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“Me hará falta el río grande de La Magdalena por su navegar tranquilo y sus horas de poesía”
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Así lo expresa monseñor Camilo Castrellón Pizano, quien recientemente dejó la diócesis de Barrancabermeja, luego que el papa Francisco le aceptara la renuncia al gobierno pastoral de esta Iglesia particular. Se retira para dedicar su tiempo a la oración, al sacramento de la reconciliación, a la actualización en el tema de la psicología, que dejó por su trabajo pastoral y, además, estará acompañando y asesorando parejas en procesos de separación.
En diálogo con la oficina de comunicaciones de la Conferencia Episcopal, el obispo saliente cuenta algunos de los momentos pastorales vividos a lo largo de sus 19 años de ministerio episcopal, ejercidos en las diócesis de Tibú y Barrancabermeja.
Anunciar la Buena Nueva de Jesús, legado que deja a su sucesor
Revela que durante su ministerio tuvo claro que su tarea era la de anunciar la Buena Nueva de Jesús y eso lo ha hecho visible trabajando por los más pobres, vulnerables y últimos de la sociedad, especialmente apoyando procesos de construcción de la paz. Estas acciones, apunta el prelado, se han visto materializadas “gracias al trabajo en equipo, marcado con una presencia activa de los sacerdotes, la vida consagrada, los laicos, con un discernimiento constante de la realidad y una iluminación desde la Palabra de Dios, el Magisterio de la Iglesia y las ciencias sociales. Toda la elaboración del proyecto pastoral diocesano, partió siempre de la base y no del vértice, cuya misión fundamental de éste era apoyar a las parroquias y vicarías”.
El plan pastoral, explica, estuvo “centrado en la persona del Señor Jesús y en la reconciliación como camino para la paz”, razón por la que destaca el trabajo hecho con los jóvenes y las familias dejando como resultado la construcción y fortalecimiento de las “comunidades eclesiales de base”, entendidas como grupos de personas donde sus integrantes se conocen, comparten su vida, celebran su fe y se ayudan mutuamente para vivir plenamente su compromiso en la construcción del Reino de Dios.
En materia de relaciones con otras instancias, el obispo saliente subraya que, a pesar de las diferencias de pensamiento, la Iglesia siempre ha mantenido buena comunicación, diálogo e independencia con los gobiernos tanto nacional, departamental y local, con las fuerzas militares y de policía, con los medios de comunicación social, con las organizaciones civiles, con los grupos y movimientos de derechos humanos, con los diálogos pastorales con los grupos alzados en armas y con los líderes y lideresas de las comunidades, hecho que ha permitido abrir caminos de reconciliación y paz que favorecen sin lugar a dudas a las comunidades.
Caminando de la mano con los más pobres y desprotegidos
Frente a las distintas realidades sociales que se perciben en estos territorios, acompañadas por una gran riqueza natural, la calidez de sus gentes, sus comunidades, pero también marcados por la desigualdad, la pobreza, el narcotráfico, los grupos alzados en armas, en fin, una serie de factores que marcan un panorama de mucha complejidad, el obispo emérito de Barrancabermeja destaca que para analizar estos ambientes se partió de un proceso de discernimiento “donde nos preguntábamos cómo estaba trabajando Dios en la situación que se nos presentaba, para ayudarle a llevar adelante su plan de salvación”. Esto, afirma, siempre fue soportado desde una lectura del análisis de la realidad e iluminado por el Evangelio, las ciencias sociales, el Magisterio Pontificio y la Doctrina Social de la Iglesia.
“Para la toma de decisiones teníamos un material de apoyo con unos principios fundamentales: la constitución del ser humano que encuentra en Cristo el hombre nuevo y le ofrece su realización más plena, la centralidad de la persona humana como un ser que anda, que peregrina, como un ser viático, sujeto de su propia historia, la persona humana, fundamento y fin del orden social”, añade.
Así, pues, resalta que “estos principios se entrelazaban transversalmente con: las opciones de una Iglesia en salida, la cultura del encuentro, la centralidad en los pobres, la reconciliación y la paz”.
Habló fuerte denunciando las injusticias
Resalta la tarea de sus antecesores quienes siempre fueron claros en denunciar las injusticias y anunciar el Evangelio con miras a la construcción de una nueva sociedad. Por eso, subraya que “tanto en la diócesis de Tibú como en la de Barrancabermeja tuve muy claro que el anuncio y la denuncia eran parte inseparable del ministerio episcopal y en ambas jurisdicciones había una memoria y un trabajo muy fuerte de mis antecesores (…) Especialmente en Tibú, soy consciente que mis denuncias, que fueron muchas y frecuentes, incomodaron al establecimiento y a los grupos al margen de la ley. En tres oportunidades, supe después, que habían tomado la decisión de secuestrarme con fines de una ejecución sumaria”.
Recuerda cómo, durante su trabajo pastoral en la diócesis de Tibú, los medios de comunicación privados le fueron esquivos a la hora de realizar denuncias. Éstas – explica-, se tenían que hacer a través de la emisora diocesana o en el púlpito durante las eucaristías; era así como particularmente las víctimas o sus familiares sentían la cercanía y el apoyo de la Iglesia.
“Un caso, entre muchos, ilustra lo dicho: en una celebración del Sábado Santo, en la noche, en la Iglesia Catedral, al terminar la Vigilia Pascual, una muchacha muy asustada y escondiéndose de la gente, me dijo que durante la misa un grupo al margen de la ley se había llevado a un joven. Llamé, inmediatamente, al vicario general y salimos para donde sabíamos que conocían el secuestro y exigimos devolver al instante al joven. A los pocos minutos estaba libre. Al día siguiente, hice la denuncia pública”, afirma.
También recuerda acontecimientos especiales vividos en la diócesis de Barrancabermeja. Allí la voz del obispo ha sido siempre respetada y es considerado como un líder espiritual, desde tiempos de monseñor Bernardo Arango, pasando por monseñor Juan Francisco Sarasti y, particularmente, por monseñor Jaime Prieto, quienes fueron voz autorizada, libre e iluminadora de la realidad social en estos territorios.
Nostalgia de dejar estos territorios
Expone que su salida le trae nostalgia, pero también tiene claro que su formación con la comunidad Salesiana le enseñó a ser un ciudadano del mundo y, por lo tanto, siempre estará en actitud de salida y, al mismo tiempo, “con los pies firmes en el presente y convencido que el Señor, en el nuevo lugar de mi estadía, me tiene una misión particular”.
“Estoy muy agradecido y voy a extrañar al magnífico equipo de la curia diocesana, conformado por sacerdotes, religiosas y profesionales, hombres y mujeres que me acompañaron durante estos años, con amistad y profesionalismo, lo mismo que a quienes fueron los conductores del carro del obispo, compañeros de largos recorridos y al personal de servicios que trabaja en la casa del obispo por su sencillez, servicio, dedicación y su compromiso; también a los fieles de las parroquias (...) Tuve una relación muy fluida con la academia, con los profesionales y una cercanía especial con las víctimas de la violencia, con quienes fortalecimos lazos de amistad y solidaridad, que necesariamente voy a extrañar (…) También extrañaré al equipo humano del Secretariado Permanente de la Conferencia Episcopal por su cercanía, amabilidad, profesionalismo y capacidad de servicio.
Concluye su entrevista, agradeciendo las sólidas amistades que se fueron tejiendo a lo largo de su episcopado, resaltando sobre manera a aquellas personas que le ayudaron en la construcción de una mejor sociedad y que creyeron en él como obispo.
Y, así como le “hará falta el río grande de La Magdalena por su navegar tranquilo y sus horas de poesía”, también él dejará un vacío en quienes lo acompañaron en su paso por Barrancabermeja.
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Lun 13 Jul 2026
Papa León XIV nombra nuevo obispo para la Diócesis de Jericó: Pbro. Diego Luis Rendón Urrea
Sacerdote de la Diócesis de Santa Rosa de Osos y hasta ahora rector de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, el padre Diego Luis Rendón Urrea será el octavo obispo de esta Iglesia particular del suroeste antioqueño, reconocida por su riqueza espiritual, misionera y cultural, y por ser la tierra natal de Santa Laura Montoya, primera santa colombiana.El padre Rendón Urrea sucede en esta misión episcopal a monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago, quien acompañó pastoralmente la diócesis desde 2013 y presentó su renuncia al Santo Padre en agosto de 2024, tras cumplir los 75 años de edad, conforme a lo establecido por el Código de Derecho Canónico.De la educación superior católica al ministerio episcopalCon este nombramiento, el Papa León XIV confía la conducción pastoral de la Diócesis de Jericó a un sacerdote cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada a la educación y la evangelización.Durante los últimos años, el padre Diego Luis Rendón Urrea se desempeñó como rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, instituciones desde las que ha impulsado procesos de educación superior y formación virtual con identidad católica, al servicio de comunidades de distintas regiones del país.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de JericóEl padre Diego Luis Rendón Urrea nació el 3 de junio de 1967 en Rionegro, Antioquia. Realizó su formación filosófica y teológica en el Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos y en la Universidad Santo Tomás de Medellín. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2000 para la Diócesis de Santa Rosa de Osos.Realizó estudios de especialización en Gerencia Educativa en la Universidad de San Buenaventura de Medellín y en Pedagogía de la Virtualidad en la Fundación Universitaria Católica del Norte. Adelantó, además, estudios de doctorado en Educación en la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina.Entre los servicios pastorales que ha desempeñado a lo largo de su ministerio sacerdotal, se encuentran:- Vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción de Amalfi (2001).- Primer rector del Cibercolegio de la Fundación Universitaria Católica del Norte y vicario de Educación Católica (2002-2005).- Promotor vocacional y delegado de Pastoral Misionera (2005-2009).- Delegado de Pastoral Social y vicario de Pastoral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2010-2011).- Capellán del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) en Bogotá (2011-2014).- Párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Gómez Plata (2014-2015).- Miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2022-2026).- Rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN (2015-2026).Una diócesis con profunda tradición evangelizadoraLa Diócesis de Jericó fue creada el 29 de enero de 1915 mediante la bula Universi Dominici Gregis del Papa Benedicto XV. Está ubicada en el suroeste del departamento de Antioquia y extiende su jurisdicción pastoral sobre 15 municipios: Andes, Betania, Betulia, Caramanta, Ciudad Bolívar, Concordia, Hispania, Jardín, Jericó, La Pintada, Pueblorrico, Salgar, Támesis, Tarso y Valparaíso.La sede episcopal se encuentra en la ciudad de Jericó, donde está ubicada la Catedral de Nuestra Señora de las Mercedes. La diócesis cuenta con 30 parroquias, el Seminario Diocesano San Juan Eudes, comunidades de vida contemplativa y activa, así como la casa de retiros espirituales Lisieux.Esta Iglesia particular ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia en Colombia por ser cuna de Santa Laura Montoya Upegui, primera santa nacida en el país y fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. También son hijos de este territorio el beato Juan Bautista Velásquez Peláez y el beato Jesús Aníbal Gómez Gómez, cuyos testimonios de fe continúan inspirando la vida cristiana y misionera de esta región.Con este nombramiento, la Diócesis de Jericó inicia una nueva etapa de su camino pastoral, manteniendo viva una tradición evangelizadora que durante más de un siglo ha contribuido significativamente a la vida de la Iglesia en Colombia.
Sáb 11 Jul 2026
Iglesia en Colombia plantea criterios para la renovación de la formación sacerdotal tras la CXXI Asamblea del Episcopado
Cinco días de oración, discernimiento, escucha y trabajo conjunto dejaron una convicción compartida entre los obispos de Colombia y los invitados especiales que participaron en la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano: renovar la formación de los futuros sacerdotes es una tarea urgente para responder a los desafíos actuales de la Iglesia y del país.Del 6 al 10 de julio, más de 90 obispos, junto con rectores de seminarios, seminaristas, religiosos, laicos y profesionales vinculados a los procesos formativos, reflexionaron sobre el tema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera", en un ejercicio inédito de escucha y discernimiento compartido que permitió identificar retos, fortalecer consensos y proyectar caminos concretos para los seminarios de Colombia.El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, destacó que uno de los principales frutos de la Asamblea fue confirmar la necesidad de seguir fortaleciendo una formación humana integral, capaz de preparar sacerdotes cercanos a las personas y a las realidades de sus comunidades."Constatamos que vamos avanzando, vamos tomando conciencia del valor de la formación humana integral de nuestros candidatos al ministerio sacerdotal, que sean personas cada vez más cercanas a las necesidades y preocupaciones de nuestras comunidades".El Arzobispo de Cartagena afirmó que la Iglesia aspira a formar ministros con una sana madurez humana y afectiva, capaces de construir relaciones fraternas con las distintas vocaciones del Pueblo de Dios, comprometidos con la opción preferencial por los pobres y con una auténtica actitud misionera que les permita responder a las periferias existenciales del mundo contemporáneo.Una formación que involucre a toda la IglesiaUno de los consensos más significativos de la Asamblea fue que la formación sacerdotal debe entenderse como una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.En este sentido, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, afirmó que el proceso de renovación exige comprender de una manera nueva la identidad del ministerio presbiteral."El presbítero se comprende a sí mismo de manera plena en la vida de la Iglesia y desde el pueblo de Dios. No es una figura que está por encima, al lado o detrás, sino junto al pueblo de Dios."El obispo explicó que esta visión implica una formación en la que participen activamente familias, mujeres, jóvenes, sacerdotes, psicólogos y otros profesionales, de modo que el futuro presbítero aprenda desde el inicio a vivir relaciones eclesiales marcadas por la comunión, la escucha y la corresponsabilidad.Añadió que esta formación debe consolidar una identidad profundamente misionera, con sacerdotes capaces de escuchar, discernir y acompañar las realidades humanas. Asimismo, señaló que el futuro presbítero necesita una intensa vida espiritual que le permita leer los desafíos de su tiempo desde la fe y anunciar el Evangelio con respuestas concretas a las realidades actuales, haciendo presente el rostro misericordioso de Cristo en medio de las comunidades.En la misma línea, el rector del Seminario Mayor de Manizales, padre José Abel Sierra, resaltó que la Asamblea reafirmó la importancia de que toda vocación sacerdotal nazca de un encuentro personal con Jesucristo y crezca gracias al acompañamiento de toda la comunidad eclesial."Es muy importante la cooperación de todos. Son muchas las personas que tienen que ver en esa actividad de formar y acompañar al joven que quiere responder al Señor".También destacó que la cultura del cuidado debe seguir consolidándose en los seminarios para que estos sean ambientes sanos donde quienes serán futuros pastores aprendan también a cuidar de los demás.Comprender mejor a los jóvenes para acompañar sus vocacionesOtro de los acentos de la Asamblea fue la necesidad de renovar la manera como la Iglesia acompaña a las nuevas generaciones.Para monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco, uno de los aportes más significativos fue comprender que los jóvenes necesitan ser conocidos desde su historia y no únicamente desde los desafíos propios de su tiempo.Inspirado en el pasaje de los discípulos de Emaús, afirmó que el acompañamiento vocacional exige cercanía, escucha y esperanza, para ayudar a reconstruir la historia personal de cada joven a la luz del Evangelio.Esta perspectiva se complementó con el llamado de monseñor José Camilo Arbeláez Montoya, obispo de Vélez, quien remarcó la necesidad de fortalecer la pastoral vocacional desde edades más tempranas.El prelado señaló que la Iglesia está llamada a acompañar a niños y adolescentes incluso antes de los últimos años del bachillerato, generando procesos continuos que permitan descubrir y madurar la vocación como un verdadero camino de discipulado.Seminarios que respondan a los desafíos del presenteLas reflexiones también coincidieron en la necesidad de seguir fortaleciendo el discernimiento vocacional, la preparación de los formadores y la articulación entre las diócesis.Monseñor Carlos Alberto Correa Martínez, obispo de Apartadó, destacó la importancia de impulsar procesos de discernimiento comunitario y regional que permitan responder de manera conjunta a los desafíos actuales.Por su parte, monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú, recordó que las vocaciones nacen en contextos concretos, marcados muchas veces por el sufrimiento y la violencia, pero subrayó que precisamente allí continúa llamando el Señor."Las vocaciones están floreciendo. Aunque no aparecen en el número que quisiéramos, el Señor sigue llamando."Añadió que el gran desafío consiste en consolidar buenos equipos de formadores y comunidades que preparen pastores cercanos al dolor humano y comprometidos con la construcción de esperanza.Desde la vida religiosa, fray Alexander Martínez López, rector del Noviciado de los Agustinos Recoletos, destacó como uno de los mayores frutos de la Asamblea la decisión de fortalecer la formación de los formadores, consolidar criterios más claros para el discernimiento de quienes ingresan a los seminarios y seguir construyendo ambientes seguros desde la cultura del cuidado.Asimismo, valoró especialmente el carácter sinodal del encuentro."Ha sido muy gratificante poder trabajar juntos. Los señores obispos quieren trabajar en sinodalidad y comprenden la necesidad de vincular a todos los agentes de la Iglesia para construir estos proyectos."Una tarea que apenas comienzaLos participantes coincidieron en que las reflexiones desarrolladas durante estos cinco días solo darán fruto si se traducen en procesos concretos dentro de las diócesis y los seminarios del país.La psicóloga del Seminario Diocesano de Girardota, María Paula Zuleta Rendón, destacó la importancia de fortalecer el acompañamiento desde las etapas iniciales del discernimiento vocacional y recordó que la formación integral comienza desde los procesos de selección y continúa durante todo el camino formativo.Por su parte, el seminarista Juan Manuel Mendoza García, del Seminario Mayor Los Doce Apóstoles de Buga, valoró la posibilidad de ser parte de la reflexión de esta semana, como una riqueza para su proceso. Afirmó que una de las mayores enseñanzas de la Asamblea fue comprender que la formación sacerdotal es una responsabilidad de toda la Iglesia."Todo el proceso de formación no solamente les compete a los obispos y a los formadores; es una corresponsabilidad de toda la Iglesia."Con la clausura de la CXXI Asamblea Plenaria concluye el trabajo desarrollado durante estos cinco días en Bogotá, pero comienza una nueva etapa para las diócesis, provincias eclesiásticas y seminarios de Colombia. Los aprendizajes, desafíos y compromisos asumidos durante este encuentro serán ahora el punto de partida para seguir fortaleciendo una formación sacerdotal que, desde la comunión, el discernimiento y la misión, prepare pastores según el corazón de Cristo para responder a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad colombiana.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través de la última emisión del informativo ‘Así va la Asamblea’:
Vie 10 Jul 2026
Formar sacerdotes con conciencia crítica, vida de oración y perseverancia en el ministerio: claves de Mons. Germán Medina
La renovación de la formación sacerdotal comienza por la conversión de quienes tienen la misión de formar. Ese fue el mensaje central de la homilía pronunciada por monseñor Germán Medina Acosta, obispo de Engativá y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia, durante la Eucaristía con la que inició la última jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano este viernes 10 de julio.La celebración fue presidida por monseñor Medina y tuvo como concelebrantes principales a monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y a monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzibispo de Tunja y vicepresidente.Al iniciar su reflexión, el Secretario General invitó a contemplar el camino recorrido por la Iglesia en Colombia con una mirada de gratitud, reconociendo el testimonio de quienes han dedicado su vida a la promoción de las vocaciones y a la formación de los futuros sacerdotes. A ese reconocimiento sumó el de párrocos, comunidades cristianas, docentes, colaboradores y laicos que han contribuido, desde distintas responsabilidades, a sostener la misión formativa de los seminarios del país.No obstante, advirtió que la Iglesia afronta un momento que exige renovar profundamente sus procesos de formación."Hoy afrontamos tiempos y realidades inéditas. Las nuevas generaciones de jóvenes plantean desafíos que interpelan profundamente nuestra acción evangelizadora y, de modo particular, la pastoral vocacional y la formación sacerdotal".Inspirado en el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, explicó que uno de los frutos más importantes del discernimiento eclesial es la invitación a una auténtica "conversión de la formación". A partir de esa convicción, presentó tres prioridades para fortalecer la formación inicial al presbiterado.La primera, formar sacerdotes con una conciencia crítica iluminada por el Evangelio, capaces de construir paz y ejercer un discernimiento prudente frente a los desafíos del contexto actual.En ese contexto, monseñor Medina advirtió:“En el mundo contemporáneo existe la tendencia a instrumentalizar la religión y, en nuestro contexto, a utilizar la buena fe de la Iglesia con fines políticos”.Por ello, afirmó que la formación de los futuros presbíteros debe promover "una conciencia crítica de inspiración evangélica y profética, una sólida cultura de paz y el ejercicio de la prudencia y la sencillez".Además, al recordar la reciente audiencia de la Presidencia del Episcopado con el papa León XIV, destacó que, al compartirle algunos de los avances de la Iglesia colombiana en el ámbito de la cultura del cuidado, y particularmente de la atención y reparación a las víctimas, el Santo Padre los animó a continuar escuchándolas y acompañándolas en su dolor.El segundo acento estuvo centrado en la oración y el discernimiento.El Secretario del Episcopado Colombiano señaló que el camino sinodal ha permitido redescubrir el discernimiento personal, comunitario y eclesial como una manera de leer la realidad desde la fe y recordó que "nada reemplaza la oración personal, que sigue siendo el fundamento de toda vocación y de todo ministerio".Como tercer aspecto, invitó a formar sacerdotes capaces de vivir la esperanza y perseverar en medio de las dificultades propias del ministerio, convencidos de que "la fuerza del Evangelio es incontenible e irreversible" y de que "Dios permanece fiel y nunca abandona a quienes llama y envía".Al final de su homilía, el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia afirmó que la renovación de los seminarios solo será posible si comienza por la conversión de los propios pastores."La conversión de la formación comienza por nuestra propia conversión. Solo una Iglesia que se deja convertir puede formar ministros capaces de acompañar la conversión del Pueblo de Dios".Y concluyó con una invitación que sintetizó parte del espíritu que ha tenido esta CXXI Asamblea:"No podremos renovar los seminarios si antes no renovamos nuestra manera de ser pastores. No podremos formar discípulos misioneros si nosotros mismos no permanecemos cada día en la escuela del Maestro".Finalmente, encomendó a la Virgen María, Madre de los Sacerdotes, el camino emprendido por la Iglesia en Colombia para seguir formando "sacerdotes con corazón de pastor, hombres de oración y de discernimiento, prudentes, sencillos y libres, artesanos de paz, capaces de caminar con el Pueblo de Dios y de anunciar el Evangelio con alegría y esperanza".
Jue 9 Jul 2026
“Nos duele y preocupa la división que se agudiza”: obispos colombianos en el marco de su CXXI Asamblea Plenaria
En la recta final de su CXXI Asamblea Plenaria, los obispos de Colombia dirigieron un mensaje al país en el que invitaron a respetar la voluntad democrática expresada en las urnas, rechazar la polarización y promover una cultura del encuentro. El mensaje fue leído este jueves 9 de julio durante la Eucaristía celebrada en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en Bogotá.Con un llamado a cuidar la unidad nacional, promover el diálogo y construir el bien común, los obispos de Colombia presentaron este jueves, 9 de julio, su mensaje al pueblo colombiano en el marco de la CXXI Asamblea Plenaria. El texto, titulado "Procuren mantener la unidad, fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz" (Ef 4,3)—, recoge los principales frutos del discernimiento realizado durante la semana y ofrece una reflexión sobre algunos de los desafíos que atraviesa el país.Formar pastores para construir comuniónLos obispos recordaron que la Asamblea estuvo dedicada a reflexionar sobre la formación inicial de los futuros sacerdotes desde una perspectiva sinodal y misionera. Explicaron que este proceso busca preparar ministros profundamente arraigados en Jesucristo, capaces de caminar junto al Pueblo de Dios, escuchar a todos, servir con espíritu fraterno y tender puentes allí donde existen divisiones.Al mismo tiempo, reconocieron que este llamado también interpela a los propios obispos, quienes se sienten invitados por Cristo a vivir una permanente conversión, fortaleciendo la escucha mutua, el diálogo y la comunión en el ejercicio de su ministerio.Un reconocimiento a la democracia y una preocupación por la polarizaciónEn su mensaje, el Episcopado valoró la amplia y pacífica participación de los colombianos en los recientes comicios electorales, considerándola una expresión de madurez democrática y de respeto por las instituciones.En ese sentido, afirmó que aceptar la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas constituye una condición fundamental para la paz y la convivencia nacional.Sin embargo, los obispos manifestaron también su preocupación por el aumento de la polarización y del lenguaje agresivo en la vida pública."Lamentamos que se estimule la confrontación y se armen de agresividad y violencia las palabras y actitudes que no solo hieren, sino que provocan el desgaste generalizado, el descontrol emocional y la violencia", expresaron."Desarmar las palabras"Ante este panorama, el Episcopado renovó su llamado a construir una auténtica cultura del encuentro, valorando la diversidad sin renunciar a la búsqueda de la unidad.De manera especial, invitó a gobernantes, líderes sociales y ciudadanos a asumir con responsabilidad la tarea de trabajar por el bien común, evitando discursos que profundicen las divisiones."Renovamos el llamado al pueblo colombiano a desarmar las palabras, a no permitir que se fracturen nuestras familias, comunidades, instituciones y la nación", señalaron los obispos.Solidaridad con Venezuela y confianza en la Virgen de ChiquinquiráEl mensaje concluye expresando la cercanía de la Iglesia con el pueblo venezolano afectado por los recientes sismos, invitando a intensificar la oración y la ayuda humanitaria para las víctimas y sus familias.Finalmente, los obispos encomendaron el presente y el futuro de Colombia a la protección de la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, al cumplirse los 440 años de la renovación milagrosa de su sagrada imagen, y confiaron la búsqueda del perdón y la reconciliación del país a la intercesión de san Juan Pablo II, recordando los 40 años de su histórica visita a Colombia.La agenda de trabajo de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano finalizará oficialmente este viernes 10 de julio.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia: