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Tumaco conmemora 118 años del Milagro Eucarístico que lo salvó de la tragedia
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Por estos días, en el suroccidente de Colombia, concretamente en el departamento de Nariño, la Iglesia y los habitantes de San Andrés de Tumaco conmemoran el aniversario número 118 del único Milagro Eucarístico hasta ahora registrado en el país: "El Milagro de la Ola’. Un acontecimiento sin precedentes que el 31 de enero de 1906, desafió por completo la naturaleza, salvó múltiples vidas y arraigó profundamente la fe de los habitantes de esta "Perla del pacífico nariñense", como es conocido el municipio.
“Tumaco es la única ciudad, el único lugar en el mundo donde Dios, con su dedo, supo tocar sus aguas para bendecirlas. Las aguas de Tumaco son sanadoras, las aguas de Tumaco tienen el milagro patente del poder de Dios”, así lo expresa, con contundencia y fe desbordante, el padre Hevert Lizcano Quintero, fraile de la Orden de los Carmelitas Descalzos que ha liderado un importante trabajo de investigación y documentación sobre este milagro.
Hoy, junto a la conmemoración del hecho mediante diversas actividades espirituales, culturales y educativas convocadas por la Diócesis de Tumaco, en articulación con otros actores institucionales, los habitantes siguen elevando súplicas a Dios por su territorio. Esta vez, no bajo la amenaza de un episodio natural, sino por el cese de la violencia y el abandono institucional que muchos allí padecen.
“La gran festividad de todas las comunidades de nuestras parroquias y en cada una de las parroquias también se hicieron momentos de oración, momentos de súplica al Señor, ya para que esa ola no sea, no es hoy la ola de las del mar, sino la ola de la violencia, de la corrupción, del abandono. También para que nuestros pueblos sean mirados con misericordia, sean mirados con benevolencia y podamos transformar esos territorios del pacífico nariñense”, afirma al respecto monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de la Diócesis de Tumaco.
La amenaza de un catastrófico episodio natural y la búsqueda de ayuda espiritual
En la mañana de aquel 31 de enero de 1906, mientras un movimiento sísmico de enormes proporciones (8.8 de magnitud, el más grande que Colombia ha experimentado) arrasaba ya con poblaciones vecinas a Tumaco, ubicadas en la frontera entre Colombia y Ecuador), un devastador tsunami anunciaba su llegada a la isla nariñense.
Los tumaqueños, atemorizados por la situación, deciden dirigirse al templo parroquial para pedir la ayuda de fray Gerardo Larrondo, párroco de Tumaco, y de fray Julián Moreno, su vicario parroquial, dos religiosos de la Orden de los Agustinos Recoletos que se encontraban de misión allí desde 1899, por encargo de monseñor Ezequiel Moreno, hoy venerado como santo en la Iglesia Católica.
Aunque los frailes no entendían muy bien la situación, ni dimensionaban el peligro, como los lugareños nacidos junto a estas aguas, animan al pueblo para acudir y confiar en el incomparable poder de Dios. “Vamos, hijos, vamos hacia la playa y que Dios se apiade de nosotros”, fue la expresión que usó fray Gerardo para emprender la procesión de todos hacia la playa.
“Inmediatamente fray Gerardo consumió todas las hostias que estaban en el Sagrario y, movido por la fe de toda la comunidad, lleva la Hostia Magna hacia la playa y junto con todos va orando, dirigiéndose a esta pared de agua que venía con una velocidad de 300 kilómetros por hora, según los investigadores y especialistas en temas de tsunami”, narra fray Hevert Lizcano.
El acto de fe en la playa y el instante de la intervención divina
“Todos se colocan ahí, frente a la playa, observan la pared de agua y fray Gerardo, que tiene confianza en Dios, que sabe que Jesús tiene autoridad sobre los espíritus, sobre los demonios y sobre las tormentas, eleva la hostia ante este Tsunami y hace la señal de la cruz. Inmediatamente, esta pared de agua lo único que hace es desvanecerse y llegar hasta la cintura de toda la población y especialmente la cintura de estos dos frailes”, agrega el padre Lizcano.
“¡Milagro, milagro!”, grita tras este hecho fray Julián Moreno.
Así, impresionados y entre lágrimas de gratitud hacia Dios por haberlos protegido, los miembros de la comunidad, con Jesús Sacramentado, caminan en procesión por la orilla de la playa, hasta llegar al templo. Allí culminan con la celebración de la Sagrada Eucaristía.
De acuerdo con la tradición católica, un Milagro Eucarístico implica manifestaciones sobrenaturales en relación con la Eucaristía, generalmente asociadas a la transformación milagrosa del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. La Iglesia ha reconocido como tal este importante hecho.
El arraigado fervor católico en Tumaco y la visita papal
“¿Qué es lo que hace la comunidad? Busca a Dios a través de sus ministros, a través de los dos sacerdotes que estaban. Y sale con esa presencia eucarística. Entonces, eso evidencia como nuestros pueblos son profundamente eucarísticos. La Eucaristía está en el corazón de nuestras comunidades y hoy queremos seguir fortaleciéndolo”, explica monseñor Olave.
Sin duda, este Milagro Eucarístico entretejió en Tumaco un lazo de fe que ha perdurado con el paso del tiempo, consolidando el fervor de su población y respaldando el trabajo de la Iglesia Católica en el territorio. No en vano, ochenta años después, esa población recibió la visita del papa Juan Pablo ll.
Celebración y eventos conmemorativos de los 118 años
Desde 1906, cada año, el pueblo tumaqueño se reúne para agradecer por este inolvidable hecho de intervención divina. Así, renueva la promesa de preservar esta herencia espiritual que ha forjado su identidad. La Eucaristía, sostenida por fray Gerardo en aquel momento crucial, sigue siendo el principal protagonista.
Por estos días, la Diócesis de Tumaco, pastoreada por monseñor Orlando Olave Villanoba, convocó una serie de actividades conmemorativas, entre ellas, espacios de adoración al Santísimo en todas las parroquias, conciertos musicales y charlas educativas. Además, un conversatorio sobre el documental "El Milagro Eucarístico de la ola”, producción audiovisual que fue estrenada hace un mes en plataformas digitales y cuya dirección estuvo a cargo del padre Hevert Lizcano.
El libro y el documental que reviven el hecho e inspiran la fe
“Nosotros, como pacífico nariñense y casi todo el pacífico, tenemos un gran valor por la narración oral. No existía nada hecho en Tumaco, salvo distintos videos que publicados en YouTube y en otras plataformas que contaban este milagro. Y lo que hicimos fue desde un libro, reconstruir esta historia, reconstruirla, narrarla a través de distintas voces, de las voces, desde la teología, desde la experiencia comunitaria, desde la experiencia de fe, desde la experiencia científica y de la experiencia histórica”, afirma el obispo.
Como lo refiere monseñor Orlando, este documental está basado en el libro titulado “Milagro Eucarístico de la ola de Tumaco, 1906”, escrito también por el padre Hevert. El texto fue presentado a nivel local el 27 de diciembre de 2023. Desde ese momento el texto ha tenido una acogida muy positiva, pues mientras relata el acontecimiento, inspira a sus lectores a encontrar la fortaleza necesaria para enfrentar los desafíos de la vida, de la mano de Cristo.
“Para poder llegar a esta compilación tuvimos que investigar en archivos eclesiásticos, en bibliotecas, tuvimos que hacer conversatorios con las personas mayores de Tumaco para poder entregar este documento que servirá para la historia y servirá como un testigo de lo que aconteció...Este libro ha tenido una aceptación muy grande en el tumaqueño, porque tiene la posibilidad de mostrarlo con orgullo, tiene la posibilidad de decir que ha nacido en un territorio donde aconteció un milagro tan grande y tan bello como el milagro eucarístico”, comenta el Carmelita Descalzo.
El joven Beato que registró el Milagro
Este trascendental acontecimiento también fue documentado por el Beato Carlo Acutis, quien creó una exposición con una amplia variedad de fotografías y descripciones históricas, a través de las cuales narra los principales milagros eucarísticos que ocurrieron a lo largo de los siglos en varios países del mundo y que han sido reconocidos por la Iglesia.
La misión decidida de la Iglesia en Tumaco
Pese a los múltiples desafíos que persisten hoy en San Andrés de Tumaco, marcados por factores como los cultivos de uso ilícito, el conflicto armado, la desigualdad, la corrupción y el abandono institucional, hoy la Iglesia en Tumaco continúa empeñada en su misión de acompañar a sus comunidades con el mensaje del Evangelio, brindándoles apoyo espiritual y social permanente; siendo un faro de esperanza en medio de las adversidades, como en aquel entonces lo hizo ‘El Milagro de la Ola’.
Vea la nota audiovisual sobre este acontecimiento y su conmemoración:
Escuche la pieza radial que narra el acontecimiento:
Vea el documental producido por la Diócesis de Tumaco y la Orden de Carmelitas Descalzos:
Semana del matrimonio 2026: El amor que dialoga
Vie 30 Oct 2026
Caminamos juntos hacia la Santidad
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"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
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Vie 30 Oct 2026
Semana del matrimonio 2026: El amor que dialoga
Del 16 al 22 de noviembre, la Conferencia Episcopal de Colombia invita a los esposos a fortalecer su vínculo conyugal mediante una experiencia de encuentro, diálogo y reflexión, acompañada de una cartilla con talleres para vivir en pareja y en familia.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a celebrar la Semana del Matrimonio, del 16 al 22 de noviembre, bajo el lema “El amor que dialoga”. Esta iniciativa busca fortalecer el vínculo conyugal mediante un itinerario vivencial que favorezca la escucha, la comunicación afectiva, la gestión constructiva de los conflictos, el perdón y la renovación del proyecto de vida compartido.Para acompañar esta celebración, el Departamento ha preparado una cartilla con talleres que ofrecen a los esposos un camino de encuentro, reflexión y renovación de su relación. La propuesta parte de una convicción fundamental: dialogar no consiste solamente en intercambiar palabras, sino también en aprender a escuchar con el corazón, comunicarse con respeto, afrontar juntos las dificultades, expresar el afecto, sanar las heridas y mantener vivos los sueños compartidos.Una experiencia para vivir en pareja y en familiaLa cartilla propone una metodología vivencial en la que cada tema parte de las experiencias concretas de los esposos. A partir de ellas, se invita a reconocer lo que se vive en la relación, comprender las situaciones cotidianas, iluminarlas con la Palabra de Dios y asumir compromisos que contribuyan al crecimiento de la vida matrimonial.Como parte de este itinerario, se proponen signos para cada día que ayudan a acompañar la reflexión y a hacer visible el compromiso de los esposos. Estos elementos se preparan, se contemplan y se relacionan con las experiencias personales y familiares, de modo que el aprendizaje no se quede en las palabras, sino que se traduzca en gestos concretos de amor y cuidado mutuo.El propósito es que las parejas encuentren un espacio para detenerse, escucharse y compartir. En medio de las responsabilidades cotidianas, estos momentos pueden convertirse en una oportunidad para fortalecer la confianza, reconocer aquello que necesita mejorar y renovar la decisión de caminar juntos.La metodología busca que todos sean protagonistas de la experiencia mediante actividades sencillas y participativas. Más que ofrecer charlas o discursos, los talleres propician un ambiente en el que las parejas puedan expresar sus vivencias, reflexionar sobre su relación y descubrir caminos para seguir construyendo su proyecto de vida familiar.Una invitación a la pastoral familiarLos agentes y animadores de la pastoral familiar también están invitados a utilizar esta cartilla en sus parroquias y comunidades. Para ello, pueden convocar y motivar a los matrimonios a participar en esta semana, ofreciéndoles espacios de encuentro que les permitan compartir, reflexionar, orar y hasta tomarse juntos un café.La guía constituye, además, un punto de partida para que cada comunidad, con creatividad y de acuerdo con su realidad pastoral, incorpore otras dinámicas y propuestas que enriquezcan la experiencia. Lo fundamental es conservar el sentido de la iniciativa: propiciar encuentros en los que las propias parejas sean protagonistas de su proceso de reflexión y discernimiento.Estos espacios deben desarrollarse en un ambiente de respeto, confianza y libertad. Nadie está obligado a compartir públicamente asuntos íntimos de su relación. Asimismo, cuando se presenten situaciones de violencia, será necesario priorizar la protección de las personas afectadas y facilitar el acompañamiento adecuado.Redescubrir la vocación matrimonialDesde la fe cristiana, la Semana del Matrimonio recuerda que Dios acompaña la historia de cada pareja y llama a los esposos a redescubrirse, escucharse, reconciliarse y crecer juntos. El diálogo, vivido con amor y responsabilidad, puede convertirse en un camino para renovar la alianza matrimonial y fortalecer los vínculos familiares.Del 16 al 22 de noviembre, la invitación es a regalarse tiempo, abrir espacios para el encuentro y permitir que la escucha, la oración y los pequeños compromisos cotidianos renueven la vida conyugal.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a todos los matrimonios y a los agentes de pastoral familiar a descargar la cartilla “Semana del Matrimonio: el amor que dialoga” y a poner en práctica sus talleres. Este material está pensado para acompañar a las parejas en una experiencia concreta de diálogo, reflexión y oración, tanto en el hogar como en las comunidades parroquiales.¡Descarga la cartilla, comparte esta iniciativa e invita a otros matrimonios a vivir esta experiencia! Hagamos de esta Semana del Matrimonio una oportunidad para fortalecer el amor, renovar el compromiso de caminar juntos y reconocer que acompañar a los matrimonios es una tarea fundamental para la Iglesia y para la sociedad.Descarga la cartilla y vive la Semana del MatrimonioDel 16 al 22 de noviembre, la invitación es a regalarse tiempo, abrir espacios para el encuentro y permitir que la escucha, la oración y los pequeños compromisos cotidianos renueven la vida conyugal.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a los matrimonios y a los agentes de pastoral familiar a descargar la cartilla «Semana del Matrimonio: el amor que dialoga» y a poner en práctica sus talleres.Esta es una oportunidad para fortalecer el diálogo en pareja, compartir en familia y renovar el compromiso de caminar juntos. ¡Preparemos el corazón y vivamos con entusiasmo esta Semana del Matrimonio!Descarga la cartilla, comparte esta iniciativa e invita a otros matrimonios a vivir esta experiencia.
Mié 28 Oct 2026
Rostros de la sinodalidad: Diversidad de vocaciones al servicio de la evangelización desde la Conferencia Episcopal
Carolina Escalante Ortega y el diácono permanente Bernardo Vanegas asumen nuevas responsabilidades pastorales en el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano. Sus experiencias reflejan la riqueza de las vocaciones y el compromiso de caminar juntos al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia.Recientemente, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado nuevas responsabilidades de servicio eclesial a Carolina Escalante Ortega, quien asumirá la dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida, y al diácono permanente Bernardo Vanegas, quien estará al frente del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, con el acompañamiento de su esposa, Ángela María Correa.Estas designaciones representan una oportunidad para reconocer la riqueza de las distintas vocaciones y experiencias que contribuyen a la misión evangelizadora de la Iglesia. Desde sus trayectorias profesionales, pastorales y familiares, ambos aportan nuevas perspectivas al servicio que presta el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC).La familia y la vida, una misión que compromete a toda la IglesiaLa dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida ha sido confiada a Carolina Escalante Ortega, joven psicóloga con formación en intervención psicosocial y salud mental, especializada en el trabajo con familias y comunidades vulnerables.Su trayectoria está marcada por el compromiso con las comunidades, especialmente en el Catatumbo, una de las regiones afectadas por la violencia en Colombia, donde desarrolló un trabajo pastoral vinculado a la Diócesis de Tibú.Carolina recibe esta responsabilidad con alegría y con grandes expectativas frente a los nuevos procesos que pueden impulsarse en la pastoral familiar y en la promoción y defensa de la vida. Para ella, “este encargo representa también una misión que Dios le confía en un momento significativo para el país y para la Iglesia”.La importancia de estos dos ámbitos pastorales radica, además, en su carácter transversal:“La familia y la defensa de la vida están presentes en las distintas dimensiones de la acción evangelizadora y se fortalecen cuando se articulan con las demás pastorales”.En el contexto actual de Colombia, las familias y la dignidad de la vida humana afrontan diversos desafíos. Por ello, estos departamentos están llamados a acompañar a las iglesias particulares, promover iniciativas pastorales y contribuir a la construcción de comunidades que acojan, protejan y acompañen a las familias, especialmente a aquellas que atraviesan situaciones de dificultad.Esta perspectiva encuentra eco en las palabras de monseñor Francisco Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tras su participación en el encuentro internacional “Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy”, realizado en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.Al referirse al acompañamiento de las familias, el presidente de la Conferencia Episcopal destacó la importancia de una presencia cercana y concreta: “Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas”.Sus palabras recuerdan que la pastoral familiar no consiste únicamente en proponer orientaciones, sino también en caminar junto a las familias, escuchar sus realidades y acompañarlas en sus alegrías, dificultades y esperanzas.Caminar juntos: la comunión y la sinodalidad en la vida cotidianaPor su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado al diácono permanente Bernardo Vanegas la dirección del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, una instancia que recoge y reorienta la labor que anteriormente desarrollaba el Departamento de Lugares Eclesiales. Bernardo es diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, desde noviembre de 2017. Está casado con Ángela María Correa, con quien lleva 30 años de matrimonio. Es ingeniero industrial y empresario del sector de la tecnología, además de teólogo de Unicervantes, especialista en Sagrada Escritura de la Universidad de San Dámaso y máster en Estudios Bíblicos de la Universidad de La Rioja.Bernardo ha recibido esta responsabilidad con gratitud y sentido de responsabilidad. Desde su ministerio diaconal, reconoce en este encargo“una oportunidad para continuar sirviendo a la Iglesia, poner al servicio de la comunidad lo aprendido y seguir creciendo junto a quienes comparten esta misión”.En este camino contará con el apoyo de su esposa, Ángela María Correa. Para ambos, la posibilidad de asumir juntos esta tarea tiene un significado especial, pues les permite aportar desde su vida matrimonial, su fe y su experiencia familiar.Como explica el diácono Bernardo:“Fueron los mismos señores obispos quienes pidieron que ella también me acompañara en este encargo, para que como matrimonio sirvamos al Departamento y a la Iglesia. Para nosotros esto tiene un significado muy especial y es un claro signo de sinodalidad. Nos alegra poder aportar juntos desde nuestra vida matrimonial, nuestra fe y nuestra experiencia de familia”.Esta experiencia permite reconocer que la sinodalidad también se expresa en la vida cotidiana, en la escucha mutua, en la corresponsabilidad y en la disposición para poner los propios dones al servicio de los demás.Animar la comunión para fortalecer la misiónEl Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad busca acompañar a las jurisdicciones eclesiásticas y a las comunidades en sus procesos, reconocer las experiencias que ya vienen desarrollando y facilitar espacios de encuentro, formación y discernimiento.La parroquia continúa siendo un lugar privilegiado para que los fieles vivan una experiencia concreta de Cristo y de comunión eclesial y esa realidad era la que, particularmente, buscaba acompañar la anterior denominación Lugares Eclesiales. Sin embargo, la comunión y la sinodalidad están llamadas a impregnar todos los ámbitos de la vida de la Iglesia, favoreciendo la participación y la corresponsabilidad de quienes comparten la misión evangelizadora.En este sentido, el Departamento quiere contribuir a que las comunidades eclesiales fortalezcan sus vínculos, avancen en el reconocimiento de los dones de cada vocación y encuentren caminos para responder, de manera conjunta, a los desafíos pastorales de sus territorios.Su servicio se desarrolla en comunión con los obispos y con la participación de sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos. Cada uno, desde su vocación y experiencia, está llamado a contribuir a una Iglesia que escucha, discierne y camina unida.Una diversidad de vocaciones al servicio del EvangelioLas nuevas responsabilidades confiadas a Carolina Escalante Ortega y a Bernardo Vanegas, junto con el acompañamiento de Ángela María Correa, permiten reconocer la riqueza que surge cuando diferentes vocaciones, experiencias y conocimientos se ponen al servicio de la Iglesia.Más que un cambio en la dirección de dos departamentos, estas designaciones constituyen una oportunidad para seguir fortaleciendo la participación, la corresponsabilidad y la articulación de los distintos servicios pastorales.El desafío consiste en traducir esta riqueza en una mayor comunión y en un acompañamiento más cercano a las personas, las familias y las comunidades. Porque, en definitiva, el servicio en la Iglesia adquiere su verdadero sentido cuando se convierte en una oportunidad para servir, amar y dar testimonio del Evangelio.
Mar 27 Oct 2026
¿Cómo seguir transmitiendo la fe en este cambio de época? Claves del documento “Venite ad Me”, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe
El 22 de octubre de 2026, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Santo Padre, dio a conocer el documento Venite ad Me, que ofrece algunas consideraciones para seguir transmitiendo la fe en una sociedad cada vez más secularizada.La reflexión parte de una pregunta fundamental para la misión evangelizadora de la Iglesia: ¿cómo anunciar a Jesucristo y favorecer la transmisión de la fe cuando esta ya no puede darse por supuesta como parte de la herencia cultural y de la vida familiar?¿Se ha debilitado la transmisión de la fe en la familia?En alguna ocasión, el papa Benedicto XVI afirmó: “Cuando, en la percepción de muchos, la fe católica ya no es patrimonio común de la sociedad (…), difícilmente podrá llegar al corazón mediante simples discursos o exhortaciones morales, y menos aún a través de referencias genéricas a los valores cristianos. La apelación valiente e íntegra a los principios es esencial e indispensable; sin embargo, la simple enunciación del mensaje no llega hasta lo más profundo del corazón de la persona, no toca su libertad ni transforma su vida. Lo que fascina es, sobre todo, el encuentro con personas creyentes que, mediante su fe, atraen hacia la gracia de Cristo y dan testimonio de Él”.Estas palabras, pronunciadas por Benedicto XVI el 13 de mayo de 2010, en Fátima, ofrecen una clave para comprender la preocupación que atraviesa el documento Venite ad Me: la necesidad de renovar la evangelización y recuperar la centralidad del encuentro personal con Jesucristo.En efecto, el documento constata una crisis en la transmisión generacional de la fe, especialmente en las sociedades de antigua tradición cristiana. En muchos contextos, ya no es posible dar por supuesta la transmisión de la fe en el ámbito familiar. Esta realidad invita a fortalecer el acompañamiento pastoral y a buscar nuevas formas de anunciar a Jesucristo, sin dejar de reconocer la importancia insustituible de la familia en la educación cristiana.Como recuerda la exhortación apostólica Evangelii gaudium, del papa Francisco, “Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico”. El documento señala, además, que muchas personas se sienten desencantadas y dejan de identificarse con la tradición católica, mientras aumenta el número de padres que no bautizan a sus hijos ni les enseñan a rezar.No se trata, por tanto, de afirmar que la familia haya dejado de ser un lugar de transmisión de la fe, sino de reconocer que esta tarea ya no puede darse por descontada y que necesita ser acompañada, fortalecida y renovada.Al centro está de nuevo el primer anuncio: el kerigmaLa preocupación por renovar la transmisión de la fe ya estaba presente en el magisterio del papa Francisco, quien solicitó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe una reflexión sobre esta cuestión. Posteriormente, el papa León XIV retomó esta urgencia en su discurso a los obispos italianos, en junio de 2025, al insistir en la necesidad de poner a Jesucristo en el centro del anuncio y de la existencia cristiana.En aquella ocasión, el Santo Padre señaló la importancia de ayudar a las personas a vivir una relación personal con Cristo para descubrir la alegría del Evangelio. En un contexto de gran fragmentación, insistió en la necesidad de volver a los fundamentos de la fe, al kerigma, como primer compromiso que impulsa todos los demás.En esta misma perspectiva, Venite ad Me propone volver al kerigma, es decir, al anuncio de lo esencial de la fe. Se trata de reconocer que las referencias a los valores morales y las exhortaciones a los principios cristianos, aun siendo importantes, no pueden dar por supuesto aquello que es previo y fundamental: el encuentro con Cristo.Para transmitir la fe hoy no basta con enseñar un conjunto de contenidos doctrinales o de informaciones religiosas, como podía suceder hace varias décadas, cuando el Evangelio se “respiraba” cotidianamente en la familia y en la sociedad.Volver al kerigma significa poner en el centro el anuncio de que Dios nos ama, que Jesucristo entregó su vida por nuestra salvación, resucitó y permanece vivo y presente en medio de nosotros. No se trata de restar importancia a la formación doctrinal, sino de reconocer que esta debe estar vinculada con el encuentro personal con Cristo y con una experiencia de fe capaz de transformar la vida.¿Cuáles son las consideraciones para seguir transmitiendo la fe?El documento invita a reconocer los espacios y las experiencias que hacen posible el encuentro con Cristo y favorecen una transmisión viva de la fe.En primer lugar, destaca la importancia de la familia y de la comunidad eclesial. Como señala el número 30, mientras la Iglesia está llamada a comunicar y hacer resplandecer la luz de Cristo, “la familia constituye el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe”.Este desafío exige acompañar a las familias y ayudarles a descubrir que la transmisión de la fe no se reduce a comunicar conocimientos religiosos. También supone enseñar a orar, compartir la vida cristiana, celebrar la fe y dar testimonio de ella mediante las decisiones cotidianas y el servicio a los demás.De igual manera, resulta fundamental el testimonio de las personas que han experimentado el encuentro con Cristo o han redescubierto una relación viva con Él. Sus experiencias pueden convertirse en una invitación para que otros se acerquen a la fe y descubran la presencia de Dios en sus propias vidas.Por eso, la transmisión de la fe no puede depender únicamente de discursos, actividades formativas o estrategias de comunicación. Necesita comunidades acogedoras en las que el anuncio del Evangelio se haga visible mediante relaciones fraternas, el acompañamiento personal, la celebración de los sacramentos y el compromiso con quienes más sufren.La tarea evangelizadora implica, en definitiva, crear condiciones para que las personas puedan encontrarse con Jesucristo, profundizar en su relación con Él y descubrir cómo la fe ilumina sus decisiones, sus relaciones y su compromiso con los demás.El aporte de la Conferencia Episcopal de ColombiaEl documento recoge testimonios personales y eclesiales que permiten comprender los desafíos de la transmisión de la fe en distintos contextos culturales. Para su elaboración, numerosas conferencias episcopales enviaron materiales y experiencias que contribuyen a enriquecer la reflexión.En Colombia, como en otros lugares, los abuelos desempeñan un papel significativo al suplir, en algunos casos, las carencias de la catequesis en el hogar, junto con el acompañamiento de las parroquias. En otros contextos, las condiciones culturales pueden influir incluso en el momento en que las familias solicitan el Bautismo para sus hijos, como se señala en el caso de algunas comunidades de la Amazonía peruana.Estas experiencias muestran que la transmisión de la fe ya no puede considerarse un proceso automático. La realidad de cada comunidad exige discernir cómo anunciar el Evangelio, acompañar a las familias y favorecer experiencias significativas de encuentro con Cristo.Entre los testimonios recogidos en el documento también se encuentra una experiencia procedente de Colombia que ilustra la fuerza transformadora del anuncio cristiano. Se trata de una persona que, después de atravesar situaciones de drogadicción, delincuencia y desamparo, encontró un camino de conversión gracias al acompañamiento de una fundación cristiana. La oración del rosario, la lectio divina y la Eucaristía fueron elementos importantes en su proceso de transformación. Posteriormente, esta persona llegó a convertirse en misionera y comenzó a acompañar a otros jóvenes.Este testimonio permite reconocer que la transmisión de la fe no se limita a la infancia ni termina con la catequesis sacramental. El encuentro con Cristo puede abrir nuevos horizontes en distintas etapas de la vida, especialmente cuando está acompañado por una comunidad que acoge, escucha y ayuda a reconstruir la esperanza.La experiencia colombiana pone así de relieve dos desafíos complementarios: fortalecer la transmisión de la fe en el ámbito familiar y comunitario, y promover procesos de evangelización capaces de acompañar a quienes buscan un sentido para su vida, atraviesan situaciones difíciles o desean reencontrarse con Dios.Signos de esperanza para una nueva etapa evangelizadoraLa situación actual de la Iglesia no debe conducir a la desesperanza. Por el contrario, el cambio de época puede convertirse en una oportunidad para una adhesión a la fe más consciente, libre y convencida.Los obispos de Bélgica destacan que esta situación permite a las personas elegir conscientemente profundizar en su fe. En una perspectiva semejante, los obispos de Chile señalan que la fe ya no puede presuponerse como una herencia cultural estable ni como una adhesión espontánea a un universo simbólico compartido. Se presenta, más bien, como una propuesta que debe ser acogida libremente y acompañada mediante procesos que tengan sentido para la vida.En este contexto, resulta especialmente esperanzador el aumento de conversiones y retornos a la Iglesia, particularmente entre jóvenes y adultos jóvenes. Francia constituye un ejemplo notable: en 2026, el número de adultos bautizados creció un 28 % respecto al año anterior y superó en más de tres veces la cifra registrada en 2016. La mayoría de quienes solicitan el Bautismo tiene menos de 40 años, y aproximadamente la mitad está entre los 18 y los 25 años.Entre las motivaciones para acercarse a la fe se encuentran las crisis personales, como el duelo o la enfermedad; las experiencias espirituales y de belleza, y el encuentro con otros creyentes, tanto presencialmente como a través de las redes sociales.Estos signos invitan a reconocer que, incluso en sociedades marcadas por la secularización, siguen existiendo búsquedas espirituales y oportunidades para anunciar el Evangelio. La respuesta de la Iglesia está llamada a integrar el anuncio explícito de Jesucristo, el testimonio de vida, el acompañamiento y el compromiso con los demás, sin reducir la misión a una estrategia de conservación institucional.Volver a Cristo para renovar la transmisión de la feEl documento Venite ad Me invita, en definitiva, a iniciar una nueva etapa evangelizadora, como ya lo había pedido el papa Francisco en Evangelii gaudium y ha reiterado el papa León XIV.La misión de la Iglesia no puede reducirse a conservar lo recibido ni a transmitir contenidos de manera aislada: está llamada a anunciar a Jesucristo, propiciar el encuentro con Él y dar testimonio de una fe que transforma la vida.En este cambio de época, el desafío no consiste solamente en encontrar nuevas formas de comunicar el Evangelio, sino en hacer visible, mediante familias acompañadas y comunidades acogedoras y misioneras, la alegría de haber encontrado a Cristo.Volver al kerigma es, por tanto, volver al corazón de la fe y de la misión de la Iglesia: anunciar a Jesucristo para que cada persona pueda encontrarse con Él, acoger libremente su amor y descubrir la esperanza que nace del Evangelio.
Vie 23 Oct 2026
Comunicado de la Diócesis de Ipiales: llamado urgente a los actores armados para que respeten la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades
La Iglesia en Ipiales, representada por monseñor José Saúl Grisales Grisales, hace nuevamente un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y protejan la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Se trata de poblaciones que han sufrido heridas, han perdido sus hogares y se han visto obligadas a desplazarse ante las amenazas contra su vida y su tranquilidad.En su comunicado, monseñor Grisales retoma las palabras del papa León XIV: “Exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz” (Audiencia general, 29 de abril de 2026).La Iglesia que camina en los territorios colombianos reitera su disposición de acompañar a las víctimas y a las comunidades, escuchando sus necesidades y trabajando por la construcción de la paz. Asimismo, hace un llamado a las instituciones y organizaciones humanitarias para que unan esfuerzos y garanticen a las familias afectadas una atención oportuna y digna, así como el respeto efectivo de los derechos humanos.Este pronunciamiento expresa la preocupación de la Iglesia por la persistencia de la violencia en nuestros territorios y, especialmente, por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de las confrontaciones armadas. Ante esta realidad, la Iglesia continúa anunciando la paz de Cristo resucitado, esa “paz humilde y perseverante” de la que nos habla el papa León XIV.Fiel a su misión de ser experta en humanidad, la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren y alzando su voz en defensa de la vida, la dignidad humana y el derecho de todos a vivir en paz.Descargue aquí el comunicado completo de la Diócesis de Ipiales.