SISTEMA INFORMATIVO
Una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte
Tags: predicación orante lectio dominical predicacion orante domingo 25 de enero Predicación Orante de la Palabra
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
Enero 25 de 2026
Primera lectura: Is 8, 23b–9, 3
Salmo: Sal 27 (26), 1bcde. 4. 13-14 (R. 1b)
Segunda lectura: 1Co 1, 10-13. 17
Evangelio: Mt 4, 12-23 (forma larga) o Mt 4, 12-17 (forma breve)
I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓN
Introducción
La profecía de Isaías (primera lectura) encuentra su cumplimiento en el Evangelio de san Mateo. Jesús proclama: “El Reino de Dios está aquí”. De inmediato anuncia que, para dar a conocer la Buena Noticia, cuenta con testigos: hombres y mujeres llamados a ser evangelizadores. El camino es significativo: Jesús no emprende la misión en solitario, sino en comunidad. San Pablo comparte la misma convicción: el Señor lo llamó a ser testigo del evangelio en comunidad, sin dar lugar a divisiones.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Cafarnaún está en Galilea, a orillas del lago de Tiberíades, en los territorios de Zabulón y Neftalí. Estos nombres de antiguas tribus de Israel ya no eran de uso corriente, pertenecían al pasado. En el libro de Josué ninguna aldea pertenecía al mismo tiempo a dos tribus. La intención de Mateo no es geográfica, sino teológica: mostrar la luz de Dios brillando sobre Israel y sobre toda la humanidad. Galilea, encrucijada de pueblos, es la puerta abierta al mundo. A partir de ahora, la salvación de Dios, traída por el Mesías, resplandece sobre todas las naciones.
Mateo retoma expresiones del ritual de coronación de un rey al evocar la llegada de Jesús: “El pueblo que habitaba en las tinieblas vio surgir una gran luz. Sobre los que habitaban el país de las sombras y de la muerte, se levanta una luz”. Con ellos nos dice que el verdadero Rey del mundo vino a habitar entre nosotros.
Al narrar la partida de Jesús hacia Galilea, después del arresto de Juan el Bautista, Mateo afirma dos realidades: primero, la vida de Jesús está marcada por la persecución; segundo, el mal no tiene la última palabra. Jesús huye de la persecución, pero en su camino la Buena Noticia se expande aún más: Dios hace surgir el bien del mal. El evangelio mostrará al final que, de los sufrimientos y de la muerte, brota la Vida.
Mateo emplea una fórmula clave: “A partir de este momento”. La usa aquí y en Mt 16. En ambos casos marca una encrucijada: aquí “a partir de este momento, Jesús empieza a anunciar: conviértanse, el Reino de los cielos está cerca”; y en Mt 16: “A partir de este momento, Jesús comenzó a mostrarles a los discípulos que era necesario ir a Jerusalén, sufrir mucho por parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, sufrir la muerte y, al tercer día, ser levantado”.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
En Mt 4 vemos el inicio de la misión pública de Jesús. El evangelio ha preparado este momento: primero, la genealogía que sitúa a Jesús en la historia de su pueblo, descendiente de David (Mt 1); luego, el anuncio del ángel a José: “He aquí que una virgen concebirá un hijo a quien le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir, Dios con nosotros”, cumpliendo lo dicho por el profeta Isaías.
Los episodios siguientes confirman este mensaje de cumplimiento: la visita de los magos, la huida a Egipto, la masacre de los niños de Belén, el regreso de Egipto y la instalación de la familia en Nazaret (Mt 2). Después, la predicación de Juan Bautista, el bautismo de Jesús (Mt 3) y el relato de las tentaciones (Mt 4, 1-11). Todos están llenos de citas y alusiones a las Escrituras. Mateo quiere mostrar que en Jesús se realizan las promesas. Su instalación en Cafarnaún cumple lo anunciado por Isaías: en Él, Dios acompaña siempre nuestra vida.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
En este domingo de la Palabra de Dios pedimos al Señor que su palabra viva en nosotros como persona: Jesús de Nazaret, a quien conocemos cada día mejor en la oración, en la Sagrada Escritura, en los sacramentos, en la vida de familia y comunidad, en los signos de los tiempos y en la historia de cada semana.
Jesús es Palabra viva en el rostro de los pobres, de los marginados, de las familias necesitadas, en quienes son solidarios y buscan mejores condiciones de vida, salud, educación y trabajo para sus hermanos y hermanas. Que al salir de prisa a su encuentro, sepamos transparentar el rostro de Cristo Jesús.
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Recomendaciones prácticas:
• Leer la nota sobre el domingo de la Palabra de Dios publicada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 17 de diciembre de 2020.
• Se sugiere exaltar la proclamación de la Palabra con el Evangeliario: llevado con solemnidad en la procesión de entrada y, en el momento del evangelio, tomado del altar y llevado al Ambón precedido del incensario y los ciriales. El objetivo es que los fieles perciban la necesidad insustituible de escuchar y vivir la Palabra de Dios para fortalecer sus vidas (cf. OGMR 120,172 y 175).
• También se podría entregar la Biblia o alguno de sus libros a toda la asamblea, como signo de la importancia de la lectura, la profundización y la oración diaria con la Sagrada Escritura, prestando especial atención a la Lectio Divina (cf. Aperuit illis 3).
II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES
Monición introductoria a la misa
Bienvenidos a la Eucaristía en el domingo de la Palabra de Dios. Diversos pasajes de la Escritura nos hablan de la Palabra de vida, hecha carne, que penetra hasta lo profundo del corazón y nos mueve a decidir siempre en favor del bien. Hoy compartimos el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía, alimento que fortalece nuestra fe durante la semana.
Monición a la liturgia de la Palabra
“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119, 105). Hoy, en la Eucaristía, la Palabra nos invita a levantar la cabeza y a abrir nuestra casa para que todos, sin excepción, experimenten el amor compasivo y universal de Dios Padre. El Reino de Dios está entre nosotros y todos estamos llamados a ser evangelio, es decir, Buena Noticia para los demás.
Oración universal o de los fieles
Presidente: En este domingo de la Palabra de Dios, oremos al Padre por medio de su Hijo Jesucristo y digamos:
R/. Escúchanos, Señor de la Palabra.
1. Por la Iglesia y por nuestros ministros ordenados, para que todos seamos testigos del Evangelio. Oremos.
2. Por los gobernantes de las naciones, para que trabajen con decisión en favor de los pobres, la justicia y la paz. Oremos.
3. Por los catequistas y misioneros, para que propaguen el conocimiento de la Palabra de Dios y la Lectio Divina. Oremos.
4. Por quienes sufren diversas pruebas, para que nuestro servicio solidario sea para ellos consuelo y esperanza. Oremos.
5. Por nosotros, reunidos en esta Eucaristía, para que la Palabra de Dios sea criterio constante de discernimiento en nuestra vida. Oremos.
Oración conclusiva
Padre de bondad, tú conoces nuestras motivaciones y necesidades. Acoge nuestras súplicas y concédenos el regalo de vivir del Pan de tu Palabra y del Pan de la Eucaristía para ser fieles a nuestra vocación cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
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“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.