El Amor es capaz de transfigurar todo

El Amor es capaz de transfigurar todo

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  • Primera lectura: Gn 22,1-2.9a.10-13.15-18
  • Salmo Sal 116(115),10+15.16-17.18-19 (R. Cfr. 9)
  • Segunda lectura: Rm 8,31b-35a
  • Evangelio: Mc 9,2-10

Introducción

Avanza el tiempo cuaresmal de preparación para la Pascua de Resurrección, y qué mejor forma de adentrarse en él que de cara a la Sagrada Escritura, para descubrir el amor inconmensurable que Dios prodiga a su creatura aún en medio de las vicisitudes de la vida.

Un amor que debe llevar al hombre a un cambio de vida, a una transformación profunda de su existencia humana, que le permita dimensionar con esperanza el horizonte de la eternidad y la meta de la salvación.

Centremos, pues, la reflexión de este segundo domingo de cuaresma en el acontecimiento de la Transfiguración del Señor.

¿Qué dice la Sagrada Escritura? 

La primera lectura se conecta con el texto evangélico en cuanto que ambas narran acontecimientos importantes sucedidos en montes altos. 

En la primera, Dios procede extrañamente al pedirle a Abraham, el padre de la fe, una prueba extrema de amor y lealtad: el sacrificio de su hijo Isaac en un monte de la región de Moriá. Y en el evangelio, el acontecimiento se centra en la doble revelación de Dios al exclamar “¡Este es mi Hijo predilecto. Escúchenlo!” Esta expresión se da en un monte alto que la tradición identifica como el Tabor. Aquí, Dios se revela como Padre y presenta a Jesús como su Hijo, el unigénito. Esta revelación acontece en el marco de la Transfiguración de Jesús que se da en presencia de los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. 

En la segunda lectura, el apóstol Pablo, en su exhortación a los Romanos, les hace caer en cuenta del amor salvador de Dios y el poder de intercesión de Jesucristo en beneficio de la salvación del ser humano. 


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¿Qué me dice la Sagrada Escritura? 

Caben aquí las palabras del cardenal italiano Gianfranco Ravasi expresadas en uno de los libros de su colección ‘Según las Escrituras’: “La pascua terrena que celebramos es como una transfiguración, en espera de la pascua perfecta que celebraremos en la liturgia celestial y que ya no conocerá el retorno a la llanura.” 

La cuaresma debe generar en el creyente un cuestionamiento tan profundo que lo lleve a un cambio de estilo de vida, un cambio en su forma de ser, pensar y actuar, incluso, un cambio en su forma de relacionarse con los demás y con Dios. 

El diálogo de cada persona con el Señor al acercarse a su Palabra y contemplarla, tanto desde la oración, como desde la práctica de los otros ejercicios cuaresmales (ayuno y limosna), se convierte en la principal herramienta del cristiano para aprovechar este tiempo como verdadera preparación para descubrir el esplendor de Cristo Resucitado.

Bien lo anota el Papa Francisco: “Con Pedro, Santiago y Juan subamos también nosotros al monte de la Transfiguración y permanezcamos en contemplación del rostro de Jesús, para recibir el mensaje y traducirlo en nuestra vida; para que también nosotros podamos ser transfigurados por el Amor. En realidad, el Amor es capaz de transfigurar todo.” (Ángelus Dominical, Plaza de San Pedro, 1° de marzo de 2015).

¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?

Estamos llamados, como seguidores de Cristo, a ser transformadores de aquellas realidades a las que tenemos acceso permanente: la familia, el vecindario, el grupo de estudio o de trabajo, la comunidad parroquial, el grupo social o político al que pertenecemos, entre otras. Pero también nuestra incidencia creyente debe llegar hasta aquellos que ocasionalmente encontramos en vehículos de transporte público, tiendas y supermercados, centros comerciales, organismos de salud, plazas, parques… 

La principal herramienta para llevar a cabalidad esta misión de transformadores de la sociedad es la Palabra de Dios que nos interpela y, a la vez, nos ilumina para asumir la vida desde la fe que testimoniamos con un estilo de vida ajustado a los valores humano-cristianos que promueve el Evangelio.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

La Transfiguración del Señor nos anima, en medio del tiempo cuaresmal, a mirar con esperanza, desde nuestra condición pecadora, la realidad de la resurrección de Cristo, comprendiendo, como reza en el prefacio del día, “que era necesario pasar por la pasión para llegar a la gloria de la resurrección.”

Asimismo, el esfuerzo humano que aportamos para avanzar en el tramo de vida terrenal que nos corresponde, se convierte en impulso para la vida eterna.

Posted by Admin9834