SISTEMA INFORMATIVO
“Como el Padre me envío, también YO los envío”
Tags: predicación orante Iglesia lecturas del domingo Liturgia
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2,1-11
Salmo: 104(103),1ab+24ac.29bc-30.31+34 (R. cf. 30)
Segunda lectura: 1Corintios 12,3b-7.12-13
Evangelio: Juan 20,19-23
Introducción
Hay una riqueza temática, no se puede abordar toda; el tema elegido depende de las lecturas y la realidad más sentida de la comunidad, un tema bien abordado propiciará el crecimiento de la comunidad, se avanza paso a paso, no es necesario abordar todo. Algunos posibles enfoques pueden ser: El Espíritu Santo en la revelación; la acción del Espíritu Santo en la Iglesia; el primer Pentecostés cristiano; El permanente Pentecostés en la Iglesia; El don del Espíritu y el Sacramento de la Reconciliación; la fiesta de Pentecostés.
1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Los textos narran la experiencia del Espíritu santo en la comunidad de los creyentes de Jesús de Nazaret, en ellos se cumple la Promesa del Padre, promesa que es destinada a todos.
Hch 2, 1-11 narra lo acontecido en la fiesta de Pentecostés de aquel año de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Los discípulos permanecen reunidos, “Todos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de María la Madre de Jesús” (Hch 1, 14), y en este ambiente de oración, acontece el cumplimiento de la Promesa, la venida del Espíritu Santo. Su llegada se describe con unos signos sensibles: “ruido de ráfaga de viento, lenguas de fuego, hablar lenguas”, signos que anuncian y hacen visible que algo novedoso y extraordinario está aconteciendo. Los vv. 5-13 narran el principal efecto del Espíritu sobre aquellos a quienes les fue concedido: La evangelización en la propia lengua.
El Espíritu, Promesa del Padre, “Fuerza de lo alto” produce unos efectos extraordinarios que la comunidad experimentó y fue necesario profundizar en su comprensión. Muchos textos dan testimonio de ello. El apóstol Pablo, en la Primera carta a los corintios, aborda el tema de los dones del Espíritu Santo, especialmente en los capítulos 12 al 14. Precisa: “con relación a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que vivan en la ignorancia” (1 Cor 12,1), abre un llamado a la reflexión y comprensión. Sobre los efectos extraordinarios, el apóstol establece unos criterios claros: 1. Hay diferentes dones, servicios o actividades; 2. Todos tienen el mismo origen, proceden del mismo Espíritu; 3. Su objetivo práctico es la edificación de la Iglesia, “el Espíritu se manifiesta para provecho común”; 4. La conformación de la Iglesia no solo es “carismática”, ella se origina por el bautismo y los dones del espíritu ayudan a mantener la unidad, “un solo cuerpo”; 5. No existe una confrontación entre don y ministerio, pues los “ministerios” provienen del mismo Señor. Para hacer comprensible su enseñanza, el Apóstol, echa mano de la imagen del cuerpo, formado por distintos miembros pero todos en unión y orientados al provecho común del mismo y de todo el cuerpo.
El Evangelio muestra como el Espíritu es fruto del misterio Pascual de Jesús. Jn 20, 19-23 nos habla del encuentro del Resucitado con sus discípulos al atardecer del día de la Resurrección. El punto de partida narra la situación de los discípulos sin la presencia del Resucitado: encerrados, llenos de miedo. El Resucitado se hace presente y cambia esta realidad, saluda varias veces con el “don de la paz”, se identifica mostrando los rastros de la cruz y pasión, ante lo cual los discípulos se llenaron de alegría. Este encuentro está lleno de regalos y motivos de gozo y alegría: Ven al Resucitado, reciben la fuerza del Espíritu Santo, reciben un mandato nuevo con autoridad, “como el Padre me envío, también YO los envío”, y les encomienda la misión del perdón de los pecados, “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”.
El salmo 104 (103) invita a cantar la obra divina de la creación; en este contexto es una sugestiva indicación a ver la acción del Espíritu en toda la creación, por eso la creación es motivo de alabanza y bendición.
2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
La Escritura me invita a interiorizar el cumplimiento de la Promesa, es decir la presencia del Espíritu Santo, fuerza dinamizadora de la Iglesia. Así como al inicio de la creación, el Espíritu Santo actuaba en ella y/o sobre ella, ahora debo ver que la comunidad de creyentes en Jesús de Nazaret es la nueva creación en la
que actúa el Espíritu Santo con sus manifestaciones extraordinarias. Entre las manifestaciones más evidentes me invita a experimentar la alegría, la paz, la reconciliación con el perdón de los pecados, la unidad de la Iglesia, la presencia del Resucitado de manera misteriosa en medio de la comunidad.
3. ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad?
Un primer elemento a compartir con la comunidad es la importancia y el papel dinamizador del Espíritu Santo en medio de la nueva comunidad. El Espíritu Santo, Promesa del Padre, es fruto del misterio Pascual de Jesús, Él actualiza o hace presente este misterio en la vida de cada creyente a través de los Sacramentos, en ellos actúa el poder del Espíritu y se renueva el misterio Pascual de Jesús. Con los sacramentos se vivifica la Iglesia; la segunda lectura habla del Bautismo, el Evangelio narra el origen pascual de la Penitencia, es decir del perdón de los pecados de forma sacramental y no solo en la dimensión cotidiana y espiritual. Hay que evidenciar a la comunidad este estrecho vínculo existente entre Misterio Pascual, que ya incluye el don del Espíritu Santo, y la vivencia de los sacramentos. Ellos son una manifestación súper – extraordinaria del poder del Espíritu Santo.
Un segundo elemento a compartir son los diferentes dones del Espíritu Santo; no solo los siete dones conocidos, sino las diferentes manifestaciones del espíritu en manera concreta en cada creyente, no hay que acentuar lo misterioso, incomprensible y hasta llamativo de algunos de ellos, sino subrayar la importancia de algunos dones o frutos del Espíritu que evidencian la correcta recepción espiritual y ayudan al objetivo de edificar la Iglesia, como son la alegría, el gozo cristiano, la paz, el perdón sacramental, la unidad misma de la Iglesia, el “hambre” por vivir los sacramentos; manifestaciones del Espíritu que debe caracterizar al discípulo del resucitado. Bajo esta premisa se comprende la insistencia del Papa Francisco sobre la alegría que marca el evangelio, la vivencia de un gozo altamente cristiano que busque siempre la unidad de los creyentes en Jesús, que se esté al servicio de la evangelización.
Un tercer elemento que se puede colorear es la profunda vinculación del Espíritu con la Iglesia. Sus dones y carismas son para la edificación de la Iglesia, para el provecho común, para dar solidez y UNIDAD al cuerpo de Cristo que es su Iglesia. El Espíritu suscita diversos dones, carismas… movimientos pero nunca suscita división o separación del Cuerpo de Cristo. Una norma clara para mantener la unidad es “nada sin el párroco”, “nunca y nada sin el obispo”, y desde luego en respeto y unidad efectiva con el Vicario de Cristo, el Papa, ellos por el ministerio recibido, don del Espíritu Santo, son garantía y fuente de la unidad y de la Comunión con toda la Iglesia, cuerpo de Jesús. Tener el Espíritu Santo o uno de sus dones no puede ser fuente para dividir la Iglesia.
Un breve apunte, la Promesa del Padre es una realidad que garantiza la evangelización, el Espíritu Santo es la fuerza dinamizadora de la Iglesia. Todo discípulo, en su propia lengua y bajo el influjo del Espíritu Santo debe “hablar de las maravillas de Dios”, siempre en unidad con toda la Iglesia, nunca por encima o en contraposición con los ministros de la Iglesia, pues ya no sería un don del Espíritu Santo. La Evangelización en unidad eclesial es tarea de todos los bautizados.
4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
Mi encuentro con Jesús se realiza gracias a la acción del Espíritu Santo en mi vida, presencia eficaz sobre todo en los sacramentos, los cuales no debo realizar de manera mecánica o robótica, como repitiendo gestos o expresiones de exigencia social o de costumbre. Los Sacramentos, aquellos que yo vivo, son celebraciones íntimas y eclesiales en las cuales me encuentro de forma personal y comunitaria con Jesús Resucitado.
El sacramento es una experiencia personal, pero no privada, yo vivo mi encuentro con Jesús, recibo la acción del Espíritu Santo, pero todo ello, aunque para provecho personal tiene también un objetivo común o eclesial, mi experiencia es para el bien de toda la Iglesia, la gracia que recibo y los dones que se me conceden son en beneficio de todo el cuerpo de Cristo: su Iglesia. Nada me autoriza apropiarme mezquinamente de una dimensión tan universal.
Los Sacramentos son una creación de Jesús Resucitado, quienes se oponen a ellos se oponen y contradicen a Jesús de Nazaret. Un Sacramento que ha sido devaluado en los últimos tiempos es el de la confesión, la reconciliación, por eso el encuentro con Jesús me anima a la misión e compartir la riqueza de este sacramento fruto y acción del Espíritu Santo.
Este Sacramento del Perdón de los pecados, sin ambigüedad hay que decir: El Señor lo creó, Él nos lo entregó. El católico no puede dejarse llenar de la “basura” que los enemigos de la fe proponen y difunden diciendo “no es necesario confesarse con otro hombre, quizás más pecador que quien se confiesa”. Si fuera así el responsable sería el Señor que fue quien lo inventó. Al respecto se debe precisar:
1. El sacramento es creación del Resucitado. ¿A quién vas a creer y obedecer?
¿a Jesús que lo creó y lo entregó a la Iglesia o a un “iluminado” que se opone a este mandato de Jesús?
2. La condición del sacerdote no es la que garantiza el perdón del pecado. Jesús dice que es fruto del ministerio recibido, del poder que el resucitado da, el efecto depende del Espíritu Santo y la autoridad dada “Como el Padre me envió, así Yo los envío a ustedes”, es decir con autoridad. Recuerde que a Jesús mismo se le criticó y se le condenó diciendo que Él no tenía poder para perdonar pecados, “Los escribas y fariseos empezaron a pensar. ¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Lc 5, 21). Hoy todavía hay muchos fariseos que siguen criticando a Jesús porque sigue perdonando a través del sacerdote.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1. Podría tenerse como signo o ambientación para la celebración un mensaje en torno a los dones o a los frutos del Espíritu Santo.
2. Como sugerencia: se podría dar relieve a la Secuencia, que en la mayoría de las partes se hace como un rito mecánico y a veces sin sentido:
Se podría preparar fotocopias con la secuencia y a su momento, se proclame por toda la Asamblea, dando un espacio entre estrofa y estrofa, para la meditación o interiorización.
3. Tener presente que esta Solemnidad tiene formulario propio para la Misa de la Vigilia y la Misa del día, pp. 279-287 del Misal. Es conveniente seguir el Canon Romano o Plegaria Eucarística I, con el “Reunidos en comunión” propio.
4. Darle el verdadero valor a la Vigilia de Pentecostés, con su identidad litúrgica propia, sin prolongarla innecesariamente o recargarla con demasiados signos o fraccionar la asamblea.
5. Para la Misa Vespertina de la Vigilia: “En esta Misa la Liturgia de la Palabra se puede celebrar o de forma breve o bien de forma extensa:
• Forma breve de la Liturgia de la Palabra: se escoge como primera lectura una de las cuatro lecturas de aparecen en el leccionario, y como salmo de respuesta el último (salmo 104 (103), pág. 190.
• Forma extensa de la Liturgia de la Palabra: se pueden leer las cuatro lecturas o algunas de ellas, seguida cada una de su respectivo Salmo”, (Leccionario Dominical C, páginas 199 ss.)
6. Hoy inicia la Semana de Oración por la Unidad de los Cristiano.
7. Para tener en cuenta: hoy termina el Tiempo Pascual. Después de la última Misa, en la noche, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo decorosamente en el bautisterio para que arda durante la celebración del Bautismo y poder encender en él los cirios de los bautizados; igualmente, en las exequias se prefiere el cirio pascual cerca al féretro (cf. Ritual de Exequias, edición 2001, pág. 27, al referirse a la ubicación del féretro en el templo). El lunes y el martes siguientes, en las Misas con participación del pueblo, se puede celebrar la Misa del día de Pentecostés o una de las votivas del Espíritu Santo.
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“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.