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Actualidad

Mar 21 Abr 2026

Obispos colombianos llaman a proteger la vida y desescalar el lenguaje en medio del clima electoral

Ante el actual clima electoral y las recientes denuncias de amenazas contra candidatos presidenciales, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hace un llamado urgente a proteger la vida, cuidar el lenguaje y salvaguardar la democracia como pilares fundamentales del país.A través de un comunicado, los obispos advierten que Colombia atraviesa “un momento decisivo que exige compromiso firme con la vida, la democracia y el respeto”, y subrayan que no es posible avanzar en el proceso electoral si no existen garantías reales para todos los actores políticos.En este contexto, instan a las autoridades a actuar con determinación para proteger a quienes participan en la contienda:“Hacemos un llamado a los organismos del Estado a redoblar sus esfuerzos para garantizar la integridad y la seguridad de quienes aspiran a la Presidencia de la República, así como el libre ejercicio de los derechos democráticos”.El pronunciamiento se da en un escenario marcado por alertas de posibles atentados, intimidaciones y hechos de violencia que han encendido las alarmas sobre la seguridad del proceso democrático.La violencia y el lenguaje que divide también amenazan la democraciaJunto a la preocupación por la seguridad de los candidatos, la Iglesia advierte que el tono del debate público incide directamente en la convivencia y en la estabilidad democrática.Por ello, exhorta directamente a los candidatos y sus campañas:“Promover un debate respetuoso, excluyendo toda forma de violencia verbal, estigmatización o descalificación”.Este llamado recoge la enseñanza del Papa Francisco, quien insistía en que el camino no es la confrontación destructiva, sino el encuentro:“En lugar de descalificar rápidamente al adversario, hay que afrontar un diálogo abierto y respetuoso, donde se busque alcanzar una síntesis superadora” (Encíclica Fratelli tutti, 203).La democracia se construye con palabras que unenEl mensaje de la Conferencia Episcopal plantea que el país necesita un giro en el enfoque de la campaña electoral, pasando de la confrontación a las propuestas que respondan al bien común. En esa línea, enfatiza:“La palabra pública debe ser un instrumento de construcción y no de división”.En coherencia con este llamado, los obispos en Colombia hacen eco de palabras expresadas recientemente por el Papa León XIV durante su paso por África. El pontífice ha insistido en la necesidad de reconocerse como una sola familia, incluso en medio de las diferencias:“En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que todos somos una sola familia! Hoy, la sencillez de esta certeza es la llave para abrir muchas puertas aparentemente cerradas” (Argelia, 13 de abril de 2026).Una tarea de todosFinalmente, más allá de las decisiones institucionales o políticas, los obispos recuerdan que el momento que vive el país exige corresponsabilidad:“Cuidar la vida, cuidar la palabra y cuidar la democracia es una responsabilidad compartida”.

Mar 21 Abr 2026

Preparar, sembrar, cuidar y cosechar la paz: la ruta pastoral que propone la Conferencia Episcopal de Colombia para la Semana de la Familia 2026

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Matrimonio y Familia, presentó la cartilla “Familias Sembradoras de Paz”, un subsidio pastoral que servirá como guía para la celebración de la Semana de la Familia 2026, que se llevará a cabo del 11 al 18 de mayo en todo el país.El material, dado a conocer este lunes 20 de abril a través de un webinar, propone un camino pedagógico y espiritual que reconoce a la familia como el primer territorio de paz y sujeto activo de reconciliación y transformación social. La iniciativa se enmarca en el lema de este año: “Familia, sembradora de paz”.Durante la presentación, monseñor Miguel Fernando González Mariño, obispo de El Espinal y presidente de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia, destacó que la familia es “el lugar privilegiado donde se cultivan los valores, costumbres y patrones de convivencia”, y subrayó que “toda apuesta por la paz duradera necesariamente pasa por el fortalecimiento de las dinámicas familiares”.En ese sentido, insistió en que la paz no surge de manera espontánea: “La paz no aparece de la nada… la paz se cultiva”. Por ello, explicó que la cartilla propone asumir la construcción de paz como un proceso de siembra que requiere tiempo, cuidado y constancia, vivido en lo cotidiano del hogar.Una propuesta pastoral con enfoque reconciliadorLa cartilla plantea una metodología basada en cinco momentos simbólicos —preparar la tierra, sembrar la semilla, regar y cuidar, crecer y fortalecer, y cosechar y compartir— que orientan encuentros familiares o comunitarios durante la semana. Cada uno de estos espacios integra reflexión bíblica, dinámicas participativas y compromisos concretos.Este itinerario busca fortalecer a las familias como espacios de sanación y reconciliación, promoviendo habilidades como la comunicación respetuosa, la escucha activa y el manejo pacífico de los conflictos, así como valores esenciales para la convivencia como el perdón, la empatía y la solidaridad.De acuerdo con el documento, “educar para la paz no es únicamente un contenido que se enseña, sino una experiencia que se vive diariamente”, en la forma en que se gestionan las diferencias, se cuida al otro y se construyen relaciones basadas en el amor y el respeto.La familia, primera escuela de pazEl padre Nelson Ortiz, director del Departamento de Matrimonio y Familia, resaltó la pertinencia del tema en el contexto actual:“Este año veíamos que era muy necesario hablar de la familia como sembradora de paz, especialmente en un mundo que vive en medio de tantas guerras”.Asimismo, recordó el llamado del Papa a vivir una “desarmada y desarmante”, invitando a las familias a renunciar a las formas cotidianas de violencia:“Cada hogar está llamado a dejar las armas de la violencia verbal, la indiferencia y el egoísmo, para convertirse en sembrador de diálogo, misericordia y paciencia”.En esta línea, la cartilla propone reconocer las heridas y conflictos que afectan la convivencia familiar, al tiempo que impulsa procesos de sanación que permitan reconstruir el tejido relacional desde el interior del hogar. La familia, señala el documento, es “la primera e insustituible educadora de la paz”, y su vivencia cotidiana tiene un impacto directo en la sociedad.Un aporte eclesial con impacto socialLa Semana de la Familia 2026 tendrá como objetivo general fortalecer a las familias como espacios de construcción de paz, promoviendo relaciones fraternas que contribuyan a la transformación de las comunidades y territorios.Entre sus objetivos específicos se destacan: reconocer la familia como espacio privilegiado para la educación en paz, desarrollar habilidades de comunicación y resolución de conflictos, fortalecer valores que favorezcan la reconciliación, e impulsar compromisos concretos de paz tanto en el hogar como en el entorno social.En coherencia con la misión de la Conferencia Episcopal de Colombia, esta iniciativa busca no solo animar la vida eclesial, sino también incidir en la construcción de una sociedad más justa, reconciliada y en paz, reconociendo que “cada gesto de amor, cada palabra de reconciliación y cada esfuerzo por construir unidad en el hogar se convierte en una semilla que puede transformar la sociedad entera”.La CEC a anima a todas las parroquias, movimientos eclesiales y familias del país para que hagan uso del contenido de la cartilla, como una herramienta concreta para aprender a vivir, desde lo cotidiano, el compromiso con la paz.Vea la transmisión del webinar de la presentación de la cartilla haciendo clic aquí.

Lun 20 Abr 2026

Custodia eucarística elaborada en Colombia será llevada a la Basílica de Getsemaní en Jerusalén

Se trata de la Custodia Andina, un ostensorio destinado a la exposición del Santísimo Sacramento para la adoración eucarística que, desde Colombia, se convertirá también en signo de comunión entre pueblos y de esperanza en medio de un contexto global marcado por tensiones.La pieza fue creada en el municipio de El Carmen de Viboral, en la jurisdicción de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, por el artista Santiago Ocampo Higuita, en colaboración con artesanos y creadores de distintas regiones del país. Su elaboración tomó cerca de dos años e integró técnicas tradicionales como la fundición a la cera perdida, la filigrana de Santa Cruz de Mompox y la cerámica carmelitana, junto con recursos contemporáneos.Con 80 centímetros de altura, la custodia está inspirada en la forma de un olivo, evocando el huerto de Getsemaní, donde, según la tradición bíblica, Jesucristo oró antes de su pasión. En su centro se ubica el ostensorio, rodeado por una corona de espinas, como punto focal de la adoración eucarística.En su base, que recrea el suelo rocoso del lugar, se representan los apóstoles Pedro, Santiago y Juan dormidos, en referencia al llamado evangélico a “velar y orar”. La obra incorpora además elementos de la identidad colombiana, como el carriel y la rula antioqueña, así como figuras de la fauna nacional: tres barranqueros andinos elaborados en filigrana de plata y una base sostenida por garras de oso de anteojos. El conjunto se complementa con cerámica tradicional de El Carmen de Viboral y detalles inspirados en los tejidos ancestrales de la cultura wayuu.Más que una pieza artística, la Custodia Andina fue concebida como un objeto litúrgico para custodiar la Eucaristía en la Basílica de Getsemaní —también conocida como Basílica de las Naciones o de la Agonía—, uno de los santuarios más representativos de Tierra Santa.Su elaboración fue posible gracias a la donación de una familia antioqueña, como expresión de fe y cercanía con los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos centrales del cristianismo.Un signo de comunión y esperanza desde la Iglesia en ColombiaDesde la Diócesis de Sonsón-Rionegro, este hecho ha sido acogido como un acontecimiento significativo para la vida eclesial. El presbítero Jesús Alexander Toro, delegado de Liturgia, destacó el valor de esta obra como expresión de fe y de pertenencia:“Nos sentimos plenamente orgullosos de saber que un artista de nuestra región… hoy nos sigue representando con tanto orgullo no solo como colombianos, sino como Iglesia particular de Sonsón-Rionegro”.El sacerdote subrayó además que la custodia no solo tiene un valor artístico, sino profundamente espiritual:“Es un objeto tan valioso para el culto cristiano… Esperamos que desde allí, desde la Basílica de las Naciones, Jesús nos bendiga a todos, nos custodie y nos guarde”.Este acontecimiento es interpretado por la Iglesia como un signo concreto de comunión entre la Iglesia local y la Iglesia universal, en línea con la misión de evangelización y de construcción de unidad que anima la Conferencia Episcopal de Colombia.Arte, fe y país: una presencia colombiana en Tierra SantaLa Custodia Andina se suma a otras obras del mismo taller que han llegado a Jerusalén. En 2019, el “Cristo del Silencio” fue incorporado a las celebraciones del Viernes Santo en la Basílica del Santo Sepulcro, y en 2025, la “Virgen de Nazaret” inició un recorrido internacional como imagen peregrina.En este contexto, la nueva obra refuerza la presencia del arte sacro colombiano en Tierra Santa, proyectando la riqueza cultural, espiritual y artística del país hacia uno de los epicentros de la fe cristiana.Un mensaje de paz en medio de la incertidumbreEn medio de los conflictos que afectan actualmente a Oriente Medio, esta custodia adquiere también un significado especial. Desde Colombia, se proyecta como un signo de oración por la paz y de esperanza para las naciones.“En este momento de conflicto… la custodia aguarda para llegar en el momento en que la Tierra Santa vuelva a estar en paz. Y eso es lo que clamamos: la paz para todo el mundo, la paz para las naciones”, expresó el padre Toro.Vea a continuación el informe audiovisual:

Lun 20 Abr 2026

“Una Iglesia pascual, misionera y servidora”: llamado de monseñor Luis Augusto Campos en su posesión como arzobispo de Bucaramanga

En un ambiente de fe, comunión y esperanza pascual, la Arquidiócesis de Bucaramanga celebró el pasado sábado 18 de abril la posesión canónica de monseñor Luis Augusto Campos Flórez como su nuevo arzobispo metropolitano. La Eucaristía tuvo lugar en la Catedral Metropolitana de la Sagrada Familia y congregó a obispos, sacerdotes, vida consagrada, autoridades civiles y fieles laicos de distintas regiones del país.La celebración contó con la presencia del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, quien actuó como delegado pontificio para este acto. Al iniciar la ceremonia, destacó la entrega pastoral tanto del arzobispo entrante como de su predecesor, subrayando que “ninguna de las semillas sembradas con amor dejará de fructificar en el campo de Dios”, e invitó a vivir la misión evangelizadora con un “espíritu abierto a la acción del Espíritu Santo”.Una entrega pastoral que resalta la comunión y la misiónMonseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo emérito de Bucaramanga, quien entregó la jurisdicción tras 16 años de servicio pastoral definió este momento como un “signo y regalo recibido con alegría y gratitud” en el camino de la Iglesia sinodal. Insistió en la centralidad de la comunión, la participación y la misión como ejes del caminar eclesial, y reiteró que “la evangelización es la primera y principal tarea de la Iglesia”, acompañada de la promoción integral de la persona humana.Al dar la bienvenida a su sucesor, expresó: “Lo recibimos con inmensa alegría y esperanza como legítimo sucesor de los Apóstoles”, al tiempo que animó a toda la comunidad arquidiocesana a continuar como “peregrinos de esperanza”, atentos a los signos de los tiempos y comprometidos con las periferias sociales.Una Iglesia que nace de la Pascua y se renueva constantementeDurante su homilía, monseñor Luis Augusto Campos Flórez centró su mensaje en la identidad pascual de la Iglesia: “Todo en la Iglesia nace de la Pascua de Cristo”. Explicó que solo desde la cruz y la resurrección se comprende su autenticidad, su fecundidad y su misión en el mundo.Advirtió que, sin esta raíz, la Iglesia corre el riesgo de caer en el triunfalismo, la desesperanza o el encierro en sus propios miedos, perdiendo así su horizonte evangelizador.Tres rostros para la Iglesia de BucaramangaEl nuevo arzobispo propuso tres imágenes clave para comprender el camino de la Iglesia particular: una comunidad bendecida, una comunidad navegante y una comunidad servidora y ministerial.Señaló que la Arquidiócesis está llamada a reconocerse como “comunidad elegida, redimida y marcada por el Espíritu”, pero también a afrontar con realismo los desafíos que provienen tanto del contexto social como de la propia vida eclesial.En este sentido, advirtió sobre riesgos como la pérdida de centralidad en Jesucristo, las divisiones internas o la falta de ardor misionero, e invitó a una renovación permanente: “Estamos urgidos de anunciar el Evangelio con prioridad, con pasión, con creatividad y con entrega total”.Participación, corresponsabilidad y cuidado de los más vulnerablesMonseñor Campos enfatizó la necesidad de una Iglesia verdaderamente participativa, donde todos los fieles —especialmente los laicos— asuman corresponsablemente la misión.Subrayó que no puede faltar el cuidado de los más vulnerables, la unidad en medio de la diversidad, el anuncio de la Palabra, la vida de oración y una administración transparente de los bienes. “Si se quiere asegurar lo indispensable, hay que favorecer la participación”, afirmó, destacando la riqueza de los carismas y ministerios en la vida eclesial.Amplia participación eclesial y respaldo institucionalEn representación de la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal, la celebración contó con la presencia de monseñor Francisco Javier Múnera Correa y monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, presidente y vicepresidente, respectivamente. Además, de autoridades civiles, entre ellas el gobernador de Santander, Juvenal Díaz Mateus, quien destacó la trayectoria pastoral del nuevo arzobispo y su cercanía con las comunidades del departamento.Una misión confiada a la intercesión de MaríaAl finalizar la celebración, el nuevo arzobispo confió su ministerio a la intercesión de la Virgen María Inmaculada, patrona de la Arquidiócesis, elevando una oración por las familias, los jóvenes, los trabajadores y los más vulnerables.Pidió la gracia de “mirar con respeto, amar con gratuidad y servir con ternura”, encomendando a toda la Iglesia particular a caminar unida en fidelidad al Evangelio.En contextoMonseñor Luis Augusto Campos Flórez fue nombrado por el papa León XIV el pasado 24 de febrero. Hasta entonces, se desempeñaba como obispo de la Diócesis de Socorro y San Gil desde 2020. Llega a Bucaramanga para dar continuidad a la misión episcopal tras la renuncia de monseñor Ismael Rueda Sierra, presentada al cumplir los 75 años, conforme al derecho canónico.

Vie 17 Abr 2026

La Iglesia Católica en Colombia se pronuncia sobre la publicación de la Sentencia SU-184 de 2025

La Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su Departamento de Comunicaciones, da a conocer el primer comunicado oficial a propósito de la publicación de la Sentencia de Unificación SU-184 de 2025 por parte de la Corte Constitucional, relacionada con el derecho de petición de información por parte de periodistas.

Mié 15 Abr 2026

Iglesia en Colombia celebrará la Semana Vocacional 2026: tiempo de escucha, discernimiento y respuesta al llamado de Dios en comunidad

Del 26 de abril al 3 de mayo de 2026, la Iglesia en Colombia vivirá la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones, un tiempo de gracia que busca fortalecer la cultura vocacional, promover el discernimiento y renovar el compromiso misionero en todas las comunidades eclesiales del país.En comunión con la Iglesia universal y en el marco de la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, celebrada en el IV Domingo de Pascua, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) anima a los fieles a redescubrir la vocación como un don gratuito de Dios, que se gesta en lo profundo del corazón y se desarrolla en comunidad, como camino de plenitud, servicio y santidad.Un tiempo para renovar la fe y la comuniónBajo el lema “Jesús llama, forma y envía en comunidad”, esta semana se presenta como una oportunidad privilegiada para que la Iglesia en Colombia fortalezca su identidad como comunidad de discípulos misioneros, en la que cada vocación —laical, sacerdotal, religiosa o familiar— es acogida, acompañada y enviada al servicio del Reino.La CEC destaca que toda vocación nace y crece en una Iglesia viva, unida y en salida, donde la oración, el testimonio y el acompañamiento fraterno crean las condiciones para que el llamado de Dios sea escuchado y respondido con generosidad.En este sentido, la Semana Vocacional no solo interpela a quienes están en proceso de discernimiento, sino a todo el Pueblo de Dios: familias, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y ministros ordenados, llamados a ser corresponsables en la promoción y cuidado de las vocaciones.Una metodología pastoral integral y participativaPara vivir esta semana, la Conferencia Episcopal propone una guía con metodologías flexibles, contextualizadas y profundamente espirituales, que pueden adaptarse a las diversas realidades pastorales del país.El itinerario está organizado en torno a un camino progresivo que integra celebración, formación, oración y experiencia comunitaria, con un enfoque diferencial según los distintos estados de vida:Domingo: La Eucaristía como fuente y culmen de toda vocación.Lunes: La escucha confiada del llamado en los niños.Martes: El discernimiento valiente en la vida de los jóvenes.Miércoles: La familia como cuna y sostenimiento de la vocación.Jueves: El acompañamiento mutuo entre quienes ya han respondido.Viernes y sábado: Jornada “24 horas con el Señor”, centrada en la adoración eucarística.Domingo final: Envío misionero y acción de gracias.Cada jornada incluye encuentros con la Palabra, dinámicas pedagógicas, espacios de oración y signos concretos que favorecen la interioridad, la escucha y el discernimiento, especialmente entre niños, jóvenes y familias.La oración: corazón de la cultura vocacionalUno de los ejes centrales de esta iniciativa es la promoción de la oración como semillero de vocaciones auténticas. De manera especial, la jornada de “24 horas con el Señor” propone una cadena continua de adoración eucarística, como signo visible de comunión eclesial y confianza en la acción del Espíritu Santo.Este espacio busca suscitar en los fieles una experiencia profunda de encuentro con Jesucristo, fortaleciendo la vida espiritual y generando ambientes propicios para el surgimiento de nuevas vocaciones al servicio de la Iglesia y del mundo.Discernir para servir: una vocación al amor y a la vida plenaInspirada en el mensaje del Santo Padre, esta semana invita a redescubrir que la vocación no es una imposición ni un esquema prefijado, sino un proyecto de amor y felicidad, que se revela en la relación personal con Dios y se concreta en el servicio a los demás.En un contexto marcado por múltiples desafíos sociales, culturales y espirituales, la Conferencia Episcopal reafirma que promover una auténtica cultura vocacional es también contribuir a la construcción de una sociedad más humana, solidaria y esperanzada.Una Iglesia que escucha, acompaña y envíaEn Colombia, la Semana Nacional de Oración por las Vocaciones se puede convertir así en una expresión concreta de una Iglesia que escucha, discierne y camina unida, comprometida con la promoción de la vida, la verdad y el amor, y con la formación de discípulos misioneros que transformen la realidad desde el Evangelio.

Mar 14 Abr 2026

Iglesia en Colombia expresa cercanía y comunión con el Papa León XIV ante su llamado firme por la paz

La Iglesia en Colombia ha reiterado su cercanía, comunión y respaldo al Papa León XIV, destacando su liderazgo espiritual como signo de unidad y guía para la humanidad en medio de las actuales tensiones y conflictos globales.Este sentir ha sido expresado recientemente por el arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, quien, a través de un mensaje oficial, invitó a los fieles a unirse en oración y solidaridad con el Santo Padre, reconociendo su voz profética en favor de la paz y la dignidad humana.“No tengan miedo”: una invitación a perseverar en la misiónEn su mensaje, el prelado colombiano recordó las palabras de Jesús: “no tengan miedo”, alentando a los creyentes a mantenerse firmes en la fe y en la misión de anunciar el Evangelio de la vida y de la paz, incluso en contextos marcados por la incertidumbre, la violencia y la incomprensión.Monseñor Rodríguez subrayó que los llamados del Papa León XIV no responden a intereses políticos, sino a su fidelidad al Evangelio, desde donde clama con fuerza por el fin de la guerra, la violencia y el sufrimiento de los inocentes. En este sentido, destacó que la voz del Sucesor de Pedro recoge el dolor de las víctimas y el anhelo de paz de los pueblos, convirtiéndose en un referente moral para el mundo contemporáneo.Una vigilia que interpela: la oración como fuerza transformadoraEste mensaje del Arzobispo de Cali se ve iluminado por las palabras pronunciadas por el Santo Padre durante la reciente vigilia de oración por la paz del pasado sábado 11 de abril, en la que insistió en que la oración no es evasión ni refugio pasivo, sino una fuerza transformadora que compromete a los creyentes con la realidad: una respuesta “gratuita, universal y disruptiva” frente a la violencia y la muerte.Un llamado urgente ante la crisis globalEl Pontífice advirtió sobre la gravedad del momento histórico que vive la humanidad, señalando que los equilibrios en la familia humana están “gravemente desestabilizados” y que crece un peligroso “delirio de omnipotencia” que alimenta la guerra y la confrontación. Frente a ello, hizo un llamado urgente a detener la lógica bélica y a abrir caminos de diálogo y mediación.La paz: tarea de todosEn su mensaje, el Papa León XIV recordó que, aunque los gobernantes tienen responsabilidades ineludibles, la construcción de la paz también compromete a cada persona. “La guerra divide, la esperanza une; la prepotencia pisotea, el amor levanta”, afirmó, invitando a transformar los corazones y a asumir la paz como una tarea cotidiana que se construye en los hogares, las comunidades y la sociedad.Escuchar el clamor de las víctimasEn esa jornada, el Santo Padre también elevó una voz particularmente significativa al invitar a escuchar el clamor de las víctimas, especialmente el de los niños afectados por los conflictos, cuya experiencia revela con crudeza la inhumanidad de la guerra. En este contexto, reiteró con fuerza el llamado a que nunca más la violencia sea considerada un camino válido.Una responsabilidad que exige conversiónAsimismo, retomando el legado de San Juan Pablo II, el Papa reafirmó que la paz es una responsabilidad compartida que exige decisiones concretas, pero también una profunda conversión del corazón. De ahí su invitación a “volver a creer en el amor, en la moderación y en la buena política”, promoviendo una cultura del encuentro que supere la indiferencia y la confrontación.Llamado a ser artesanos de la pazEn sintonía con este llamado, monseñor Rodríguez invitó a las comunidades a fortalecer la oración por la paz, especialmente en este tiempo pascual, y a asumir con compromiso el llamado a ser “artesanos y pregoneros de la paz”, promoviendo la reconciliación en los entornos cotidianos.Este mensaje refleja el sentir del episcopado colombiano que, en comunión con el Papa, reafirma una vez más su compromiso con la paz, la vida y la dignidad humana, y que continúa ofreciendo esperanza a la sociedad en medio de los desafíos actuales.

Vie 10 Abr 2026

Bancos de alimentos de la Iglesia lideran misión solidaria para comunidades afectadas por inundaciones en Córdoba

La Iglesia Católica en Colombia continúa acompañando a las comunidades afectadas por las inundaciones en Córdoba, tras una misión humanitaria realizada en Semana Santa que movilizó ayuda desde el suroccidente del país.El pasado 1 de abril, en el contexto de la Semana Santa 2026, llegó a Montería una caravana humanitaria con más de 82 toneladas de ayuda, como parte de la misión “Juntos por Montería”, liderada por el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali.La iniciativa, articulada con la Diócesis de Montería y la red nacional de bancos de alimentos, permitió trasladar alimentos, medicamentos, kits de aseo, ropa, colchones y otros insumos esenciales hacia el departamento de Córdoba, una de las regiones más golpeadas por la emergencia causada por el desbordamiento del río Sinú en el mes de febrero.Tras una semana de esta entrega, y en medio de este tiempo pascual, la ayuda ya comenzó a ser distribuida a través de las parroquias, mientras continúa el acompañamiento a las comunidades que aún enfrentan las consecuencias del agua.Una emergencia que no terminaAunque han pasado más de dos meses desde la tragedia, la situación para miles de familias sigue siendo crítica.Las inundaciones, que afectaron a varias zonas de la región Caribe, dejaron más de 70.000 personas afectadas solo en Montería, según cifras oficiales. Barrios enteros quedaron bajo el agua, dejando pérdidas materiales, económicas y sociales que aún hoy marcan la vida de las comunidades.“Ciertamente han transcurrido dos meses, pero aún seguimos en la reconstrucción…Hay familias que lo perdieron todo”, expresó el padre Hernán Petro Vidal, director del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería.La emergencia, lejos de haber concluido, ha dado paso a una etapa compleja de recuperación, en la que persisten necesidades urgentes no solo de alimentación, sino también de vivienda, infraestructura y acompañamiento integral.Una Iglesia que responde desde el primer momentoDesde el inicio de la emergencia, la Iglesia local activó sus mecanismos de respuesta.A través del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería y la red de parroquias, se desplegó una atención inmediata que permitió acompañar a las comunidades en albergues, barrios afectados y zonas rurales.“La Iglesia Diocesana, desde el día uno de la emergencia, activó la ruta…Nuestras comunidades se vieron beneficiadas por medio de las parroquias”, explicó el padre Hernán Petro Vidal.Esta presencia ha sido clave no solo para la entrega de ayudas, sino también para brindar consuelo, cercanía y acompañamiento espiritual en medio de la adversidad.Comunión que se convierte en acciónLa misión que partió desde Cali representó un fortalecimiento significativo a este trabajo sostenido.El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali, con el apoyo de empresas, voluntarios y donantes, articuló una operación logística de gran escala que permitió movilizar la ayuda a lo largo de más de 600 kilómetros.“El Banco de Alimentos de Cali unió a toda la empresa privada junto a personas naturales…Nos desplazamos en una gran caravana solidaria”, afirmó el padre Joaquín Gómez, director de esta entidad.La ayuda fue recibida por la Diócesis de Montería, desde donde se está distribuyendo progresivamente a través de las parroquias, priorizando a las comunidades más afectadas.Para el obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, esta acción representa un respaldo concreto al proceso que se adelanta en el territorio. Al recibir la caravana en la capital cordobesa, expresó su gratitud a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, por el liderazgo de esta misión.“Es un gesto de la generosidad de Dios, de empresarios y comunidad que vienen a acompañar el proceso que está haciendo nuestra diócesis con las personas damnificadas”, agregó.Una reconstrucción integralMás allá de la asistencia material, la Iglesia continúa acompañando un proceso de reconstrucción que abarca múltiples dimensiones.“Es una reconstrucción integral…Nuestras comunidades necesitan reconstruirse en lo social, en lo material, pero también en lo espiritual”, subrayó el padre Hernán Petro Vidal.En este contexto, las parroquias se han convertido en puntos clave de articulación, no solo para la entrega de ayudas, sino también para el fortalecimiento del tejido social y la esperanza de las comunidades.Un proceso que continúa para Córdoba y otras regionesAdemás del acompañamiento espiritual que se brinda permanentemente a las comunidades, la la Iglesia católica en Colombia reafirma su misión solidaria tras las inundaciones que han afectado diferentes regiones del país en los últimos meses, articulando esfuerzos entre jurisdicciones y fortaleciendo la atención a comunidades que aún enfrentan las consecuencias de la emergencia.Vea el informe audiovisual de la misión a continuación: