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pandemia

Jue 17 Jun 2021

Vivamos una nueva oportunidad

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Atravesamos, a primera vista, un momento confuso y difícil. Vivimos situaciones que cada día nos alejan de lo que teníamos y hacíamos antes. Sin entrar en un análisis de fondo, podemos sintetizar en hechos concretos la realidad que nos preocupa: el aumento de los enfermos por Covid-19 hasta una ocupación total de los hospitales, la ausencia y aumento de los que mueren cada día, la situación de desempleo y pobreza que pasan muchas familias, el clima de angustia y de agresividad que se vive en algunos hogares. También vemos que la vida social está turbada por la acción de grupos al margen de la ley, la fragilidad de la institucionalidad, la polarización política, el descontento con algunos gobernantes y servicios, la mentira y el engaño con informaciones falsas, el incremento del consumo de drogas, la proliferación de robos y acciones abusivas contra la población. A esto habría que añadir la indisciplina social para afrontar esta pandemia y la incertidumbre frente al presente y el futuro. Sin embargo, no podemos despistarnos frente a nuestro tiempo, el que hemos configurado y el que Dios ha permitido. Esta es nuestra hora y ésta es la página de la historia en las que debemos hacer presente el proyecto de salvación que anuncia el Evangelio. No debemos caer en el pesimismo de que no podemos hacer nada o en la inactividad esperando que vengan nuevas posibilidades. Nada está perdido. Estamos en un tiempo de creación y, aunque con un parto doloroso, un nuevo mundo se puede abrir ante nuestros ojos. Esta es una ocasión para purificarnos de tanto egoísmo, para ir a lo esencial, para integrarnos a partir de metas verdaderas, para asumir el cambio profundo que necesita nuestra inequitativa y superficial sociedad. Hemos estado muy dispersos y enceguecidos por cosas inútiles y a veces verdaderamente perversas. Este puede ser un momento decisivo en el que, los que no entendamos o asumamos en serio este llamamiento a construir una nueva humanidad, podemos fracasar; me refiero a personas e instituciones. A nivel de nuestra Iglesia arquidiocesana y de la misión pastoral que nos incumbe, que también están seriamente afectadas por esta situación, tenemos muchas tareas concretas para realizar y que, a la vez, son un gran aporte al bienestar de toda la sociedad. Lo primero es crecer en una profunda espiritualidad que nos una verdaderamente a Dios y nos haga más fuertes y disponibles para el servicio. Luego, mantener, perfeccionar e incrementar los programas pastorales, que con esfuerzo hemos venido desarrollando. Esta es la mejor forma de acompañar y de ofrecer vida a nuestra comunidad. Y esto lo podemos desplegar en muchas acciones precisas, necesarias y de gran eficacia: los templos abiertos con una liturgia viva y espacios de oración, la atención a los niños y a los jóvenes, las zonas de escucha y de celebración de la Confesión, las homilías que den sentido y fortaleza para vivir este momento, los programas de ayuda a familias y personas necesitadas, la animación de grupos y pequeñas comunidades, el trabajo apostólico con los enfermos y con sus cuidadores, la acogida de las exequias como un momento de consolación y de esperanza. Si estamos asentados en la roca fuerte de la fe, seremos capaces de aligerar el equipaje, lograremos enfrentar el sufrimiento y las carencias con espíritu de pobres, sabremos dar respuesta a lo que venga aunque no sepamos todavía qué es lo que viene. En cambio, fracasaremos si nos mueven pasiones pasajeras: el afán de dinero, la indiferencia y la desidia, la soberbia y el aislamiento, la murmuración y el miedo. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Mié 16 Jun 2021

Diócesis de Cúcuta inaugura nuevo centro de formación en el Asilo Andresen

La Diócesis de Cúcuta, encaminada a fortalecer día a día el proceso evangelizador en medio del contexto cultural y social complejo en el que se encuentra esta jurisdicción eclesiástica, marcada, sobre todo, por un fenómeno migratorio próximo a cumplir seis años, continúa promoviendo y acogiendo a los hermanos más necesitados. En medio de la pandemia, la fe no aísla a los servidores de esta Iglesia Particular, que buscan la manera de salir al encuentro con las personas más vulnerables. Precisamente, desde la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, cada uno de los meses desde que se decretó la emergencia sanitaria en el país, ha entregado mercados y paquetes de higiene a las familias de los niños beneficiarios tanto del Asilo, como del Centro de Caridad de Ayuda Infantil 'La Niña María', este último proyecto tuvo que ser suspendido, pero a los hogares de los niños, ha seguido llegando la ayuda alimentaria por parte de la Iglesia Católica. En este segundo semestre del año 2021, gracias al impulso de monseñor José Libardo Garcés Monsalve, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cúcuta, de reactivar todas las acciones pastorales y evangelizadoras, el Asilo Andresen inició un nuevo proyecto, con la coordinación de su representante legal, el padre José Elver Rojas Herrera y los sacerdotes Omar Leonardo Arias Quijano, capellán del Asilo, y Germán Omar Hernández Pinto, administrador; se trata de una obra social, orientada a ser centro de formación para los padres de las 180 familias ya caracterizadas, los cuales son migrantes venezolanos y colombianos retornados, quienes tendrán la oportunidad de tener mayores posibilidades de obtener un sustento económico. Delicias ‘La Niña María’ Este es el nombre que se le ha dado a la panadería del Asilo Andresen, y de esta manera, se materializa el centro de formación que la Diócesis de Cúcuta quiere brindarles a estos padres de familia, quienes serán capacitados en panadería, repostería y cocina, donde descubrirán de forma muy práctica, que ellos pueden iniciar sus propios negocios, “sin que los limite la falsa creencia de que, para ello, se requiere gran inversión de dinero”, así lo asegura el chef y formador del proyecto, Luis Gerardo Molano. Por su parte, el padre Omar Arias, expresa que este es el modo de “enseñarlos a pescar”. Además, la visión del proyecto, es que este sea auto sostenible, y lo producido por los aprendices, pueda así mismo, ser comercializado. Inicialmente, se inscribieron 80 personas, de las cuales se seleccionaron 36 participantes, quienes serán divididos en tres grupos (para evitar contagios y propagación de COVID-19 en el desarrollo del aprendizaje). Las clases se realizarán los días lunes, martes y miércoles, durante seis semanas. Este primer ciclo de formación tendrá una duración de 72 horas, iniciando el próximo martes 15 de junio. Los módulos y toda la metodología fueron organizados por el chef y la hermana Liliana del Carmen Chacón Madrid, Agustina Recoleta del Corazón de Jesús. Los participantes aprenderán el arte de la panadería y a cocinar productos de la región: churros, arepas, empanadas, y alimentos que garanticen un fácil emprendimiento sin mayores recursos. Delicias ‘La Niña María’, también quiere destacarse en la producción de una línea especial saludable, iniciando con la elaboración de un pan completamente libre de grasas y azúcar, pero considerablemente agradable al paladar. Otro de las tareas que se proyectó para la panadería, es que, con las comidas que se elaboren, se organicen kits alimenticios, para ser llevados a la caseta que la Diócesis de Cúcuta tiene ubicada en el kilómetro 2, vía a Los Vados (municipio de Los Patios), la cual por precepto del señor Obispo, será re-abierta de forma permanente, para atender a los migrantes caminantes. Cabe destacar, que esta iniciativa arrancará gracias a donaciones y con limitados recursos, pero aún hacen falta más implementos y materia prima, para poder aumentar la cantidad de cupos en los cursos. Se espera que, gracias a la Divina Providencia y la caridad de Cristo, Delicias ‘La Niña María’, pueda crecer y recibir muchas más familias, para cambiar sus realidades, por sueños cumplidos y la esperanza de salir adelante. Fuente: Centro de comunicaciones Diócesis de Cúcuta

Vie 11 Jun 2021

Presidente CEC: “Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones…”

Este viernes, 11 de junio, en una ceremonia eucarística presidida por monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de Villavicencio y presidente del episcopado colombiano, se consagró una vez más las familias católicas y la nación al Sagrado Corazón de Jesús. La solemne celebración, transmitida en directo por los canales RCN, Caracol, Cristovisión, Teleamiga y Tele Vid, tuvo lugar en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, con presencia de fieles y atendiendo los protocolos de bioseguridad. Concelebraron con monseñor Urbina: el cardenal Rubén Salazar; el nuncio apostólico del papa Francisco en Colombia, monseñor Luis Mariano Montemayor; los arzobispos Luis José Rueda (Bogotá), Ricardo Tobón (Medellín), Omar Sánchez (Popayán) y Gabriel Villa (Tunja); los obispos Francisco Nieto (Engativá), Ramón Rolón (Montería), Juan Vicente Córdoba (Fontibón), Víctor Ochoa (Obispado Castrense); los obispos auxiliares de Bogotá: Luis Manuel Alí, Pedro Salamanca y Germán Medina (electo). También concelebraron sacerdotes de la Nunciatura Apostólica, de la Conferencia Episcopal de Colombia, y los vicarios episcopales y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá. Mensaje del presidente de la CEC Durante su homilía, monseñor Urbina afirmó que con el corazón de Cristo se busca llegar a todos los rincones de la geografía colombiana, buscando ser un espacio de protección para la vida y haciendo sensibles los grandes valores de la bondad, la verdad, la fraternidad, la justicia y la reconciliación que brota de la persona. “Mirando el corazón maravilloso de Dios, todos tenemos un camino para ser constructores de Colombia consagrada al Corazón de Cristo (…) Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones, nuevos caminos. Un corazón nuevo garantiza una visión nueva, libertad profunda, sentido de la justicia y el respeto de los derechos humanos, la solidaridad con los más desprotegidos y descartados, y la confianza que brota de reconocernos hermanos y hermanas”. Aportes a un desarrollo integral El prelado mencionó que todos somos responsables de aportar a un desarrollo integral sostenible, para ello, dijo, “aunque no es un camino fácil, ni existe una fórmula mágica”, es importante superar los conflictos, las divisiones, las violencias, las injusticias y las inequidades. “Todos somos responsables de esa inmensa tarea, los dirigentes del país, las diversas organizaciones, la educación en sus diversas etapas, que no debe ser una educación para un país ideal sino real. Nosotros los creyentes que participamos de los diversos espacios de la vida familiar, cultural, social, económica y política siendo fermento de paz (...)Solo un corazón nuevo a imagen del Corazón de Cristo, lleno de amor y misericordia, nos comprometerá con toda nuestra fuerza en la construcción fraterna de una nación nueva y en paz”. Estamos llamados a ser artesanos de la paz El prelado recordó que la paz procede de Dios y es un llamado que él hace para que todos seamos artesanos de la paz. Advirtiendo que esta responsabilidad recae en la familia “como espacio insustituible para aprender el abecedario de la paz”; en la escuela, “que tiene la tarea de ayudar a formar el corazón”, y en la sociedad en “sus diversas expresiones sociales, culturales, comunicacionales, económicas y políticas”. “La paz, entonces, queridas y queridos colombianos, es una tarea confiada a nosotros como personas y estará siempre en construcción, es frágil, difícil, por ello todos la buscamos, todos estamos invitados a generar una mentalidad pública, una conciencia de todos que la haga deseable y posible (…) El Señor no dejará de escuchar, entonces, como nos lo dice el grito de hijas e hijos: ‘Señor dadnos la paz, Señor dadnos tu paz’. Renovar este año 2021 la Consagración al amor de Cristo simbolizado en su Corazón, es y queremos que siga siendo un signo de esperanza”. Los niños, jóvenes y adolescentes están en el corazón de Dios Al referirse a este público, monseñor Urbina observó que el futuro de la sociedad depende de las opciones audaces y fundamentales que se tomen con los niños, jóvenes y adolescentes. Advirtió que ellos serán los responsables de la familia y la vida de la nación en un mañana. “Hoy precisamente los vemos deseosos de colaborar para sanar nuestra sociedad herida y débil. Ellos aportarán soluciones nuevas a los problemas viejos. Si ellos abren espacios en su corazón a Dios no serán más instrumentos de división, de guerra y de violencia (…) Los valores que les ayudemos a descubrir y a cultivar acompañarán sus decisiones que afectan no solo su vida personal, sino las políticas y estrategias necesarias para construir la vida social agobiada y doliente de nuestra sociedad”. Afirmó que el mundo de justicia y paz que se añora construir con los jóvenes, no puede “ser creado solo con palabras, ni impuesto por fuerzas externas”, y, agregó: “debe ser fruto del trabajo de todos, que implica ejercerlo con respeto profundo a la dignidad de cada persona y el rescate de la cultura del encuentro”. Significativa participación de los jóvenes Finalizada su homilía, monseñor Urbina introdujo la renovación de la consagración del país y de las familias católicas, recordando que: “El 22 de junio de 1902, al superar la Guerra de los Mil Días, se consagró por primera vez la República de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Desde aquel día ha venido creciendo en el pueblo colombiano la confianza en el auxilio inefable de Nuestro Señor Jesucristo”. Fue un momento conmovedor, pues catorce jóvenes, representando cada uno a una provincia eclesiástica del país, oraron al Sagrado Corazón de Jesús. Ante este signo el arzobispo Óscar dijo: “A ti, Sagrado Corazón, inflamado en el Amor que nos salva, dirigimos hoy, en la voz de los jóvenes, nuestra súplica incesante y confiada en nombre de todas las comunidades eclesiales de la Nación”. Compartimos estas oraciones para que no cesen las plegarias por la paz, la reconciliación, la justicia y la paz, en Colombia. Oh, Sangre Preciosa de Jesús, lava el pecado social de nuestro pueblo. La Provincia eclesiástica de Bogotá, conformada por la arquidiócesis de Bogotá; las diócesis de Zipaquirá, Facatativá, Girardot, Soacha, Fontibón y Engativá; el obispado castrense de Colombia y el Exarcado Maronita en Colombia, necesitan de ti, para poder ser en medio del egoísmo, la violencia y la corrupción, testimonio de fraternidad y de compromiso social honesto y solidario. Oh, Cristo, siervo doliente del Señor, compadécete del pueblo que a ti clama. La Provincia eclesiástica de Cartagena, conformada por la arquidiócesis de Cartagena; las diócesis de Magangué, Montelíbano, Montería y Sincelejo, y el vicariato apostólico de San Andrés y Providencia, confían en tu mediación ante el Padre eterno; que tus padecimientos por nuestros pecados nos consigan comunidades comprometidas con los más pobres y desfavorecidos, para que los colombianos podamos escribir juntos historias de amor y perdón que nos hablen de vida y esperanza. Santo Corazón de Cristo, atravesado de dolor, confiamos a ti el sufrimiento de nuestro pueblo. La Provincia eclesiástica de Popayán, conformada por la arquidiócesis de Popayán; las diócesis de Ipiales, Pasto y Tumaco; y los vicariatos apostólicos de Guapi y Tierradentro, unen sus padecimientos a los tuyos en la cruz; que tu dolorosa pasión transforme nuestra indiferencia ante el hermano que sufre y nos conceda ser artesanos de paz. Ardorosa llama del Corazón de Cristo, inflama en tu amor al pueblo colombiano. La Provincia eclesiástica de Medellín, conformada por la arquidiócesis de Medellín y las diócesis de Caldas, Girardota, Jericó y Sonsón–Rionegro, buscan amarse unos a otros como tú nos has amado; infunde tu amor divino en nuestros corazones haciéndonos misericordiosos como tú eres misericordioso, para que en nuestra patria “el amor y la verdad se encuentren, la justicia y la paz se abracen” Sagrado Corazón coronado de espinas, ten misericordia de este tu pueblo. La Provincia eclesiástica de Manizales, conformada por la arquidiócesis de Manizales y las diócesis de Armenia, La Dorada–Guaduas y Pereira, buscan tu amparo y protección; recompensa con tu copiosa bendición a todos aquellos que trabajan por la paz y la concordia, para que podamos mirar y caminar juntos hacia adelante con fe, valentía y esperanza. Corazón divino traspasado por la lanza, surtidor de los santos sacramentos para nuestro pueblo. La Provincia eclesiástica de Nueva Pamplona, conformada por la arquidiócesis de Nueva Pamplona y las diócesis de Arauca, Cúcuta, Ocaña y Tibú, queremos recibirte siempre en tu Cuerpo y en tu Sangre preciosos y, así, ser testigos de tu amor en medio de un pueblo que clama salvación y justicia, para romper, desde el perdón y la reconciliación concreta, el ciclo de violencia que ha imperado en nuestra patria. Oh, Santas Llagas de Cristo, acoge a nuestro pueblo que sufre. La Provincia eclesiástica de Tunja, conformada por la arquidiócesis de Tunja; las diócesis de Chiquinquirá, Duitama–Sogamoso, Garagoa y Yopal, y el vicariato apostólico de Trinidad, necesitan de tu amparo y protección; haz que todos los esfuerzos por promover la reconciliación, la justicia y la paz, se vean recompensados con prosperidad y armonía social. Abismo insondable de misericordia, el pueblo colombiano clama justicia y verdad. La Provincia eclesiástica de Cali, conformada por la arquidiócesis de Cali y las diócesis de Buenaventura, Buga, Cartago y Palmira, suplican tu amparo; concede a tu pueblo que ha sufrido los embates de la corrupción y la violencia, verse transformado por la verdadera reparación y sanación de las heridas del alma y del cuerpo, para que, junto a ti, Señor, aprendamos la fuerza del perdón y la grandeza del amor. Oh, Cristo, coronado de espinas, el pueblo colombiano consagrado a ti se siente atormentado por la enfermedad y la despreocupación social. La Provincia eclesiástica de Barranquilla, conformada por la arquidiócesis de Barranquilla y las diócesis de El Banco, Riohacha, Santa Marta y Valledupar, suplican a tu bondad que el dolor de tu agonía en la cruz nos valga la salud de cuerpo y alma, y nos enseñe a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección. Santo Corazón de perfecta fidelidad, este, tu pueblo, tropieza y se quiere levantar. La Provincia eclesiástica de Bucaramanga, conformada por la arquidiócesis de Bucaramanga y las diócesis de Barrancabermeja, Málaga–Soatá, Socorro y San Gil y Vélez, confiamos en ti, que eres eternamente fiel y nos sostendrás con tu poderoso brazo ante nuestra fragilidad y pobreza, para descubrir que sólo el amor libera y construye. Sagrado vaso de inefable perfección, apiádate del pueblo colombiano que se rinde en el error de los afanes del mundo. La Provincia eclesiástica de Ibagué, conformada por la arquidiócesis de Ibagué y las diócesis de El Espinal, Líbano–Honda, Garzón y Neiva, suplican de tu sabiduría la capacidad para construir sociedades inspiradas en la promoción de todos los ciudadanos, en la búsqueda de la igualdad y en la integración de los más débiles y vulnerables. Oh, Santo Cristo Negro de Bojayá, compadécete de nuestro pueblo colombiano que sufre bajo el peso de la violencia armada fratricida. La Provincia eclesiástica de Santa Fe de Antioquia, conformada por la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia y las diócesis de Apartadó, Istmina–Tadó, Quibdó y Santa Rosa de Osos, claman tu misericordia; haz que todo esfuerzo por conseguir la paz sea recompensado con comunidades comprometidas con el progreso y la justicia, y, así, “seamos tus pies para salir al encuentro del hermano necesitado, tus brazos para abrazar al que ha perdido su dignidad, y tus manos para bendecir y consolar al que llora en soledad”. Oh, Sagrado Corazón de Jesús, acepta nuestra súplica ferviente, confiamos en tu protección y amparo. La Provincia eclesiástica de Villavicencio, conformada por la arquidiócesis de Villavicencio; las diócesis de Granada y San José del Guaviare, y los vicariatos apostólicos de Puerto Carreño y Puerto Gaitán, necesitan convertirse a ti para comprometerse con la justicia social y el bien común, logrando así construir juntos el futuro y crecer en esperanza. Eterno amor de Cristo, delicia de todos los santos, nuestro país clama por nuevos santos, héroes en las virtudes. La Provincia eclesiástica de Florencia, conformada por la arquidiócesis de Florencia; las diócesis de Mocoa–Sibundoy y San Vicente del Caguán; y los vicariatos apostólicos de Inírida, Leticia, Mitú y Puerto Leguízamo – Solano, te ruegan por nuevas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa; nuestro país urge de santos misioneros que permanezcan en Cristo para vivir en alegría y dar testimonio de un amor que atraiga a todos hacia ti. VIDEO: Arquidiócesis de Bogotá

Vie 11 Jun 2021

Identidad Nacional y Reconciliación

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro - Dos temas clave para considerar en la actual crisis social. La pregunta por la identidad nacional, en medio de esta histórica crisis social, cobra tal vez hoy como nunca muchísima relevancia. Sabemos, pero no hemos entendido. ¿A qué me refiero con esto? Sabemos que somos una nación caracterizada esencialmente por la diversidad: geográfica, étnica, cultural. Pero todavía no alcanzamos a entender cómo asumir un modelo de Estado que incluya esta caracterización de la nación y permita que todos se sientan parte de ella, no sólo afectiva sino efectivamente. Los reclamos de tantos sectores hoy son la explosión de un cúmulo de frustraciones y deudas sociales que el Estado no ha podido satisfacer suficientemente. El federalismo y el centralismo seguramente han aportado a la historia del país luces y sombras — expertos habrá que puedan identificarlas con argumentos objetivos. Tal vez ambos modelos y sus efectos no sean en sí mismos las causas de nuestros líos sociales. Lo cierto es que Colombia es percibida en muchas de las regiones como un país que se ha desarrollado mirando hacia el centro, y desentendido de las periferias, sin lograr sacar lo mejor del potencial y vocación propia que traen los diferentes territorios. Y los sueños que se vuelven frustraciones, se convierten en sentimiento de fracaso, de olvido y todo esto en inconformidad y la inconformidad alimenta rabia que se transforma en rebeldía y en muchos la rebeldía toma forma de violencias. Colombia es una nación con muchas heridas, causadas por problemas no resueltos, o resueltos a medias. Y se ha dejado pasar el tiempo sin detenerse a curarlas. Reconciliación, es una palabra recurrente en los ambientes eclesiales del país. A reconciliarnos nos invitó el Papa Francisco: «Colombia tiene necesidad de vuestra mirada propia de obispos, para sostenerla en el coraje del primer paso hacia la paz definitiva, la reconciliación, hacia la abdicación de la violencia como método, la superación de las desigualdades que son la raíz de tantos sufrimientos, la renuncia al camino fácil pero sin salida de la corrupción, la paciente y perseverante consolidación de la “res publica” que requiere la superación de la miseria y de la desigualdad», nos dijo a los Obispos esa 7 de septiembre de 2017. Reconciliarnos es una meta, pero también una tarea que presupone lo que el Santo Padre nos plantea: abdicar de la violencia como método, venga de donde venga y superar las desigualdades crónicas con un pacto social en el que “nadie se quede atrás”. Y esta tarea de construcción social nos debe incluir a todos. Recomponer confianzas, posibilitar escenarios de encuentro y constituir espacios permanentes de escucha, seguimiento y participacón, pueden ser un interesante comienzo. + Juan Carlos Cárdenas Toro Obispo Diócesis de Pasto

Vie 11 Jun 2021

Asistencia en salud, agua, saneamiento e higiene a familias venezolanas

Desde el 2015, Venezuela viene enfrentando una crisis económica, social y política debido a varios factores que han desencadenado un desplazamiento masivo de ciudadanos venezolanos durante los últimos años. Según Migración Colombia, hasta el 31 de enero de 2021, en el país se encontraban 1.742.927 migrantes venezolanos, de los cuales 759.584 se encuentra en condición regular y 983.343 en condición irregular. El ambiente en el que vive gran parte de la población migrante en Colombia es lamentable, esta situación está catalogada a nivel mundial como crisis humanitaria. Además de la falta de acceso a ofertas de empleo, a la vivienda digna y a la alimentación básica; se suman las dificultades para acceder a la atención en salud y a elementos de higiene básicos, aspectos que han acentuado la crisis migratoria por la que están atravesando. La situación en Colombia Aunque varios departamentos del país cuentan con una presencia significativa de migrantes venezolanos, las zonas fronterizas de Arauca, Vichada y Nariño (frontera con Ecuador), llaman especialmente la atención, ya que, a diferencia de otros territorios nacionales, por décadas estas regiones han tenido que padecer un sin número de desafíos económicos estructurales, desastres naturales y conflictos violentos. Migración Colombia reporta que, hasta el 31 de enero de este año, 44.851 migrantes se encontraban en Arauca, 14.523 en el departamento de Nariño, seguido de Vichada con 4.555. Por lo cual, estas zonas se enfrentan a mayor presión sobre sus recursos y servicios limitados al intentar cubrir las necesidades de la población migrante con intención de permanencia, población en tránsito, colombianos retornados y otras comunidades en situación de vulnerabilidad. La situación es aún más problemática en estos momentos de emergencia sanitaria por COVID -19, agravante de la salud pública a nivel mundial. Según la información recolectada en la línea de base del proyecto Asistencia en Salud y WASH a Familias Afectadas por la Crisis Migratoria Venezolana en Colombia, realizado por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana (SNPS-CC), se entrevistaron a 210 familias (766 personas) de estas tres regiones del país y se evidenció que la población migrante enfrenta grandes barreras en de acceso a salud, agua, higiene y saneamiento básico, aspectos que impiden que mejore su calidad de vida y digna expuestos a riesgos que atentan contra su salud física y emocional. Barreras para los migrantes y refugiados Atención en salud El acceso a un sistema de salud que pueda satisfacer las necesidades básicas de migrantes y refugiados, es un derecho que está tipificado en diferentes constituciones a nivel mundial y en todos los convenios internacionales de protección a la población migrante. Colombia no es ajena a este tipo de reglamentaciones, pues como Estado perteneciente al DIH tiene como obligación velar para que este derecho se cumpla a cabalidad. Sin embargo, dentro de la información suministrada por el SNPS-CC, se encontró que el 78% (163) de las familias encuestadas en los tres territorios, mencionó haberse encontrado con barreras para la atención en salud, de las cuales el 53% (113) reconoció que fue por falta de documentación, el 39% (81) por falta de dinero y el 27% (56) por falta de acceso a transporte. Los datos revelan que, en Arauca (39) y Nariño (47) la dificultad con mayor incidencia es el dinero, esto es asociado a la distancia a los centros de atención desde las comunidades, mientras que en Vichada identificaron la documentación como barrera principal (43), ya que, el sistema de salud colombiano solo permite una atención a los migrantes indocumentados por urgencias. Por último, cabe resaltar que el 73% (154) de las familias encuestadas comentó no estar afiliada al sistema de salud colombiano, el 21% (45) tiene uno o varios familiares afiliados, y sólo el 5% (11) registro estar todo el grupo familiar dentro del sistema de salud. Salud ambiental, higiene y saneamiento básico. Si bien el acceso a salud es una limitante para la población migrante, esta se podría evitar si no padecieran de distintos tipos de enfermedades que, en su gran mayoría, dependen de sus condiciones de habitabilidad, pues un alto porcentaje de familias venezolanas no cuentan con acceso a agua potable para consumo humano, con un servicio de recolección de basuras por parte de empresas públicas y desconocen que un mal manejo de residuos sólidos puede provocar la proliferación de vectores que transmiten enfermedades e infecciones a la población. El 32% (68) mencionó haberse encontrado enfermo por dolor de estómago y diarrea, y el 2% (4) haber contraído enfermedades transmitidas por vectores, como chikungunya, zika, malaria, entre otros. El 47% (99) de las familias encuestadas reportaron no tener acceso a agua las 24 horas del día los 7 días de la semana, de estos el 70% (69) reportó consumir agua del grifo y el 30% (30) comentó extraerla de pozos profundos. Es cierto, que el panorama para los más de 60.000 migrantes venezolanos que se encuentran en estas tres regiones del país es desolador, también es cierto que desde diferentes organizaciones e instituciones se está trabajando en conjunto para romper esas barreras que les impide tener una mejor calidad de vida. Acciones solidarias y trabajo en equipo para una mejor calidad de vida Teniendo en cuenta esta realidad, desde febrero de 2019 la Iglesia Católica en Colombia a través del SNPS-CC en conjunto con la Oficina de Asistencia para Desastres en el Extranjero USAID/OFDA, inició la implementación de un programa propuesto en dos fases de intervención. Durante la primera Fase se atendieron a más de 12,000 migrantes venezolanos en 4 departamentos del país con asistencia en salud, dinero en efectivo y agua, saneamiento e higiene (WASH). Ahora, el proyecto Asistencia en salud y agua, saneamiento e higiene a familias afectadas por la crisis migratoria venezolana en Colombia en su segunda fase y en apoyo con la agencia BHA/USAID, tiene como objetivo, al finalizar el mes de agosto de 2021, llegar a más de 10.500 personas, facilitando el acceso a servicios de salud y mejorando las prácticas de higiene de la población migrante venezolana, colombianos en situación de vulnerabilidad y las comunidades de acogida. Acciones como la remisión a servicios médicos mediante la gestión de casos y vías de remisión eficaces, entregas de subsidios de transporte para el traslado a los centros médicos, campañas de salud ambiental y talleres en promoción de la higiene donde se sensibiliza a la población sobre las consecuencias del mal manejo de las basuras y su adecuada gestión, reciclando, reutilizando y reduciendo, son algunas de las acciones que ya se están implementado en estos tres departamentos. Se debe seguir trabajando para romper barreras A la falta de acceso a un sistema de salud y de un ambiente de habitabilidad digno que pueda evitar la generación de enfermedades, hay que sumarle que la población venezolana se enfrenta a otras problemáticas como explotación sexual, explotación laboral, convivencia familiar, desescolarización, regularización, entre otras, información arrojada por el estudio en terreno realizado por el SNPS-CC. Por esta razón, la Iglesia Católica colombiana seguirá uniendo esfuerzos en pro de darle continuidad a las acciones humanitarias que contribuyan al mejoramiento de la calidad de vida de la población migrante que se encuentra en el territorio nacional, pues vivir en condiciones dignas en otro país es un derecho que por inherencia les pertenece. Finalmente, el SNPS-CC invita a todas las instituciones, organizaciones y entidades locales, gubernamentales, nacionales e internacionales, a continuar trabajando no sólo por los migrantes y refugiados, sino por la población colombiana en condición en vulnerabilidad, para romper esas barreras que les impiden gozar de un ambiente de vida dingo e igualitario.

Jue 10 Jun 2021

Iglesia y varias organizaciones denuncian “panorama sombrío” en el Chocó

En un comunicado, los representantes de organizaciones sociales y etnicoterritoriales del departamento del Chocó, y las diócesis de Quibdó, Istmina - Tadó y Apartadó, expresan su preocupación por las constantes amenazas que siguen sufriendo las comunidades de estos territorios del Pacífico, así como por el creciente empobrecimiento de la población. "La situación de violencia continúa siendo insoportable en la gran mayoría de los municipios del Chocó. Los grupos armados y la delincuencia organizada ejercen control en gran parte del territorio, afectando gravemente sectores urbanos y rurales (...) El empobrecimiento de la población del departamento continúa aumentando, haciendo que cada vez sea más difícil la supervivencia del 70% de sus habitantes", alertan en su mensaje. Igualmente, señalan que a esta difícil situación se suma el incremento en el número de contagios por COVID-19, llevando a decretar la alerta roja en el tema de salud. "Es lamentable que, en este contexto, el departamento padezca por la pésima atención hospitalaria, caracterizada por falta de atención a los pacientes, deudas salariales, desórdenes administrativos y una precaria infraestructura". En este contexto, advierten que la Misión Médica que ha venido apoyado esta emergencia sanitaria, está siendo "atacada sistemáticamente por la criminalidad organizada y por las prácticas de corrupción privada y estatal que ponen en riesgo la vida del personal médico y la salud de los usuarios". En materia educativa, los firmantes de la misiva observan que, tras la pandemia, niños y jóvenes se han visto afectados en sus procesos de formación y el Ministerio de Educación "se niega a garantizar las condiciones necesarias para el retorno seguro a la presencialidad". Frente a este panorama sombrío, hacen un nuevo llamado al Gobierno Nacional, regional y local para que, prontamente, sean atendidos los "reclamos que históricamente se han hecho desde la sociedad civil". Así mismo, invitan para que en el contexto del Paro Nacional, todos los actores, de manera especial los jóvenes, se unan a un diálogo regional "que le permita al departamento encontrar caminos concretos para exigir sus derechos y sumarse con propuestas al nuevo horizonte del país", puntualizan. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar comunicado[/icon]

Mié 9 Jun 2021

El Vaticano promueve charlas para personal sanitario y agentes de la salud

Ante la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de la Covid-19, el personal sanitario y los agentes de la salud siempre han estado comprometidos en salvaguardar la vida de las personas. Esto, ha llevado a que muchos de ellos vivan niveles de estrés altos, afectando, en muchos casos su estado de salud físico y mental. En este contexto y en atención a este público, el Dicasterio para el servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano está desarrollando por estos días videoconferencias sobre el tema de la salud, inspirados en las Encíclicas Laudato Si' y Fratelli tutti. "Las videoconferencias ayudarán a los participantes a comprender el impacto de la pandemia sobre el personal sanitario y todos los que forman parte de redes de atención y apoyo. Escucharemos testimonios, compartiremos experiencias e intentaremos responder una pregunta importante: ¿Cómo podemos acompañar a los agentes sanitarios y pastorales implicados en la primera línea de la pandemia?", señalan sus organizadores. Para este jueves 10 de junio, de las 16:00 a 18:20 horas (hora italiana), 9:00 a.m. a 11:20 a.m. (hora colombiana), corresponde la sesión de AMÉRICA LATINA, donde el cardenal Peter K. Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, tendrá a su cargo la apertura de la videoconferencia. Expertos conferencistas serán los encargados de abordar temas como: "Experiencia, necesidades y desafíos durante y después de la pandemia de Covid-19"; "Acompañamiento y ayuda al personal sanitario durante y después de la pandemia"; "La presencia cristiana junto a la fragilidad humana en el tiempo de la pandemia"; y "Una ética para los tiempos de la pandemia junto a los profesionales de la asistencia sanitaria". El público, en atención a esta emergencia sanitaria, entre ellos personal sanitario y los agentes de la salud interesados en participar, lo podrán hacer ingresando al siguiente link [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]- Webinar ID: 817 8544 4877 /Passcode: 300686

Mar 8 Jun 2021

Transmisión por televisión de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) invita a los fieles católicos de todo el país a participar en la eucaristía de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, este viernes 11 de junio, a las 11:00 a.m., en la Catedral Primada de Colombia. En esta celebración eucarística, transmitida por televisión gracias a la alianza de los canales: RCN, Caracol, Cristovisión, Teleamiga y Tele Vid, se hará la renovación de la consagración del país y de los hogares católicos al Sagrado Corazón de Jesús, expresando así el anhelo fervoroso de la Iglesia Católica por la unidad, la paz y la reconciliación de Colombia. Los prelados que hasta ahora han confirmado su participación presencial son: el cardenal Rubén Salazar; monseñor Luis Marino Montemayor, nuncio de Su Santidad en nuestro país; monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia; monseñor Óscar Urbina, arzobispo de Villavicencio y presidente de la CEC; monseñor Ricardo Tobón, arzobispo de Medellín y vicepresidente de la CEC; monseñor Gabriel Villa, arzobispo de Tunja; monseñor Víctor Ochoa, obispo castrense; monseñor Elkin Álvarez, obispo de Santa Rosa de Osos y secretario general del episcopado; y los obispos auxiliares de Bogotá, monseñor Luis Manuel Alí y monseñor Pedro Salamanca. Así, los arzobispos y obispos, junto con los sacerdotes y religiosos asistentes, serán los encargados de consagrar las familias, las comunidades parroquiales y la nación al Sagrado Corazón de Jesús, pidiendo, además, por el fin de la pandemia y la salud del pueblo colombiano. Transmisión por televisión y otros medios A la alianza de canales ya descrita, se unirán también los medios de comunicación tradicionales y digitales de las jurisdicciones eclesiásticas del país (arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos), así como de comunidades religiosas, de movimientos apostólicos y de otros organismos de la Iglesia. Historia de la Consagración A finales de 1899 estalló la Guerra de los Mil Días en nuestro país. Los datos históricos reseñan más de cien mil colombianos muertos, en una época en la que Colombia tenía, aproximadamente, cuatro millones de habitantes. Las confrontaciones, que se extendieron hasta finales de 1902, causaron significativos detrimentos económicos y sociales. Por iniciativa del arzobispo de Bogotá, monseñor Bernardo Herrera Restrepo, la Iglesia Católica pidió al entonces Jefe de Estado, José Manuel Marroquín, acudir al Sagrado Corazón de Jesús como forma de unir a los colombianos. Surgió, entonces, la idea de consagrar la República al Sagrado Corazón de Jesús y edificar un templo, que se plasmó en la iglesia del Voto Nacional, situado en el centro de la capital colombiana. Fue así como la consagración se realizó el 22 de junio de 1902 y, ese mismo día, se puso la primera piedra para el templo. Cinco meses más tarde, el 21 de noviembre de 1902, se firmó el Tratado de Wisconsin con el que se dio por terminada la Guerra de los Mil Días. Aunque por la Ley 1ª de 1952 se ordenó la renovación anual de la consagración, encabezada por el Jefe de Estado, la Constitución Nacional promulgada en 1991 estableció el carácter pluralista del Estado colombiano. Más tarde, la Corte Constitucional declaró inexequible aquella norma. Independientemente de esta norma legislativa, es tradicional que la Iglesia Católica, cada año, celebre esta solemnidad y renueve la consagración de las familias y la nación al Sagrado Corazón de Jesús.