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lectio dominical

Vie 30 Ene 2026

Será grande la recompensa que recibirán en el cielo

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOFebrero 01 de 2026Primera lectura: So 2, 3; 3, 12-13Salmo: Sal 146 (145), 6c-7. 8-9a. 9bc-10 (R. Mt 5, 3)Segunda lectura: 1Co 1, 26-31Evangelio: Mt 5, 1-12aI.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa felicidad, anhelo profundo del ser humano, encuentra en la propuesta de Jesús, en el evangelio de hoy, un horizonte novedoso. Las bienaventuranzas se presentan como un camino distinto al que la sociedad actual imaginaría o propondría para alcanzarla. Al respecto, el papa Francisco decía en su catequesis del 29 de enero de 2020: “Este texto abre el “Sermón de la Montaña” que ha iluminado la vida de los creyentes y también de muchos no creyentes. Es difícil no ser tocado por estas palabras de Jesús, y es justo el deseo de entenderlas y de acogerlas cada vez más plenamente. Las bienaventuranzas contienen la “carta de identidad” del cristiano ―es nuestro carnet de identidad―, porque dibujan el rostro de Jesús, su forma de vida”.En relación con este evangelio, el profeta Sofonías, en la primera lectura, al anunciar la llegada del día de la ira del Señor a causa de la injusticia, se dirige a los humildes para que lo busquen y encuentren refugio en Él. Dios hará de este pueblo pobre y humilde aquel que practique su derecho y busque la justicia.Así mismo, san Pablo recuerda a los Corintios que Dios ha conformado la comunidad eligiendo a los humildes, débiles y despreciados, a quienes el mundo considera insignificantes. Así confunde a los sabios y poderosos que se creen los más importantes. Con ellos subraya que la verdadera sabiduría y el verdadero poder provienen de Dios, no de la razón humana.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El profeta Sofonías afirma que, a pesar de la inminencia del día de la ira del Señor –un juicio para el pueblo–, aún hay tiempo para la conversión. Su llamado se dirige a los humildes, capaces de reconocer que no son el poder, las riquezas, el oro ni la plata lo que puede salvar, sino únicamente el amor misericordioso del Señor.Este pueblo, que confía en la salvación de Dios por su amor misericordioso, se sostiene en la imagen de Jerusalén fundada sobre un pequeño resto fiel con el cual el Señor cumplirá sus promesas. Ese resto, también llamado “pueblo pobre y humilde”, hará posible el inicio de una nueva época marcada por la justicia, la paz, la serenidad y la alegría de sus habitantes.San Pablo enseña a los Corintios que el cristiano no puede buscar elocuencia, erudición, poder ni honor, porque Dios está muy lejos de todo eso. El querer de Dios se encuentra en la gente humilde que no ansía poder, no en el arrogante que se cree superior por su sabiduría o santidad. Dios salva a quien se arrepiente de sus pecados, porque en su debilidad busca a Jesús como Salvador.El misterio de la cruz, para Pablo, solo puede parecer “locura y debilidad de Dios”, ante la razón humana, y precisamente por eso se convierte en “fuerza y sabiduría de Dios” para los creyentes. El apóstol no rechaza la razón, la ciencia ni el progreso; se opone más bien a todo proyecto humano que, dejando de lado al Dios revelado en la cruz de Jesús, termina construyendo sociedades basadas en la injusticia, la discriminación, la opresión y la violencia.El evangelio de hoy, según recuerda el papa Francisco, es para toda la humanidad: “Jesús, viendo a la multitud que le seguía, sube al suave monte que rodea el lago de Galilea, se sienta y, dirigiéndose a sus discípulos, anuncia las bienaventuranzas. El mensaje, pues, se dirige a los discípulos, pero en el horizonte están las multitudes, es decir, toda la humanidad. Es un mensaje para toda la humanidad”, (Catequesis del 29 de enero de 2020).Las bienaventuranzas constituyen el punto de partida y la clave de interpretación del Sermón de la Montaña. Representan el nuevo programa del reinado de Dios. Jesús mismo es el modelo de quien las vive: el pobre por excelencia que confía y se abandona en las manos del Padre; el misericordioso, humilde y limpio de corazón que acepta su voluntad, incluso en la pasión y la muerte. En ellas Jesús anuncia el inicio del reinado que ya acontece en los pobres. En ellos comienza la nueva creación. En este discurso, la pobreza material se transforma en “pobreza de corazón”, abierta a la confianza en la providencia de Dios; el sufrimiento se convierte en “consuelo” mesiánico, que da sentido al dolor y a la muerte; y el hambre y la sed de justicia en “esperanza” del cambio radical que traerá la Buena Noticia. De ahí que la persecución, fruto de la fidelidad a estos valores, configure la vida del discípulo con la del mismo Jesús.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En el mundo actual es resulta difícil ser pobre y humilde. Parece que a los soberbios, arrogantes y mentirosos les va mejor: triunfan y ocupan posiciones de poder, mientras que los sencillos quedan relegados, sin cargos importantes ni reconocimiento. Con frecuencia su sinceridad les cuesta la confianza de sus superiores, e incluso les priva de oportunidades de progreso político, económico o social. La conversión, en la perspectiva de Sofonías, exige renunciar al orgullo, la prepotencia y al egoísmo, para volver a la comunión con Dios y con los hermanos.El Dios en quien creemos no elige a los ricos, poderosos o influyentes para llevar a cabo su obra, sino que se sirve de la fragilidad y debilidad humanas para realizar su proyecto de salvación y liberación.La Palabra de hoy invita a confiar en Dios, que acoge lo humilde y lo débil del mundo. La sociedad considera feliz al rico, al famoso, al poderoso; y, en contraste ve al pobre como un desdichado. Jesús revela el verdadero rostro de un Dios que se solidariza con los pobres, los humildes, los maltratados y los explotados de todos los tiempos, y que a todos ofrece, sin distinción, la salvación. Sus palabras siguen teniendo plena vigencia: “¡Bienaventurados los pobres! ¡Bienaventurados los que lloran!”.El pobre en el evangelio –o quien posee espíritu de pobreza– es aquel que sabe confiar en Dios, no en el dinero ni en las cosas, muchas o pocas, que pueda tener. Es el que sabe compartir y ser solidario con los demás. Nosotros, discípulos de Jesús, encontramos aquí una palabra de aliento y esperanza en el Señor, que, como proclama María: “Hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos” (Lc 1, 51-53).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Para que la Palabra de Dios resuene más profundamente en nosotros, preguntémonos:•¿Estoy dispuesto a renunciar a la lógica de la imposición, de la prepotencia, del orgullo y de la autosuficiencia, tanto en mi relación con Dios como en la relación con los demás?•¿Dónde creo que se encuentra la verdadera libertad que llena de felicidad el corazón?•Para construir una sociedad más justa y fraterna, ¿qué debemos hacer?El discípulo de Jesús, en todo tiempo, está llamado a seguir su estilo de vida. No se trata de ideales inalcanzables, sino de un camino concreto que debemos recorrer en el seguimiento de quien nos enseña a ser verdaderamente bienaventurados._______________________Recomendaciones prácticas:•2 de febrero. Fiesta de la Presentación del Señor – Jornada Mundial de la Vida Consagrada: La liturgia propone un esquema sencillo de bendición de los cirios, con o sin procesión, antes de iniciar la Eucaristía.•Es importante tener en cuenta el mensaje del Papa para esta Jornada, motivando de manera especial la oración por las vocaciones a la vida sacerdotal, consagrada y religiosa.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn estos domingos del Tiempo Ordinario vamos conociendo a Jesús en su vida pública. Él nos enseña a descubrir al Padre y su proyecto de salvación, invitándonos a participar de los valores del Reino de Dios. Que la celebración de la Eucaristía nos alimente con su Palabra y con su Cuerpo y Sangre, necesarios para llevar a plenitud nuestra vida cristiana. Monición a la liturgia de la PalabraNuestras comunidades cristianas están formadas, en su mayoría, por mujeres y hombres empobrecidos. Hoy la Palabra nos recuerda que los humildes y pobres son los preferidos del corazón de Dios. Con nosotros quiere realizar un proyecto de vida y de salvación, en el que aprendamos a compartir como hermanos todo lo que hemos recibido de Él.Oración universal o de los fielesPresidente: Al Padre Dios, que acoge a todos en su amor y escucha al que con fe recurre a Él, digámosle:R/. Padre de amor, escucha nuestra oración.1.Por toda la Iglesia, para que viva con decisión la opción preferencial por los pobres. Roguemos al Señor.2.Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que, fieles a la Palabra de Dios, den frutos de santidad para gloria tuya y bien de la Iglesia. Roguemos al Señor.3.Por los gobernantes, para que sus decisiones promuevan la justicia social y atiendan las necesidades de los más pobres y desamparados. Roguemos al Señor.4.Por quienes sufren: los enfermos, migrantes, desamparados y quienes viven en miseria, para que encuentren en la fe al Dios que no los abandona. Roguemos al Señor.5.Por todos nosotros, que al participar de la Eucaristía nos alimentamos de Jesús, el Bienaventurado por excelencia, y aprendamos de Él a ser pobres, humildes y limpios de corazón. Roguemos al Señor.Oración conclusivaPadre de misericordia, que conoces nuestras necesidades, escucha las súplicas que con fe te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Vie 23 Ene 2026

Una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIODOMINGO DE LA PALABRA DE DIOSEnero 25 de 2026Primera lectura: Is 8, 23b–9, 3Salmo: Sal 27 (26), 1bcde. 4. 13-14 (R. 1b)Segunda lectura: 1Co 1, 10-13. 17Evangelio: Mt 4, 12-23 (forma larga) o Mt 4, 12-17 (forma breve)I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa profecía de Isaías (primera lectura) encuentra su cumplimiento en el Evangelio de san Mateo. Jesús proclama: “El Reino de Dios está aquí”. De inmediato anuncia que, para dar a conocer la Buena Noticia, cuenta con testigos: hombres y mujeres llamados a ser evangelizadores. El camino es significativo: Jesús no emprende la misión en solitario, sino en comunidad. San Pablo comparte la misma convicción: el Señor lo llamó a ser testigo del evangelio en comunidad, sin dar lugar a divisiones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Cafarnaún está en Galilea, a orillas del lago de Tiberíades, en los territorios de Zabulón y Neftalí. Estos nombres de antiguas tribus de Israel ya no eran de uso corriente, pertenecían al pasado. En el libro de Josué ninguna aldea pertenecía al mismo tiempo a dos tribus. La intención de Mateo no es geográfica, sino teológica: mostrar la luz de Dios brillando sobre Israel y sobre toda la humanidad. Galilea, encrucijada de pueblos, es la puerta abierta al mundo. A partir de ahora, la salvación de Dios, traída por el Mesías, resplandece sobre todas las naciones.Mateo retoma expresiones del ritual de coronación de un rey al evocar la llegada de Jesús: “El pueblo que habitaba en las tinieblas vio surgir una gran luz. Sobre los que habitaban el país de las sombras y de la muerte, se levanta una luz”. Con ellos nos dice que el verdadero Rey del mundo vino a habitar entre nosotros.Al narrar la partida de Jesús hacia Galilea, después del arresto de Juan el Bautista, Mateo afirma dos realidades: primero, la vida de Jesús está marcada por la persecución; segundo, el mal no tiene la última palabra. Jesús huye de la persecución, pero en su camino la Buena Noticia se expande aún más: Dios hace surgir el bien del mal. El evangelio mostrará al final que, de los sufrimientos y de la muerte, brota la Vida.Mateo emplea una fórmula clave: “A partir de este momento”. La usa aquí y en Mt 16. En ambos casos marca una encrucijada: aquí “a partir de este momento, Jesús empieza a anunciar: conviértanse, el Reino de los cielos está cerca”; y en Mt 16: “A partir de este momento, Jesús comenzó a mostrarles a los discípulos que era necesario ir a Jerusalén, sufrir mucho por parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, sufrir la muerte y, al tercer día, ser levantado”.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En Mt 4 vemos el inicio de la misión pública de Jesús. El evangelio ha preparado este momento: primero, la genealogía que sitúa a Jesús en la historia de su pueblo, descendiente de David (Mt 1); luego, el anuncio del ángel a José: “He aquí que una virgen concebirá un hijo a quien le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir, Dios con nosotros”, cumpliendo lo dicho por el profeta Isaías.Los episodios siguientes confirman este mensaje de cumplimiento: la visita de los magos, la huida a Egipto, la masacre de los niños de Belén, el regreso de Egipto y la instalación de la familia en Nazaret (Mt 2). Después, la predicación de Juan Bautista, el bautismo de Jesús (Mt 3) y el relato de las tentaciones (Mt 4, 1-11). Todos están llenos de citas y alusiones a las Escrituras. Mateo quiere mostrar que en Jesús se realizan las promesas. Su instalación en Cafarnaún cumple lo anunciado por Isaías: en Él, Dios acompaña siempre nuestra vida.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?En este domingo de la Palabra de Dios pedimos al Señor que su palabra viva en nosotros como persona: Jesús de Nazaret, a quien conocemos cada día mejor en la oración, en la Sagrada Escritura, en los sacramentos, en la vida de familia y comunidad, en los signos de los tiempos y en la historia de cada semana.Jesús es Palabra viva en el rostro de los pobres, de los marginados, de las familias necesitadas, en quienes son solidarios y buscan mejores condiciones de vida, salud, educación y trabajo para sus hermanos y hermanas. Que al salir de prisa a su encuentro, sepamos transparentar el rostro de Cristo Jesús._______________________Recomendaciones prácticas:•Leer la nota sobre el domingo de la Palabra de Dios publicada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 17 de diciembre de 2020.•Se sugiere exaltar la proclamación de la Palabra con el Evangeliario: llevado con solemnidad en la procesión de entrada y, en el momento del evangelio, tomado del altar y llevado al Ambón precedido del incensario y los ciriales. El objetivo es que los fieles perciban la necesidad insustituible de escuchar y vivir la Palabra de Dios para fortalecer sus vidas (cf. OGMR 120,172 y 175).•También se podría entregar la Biblia o alguno de sus libros a toda la asamblea, como signo de la importancia de la lectura, la profundización y la oración diaria con la Sagrada Escritura, prestando especial atención a la Lectio Divina (cf. Aperuit illis 3).II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Bienvenidos a la Eucaristía en el domingo de la Palabra de Dios. Diversos pasajes de la Escritura nos hablan de la Palabra de vida, hecha carne, que penetra hasta lo profundo del corazón y nos mueve a decidir siempre en favor del bien. Hoy compartimos el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía, alimento que fortalece nuestra fe durante la semana.Monición a la liturgia de la Palabra “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119, 105). Hoy, en la Eucaristía, la Palabra nos invita a levantar la cabeza y a abrir nuestra casa para que todos, sin excepción, experimenten el amor compasivo y universal de Dios Padre. El Reino de Dios está entre nosotros y todos estamos llamados a ser evangelio, es decir, Buena Noticia para los demás.Oración universal o de los fieles Presidente: En este domingo de la Palabra de Dios, oremos al Padre por medio de su Hijo Jesucristo y digamos:R/. Escúchanos, Señor de la Palabra.1.Por la Iglesia y por nuestros ministros ordenados, para que todos seamos testigos del Evangelio. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones, para que trabajen con decisión en favor de los pobres, la justicia y la paz. Oremos.3.Por los catequistas y misioneros, para que propaguen el conocimiento de la Palabra de Dios y la Lectio Divina. Oremos.4.Por quienes sufren diversas pruebas, para que nuestro servicio solidario sea para ellos consuelo y esperanza. Oremos.5.Por nosotros, reunidos en esta Eucaristía, para que la Palabra de Dios sea criterio constante de discernimiento en nuestra vida. Oremos.Oración conclusivaPadre de bondad, tú conoces nuestras motivaciones y necesidades. Acoge nuestras súplicas y concédenos el regalo de vivir del Pan de tu Palabra y del Pan de la Eucaristía para ser fieles a nuestra vocación cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Vie 16 Ene 2026

Éste es el Elegido de Dios

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOEnero 18 de 2026Primera lectura: Is 49, 3. 5-6Salmo: Sal 40 (39), 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 (R. cf. 8a-9a)Segunda lectura: 1Co 1, 1-3Evangelio: Jn 1, 29-34I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa respuesta al salmo de hoy “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, recuerda la disposición de quien es llamado por el Señor a cumplir una misión dentro del plan que Dios tiene para la humanidad y para el mundo. Él elige a personas concretas para que sean testigos de ese proyecto en la historia.La primera lectura nos presenta al Siervo de Yahvé, elegido por Dios con una misión específica: ser luz de las naciones para que su salvación llegue hasta los confines de la tierra.La segunda lectura recuerda a los cristianos de Corinto que todos son llamados por Dios a llevar una vida comprometida con los valores del Reino.En cuanto al evangelio, recordamos las palabras del papa Francisco en el Ángelus del 19 de enero de 2020: “Este segundo domingo del Tiempo Ordinario supone una continuación a la Epifanía y la fiesta del Bautismo de Jesús. El pasaje evangélico (cf. Jn 1, 29-34) nos habla aún de la manifestación de Jesús. En efecto, después de haber sido bautizado en el río Jordán, Jesús fue consagrado por el Espíritu Santo que se posó sobre Él y fue proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre celestial (cf. Mt 3, 16-17 y siguientes). El evangelista Juan, a diferencia de los otros tres, no describe el evento, sino que nos propone el testimonio de Juan el Bautista. Fue el primer testigo de Cristo. Dios lo había llamado y preparado para esto”.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La primera lectura de hoy corresponde a un fragmento del segundo cántico del Siervo de Yahvé, a quien se le confía una misión que se cumple en medio del sufrimiento y de la persecución. Aunque su tarea consiste en reunir a las tribus de Jacob, es decir, al pueblo de Israel, se considera poco, y por ello se le encomienda ser luz de las naciones. Así, su misión adquiere un carácter universal.En la segunda lectura, Pablo ratifica su título de apóstol: ha sido llamado por Dios y su ministerio consiste en anunciar a su Señor y conducir a los elegidos a la comunión con Él. Luego se dirige a los destinatarios como a la “Iglesia de Dios de Corinto”. Esta comunidad no está sola: es parte de la gran asamblea convocada por Dios, a la que pertenecen hombres y mujeres de cualquier raza o nación, “consagrados a Cristo Jesús con una vocación santa” e invocando el nombre de Jesús en todas partes. En el último versículo aparece el habitual saludo de gracia y paz con que Pablo se dirige a la mayoría de las comunidades. Esta lectura es el inicio de la carta que escucharemos durante varios domingos.El evangelio transmite el testimonio de Juan el Bautista, quien presenta la identidad de Jesús con dos afirmaciones: “Es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29) y “el Espíritu ha descendido y se ha posado sobre él, por eso bautizará con el Espíritu Santo” (v. 33). Como Cordero de Dios, Jesús se ofrecerá en sacrificio, igual que los corderos pascuales sacrificados por Israel. Él asume la condición humana y ofrece su vida en la cruz como entrega voluntaria y servicio de amor a la humanidad, porque ha sido ungido y confirmado por el Espíritu Santo. El evangelista no narra el bautismo de Jesús, sino que alude a él mediante el testimonio de Juan el Bautista, quien no solo ve descender al Espíritu Santo, sino que le atribuye una misión precisa: bautizar en el Espíritu, acción propia de Dios, que derrama su Espíritu sobre la humanidad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Palabra de Dios hoy nos recuerda que el origen de toda vocación está en Dios: Él es quien elige, llama y confía una misión. La vocación solo se entiende a la luz de Dios. Esta conciencia nos lleva a reconocer que el Señor llama al hombre para dar testimonio de su amor y de su salvación ofrecida a todos. En el centro del llamado está la santidad: somos llamados a ser santos, lo cual implica acoger la propuesta liberadora de Jesús y vivir de acuerdo con los valores del Reino.Es fundamental recordar que la Iglesia es la comunidad de los “llamados a la santidad”. Está formada por “todos los que invocan, en cualquier lugar, el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, sin distinción de color de piel, condiciones sociales, ideas políticas o diferencias culturales. En la Iglesia todos somos uno en Cristo, llamados a vivir en amor y unidad.Tampoco debemos olvidar que, como discípulos misioneros, hemos sido llamados a vivir en santidad y a luchar contra el pecado, que siempre busca apartarnos de la comunión con Dios y con los demás. Pero en esta lucha contamos con la fuerza del Espíritu Santo, quien nos anima a vivir en plenitud.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Para acoger la Palabra de Dios en nuestra vida, preguntémonos:•¿Soy consciente de la llamada que Dios me hace hoy?•¿De qué manera respondo a esa llamada?•¿Cómo entiendo la vocación a la santidad y cómo debo vivirla?•¿Doy testimonio de Jesús confiando en la fuerza del Espíritu Santo que habita en mí?II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Después de haber celebrado, en este nuevo año litúrgico, los domingos de Adviento, la Navidad, la Epifanía y el Bautismo del Señor, iniciamos hoy los domingos del Tiempo Ordinario. Serán treinta y cuatro domingos con sus correspondientes semanas, que nos conducirán, en su primera parte, a la Cuaresma y la Pascua, y en la segunda parte hasta el final del año litúrgico. Dispongámonos a participar con fe en la Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra de Dios que hoy escuchamos nos invita a situar la vocación en el marco del plan divino. Dios tiene un proyecto de vida plena para la humanidad y elige a personas concretas como testigos de ese proyecto en la historia. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Hermanos, dirijamos al Padre todopoderoso nuestra súplica confiada por nuestras necesidades y por las del mundo entero.R/. Escucha, Padre, la oración de tu Iglesia.1.Por la Iglesia universal, para que, guiada por la fuerza del Espíritu Santo, sea siempre testimonio de santidad para todos los hombres. Roguemos al Señor.2.Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y por todo el pueblo encomendado a su cuidado, para que lo alimenten con los sacramentos que renuevan la fe y la santidad. Roguemos al Señor.3.Por nuestros gobernantes y los de todo el mundo, para que en sus decisiones busquen siempre el bien común, la paz y el desarrollo de los pueblos. Roguemos al Señor.4.Por los enfermos y por quienes sufren, para que encuentren en nosotros consuelo y ayuda en sus necesidades. Roguemos al Señor.5.Por nosotros, reunidos alrededor del altar del Señor, para que, alimentados con su Palabra, su Cuerpo y su sangre, reafirmemos nuestra vocación a la santidad. Roguemos al Señor.Oración conclusivaEscucha, Padre, la oración de tu Iglesia suplicante y concédenos en tu misericordia lo que no podemos esperar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.  

Vie 9 Ene 2026

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco

BAUTISMO DEL SEÑOREnero 11 de 2026Primera lectura: Is 42, 1-4. 6-7Salmo: Sal 29 (28), 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R. 11b)Segunda lectura: Hch 10, 34-38Evangelio: Mt 3, 13-17I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCon la fiesta del Bautismo de Jesús cerramos el Tiempo de Navidad e iniciamos el Tiempo Ordinario. El Tiempo de Navidad es propicio para contemplar la infancia de Jesús y, el Tiempo Ordinario es ocasión para meditar en lo que llamamos “la vida pública” de Jesús: lo que hizo y dijo durante sus tres años de ministerio, anunciando el Reino con obras y palabras, como lo recuerda Pedro en la segunda lectura: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”.Esta fiesta es una manifestación, revelación o epifanía de Dios, estrechamente vinculada a su pequeñez en la gruta de Belén y a la revelación al inicio de su ministerio en las bodas de Caná, cuando transforma el agua en vino.Una frase contundente en el evangelio de hoy es la voz del Padre, que se hace oír desde la nube: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Esta voz ya había sido anunciada por Isaías y hoy la escuchamos en la primera lectura: “Mira a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Es la voz del Señor que resuena sobre las aguas, sobre las aguas torrenciales, como proclamamos en el Salmo 28.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El versículo 13 afirma: “Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él”. Presenta un contexto geográfico y teológico: Jesús viene desde Galilea, región marginal, hacia el Jordán, lugar simbólico de paso y renovación para Israel (cf. Jos 3). Su decisión de ser bautizado muestra su solidaridad con la humanidad pecadora, aunque Él no tenga pecado.El versículo 14 dice: “Pero Juan trató de disuadirlo, diciendo: ‘Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’”. Aquí se reconoce la superioridad espiritual de Jesús. Además, el texto subraya la humildad de Jesús y la comprensión profética de Juan.En el versículo 15: “Jesús le respondió: ‘Deja que así sea ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia.’ Entonces Juan consintió”, la palabra “justicia” en Mateo se refiere a la voluntad de Dios. Jesús se somete al plan divino, mostrando obediencia y dando ejemplo. No se bautiza por necesidad personal, sino para manifestar su misión y revelar su identidad.El versículo 16 relata: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él”. Es la gran teofanía trinitaria: el cielo se abre (símbolo de revelación), el Espíritu desciende (unción mesiánica), y se prepara la voz del Padre. La paloma es símbolo de paz, pureza y del Espíritu Santo, y remite al diluvio (Gn 8), donde anuncia un nuevo comienzo.Finalmente, el versículo 17: “Y una voz del cielo decía: ‘Este es mi Hijo amado; en Él me complazco’”. La voz del Padre confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios, evocando el Salmo 2, 7 (“Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”) e Isaías 42, 1 (“Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma”). Se combinan así las imágenes del Mesías rey y del Siervo sufriente, anticipando la misión redentora de Jesús.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?“Este es mi Hijo amado” (v. 17). Así como Jesús es proclamado Hijo, cada bautizado es adoptado como hijo o hija de Dios (cf. Ga 4, 4-7). El bautismo no es solo un rito, sino una nueva identidad: somos parte de la familia de Dios.Jesús, sin pecado, se une a los pecadores en el Jordán. El bautismo nos llama a vivir en solidaridad, especialmente con los más necesitados. Ser bautizado implica compromiso con la justicia, la misericordia y la fraternidad.“Vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma” (v. 16). En el bautismo, recibimos el Espíritu Santo, que nos fortalece para vivir como discípulos. El Espíritu guía, consuela y capacita para la misión.“Conviene que cumplamos toda justicia” (v. 15). Jesús se somete al plan del Padre. También el bautizado está llamado a discernir y cumplir la voluntad de Dios. Esto implica vida de oración, escucha y fidelidad.El bautismo de Jesús marca el inicio de su ministerio público. El bautismo no es meta, sino punto de partida: cada bautizado es enviado a ser luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5, 13-16). Nos convierte en discípulos misioneros, llamados a anunciar el evangelio con la vida.En síntesis, este pasaje invita a redescubrir la vocación cristiana: no somos simples creyentes, sino hijos amados, llenos del Espíritu y enviados al mundo. Recordar nuestro bautismo es recordar quiénes somos y para qué vivimos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, hoy te contemplamos en el Jordán. Has bajado desde las montañas de Nazaret hasta los valles del río, para ser bautizado por tu primo y precursor, Juan el Bautista.No te contentaste con descender de los cielos y asumir nuestra naturaleza humana; también te anonadaste poniéndote en la fila de los pecadores que esperaban el bautismo de conversión. Tú no tenías pecado, pero lo hiciste porque eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos devuelve la vida, la gracia, el amor y la plenitud. Gracias, Jesús, por cargar sobre tus espaldas nuestro pecado y por liberarnos de sus cadenas. Atravesaste el Jordán, saliendo de la tierra prometida y entrando en territorio pagano, para ser bautizado por Juan y significar la entrada al verdadero Reino. Israel pasó por el Jordán para dejar atrás la esclavitud de Egipto e ingresar como pueblo libre a la tierra prometida.Cuando recibiste el bautismo, se abrieron los cielos. Antes estaban cerrados por causa del pecado; ahora tú viniste a habitar entre nosotros para que podamos habitar contigo en los cielos nuevos y en la tierra nueva, en la Jerusalén celestial, en la casa del Padre. Gracias por abrirnos los cielos de tu ternura y misericordia. Gracias, Jesús, por descender hasta nosotros para que podamos ascender contigo al Padre. Querido Jesús, para subir contigo al Padre, primero debemos bajar contigo al Jordán. Ayúdanos a dejar atrás orgullos, autosuficiencias y falsas seguridades, para ser purificados en las aguas y transformados en hijos dóciles y obedientes, en quienes el Padre se complace.Queremos sumergirnos contigo en el Jordán, en las aguas de tu amor y misericordia, para ser lavados, purificados y transformados. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Si no hay bautismos, se recomienda utilizar una de las fórmulas del rito para la bendición y aspersión del agua, en memoria del Bautismo, que sustituye el acto penitencial al comienzo de la misa (cf. Misal, Apéndice I, Formulario II, p. 1143).•Esta fiesta tiene esquema propio de celebración, incluido el Prefacio.•Propiciar un momento de silencio, después de la comunión, para dar gracias al Padre por la presencia de Jesús en la Eucaristía y en nuestras vidas.•Hoy finaliza el Tiempo de Navidad y desde mañana lunes comienza la primera parte del Tiempo Ordinario, que se prolonga hasta el martes 17 de febrero.•Liturgia de las Horas: Tomo III, Salterio de la 1ª semana.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, en la fiesta del Bautismo de Jesús nos hemos reunido para recibir de manos del Padre a su Hijo, que se nos ofrece en la Palabra y en la Eucaristía. Con un corazón complacido en Dios, participemos con alegría y gratitud.Monición a la liturgia de la Palabra El Padre quiere mostrarnos cuánto nos ama en su Hijo, y nos lo entrega para que, por Él, con Él y en Él, seamos hijos amados en quienes se complace. Acojamos al Hijo a través de la Palabra que se nos proclamará. Escuchemos con gusto y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Con la confianza de los hijos amados, presentemos nuestras súplicas al Padre por nosotros, la Iglesia y todo el mundo. Respondemos:R/. Por tu Hijo Amado, en quien te complaces, escúchanos, Padre santo.1.Padre Dios, bendice a los laicos y ministros de tu Iglesia, para que, guiados por el Espíritu Santo, anuncien a Cristo con valentía y sean signo de unidad y salvación. Oremos.2.Padre Dios, ilumina a los gobernantes y líderes, para que trabajen con justicia y humildad, promoviendo la paz, la dignidad humana y el bien común. Oremos.3.Padre Dios, fortalece a todos los bautizados para que, recordando nuestra identidad de hijos tuyos, vivamos con fidelidad y demos testimonio del evangelio. Oremos.4.Padre Dios, acompaña a nuestra comunidad parroquial, para que, animada por el Espíritu, crezca en fraternidad, solidaridad y compromiso con los más necesitados. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, que en el bautismo de tu Hijo revelaste tu amor, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Sáb 3 Ene 2026

Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría

EPIFANÍA DEL SEÑOREnero 04 de 2026Primera lectura: Is 60, 1-6Salmo: Sal 72 (71), 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R. cf. 11)Segunda lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6Evangelio: Mt 2, 1-12I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Epifanía revela que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, ha venido para todos los pueblos. Su manifestación universal es el cumplimiento de una esperanza antigua: la salvación está destinada a toda la humanidad.Los magos representan a todas las naciones que, al encontrar a Cristo, inician un camino nuevo: ya no guiados por estrellas, sino por la luz interior del Salvador que transforma el rumbo de sus vidas.Cada Eucaristía es una epifanía, una manifestación del Señor: Él se hace presente en signos humildes. Llevemos su luz y respondamos a la invitación de vivir según un camino nuevo, el de la conversión.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La solemnidad de la Epifanía del Señor es la fiesta de todos los pueblos. El Niño nacido en Belén ha sido revelado como el Dios hecho hombre para nuestra salvación. Esta salvación, que brota de la pequeña ciudad de David, está destinada a todos los tiempos y lugares.El evangelio de Mateo narra la visita de los magos, sabios venidos de Oriente, que encontraron al Niño con María, su madre, y lo adoraron. Este gesto anticipa lo que ocurrirá con el Cristo resucitado: los que estaban lejos buscan al Señor y lo encuentran; en cambio, quienes estaban cerca, conocían las Escrituras y sabían dónde debía nacer el Mesías, permanecen indiferentes.Los magos descubrieron en la creación las señales que los condujeron al Salvador. Su búsqueda simboliza a quienes, aun sin conocer plenamente la fe, son guiados por la sed de verdad y justicia hasta encontrar a Dios. Su camino recuerda que nadie está excluido de la posibilidad de hallarlo.En una humilde casa de Belén, los magos se postran, lo adoran y le ofrecen dones simbólicos: oro, para reconocerlo como Rey; incienso, como homenaje a su divinidad; y mirra, signo profético de su pasión y muerte. En ellos vemos representadas a todas las naciones llamadas a reconocer a Cristo como Salvador.Los magos son las primicias de los pueblos gentiles. También nosotros, que no pertenecemos al antiguo Israel, hemos sido incorporados a la nueva alianza. Éramos lejanos, pero en Cristo nos hemos vuelto cercanos.La Epifanía es una invitación a mirar más allá de nuestras fronteras, a descubrir cómo Dios se manifiesta en caminos inesperados y a acoger con gozo la salvación ofrecida a todos. El Señor sigue revelándose, y nosotros, como los magos, estamos llamados a levantarnos, ponernos en camino y adorarlo con fe y humildad.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Epifanía nos invita a levantar la mirada y no quedarnos atrapados en la oscuridad del miedo ni en la pasividad de lo establecido. La luz de Dios se manifiesta en la historia concreta de los pueblos, en medio de sus luchas y esperanzas. La profecía de Isaías presenta a Jerusalén resplandeciente, no por méritos propios, sino porque ha sido iluminada por la gloria del Señor: imagen de la Iglesia llamada a irradiar esperanza en medio de una humanidad herida.San Pablo recuerda que los gentiles – antes considerados extranjeros– son también herederos de la promesa. El evangelio confirma esta apertura universal: los magos, venidos de lejos, representan a quienes buscan sinceramente a Dios y encuentran la verdad en la humildad de un Niño.Dios sigue manifestándose hoy: en las grietas de nuestra historia, en las preguntas de los no creyentes, en gestos de justicia que brotan incluso en medio de la corrupción. Estamos llamados a ser como la estrella que guía, anunciando con nuestra vida que la luz ha venido al mundo.La Epifanía nos invita a abrirnos al otro, a reconocer la dignidad de todo ser humano como portador de una promesa. Que como Iglesia no nos encerremos, sino que iluminemos; que como los magos sigamos buscando, caminando y adorando con humildad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, luz que disipa nuestras sombras, venimos ante ti como los magos, guiados por una esperanza que no se apaga y que no queremos dejarnos arrebatar. En medio de un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y la confusión, te pedimos que renueves en nosotros el deseo de buscarte con corazón sincero. Que no nos acostumbremos a la oscuridad ni aceptemos un cristianismo sin misión. Haznos capaces de verte en lo pequeño y lo frágil, en el rostro de quienes sufren y en las preguntas de quienes aún no te conocen.Concédenos una fe inquieta, que se pone en camino y no teme salir de sí para encontrarte en las fronteras. Que nuestra vida refleje tu luz, no con palabras vacías, sino con gestos concretos de compasión, acogida y justicia.Tú que te revelaste a los pueblos como Salvador, haznos testigos de tu amor. Que nuestro encuentro contigo se traduzca en una vida entregada, en una Iglesia que abra caminos, acompañe búsquedas, adore con humildad y que sea un “hospital de campaña” donde muchos hallen sanación. Haz de nosotros estrellas que guíen a otros hacia ti. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•En la Epifanía conviene resaltar que el personaje central es Cristo y su misterio de salvación, más que la figura de los reyes magos.•Se puede preparar la procesión con los dones, presentando también ofrendas para los pobres y necesitados.•Encender una luz junto al pesebre puede ser un signo pedagógico.•Tener presente que hay un formulario distinto para la misa de la vigilia y la del día. El Prefacio es propio de la Epifanía (MR, p. 367).•Puede emplearse la fórmula de bendición solemne: En la Epifanía del Señor, (MR, p. 578).•Se recomienda utilizar la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, con la inclusión del “Reunidos en comunión…”, propio de esta solemnidad.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa ¡La gloria del Señor inunda la tierra! Hoy, en la solemnidad de la Epifanía, celebramos el misterio de la Encarnación que se revela a todos los pueblos y llena de su luz a toda la creación. Como los magos, dejémonos guiar por la estrella de la Palabra de Dios para reconocer y adorar al Señor que ha nacido por nosotros, luz de las naciones y esperanza de un mundo necesitado de sentido y salvación. Que esta santa misa sea para nosotros una manifestación viva de su presencia en medio de su pueblo.Monición a la liturgia de la PalabraEn la solemnidad, la Palabra proclama que Jesús ha venido como luz para todos. Isaías anuncia que Jerusalén resplandece con la gloria de Dios y que las naciones acuden a ella con alegría. San Pablo afirma que, en Cristo, los gentiles también son herederos de la promesa. El Evangelio de Mateo presenta a los magos, sabios extranjeros que buscan y adoran al Niño. Esta manifestación universal nos invita a reconocer cómo Dios se revela más allá de nuestras fronteras y a compartir su luz con el mundo.Oración universal o de los fielesPresidente: Hermanos, en este día en que el Señor se ha manifestado como luz para los pueblos, elevemos nuestra oración diciendo con fe:R/. Ilumina, Señor, a toda la tierra.1.Por la Iglesia, en sus antiguas raíces y en sus nuevas comunidades, para que acoja a quienes buscan a Dios y muestre en el Niño de Belén la luz verdadera de la humanidad. Oremos al Señor.2.Por los presbíteros, misioneros y catequistas, para que anuncien con alegría y fidelidad a Cristo, luz del mundo, a quienes aún no conocen el evangelio. Oremos al Señor.3.Por los hombres y mujeres de la cultura, la ciencia y el pensamiento, para que, como los magos, descubran en la creación y en la historia los signos que los conduzcan a Dios. Oremos al Señor.4.Por los que sufren, por quienes han perdido la esperanza o buscan sentido a su vida, para que encuentren en Cristo, el Hijo de María, la luz que disipa toda oscuridad. Oremos al Señor.5.Por todos los bautizados de nuestra comunidad parroquial, para que, adorando hoy al Niño Dios, anhelen un día contemplarlo en la gloria eterna.Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, que revelaste tu salvación a todas las naciones y condujiste a los sabios de Oriente a la luz de tu Hijo, escucha nuestras súplicas y haz que, guiados por tu gracia, lleguemos a contemplarte un día en la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Mar 30 Dic 2025

Y le pusieron el nombre de Jesús

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOSEnero 01 de 2026Primera lectura: Nm 6, 22-27Salmo: Sal 67 (66), 2-3. 5.6 y 8 (R. 2a)Segunda lectura: Ga 4, 4-7Evangelio: Lc 2, 16-21I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEl 1º de enero celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, ocho días después del nacimiento de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Desde 1968, por iniciativa del papa Pablo VI, este día coincide con la Jornada Mundial de Oración por la Paz, con el propósito de que el inicio del nuevo año esté marcado por un compromiso con la paz, tanto en la vida personal como en la convivencia social y política.Las lecturas bíblicas de esta solemnidad subrayan al Hijo de Dios hecho hombre y en el “nombre” del Señor. La primera lectura presenta la solemne bendición que los sacerdotes pronunciaban sobre los israelitas en las grandes fiestas religiosas. En la segunda lectura, san Pablo resume en la adopción filial la obra de salvación realizada por Cristo, en la cual la figura de María aparece íntimamente vinculada. El evangelio concluye con la imposición del nombre de Jesús, mientras María medita en silencio en su corazón el misterio de su Hijo, don singular de Dios. La Virgen nos da a su Hijo, nos muestra su rostro, Príncipe de la paz. Que ella nos ayude a permanecer en la luz de ese rostro que brilla sobre nosotros (cf. Nm 6, 25) (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Las creaturas revelan algo del Creador. El ser humano, como creatura de Dios, manifiesta algo de Él. Donde mejor encontramos la revelación de Dios es en su Hijo hecho hombre. En Jesús, pequeño y frágil, contemplamos no a un Dios poderoso, sino a un Dios tierno. La ternura divina se hace palpable en Jesús.El ángel había anunciado a los pastores que, en Belén, ciudad de David, había nacido el Salvador, y les dio como señal a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cf. Lc 2, 11-12). Ellos fueron a toda prisa y encontraron a María, a José, y al Niño. Así, los pastores, considerados en aquella época como gente de mala fama, fueron los primeros en ver el rostro de Dios en el pequeño Jesús. Desde entonces se vislumbra que Él no vino por los santos, sino por los pecadores. El nombre expresa su identidad y su misión: ser nuestro Salvador.Lucas habla de la maternidad de María a partir del Hijo, el “niño envuelto en pañales”, porque es Él –el Verbo de Dios (Jn 1, 14)– el centro del acontecimiento y quien hace que la maternidad de María sea “divina”.María es verdadera Madre de Dios en virtud de su relación total con Cristo. Por tanto, al glorificar al Hijo se honra a la Madre, y al honrar a la Madre se glorifica al Hijo. El título de “Madre de Dios”, que hoy resalta la liturgia, subraya la misión única de la Virgen en la historia de la salvación, fundamento del culto y la devoción que el pueblo cristiano le profesa.María no recibió el don de Dios para guardarlo para sí, sino para entregarlo al mundo: en su virginidad fecunda, Dios concedió a los hombres los bienes de la salvación eterna (cf. Oración colecta).2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Hoy escuchamos nuevamente la bendición sacerdotal de Aarón y pedimos al Señor que bendiga el nuevo año. Ante las lógicas de guerra, solo Dios puede transformar el corazón humano y asegurar esperanza y paz a la humanidad.Es bueno iniciar el nuevo año recorriendo con decisión la senda de la paz. Acogemos el clamor de las víctimas de la guerra y oramos para que la paz anunciada por los ángeles a los pastores llegue a todos los rincones del mundo: “Super terram pax in hominibus bonae voluntatis” (Lc 2, 14). Con nuestra oración queremos ayudar a cada persona y a cada pueblo, en especial a quienes tienen responsabilidades de gobierno, a avanzar con decisión por el camino de la paz (cf. Benedicto XVI, 1 de enero de 2011).Gracias a María, el Hijo de Dios, “nacido de mujer” (Ga 4, 4), vino al mundo como verdadero hombre, en la plenitud de los tiempos. Esa plenitud abarca el pasado y las esperas mesiánicas, y al mismo tiempo señala la plenitud absoluta: en el Verbo hecho carne, Dios pronunció su Palabra definitiva. En el umbral de un nuevo año resuena la invitación a caminar con alegría hacia la luz del “sol que nace de lo alto” (Lc 1, 78). En la perspectiva cristiana, todo tiempo está habitado por Dios: no hay futuro fuera de Cristo ni plenitud más allá de Él.María, Madre nuestra, intercede continuamente por nosotros. Nos lleva de la mano hacia su Hijo, lo entrega como lo ofreció a los pastores en Belén y, en el Gólgota, a toda la humanidad. Ella, que dio la vida terrena al Hijo de Dios, sigue comunicando la vida divina que es Jesús mismo y su Espíritu Santo. Por eso es madre de todo hombre que nace a la gracia y se la invoca como Madre de la Iglesia.Desde 1968, el 1 de enero se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de Oración por la Paz. La paz es don de Dios, como se proclama en la primera lectura: “Que el Señor (…) te conceda la paz” (Nm 6, 26). Es el don mesiánico por excelencia, fruto de la caridad de Cristo; es nuestra reconciliación con Dios. También es un valor humano que debe realizarse en lo social y lo político, pero tiene sus raíces en el misterio de Cristo (cf. Gaudium et spes, 77-90).“La paz no es solo ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Esto es la paz. Sin embargo, hacer callar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar comienzo a un camino que conduce a alcanzar la paz en sus diferentes aspectos. Pienso en los conflictos que aún ensangrientan demasiadas zonas del planeta, en las tensiones en las familias y en las comunidades –¡en cuántas familias, en cuántas comunidades, incluso parroquiales, existe la guerra!–, así como en los contrastes encendidos en nuestras ciudades y en nuestros países entre grupos de diversas extracciones culturales, étnicas y religiosas. Tenemos que convencernos, no obstante toda apariencia contraria, que la concordia es siempre posible, a todo nivel y en toda situación. No hay futuro sin propósitos y proyectos de paz. No hay futuro sin paz” (Papa Francisco, Ángelus, 4 de enero de 2015).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Querido Jesús, en este primer día del año civil aún respiramos el aire de la Navidad. El Evangelio nos conduce a la gruta de Belén, humilde y fría, que el Padre escogió para tu nacimiento a través de María y José. Como los pastores, que dejaron sus rebaños y corrieron para ver lo anunciado por el ángel, también nos acercamos hoy con el corazón y la mente a ese lugar, para contemplar tu pequeñez y tu grandeza, tu ternura y tu misericordia, tu fragilidad y tu fortaleza, tu humanidad y tu divinidad. Jesús, tu nombre, dado por el ángel y confirmado en la circuncisión, es para nosotros fuente de salvación. Ante él se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra. Es el nombre que trae paz, hace temblar al mal y nos libra de todo peligro.Gracias, Jesús, por hacerte cercano, por habitar entre nosotros y en nosotros; por hacerte carne en el seno de María, en el pan eucarístico y en el hermano que camina a nuestro lado. Gracias porque en cada corazón renuevas tu presencia para que quienes nos rodean experimenten tu amor y ternura.Gracias también por tu Madre Santísima que nos acerca a ti y nos conduce al Padre. Que su intercesión maternal nos mantenga siempre unidos a ti. Haz que cada día de este nuevo año lo vivamos contigo y para ti, en comunión con el Padre y el Espíritu Santo, que viven y reinan por los siglos de los siglos. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de Oración por la Paz: en este día no se permite celebrar otra misa, ni siquiera la exequial; sin embargo, a juicio del ordinario del lugar, se puede celebrar la misa por la paz.•Tener en cuenta el mensaje del Papa para la Jornada Mundial por la Paz, a fin de motivar especialmente la oración por la paz del mundo.•Utilizar la bendición solemne del Misal para el primer día del año.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Hermanos, bienvenidos a esta celebración en el primer día del año civil. En medio de este hermoso Tiempo de Navidad, contemplamos a María, Madre de Dios, que intercede ante el Padre y ante su Hijo por nosotros pecadores, y que, unida al clamor de la humanidad, suplica el don de la paz. Como Ella, dispongamos el corazón para acoger las bendiciones que el Padre quiere regalarnos hoy y en cada día de este nuevo año. Participemos con alegría y devoción.Monición a la liturgia de la Palabra En la primera lectura, del libro de los Números, escucharemos la solemne bendición: “El Señor te bendiga, te proteja, te ilumine, te conceda la paz”. En el salmo, suplicaremos juntos: “Que Dios tenga piedad y nos bendiga”. En la segunda lectura, de la Carta a los Gálatas, se nos recordará que, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo para que recibiéramos la adopción filial. Finalmente, en el evangelio, los pastores corren a ver a Jesús y regresan alabando a Dios. Abramos el corazón para que esta Palabra toque nuestras vidas, y escuchemos con fe y atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Al Autor y a la Fuente de toda bendición, elevemos nuestras súplicas por nosotros y por toda la humanidad, diciendo con confianza:R/. Padre Dios, ten piedad y bendícenos.1.Padre Dios, te pedimos por el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, es decir, por todos los discípulos de tu Hijo, para que llevemos al mundo el anuncio de la paz y de salvación en Jesucristo. Oremos.2.Padre Dios, te pedimos por los gobernantes de nuestros pueblos y naciones, para que, procurando el bien común, construyan la paz y trabajen por el progreso integral y el bienestar de todos. Oremos.3.Padre Dios, te encomendamos a quienes sufren a causa de la guerra y la violencia, para que sean consolados por ti y transformados en artesanos de paz y de reconciliación. Oremos.4.Padre Dios, ponemos en tus manos cada día de este nuevo año, para que, dóciles a tus inspiraciones, recibamos y compartamos con nuestros hermanos las bendiciones que tú nos concedes. Oremos.5.Padre Dios, te pedimos por quienes participamos en esta celebración, para que, como María, seamos dóciles a tu Palabra y permitamos que tu obra se cumpla en nosotros, viviendo siempre en tu paz. Oremos.Oración conclusivaPadre Dios, acoge estas súplicas y todas las que guardamos en nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.

Sáb 27 Dic 2025

Y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''

LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉDiciembre 28 de 2025Primera lectura: Eclo 3, 2-6. 12-14Salmo: Sal 128 (127), 1bc-2. 3. 4-5 (R. cf. 1bc)Segunda lectura: Col 3, 12-21Evangelio: Mt 2, 13-15. 19-23I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa fiesta de la Sagrada Familia no es solo una celebración de la vida doméstica, sino una profunda afirmación del misterio de la Encarnación. En ella contemplamos cómo Dios se hizo hombre y vivió en una familia común, revelando la grandeza de lo cotidiano y lo humano.Jesús no creció apartado del mundo ni en condiciones extraordinarias. Vivió una infancia normal en Nazaret, aprendiendo de sus padres, compartiendo con otros niños y asimilando el lenguaje, la cultura y las costumbres de su pueblo. Su humanidad se forjó en el calor de una familia sencilla y trabajadora.Las parábolas de Jesús reflejan su experiencia de vida en familia y comunidad. Conocía el valor de lo sencillo: sembradores, amas de casa, obreros, comerciantes. Antes de anunciarlo, vivió el evangelio en lo cotidiano, descubriendo la belleza escondida en la vida diaria y enseñando que todo puede ser santificado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Cada año, en el domingo dentro de la Octava de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Esta celebración no es solo una exaltación de la vida familiar, sino también una contemplación profunda del misterio de la Encarnación vivido en lo concreto de una familia humana.El Evangelio de Mateo nos presenta a la familia de Nazaret como una familia refugiada. José recibe en sueños la advertencia divina de huir con María y el Niño a Egipto para escapar de la violencia de Herodes. La vida del Hijo de Dios comienza marcada por la inseguridad, el exilio y la precariedad. El Verbo se hizo carne no en la estabilidad, sino en la fragilidad de quienes deben dejarlo todo para sobrevivir. ¡Cuántos niños hoy en el mundo y en nuestro continente nacen bajo la amenaza de muerte por diversas circunstancias!Mateo insiste en que todo esto ocurre “para que se cumplieran las Escrituras”. Jesús, el verdadero Hijo, revive la historia de Israel: así como el pueblo fue llamado de Egipto, también Él lo será. La Encarnación se revela, entonces, como una solidaridad radical de Dios con su pueblo sufriente. Jesús no solo asume la carne humana, sino también la historia, el desarraigo y el dolor de los excluidos.Al regresar y establecerse en Nazaret, el evangelista subraya otro cumplimiento profético: Jesús será llamado “Nazareno”. Este título evoca también el vástago prometido, el brote nuevo surgido del tronco de Jesé. La Sagrada Familia es, así, el espacio donde florece la esperanza mesiánica, donde la fragilidad se convierte en semilla de salvación.La fiesta de la Sagrada Familia no solo recuerda el drama del exilio vivido por Jesús, María y José en Egipto, sino que ofrece, a través de la liturgia, una rica catequesis sobre la vida familiar. Las lecturas bíblicas del día transmiten consejos prácticos y espirituales que iluminan la vocación familiar desde la fe.La Carta a los Colosenses propone exhortaciones a esposas, esposos, hijos y padres, subrayando que todos los miembros de la familia están llamados a vivir una existencia nueva en Cristo, guiados por el Espíritu. Destaca la importancia de relaciones familiares marcadas por el amor, el respeto mutuo y la responsabilidad.El libro del Sirácide o Eclesiástico —escrito en Jerusalén entre los siglos III y II a.C.— ofrece una colección de proverbios destinados a educar a las nuevas generaciones. Sus consejos insisten en el respeto y la honra debidos a los padres. Honrar al padre y a la madre no solo es una exigencia del Decálogo, sino también fuente de bendición: expía pecados, enriquece espiritualmente y garantiza una vida larga y plena. Incluso en la vejez, cuando los padres pueden perder capacidades, la indulgencia y el cuidado hacia ellos son obras agradables a Dios.El Salmo 127 completa esta visión con una imagen ideal de la familia bendecida por Dios: el padre que teme al Señor, la esposa como vid fecunda y los hijos como brotes de olivo. La familia aparece, entonces, como lugar de bendición cuando se vive en fidelidad a Dios.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Sagrada Familia: germen de esperanza en la historiaLa Encarnación no termina en el pesebre: continúa en la vida escondida de la Sagrada Familia, donde Dios se hace cercano en lo cotidiano, en lo frágil, en lo humano. Mateo nos muestra que en José, María y Jesús se cumplen las promesas de las Escrituras. No con espectáculo, sino en el silencio de una casa, en la obediencia de la fe, en el amor que sostiene en medio de la adversidad.La Sagrada Familia conoce el miedo, el exilio, la pobreza. Huyen a Egipto porque la vida del Niño está amenazada. Son migrantes, desplazados. En ellos se refleja la experiencia de millones de familias colombianas y latinoamericanas que, aún hoy, deben dejarlo todo por la violencia, el hambre o la falta de oportunidades. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, Dios actúa.“De Egipto llamé a mi hijo” (Os 11, 1); esta palabra se cumple en Jesús, pero también ilumina nuestra historia. Dios no se desentiende del sufrimiento: lo transforma. La Sagrada Familia es la prueba viva de que, incluso en el dolor, la esperanza puede brotar. En cada casa humilde, en cada madre que resiste, en cada padre que protege, en cada niño que sueña, Dios está presente.Nuestras familias enfrentan muchos desafíos: rupturas, injusticias, incertidumbres. Pero si acogen la Palabra y se dejan modelar por la fe, pueden convertirse en santuarios donde Dios habita. Como en Nazaret, el amor escondido construye futuro.La Sagrada Familia no es un modelo inalcanzable, sino una invitación concreta: a confiar cuando todo tiembla, a obedecer cuando no se entiende, a permanecer cuando todo invita a huir. Es un retoño, un brote nuevo, que florece en medio de la sequía.En nuestra tierra herida, la Sagrada Familia nos recuerda que lo pequeño, lo sencillo y lo fiel es el lugar donde nace la salvación. Allí, en lo cotidiano, el Señor sigue encarnándose. Y eso es motivo de esperanza.Celebrar esta fiesta es redescubrir que Dios habita nuestras historias concretas, incluso las más difíciles, y que el amor vivido en familia puede ser signo del Reino que ya germina.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, Hijo del Dios viviente, nacido en el silencio de Belén y acogido en el amor de María y José, mira nuestras familias con ternura. Tú que viviste el exilio y la sencillez, visita hoy nuestros hogares con tu paz. Haz germinar, en medio de nuestras pruebas, la alegría que no decepciona. Libéranos del miedo, renueva nuestros vínculos y fortalece la fe en tu presencia viva. Allí donde una familia cree en Dios, renace la esperanza. Que nuestras casas sean signo de tu amor fiel. Amén._______________________Recomendaciones prácticas:•Puede elaborarse una cartelera de felicitaciones a la familia, en la que se propongan algunos valores para motivar su vivencia en la noche de Año Nuevo.•Seleccionar cantos alusivos a la familia tanto para la entrada a la celebración como para el momento de la comunión.•Es recomendable hacer en este día la bendición especial de las familias, según lo prescrito en el Bendicional (p. 37, nn. 63-64 ss.).•La parroquia, junto con su equipo pastoral, puede preparar una oración a la familia, impresa en una estampa de la Sagrada Familia, para que sea recitada en la noche de Año Nuevo.•Conviene programar, de acuerdo con las necesidades de la comunidad, jornadas de oración y acción de gracias con motivo del fin del año e inicio del nuevo.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaHoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, la familia singular formada por María, José y Jesús. Esta celebración nos invita también a reflexionar sobre nuestras propias familias. Cada uno de nosotros, al participar en esta santa misa, debería dar gracias a Dios por habernos regalado un padre, una madre, hermanos y hermanas. Son, en verdad, un don precioso. Nuestra vida crece en plenitud porque somos amados y cuidados por padres que no elegimos, pero que nos fueron dados por Dios, y a quienes debemos amar y respetar. Participemos con gozo de esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn este domingo, dentro de la Octava de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Las lecturas fueron escogidas para ayudarnos a reflexionar sobre este misterio. El Evangelio según san Mateo narra la huida a Egipto y nos muestra las dificultades afrontadas por la Sagrada Familia. El libro del Eclesiástico, en la primera lectura, ofrece valiosos consejos acerca de la relación entre padres e hijos. El Salmo presenta, en un cuadro ideal, a la familia de quien teme al Señor y camina en sus caminos. Finalmente, el apóstol san Pablo nos entrega enseñanzas fundamentales para la vida familiar y comunitaria. Escuchemos con atención la Palabra de Dios.Oración universal o de los fielesPresidente: En la fiesta de la Familia de Nazaret, invoquemos a Dios, nuestro Padre, para que proteja e ilumine a todas las familias del mundo, diciendo con alegría:R/. Señor, bendice nuestras familias.1.Para que la santa Iglesia, nuestra madre, sea reflejo de una verdadera familia, donde se aprenda a amar, perdonar y acoger. Oremos al Señor.2.Para que en todas las familias de nuestro tiempo crezca el amor por la verdad y se despierte el hambre y la sed del Dios vivo. Oremos al Señor.3.Para que las familias cristianas de la tierra vivan la celebración de la Pascua como la gran fiesta de todos sus miembros, al estilo del hogar de Nazaret. Oremos al Señor.4.Para que padres e hijos construyan hogares de paz, verdaderas iglesias domésticas, donde reine la fe y el amor. Oremos al Señor.5.Para que nuestros hermanos que ya fueron llamados por Dios y creyeron en el nombre de su Hijo reciban de Él plenitud de sus promesas. Oremos al Señor.Oración conclusivaSeñor Dios, que en Jesús, María y José nos diste la imagen viva de tu eterna comunión de amor, colma con tu gracia y sabiduría a todas las familias del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

Mié 24 Dic 2025

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria

NACIMIENTO DEL SEÑORMisa del díaDiciembre 25 de 2025Primera lectura: Is 52, 7-10Salmo: Sal 98 (97), 1bcde. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R. cf. 3cd)Segunda lectura: Hb 1, 1-6Evangelio: Jn 1, 1-18I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónAntes de preparar la homilía de esta solemnidad tan gloriosa, vale la pena recordar las palabras del papa Francisco durante el Ángelus del 23 de enero de 2022: “La predicación corre este riesgo: sin la unción del Espíritu empobrece la Palabra de Dios, cae en el moralismo o en conceptos abstractos; presenta el Evangelio con desapego, como si estuviera fuera del tiempo, lejos de la realidad. Y este no es el camino. Pero una palabra en la que no palpita la fuerza del hoy no es digna de Jesús y no ayuda a la vida de la gente. Por esto quien predica, por favor, es el primero que debe experimentar el hoy de Jesús, para así poderlo comunicar en el hoy de los otros. Y si quiere dar clases, conferencias, que lo haga, pero en otro lado, no en el momento de la homilía, donde debe dar la Palabra para que sacuda los corazones”. El papa recuerda que el buen predicador debe evitar dos extremos: el moralismo, por el cual erramos al encaminar la predicación únicamente en sentido parenético del tipo: “debemos comportarnos bien”, y la abstracción, otro error que nos concentra en la complejidad de los conceptos y la formalidad del lenguaje. Su propuesta es para todos un desafío: la unción del Espíritu, a través de la preparación orante, permite experimentar el hoy de Jesús y enriquece la Palabra de Dios para que llegue con fuerza al hoy de los otros mediante la predicación orante.El hoy de Jesús es conciencia de la actualidad permanente del misterio de la Redención y de su actualización en la liturgia; por eso, por ejemplo, la noche de Navidad es la ocasión en la que –aquí y ahora– se realiza el misterio de Dios hecho hombre. Con la Carta a Tito podremos entender que la Navidad es “manifestación de la gracia de Dios Padre”, que nos ha permitido la “manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo”. El hoy de Jesús no solo actualiza el misterio, sino que lo contextualiza. Hoy, más que nunca, es necesario enfatizar en la realidad de la Encarnación, la historicidad de la primera venida de Cristo –como Lucas lo quiere dejar en claro– y la prolongación de su obra de redención (en el tiempo y en el espacio) a través de la Iglesia como su Cuerpo místico. El hoy de Jesús ilumina el hoy de los otros a través de caminos concretos de profundización y acción: el nacimiento del Hijo de Dios realiza la profecía de Isaías, trascendiendo el móvil político-mesiánico para convertirlo en mesiánico-político. Él es el “príncipe de la paz sin límites” y extiende, sostiene y consolida ese principado a través de la justicia y el derecho.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de Isaías refleja perfectamente los sentimientos y anhelos de un pueblo oprimido por diversas causas. Cuando una persona o una comunidad experimentan el sufrimiento y dolor, se consuelan con la esperanza de un mejor mañana: “Vendrán tiempos mejores”, se dice. Isaías, en un contexto de sombra, oscuridad y caos que vivía el pueblo de Israel, profetiza una era mesiánica llena de luz, con elementos históricos y novedades. Lo histórico es la referencia al “trono de David y su reino”; es decir, cuando venga el Mesías se sabrá de dónde proviene, cuáles son sus raíces, sus antepasados, su pueblo, su vinculación profunda con la humanidad. No se tratará de la llegada de un personaje desencarnado (quizá un semidios).Lo novedoso es que ese Mesías trascenderá “políticamente” el método de la violencia como técnica para extender el poder y territorio. La expansión de su principado no se logrará con “vara de opresor”; no se escucharán las botas de los ejércitos que marchan con estrépito, ni quedarán las túnicas empapadas de sangre. Por el contrario, “dilatará el principado con una paz sin límites” y sostendrá su poder con justicia y derecho, como lo recordará el salmo responsorial de esta solemnidad. El Evangelio de Lucas recalca el sentido histórico del acontecimiento y el cumplimiento de la profecía de Isaías. Al respecto, debe aclararse que, si bien la historia encuentra en la cronología un fundamento evidente, los estudiosos de la Sagrada Escritura coinciden en que el evangelista no es exacto en las fechas, pues no tiene la intención de relatar cronológicamente el acontecimiento. Aunque cite nombres de reconocidos gobernantes, como el emperador Augusto y el gobernador Cirino, y aluda a hechos conocidos, como el famoso “censo de Judea” realizado después de la deposición de Arquelao, Lucas no busca fundamentar la historia en sí misma, sino mostrar que la historia entera tiene su fundamento más allá de la cronología. Ese fundamento es Cristo: el Mesías, el Hijo primogénito, el Príncipe de la paz esperado, puente entre lo divino y lo humano. Por ello, los ángeles proclamarán: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.Si Isaías profetizó la llegada del Mesías y Lucas narró su cumplimiento, Pablo, en su Carta a Tito, le da un enfoque escatológico: la primera venida es un preludio de la segunda. Entre el nacimiento y el retorno glorioso de Cristo transcurre la historia de la Iglesia, prolongación de la obra redentora del Mesías y sacramento universal de salvación. Pablo indica que, mientras el cristiano espera la manifestación definitiva de Jesucristo, debe asumir un doble compromiso: renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y, cultivar la sobriedad, la justicia y la piedad. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Escuchamos el prólogo del Evangelio según San Juan (1, 1-18), un bello himno canta la preexistencia del Verbo y su condición divina. Inicia presentando la relación del Verbo con Dios: preexistía con Dios (“en el principio era el Verbo”), estaba junto a Dios y era Él, es decir, de naturaleza divina (Jn 1, 1-2). Luego describe su relación con la creación: “Todo llegó a ser por medio de Él”. No es una criatura; toda la creación le debe su existencia, pues “sin Él nada llegó a ser de lo que llegó a ser”.El himno prosigue describiendo la relación del Verbo con la humanidad: Él es vida luminosa y luminosidad viva para la humanidad, pues la vida es la luz de los hombres. Esta luz vivificante brilla sin cesar, interpelando la libertad humana, siempre libre de preferir las tinieblas. No obstante, Él es una luz con efecto universal, pues ilumina “a todo hombre que viene a este mundo”, desplegando esa potencia desde su nacimiento (Jn 1, 9).El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros para acompañar a los peregrinos de esperanza y a los discípulos misioneros que caminan juntos: una Iglesia sinodal. El Verbo encarnado revela al Dios a quien nadie ha visto; es el exégeta del Padre. Como escribió san Ireneo de Lyon: “Lo invisible del Hijo es el Padre y lo visible del Padre es el Hijo” (Adversus Haereses IV, 6, 6).“En el principio era el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Era Dios desde siempre Aquel que ahora se hace hombre: lo que era, permanece; lo que no era, lo asumió (quod erat permansit; quod non erat assumpsit).El Dios eterno tomó nuestra temporalidad para hacernos partícipes de su eternidad. El Dios incorruptible acogió nuestra corruptibilidad para hacernos partícipes de su incorruptibilidad. El Dios inmortal abrazó nuestra mortalidad para hacernos partícipes de su inmortalidad. El “Dios verdadero de Dios verdadero” hizo suya nuestra naturaleza humana para hacernos partícipes de su naturaleza divina. El Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros, hijos de la humanidad, lleguemos a ser hijos de Dios: “A todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les da potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1, 12).En Belén, el Invisible se vuelve visible; el Intangible se puede tocar; el Verbo de Dios se convierte en palabra humana. El Dios terrible del terremoto y la tempestad se manifiesta en la serenidad y la ternura de un niño; el Dios temible de la tienda y el templo se revela en la dulce sonrisa de un pequeño; el Dios al que nadie puede mirar nos mira con los ojos luminosos de un bebé. La Grandeza se ofrece en forma de pequeñez.En Belén, contemplamos al Dios con nosotros, cercano, por y para la humanidad. Allí, el Dios lejano se vuelve próximo, el diferente se hace semejante. En un frío pesebre reposa Aquel que es fuego devorador. En ese lugar contemplamos al Dios que ama a los hombres, tanto como para hacerse hombre. San Gregorio Nacianceno, padre de la Iglesia, canta este maravilloso misterio: “el Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad, representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la creatura hecha a su imagen y asume la carne, para redimir la carne; se une con un alma racional para salvar mi alma, para purificar lo semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en todo, con excepción del pecado” (Disertación 45).María, Madre de Dios, que lo acogió en su corazón y lo envolvió con su amor, nos ayude a recibir al Dios que se hizo hombre como nosotros para darnos salvación.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Contemplemos la primera venida de Cristo, que exige, por una parte, reconocer que hemos sido “llamados a la eternidad y hemos visto aparecer a la misma Verdad en una forma visible y corporal” (San León Magno, Sermón 23, 5). Contemplar esta verdad debe llevarnos, por otra parte, a un compromiso social, no solo por las circunstancias en que ocurrió el nacimiento del Mesías, sino sobre todo porque, como lo ha demostrado Lucas, los primeros testigos fueron los sencillos, en un ambiente de sencillez: María, José y los pastores. Así lo confirmará Pablo, al insistir a Tito en que, entre las dos manifestaciones del Mesías (la primera ya acontecida y la segunda aún por venir), las actitudes del cristiano deben ser las de Cristo, el Príncipe de la paz, expresadas en una trilogía de especial resonancia: sobriedad, justicia y piedad. Sobriedad para consigo mismo, justicia para con los demás y piedad para con Dios._______________________Recomendaciones prácticas:•Los sacerdotes pueden presidir o concelebrar hasta tres misas, siempre que se celebren en las horas indicadas. En las misas de Navidad puede elegirse, según se considere más oportuno, cualquiera de los tres formularios de lecturas.•Si se estima conveniente, puede organizarse al inicio de la celebración una procesión interna de niños que lleven la imagen del Niño Jesús al pesebre, donde se expone a la devoción de los fieles con dignidad, evitando la inapropiada costumbre de colocar una alcancía para recoger el “aguinaldo” del Niño.•Seguir los formularios establecidos, prefiriendo para esta celebración el Prefacio I de Navidad y la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, en la que parte “Reunidos en comunión…” es propio de Navidad.•Resaltar de manera especial el canto del “Gloria a Dios en el cielo”, sin alterar su texto litúrgico ni sustituirlo por villancicos u otros cantos. Su sola proclamación es ya una profesión de fe en el misterio de Dios.•Tener presente el signo del Credo, en el que se hace la genuflexión al recordar la encarnación del Verbo.•Puede emplearse en este día la fórmula de bendición solemne “En la Navidad del Señor” (Misal, p. 577).•Dirigir un saludo navideño a la comunidad, sencillo y con sentido pastoral, aprovechando la ocasión para felicitar a todos por el nacimiento del Salvador.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEn la solemnidad del Nacimiento de nuestro Salvador hemos sido convocados para celebrar, con gozo comunitario, el misterio de la Redención. Él es el Príncipe de la paz que disipa las tinieblas de nuestras vidas y nos conduce a su luz admirable. Que la alegría que nos inspira esta gran muestra del amor de Dios por la humanidad inunde nuestra celebración eucarística y nos motive a vivir con coherencia cristiana. Participemos activamente.Monición a la liturgia de la PalabraEl profeta Isaías anuncia la llegada del Mesías como Príncipe de la paz. El evangelista san Lucas nos narra cómo aquella profecía se cumplió gracias al infinito amor del Padre eterno. Finalmente, san Pablo nos invita a que la manifestación del Señor entre nosotros, desde la noche de Navidad, nos ilumine en la espera de su segunda venida, que será su manifestación definitiva. Escuchemos con atención. Oración universal o de los fielesPresidente: Acudamos al Padre de la misericordia, que por su gran amor envió a su Hijo al mundo, y supliquémosle diciendo:R/. Príncipe de la paz, danos tu paz.1.Tú que eres “Maravilla de consejero” y has constituido a tu Iglesia como prolongación de la obra redentora de tu Hijo Jesucristo, haz que, en comunión con el papa León, los obispos y todos los demás pastores, los cristianos seamos testimonio de tu presencia en el mundo. Roguemos al Señor. 2.“Dios fuerte”, concede a los gobernantes de la tierra, especialmente a nuestras autoridades nacionales y locales, rectas intenciones de buen gobierno y compromiso por el desarrollo humano integral de los pueblos. Roguemos al Señor. 3.“Padre eterno”, te encomendamos especialmente nuestras familias, para que en esta Noche Santa y cada día de su vida sean reflejo de acogida y servicio, de reconciliación y fraternidad. Roguemos al Señor. 4.Dios de amor, ayúdanos a defender siempre el don de la vida, desde su concepción hasta su desenlace natural, de modo que con nuestros actos demos testimonio del valor inapreciable de la existencia. Roguemos al Señor. 5.Dios de todo consuelo, te pedimos por quienes atraviesan dificultades: los enfermos, los perseguidos, los maltratados, los desempleados y los que sufren hambre; fortalece nuestros corazones para que seamos generosos y solidarios con ellos. Roguemos al Señor. Oración conclusivaPadre Dios, que nos has iluminado con la claridad de tu Hijo, escucha las súplicas que por su intercesión te presentamos y concédenos el gozo de reconocerlo cada día como “Príncipe de la paz”. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.La Calenda: Pregón de NavidadLes anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegríapara todo el pueblo; escúchenla con corazón gozoso.Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio,Dios creó el cielo y la tierra e hizo al hombre a su imagen y semejanza;y miles y miles de años desde que cesó el diluvio y el Altísimo hizoresplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz; en el año 752 dela fundación de Roma; en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, en la sexta edad del mundo,hace 2022 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada, de María Virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban.