Pasar al contenido principal

covid-19

Vie 22 Jul 2022

Evangelizar en la gran ciudad

Aparentemente, el conglomerado de millones de personas que están en las grandes ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla y otras, haría más funcional el reunirlas para ser evangelizadas. Sin embargo, en la práctica las cosas no están siendo de esa manera y se ve con preocupación lo difícil que es congregar para anunciar el Evangelio. Queda aún la capacidad de congregar de las celebraciones eucarísticas, pero también esta asamblea está comenzando a ver las dificultades de que la gente de la ciudad llegue a los templos. Hoy en día, hay parroquias, quizás en los barrios más populares, donde los sacerdotes están viendo con desazón la dificultad o el desgano de la gente para ir a su iglesia parroquial. Hay varias causas para que el reunir a las personas para evangelizarlas se haya vuelto complejo en las grandes ciudades. La primera, quizás un enfriamiento religioso generalizado, reforzado por los efectos disgregadores de la pandemia del COVID-19. En segundo lugar, la dificultad tan grande que tienen las grandes ciudades colombianas en temas de movilidad y que hace que las personas, en su gran mayoría, tengan que madrugar absurdamente y que lleguen muy tarde a sus hogares. En esas circunstancias nadie está pensando ni en misa ni en grupo pastoral ni en nada espiritual. Esto pone también en la mesa de discusión los horarios tradicionales en los cuales funcionan las parroquias, tanto a nivel de atención al público como de las celebraciones sacramentales. También es necesario reconocer que en muchos campos la labor evangelizadora no está siendo atractiva y quizás la gran desbandada de la juventud respecto a la Iglesia sea el signo más claro y más preocupante. Las iglesias locales, arquidiócesis y diócesis, tienen en frente un reto muy grande para idear una o varias formas efectivas de congregar a los fieles. No es un tema de contenidos, pues por fortuna en la Iglesia está muy claro el mensaje de Jesús para ser transmitido. Es un problema de orden práctico. No se resuelve con la virtualidad, la cual es una herramienta más para ciertas tareas, pero la Iglesia es asamblea, congregación, encuentro. ¿Acaso habrá que redescubrir las pequeñas comunidades que dieron origen a la tarea evangelizadora en cabeza de los apóstoles? Quizás hay que volver a enviar a los discípulos de dos en dos. Sin duda, se hace necesario empoderar más y más a los laicos y asignarles lugares y comunidades a las cuales ellos pertenecen –familias, conjuntos residenciales, empresas, universidades- para que allí mismo se generen oportunidades de anunciar el Evangelio en el sitio y no en otros lugares inalcanzables. En fin, el reto tiene mucho que ver con la creatividad y requiere decisión y voluntad pastoral. Esta situación compleja de las ciudades y su respuesta al llamado de los evangelizadores, de no atenderse orgánicamente, podría tener otro efecto, además de la descristianización ya tan visible. Podría debilitar la vida vocacional de los obispos, los sacerdotes, los diáconos y también las religiosas. Podrían llegar sentirse ociosos, sin ocupación constante y provechosa para la gente y para ellos mismos. Cualquier ser humano se frustra si sus propuestas misionales no son acogidas por un número importante de personas. Ciertamente no es una situación generalizada, pero hay signos preocupantes. Será importante aprovechar las brasas aún encendidas del Evangelio en muchas personas, comunidades, instituciones de las grandes ciudades, para avivarlas y desde allí hacer reverdecer la fe y también la vida de la Iglesia. Fuente: Comunicaciones Arquidiócesis de Bogotá - El Catolicismo

Dom 6 Feb 2022

¡A vacunarse!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez - Desde diciembre del 2019, cuando la Organización Mundial de la Salud, reportó la presencia de un virus originado en Wuhan, China, identificado como ‘Coronavirus’, COVID-19, han transcurrido dos años, en los que la ciencia ha ido conociendo mejor las causas y consecuencias del virus, que se ha ido expandiendo con rapidez, llevando al estallido de una pandemia, que sigue haciendo estragos en la faz de la tierra. La aparición del SARS-CoV-2 ha ido desgastando esta sociedad, que ha tenido que vivir desde el confinamiento, pasando por los cambios de hábitos ordinarios hasta llegar a tener que asumir nuevas conductas y comportamientos, a partir de normas de bio-seguridad, frente a las que aún hay resistencia e incluso grupos o movimientos denominados ‘anti vacuna’. Hoy quiero invitarles, queridos lectores, a dar una mirada a lo que han significado estos dos años. Cuántos seres queridos hemos tenido que despedir, sin los rituales religiosos acostumbrados, en medio de un dolor desgarrador, que nos hace experimentar las ausencias, dejando profundas heridas, que tardarán en sanar. Miles de hermanos han tenido que estar en una UCI, luchando para ganar la batalla a la COVID, mientras otros, millones en el mundo, han perdido la batalla. En Colombia, el deceso de 133.560 personas, a la fecha, es una cifra escandalosa, máxime cuando solo en el departamento del Quindío se reportan más de 1944 muertes por COVID. En verdad, estamos frente a un terremoto de magnitudes insospechadas. La OMS, ante esta ola de contagios –estamos en un cuarto pico-, habla de ‘enfermedad endémica’, que significa, que debemos aprender a convivir con este virus, pues ‘ha llegado para quedarse’. Ahora bien, ante esta pandemia, ¿Qué debemos hacer? Lo más importante, asumir las normas de protección personal y comunitaria, como el uso del tapabocas, el gel anti-bacterial o alcohol, el lavado frecuente de las manos y el distanciamiento social, normas básicas, que todos debemos cumplir, con responsabilidad ciudadana y amor al prójimo. Reconozco que, en la sociedad, existen grupos o movimientos ‘anti vacunas’, que se oponen abiertamente a las dosis exigidas y que promueven una resistencia a vacunarse, difundiendo doctrinas personales y generando miedo y zozobra en muchos interlocutores. Es respetable que haya personas que no deseen vacunarse y que invoquen el ‘libre albedrío’, sin embargo, no podemos llegar a radicalismos, impidiendo que otros hermanos tomen conciencia de su responsabilidad social. La ciencia nos está recordando que, muchas personas infectadas o que han muerto a causa del coronavirus, han sido personas que se han resistido a vacunarse, lo que imposibilita, además, que se llegue a la inmunización del rebaño. Repito, tenemos que ser respetuosos de las decisiones de las personas es verdad, pero desde mi condición quiero persuadir a muchos que lean estas líneas, a que se vacunen, como un ‘acto de amor’, en palabras del Papa Francisco. Me hago vacunar, quizás no por mí, quizás no creo en el poder de las vacunas, pero quiero cuidar la vida de mis semejantes, de mis familiares y de las personas con las que entro en contacto cada día; se trata de pensar en el bien común, en los otros, reconociendo que juntos podemos hacer frente a esta pandemia. Aquellos que se resisten a vacunarse, invocan la ciencia, con argumentos nada coherentes; otros invocan sus principios religiosos, cerrando sus oídos y su corazón a la enseñanza da la misma Iglesia, que es madre y maestra; muchos cuestionan a las farmacéuticas y se van en rastre contra los gobiernos, por considerar que se trata de un negocio que traspasa fronteras. Otros opinan que no quieren hacerlo porque las vacunas están elaboradas con membranas de embriones o fetos abortados. Sin embargo, aunque muchos pudieran tener la razón, lo que no podrán ignorar es que el virus no se ha ido y los contagios siguen disparados, porque hemos bajado la guardia en relación con las normas de bioseguridad y los elementos de auto cuidado. Y mientras aparecen nuevas variantes, el personal médico no ha cejado en su misión de ‘salvar vidas’. Por lo menos, asumamos nuestro rol ciudadano, quizás nos llevará a tomar conciencia de la necesidad de vacunarnos. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Mié 22 Dic 2021

El Vaticano reitera importancia de las vacunas y pide mayor distribución

En un comunicado emitido este 22 de diciembre, la Santa Sede reafirma su "posición favorable" ante las vacunas e insiste en la necesidad de que la comunidad internacional intensifique los esfuerzos para que todos tengan acceso a ellas. En el mensaje se recuerda que el papa "definió la vacunación como un acto de amor, ya que tiene como objetivo proteger a las personas contra el covid-19". Este pronunciamiento se da a propósito de la publicación de dos documentos elaborados por la Pontificia Academia de la Vida y la Comisión Vaticano Covid-19, sobre los problemas y patologías provocadas por la pandemia en niños y adolescentes, así como un llamamiento a una vacunación de los países más pobres. En estas publicaciones se advierte de los problemas que suponen cerrar los colegios y piden que "en el futuro debe considerarse sólo el último recurso" y que se haga "sólo después de experimentar con otras medidas de control de la epidemia como una disposición diferente de los locales, los medios de transporte y organización de toda la vida escolar y sus horarios". Pues, aseguran, que la educación a distancia ha supuesto "el empobrecimiento del aprendizaje intelectual y la privación de las relaciones formativas (...) El cierre de las escuelas también ha interrumpido las relaciones sociales o las ha mutilado gravemente", subraya el texto.

Lun 29 Nov 2021

Un mundo sin alma

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo -En varios países del mundo se está dando, desde hace algunos años, una movilización social, que ahora está presente también en Colombia. A esto se añade la tensión producida por la violencia que nos ha azotado en las últimas décadas y las preocupantes situaciones generadas a partir de la pandemia del Covid-19. Todo va alimentando la reacción agresiva de las masas, puede ser con motivaciones acomodadas o aun sin razones concretas, pero en el fondo señalando que algo no funciona bien. Este descontento que está paralizando el país, que promueve un vandalismo que destruye servicios indispensables que entre todos hemos construido, que saca lo mejor y lo peor de las personas, más que a situaciones particulares, se debe a las formas de vida que ha generado un modelo de civilización, cuyos únicos valores y fundamentos son económicos, tecnológicos y políticos. Así se ha creado una sociedad injusta, donde sólo una pequeña parte de la población aprovecha toda la riqueza y para ello utiliza el poder político. A esto se suma la corrupción en el manejo del estado y en la actuación de no pocos servidores públicos, quienes en lugar de pensar a profundidad en la organización y el desarrollo integral de la sociedad, en lamentables componendas políticas, dilapidan los recursos y aceptan todo lo que impongan grupos internos o agendas foráneas, que les permiten detentar el poder y todos sus beneficios. Así quedamos todos bajo unos estereotipos impuestos por unas elites que, con diversos intereses, se pelean el mundo. De otra parte, la búsqueda de comodidad, de lujos y de hedonismo, transformó la vida en un ámbito comercial, donde no se encuentra ni el verdadero concepto ni la forma adecuada de alcanzar la felicidad personal y el bienestar de todos. Esa falta de respeto por la dignidad humana, de ausencia de solidaridad entre todas las personas y de creciente insatisfacción, llega a un punto intolerable. Entonces, los estallidos sociales muestran que estamos frente a un modelo de sociedad mal construido, que debe cambiar. Ante esta realidad, por supuesto, los gobiernos y toda la sociedad deben realizar un dialogo serio para recomponer lo que marcha mal; la clase económica debe patrocinar proyectos audaces para ayudar a los sectores más vulnerables y superar la inequidad; todos debemos propiciar diversas iniciativas para ayudar a quienes están sin los recursos indispensables y aún sin la fortaleza interior para vivir. Pero es preciso pensar que esto no basta y que con el tiempo seguirán creciendo los problemas morales y sociales, que generan indignación y llevan a estallidos imparables. Es preciso ir al fondo. El mundo no puede ser un cuerpo sin alma. La persona humana tiene el deber moral de trabajar sobre sí misma para tener gobierno de su mundo interior a partir de la conciencia; de lo contrario, los instintos y pasiones nos deforman, esclavizan y enfrentan unos contra otros. La visión que, en gran parte, ha construido la sociedad de hoy sólo ha pensando en un bienestar exterior. Si no hay un referente trascendente es imposible encontrar sentido, la calidad humana disminuye, muchos grupos humanos quedan sin protección y sin futuro y la verdadera justicia social nunca llega. La sociedad ha sido víctima de un engaño: creer que la producción y generación de riqueza era el sentido mismo de la vida. Esa dinámica nos puso en una permanente ansiedad, en un terrible individualismo y por último en una lamentable polarización y confrontación. Junto a esto una creciente secularización nos volvió la vida más compleja, más acelerada, más frívola y más triste. La vida se empobreció al desvanecerse los conceptos esenciales de sabiduría, de virtud y de trascendencia. Cada uno inventando el sentido para vivir y muchos mendigándolo en ideologías, que siendo sólo ideas, no pueden responder a la realidad integral de la persona. Ciertamente es preciso atender los problemas inmediatos, pero es necesario pensar también en una respuesta a fondo. La alegría de vivir, la fraternidad, la unidad en torno al bien común no se logran por una campaña publicitaria, ni por la promulgación de una ley, ni por la manipulación ideológica con los potentes medios de hoy, menos todavía por una revolución violenta. La vida verdadera sólo puede venir al mundo por una larga transformación cultural que vaya dando a las personas la sabiduría para vivir bien y la motivación para conducir rectamente su vida. Ahí está el gran servicio de la Iglesia a la humanidad. Es preciso que nosotros veamos claro y que actuemos con más audacia. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Jue 7 Oct 2021

Conversatorio ‘Realidades migratorias en Colombia y procesos de regularización’

Las ‘Semanas Sociales’ finalizaron con un llamado a la fraternidad y a la vivencia de la exhortación del papa Francisco a acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados. Desde el 2015 y, posteriormente, con la compleja realidad que desató la pandemia por COVID-19, Colombia se convirtió en paso y destino de miles de migrantes venezolanos y de distintos países latinoamericanos. Ante la grave situación humanitaria que esto ha generado en distintas zonas del territorio nacional, superando la capacidad estatal, la Iglesia católica ha desplegado su acción y servicio pastoral para esta población, con enfoque en atención humanitaria – espiritual, asesoría jurídica y acompañamiento formativo para el desarrollo de medios de vida. En esta línea, al cierre de la ‘Caravana de la Amistad Social’, la Fundación de Atención al Migrante (FAMIG), realizó un encuentro semipresencial, con comunidad acompañada e instituciones aliadas, en el que se presentó, de manera general, la realidad migratoria en el país, con énfasis en la ciudad de Bogotá, y se socializó el Estatuto Temporal de Protección a Migrantes Venezolanos (ETPV), el proceso a seguir para acceder a este mecanismo y se orientó las inquietudes sobre el tema. Participaron en la jornada el Secretariado de Pastoral Social Riohacha (SEPAS) y la Corporación Opción Legal. Según cifras de Migración Colombia, en el territorio nacional se encuentran 1.742.927 venezolanos, de los que 759.584 se encuentran en condición regular y 983.343 en condición irregular (a corte 31 de enero 2021). A estas cifras se suman los migrantes pendulares y quienes, dado los pasos de acceso, no se encuentran registrados y/o identificados. Trabajo articulado La Fundación de Atención a la Migrante, obra del Arquidiócesis de Bogotá, lleva más de 19 años al servicio de las personas en situación de movilidad humana. Surgió como respuesta al fenómeno de desplazamiento interno, que aún se presenta y continúa siendo acompañado, a través de los cuatro centros de atención: un centro de capacitación, una oficina de atención primaria y dos albergues. Ante el fenómeno migratorio, la institución ha ampliado su acción a esta población, buscando la dignificación de las condiciones de cientos de personas migrantes y nacionales. En el marco del trabajo con aliados estratégicos, se moviliza en la generación y apoyo de alianzas que permitan dar respuesta a situaciones de alta complejidad, agudizadas por la pandemia. Siguiendo este propósito, “ha establecido acciones con otras organizaciones como SEPAS, a través de Europana, programa regional que busca llenar vacíos en la asistencia humanitaria de población en situación de movilidad humana y comunidad de acogida vulnerable”, explica la institución. También, agrega, se desarrolla el proyecto Acoger para proteger en cooperación con ACNUR, que permite dar respuesta ante necesidades específicas de protección, “ambos procesos cruciales para nuestra misionalidad”. Fuente: Ofic. Comunicaciones Arquidiócesis de Bogotá <iframe width="820" height="410" src="https://www.youtube.com/embed/IbMLlt8RDcA" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>

Lun 27 Sep 2021

Diálogo social para la construcción de la paz

El 21 y 22 de septiembre se realizó la II Feria de Metodologías para la Construcción de la Paz, un espacio virtual que generó un encuentro en torno a las experiencias de paz en América Latina y el Caribe. El evento fue organizado por Caminando hacia la Paz, una red de organizaciones de la Iglesia Católica y contó con el apoyo del Secretariado Nacional de Pastoral Social- Cáritas Colombiana (SNPS-CC), Cáritas América Latina y Caribe, Cáritas El Salvador, Cáritas de Honduras, Jesuitas por la paz, Catholic Relief Services y Pastoral de Derechos Humanos del Arzobispado de Santiago de Guatemala. Durante este espacio, Rosa Inés Floriano, animadora del área de desarrollo institucional del SNPS-CC, estuvo exponiendo la experiencia que desde la Pastoral Social se ha tenido con el trabajo, garantía y acompañamiento a procesos de diálogo social en Colombia. Inicialmente, hizo referencia al contexto de lo vivido en el 2020. Uno de los elementos más grandes que produjo el estallido social desde el 28 de abril del presente año, fue la crisis por la pandemia del Covid-19, un fenómeno que dejó en evidencia nuestra fractura en temas de salud, economía, política, seguridad y crisis migratoria. “El Gobierno Nacional y los Gobiernos locales tuvieron que enfrentar este desafío para proteger a la población. El aislamiento se prolongó por un largo tiempo, se agravó la seguridad alimentaria, las pequeñas y medianas empresas fueron afectadas. Y sumado a esta situación, la reforma tributaría llegó para afectar la economía de las familias de clase social baja. Esta reforma fue lo que, en definitiva, detonó el estallido social”, señaló Rosa Inés Floriano. Estas variables produjeron que millones de personas se movilizaran para expresar su inconformidad con el Gobierno Nacional y se dejara en evidencia una serie de demandas y necesidades de las agrupaciones que conformaron el Paro Nacional. A partir de esta realidad, durante la exposición también se resaltaron los aspectos potenciados en esta coyuntura, entre ellos, el cambio de mentalidad en tanto que existe una mayor conciencia colectiva de la interdependencia del ser humano con los otros y, sobre todo, en los procesos de creación. Adicionalmente, el mundo digital fue la respuesta que ha encontrado la sociedad para movilizarse en medio de restricciones y aislamientos por la pandemia del Covid-19. Y, se destacó la construcción de diversas iniciativas y espacios​ de diálogo para la reflexión en torno al bienestar colectivo​ y a la búsqueda de condiciones de equidad e igualdad​ en el ejercicio de derechos. “Desde el SNPS-CC hemos propiciado espacios de diálogo para la amistad social a la luz de Fratelli Tutti, uno de los objetivos en esta línea es promover la práctica del diálogo y la amistad social como alternativa positiva para abordar conflictos desde un punto de vista conciliador que remedie la polarización estéril. Como Iglesia hemos estado acompañando, mediando y garantizando varios esfuerzos juveniles y colectividades manifestadas en el estallido social. Hemos comprendido el diálogo como un proceso de largo aliento, que consta de distintas fases entre las cuales se encuentran: análisis, gestos de buena voluntad, trabajo colectivo y seguimiento”, manifestó Rosa Ines Floriano. Como conclusión, el espacio cerró con una breve exposición de, ¡A movilizar la palabra!, consulta y diálogo desde las asambleas, una iniciativa gestionada por el SNPS-CC que ha servido como un elemento de organización para los grupos movilizados y a su vez, ha funcionado como herramienta de sistematización para consolidar las demandas y propuestas de dichas colectividades. Fuente: Of. de comunicaciones del SNPS-CC

Mar 27 Jul 2021

Iglesia en Medellín invita a la V Jornada de Formación del Clero

Las circunstancias actuales del momento generadas por la pandemia del Covid 19, han exigido por parte de la Iglesia cambios en sus dinámicas de pastorear y anunciar el Evangelio de manera eficaz. Para seguir atendiendo esta necesidad, la Arquidiócesis de Medellín, a través de la delegación de pastoral sacerdotal y la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), ofrecen la V versión de la Jornada de Formación para el Clero, a realizarse de manera virtual los días 29 y 30 de julio de 2021. Sus organizadores señalan que: “los retos y los cambios de vida en el mundo actual reclaman de los sacerdotes ciertas capacidades como: creatividad e innovación en la evangelización y de gestión, incluso en relación con el manejo de los recursos informáticos, para el efectivo anuncio de la fe y un acertado manejo de los bienes para el sano ejercicio pastoral”. La invitación, según lo reseña la convocatoria, tendrá una mirada pastoral atendiendo las circunstancias actuales del momento. Será un espacio académico, que con la ayuda de especialistas, ofrecerá propuestas metodologías innovadoras para los procesos de evangelización durante y después de la pandemia; así también, se analizará las realidades presentes y los retos y cambios pastorales que debe asumir la Iglesia en la actualidad. Público objetivo: Los obispos y presbíteros de la Arquidiócesis de Medellín y de las Iglesias de las Provincias Eclesiásticas que deseen vincularse, tanto de Colombia como de otros países. Temáticas: * Una mirada al momento y a la realidad pastoral en tiempos de pandemia, y una propuesta de acciones pastorales. * ¿Qué retos y cambios en los estilos de vida y práctica pastoral debemos enfrentar hoy? * Evangelización y comunicación: nuevas formas, nuevas pedagogías y didácticas en la pastoral. * Evangelización y caridad en tiempos de crisis. * La parroquia “en salida”. La pastoral integral y la formación de grupos pastorales: La parroquia como “la casa de todos” (sinodalidad). Ponentes: * Pbro. Dr. Salvatore Currò, religioso Josefino de Murialdo, es profesor de la Universidad Pontificia Lateranense, de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma y del Instituto Teológico San Pietro de Viterbo. * Dr. Guillermo de Jesús Echeverri Jiménez, decano de la Escuela de Educación de la Universidad Pontificia Bolivariana. * Mons. Héctor Fabio Henao, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia. * Pbro. Mag. Gabriel Jaime Gómez Gutiérrez. Informes y matrículas: Los interesados en participar podrán comunicarse a través de la oficina de Formación Continua – Escuela de Teología, Filosofía y Humaniddes, a los correos electrónicos: [email protected] [email protected] [email protected] Celular: 321 803 00 94 Si desea recibir memorias y certificado de asistencia lo podrá hacer cancelando la suma de $ 40.000 Descargue agenda [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]

Vie 2 Jul 2021

Un mundo sin alma

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo -En varios países del mundo se está dando, desde hace algunos años, una movilización social, que ahora está presente también en Colombia. A esto se añade la tensión producida por la violencia que nos ha azotado en las últimas décadas y las preocupantes situaciones generadas a partir de la pandemia del Covid-19. Todo va alimentando la reacción agresiva de las masas, puede ser con motivaciones acomodadas o aun sin razones concretas, pero en el fondo señalando que algo no funciona bien. Este descontento que está paralizando el país, que promueve un vandalismo que destruye servicios indispensables que entre todos hemos construido, que saca lo mejor y lo peor de las personas, más que a situaciones particulares, se debe a las formas de vida que ha generado un modelo de civilización, cuyos únicos valores y fundamentos son económicos, tecnológicos y políticos. Así se ha creado una sociedad injusta, donde sólo una pequeña parte de la población aprovecha toda la riqueza y para ello utiliza el poder político. A esto se suma la corrupción en el manejo del estado y en la actuación de no pocos servidores públicos, quienes en lugar de pensar a profundidad en la organización y el desarrollo integral de la sociedad, en lamentables componendas políticas, dilapidan los recursos y aceptan todo lo que impongan grupos internos o agendas foráneas, que les permiten detentar el poder y todos sus beneficios. Así quedamos todos bajo unos estereotipos impuestos por unas elites que, con diversos intereses, se pelean el mundo. De otra parte, la búsqueda de comodidad, de lujos y de hedonismo, transformó la vida en un ámbito comercial, donde no se encuentra ni el verdadero concepto ni la forma adecuada de alcanzar la felicidad personal y el bienestar de todos. Esa falta de respeto por la dignidad humana, de ausencia de solidaridad entre todas las personas y de creciente insatisfacción, llega a un punto intolerable. Entonces, los estallidos sociales muestran que estamos frente a un modelo de sociedad mal construido, que debe cambiar. Ante esta realidad, por supuesto, los gobiernos y toda la sociedad deben realizar un dialogo serio para recomponer lo que marcha mal; la clase económica debe patrocinar proyectos audaces para ayudar a los sectores más vulnerables y superar la inequidad; todos debemos propiciar diversas iniciativas para ayudar a quienes están sin los recursos indispensables y aún sin la fortaleza interior para vivir. Pero es preciso pensar que esto no basta y que con el tiempo seguirán creciendo los problemas morales y sociales, que generan indignación y llevan a estallidos imparables. Es preciso ir al fondo. El mundo no puede ser un cuerpo sin alma. La persona humana tiene el deber moral de trabajar sobre sí misma para tener gobierno de su mundo interior a partir de la conciencia; de lo contrario, los instintos y pasiones nos deforman, esclavizan y enfrentan unos contra otros. La visión que, en gran parte, ha construido la sociedad de hoy sólo ha pensando en un bienestar exterior. Si no hay un referente trascendente es imposible encontrar sentido, la calidad humana disminuye, muchos grupos humanos quedan sin protección y sin futuro y la verdadera justicia social nunca llega. La sociedad ha sido víctima de un engaño: creer que la producción y generación de riqueza era el sentido mismo de la vida. Esa dinámica nos puso en una permanente ansiedad, en un terrible individualismo y por último en una lamentable polarización y confrontación. Junto a esto una creciente secularización nos volvió la vida más compleja, más acelerada, más frívola y más triste. La vida se empobreció al desvanecerse los conceptos esenciales de sabiduría, de virtud y de trascendencia. Cada uno inventando el sentido para vivir y muchos mendigándolo en ideologías, que siendo sólo ideas, no pueden responder a la realidad integral de la persona. Ciertamente es preciso atender los problemas inmediatos, pero es necesario pensar también en una respuesta a fondo. La alegría de vivir, la fraternidad, la unidad en torno al bien común no se logran por una campaña publicitaria, ni por la promulgación de una ley, ni por la manipulación ideológica con los potentes medios de hoy, menos todavía por una revolución violenta. La vida verdadera sólo puede venir al mundo por una larga transformación cultural que vaya dando a las personas la sabiduría para vivir bien y la motivación para conducir rectamente su vida. Ahí está el gran servicio de la Iglesia a la humanidad. Es preciso que nosotros veamos claro y que actuemos con más audacia. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín