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Podríamos pasarnos la vida reflexionando, pero es hora de actuar

Vie, 28/02/2020 - 15:12 editorCEC1

Tags: predicación orante el bautismo Espíritu Santo Iglesia

Primera Lectura: Gn 2,7-9; 3,1-7
Salmo: Sal 51(50),3-4.5-6a. 12-13.14+17 (R. cf. 3a)
Segunda Lectura: Rm 5,12-19 (forma larga) o Rm 5,12.17-19 (forma breve) 
Evangelio: Mt 4,1-11

Introducción
De la Palabra de Dios que se nos ofrece para este domingo presentamos algunos temas para nuestra reflexión:

•  El origen del pecado y sus consecuencias en la vida del ser humano;
•  La vivencia de la vida cristiana en el camino de la cuaresma, un itinerario de conversión, escucha de la Palabra de Dios, vivencia de la gracia divina;
•  Un tercer tema de predicación nace de la confrontación Adán – Cristo, es decir subrayar la superioridad de la gracia y la nueva condición del ser humano, hijo de Dios, para afrontar con altura las tentaciones y consecuencias del pecado.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
En un lenguaje pintoresco y popular, el texto de la primera lectura presenta tres escenas: en la primera, se nos presenta a Dios como un artesano, que da origen a su máxima obra, el hombre, a quien hace partícipe de  su vida, lo hace “un ser vivo” (v.7);  en la segunda, Dios es un jardinero,  y en medio de su jardín dos árboles significativos: el árbol de la vida y el árbol del bien y del mal; aquí en este ambiente coloca su obra máxima llena de vida (vv. 8-9). En estas dos escenas la presencia dominante es Dios. En la tercera escena, el personaje dominante es la figura del “astuto” en forma de serpiente quien, a punta de mentiras, seducirá la mujer, inicia cuestionándola con una mentira “¿Cómo es que Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín? (3,1). La mentira seductora conducirá   al fracaso el plan original y se introduce en esta historia la muerte, de la cual Dios había prevenido, pero la serpiente engaña diciendo “de ninguna manera morirán… serán como dioses”. Una mentira que incita al orgullo. Fracaso total, el hombre, obra de Dios, se revela y desobedece a su Creador.

Salmo penitencial, de gran alcance popular por su formulación y la historia de David pecador que recurre a la misericordia divina componiendo estas palabras. En sus dos partes refleja la situación del hombre: la oscura realidad del pecado, expresada en la confesión de pecado y suplica de purificación (vv. 1-11); que encuentra una esperanza de cambio gracias  a la acción divina (vv. 12-19). Concluyendo con una especie de liturgia nacional (vv. 20-21).

La segunda lectura está centrada en un paralelismo de superación entre el fracaso del primer Adán y la reparación sobreabundante del segundo Adán – Cristo. En su desarrollo se abordan diversos temas correlacionados entre sí, como la relación entre el pecado y la muerte en general, la obra de Adán y la obra de Cristo, entre las cuales no se da una proporción de igualdad, pues “no hay proporción entre la gracia que Dios concede y  las consecuencias del pecado” (v.15). La conclusión hace de exhortación parenética, por el delito de uno-Adán condena para todos, por la justicia de uno-Cristo la justificación para todos; “por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos” (Cf. vv. 18-19).

El relato evangélico, está presente en la triple tradición sinóptica (Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13; Mt 4, 1-11), con variantes importantes. Así, Marcos solo refiere que Jesús permaneció allí “siendo tentado por Satanás”; los otros dos evangelis- tas narran las conocidas y clásicas tres tentaciones, pero cambiando el orden; Mateo las concluye con la tentación en el monte, que conecta mejor con el discurso de la montaña que aparece en el capítulo siguiente.

Este pasaje se estructura en una introducción (1-2) y luego un relato trimembre, las tres tentaciones (vv. 3 - 11). La iniciativa siempre es del “tentador – del diablo”, quien se acerca (v.3) y “se lleva” a Jesús –sentido del verbo paralambanō en griego (vv. 5.8), lo saca del desierto para llevarlo al Templo y al monte; a las tentaciones Jesús responde siempre con lo que está escrito, es decir, con las Sagradas Escrituras, todas del Deuteronomio (Cf. a la primera: Dt 8, 3 y Sb 16,26; segunda Dt 6,16); a la tercera Dt 6,13). El texto posee los elementos mínimos de la narrativa, dejando que el peso se centre en estas citas bíblicas veterotestamentarias que soportan la argumentación. Por lo que algunos han visto que Jesús aparece reviviendo las tentaciones de Israel en su camino por el desierto durante cuarenta años. Se debe precisar que el texto permite una gran asociación de miradas desde los lectores, por lo que no es necesario polarizarlo solo desde una concepción.

El inicio de la perícopa, “Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu…”, conecta con el relato del Bautismo y su teología (3, 13-17), en definitiva, la historia sigue siendo “empujada” por el Espíritu Santo.

El diablo presenta sus tentaciones en un crecendo. El diablo no pone   en duda la filiación divina de Jesús, él la sabe y la presupone; los endemoniados de Gadarenos le dicen: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? (Mt 8,9) y es más explícito en Lucas, el endemoniado en Cafarnaúm le dice: “Sé quién eres: el Santo de Dios” (Lc 4, 34). El diablo no desconoce la condición de Hijo de Dios de Jesús, él lo que hace, aquí en las tentaciones, es someter esa identidad a prueba, inducirlo a realizar un milagro espectacular innecesario para el mesianismo. Dos veces se refiere a ella, “si eres Hijo de Dios…” (vv. 3. 6). Las respuestas de Jesús serán una forma de acreditar esta su identidad o filiación divina que se ha puesto de manifiesto desde el Bautismo, “y vino una voz desde los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17).  No logrando su deseo de meterlo a la duda, le plantea de manera directa la propuesta de la adoración del diablo, a la que Jesús responde con su rechazo definitivo.

El diablo en su intento de seducción ha recurrido a diversas artimañas, como lo hizo en los orígenes de la humanidad, recurre a la mentira, se presenta como el dueño de todo, “le mostró los reinos del mundo”, que se contraponen con el mensaje que Jesús viene a anunciar “el reino de Dios, o el reino de los cielos”. Es un ser astuto, ha aprendió de la primera respuesta de Jesús a usar las Escrituras, las cuales cita de manera manipuladora para inducir al error y que se falte a la filiación divina, por ello cita de memoria las palabras del Salmo 91.
 
2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
Adán – Cristo, superioridad de la Gracia

La historia de la humanidad se ha jugado en dos creaciones. La primera, es la de los orígenes, con Adán, de donde se concluye el nefasto resultado, entró la muerte a causa del pecado; se da una ruptura en la relación   con Dios que se califica como desobediencia, la mentira y el orgullo han reinado, el hombre quiso desconocer a Dios y ser dios; lo único que encontró fue la destrucción, el fracaso total. La segunda, es la de la nueva creación, iniciativa siempre de Dios, es la obrada en su Hijo Jesús, en quien el hombre recobra y recibe de manera mejorada su filiación divina, es nueva creatura, justificada y amada en Jesús. Esta Gracias, en todas sus dimensiones, manifiesta su superioridad respecto al pecado y sus consecuencias.

Jesús se acredita en su relación con Dios y en obediencia a las Escrituras, Él es el Hijo de Dios, no un mago dispuesto a realizar “milagritos espectaculares” que desvirtúan la filiación divina. Si bien, las tentaciones de Jesús son de un corte específicamente mesiánico, es decir, se refieren directamente a él, podemos, de una manera parenética,  referirlas  a toda la humanidad, pero referidas principalmente a las dimensiones fundamentales de la mesianidad de Jesús, profética, sacerdotal y real. Es decir, las tentaciones de Jesús no son una narrativa que sirva de ejemplo para que los creyentes de hoy afronten las tentaciones de cada día. Estas tentaciones fueron directamente a la identidad de Jesús, Hijo de Dios, no porque el diablo la desconociera, sino porque quiso ponerla a prueba.

La prueba de la filiación divina no solo se juega en una opción radicalmente opuesta, como la tercera tentación que invita a la adoración del diablo, sino que también se coloca entre dicho mediante aparentes practicas inofensivas que son innecesarias para la vivencia de la filiación divina; no es necesario andar usando el poder de la gracia bautismal como “aprendices de maguitos”. La gracia de la vida cristiana se sitúa en superioridad frente a estos “jueguitos”.
 
Toda la vida Jesús la vivió en esta opción, siempre renunció a demostraciones innecesarias de poder divino, hasta el último momento. Él, como Hijo de Dios, se mostró siempre obediente, hasta en la cruz mediante la expresión de otros se le propuso hacer “milagritos espectaculares”, “si eres Hijo de Dios, baja de esa cruz y creeremos” (Cf. Mt 27, 40. 42), siempre en actitud de poner a prueba su filiación divina, su mesianismo. Jesús no cedió a  la tentación de los reinos del mundo, por no haber perdido su filiación, recibe todo poder, Resucitado se aparece a sus discípulos, “Acercándose a ellos, Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28,18).

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Podríamos pasarnos la vida reflexionando, pero es hora de actuar. ¡No nos limitemos a oír más, leer más, sino a vivir en verdad y sinceridad la superioridad de la gracia que hemos recibido en Jesús, Hijo de Dios! El bautismo, en el orden de la gracia, nos hace superiores al primer Adán, vivamos de corazón la llamada del Espíritu Santo “que nos conduce al desierto” para vivir la identidad de Hijos de Dios. No busquemos milagritos y poderes divinos, sigamos el camino de una autentica espiritualidad cristiana que supera las tentaciones del materialismo, del sensacionalismo, y de un poder sobre el mundo.

Es el momento de cerrar los ojos, hacer silencio y contemplar con recogimiento el misterio de la gracia bautismal. Es hora de aprender a responder con la Palabra de Dios. Aceptarla con amor y creerla, porque aprenderla de memoria y rebatir con ella, solo nos hará parecer al diablo, que se la sabe de memoria, pero la usa de manera manipuladora para inducir al error.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Que en el Templo haya un signo que evidencie el tiempo de Cuaresma.
2.  Resaltar en cartelera la frase: “Misericordia, Señor: hemos pecado”.
3.  Es muy recomendable que, desde antes de la celebración litúrgica, se guarde silencio en el templo, en la sacristía y en los lugares anexos. De modo que todo se disponga devota y debidamente para la acción sagrada (Cfr. OGMR 45).
4.  Este domingo presenta Prefacio propio: “Las Tentaciones del Señor”.
5.  Palabras de este tiempo como camino de catecumenado: Oración, silencio, Jesús, gracia, bautismo, caridad, etc.
6.  Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para este domingo.
7.  Aprovechar este tiempo de cuaresma para el ejercicio del Santo Vía Crucis (en especial los viernes) y de las prácticas de ayuno y abstinencia.
8.  En estas cinco semanas de tiempo de cuaresma es, también, ocasión oportuna para motivar, preparar y desarrollar, en el día más oportuno, la jornada parroquial de los enfermos ya que, reuniéndolos en el templo para la celebración eucarística, se les puede ofrecer también los sacramentos de la Reconciliación y de la Unción de Enfermos. De este modo, no programando la llamada “Misa de enfermos” para el jueves santo, se da prelación al grandioso signo de la Sagrada Comunión llevada por el Sacerdote y ministros extraordinarios, dicho jueves, a cada uno de los enfermos de la comunidad parroquial.

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Jue 17 Nov 2022

Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO Noviembre 20 de 2022 Primera Lectura: 2S 5, 1-3 Salmo: Sal 122(121), 1-2.4-5 (R. cf. 1) Segunda Lectura: Col 1, 12-20 Evangelio: Lc 23, 35-43 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Uno de los delincuentes que está crucificado al lado de Jesús apela a su realeza: “Acuérdate de mí cuando venga con tu Reino”. De esta forma reconoce en Jesús a un Rey. Efectivamente, Jesús tiene una dimensión real que se expresa paradójicamente: en cuanto él, está en uno de los instrumentos de suplicio más abominables que la crueldad de la humanidad ha inventado, reversado normalmente para los esclavos, precisamente allí Jesús se comporta como un Rey. Es así como celebramos en este domingo que corona el año litúrgico, la solemnidad de Cristo Rey del Universo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? De brazos abiertos y manos clavadas en la Cruz, en el montículo llamado “Calvario” (por su parecido a un cráneo o calavera; en arameo “Gulgutha” y en griego: “Gólgota”), Jesús aparece lo suficientemente expuesto como para ser visto por una amplia multitud. Se le ve rodeado por dos criminales (ver Lc 23,32.33.39), realizándose así la profecía isaiánica del “siervo sufriente” que dice: “ha sido contado entre los malhechores” (Is 53,13, citada en Lc 22,37). Estos criminales eran probablemente sediciosos fanáticos del partido Zelota, adversarios políticos del imperio romano, como Barrabás, de quien se había dicho que “había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato” (23,19). Quizás no sean simplemente “ladrones”, como nos hemos habituado a llamarlos, sino delincuentes de peligrosidad confirmada. Frente al crucificado y su macabra corte, nos dice el evangelista que “estaba el pueblo mirando” (23,35a): • El “estar” connota en este texto “permanencia”: el tiempo suficiente para ver todo lo que le sucede al crucificado. • Se dice que el pueblo estaba “mirando”. La última escena de la vida de Jesús es vista de cerca con todos sus detalles. Nótese el verbo enmarca la escena (23,35a.48). El verbo griego utilizado aquí connota “contemplar”. Mientras el evangelista Marcos, con su habitual realismo, abre aquí el espacio para que se capte la realización del Salmo 22,8a (“Todos los que me ven de mí se mofan”; ver Mc 15,29: “Los que pasaban por allí le insultaban meneando la cabeza”), Lucas por su parte evita la descripción de los gestos groseros, mostrando al pueblo más bien con una actitud respetuosa y curiosa. Para Lucas el pueblo se hace “testigo” de los últimos instantes del crucificado. No sucede lo mismo con los que ahora van a hacerle sus bufonas solicitudes a Jesús. Veamos en el texto cómo enfrentan a Jesús tres tipos de personas, de mayor a menor dignidad: (1) Los magistrados (23,35b), (2) Los soldados romanos (23,36-38), (3) Uno de los malhechores colgados junto a él (23,39). Poco a poco se va viendo a un Jesús cada vez más degradado. Por otra parte uno de los términos clave de este evangelio sale a relucir en el escenario siendo echado en cara a Jesús. Se trata del verbo “salvar”: (1) “Que se salve a sí mismo” (23,35b), (2) “¡Sálvate!” (23,37b), (3) “¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!” (23,39c). Estos gritos a Jesús están asociados a la identidad que le reconocen: (1) Los magistrados: “el Cristo de Dios, el Elegido”; (2) Los soldados: “el Rey de los judíos”; (3) El primer criminal: “el Cristo”; (4) El segundo criminal: “Rey” (se dice de forma implícita en la frase: “cuando vengas con tu reino”, 23,42). Puede verse una alternancia entre los títulos “Cristo” y “Rey”: el mesianismo de Jesús se verifica en la realización de su predicación del Reino. Las solicitudes que le hacen en Jesús tienen que ver con la identidad que ha revelado e intentan poner a prueba su predicación sobre la salvación pronta del hombre sufriente. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? En un momento de desorientación general en medio de los dolorosos acontecimientos de la pasión, solamente un delincuente proclama su fe en el Mesías Salvador. El poder del reinado de Jesús se despliega en función de la salvación de todas las personas, particularmente de los antisociales y criminales que se vuelven a él con fe. El segundo criminal –a diferencia de los que antes de él se han dirigido al crucificado- capta de qué manera Jesús reina en la Cruz y se deja salvar por él. No hay que dejar perder de vista la grandeza de la fe del malhechor convertido. No es común encontrar en los evangelios casos parecidos. Lo habitual es que se reconozca la dignidad de Jesús después de algún milagro, pero nunca en circunstancias tan negativas. De esta forma, el criminal sentenciado se convierte en un “catequista”. como bien dijo san Juan Crisóstomo: “No subestimemos a este ladrón y no tengamos vergüenza de tomar como maestro a aquel a quien el Señor no tuvo vergüenza de introducir, delante de todos, en el paraíso”. El “buen ladón”, no fijándose en su propio sufrimiento, se esfuerza por hacer caer en cuenta a su compañero desesperado ante quién se encuentran. De “discípulo” pasa enseguida a ser “apóstol” que testimonia desde lo alto de la Cruz que Jesús es el modelo hacia el cuál todo el mundo debe mirar. Él invita a la humanidad entera a comprender el misterio del Crucificado: comenzando por los mártires que comparten su destino de sufrimiento, pero incluyendo también a los pecadores, aquellos que sufren la consecuencia de sus errores. Esta es la buena noticia: todos podemos encontrar en Jesús un refugio, porque Él es el rey misericordioso que se ocupa de nuestras vidas. Con el “Buen ladrón” aprendemos finalmente que lo grave no es la condenación al patíbulo sino la exclusión del Reino de Dios. Y para que nadie se quede fuera no nos cansaremos de proclamar el “pregón pascual” que comenzó en medio de aquel diálogo amoroso entre Jesús y el delincuente: anunciamos la victoria sobre la muerte para Jesús y para todos lo que crean en él. Terminemos nuestro año litúrgico poniendo la mirada en lo esencial: nuestra cita con Dios no es en la morada de los muertos sino en el Reino de la vida y de los vivos que comenzó a brillar en la Cruz. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? “Señor Jesús, que seas todo en la tierra como lo eres todo en el cielo. Que lo seas todo en todas las cosas. Vive y reina en nosotros en forma total y absoluta, para que podamos decir siempre: ¡Jesús es todo en todas las cosas! ¡Queremos Señor Jesús que vivas y reines sobre nosotros! Dios de poder y de misericordia, quebranta en nosotros cuanto a ti se opone. Y con la fuerza de tu brazo toma posesión de nuestros corazones y nuestros cuerpos, para que empieces en ellos el Reino de tu amor. Amén” (San Juan Eudes) _______________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Mundial de la Juventud en las Iglesias Particulares. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Celebrar la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, es confirmar que Cristo es nuestro Dios y Salvador. Por eso acojamos al Señor en este banquete de su Palabra y su Eucaristía, para que cada día sigamos disponiendo nuestras vidas para dejarlo reinar en nuestras palabras, actos y gestos de comunidad. Dispongámonos a vivir con alegría este encuentro personal, familiar y comunitario con Dios, nuestro Padre. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios en este domingo solemne, es una invitación a dejar reinar a Dios en nuestra vida; ella nos interpelará sobre cómo Dios es Rey en nuestra existencia. escuchemos atentamente y dejémonos interpelar por la Palabra. Oración Universal o de los Fieles Presidente: En esta Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, elevemos nuestras suplicas comunitarias al Padre bondadoso. Pidamos por las intenciones de todos diciendo: R. Rey de reyes, escúchanos. 1. Por el Papa para que, con su testimonio de servicio al Rey misericordioso, contagie nuestras comunidades del deseo de servir al prójimo, en especial a los más necesitados de nuestra caridad. 2. Por todos los que rigen y gobiernan nuestros pueblos, para que orienten sus decisiones en favor del restablecimiento de una sociedad, que viva los valores del evangelio, centrados en el amor a Jesucristo Rey de nuestras vidas. 3. Por todos los que siguen buscando a Dios con un corazón deseoso de hacer de Él el centro de sus vidas, para que no desistan en sus propósitos de seguimiento a nuestro buen Dios. 4. Por los jóvenes que participan en la Jornada Mundial de la Juventud en sus Iglesias Particulares, para que reciban con entusiasmo la Palabra de Dios que los invita al heroísmo. 5. Por todos aquellos que han sido maltratados y humillados en nuestras comunidades, a causa de nuestras incoherencias para que, busquemos en el perdón una manera de reconstruir la dignidad humana. Oración conclusiva Padre bondadoso, recibe nuestras oraciones y concédenos los auxilios que te hemos pedido para poder gozar de paz y servirte con sincero corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 11 Nov 2022

Estén en vela para estar preparados

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Noviembre 27 de 2022 Primera Lectura: Isaías 2,1-5 Salmo: 122(121), 1-2.4-5.6-7. 8-9 (R. cf. 1) Segunda Lectura: Romanos 13, 11-14a Evangelio: Mateo 24, 37-44 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El Adviento, como lo enfatiza la Palabra y la tradición eclesial, es preparación para la doble venida de Cristo: Su nacimiento entre nosotros y su llegada al final de los tiempos. • La invitación del profeta Isaías resume bien el espíritu del Adviento: “Vamos, caminemos a la luz del Señor”. • El discipulado cristiano nos exige “estar en vela”, que es la actitud de permanecer fielmente en el Señor. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías nos anticipa la obra que realizará el Mesías a su llegada. La propone en tres dimensiones: la reunión del pueblo de Dios antes disperso que, en comunión, sube al monte del Señor; la instrucción en la ley del Señor, para que todos marchen por sus sendas, y el establecimiento de la paz entre los pueblos. Concluye con una exhortación para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”. El apóstol Pablo invita a tomar clara conciencia de la “hora” que vive la comunidad, esto es, de la cercanía de la salvación. Es elocuente la imagen de la noche y el día, con la que se evidencia la necesidad de vivir en la luz; también lo es la figura de revestirse de Cristo, que invita a los bautizados al testimonio y a la coherencia. El Evangelio nos hace dirigir la mirada hacia la segunda venida de Cristo, anunciada como la llegada del Hijo del hombre con figuras y expresiones tomadas de los pasajes apocalípticos de la escritura. Frente a lo que sucederá, la invitación es estar en vela o estar preparados. Para la comunidad cristiana, que debe anhelar esta segunda venida del Señor, la vigilancia y la preparación es igual a la fidelidad constante en el discipulado y la misión. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El inicio del Adviento pide de todos nosotros una renovada disposición para ir al encuentro de Cristo que viene. La exhortación es para cada uno y para la comunidad: “Ven, caminemos a la luz del Señor”; con ésta se propone un modo de vida que siempre este dirigido por Cristo, que es Luz del mundo, y abarca todas las dimensiones de la existencia. Como lo pide el apóstol Pablo, es necesario tomar plena conciencia del momento de gracia que vivimos y de las profundas implicaciones de la espera de la venida del Señor. Esto significa, entre otras cosas que no debemos celebrar el Adviento pensando únicamente en disponer cosas materiales o decoraciones para la fiesta navideña. Tampoco se puede olvidar la doble connotación del Adviento, pues con frecuencia se prefiere desconocer la espera escatológica de la segunda venida de Cristo. El propósito del Adviento es llevar a la comunidad cristiana a caminar a la luz del Señor, ahora y siempre. No se trata de una espera pasiva sino de un camino que recorremos juntos, como el pleno día, con las armas de la luz, revestidos de Jesucristo. Esta vivencia del Adviento, en el marco de la celebración del nacimiento del Señor y con el impulso de la esperanza de su retorno, debe ser manifestada en una comunión más fuerte entre los miembros del pueblo de Dios, en una apertura total para dejarnos instruir por su palabra y en una decisión firme para construir la paz que el Salvador nos trae. Estos propósitos coinciden fundamentalmente son los del camino Sinodal que recorremos convocados por el Papa Francisco. En efecto, si escuchamos atentamente la Palabra en este día notamos una insistencia marcada en la comunidad o pueblo que espera al Señor. Estar en vela o estar preparados reclama de cada uno y de la comunidad un continuo esfuerzo de fidelidad al Evangelio, al mismo tiempo que una manifestación explicita de su horizonte escatológico, el mismo que expresaba la primera comunidad cristiana diciendo ¡Maranathá! Ven, Señor Jesús. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Hoy iniciamos el Adviento con los sentimientos del salmo que proclama ¡Vamos alegres a la casa del Señor! Hemos de pedir al Señor que nos permita vivir santamente este tiempo, con la viva conciencia de que está más cerca nuestra salvación. Supliquemos que la celebración de la Navidad esté precedida de una verdadera disposición del corazón, de gestos de reconciliación, de acciones de misericordia, de contemplación del misterio del amor de Dios. Hoy es un buen momento para preguntarnos interiormente ¿cómo queremos vivir este Adviento y esta Navidad?, y también, ¿cómo estamos en vela y nos preparamos para la segunda venida del Señor? _______________________ Recomendaciones prácticas: • Es recomendable leer, por tiempos litúrgicos, todo el conjunto de Recomendaciones Prácticas, para tener una visión de conjunto y poder preparar con tiempo y debidamente las celebraciones litúrgicas y de piedad popular, de modo que se logre un mejor fruto espiritual en el pueblo de Dios • Por su propia naturaleza y espiritualidad, el Adviento es un tiempo de sobriedad que contrasta con la explosión festiva y ornamental de la Navidad. Sin embargo, a diferencia de la Cuaresma, no es un tiempo tan austero (por ejemplo, en Adviento se canta el Aleluya, cosa que no se realiza en la Cuaresma). Se permite el uso de instrumentos siempre que se utilicen con moderación o, como dice el Ceremonial de los Obispos, “sin que se anticipe la alegría plena de la Navidad” (CE 236). Se entona el aleluya, no se dice el “Gloria”, se usa con moderación los instrumentos musicales y las flores para adornar el altar. • Sugerir la corona del Adviento como expresión de piedad popular y signo de la espera de Jesús, luz del mundo. Por lo tanto, podría hacerse en este domingo la respectiva bendición. Esta corona tiene cuatro velas y cada domingo de Adviento se enciende una de las luces, a la par que el ministro realiza una oración adecuada para el caso. • En la Eucaristía dominical, las velas podrían ser encendidas después del saludo y por distintas personas de la comunidad, debidamente preparadas. • En este domingo se puede encender la primera luz de la corona de Adviento, con su respectiva oración; y así sucesivamente en los otros domingos. • Si se realiza este rito de la Corona de Adviento, se omite el acto penitencial. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos: Iniciamos hoy el tiempo de preparación para la doble venida del Señor, el Adviento. Se trata del recorrido que hacemos hacia “el que viene”, pero también de una senda para sentir la presencia “del que está”; será camino hacia el Señor glorioso y apertura al Señor que se acerca. Despertemos del sueño y mantengamos una actitud vigilante; llenemos nuestros corazones de esperanza porque el Señor hace nuevas todas las cosas. Comencemos alegres nuestra celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra Las lecturas de hoy deben llenarnos de alegría y no de miedo ni angustia; porque, como dice el profeta Isaías, avanzamos hacia la luz del Señor, que nos encamina no hacia la destrucción, sino hacia un tiempo de salvación en el que reina la paz y convivencia fraterna. Por eso mismo el salmista nos invita a estar alegres y alabar a Dios mientras peregrinamos a la casa del Señor, y san Pablo, a llevar un estilo de vida propio de los hijos de la luz. Escuchemos atentos. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos, mientras esperamos llenos de gozo la venida de nuestro Señor Jesucristo, imploremos misericordia, pues El viene a anunciar la salvación a todos los hombres. Supliquemos con fe viva diciendo: R. Escúchanos, Señor. 1. Por la Iglesia, para que el Padre encienda en los corazones de todos sus fieles el deseo ardiente de recibir gozosamente a su Hijo que llega para salvarnos. Oremos. 2. Por los gobernantes de las naciones, para que los rijan con rectitud y justicia y busquen el bien integral de todos los que se les han confiado. Oremos. 3. Por los que sufren, para que el Padre alivie a los enfermos, dé pan a los hambrientos y aleje del mundo toda tribulación. Oremos. 4. Por nuestros hogares, para que, permaneciendo en la verdad sean auténticos testigos del amor cristiano. Oremos. 5. Por esta asamblea eucarística, para que, al prepararse para la venida del Señor mediante la Palabra de Dios, sean luz y alegría en medio del mundo. Oremos. Oración conclusiva Dios, refugio y fortaleza nuestra, Tú que inspiras toda verdadera petición escucha las plegarias de tu Iglesia y haz que cuanto hemos pedido con fe lo obtengamos plenamente. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 11 Nov 2022

Con su perseverancia salvarán sus almas

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGODEL TIEMPO ORDINARIO Noviembre 13 de 2022 Primera Lectura: Ml 3, 19-20a Salmo: Sal 98(97),5-6.7-8.9 (R. cf. 9) Segunda Lectura: 2Ts 3,7-12 Evangelio: Lc 21, 5-19 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • La liturgia del trigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario evoca la última venida del Señor. • La Biblia habla frecuentemente de este tema que está en el centro de la profesión de fe de todos los cristianos. • A ello se orienta toda la celebración sacramental y especialmente la Eucaristía que es el memorial del Señor “hasta que Él vuelva”. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? v. 5: “Como dijeran algunos acerca del templo”. Se refiere al templo espléndido construido por Herodes en diez años, empleando 100.000 obreros y 1.000 sacerdotes entrenados como albañiles para los trabajos en las partes más sagradas. La construcción comenzada en el año 20 a.C, continuó por largo tiempo para las decoraciones. Terminará solamente en el año 64 d.C, seis años antes de su destrucción. Desde el comienzo del Nuevo Testamento el templo nuevo fue identificado tanto con Jesús muerto y resucitado (Mc 14, 58; Jn 2, 21), en quien habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2, 9), como con la Iglesia (cf. 1Co 3, 9.16ss). v. 7: “Cuál será la señal”. Ante el anuncio de Jesús de que no quedará de ese templo “piedra sobre piedra” los oyentes tratan de leer, en lo que acontece, el presagio de lo que les interesa: ¿cuándo será el final? Es la misma pregunta que angustia a muchos creyentes también hoy, atreviéndose incluso a formular o repetir ciertas teorías. Esto se puede prestar para engaños pues quien aterroriza con el miedo a la muerte y le ofrece la salvación puede engañarlo como quiere. Por eso Jesús, así como nos libera del miedo de la muerte (12, 4ss), así también aparta de nosotros todo miedo al fin del mundo, para hacernos vivir en la libertad de los hijos del Padre. También lo dice San Pablo: “no se dejen alterar tan fácilmente en sus ánimos, ni se alarmen por alguna manifestación del Espíritu (revelaciones privadas), que haga suponer que es inminente el día del Señor” (2Ts 2, 1s). v. 9: “Pero el fin no es inmediato”. Ante las guerras y revoluciones el evangelista Lucas que ya puede escribir su libro desde el cumplimiento de lo que Jesús había anunciado previamente, sabe que el final no es inmediato. Tanto la muerte de Jesús como la destrucción del templo son ciertamente el fin del mundo, pero no como lo pensamos nosotros: es el fin de un mundo antiguo que, ahora redimido por Cristo en la Cruz, permite el inicio de un mundo nuevo. Lucas, entonces, vio cumplida esa profecía de cómo Dios ofrece la salvación a todos y permite que se viva el presente como el tiempo de la paciencia, en vista de nuestra conversión. La continuación de la historia hasta nuestros días es este intervalo que se concede “por un año todavía” (cf. 13, 6ss) después del juicio de Dios que ya se ha realizado y ha sido revelado, para que todos los hijos encuentren la casa del Padre. Así la historia es realmente historia de salvación. Entonces las guerras, los terremotos, la carestía, las pandemias es lo que sucede en el tiempo de Lucas y en todo tiempo. No es la señal de algo nuevo, es más bien el viejo mundo que con monotonía insiste en vivir en un mundo antiguo, es decir, sin la redención de Cristo. v. 13: “Esto sucederá para que den testimonio”. Los discípulos de Cristo continúan viviendo en la historia la salvación que viene de la cruz y predicando que la entrega de Cristo en la Cruz es el final del mundo viejo, en donde se rompió el muro del odio y del pecado para dar paso al mundo nuevo. v. 19: “Con su perseverancia salvarán almas”. La paciencia es la característica del Hijo del hombre, el samaritano que se hace cargo del mal. Ella asocia al discípulo al misterio de la muerte y resurrección: al perder la vida, la salva (9, 24). En el testimonio, en un mundo a veces hostil, se gana la propia identidad con Jesús, el Hijo muerto y resucitado, signo de un mundo nuevo y reconciliado con Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Jesús dice a sus discípulos: “Con su perseverancia salvarán sus almas” y es el llamado también para nosotros hoy: continuar teniendo fe en un mundo que apuesta a oponerse al Evangelio de Cristo, por eso el llamado de Jesús a resistir en la lucha, para salvar nuestras almas; es necesario permanecer fieles al Señor, a pesar de las dificultades. En este discurso en el que Jesús anuncia el final, se está refiriendo sobre todo a su propia final, es decir, la pasión, muerte y sepultura, pero a partir de allí nacerá un mundo nuevo. Es importante que todos conservemos esta “tensión” hacia lo que está por cumplirse, porque el riesgo es detenernos en el presente y no mirar al futuro sin esperar aquello que mañana puede venir, es decir, la vida eterna. Es ser conscientes que las opciones que hoy hagamos tendrán consecuencia mañana, aquello que hacemos “ahora” tendrá sus efectos en el futuro. Esta responsabilidad hacia el futuro es la sugerencia que los últimos domingos del ciclo litúrgico nos recuerdan. De hecho, en la primera lectura del profeta Malaquías, uno de los últimos textos del Antiguo testamento, anuncia la llegada de un día ardiente como un horno. Los soberbios serán como paja, en cambio aquellos que viven el “temor” de Dios, no que tienen miedo de Dios, sino que toman en serio el seguimiento del Señor, aquel día recibirán la salvación que vendrá como en los rayos del sol. No podemos quedarnos sin hacer nada esperando que venga el fin del mundo, es lo que dice Pablo a los Tesalonicenses, porque el ocio es el origen de otros vicios. Por eso la exhortación a continuar con nuestro trabajo, manteniendo una “tensión” hacia el futuro. Esperar al Señor no significa dejar de vivir en el mundo y trabajar por él hasta el último momento de nuestra vida. Se trata de vivir intensamente todas las dimensiones del mundo: empeñarse en el trabajo, en la familia, en dejar un mundo mejor de como lo encontramos, eso es lo que quiere el Señor. Pero sepan que no termina todo aquí, la tensión positiva hacia lo que vendrá da sentido a todo aquello que hacemos. Por eso dice Jesús que con la perseverancia en el empeño cotidiano salvaremos nuestras almas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? • Entro en oración invocando la presencia del Espíritu Santo. • Me recojo imaginándome que estoy delante del templo en su esplendor, y ese templo será destruido. • Me pregunto: ¿Qué significa para mí el fin de los tiempos? Pienso en que un mundo antiguo ha terminado con la muerte de Cristo y con su resurrección ha inaugurado un mundo nuevo. • Medito en la frase de Jesús: “quien persevera hasta el final salvará su alma”. • Pido lo que quiero: comprender que este mundo termina y que mis acciones de hoy tienen una repercusión en el futuro, en la vida eterna. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Recomendar la vivencia de la Eucaristía que en la Palabra y en el Cuerpo de Cristo recibido en la comunión, es el gran sacramento que sostiene nuestra peregrinación hasta que “Él vuelva”. • Motivar al Ministerio musical para que entone cantos litúrgicos que hablen de la peregrinación del Pueblo de Dios hacia la patria celestial sin cesar en el empeño y compromiso que como cristianos tenemos cada día. • Motivar el momento de la Sagrada Comunión con esta monición: “Estar con Cristo en la vida eterna es nuestra meta. Hoy podemos tener ya un anticipo de esa gloria celestial comulgando el cuerpo y la sangre de Cristo. Acerquémonos a recibirle”. • Jornada Mundial de los Pobres. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos: es larga la lista de los acontecimientos devastadores y aterradores que hay en el mundo como las guerras y la pandemia, que parecen anunciar el fin de los tiempos. Pero la historia ha conocido otros momentos que también parecían anunciar el fin. Estos terribles acontecimientos no tienen nada que ver con el fin del mundo y, aunque son muy duros y dolorosos de vivir, no deben asustar a los creyentes ni desanimarlos en su empeño por contribuir a un mundo mejor con esperanza y perseverancia. Esa es la mejor manera de dar testimonio de nuestra fe en Cristo y de caminar siempre a su lado. Monición a la Liturgia de la Palabra En la primera lectura el profeta Malaquías evoca el juicio definitivo de Dios, que puede ser condenatorio o salvador. El salmista nos dice que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. La espera de la venida del Señor, nos dice San Pablo en los Tesalonicenses, no exime a nadie de las obligaciones y compromisos de la vida diaria. Y, según el Evangelio, los discípulos de Jesús no se pueden sorprender por tener que sufrir persecuciones ni dejarse seducir por charlatanes. Deben mantenerse firmes. Nada debe debilitar su esperanza. Al final de la prueba alcanzarán la salvación. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Hermanos: dirijamos nuestra mirada hacia el Señor y, como ya recibimos en herencia la fe en el mundo que ha de venir, orémosle confiadamente: R. Concédenos, Señor, tu gracia y tu bendición. 1. Por los pastores y fieles de la santa Iglesia, perseguidos a causa del nombre de Jesús, para que el Espíritu Santo les dé palabras de sabiduría, oremos. 2. Por los que sufren la injusticia que les provocan otras personas y por las víctimas de los flagelos naturales, para que Dios los ampare en la prueba, oremos. 3. Por los que trabajan día y noche con esfuerzo y por todos los que están desempleados, para que a ninguno le falte el pan de cada día, oremos. 4. Por las personas que viven angustiadas por el futuro o son tentados por los muchos mesianismos en la sociedad, para que Jesús se les revelé en las Sagradas Escrituras y les dé paz, oremos. 5. Por todos los cristianos de esta parroquia y por los que se reúnen cada domingo en asamblea, para que el Espíritu renueve sus corazones, oremos. Oración conclusiva Señor, Padre santo, concede a todos los hombres y mujeres la gracia de saber que son tus hijos y de construir sobre esta alegría sus vidas, en la esperanza de la plena manifestación de los hijos de Dios. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. R. Amén.

Vie 4 Nov 2022

Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo

TODOS LOS SANTOS Noviembre 1° de 2022 Primera Lectura: Ap 7, 2-4.9-14 Salmo: Sal 24(23),1-2.3-4ab.5-6 (R. cf. 6) Segunda Lectura: 1Jn 3, 1-3 Evangelio: Mt 5, 1-12ª I. Orientaciones para la Predicación Introducción Caminando de cara a Dios en el ejercicio de la fe, la esperanza y el amor, participa el hombre de la vida de Dios. No sólo participaremos en él, sino que seremos semejantes a él. Esta esperanza transformadora debe animar nuestros pasos por la gran tribulación. Aquellos que fueron los amigos de Dios entonan su canto después de haber participado de la sangre del Cordero. Eso significan también las bienaventuranzas. La victoria de la Cruz, la dicha de un sufrimiento transformador. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En las visiones del Apocalipsis aparece hoy una muy dinámica: el panorama de una gran asamblea, "una muchedumbre inmensa de toda nación, raza y lengua", los bienaventurados, que están en el cielo "de pie delante del trono (de Dios Padre) y del Cordero (Cristo) vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos", y cantan con voz potente las alabanzas de Dios. El número 144.000 es evidentemente simbólico, el resultado de esta multiplicación: 12 por 12 por 1000, la plenitud de las doce tribus de Israel. Además de ese número, se habla de una multitud innumerable. Esta multitud de creyentes que ya participan de la salvación tienen una historia: "son los que vienen de la gran tribulación". En el cielo se unen a los ángeles, los "ancianos", los "cuatro vivientes" y todos adoran a Dios y le entonan himnos de alabanza. El salmo se fija en los que ya gozan de la victoria, pero señalando cuál ha sido su camino para llegar a esta alegría: "estos son los que buscan al Señor". Porque "quién puede subir al monte del Señor... el hombre de manos inocentes y puro corazón". La idea que más veces repiten las cartas de Juan, que somos hijos de Dios y objetos de su amor de Padre, se une hoy a la de nuestro destino en la salvación definitiva. La realidad de ahora ya es gozosa, pero todavía tiene que llegar lo mejor: "ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos". Cuando llegue el final, "cuando se manifieste", "seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es". El evangelio elegido para esta fiesta es el de las bienaventuranzas, porque se consideran el mejor camino para llegar a esa felicidad definitiva del cielo, el camino que han seguido los Santos de todos los tiempos. Dando inicio al sermón de la montaña, Jesús proclama unas sorprendentes bienaventuranzas: llama felices a los pobres, a los que sufren, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los que son perseguidos por su fe. En realidad, hay una novena bienaventuranza, esta vez en segunda persona: "dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan...", mientras que las ocho anteriores están en tercera: "dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos". 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Es una fiesta que nos transmite alegría y optimismo. No es nada extraño que haya calado muy hondo en la sensibilidad del pueblo de Dios, junto con el recuerdo de los difuntos el día siguiente. ¡Qué hermoso es el canto de "introito" clásico en este día, el "Gaudeamus": "alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos". Las innumerables personas que ya gozan de la plenitud de vida en el cielo son nuestros hermanos. De la mayoría no conocemos los nombres. Algunos, pocos en comparación con la muchedumbre de los bienaventurados, han sido canonizados o beatificados, reconocidos por la Iglesia en su "Martirologio" y propuestos como modelos de vida cristiana. De ellos, a algunos, también muy pocos en comparación con los varios miles del Martirologio, se les rinde culto oficial en la Iglesia universal o en las particulares: son los que aparecen en el Calendario litúrgico. Hoy celebramos a todos, no sólo a los que constan en las listas oficiales, sino a los que están en la lista de Dios, que son muchísimos más. Nuestra contabilidad no tiene ni punto de comparación con la de Dios. El prefacio de hoy afirma que son "nuestros hermanos", "los mejores hijos de la Iglesia" y que "en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad". Son personas que han tenido los mismos oficios y las mismas dificultades y tentaciones que nosotros, que han seguido a Cristo, viviendo su evangelio» y ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios. Entre ellos, están la Virgen María y los Santos más importantes y conocidos, los patronos de las diócesis o de la ciudad o de la parroquia, los fundadores de comunidades religiosas, los que aparecen en los vitrales o en los varios laterales de nuestras iglesias. Otros, la mayoría, nos son desconocidos, pero han tenido el mérito de una fe sufrida y humilde, y ahora gozan de Dios. Entre ellos seguramente, familiares y conocidos nuestros. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Hoy damos gracias a Dios porque los Santos son un regalo del Espíritu. En un mundo en que no abundan ni las noticias positivas ni los modelos de vida coherente, vale la pena subrayar lo que representan los Santos: un regalo de Dios a la humanidad y el mejor don del Espíritu a su Iglesia. Es bueno que hayan aparecido y sigan apareciendo carismas, instituciones y movimientos: pero sobre todo podemos alegrarnos de que el Espíritu Santo nos regale personas santas, que son la mejor gloria de la familia cristiana y hasta de la humanidad. Hayan sido o no importantes, hayan dejado o no grandes obras escritas o fundado familias religiosas, o hayan vivido sencillamente, desconocidas de todos menos de Dios, dando un ejemplo de entereza y generosidad. Estas personas son las que nos devuelven la fe en el género humano. Muchos van obteniendo premios y medallas por sus éxitos deportivos o artísticos o culturales. Es muy bueno que así́ sea, porque vale la pena premiar a los que enriquecen de alguna manera a la humanidad. Pero hoy podríamos pensar que los que merecen más premios y homenajes son estas personas, famosas o desconocidas, que han cumplido su carrera recibiendo los aplausos de Dios y ennobleciendo a la humanidad entera. El que la Iglesia realice beatificaciones y canonizaciones, tiene la finalidad: que puedan alegrarse todos, en la Iglesia universal o en las Iglesias locales, de que el Espíritu sigue enriqueciendo a su comunidad con el don de la santidad, y así́ pueden mirarlos como a modelos e intercesores más cercanos. Así lo decía el Papa Francisco celebrando la Solemnidad de Todos los Santos el 1 de noviembre de 2019: “La santidad, además de un don, es también una llamada, es una vocación común de todos nosotros cristianos, de los discípulos de Cristo; es el camino de plenitud que todo cristiano está llamado a recorrer en la fe, procediendo hacia la meta final: la comunión definitiva con Dios en la vida eterna. La santidad se convierte así en respuesta al don de Dios, porque se manifiesta como una asunción de responsabilidad. Desde este punto de vista, es importante asumir un compromiso cotidiano de santificación en las condiciones, en los deberes y en las circunstancias de nuestra vida, tratando de vivir cada cosa con amor, con caridad”. _______________________ Recomendaciones prácticas • Hoy es un día propicio para promover entre los fieles la proclamación de las Letanías de los Santos. • Comienza el mes de los Fieles Difuntos. • Incentivar la oración por los Fieles Difuntos a lo largo del mes. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Sean todos bienvenidos a esta Celebración. En este día la Iglesia Universal celebra, la solemnidad de Todos los Santos, demos gracias a Dios por el testimonio de tantos hermanos nuestros en la fe que durante su vida lucharon por vivir el Evangelio, acogiéndonos a su intercesión, para poder ser, también nosotros, fieles a las enseñanzas de nuestro Señor. Celebremos con fe y alegría esta Eucaristía. Monición a la Liturgia de la Palabra En el centro de la liturgia de hoy están sobre todo los grandes temas de la Comunión de los Santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se encuentran en las condiciones descritas por Jesús. Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos a Dios Padre, creador del universo, para que en comunión con todos los santos del cielo alcancemos bendiciones en esta tierra. Digamos confiados: R. Te rogamos, óyenos. 1. Por la Iglesia santa de Dios, para que siempre se conserve unida en la oración y así sea luz para todo el mundo. Roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de todos los pueblos, para que fomenten siempre la dignidad humana con proyectos de justicia y de paz. Roguemos al Señor. 3. Por todos los enfermos de nuestra comunidad y por todos los que sufren, para que la oración que hacemos en la comunión de los santos los llene de consuelo, de esperanza y de salud. Roguemos al Señor. 4. Por nuestros hermanos difuntos, que han vivido según las enseñanzas de Cristo, para que el Señor les otorgue la plenitud de la vida y puedan gozar de su presencia en la patria celestial. Roguemos al Señor. 5. Por nosotros para que aceptando el proyecto de las bienaventuranzas que Jesús nos propone podamos alcanzar la patria celeste y la participación plena en la comunión de los santos. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Padre de todo lo creado, escucha estas súplicas que tu Iglesia, que peregrina en esta tierra anhelando la patria celeste. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.