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Actualidad

Mar 22 Sep 2026

Actividades de formación y sensibilización marcaron la Semana de la Cultura del Cuidado y el Buen Trato en Cúcuta

Del 13 al 18 de septiembre, sacerdotes, religiosos, seminaristas, colaboradores, agentes pastorales y comunidades participaron en espacios de formación y sensibilización orientados a promover ambientes seguros, protectores y fundamentados en la dignidad de cada persona.Bajo el lema “El buen trato nos une, el cuidado nos hace comunidad”, la Diócesis de Cúcuta vivió, del 13 al 18 de septiembre, la Semana de la Cultura del Cuidado y Buen Trato, una iniciativa orientada a fortalecer la prevención, la formación y la corresponsabilidad en los distintos ambientes de la vida eclesial.La programación comenzó en las parroquias, con la invitación a reconocer que todos los miembros de la comunidad están llamados a ser “Apóstoles del Cuidado”, entendiendo que la construcción de ambientes seguros y protectores es una responsabilidad compartida entre sacerdotes, colaboradores, agentes pastorales, familias y comunidades.Uno de los principales espacios de la semana tuvo lugar el 17 de septiembre en la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, donde colaboradores de diferentes instituciones diocesanas participaron en el taller “Perdonar nos reconcilia, amar nos hermana y cuidar nos une”.Durante este encuentro se abordó el cuidado como una actitud que va más allá de la protección frente a situaciones de vulneración y que se expresa también en las relaciones cotidianas: en la manera de escuchar, comunicarse, acompañar y reconocer el valor de cada persona.“Esta experiencia nos permitió reconocer que el buen trato comienza en las acciones más sencillas, escuchar y ser escuchados. Cuidarnos también es trabajar unidos y reconocer el valor de cada persona”, expresó Paola García, del Banco Diocesano de Alimentos.El encuentro también permitió fortalecer los vínculos entre colaboradores de las distintas instituciones de la Diócesis, resaltando la importancia del trabajo conjunto y de relaciones laborales y comunitarias fundamentadas en la dignidad humana.Una responsabilidad que continúaLa Semana de la Cultura del Cuidado y Buen Trato concluyó el 18 de septiembre con el simposio “La dignidad de cada persona exige una mirada de responsabilidad y compromiso”, dirigido al clero diocesano y al Seminario Mayor San José.El espacio permitió profundizar en la responsabilidad de la Iglesia de reconocer, proteger y promover la dignidad de todas las personas, con especial atención a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.La jornada convocó a sacerdotes y seminaristas a continuar fortaleciendo ambientes eclesiales seguros y protectores mediante la escucha, la prevención, el acompañamiento y la corresponsabilidad.Más allá de las actividades desarrolladas durante esta semana, la Diócesis de Cúcuta plantea la cultura del cuidado como un compromiso permanente que debe estar presente en la vida pastoral, comunitaria y laboral de la Iglesia.Con esta iniciativa, la Iglesia Particular reafirma su apuesta por la prevención, la formación y la sensibilización, promoviendo comunidades en las que el cuidado y el buen trato sean expresiones concretas de la dignidad de cada persona y de la vivencia del Evangelio.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados:

Lun 21 Sep 2026

Ocho catequesis de León XIV para profundizar en la renovación litúrgica, disponibles en “Notas de Actualidad Litúrgica”

El boletín del Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia ofrece un recurso de formación sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium y las principales líneas de acción de la pastoral litúrgica para el próximo año.La liturgia como fuente de renovación de la vida cristianaEl Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia presenta una nueva edición de su boletín Notas de Actualidad Litúrgica, correspondiente al último trimestre de 2026, que reúne las ocho catequesis ofrecidas por el papa León XIV durante las audiencias generales del 20 de mayo al 26 de agosto de este año, dedicadas a la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia.La publicación busca facilitar a los agentes de pastoral litúrgica de las jurisdicciones eclesiásticas del país el acceso a estas enseñanzas, como un instrumento de formación y profundización en el sentido de la celebración cristiana, la renovación litúrgica y la participación de los fieles.En la presentación del boletín, el padre Jairo de Jesús Ramírez Ramírez, director del Departamento de Liturgia, destaca que la Sacrosanctum Concilium, promulgada el 4 de diciembre de 1963, continúa siendo un referente para comprender la liturgia en el misterio de Cristo y en la vida de la Iglesia.«Volver sobre ellas puede ayudarnos a redescubrir los fundamentos de la renovación litúrgica y, al mismo tiempo, a reconocer la responsabilidad que tenemos de celebrar los santos misterios con fidelidad, comprensión, participación y belleza».Ocho catequesis para profundizar en el misterio de la liturgiaLa edición presenta un recorrido por ocho temas desarrollados por el papa León XIV, que permiten aproximarse a distintos aspectos de la liturgia y su relación con la vida de la Iglesia:La liturgia en el misterio de la Iglesia: su fundamento en Cristo y su relación con la vida del Pueblo de Dios.La reforma de la liturgia: tradición y desarrollo: la renovación litúrgica como desarrollo orgánico de una tradición viva, en fidelidad a la Iglesia.El rito, el signo y el símbolo: la importancia de los signos litúrgicos y la formación que permite comprenderlos y vivirlos.El misterio eucarístico: la Eucaristía como centro de la vida de la Iglesia, sacramento de unidad y comunión.La oración de la Iglesia: la dimensión eclesial de la oración litúrgica y el valor de la Liturgia de las Horas.El año litúrgico: la celebración del misterio de Cristo a lo largo del tiempo, con el misterio pascual como centro.La música sagrada: su servicio a la acción litúrgica, la oración y la participación de la asamblea.Las motivaciones de la reforma litúrgica: el propósito de favorecer una participación plena, consciente y activa de los fieles.En su conjunto, estas reflexiones invitan a comprender la liturgia más allá de sus expresiones rituales, reconociéndola como el lugar en el que Cristo continúa actuando por el Espíritu Santo y en el que la Iglesia recibe la vida que viene de Él.Como señala el documento, la liturgia debe conducir al encuentro con Cristo y hacer visible la belleza del misterio celebrado en medio de las comunidades.Proyección pastoral para 2027Además de las catequesis del Santo Padre, la nueva edición incorpora la Proyección Pastoral 2027 de la Comisión Episcopal de Liturgia, que establece las orientaciones y acciones previstas para acompañar la pastoral litúrgica de la Iglesia en Colombia.La proyección busca consolidar una cultura celebrativa fiel al espíritu del Concilio Vaticano II y promover celebraciones dignas, participativas y fieles a la tradición recibida, en comunión con las jurisdicciones eclesiásticas y la Sede Apostólica.Para el desarrollo de este servicio, se contemplan seis líneas de acción:1. PublicacionesSe dará continuidad a la producción, revisión y edición de libros litúrgicos y subsidios pastorales. Entre las acciones previstas se encuentran la implementación de nuevos libros y rituales, la preparación del Ordo 2028 y el avance en la elaboración del Cancionero Litúrgico Nacional.2. FormaciónSe fortalecerán los procesos de formación litúrgica para el clero, los religiosos, las religiosas y los laicos, mediante encuentros regionales, el Encuentro Nacional de Liturgia y otras iniciativas formativas, incluidas catequesis virtuales de preparación para la Navidad.3. Piedad popular y pastoral de los santuariosSe proyecta la creación de la Comisión Nacional de Santuarios, integrada por cinco rectores de santuarios del país, así como la realización del Encuentro Nacional de Rectores de Santuarios. Estas iniciativas buscan promover espacios de evangelización, oración, acogida, reconciliación y consuelo para los peregrinos.4. Nuevas tecnologías al servicio de la evangelizaciónEl Departamento continuará fortaleciendo los contenidos de la aplicación Ordo Colombiano, que ofrece recursos litúrgicos, bíblicos y de oración. Para 2027 se contempla la modernización tecnológica de la plataforma y el desarrollo de un motor de asistencia editorial basado en inteligencia artificial, bajo criterios de custodia doctrinal y litúrgica.5. Apoyo a la Secretaría General de la Conferencia EpiscopalSe mantendrá el acompañamiento litúrgico a las Asambleas Plenarias del Episcopado, las reuniones de la Comisión Permanente y otros encuentros eclesiales de carácter nacional, así como a la preparación de la Asamblea prevista para evaluar la implementación del Sínodo de la Sinodalidad.6. Congreso Eucarístico Internacional de Sídney 2028Se iniciará la preparación pastoral de la participación de la Iglesia en Colombia en este Congreso, mediante programas y subsidios de reflexión, traducción y socialización de materiales, con el propósito de fortalecer la conciencia sobre el sacramento eucarístico y promover la participación de una delegación de fieles.Un recurso para la formación y la renovación litúrgicaCon esta nueva edición, el Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal de Colombia pone a disposición de las comunidades eclesiales un material que articula la enseñanza reciente del papa León XIV con las orientaciones pastorales proyectadas para 2027.La publicación invita a continuar profundizando en la riqueza de la liturgia y a fortalecer el compromiso de celebrarla con fidelidad, comprensión y participación, reconociendo su lugar en la vida de la Iglesia y en la renovación de la vida cristiana.Descárguelo y consulte:

Mar 15 Sep 2026

“Reconstruir no significa solamente levantar edificios": Arzobispo de Cali durante jornadas conmemorativas por las víctimas del terremoto

Al cumplirse un mes del terremoto que estremeció a Colombia, en Cali, comunidades, parroquias y agentes pastorales se unieron en una jornada de oración y memoria por las 154 personas que perdieron la vida allí. Las actividades también pusieron de manifiesto que la reconstrucción implica acompañar a quienes continúan afrontando las consecuencias de la tragedia y fortalecer los vínculos de las comunidades.La memoria de las víctimas, la oración y la esperanza marcaron las acciones desarrolladas en Cali alrededor de la conmemoración del primer mes del terremoto ocurrido el 10 de agosto. Eucaristías, el rezo del Santo Rosario, el repique de campanas y un acto especial en memoria de quienes perdieron la vida reunieron a comunidades de distintos sectores de la ciudad.Las actividades iniciaron la noche del 9 de septiembre en la parroquia María Inmaculada, en el barrio Ciudad Capri. Después de la Eucaristía, la comunidad recorrió las calles con velas encendidas para rezar el Santo Rosario junto a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la Arquidiócesis de Cali.La celebración contó con la presencia de monseñor Mark Joseph Seitz, obispo de El Paso, Texas, quien se encontraba de visita en la Arquidiócesis de Cali y quiso acompañar a esta comunidad afectada por el terremoto.“Es como un regalo de Dios...Cuando uno escucha acerca de lo ha pasado en otro parte del mundo, el corazón se conmueve... Quise estar presente con ellos, quise hacer algo por ellos, quise expresar nuestro dolor por lo que está pasando en sus vidas", expresó el obispo.Para el padre Albert Madroñero Gutiérrez, párroco de María Inmaculada, estos espacios también representan una oportunidad para que la comunidad relea su historia desde la fe y encuentre en medio del dolor motivos para fortalecer la esperanza, la fraternidad y el valor de la vida.Una ciudad que hizo memoriaDurante la mañana del 10 de septiembre, la parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, acogió una Eucaristía presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, quien elevó sus oraciones por las personas fallecidas, los damnificados y quienes han continuado prestando su servicio a las comunidades.“Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando. En el nombre del Señor”, señaló el arzobispo.A las 7:34 de la mañana, la misma hora en la que ocurrió el terremoto un mes atrás, las campanas de los templos de Cali sonaron durante 90 segundos. El repique se convirtió en un signo de memoria y esperanza y recordó a las 154 personas que perdieron la vida.El acto central de esta jornada también tuvo lugar en la parroquia María Inmaculada. Allí fueron leídos los nombres de las víctimas y se depositó una rosa blanca en el altar por cada una de ellas. También se elevaron globos blancos como expresión de memoria y esperanza.“Es hacer memoria, recordar a nuestros seres queridos; recordar el momento pero también avivar la esperanza”, afirmó el padre Albert Madroñero.La jornada permitió así recordar la magnitud del impacto del terremoto, pero también reconocer la capacidad de las comunidades para encontrarse, orar y continuar acompañándose.Orar por quienes siguen afrontando las consecuenciasLa oración continuó durante la tarde y la noche en la Iglesia de La Ermita, donde monseñor Luis Fernando Rodríguez, junto con integrantes de la Pastoral Social y del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, acompañó a la comunidad en el rezo del Santo Rosario.Las intenciones estuvieron dirigidas a las personas fallecidas, sus familias, los heridos, los damnificados, quienes han perdido o visto afectados sus hogares y bienes, así como a quienes continúan aportando a los procesos de recuperación y reconstrucción.El padre Diego Fernando Guzmán, director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, destacó el sentido de esta oración como una fuente de fortaleza para las comunidades afectadas.“Que la paz de Cristo, que el amor maternal de la Virgen María nos dé la fuerza necesaria para cultivar el camino para seguir adelante a pesar de la destrucción. No se pierde la esperanza y queremos seguir adelante”, afirmó.Reconstruir también significa reconstruir comunidadLa conmemoración del primer mes permitió poner nuevamente la mirada sobre los desafíos que permanecen después de la emergencia. Para la Arquidiócesis de Cali, acompañar este proceso supone no limitar la reconstrucción a la recuperación de las estructuras físicas, sino reconocer también las afectaciones humanas y sociales que deja una tragedia de esta magnitud.“Reconstruir no significa solamente levantar edificios, sino también reconstruir vidas, vínculos y comunidad”, expresó monseñor Luis Fernando Rodríguez durante la jornada.El arzobispo también recordó que el terremoto significó un antes y un después para Cali, el Valle del Cauca y buena parte del territorio colombiano, y destacó el servicio que voluntarios y voluntarias continúan prestando a las comunidades.“Desde este comedor comunitario en el sector de Pampalinda, rendimos homenaje a las víctimas, a quienes han fallecido. Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando”, afirmó.Para la Iglesia, la memoria de quienes perdieron la vida y la atención a quienes continúan afrontando las consecuencias del terremoto se mantienen, de esta manera, como parte de un mismo camino: recordar, acompañar y contribuir a reconstruir no solo los espacios afectados, sino también las vidas y los vínculos que sostienen a las comunidades.Vea a continuación el video con los momentos más destacados de las jornadas:

Lun 14 Sep 2026

Aquisgrán y Colombia celebrarán 65 años de camino compartido como Iglesias hermanas

Del 20 al 27 de septiembre, la Iglesia Católica en Colombia y la Diócesis de Aquisgrán, Alemania, celebrarán 65 años de fraternidad, oración, solidaridad y cooperación, con una invitación a renovar juntas el camino que han recorrido.Hace 65 años, la Iglesia Católica en Colombia y la Diócesis de Aquisgrán, Alemania, iniciaron un camino de fraternidad que, con el paso del tiempo, se ha consolidado como una experiencia de comunión entre Iglesias hermanas.Este vínculo nació en el contexto posterior al Concilio Vaticano II, cuando diversas Iglesias de Europa asumieron el compromiso de acompañar a las Iglesias de América Latina, particularmente en procesos relacionados con la formación de nuevos sacerdotes. En este marco, Aquisgrán estableció una relación especial con la Iglesia colombiana, que posteriormente se extendió a diferentes iniciativas pastorales y sociales.A lo largo de estas seis décadas y media, esta hermandad se ha enriquecido con experiencias de oración, educación, voluntariado, intercambios pastorales, defensa de los derechos humanos y construcción de paz, fruto de la participación de comunidades, familias, mujeres, jóvenes, organizaciones y personas laicas de ambos países.«¿Quo Vadis? / ¿A dónde vas?», el lema para 2026La Semana de la Hermandad 2026 se celebrará del 20 al 27 de septiembre bajo el lema «Quo Vadis? / ¿A dónde vas?», inspirado en el pasaje del profeta Isaías: «Busquen al Señor mientras se deja encontrar... mis planes no son tus planes, ni tus caminos son mis caminos» (Is 55, 6.8).La pregunta propone una mirada sobre el rumbo de esta relación entre Iglesias después de 65 años de camino compartido: ¿hacia dónde caminar juntas en el contexto del mundo actual? Invita también a responder a los signos de los tiempos y a asumir, con valentía, el llamado a trabajar por la justicia, la reconciliación y la caridad.La referencia a «Quo Vadis?» remite a la tradición de la Iglesia primitiva sobre el encuentro del apóstol Pedro con Jesús en la Vía Apia. En la narración tradicional, la pregunta de Pedro —«¿A dónde vas, Señor?»— se convierte en una invitación a reconocer el camino que debe asumir y a regresar a Roma para dar testimonio del Evangelio. Para la Semana de la Hermandad, esta expresión se plantea como una pregunta dirigida a las propias comunidades eclesiales sobre el rumbo de su misión compartida.Una celebración que llegará a las comunidades y seminariosDurante esta semana, las jurisdicciones eclesiásticas de Colombia están invitadas a unirse a la celebración mediante espacios de oración y encuentro. El subsidio litúrgico preparado por la Conferencia Episcopal de Colombia para esta Semana propone materiales para la celebración de la Eucaristía y una Hora Santa por la hermandad entre Aquisgrán y Colombia.En la celebración eucarística se propone hacer memoria de estos 65 años y reconocer los vínculos que han unido a las dos Iglesias. También se invita a presentar como signos de esta historia las banderas de Alemania y Colombia, así como unas sandalias que representan el camino recorrido y el compromiso de continuar caminando juntas.La oración por las Iglesias hermanas ocupa igualmente un lugar central. Entre las intenciones se pide que los vínculos de fraternidad, solidaridad y cooperación sigan dando frutos y que ambas Iglesias puedan aprender unas de otras y caminar juntas al servicio del Evangelio y de la dignidad humana.Los seminarios de Colombia también están llamados a participar en esta celebración, especialmente teniendo en cuenta que la formación sacerdotal estuvo en el origen de este vínculo. Para ellos se han dispuesto propuestas de Eucaristía y Hora Santa, además de un quiz sobre la historia de la Hermandad.Una hermandad que mira hacia el futuroLa celebración de los 65 años constituye así una oportunidad para hacer memoria agradecida de quienes han contribuido a mantener vivo este vínculo —obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos— y, al mismo tiempo, para renovar el compromiso de continuar construyendo una relación basada en la reciprocidad, el encuentro y la solidaridad.El subsidio para este aniversario presenta esta perspectiva como un camino compartido: dos Iglesias, dos pueblos y dos culturas unidos por una misma fe y llamados a seguir aprendiendo unos de otros.

Lun 14 Sep 2026

Entre goles, fraternidad y misión: Medellín cerró la XI Copa de la Fe con cuatro equipos campeones

La XI Copa de la Fe reunió en Medellín a más de 900 sacerdotes de Colombia, Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica en un encuentro que combinó competencia deportiva, fraternidad sacerdotal y una jornada pastoral en 29 parroquias de la Arquidiócesis de Medellín.La XI Copa de la Fe llegó a su final en Medellín dejando una particularidad en su historia: cuatro finales y cuatro campeones, en una edición que volvió a mostrar que el fútbol puede ser también un espacio para fortalecer la fraternidad sacerdotal, el encuentro con las comunidades y la misión evangelizadora.Durante cinco días, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica compartieron alrededor del deporte, acompañados por sus comunidades y por varios obispos que estuvieron presentes junto a los equipos de sus jurisdicciones.Cuatro copas, cuatro campeonesLa competencia se desarrolló en cuatro categorías que pusieron en el centro valores asociados a la experiencia de la Copa de la Fe:La Copa de Juego Limpio fue para la Diócesis de San Cristóbal, Venezuela, que disputó la final frente a la Diócesis de Cúcuta. La Copa de la Paz y la Reconciliación quedó en manos de la Arquidiócesis de Guadalajara, México, luego de enfrentar en la final a la Diócesis de Sonsón-Rionegro. Por su parte, la Diócesis de Garzón se quedó con la Copa de la Fraternidad, tras disputar la final ante la Arquidiócesis de Cartagena, mientras que la Arquidiócesis de Nueva Pamplona conquistó la Copa de la Esperanza, frente a la Diócesis de Pasto.Las finales de Juego Limpio y Paz y Reconciliación tuvieron como escenario el Estadio Atanasio Girardot, uno de los espacios deportivos más representativos de Medellín.De las canchas a la misiónUno de los momentos centrales de esta edición tuvo lugar durante el segundo día del torneo, cuando los sacerdotes dejaron por unas horas las canchas para ponerse en modo misión y encontrarse con las comunidades de la Arquidiócesis de Medellín.En total, 29 parroquias de las cuatro vicarías episcopales de zona abrieron sus puertas para recibir a los sacerdotes participantes. Allí celebraron la Eucaristía, administraron el sacramento de la Reconciliación y compartieron con familias, grupos parroquiales y personas de las comunidades.También realizaron visitas a enfermos y conocieron de cerca distintas realidades de la vida parroquial. La jornada permitió vivir una dimensión del ministerio sacerdotal que va más allá de la competencia: estar cerca de las personas, escuchar, compartir y caminar junto a las comunidades.Agentes pastorales de la Arquidiócesis de Medellín acompañaron el desarrollo de esta jornada y apoyaron la organización y logística del torneo, haciendo posible el encuentro entre las delegaciones y las comunidades locales.Una experiencia de fraternidadLa Copa de la Fe también permitió fortalecer los vínculos entre sacerdotes de distintas jurisdicciones. En esta edición, algunas Iglesias particulares se unieron para conformar un solo equipo, como ocurrió con la Diócesis de Yopal y la Arquidiócesis de Florencia; la diócesis de Ocaña y El Banco; la Diócesis de Málaga y la Arquidiócesis de Bucaramanga; así como las diócesis de Girardota, Caldas y Quibdó.A las jornadas deportivas se sumó además el acompañamiento de los fieles, quienes llegaron desde diferentes regiones para respaldar a sus sacerdotes desde las tribunas. Su presencia se convirtió en otra expresión de comunión eclesial alrededor de un encuentro que buscó integrar a sacerdotes, comunidades y familias.La experiencia también quiso abrir una oportunidad para que los espectadores conocieran de una manera cercana la vida y el servicio de los sacerdotes y, a partir de ese encuentro, pudiera surgir en algunos jóvenes la inquietud por la vocación sacerdotal.Los obispos acompañaron a sus equiposAunque la participación de los sacerdotes fue el centro de la competencia, varios obispos acompañaron a las delegaciones de sus jurisdicciones durante el torneo.Entre ellos estuvieron los anfitriones, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, y monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín, quienes recibieron y acompañaron a las diferentes delegaciones.También estuvieron presentes monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso; monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; monseñor José Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona; monseñor Hugo Torres Marín, arzobispo de Medellín; y monseñor Juan Manuel Toro Vallejo, obispo de Gigardota, entre otros pastores que acompañaron a sus sacerdotes.La XI Copa de la Fe cerró así una nueva edición en la que el resultado deportivo fue solo una parte de la experiencia. En Medellín, las canchas, las parroquias y las comunidades se convirtieron en escenarios de fraternidad, comunión y misión, mostrando que el deporte también puede abrir caminos para el encuentro y la evangelización.

Vie 11 Sep 2026

Del contenido a la conversación: nuevos desafíos para la comunicación de la Iglesia Católica en Colombia

Cerca de 80 comunicadores, periodistas, productores audiovisuales y delegados de las comunicaciones de diócesis, arquidiócesis, vicariatos apostólicos y equipos de Pastoral Social participaron en un encuentro nacional orientado a fortalecer una comunicación más articulada, estratégica y cercana a las realidades de los territorios. Obispos de la Comisión Episcopal de Comunicaciones acompañaron el espacio.La comunicación de la Iglesia Católica en Colombia enfrenta desafíos que va más allá de producir contenidos y ampliar su presencia en plataformas digitales: comprender mejor las conversaciones que ya están ocurriendo en la sociedad, escuchar las realidades de los territorios y encontrar maneras de participar en ellas desde su identidad y misión.Esta fue una de las principales reflexiones que dejó el Encuentro Nacional de Comunicadores de la Iglesia Católica colombiana 2026, realizado del 3 al 6 de agosto en La Ceja, Antioquia. Fue convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su Departamento de Comunicaciones y Tecnologías, y por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, lo que permitió, por primera vez, reunir en un mismo espacio a comunicadores de las jurisdicciones eclesiásticas y de las pastorales sociales, con el propósito de fortalecer la articulación, la unidad y la coherencia de la comunicación de la Iglesia en Colombia.La experiencia buscó, además, fortalecer diferentes dimensiones del servicio comunicativo: la comunicación pastoral e institucional, las estrategias digitales y el trabajo con enfoque comunitario, de desarrollo y de cambio social.El encuentro fue acompañado por los obispos que integran la Comisión Episcopal de Comunicaciones: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; y monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja. También contó con la participación de docentes de la Fundación Universitaria Católica del Norte, institución de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, que apoyó los espacios de formación.Escuchar antes de comunicarUno de los ejes del encuentro fue la necesidad de comprender que el escenario actual de la comunicación está marcado por una "competencia" permanente por la atención.WhatsApp, Instagram, TikTok, las noticias, la inteligencia artificial, las conversaciones familiares y las múltiples plataformas digitales forman parte de un ecosistema en el que las personas reciben y comparten información de manera constante.Para Luis Fernando Sierra Escobar, docente de la Fundación Universitaria Católica del Norte, ponente del encuentro, el desafío no consiste simplemente en competir con otros actores, sino en reconocer que la Iglesia participa en un entorno en el que existen miles de conversaciones simultáneas.Desde esta perspectiva, planteó que una estrategia de comunicación no debería comenzar con una parrilla de contenidos, sino con una lectura del territorio y de las personas: ¿qué preocupa?, ¿qué esperan?, ¿qué duele? y ¿qué buscan?“Las personas ya están conversando. ¿Estamos entrando en esas conversaciones?”, fue uno de los interrogantes planteados durante su exposición.El docente destacó, además, la importancia de identificar los distintos públicos de las instituciones eclesiales y comprender qué temas les interesan, qué necesidades tienen y cuáles son los canales más pertinentes para establecer con ellos una comunicación bidireccional.“No es simplemente hablar por hablar, sino empezar a generar una conversación de acuerdo a los temas que nuestras comunidades están padeciendo, están sufriendo”, explicó Sierra.Su propuesta invitó a pasar de una comunicación centrada exclusivamente en la emisión de mensajes a otra que incorpore procesos de escucha, comprensión, respuesta, conexión y acción, poniendo a las personas en el centro.En este sentido, también subrayó que la opinión pública no se construye únicamente en los medios de comunicación. Los hechos son contados, compartidos en redes, comentados en espacios cotidianos y conversados en comunidades y grupos de mensajería, hasta adquirir una dimensión pública. Por eso, señaló, influir no significa controlar la conversación, sino participar en ella.De informar a generar encuentro e incidenciaEsta perspectiva estuvo directamente relacionada con una de las principales conclusiones del encuentro: la necesidad de pasar de una comunicación orientada únicamente a informar a una comunicación capaz de generar encuentro, diálogo e incidencia.El obispo de El Banco y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, destacó precisamente este aprendizaje.“La comunicación no debe limitarse a transmitir información. Su verdadero propósito es crear relaciones, fomentar el diálogo y motivar acciones que transformen la realidad”.Para el prelado, esta mirada plantea una pregunta que debe interpelar a los equipos de comunicación de la Iglesia: si las narrativas que producen están realmente entrando en diálogo con la realidad del país y si, antes de comunicar, están escuchando lo que ocurre en los territorios.“Escuchando es cómo nosotros podemos entrar en la realidad para poder transformarla”, afirmó.En esa misma línea, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, señaló que el encuentro permitió comprender la comunicación como una misión compartida y no como una tarea fragmentada entre diferentes áreas de la Iglesia.Para el obispo, reunir por primera vez a quienes trabajan en las comunicaciones de las diócesis con quienes desarrollan esta labor desde la Pastoral Social permitió mirar conjuntamente el desafío comunicativo de la Iglesia.La comunicación, afirmó, debe ayudar a construir narrativas humanas, capaces de conectar con los sentimientos, las angustias y las esperanzas de las personas, y permitir que sean ellas mismas quienes expresen su fe y su realidad.Comunicar la misión, más allá de las actividadesOtro de los planteamientos centrales estuvo relacionado con la manera en que la comunicación contribuye a representar públicamente la misión de la Iglesia.Durante el encuentro, Lida Astrid Losada Castro, coordinadora de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, propuso cinco conversiones (transformaciones) institucionales para fortalecer los servicios de comunicaciones: pasar de documentar procesos a participar en su construcción; de comunicar actividades a representar la misión de la Iglesia; de informar a generar encuentro e incidencia; de tener estructuras de comunicación a consolidar verdaderos Servicios de Comunicaciones; y de trabajar como instituciones aisladas a construir una inteligencia comunicativa en red.Una de las preguntas planteadas fue: ¿qué Iglesia descubre una persona cuando conoce a la institución únicamente a través de sus canales de comunicación? La respuesta, explicó, no depende solamente de lo que se publica, sino también de lo que se decide no contar.Las celebraciones, fiestas patronales, ordenaciones, peregrinaciones y demás acontecimientos de la vida eclesial forman parte esencial de la comunicación. Sin embargo, la representación de la Iglesia puede ampliarse para evidenciar también su presencia junto a comunidades afectadas por la violencia, procesos de reconciliación, atención a migrantes y víctimas, formación de líderes, educación, cuidado de la casa común, participación ciudadana y otras expresiones de su misión.De ahí la invitación a pasar de comunicar acontecimientos a comunicar procesos, de cubrir eventos a narrar transformaciones y de publicar agendas a ayudar a comprender las realidades humanas que están detrás de esas acciones.En esta tarea adquiere especial relevancia el periodismo institucional y el fortalecimiento de las páginas web de las jurisdicciones eclesiásticas como espacios de profundidad, contexto, memoria y credibilidad.Historias con rostro y territorioLa necesidad de poner en el centro las historias y realidades de las personas fue compartida también por los participantes. Para Katia Carbal, delegada de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Cartagena, el encuentro permitió reconocer el papel de los comunicadores como portavoces de las realidades que viven las comunidades en los territorios, pero también como actores llamados a contribuir a su transformación.“Nosotros también tenemos que ser esos puentes que acerquen”, señaló, al referirse a la necesidad de llevar la conversación hacia las comunidades rurales, los ríos, los mares y las montañas donde la Iglesia acompaña distintas realidades.La comunicadora insistió, además, en la importancia de contar historias que permitan conocer los procesos de acompañamiento de la Iglesia y ponerles nombre y rostro a quienes hacen parte de ellos. La comunicación, afirmó, no debería limitarse a responder a las dinámicas de los algoritmos, sino contribuir a acercar, evangelizar, acompañar, consolar, comprender y transformar.Para Gloria Londoño Monroy, docente de Comunicación Digital de la Fundación Universitaria Católica del Norte, esto implica que la comunicación estratégica debe partir de una lectura profunda de los contextos y de las necesidades de las comunidades. No basta, explicó, con conocer los canales que utiliza una población. Es necesario comprender sus condiciones sociales, psicológicas, culturales y tecnológicas, así como las causas y manifestaciones de las realidades que enfrenta.También llamó la atención sobre la necesidad de evaluar la comunicación por sus efectos transformadores y no únicamente por indicadores cuantitativos como el alcance o las interacciones digitales.En determinados contextos, añadió, la mejor estrategia de comunicación puede no ser una red social o una página web, sino un medio físico o analógico adaptado a las condiciones de una comunidad. La comunicación digital, en esta perspectiva, está al servicio de una comunicación integral, social y humana.Una comunicación que acompaña la construcción pastoralLas reflexiones también plantearon la necesidad de que los equipos de comunicación participen en los procesos institucionales y pastorales desde su origen, y no únicamente cuando llega el momento de producir una pieza, registrar una actividad o publicar una noticia.Monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, destacó que la comunicación debe ser transversal y estar presente en los diferentes espacios de la vida eclesial.“Evangelizar es comunicar, es contar, es compartir experiencia, es hacer partícipes a otros del gozo y la alegría del Evangelio”, expresó.Para el obispo, los equipos de comunicación deben participar en la construcción de los procesos pastorales para aportar desde su experiencia a la comprensión, desarrollo y comunicación de esas iniciativas, y no limitarse a replicarlas una vez terminadas.Esta perspectiva fue también planteada durante la presentación de Lida Losada, quien señaló que cuando la comunicación participa desde el inicio puede aportar a la lectura del contexto, identificar riesgos y oportunidades, formular objetivos comunicativos y pensar qué conversaciones puede abrir una iniciativa.Hacia una inteligencia comunicativa en redLa articulación fue, precisamente, otro de los grandes desafíos identificados durante el encuentro. Para Luis Fernando Sierra, la información y las experiencias que se generan en las diferentes jurisdicciones no deberían permanecer aisladas. Una experiencia desarrollada en una diócesis puede ofrecer aprendizajes a otra y contribuir a responder desafíos similares en distintos territorios. De ahí su llamado a fortalecer la circulación de información entre las diócesis, arquidiócesis, pastorales y las instancias nacionales.“Las diferentes pastorales, las diferentes arquidiócesis, diócesis se quedan con la información y no llega para que se pueda repartir a nivel nacional”, señaló, destacando la necesidad de construir mecanismos permanentes de intercambio.Esta idea converge con la propuesta de construir una inteligencia comunicativa en red, planteada durante el encuentro como una de las transformaciones necesarias para fortalecer la comunicación de la Iglesia en Colombia.Más que compartir únicamente publicaciones, trabajar en red implica compartir aprendizajes, metodologías, fuentes, datos, narrativas, vocerías, experiencias y buenas prácticas. La finalidad es que las capacidades construidas en un territorio puedan fortalecer a otros.En palabras de monseñor Ovidio Giraldo, avanzar en esta dirección permitiría fortalecer las redes, competencias, capacidades y recursos de los equipos de comunicación, y contribuir a visibilizar de manera más amplia la obra misionera, pastoral y evangelizadora de la Iglesia en Colombia.“La riqueza de la Iglesia colombiana no está concentrada en Bogotá. Está distribuida por todo el país. Nuestra tarea debe ser ayudar a que esa riqueza circule”, se planteó durante el encuentro.Una comunicación al servicio de la misiónPara los participantes, el encuentro representó también una oportunidad para reconocer los avances que ya se vienen dando en los equipos de comunicación de las jurisdicciones eclesiásticas.El padre Jaime Marenco Martínez, delegado de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Barranquilla, destacó el crecimiento de los equipos diocesanos, la incorporación de profesionales laicos y sacerdotes con formación en comunicación y una mayor integración de los planes de comunicaciones con los planes globales de las diócesis y arquidiócesis.A su juicio, estos avances han permitido desarrollar contenidos más estructurados sin perder la identidad y los criterios propios de la comunicación eclesial.Para Alejandra Campos Albarán, líder de Comunicaciones del Secretariado de Pastoral Social-Cáritas Barranquilla, uno de los aprendizajes más importantes fue la necesidad de no quedar atrapados únicamente en las exigencias del día a día.“Tenemos que enfocarnos realmente en lo estratégico y en aquellas historias que nos van a generar cambios reales en la comunicación”, afirmó.Por su parte, Jorge Enrique Muñoz Uceda, asesor de Comunicaciones de la Pastoral Social de la Diócesis de Socorro y San Gil, resaltó el valor de conocer experiencias y relatos de diferentes regiones del país y de reconocer el aporte que la Pastoral Social puede hacer a la comunicación de las diócesis.Andrés Flórez Guerra, delegado de Comunicaciones de la Diócesis de Duitama-Sogamoso, señaló como uno de los retos la necesidad de que la Iglesia vuelva a ocupar espacios de periodismo y conversación pública, participando en debates y conversaciones que contribuyan a construir paz, unidad y sinodalidad en Colombia.Más que una agenda de formación, el Encuentro Nacional de Comunicadores planteó así una perspectiva para el servicio de comunicaciones de la Iglesia en Colombia: una comunicación que no se limite a informar lo que la Iglesia hace, sino que ayude a comprender su misión, acerque las realidades de los territorios, genere diálogo con la sociedad y ponga en circulación las experiencias que pueden contribuir al bien común.Como síntesis de esta perspectiva, quedó una pregunta para los equipos de comunicación de las diferentes jurisdicciones: ¿qué mirada queremos ayudar a transformar, qué conversación queremos contribuir a construir y qué rostros e historias necesitamos hacer visibles?Vea a continuación los principales momentos y testimonios más relevantes del encuentro:

Jue 10 Sep 2026

Lo que el terremoto dejó al descubierto en Colombia: misiones de la Iglesia revelan riesgos y necesidades que persisten

Mientras Colombia habla de reconstrucción un mes después del terremoto, en distintos territorios del Chocó familias continúan habitando viviendas en riesgo de colapso, declaradas no habitables o de uso restringido. Algunas permanecen allí porque no cuentan con una alternativa de alojamiento; otras enfrentan condiciones precarias en espacios temporales. A esto se suman las dificultades para hacer llegar ayuda a comunidades apartadas y la incertidumbre sobre cómo recuperar las viviendas, los cultivos y otras fuentes de sustento afectadas por el terremoto.Esta realidad fue identificada durante el recorrido de la misión territorial “Con Colombia, hasta el último rincón” por las diócesis de Quibdó e Istmina-Tadó, pero también aparece, con características particulares, en otros de los territorios visitados.El terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto no solo dejó daños materiales. Al llegar a las comunidades, las misiones encontraron necesidades directamente relacionadas con el sismo y, al mismo tiempo, condiciones sociales, económicas, geográficas y de seguridad que ya estaban presentes y que ahora pueden dificultar aún más los procesos de recuperación.Cuando reconstruir significa mucho más que levantar una viviendaEl 19 de agosto, nueve días después del terremoto, equipos de la Conferencia Episcopal de Colombia y del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana se desplazaron a los territorios afectados. Las misiones, que se desarrollaron en diez jurisdicciones eclesiásticas del Valle del Cauca, Eje Cafetero y Chocó, permitieron recolectar información primaria sobre las condiciones de las comunidades y establecer prioridades para la respuesta inmediata, a mediano y a largo plazo.La sistematización identificó afectaciones en viviendas, infraestructura parroquial, medios de vida y servicios comunitarios, pero también riesgos y necesidades asociados a protección, salud mental, alojamiento, agua, saneamiento, seguridad alimentaria y recuperación económica.El trabajo territorial permitió constatar que, superados los primeros días de la emergencia, permanecen necesidades que requieren atención y acompañamiento sostenido. En varios de los territorios visitados, las familias enfrentan dificultades para recuperar sus viviendas, restablecer sus fuentes de ingreso y acceder de manera adecuada a servicios esenciales.La recuperación de las viviendas sigue siendo una prioridadEn las zonas visitadas, los daños en las viviendas constituyen una de las principales preocupaciones. En la Diócesis de Cartago, por ejemplo, entre el 70% y el 80% de los hogares de las dos comunidades priorizadas presentaban afectaciones. Allí se identificó la necesidad de materiales de construcción, orientación técnica para la reparación y reconstrucción, apoyo para el arrendamiento y kits para alojamiento de emergencia.En Buenaventura, la misión encontró 130 viviendas destruidas únicamente en las comunidades visitadas, mientras que a nivel de la diócesis se reportaban 954 viviendas destruidas y 9.194 afectadas. Entre las prioridades identificadas está la creación de un banco de materiales que contribuya a la recuperación habitacional y comunitaria, especialmente en zonas rurales y periféricas, así como soluciones frente al hacinamiento en alojamientos temporales.La recuperación, sin embargo, no se limita a reconstruir paredes y techos.Agua, alimentación y medios de vida: reconstruir las condiciones para volver a empezarEn distintos territorios, las misiones identificaron dificultades para garantizar el acceso a agua segura y restablecer sistemas afectados por el terremoto. En la Diócesis de Buenaventura, por ejemplo, se planteó la reparación y reposición de tanques de recolección de agua lluvia y el fortalecimiento de las condiciones de saneamiento e higiene en alojamientos temporales.La alimentación también continúa siendo una preocupación, especialmente en comunidades rurales y de difícil acceso. En varios municipios, las estructuras pastorales locales han servido como puntos de acopio y distribución de ayudas, mientras se realizan diagnósticos para identificar a las familias con mayores necesidades.A esto se suma la afectación de los medios de vida. La pérdida o deterioro de viviendas, cultivos, actividades productivas y otras fuentes de ingreso dificulta que las familias recuperen su autonomía económica. Por ello, las evaluaciones territoriales señalan la importancia de acompañar no solo la atención inmediata, sino también los procesos de recuperación de los medios de subsistencia.El impacto también es emocional y socialUno de los elementos que atraviesa los reportes de las misiones es el impacto psicológico y emocional provocado por el terremoto. La pérdida de viviendas, la separación familiar, la incertidumbre y las condiciones precarias de alojamiento han generado nuevas necesidades de acompañamiento psicosocial.En la Arquidiócesis de Ibagué, el reporte identifica la ausencia de atención psicosocial profesional en algunas comunidades pese a las manifestaciones de angustia de la población. También advierte sobre el desgaste físico y emocional de sacerdotes y agentes pastorales que permanecen acompañando a las comunidades afectadas.En territorios de diócesis como Quibdó y Buenaventura, las necesidades de protección adquieren además particular relevancia. Las evaluaciones identificaron riesgos para niños, niñas y adolescentes, dificultades de acceso a servicios y asistencia, así como situaciones relacionadas con violencia basada en género, separación familiar y riesgos de reclutamiento y utilización de menores por grupos armados.Una recuperación que requiere continuidadLas misiones permitieron recoger la voz de comunidades, párrocos, agentes pastorales, organizaciones sociales, autoridades locales y otros actores presentes en los territorios. En diferentes lugares, las pastorales sociales locales han contribuido a identificar familias afectadas, canalizar ayudas, habilitar centros de acopio y articular esfuerzos con instituciones y organizaciones.Este ejercicio de escucha y evaluación permite reconocer, un mes después del terremoto, que la emergencia no termina cuando disminuye la atención mediática. Para muchas familias comienza una etapa más prolongada: reconstruir sus viviendas, recuperar sus medios de vida, restablecer servicios esenciales y afrontar las consecuencias emocionales y sociales que dejó el sismo.Por eso, los hallazgos de estas misiones se convierten también en una hoja de ruta para mantener la atención sobre las comunidades y orientar los esfuerzos de acompañamiento y recuperación de acuerdo con las necesidades particulares de cada territorio.En el marco de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana mantienen su llamado a acompañar a las comunidades afectadas y a sumar esfuerzos para que la respuesta llegue también a quienes enfrentan mayores dificultades de acceso y requieren apoyo para reconstruir sus hogares, sus medios de vida y sus comunidades. En este sentido, se mantienen activos los siguientes canales nacionales de recaudo desde la Iglesia Católica:-Banco de Bogotá - cuenta de ahorros: 081789224 | Bre-B: 0092651552-Bancolombia - cuenta de ahorros: 82900024657 | Bre-B: 0092879108Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Donación en línea: donar.caritascolombiana.orgVea a continuación el informe audiovisual:

Mar 8 Sep 2026

Obispos de Colombia reflexionan sobre los retos y oportunidades de la inteligencia artificial en la misión de la Iglesia

Entre el 2 y el 4 de septiembre, 65 obispos de Colombia participaron en el curso anual de formación permanente para el episcopado, organizado por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia. En esta oportunidad, el encuentro estuvo centrado en la inteligencia artificial, su uso y aplicación en la administración y en la gestión pastoral de la Iglesia.Tuvo como propósito favorecer un espacio de formación y discernimiento integral sobre esta tecnología, abordando sus fundamentos epistemológicos, sus alcances antropológicos y sus desafíos ético-teológicos, con miras a identificar posibilidades concretas para su utilización al servicio de la misión de la Iglesia.A través de ponencias, conversatorios, talleres y mesas temáticas, los obispos se acercaron a la historia y los aspectos generales de la inteligencia artificial, así como a sus implicaciones para la dignidad humana, las relaciones sociales, la ética, la comprensión de la inteligencia y la praxis pastoral.Entre los especialistas que acompañaron el proceso estuvieron Juan Manuel Vicaría Delgado, director del Centro de Inteligencia Artificial para la Alta Dirección de INALDE Business School de la Universidad de La Sabana; el padre Euclides de Jesús Eslava Gómez, director de la Maestría en Teología de la Universidad de La Sabana. También acompañó el curso el padre Fidel Oñoro Consuegra, CJM.En las mesas temáticas, Wilmar Roldán, Santiago Sierra, Reinaldo Bernal y Alfonso Flórez, profesores de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, bajo la orientación de la decana Edith González Bernal, ofrecieron perspectivas sobre la dignidad humana y las relaciones sociales, la algorética, los fundamentos epistemológicos de la inteligencia y las posibilidades de la inteligencia artificial para la praxis pastoral y la creación de pensamiento.La agenda incluyó también la presentación de la encíclica Magnífica humanitas, una demostración del Asistente CEC 2026 GPT ante situaciones de responsabilidad episcopal, un conversatorio sobre inteligencia artificial y pastoral y un taller teórico-práctico sobre inteligencia artificial generativa para la pastoral, orientado por el Mg. Wilson Libardo Beltrán Chitiva.Una herramienta al servicio de la misiónPara los obispos participantes, uno de los principales aprendizajes de estas jornadas fue la necesidad de conocer y comprender una realidad tecnológica que ya hace parte de la vida cotidiana, pero que plantea nuevos desafíos para la Iglesia.El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, destacó que la formación permitió reconocer la necesidad de seguir incursionando en el conocimiento de la inteligencia artificial para poner sus posibilidades al servicio de la misión evangelizadora.“La inteligencia artificial hay que acogerla, hay que acompañarla, es decir, pastorear estos escenarios. Pero además hay que aprovecharla y ponerla al servicio de la misión”.Desde su perspectiva, estas herramientas pueden contribuir a optimizar el tiempo y el trabajo, organizar información y establecer vínculos entre diferentes procesos y entidades. Sin embargo, subrayó que su utilización debe mantener en el centro a la persona humana y su dignidad.En este sentido, señaló tres aspectos fundamentales: comprender al ser humano como camino y proceso permanente; recuperar la importancia del corazón y de la sabiduría, más allá de la simple acumulación de datos; y preservar la dimensión comunitaria de la vida humana.“Estamos hechos para vivir nuestro camino y nuestro corazón, nuestra conciencia en comunidad, en fraternidad”.Formarse para formarEl arzobispo de Barranquilla, monseñor Pablo Emiro Salas, resaltó que la inteligencia artificial constituye una realidad que la Iglesia está llamada a asumir y comprender, no solamente por su impacto en la sociedad, sino también por las posibilidades que ofrece para la evangelización. Señaló también el desafío de que los obispos no solo se formen personalmente, sino que puedan contribuir posteriormente a la formación de sacerdotes y fieles en el uso de estas nuevas tecnologías para el servicio pastoral.“Desde esa realidad de ser pastores, servidores de la comunidad, podemos entonces usar todas también las bondades que tiene la inteligencia artificial para poder servir mejor a las personas que se nos han confiado”.Al mismo tiempo, monseñor Salas subrayó la importancia de abordar las implicaciones éticas de estas tecnologías. Advirtió que, por importantes que sean, las herramientas de inteligencia artificial no pueden reemplazar la presencia del Espíritu Santo ni la relación personal y afectiva entre las personas.“Son ayudas y tenemos que aceptarlas, tenemos que acogerlas y tenemos que implementarlas sin que ellas terminen por deshumanizar nuestra relación de personas y nuestros vínculos”.Una oportunidad para la catequesis y la acción socialPara monseñor Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia, la formación permitió reconocer en la inteligencia artificial una herramienta que puede contribuir al cumplimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, siempre que sea acompañada por una adecuada formación y discernimiento.El prelado destacó la necesidad de formar a los presbiterios y a los fieles, al tiempo que planteó posibilidades concretas para aprovechar estas herramientas en la catequesis, la enseñanza y la acción social.“¿Cómo podemos ponerla en práctica? Primero, interesándonos por formarnos, formar nuestros presbiterio, formar nuestros fieles. Y segundo, tratar de, a través de la inteligencia artificial, hacer mucho más práctica nuestra catequesis, nuestras enseñanzas y nuestra acción social”.Una formación que continúaAdemás de los contenidos académicos y técnicos, las jornadas de formación permanente fueron también un espacio de encuentro entre los obispos. El cardenal Rueda Aparicio destacó que la oración y el diálogo fraterno hacen parte esencial de estos espacios y señaló que, durante el encuentro, los pastores también pudieron compartir sobre la situación del país, particularmente sobre el contexto posterior al terremoto y sus consecuencias en el ámbito social y comunitario.El desafío planteado al cierre de la formación es, por tanto, continuar profundizando y desarrollando procesos de autoformación que permitan a la Iglesia comprender los escenarios que abre la inteligencia artificial y discernir cómo incorporarla de manera responsable.La formación dejó así una perspectiva compartida: la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para la Iglesia, siempre que permanezca al servicio de la persona, de la comunidad y de la misión evangelizadora, sin sustituir aquello que es esencialmente humano.En palabras del Cardenal: “Bienvenida la inteligencia artificial y bienvenida la posibilidad de aprovecharla para la evangelización”.Vea a continuación las principales reflexiones: