra relación con los bienes materiales de este mundo. De esta manera, podemos encontrar un hilo conductor en la invitación de Jesús a sus discípulos para que sigan su ejemplo, viviendo en lo que verdaderamente nos hace ricos. 1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Jesús va subiendo hacia Jerusalén y aprovecha el espacio para seguir formando a sus discípulos. La enseñanza que hoy les da, tiene que ver con el modo de relacionarse con los bienes de este mundo; y esta enseñanza es auténtica, porque Él la vive en primera persona. Por ejemplo, a quien le dijo que quería seguirlo, le advirtió que el Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza (9,58); y esto lo vemos en un Jesús despojado en la cruz, donde sus únicas pertenencias materiales que poseía a la hora de su muerte, fueron un manto y una túnica, que los soldados se repartieron entre ellos.Esta enseñanza, ya había sido presentada a sus discípulos, cuando les advirtió que la vida no está en el poseer, “porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida” (12,15). También les pidió que no se atormentaran en la vida por cuestiones de alimento y de ropa, que el Padre sabe lo que ustedes necesitan, “busquen más bien el Reino y se les darán también estas cosas” (12, 31). Y, a la enseñanza de hoy, le sucede la parábola del rico que vestía con ropa finísima y del pobre Lázaro cubierto de llagas (16, 19-31), evangelio que escucharemos el próximo domingo.En la parábola de hoy, conocida como la del administrador astuto o la del administrador deshonesto, aparecen dos personajes principales: el propietario rico y el administrador. Al administrador le llega la noticia que será echado del puesto debido al mal manejo de los bienes. Entonces debe dar cuenta de su administración. Él piensa en el futuro y comprende que, con los bienes materiales, con las comisiones que se ganaba, por cierto, bastante usureras, no lo son todo para afrontar su futuro, ya que, a fin de cuentas, son bienes efímeros que no duran; de ahí que decide apostarle, no al dinero, sino a los amigos. La amistad es un bien que va más allá de lo efímero. Los amigos podrán acogerlo y ayudarlo en un momento de necesidad.Llama la atención que este administrador sea elogiado por Jesús. Jesús no elogia la avaricia y la deshonestidad, sino la inteligencia con la que actuó pensando en el futuro. Valora que al pensar en el futuro no sea necio, poniendo su confianza en los bienes materiales, sino en los amigos, ya que cultiva las amistades, renunciando a la comisión o ganancia con la que podría quedarse y, más bien, decide pedirles que solamente paguen lo que pertenece al propietario, además, al ya no ser administrador, tampoco puede recibir las comisiones con las que pensaba quedarse. Así, no roba al dueño, sino que actúa de modo inteligente.“Los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz”. La astucia es el uso de la inteligencia de manera egoísta y dañosa; mientras que, el buen uso dado a la inteligencia se llama sabiduría. Los hijos de la luz, necesitan aprender de los hijos de este mundo a saber usar la inteligencia y demás capacidades que han recibido para ganar más hijos de la luz, para que el Reino de Dios se extienda más y más.La sentencia de Jesús: “Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas”, hay que subrayar que todo dinero acumulado es injusto. Mientras unos acaparan a otros les hace falta. Lo que aquí sobra, allí falta. Por eso la actitud del administrador, también es elogiada, porque decide no acumular más bienes para sí, sino ser generoso con los otros, quienes, en el futuro, podrán ser generosos con él.“No podéis servir a Dios y al dinero”; amará a uno y aborrecerá al otro. Los criterios de este mundo se oponen a los criterios del Evangelio. Se le puede servir al uno o al otro, pero no a ambos. Los criterios mundanos mueven a acumular, a costa de lo que sea y de quien sea. Los criterios del Evangelio, mueven a dar, donar, entregar, aún hasta la propia vida. La verdadera riqueza, según el Evangelio, es darlo todo por amor a los demás. Eso que se da a los demás es lo que se lleva para la otra vida, lo que no se puede llevar para la otra vida eso no nos pertenece, es de otros; y mientras aquí estemos, en este mundo pasajero, seremos solo administradores de esos bienes materiales, no los dueños.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?No somos los dueños de las cosas de este mundo, somos solo administradores. Ni siquiera somos dueños de nuestra propia vida, sino que la hemos recibido gratuitamente, por pura misericordia de Dios. Tampoco somos dueños de las habilidades, talentos y capacidades que poseemos, sino que las hemos recibido, para ponerlas al servicio de los demás. Somos administradores de la vida y los talentos recibidos.Lo mejor que podemos hacer como administradores es distribuir, dar, entregar, compartir, no quedarnos con nada de lo que somos y tenemos. Jesús nos ha dado ejemplo, dando todo, hasta el último suspiro, hasta la última gota de sangre, por amor a cada uno de nosotros, por nuestra salvación, en el Altar de la Cruz.Así como en otro tiempo Jesús instruyó a sus discípulos, hoy nos sigue instruyendo y formando a cada uno de nosotros, con su Palabra y sobre todo con su ejemplo, invitándonos a encontrar la verdadera riqueza en dar y entregar lo que somos y tenemos; a través de la nuestra generosa entrega, seremos verdaderamente ricos.Lo que de este mundo no podamos llevar, eso no nos pertenece, lo que aquí se quede cuando dejemos este mundo, eso es riqueza que a otros les corresponde. Todo lo que tenemos de más, porque no se usa o porque no se necesita, como el dinero acumulado, o el armario lleno de ropa sin usar, etc., esos son bienes que otros están necesitando. Seamos generosos, pidámosles a Jesús la gracia de saber compartir con los demás, especialmente con los más necesitados, lo que somos y tenemos, no solo lo que nos sobra, sino también lo que podría hacernos falta, pero que a otros les está haciendo más fala que a nosotros.Esta actitud de generosidad y desprendimiento nos hará verdaderamente ricos. Para asumir esta actitud se necesita levantar la mirada y ver hacia el futuro, es decir, orientar la vida hacia el fin para el cual vinimos a este mundo, porque si nos quedamos agachados, mirando solamente los bienes de este mundo y haciendo de ellos el fin de nuestra vida y existencia, malograremos la vida que Dios nos regaló para que la administremos.Pidámosle a Jesús que nos regale la luz de Santo Espíritu para que como hijos de la luz sepamos usar la inteligencia y demás capacidades y cualidades con que hemos sido enriquecidos, para extender su Reino entre nosotros. Cuando nuestra riqueza es Dios y todo lo que a Él nos acerque, eso nos hace verdaderamente dichosos y le hallaremos el verdadero sentido a esta existencia terrena. Cuando hacemos de los bienes materiales, no el medio, sino el fin de nuestra existencia, perderemos el sentido para el cual fuimos creados.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Contemplemos a Jesús en la cruz. Allí lo vemos despojado de todo, hasta de sí mismo. Pues lo único que le quedaba antes de morir era su espíritu, el cual se lo entregó al Padre, diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Veamos su costado traspasado por la lanza, derramando sangre y agua, para el perdón de nuestros pecados.Esta imagen de Jesús crucificado nos ayuda a ser conscientes, que también, en algún momento, debemos dejar este mundo y nada nos llevaremos, excepto la riqueza de una vida donada y entregada por amor a Dios y a nuestros hermanos.Pidámosle a Jesús que nos dé su Espíritu para que, viviendo en este mundo con los pies en la tierra, siempre tengamos la mente y el corazón puesto en el cielo, haciendo uso de los bienes que aquí hemos recibido, para la gloria de Dios, el bien de nuestros hermanos y nuestra propia santificación.Recomendaciones prácticas:-26 – 28 de septiembre. Jubileo de los Catequistas.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos, bienvenidos a esta celebración, en la cual nos encontraremos con Jesús que nos comunica su Palabra y nos da su Cuerpo y su Sangre para nuestra salvación. Conscientes de que Él es nuestra verdadera riqueza, participemos con alegría y esperanza en esta Eucaristía.Monición a la Liturgia de la Palabra En las lecturas de hoy, Dios nos habla a través del profeta Amós, recordándonos que no debemos aprovecharnos de los más pobres, pues ellos son los preferidos de Dios, como lo canta el salmo 113, que también ahora escucharemos. Entonces, ¿Cuál ha de ser nuestra actitud con nuestros hermanos más necesitados y con los bienes que poseemos? Escuchemos a Dios en su Palabra y en Ella hallemos una respuesta a este interrogante.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dueño de todo cuanto existe, Dios nuestro Padre, como hemos escuchado en la segunda lectura, tomada de la primera carta de san Pablo a Timoteo, elevemos nuestras súplicas, por nosotros y por toda la humanidad, uniéndonos en una sola plegaria y repitiendo juntos:R. Señor, Dueño nuestro, danos un corazón generoso como el tuyo.1.Padre Dios, te pedimos por el Papa, los obispos, sacerdotes, laicos, en una palabra, por todos los discípulos de tu Hijo, para que sabiamente administremos los bienes materiales y espirituales que de Ti hemos recibido, para gloria tuya y bien de todos nuestros hermanos.2.Padre Dios, te pedimos por todos los gobernantes de nuestros pueblos y naciones, para que, conscientes de que no son dueños, sino administradores del tesoro público, sepan administrarlo sabiamente, en bien de sus hermanos, especialmente de los más necesitados.3.Padre Dios, ponemos en tus manos la vida de todos nuestros hermanos, especialmente de los más necesitados, de los que viven en medio de la escasez y la miseria material y espiritual, para que quienes estamos a su lado, sepamos compartir con ellos todo lo que somos y lo que tenemos.4.Padre Dios, te pedimos por el Jubileo de los Catequistas, para que todos aquellos que presentan este servicio, estén dispuestos a dar su vida por la evangelización.5.Padre Dios, por todos los que estamos participando en esta celebración, para que, con tu ayuda, seamos conscientes de que estamos de paso por este mundo, el cual no nos pertenece, sino que nuestra meta eres Tú; y así, día a día, acumulemos tesoros, no para este mundo, sino para la vida eterna.Oración conclusivaPadre Dios, acoge los ruegos y las súplicas de tu pueblo, para que guiados por tu Santo Espíritu, vivamos movidos, no por los criterios de este mundo, sino por los criterios de tu Hijo, que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos.R. Amén.

Vie 12 Sep 2025

Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo

VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSEPTIEMBRE 14 DE 2025Primera lectura: Éx 32,7-11.13-14Salmo: 51(50),3-4. 12-13.17 y 19Segunda lectura: 1Tm 1,12-17Evangelio: Lc 15, 1-32 (forma larga) o Lc 15,1-10 (forma breve).I. Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn el domingo XXIV del tiempo durante el año la Palabra de Dios llega a un momento cumbre del Evangelio de Lucas por el tema de la misericordia, característico del tercer evangelio. Es un domingo para contemplar el rostro paterno de Dios misericordioso y compasivo. Las lecturas nos ayudan a descubrir esos rasgos característicos de la misericordia y nos plantean ideas fundamentales:¾ El Señor se arrepiente de las amenazas. Es claro que la misericordia triunfa sobre el juicio y que la bendición está por encima de la ira y del castigo.¾ Renovarse interiormente es un camino, una peregrinación existencial que parte de la necesidad de regresar al punto donde nos hemos perdido y nos hemos desviado del sendero.¾ Cristo vino para salvar a los pecadores. La misericordia tiene un rostro concreto y el perdón se entiende cuando se ha vivido y experimentado de cerca la misericordia de Dios.¾ La conversión implica siempre una peregrinación de la vida, un movimiento que nos saca de nuestras comodidades para ir a la búsqueda de la plenitud, pero ante todo, para dejarnos encontrar por el Señor.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Llegamos al corazón del Evangelio de la misericordia, donde el Evangelista Lucas nos presenta un capítulo que tiene una parábola doble (la oveja y la moneda perdida) y una parábola más larga sobre el padre misericordioso y los dos hermanos.El tema está enmarcado por una realidad: algo o alguien se pierde y es encontrado. La oveja y la moneda implican un ejercicio de búsqueda mientras que el Padre espera el regreso del hijo menor.El encuentro genera gozo, fiesta, banquete, porque este encuentro es el fruto de la conversión, del regreso, de la recuperación de la dignidad perdida.La conversión genera gozo en el que se convierte y en Dios que recupera, pero debería generar muchísimo gozo en la comunidad que acompaña la conversión y que no puede asumir la actitud rival del hermano mayor.En el contexto de la liturgia dominical, la comunidad se une en la súplica por laconversión de sus miembros, orando unos por otros para lograr que la misericordia de Dios (Primera lectura) que hace que un corazón quebrantado y humillado no sea despreciado (salmo). Todo esto es posible no solamente por un esfuerzo humano de cambio sino porque Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores.La experiencia de la conversión es siempre experiencia de encuentro, implica dejarse encontrar por el Señor, pero también experimentar la búsqueda de aquello que nos devuelva la dignidad que se va perdiendo en el camino por nuestros pecados.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En el año del jubileo de la esperanza es importante dejar resonar un proyecto permanente en la vida de los creyentes: Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre.Como en el proceso de comprensión de la historia de Israel, muchas veces la vida puede verse inmersa en un proceso que implica pecado, experiencia de pérdida, recapacitar y emprender el camino de vuelta.La conversión es una llamada permanente, pero implica hacer el proceso correcto porque no puede darse vuelta sin haber reconocido el pecado y sin haber tenido la experiencia de la pérdida.En un mundo donde las relaciones se vuelven cada vez más anónimas y la sociedad se diluye en un utilitarismo desmedido, la misericordia de Dios resplandece como la garantís de lo que puede dar sentido a la peregrinación y a la vida en general.El perdón implica reconocer primero que el don es mayor al límite. El don es superior: Dios ha sacado de la tierra de la esclavitud, por eso siempre Dios tendrá memoria de su amor y su misericordia.Un ser humano perdonado y amado expresa su agradecimiento amando y perdonando, de tal manera que los lazos de la fraternidad no se rompan y que nunca se exprese una fraternidad rota que busca compararse y competir. El amor y la misericordia no compiten, sino que se convierten en apoyo.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Bula del año de la misericordia expresaba al fina una tarea para la Iglesia de todos los tiempos: “La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola yviviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene.” (Misericordiae Vultus 25)En este sentido, la súplica no puede quedarse en la misericordia solo en vía descendente (del Padre a los hombres) sino también en vía horizontal (entre los hombres). Sólo el amor y la misericordia podrán salvar y reconstruir los tejidos sociales rotos y posibilitarán la reconstrucción de lo que se ha dañado.La justicia no puede ser, entonces, dar a cada uno lo que corresponde, porque si es así no podríamos tener esperanza en nuestra relación con Dios. La justicia es la puesta en práctica de la ley del amor. En la bula de convocación al jubileo de la esperanza se nos clarifica también que la misericordia adquiere rostro concreto en la fraternidad y eso debe lanzar una tarea concreta: “Se trata, por lo tanto, de un juicio diferente al de los hombres y los tribunales terrenales; debe entenderse como una relación en la verdad con Dios amor y con uno mismo en el corazón del misterio insondable de la misericordia divina. En este sentido, la Sagrada Escritura afirma: «Tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento […] y, al ser juzgados, contamos con tu misericordia» (Sb 12,19.22). Como escribía Benedicto XVI, «en el momento del Juicio experimentamos y acogemos este predominio de su amor sobre todo el mal en el mundo y en nosotros. El dolor del amor se convierte en nuestra salvación y nuestra alegría»” (No. 22)Recomendaciones prácticas- Día del migrante.- 15 de septiembre. Jubileo de la Consolación- 20 de septiembre. Jubileo de los trabajadores de la justicia.I. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria de la MisaEn este domingo, la comunidad reunida cantas las alabanzas a Dios que nos ha amado y nos ha perdonado en su Hijo muy amado, Jesucristo, vencedor de la muerte.Experimentamos que como peregrinos de la esperanza nos anima la misericordia que Dios que siempre nos saca de nuestras esclavitudes y nos conduce al seno de la familia y del amor.Acerquémonos al altar que nos convoca y sintamos las muestras de amor permanente de un Dios que sigue contando con cada uno de nosotros.Monición a la Liturgia de la PalabraSomos peregrinos de esperanza y nuestra lucha se ve tocada siempre por la debilidad y el pecado, pero esa realidad no tiene la última palabra. Creemos que Cristo nos ha traído la paz y nos ha reconciliado con el Padre en su misterio pascual. Abramos nuestros oídos a su Palabra y dejemos que su amor toque nuestra existencia.Oración universal o de los fielesPresidente: La presencia del Padre misericordioso en nuestra vida nos alienta para no perder la esperanza. Presentémosle nuestra oración confiada.R/. Tú que siempre nos perdonas, escucha nuestra oración.1. Por el Papa Francisco y nuestro Obispo N., para que siempre sean transparencia del rostro paterno de Dios en la comunidad y puedan comunicar y dispensar la misericordia y el amor a todos. Oremos al Señor.2. Por nuestros gobernantes y líderes, para que en su tarea diaria procuren reconstruir los lazos rotos en las comunidades y promuevan la unidad y la paz, especialmente por la población migrante. Oremos al Señor.3. Por todos los que sufren para experimenten nuestra caridad viva y eficaz y sientan cómo los ama Dios a través de los hermanos. Oremos al Señor.4. Por quienes participarán en el Jubileo de la Consolación y de los trabajadores de la justicia, para que nunca desfallezcan antes los obstáculos que se les presente en el camino. Oremos al Señor.5. Por quienes estamos en asamblea litúrgica, para que nuestro compromiso permanente con la paz nos ayude a ser peregrinos de la esperanza y constructores de paz y el perdón entre todos. Oremos al SeñorOración conclusivaPadre misericordioso que acoges y acompañas a tus hijos en el camino, escucha las oraciones que confiamos a tu bondad. Por Jesucristo nuestro SeñorR. Amén.

Lun 8 Sep 2025

Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo

VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOSEPTIEMBRE 14 DE 2025Primera lectura: Éx 32,7-11.13-14Salmo: 51(50),3-4. 12-13.17 y 19Segunda lectura: 1Tm 1,12-17Evangelio: Lc 15, 1-32 (forma larga) o Lc 15,1-10 (forma breve).I. Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónEn el domingo XXIV del tiempo durante el año la Palabra de Dios llega a un momento cumbre del Evangelio de Lucas por el tema de la misericordia, característico del tercer evangelio. Es un domingo para contemplar el rostro paterno de Dios misericordioso y compasivo. Las lecturas nos ayudan a descubrir esos rasgos característicos de la misericordia y nos plantean ideas fundamentales:¾ El Señor se arrepiente de las amenazas. Es claro que la misericordia triunfa sobre el juicio y que la bendición está por encima de la ira y del castigo.¾ Renovarse interiormente es un camino, una peregrinación existencial que parte de la necesidad de regresar al punto donde nos hemos perdido y nos hemos desviado del sendero.¾ Cristo vino para salvar a los pecadores. La misericordia tiene un rostro concreto y el perdón se entiende cuando se ha vivido y experimentado de cerca la misericordia de Dios.¾ La conversión implica siempre una peregrinación de la vida, un movimiento que nos saca de nuestras comodidades para ir a la búsqueda de la plenitud, pero ante todo, para dejarnos encontrar por el Señor.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Llegamos al corazón del Evangelio de la misericordia, donde el Evangelista Lucas nos presenta un capítulo que tiene una parábola doble (la oveja y la moneda perdida) y una parábola más larga sobre el padre misericordioso y los dos hermanos.El tema está enmarcado por una realidad: algo o alguien se pierde y es encontrado. La oveja y la moneda implican un ejercicio de búsqueda mientras que el Padre espera el regreso del hijo menor.El encuentro genera gozo, fiesta, banquete, porque este encuentro es el fruto de la conversión, del regreso, de la recuperación de la dignidad perdida.La conversión genera gozo en el que se convierte y en Dios que recupera, pero debería generar muchísimo gozo en la comunidad que acompaña la conversión y que no puede asumir la actitud rival del hermano mayor.En el contexto de la liturgia dominical, la comunidad se une en la súplica por laconversión de sus miembros, orando unos por otros para lograr que la misericordia de Dios (Primera lectura) que hace que un corazón quebrantado y humillado no sea despreciado (salmo). Todo esto es posible no solamente por un esfuerzo humano de cambio sino porque Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores.La experiencia de la conversión es siempre experiencia de encuentro, implica dejarse encontrar por el Señor, pero también experimentar la búsqueda de aquello que nos devuelva la dignidad que se va perdiendo en el camino por nuestros pecados.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En el año del jubileo de la esperanza es importante dejar resonar un proyecto permanente en la vida de los creyentes: Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre.Como en el proceso de comprensión de la historia de Israel, muchas veces la vida puede verse inmersa en un proceso que implica pecado, experiencia de pérdida, recapacitar y emprender el camino de vuelta.La conversión es una llamada permanente, pero implica hacer el proceso correcto porque no puede darse vuelta sin haber reconocido el pecado y sin haber tenido la experiencia de la pérdida.En un mundo donde las relaciones se vuelven cada vez más anónimas y la sociedad se diluye en un utilitarismo desmedido, la misericordia de Dios resplandece como la garantís de lo que puede dar sentido a la peregrinación y a la vida en general.El perdón implica reconocer primero que el don es mayor al límite. El don es superior: Dios ha sacado de la tierra de la esclavitud, por eso siempre Dios tendrá memoria de su amor y su misericordia.Un ser humano perdonado y amado expresa su agradecimiento amando y perdonando, de tal manera que los lazos de la fraternidad no se rompan y que nunca se exprese una fraternidad rota que busca compararse y competir. El amor y la misericordia no compiten, sino que se convierten en apoyo.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Bula del año de la misericordia expresaba al fina una tarea para la Iglesia de todos los tiempos: “La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola yviviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene.” (Misericordiae Vultus 25)En este sentido, la súplica no puede quedarse en la misericordia solo en vía descendente (del Padre a los hombres) sino también en vía horizontal (entre los hombres). Sólo el amor y la misericordia podrán salvar y reconstruir los tejidos sociales rotos y posibilitarán la reconstrucción de lo que se ha dañado.La justicia no puede ser, entonces, dar a cada uno lo que corresponde, porque si es así no podríamos tener esperanza en nuestra relación con Dios. La justicia es la puesta en práctica de la ley del amor. En la bula de convocación al jubileo de la esperanza se nos clarifica también que la misericordia adquiere rostro concreto en la fraternidad y eso debe lanzar una tarea concreta: “Se trata, por lo tanto, de un juicio diferente al de los hombres y los tribunales terrenales; debe entenderse como una relación en la verdad con Dios amor y con uno mismo en el corazón del misterio insondable de la misericordia divina. En este sentido, la Sagrada Escritura afirma: «Tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento […] y, al ser juzgados, contamos con tu misericordia» (Sb 12,19.22). Como escribía Benedicto XVI, «en el momento del Juicio experimentamos y acogemos este predominio de su amor sobre todo el mal en el mundo y en nosotros. El dolor del amor se convierte en nuestra salvación y nuestra alegría»” (No. 22)Recomendaciones prácticas- Día del migrante.- 15 de septiembre. Jubileo de la Consolación- 20 de septiembre. Jubileo de los trabajadores de la justicia.I. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria de la MisaEn este domingo, la comunidad reunida cantas las alabanzas a Dios que nos ha amado y nos ha perdonado en su Hijo muy amado, Jesucristo, vencedor de la muerte.Experimentamos que como peregrinos de la esperanza nos anima la misericordia que Dios que siempre nos saca de nuestras esclavitudes y nos conduce al seno de la familia y del amor.Acerquémonos al altar que nos convoca y sintamos las muestras de amor permanente de un Dios que sigue contando con cada uno de nosotros.Monición a la Liturgia de la PalabraSomos peregrinos de esperanza y nuestra lucha se ve tocada siempre por la debilidad y el pecado, pero esa realidad no tiene la última palabra. Creemos que Cristo nos ha traído la paz y nos ha reconciliado con el Padre en su misterio pascual. Abramos nuestros oídos a su Palabra y dejemos que su amor toque nuestra existencia.Oración universal o de los fielesPresidente: La presencia del Padre misericordioso en nuestra vida nos alienta para no perder la esperanza. Presentémosle nuestra oración confiada.R/. Tú que siempre nos perdonas, escucha nuestra oración.1. Por el Papa Francisco y nuestro Obispo N., para que siempre sean transparencia del rostro paterno de Dios en la comunidad y puedan comunicar y dispensar la misericordia y el amor a todos. Oremos al Señor.2. Por nuestros gobernantes y líderes, para que en su tarea diaria procuren reconstruir los lazos rotos en las comunidades y promuevan la unidad y la paz, especialmente por la población migrante. Oremos al Señor.3. Por todos los que sufren para experimenten nuestra caridad viva y eficaz y sientan cómo los ama Dios a través de los hermanos. Oremos al Señor.4. Por quienes participarán en el Jubileo de la Consolación y de los trabajadores de la justicia, para que nunca desfallezcan antes los obstáculos que se les presente en el camino. Oremos al Señor.5. Por quienes estamos en asamblea litúrgica, para que nuestro compromiso permanente con la paz nos ayude a ser peregrinos de la esperanza y constructores de paz y el perdón entre todos. Oremos al SeñorOración conclusivaPadre misericordioso que acoges y acompañas a tus hijos en el camino, escucha las oraciones que confiamos a tu bondad. Por Jesucristo nuestro SeñorR. Amén.