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Espíritu Santo

Mié 12 Mayo 2021

Conferencia Episcopal ofrece subsidios para la Solemnidad de Pentecostés

El próximo domingo 23 de mayo, la Iglesia Católica celebra la solemnidad de Pentecostés, en la cual se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, cincuenta días después de la Resurrección de Jesucristo. En este contexto, y animados por las palabras que el Papa Francisco sobre esta celebración: "Sin el Espíritu Santo Jesús permanece como un personaje del pasado, con el Espíritu es persona viva hoy", el Departamento de Liturgia del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano, con la colaboración del sacerdote Diego Alberto Uribe Castrillón, ha elaborado unos subsidios que ayudarán a vivir esta solemnidad. Este material puede ser seguido o adaptado según la realidad pastoral de cada jurisdicción eclesiástica. * Novena de Pentecostés 2021 [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar AQUÍ[/icon] * I Vigilia Pentecostés 2021- Misa [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar AQUÍ[/icon] * II Vigilia Pentecostés 2021- Celebración de la Palabra [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar AQUÍ[/icon] * Celebremos en Familia Pentecostés 2021 [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar AQUÍ[/icon]

Sáb 9 Ene 2021

El Bautismo de Jesús, una fiesta para redescubrir al Dios encarnado

Al conmemorar la Iglesia la fiesta del Bautismo de Jesús, el vicario apostólico de San Andrés Islas, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias, haciendo referencia al momento que vive la humanidad por cuenta de la pandemia y los desastres naturales, advirtió que esta fiesta debe motivar en los fieles un deseo de renovación y cambio verdadero. “En medio de la pandemia y los desastres naturales, ha surgido el deseo por purificarse, reorientar la existencia y comenzar una vida más digna. Pero el solo deseo no basta, porque pronto el paso del tiempo nos devuelve a la mediocridad de siempre”, afirmó. Con ocasión de esta fiesta, el prelado destacó tres propósitos que considera son fundamentales para aplicar en la vida de toda persona: Escuchar lo que el Espíritu dice. Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús era suficiente un bautismo de agua. Es necesario vivir empapados de su Espíritu. “Ante semejante estrujón que estamos viviendo hoy, necesitamos estar agarrados fuertemente al Espíritu de Jesús. No basta tener la vacuna para la pandemia, tenemos que revisar como estamos acogiendo su Espíritu. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darnos un rostro nuevo”. Atacar la mediocridad espiritual. Advirtió que en esta época de pandemia y de desastres naturales, de poco sirve recuperar el trabajo y la economía si no hay una experiencia viva de Dios. “Tenemos que redescubrir una y otra vez que solo en Dios, encarnado en Jesús, está la verdadera fuerza. En pandemia y desastres naturales hablamos mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos a Dios? En nuestro programa diario debe estar Dios, debe haber tiempo para vivir con él, lo cual será garantía de cambio real”. Trabajar en la renovación interior. El prelado dijo que ante la inmediatez que vive hoy la humanidad, se hace urgente trabajar en la interioridad del ser y la espiritualidad. “Privados de alimento interior, sobrevivimos cerrando los ojos olvidando nuestra alma, revistiéndonos de proyectos, ocupaciones e ilusiones. Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay más íntimo en el ser humano”.

Lun 4 Ene 2021

'Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo'

EL BAUTISMO DEL SEÑOR Enero 10 de 2021 Primera Lectura: Is 42,1-4.6-7 Salmo: 29(28), 1a+2.3ac-4.3b+9b-10 Segunda Lectura: Hch 10,34-38 Evangelio: Mc 1,7-11 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Hoy, “festividad del Bautismo del Señor”, conmemoramos el momento en que Juan el Bautista sumerge en el Río Jordán a Jesús, de quien decía: • Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo; • Sobre el que desciende el Espíritu Santo con su voz: Tú eres mi Hijo amado, el predilecto. • Celebramos al Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La Palabra de Dios en este domingo, del Bautismo del Señor, con el que se culmina el ciclo de la Navidad, nos ofrece, mediante el profeta Isaías, el tema del llamado al servidor y a los hijos de Dios, el llamado de la justicia divina: “te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones;” llamado al servidor de Dios “para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas;” llamado en el que se presenta a la persona del Señor Jesucristo, anunciado como el mensajero de la paz. El salmo28 (29) nos lleva a sentir la acción de la gloria de Dios mediante la naturaleza. Gloria que se manifiesta sublime en el bautismo del Señor Jesús. Él asume su misión y toma el camino de todos los que desean vivir una vida humana plena y fiel, de acuerdo con su Plan de Salvación, con el proyecto de fe y de amor. San Pedro, nos recuerda cómo Jesús de Nazaret, fue “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él;” de quien Juan había dicho: “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”, y a quien Jesús le pide que lo bautizara en las aguas del Jordán. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La venida del Verbo del Padre al mundo fue anunciada por los profetas y al llegar el momento de su Bautismo proclamada por el Padre altísimo, mediante el Espíritu. Bautismo con el que se convierte en el pionero de todos los que creen en Dios y de los que sienten la necesidad de vivir en una situación de conversión permanente para nacer de lo alto. En el bautismo, Jesús el Hijo nos une al Padre. En Jesús, somos hijos e hijas amados del Padre, quien nos ofrece la presencia de su Espíritu. La voz del Padre nos invita a oírlo, a reconocer a su Hijo Jesús y a seguirlo con admiración e ilusión, para que con Él disfrutemos la buena noticia de su paternidad y la llevemos a quienes más lo necesitan: los pecadores. El Bautismo del Señor Jesús nos coloca ante la realidad del llamado a la vida, a la vida humano divina, histórica y trascendente. Nos recuerda que antes de ser concebidos humanamente, ya estábamos en Dios desde el comienzo y, luego, nacimos a la vida natural y, regenerados con el agua del bautismo, empezamos a participar de la vida nueva, de ungidos por el Espíritu con y junto a Jesús, en enviado del Padre. El Espíritu desciende sobre el Señor Jesús y empieza su vida y su manifestación divina, como Hijo de Dios y ungido por el Espíritu. Vida pública del anuncio y la realización del Reino. Se deja escuchar la voz del cielo que proclama al Hijo amado y Siervo, muy unido al Padre y entregado del todo a la humanidad. Este momento es el recuerdo y mucho más, el acontecimiento que de una vez y para siempre nos lleva a la humanidad creada por Dios a participar del reencuentro y celebrar el que nos haya hecho hijos de Dios y a hallar la novedad para la humanidad entera. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El agua del bautismo nos hace renacer y al ser consagrados a Dios Padre empezamos a participar de su vida. Esta nuestra vocación humano divina, divino humana, es manifestación de la entrañable misericordia de Dios. Jesús es nuestra medida y la máxima manifestación del amor del Padre, por lo mismo, nuestra primera misión es identificarnos con Él. Identificándonos e incorporándonos con Jesús, en el amor, en la misericordia, en el servicio y en el encontrarle sentido a nuestra vida. El Espíritu de Jesús realiza en nosotros la transformación que, pese a nuestro pecado, a todos los males, a todas las resistencias, nos va configurando a imagen de Cristo. El papa Francisco al iniciar la bula de convocación del jubileo extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus, expresa: Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible, y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, «rico en misericordia» (Ef. 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6), no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr. Jn. 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona, revela la misericordia de Dios. Y en entrevista al papa, de Andrea Tornielli, sobre la misma, titulada ‘La mirada de Francisco’, dice: la misericordia siempre será más grande que cualquier pecado, nadie puede poner un límite al amor de Dios que todo lo perdona.” Unidos a Jesús por el bautismo, tenemos la dicha de sentir que somos hijos muy amados del Padre. El bautismo nos recuerda que Dios quiso estar con nosotros, ser uno con y en nosotros. Con el Bautismo tomamos conciencia del sentido de nuestra vida, de la misericordia de Dios y de la misión que el Padre nos ha confiado por medio de su Hijo amado. Comencemos por sentirnos muy amados de Dios y capaces de vencer las contrariedades que cotidianamente se nos presentan. Dejemos que su Espíritu transforme nuestros corazones, para hacer realidad el proyecto del Padre. La presencia del Espíritu del Señor, hace que en los momentos de dificultades y de duda recordemos que nuestro bautismo nos hace de aquí, de la tierra, y de allá, del cielo. Que sintamos que somos hijos muy amados del Padre y que en Él se vive inmensamente feliz y que su mirada y su voz nos repite que somos hijos del Padre que más nos ama. Que vivamos nuestra filiación divina con naturalidad y que nos sintamos hijos en casa de la familia más valiosa: familia humano divina Por el bautismo Jesús de Nazaret fue sumergido en el Jordán, ungido por el Espíritu y presentado por el Padre, mi Hijo amado, en ti me complazco. Este Don del bautismo nos sumerge en las fuentes del Espíritu, para que emprendamos el nuevo camino de identificación y construcción de la obra del Reino, que culmina en la plenitud de todo en Cristo. Desde aquel día vivimos en el Señor Jesucristo, que vive en cada uno de nosotros y en nuestras familias y con quien ante los ojos del Padre podemos exclamar: ¡soy hijo de Dios! ¡Soy hijo en el Hijo! Desde aquel día su Espíritu nos ha consagrado y guía profundamente, de modo especial, para que nuestros pensamientos, palabras y obras sean inspirados por Él, nuestro vivir nos acerque más a Él con quien constituimos familia de Dios, por sobre nuestras resistencias y nuestras negatividades a ver y escuchar. Además, como Juan Bautista, cada uno de nosotros puede ser un instrumento a disposición de la voz del Padre y del Hijo, guiados por el Espíritu, para que quienes están en nuestro entorno escuchen la voz de lo alto, se acerquen al Hijo amado de Dios Padre y conozcan cómo con Él crecemos y nunca menguamos, para que creyendo tengamos vida eterna. En el Señor Jesús, nosotros escuchamos la voz del profeta que llama a los sedientos a acercarse al agua, a los hambrientos y sedientes de justicia a declararse felices y a escuchar la voz del Padre: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto. Llamado, que en Colombia tuvimos la dicha de escuchar en la voz de esperanza y solidaridad del papa Francisco: “No se dejen robar la esperanza y la alegría”, Mensaje a los jóvenes que lo esperaban en su llegada a la Nunciatura, en Bogotá; y, luego, en la plaza de Bolívar, “Vuelen alto y atrévanse a soñar a lo grande”; y, en la celebración del Ángelus en la ciudad de Cartagena, al término de su visita, nos dijo a todos: “Trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad.” Por eso, pidámosle al Señor Jesús que siempre tengamos hambre y sed de su palabra, el deseo profundo de vivir unidos a Él, guiados por el Espíritu y haciendo el bien, siendo sal y luz del mundo. Que su palabra y la Eucaristía que celebramos nos haga compartir su misión, que lo escuchemos de tal modo que nuestro corazón arda en celo por la salvación de la humanidad, que unidos vayamos conformando nuestra vida y realidad con el proyecto del Padre; y que el Espíritu que habita en nosotros nos haga inconformes con cuanto hay en el mundo de negativo y falto de fe y amor y sedientos de la presencia y el amor de Dios. Al celebrar la fiesta del bautismo del Señor Jesús agradezcamos especialmente nuestro bautismo, que nos da a conocer nuestra identidad más profunda y nuestra vocación: abrir con alegría nuestro corazón para escuchar su Evangelio; dejar que su Espíritu nos unja y llene nuestras vidas del amor divino; y sentir la presencia divina que nos acompaña cada día en el camino de vida que nos propone, que nos promete y que nos compromete. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos como familia humana acompañada de la presencia del Espíritu Santo, para celebrar el acontecimiento del Bautismos del Señor Jesús, dispongámonos para la escucha de la Palabra que nos orienta y para participar de la mesa del encuentro con Él que nos fortalece para nuestro caminar en la fe. Participemos con fe y esperanza. Monición a la Liturgia de la Palabra La lectura de la Palabra que nos lleva al encuentro del Bautismo de Jesús y a escuchar, con el corazón, el mensaje de vida y esperanza, nos renovará la alegría de sabernos creaturas y familia de Dios. Escuchemos con esperanza. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos al Padre eterno nuestra oración y, puesto que creemos que el Señor Jesús, Hijo del Padre, guiado por el Espíritu, fue al Jordán para ser bautizado por Juan, supliquémosle con la confianza de hijos. R. Por el amor a tu Hijo, escúchanos Señor 1. Por la santa Iglesia, para que, ungida por el Espíritu, sea consagrada en la unidad y de testimonio del amor del Padre a toda la humanidad. Oremos. 2. Por los cristianos todos y, especialmente, por los que son perseguidos a causa de la fe, para que el Espíritu del Hijo amado del Padre, los mantenga firmes en la fe y en la verdad por encima de todos los abusos e injusticias. Oremos. 3. Por los padres y madres de familia y por los que defienden la vida en todas sus manifestaciones, para que unidos compartamos y defendamos la belleza de ser hermanos en todos los momentos y circunstancias de la vida. Oremos. 4. Por nuestra comunidad y por todas las Iglesias, para que, con la luz de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, se reavive el don del Espíritu y confiese a Jesucristo, el Hijo amado del Padre, en quien somos hermanos. Oremos. 5. Por nosotros, bautizados, renacidos del agua y del Espíritu, para que vivamos el presente, con la alegría de la promesa, hasta el fin de los tiempos. Oremos. En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales Oración conclusiva Acoge, Señor, nuestras súplicas confiadas que te presentamos por mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Quien vive y reina por los siglos de los siglos R. Amén.

Vie 28 Feb 2020

Podríamos pasarnos la vida reflexionando, pero es hora de actuar

Primera Lectura: Gn 2,7-9; 3,1-7 Salmo: Sal 51(50),3-4.5-6a. 12-13.14+17 (R. cf. 3a) Segunda Lectura: Rm 5,12-19 (forma larga) o Rm 5,12.17-19 (forma breve) Evangelio: Mt 4,1-11 Introducción De la Palabra de Dios que se nos ofrece para este domingo presentamos algunos temas para nuestra reflexión: • El origen del pecado y sus consecuencias en la vida del ser humano; • La vivencia de la vida cristiana en el camino de la cuaresma, un itinerario de conversión, escucha de la Palabra de Dios, vivencia de la gracia divina; • Un tercer tema de predicación nace de la confrontación Adán – Cristo, es decir subrayar la superioridad de la gracia y la nueva condición del ser humano, hijo de Dios, para afrontar con altura las tentaciones y consecuencias del pecado. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En un lenguaje pintoresco y popular, el texto de la primera lectura presenta tres escenas: en la primera, se nos presenta a Dios como un artesano, que da origen a su máxima obra, el hombre, a quien hace partícipe de su vida, lo hace “un ser vivo” (v.7); en la segunda, Dios es un jardinero, y en medio de su jardín dos árboles significativos: el árbol de la vida y el árbol del bien y del mal; aquí en este ambiente coloca su obra máxima llena de vida (vv. 8-9). En estas dos escenas la presencia dominante es Dios. En la tercera escena, el personaje dominante es la figura del “astuto” en forma de serpiente quien, a punta de mentiras, seducirá la mujer, inicia cuestionándola con una mentira “¿Cómo es que Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín? (3,1). La mentira seductora conducirá al fracaso el plan original y se introduce en esta historia la muerte, de la cual Dios había prevenido, pero la serpiente engaña diciendo “de ninguna manera morirán… serán como dioses”. Una mentira que incita al orgullo. Fracaso total, el hombre, obra de Dios, se revela y desobedece a su Creador. Salmo penitencial, de gran alcance popular por su formulación y la historia de David pecador que recurre a la misericordia divina componiendo estas palabras. En sus dos partes refleja la situación del hombre: la oscura realidad del pecado, expresada en la confesión de pecado y suplica de purificación (vv. 1-11); que encuentra una esperanza de cambio gracias a la acción divina (vv. 12-19). Concluyendo con una especie de liturgia nacional (vv. 20-21). La segunda lectura está centrada en un paralelismo de superación entre el fracaso del primer Adán y la reparación sobreabundante del segundo Adán – Cristo. En su desarrollo se abordan diversos temas correlacionados entre sí, como la relación entre el pecado y la muerte en general, la obra de Adán y la obra de Cristo, entre las cuales no se da una proporción de igualdad, pues “no hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado” (v.15). La conclusión hace de exhortación parenética, por el delito de uno-Adán condena para todos, por la justicia de uno-Cristo la justificación para todos; “por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos” (Cf. vv. 18-19). El relato evangélico, está presente en la triple tradición sinóptica (Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13; Mt 4, 1-11), con variantes importantes. Así, Marcos solo refiere que Jesús permaneció allí “siendo tentado por Satanás”; los otros dos evangelis- tas narran las conocidas y clásicas tres tentaciones, pero cambiando el orden; Mateo las concluye con la tentación en el monte, que conecta mejor con el discurso de la montaña que aparece en el capítulo siguiente. Este pasaje se estructura en una introducción (1-2) y luego un relato trimembre, las tres tentaciones (vv. 3 - 11). La iniciativa siempre es del “tentador – del diablo”, quien se acerca (v.3) y “se lleva” a Jesús –sentido del verbo paralambanō en griego (vv. 5.8), lo saca del desierto para llevarlo al Templo y al monte; a las tentaciones Jesús responde siempre con lo que está escrito, es decir, con las Sagradas Escrituras, todas del Deuteronomio (Cf. a la primera: Dt 8, 3 y Sb 16,26; segunda Dt 6,16); a la tercera Dt 6,13). El texto posee los elementos mínimos de la narrativa, dejando que el peso se centre en estas citas bíblicas veterotestamentarias que soportan la argumentación. Por lo que algunos han visto que Jesús aparece reviviendo las tentaciones de Israel en su camino por el desierto durante cuarenta años. Se debe precisar que el texto permite una gran asociación de miradas desde los lectores, por lo que no es necesario polarizarlo solo desde una concepción. El inicio de la perícopa, “Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu…”, conecta con el relato del Bautismo y su teología (3, 13-17), en definitiva, la historia sigue siendo “empujada” por el Espíritu Santo. El diablo presenta sus tentaciones en un crecendo. El diablo no pone en duda la filiación divina de Jesús, él la sabe y la presupone; los endemoniados de Gadarenos le dicen: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? (Mt 8,9) y es más explícito en Lucas, el endemoniado en Cafarnaúm le dice: “Sé quién eres: el Santo de Dios” (Lc 4, 34). El diablo no desconoce la condición de Hijo de Dios de Jesús, él lo que hace, aquí en las tentaciones, es someter esa identidad a prueba, inducirlo a realizar un milagro espectacular innecesario para el mesianismo. Dos veces se refiere a ella, “si eres Hijo de Dios…” (vv. 3. 6). Las respuestas de Jesús serán una forma de acreditar esta su identidad o filiación divina que se ha puesto de manifiesto desde el Bautismo, “y vino una voz desde los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17). No logrando su deseo de meterlo a la duda, le plantea de manera directa la propuesta de la adoración del diablo, a la que Jesús responde con su rechazo definitivo. El diablo en su intento de seducción ha recurrido a diversas artimañas, como lo hizo en los orígenes de la humanidad, recurre a la mentira, se presenta como el dueño de todo, “le mostró los reinos del mundo”, que se contraponen con el mensaje que Jesús viene a anunciar “el reino de Dios, o el reino de los cielos”. Es un ser astuto, ha aprendió de la primera respuesta de Jesús a usar las Escrituras, las cuales cita de manera manipuladora para inducir al error y que se falte a la filiación divina, por ello cita de memoria las palabras del Salmo 91. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Adán – Cristo, superioridad de la Gracia La historia de la humanidad se ha jugado en dos creaciones. La primera, es la de los orígenes, con Adán, de donde se concluye el nefasto resultado, entró la muerte a causa del pecado; se da una ruptura en la relación con Dios que se califica como desobediencia, la mentira y el orgullo han reinado, el hombre quiso desconocer a Dios y ser dios; lo único que encontró fue la destrucción, el fracaso total. La segunda, es la de la nueva creación, iniciativa siempre de Dios, es la obrada en su Hijo Jesús, en quien el hombre recobra y recibe de manera mejorada su filiación divina, es nueva creatura, justificada y amada en Jesús. Esta Gracias, en todas sus dimensiones, manifiesta su superioridad respecto al pecado y sus consecuencias. Jesús se acredita en su relación con Dios y en obediencia a las Escrituras, Él es el Hijo de Dios, no un mago dispuesto a realizar “milagritos espectaculares” que desvirtúan la filiación divina. Si bien, las tentaciones de Jesús son de un corte específicamente mesiánico, es decir, se refieren directamente a él, podemos, de una manera parenética, referirlas a toda la humanidad, pero referidas principalmente a las dimensiones fundamentales de la mesianidad de Jesús, profética, sacerdotal y real. Es decir, las tentaciones de Jesús no son una narrativa que sirva de ejemplo para que los creyentes de hoy afronten las tentaciones de cada día. Estas tentaciones fueron directamente a la identidad de Jesús, Hijo de Dios, no porque el diablo la desconociera, sino porque quiso ponerla a prueba. La prueba de la filiación divina no solo se juega en una opción radicalmente opuesta, como la tercera tentación que invita a la adoración del diablo, sino que también se coloca entre dicho mediante aparentes practicas inofensivas que son innecesarias para la vivencia de la filiación divina; no es necesario andar usando el poder de la gracia bautismal como “aprendices de maguitos”. La gracia de la vida cristiana se sitúa en superioridad frente a estos “jueguitos”. Toda la vida Jesús la vivió en esta opción, siempre renunció a demostraciones innecesarias de poder divino, hasta el último momento. Él, como Hijo de Dios, se mostró siempre obediente, hasta en la cruz mediante la expresión de otros se le propuso hacer “milagritos espectaculares”, “si eres Hijo de Dios, baja de esa cruz y creeremos” (Cf. Mt 27, 40. 42), siempre en actitud de poner a prueba su filiación divina, su mesianismo. Jesús no cedió a la tentación de los reinos del mundo, por no haber perdido su filiación, recibe todo poder, Resucitado se aparece a sus discípulos, “Acercándose a ellos, Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18). 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Podríamos pasarnos la vida reflexionando, pero es hora de actuar. ¡No nos limitemos a oír más, leer más, sino a vivir en verdad y sinceridad la superioridad de la gracia que hemos recibido en Jesús, Hijo de Dios! El bautismo, en el orden de la gracia, nos hace superiores al primer Adán, vivamos de corazón la llamada del Espíritu Santo “que nos conduce al desierto” para vivir la identidad de Hijos de Dios. No busquemos milagritos y poderes divinos, sigamos el camino de una autentica espiritualidad cristiana que supera las tentaciones del materialismo, del sensacionalismo, y de un poder sobre el mundo. Es el momento de cerrar los ojos, hacer silencio y contemplar con recogimiento el misterio de la gracia bautismal. Es hora de aprender a responder con la Palabra de Dios. Aceptarla con amor y creerla, porque aprenderla de memoria y rebatir con ella, solo nos hará parecer al diablo, que se la sabe de memoria, pero la usa de manera manipuladora para inducir al error. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS: 1. Que en el Templo haya un signo que evidencie el tiempo de Cuaresma. 2. Resaltar en cartelera la frase: “Misericordia, Señor: hemos pecado”. 3. Es muy recomendable que, desde antes de la celebración litúrgica, se guarde silencio en el templo, en la sacristía y en los lugares anexos. De modo que todo se disponga devota y debidamente para la acción sagrada (Cfr. OGMR 45). 4. Este domingo presenta Prefacio propio: “Las Tentaciones del Señor”. 5. Palabras de este tiempo como camino de catecumenado: Oración, silencio, Jesús, gracia, bautismo, caridad, etc. 6. Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para este domingo. 7. Aprovechar este tiempo de cuaresma para el ejercicio del Santo Vía Crucis (en especial los viernes) y de las prácticas de ayuno y abstinencia. 8. En estas cinco semanas de tiempo de cuaresma es, también, ocasión oportuna para motivar, preparar y desarrollar, en el día más oportuno, la jornada parroquial de los enfermos ya que, reuniéndolos en el templo para la celebración eucarística, se les puede ofrecer también los sacramentos de la Reconciliación y de la Unción de Enfermos. De este modo, no programando la llamada “Misa de enfermos” para el jueves santo, se da prelación al grandioso signo de la Sagrada Comunión llevada por el Sacerdote y ministros extraordinarios, dicho jueves, a cada uno de los enfermos de la comunidad parroquial.

Vie 21 Jun 2019

Que la Eucaristía despierte en mi la sensibilidad de Jesús por los demás

Primera lectura: Gn 14,18-20 Salmo: 110(109),1.2.3.4 (R. cf. 4b) Segunda lectura: 1Co 11,23-26 Evangelio: Lc 9, 11b-17 Introducción La palabra de Dios nos plantea tres líneas temáticas de reflexión: • En el libro del Génesis, Melquisedec ofrece a Abraham un poco de pan y vino, a través de este gesto de solidaridad, Abraham y sus hombres pueden reponer sus fuerzas. Vemos acá una invitación a ofrecer el alimento a quienes desfallecen humana y espiritualmente. • San Pablo en la primera carta a los Corintios ofrece una catequesis respeto a las asambleas cristianas, en las que se están dando comportamientos de humillación y de desprecio de los ricos hacia los pobres, insistiéndoles que esas actitudes destruyen el sentido profundo de la Cena del Señor. • El milagro de la multiplicación de los panes hace pensar en el sacramento de la Eucaristía y en el compartir fraterno. El Señor invita a los discípulos a que distribuyan el pan a la multitud como preparación a la futura misión apostólica: llevar a todos los alimentos espirituales, sin descuidar el material. Cuando hay una verdadera participación en la Eucaristía nos hacemos testigos de la compasión de Dios por el hermano y nace el servicio de la caridad. Ya está disponible en la librería de la Conferencia Episcopal Predicación Orante de la Palabra. II De la Santísima Trinidad a Cristo Rey | Ciclo C . 2019 [icon class='fa fa-download fa-2x'] Más información[/icon]

Vie 14 Jun 2019

Que la Eucaristía despierte en mí la sensibilidad de Jesús por los demás

Primera lectura: Pr 8,22-31 Salmo: 8,4-5.6-7.8-9 (R. 2a) Segunda lectura: Rm 5,1-5 Evangelio: Jn 16,12-15 Introducción La Palabra de Dios en esta gran solemnidad de la Santísima Trinidad nos ofrece estas ideas significativas para nuestro crecimiento espiritual: • La sabiduría es don de Dios que como realidad divina y trascen- dente está en Dios y es obra de Dios. Esa sabiduría el Señor se la regala al hombre en su inteligencia siempre y cuando la pida y la deje actuar. • San Pablo reafirma la acción trinitaria en la vida del creyente: habiendo recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo que ha sido derramado en el corazón del creyente. • La salvación es trinitaria: la iniciativa parte del Padre, quien envía a su Hijo Jesús; la realización se da en la obediencia de Jesús al plan del Padre Dios; y la acción del Espíritu Santo actualiza esa salvación habitando en cada creyente para que dé testimonio en la Iglesia de ese camino hacia la Salvación. El Espíritu Santo nos enseñará la verdad del amor de Dios revelado en Jesucristo y esta verdad nos guiará a nuestra salvación donde será plenificada. Ya está disponible en la librería de la Conferencia Episcopal Predicación Orante de la Palabra. II De la Santísima Trinidad a Cristo Rey | Ciclo C . 2019 [icon class='fa fa-download fa-2x'] Más información[/icon]

Jue 13 Jun 2019

Encuentro con el Resucitado | Junio 16 de 2019

"Señor, dueño nuestro, ¡Que admirable es tu nombre en toda la tierra!" (Sal 8,2) TAREAS: 1. Reflexiona qué lugar ocupa: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo 2. Regálale algo a la Santísima Trinidad 3. Dedica un tiempo de oración [icon class='fa fa-download fa-2x'] Ir a lista de reproducción[/icon]

Mié 12 Jun 2019

Fieles caleños se congregaron para recibir al Espíritu Santo

El pasado sábado 8 de junio, en las Canchas Panamericanas, miles de fieles caleños se reunieron para celebrar la Vigilia de Pentecostés, acto preparativo para la llegada del Espíritu Santo y que conmemora el nacimiento de nuestra Iglesia Católica. El evento inició con avivamiento y música, animando a los feligreses que se encontraban expectantes ante la llegada de este Pentecostés. Acto seguido, los presbíteros Omar López y Gustavo Echeverry presentaron a la audiencia los agentes que en este momento están ayudando a implementar el Plan Pastoral arquidiocesano 2019 - 2023, e instaron a los asistentes a hacer parte de la Asamblea Pastoral de Servidores de cada una de las parroquias. De la misma forma, se vivió de manos del Padre Felipe Forero, párroco del Santuario de la Divina Misericordia, una catequesis interactiva, durante la cual se resaltaron los valores de los jóvenes católicos y de la vocación matrimonial, todo realizado desde la experiencia personal del público, el cual se divirtió mientras recibían el mensaje de amor de nuestra Iglesia. Asimismo, se llevó a cabo un acto penitencial liderado por Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro, Obispo Auxiliar de Cali, el cual llevó a cada uno de los presentes a interiorizar el mensaje de Cristo, a evaluar su comportamiento como cristiano y a pedir la intercesión de Dios en sus vidas. También hubo Exposición del Santísimo Sacramento, portado por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez, Obispo Auxiliar de Cali, durante el cual se presentaron los dones recibidos, en tanto los feligreses oraban con devoción. Por último, se cerró la vigilia con Solemne Eucaristía presidida por Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía, quien consagró la celebración a la paz y reconciliación de nuestro país, así como al respeto al prójimo desde los valores católicos.