Sigamos paso a paso para descubrir a Cristo por dentro

Con la entrada de Jesús en Jerusalén, la liturgia de hoy quiere hacer énfasis en Jesús como el Mesías. Así lo reconocen quienes lo aclaman a su ingreso en la ciudad santa. Pero el mesianismo de Jesús guarda una profunda semejanza con la misión del Siervo de Yahvé, es un mesianismo que pasa por la entrega y la muerte.


Lecturas

Primera lectura: Is 50,4-7
Salmo: 22(21),8-9.17-18a.19-20. 23-24 (R. 2a)
Segunda lectura: Flp 2,6-11
Evangelio: Mt 26,14-27,66 (forma larga) o Mt 27,11-54 (forma breve)


  CONTEXTO BÍBLICO

Existe de la doctrina sobre el Siervo una espiritualidad del martirio que hace posible que un justo realice un sacrificio representativo por el pecado y obtenga así la salvación con su propio mérito. Esta doctrina se complementa con la esperanza de la reivindicación del justo por parte de Dios. Así la figura del Siervo del Deutero-Isaías se presta de manera especial para expresar los grandes acontecimientos de la salvación de Cristo: su muerte y su resurrección. Le lectura de la pasión de Jesús, desde la perspectiva del Siervo doliente, hace más evidentes los planes de Dios en relación con la muerte de su Hijo, y hace más clara su significación teológica.

Por otra parte nos encontramos frente al himno cristológico sobre la “kenosis”. Jesús se ha entregado, se ha vaciado de sí mismo, se ha aniquilado hasta la muerte; pero Dios lo ha exaltado.

El himno nos ofrece la contraposición entre la condición divina y la condición “servil”, hasta llegar a la muerte de Cruz. Además al descenso debido a la humillación, le sucede una ascensión triunfal, una exaltación, que convierte a Jesús en “Señor”. En la humanidad de Jesús aparece la realidad de Dios. Su muerte es la revelación del misterio mismo del amor. “Amar es entregarse”, “Dios es amor”. El Mesianismo de Jesús es cuestión entrega y de muerte.

Las lecturas tienen una gran unidad: presentan el misterio del abatimiento, del dolor, del sufrimiento del justo, del inocente. Lo que más impacta es pensar que la imagen de Dios es Jesucristo, y este crucificado. Jesús nos enseña cómo es Dios y cómo nosotros podemos parecernos a Dios, ser imágenes de Dios invisible: con el amor incondicional, con el desprendimiento total, con el despojo de sí mismo, por la obediencia hasta la cruz.

 CONTEXTO SITUACIONAL

El Domingo de Ramos invita a entrar, sin temores ni tensiones, a seguir, paso a paso, al Señor, a descubrir a Cristo por dentro.

Los hombres nos hemos distanciado mucho de Cristo y hemos perdido el rumbo. Se nos llama a ser audaces para devolver a Cristo a los hombres. Hemos perdido la luz, pero los cristianos tenemos que ser luz del mundo. Los hombres hemos perdido la fuerza, y los cristianos tenemos que ser sal de la tierra. Se nos llama a la audacia para confiar hasta lo último, para amar hasta hacer poner en el riesgo de morir y para esperar hasta el fin. Esta audacia nos capacita para callar y no gritar, como Cristo; capaces de soportar y no pelear, a semejanza de Cristo; capaces de sufrir sin protestar, como El.

El perfil de Cristo es siempre atrayente, cautivante, resplandeciente. Es hombre con personalidad porque sabe qué es lo suyo, sabe hacer lo suyo y terminar lo suyo. Cristo se presenta como hombre con convicción. Convencido de su misión y por esto se entrega; está convencido del apoyo divino, y por esto confía. Sabe que para esto ha venido al mundo, y por eso salva.

Se nos llama a ser audaces para enseñar, dando paz con la palabra, alegría con el afecto, apoyo con la acción. Ser audaces para asimilar en la oración los sentimientos de Cristo; en la Eucaristía, el amor de Cristo; en la acción, la fuerza de Cristo.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Lo que nosotros celebramos es la obra de Dios. Dios sale de su misterio: se hace hombre. Dios revela sus designios: propone su Palabra. Dios nos manifiesta su amor: busca al hombre para salvarlo. La Cruz es el anuncio de que Dios viene al hombre; la Cruz es el testimonio de que Dios está con el hombre; la Cruz es el signo de que Dios ama al hombre.

Dios se hace salvación de los hombres. Cristo es la plenitud de la revelación, pues manifiesta la voluntad de Dios y nos invita a confiar. Cristo es la plenitud del amor, manifiesta la amistad con Dios e invita a confiar. Cristo es plenitud de vida, manifiesta la acción salvadora de Dios y nos invita a entregarnos.

Nosotros celebramos el acontecimiento de la Cruz, que es fuente de luz que serena; fuente de paz que equilibra, fuente de amor que se irradia.


 Recomendaciones prácticas

  1. La santa misa, que se celebra después de la procesión, aparece como la celebración de una comunidad que ha escuchado, de manera especial, el “bienvenido en el nombre del Señor”. Conviene hacer la debida invitación para una adecuada y activa participación.
  2. Desde el punto de vista histórico-salvífico y de la celebración actual de la salvación, el Domingo de Ramos es la apertura de la Semana Santa. Es como un recibimiento festivo. La celebración litúrgica dramatiza lo que aconteció en Jerusalén y debe enfocarse como una invitación del Señor a acogerlo con alegría, convicción y esperanza.
  3. Se sugiere en las orientaciones litúrgicas que la lectura de la Pasión se haga por partes, de manera que la gente pueda escuchar con atención. Se podría ir comentando matices de la pasión. Todo para facilitar la meditación de la pasión y obtener mejor provecho. La historia de la Pasión debe ser proclamada por excelentes lectores, los cuales pueden ser tres, teniendo en cuenta la recomendación litúrgica de reservar la parte propia de Cristo para que la lea el sacerdote.
  4. Invitar a los diferentes ministros que, durante este tiempo, ejerzan sus respectivos oficios de una manera digna, en forma tal que su actitud sea un claro testimonio de estar inmersos en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo que celebramos, de una manera solemne, cada año.

Posted by Admin9834