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Actualidad

Lun 6 Jul 2026

Escuchar al país para formar a los futuros sacerdotes: así comenzó la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano

La formación de los futuros sacerdotes comenzó este lunes escuchando la realidad del país. Ese fue el punto de partida de la primera jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, donde los obispos iniciaron un ejercicio de discernimiento sobre los desafíos sociales, eclesiales y juveniles que hoy marcan la misión de la Iglesia en Colombia.La jornada inició con la celebración de la Eucaristía de apertura, presidida por monseñor Juan Vicente Córdoba Villota, obispo de Fontibón, quien invitó al episcopado a ponerse en manos del Señor con fe y esperanza, fortalecer la fraternidad episcopal y renovar el compromiso evangelizador para responder, desde el Evangelio, a las realidades que vive el país.Posteriormente, durante la instalación oficial de la Asamblea, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, reafirmó que la renovación de la formación inicial al presbiterado constituye una prioridad para la Iglesia. También animó a los obispos a seguir consolidando una cultura del cuidado, promover la reconciliación, el diálogo y la paz, y hacer visible una esperanza que se traduzca en acciones concretas al servicio del bien común.Pero fue durante el trabajo de la tarde cuando la Asamblea entró de lleno en el tema central que la convoca: "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera".Por primera vez, los obispos desarrollaron esta reflexión junto a 32 invitados especiales provenientes de distintas regiones del país: rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL). Organizados en grupos mixtos, analizaron las realidades sociales y eclesiales de Colombia, compartieron cómo se vivió el reciente proceso electoral en sus territorios y reflexionaron sobre su impacto en las comunidades y en la misión de la Iglesia.Para monseñor Jesús Alberto Torres Ariza, obispo de San José del Guaviare, este ejercicio responde a una convicción fundamental:"Si algo tenemos que hacer nosotros es encarnarnos en la realidad en la que vivimos. No podemos desconocer la cultura ni la realidad política, social y religiosa de la gente; desde ahí podemos dar una palabra de fe y de esperanza".El trabajo continuó con un acercamiento a las realidades juveniles y a la situación actual de los seminarios en Colombia. Allí, los participantes coincidieron en la necesidad de comprender mejor los cambios culturales que viven las nuevas generaciones y su incidencia en los procesos de formación.El padre Fabián Andrés Riveros Pérez, salesiano de Don Bosco e invitado a orientar esta reflexión, explicó que hoy los jóvenes llegan a los seminarios en un contexto profundamente distinto:"Después de la pandemia y en plena irrupción de la cultura digital, no solamente cambia el mundo; también van cambiando las personas. Eso es lo que queremos aportar a esta reflexión".Desde la experiencia de quienes acompañan diariamente estos procesos formativos, también surgieron llamados a fortalecer una formación más cercana a la realidad social.Fray Diego Orlando Serna Salazar, formador de los Frailes Dominicos, señaló que los jóvenes "no son indiferentes a la realidad social del país" y que la formación debe ayudarles a estar más conectados con los contextos sociales, económicos y políticos donde ejercerán su ministerio.En ese mismo sentido, la psicóloga y formadora Ximena Ferreira destacó la importancia de incorporar diversas miradas al proceso formativo:"Los jóvenes que llegan hoy a nuestros seminarios vienen con una realidad distinta. Como laicos y formadores, queremos aportar a esa reflexión para poner en el centro al joven y comprender cómo llega hoy al seminario".La presencia de seminaristas también enriqueció el discernimiento de la jornada. Félix Novoa, seminarista de la Arquidiócesis de Cartagena, valoró la importancia de poder participar en esta reflexión con los obispos y afirmó que hacerlo, le permite comprender mejor el papel evangelizador de la Iglesia en los distintos territorios y reafirmó que la formación debe preparar sacerdotes que sean "gestores de paz, de amor y de reconciliación en una sociedad tan polarizada".Las conclusiones de estos primeros espacios de diálogo servirán como base para las reflexiones que continuarán durante la semana y para el mensaje final que los obispos entregarán al concluir la CXXI Asamblea Plenaria.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través del informativo ‘Así va la Asamblea’:

Lun 6 Jul 2026

Obispos de Colombia inician su CXXI Asamblea Plenaria con un llamado a renovar la formación sacerdotal y fortalecer la esperanza

En la apertura de la CXXI Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, invitó a fortalecer la comunión episcopal, renovar la formación inicial al presbiterado desde una perspectiva sinodal y reafirmar el compromiso de la Iglesia con la cultura del cuidado, la reconciliación y la esperanza para el país.La renovación de la formación de los futuros sacerdotes, el fortalecimiento de la comunión entre los obispos y el compromiso permanente de la Iglesia con la reconciliación, la cultura del cuidado y la esperanza para Colombia marcaron el mensaje con el que el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C instaló la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano.Ante los obispos reunidos en Bogotá, el también Arzobispo de Cartagena recordó que este encuentro constituye un tiempo privilegiado de oración, discernimiento y escucha, en el que los pastores están llamados a reconocer la acción del Espíritu Santo para responder, con fidelidad y creatividad, a los desafíos de la evangelización en el contexto actual.En sintonía con el tema central de la Asamblea —"La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera"—, monseñor Múnera señaló que la reflexión sobre la formación sacerdotal representa una prioridad para la vida de la Iglesia, pues de ella depende, en buena medida, la capacidad de seguir anunciando el Evangelio y acompañando a las comunidades en medio de las realidades que vive el país."Seguimos caminando en esperanza por una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa".Una Iglesia que forma para la misiónUno de los ejes centrales del mensaje fue la necesidad de fortalecer la formación inicial al presbiterado como un proceso integral que prepare sacerdotes capaces de escuchar, discernir, servir y caminar junto al Pueblo de Dios.El presidente de la CEC recordó que la Asamblea dedicará buena parte de sus trabajos a profundizar en la actualización de la Ratio Nationalis, documento que orienta la formación sacerdotal en Colombia, acogiendo las orientaciones del camino sinodal promovido por la Iglesia universal y respondiendo a los desafíos pastorales del contexto colombiano.En este sentido, subrayó que la renovación eclesial pasa necesariamente por la formación de pastores con profunda madurez humana y espiritual, capaces de vivir el ministerio desde la cercanía, la corresponsabilidad y el servicio."La anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes".Una comunión que comienza por los obisposAl iniciar la Asamblea, monseñor Francisco Javier Múnera invitó también a los obispos a vivir estos días como una experiencia de auténtica fraternidad episcopal. Inspirado en el pasaje evangélico en el que Jesús llama, envía y escucha a los Doce, recordó que el ministerio episcopal encuentra su fuerza en la comunión y en la capacidad de discernir juntos la voluntad de Dios para la Iglesia."Llamó a los Doce, los envió y los escuchó".Más que un espacio de deliberación, explicó, la Asamblea es una oportunidad para compartir las alegrías, preocupaciones y desafíos de las Iglesias particulares, fortaleciendo la unidad que sostiene la misión evangelizadora.Una Iglesia que cuida y aprende de sus heridasDurante su intervención, el presidente de la Conferencia Episcopal reafirmó el compromiso de la Iglesia colombiana con la consolidación de una verdadera cultura del cuidado.Al acoger las orientaciones del reciente magisterio pontificio, insistió en la necesidad de promover comunidades cada vez más transparentes, corresponsables y seguras, fortaleciendo los procesos de prevención, atención y acompañamiento a las víctimas de abusos.En este contexto, invitó a asumir con decisión una actitud de conversión permanente que permita seguir construyendo ambientes donde prevalezcan la confianza, el respeto por la dignidad humana y el cuidado de las personas más vulnerables.Retomando una expresión del papa León XIV, afirmó:"Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos".Un mensaje de esperanza para ColombiaLa parte final de la intervención estuvo dirigida a la realidad nacional. Monseñor Múnera recordó que la misión de la Iglesia no puede desvincularse de las alegrías y sufrimientos del pueblo colombiano. Por ello, animó a los obispos a seguir siendo promotores de reconciliación, diálogo, desarrollo humano integral y construcción de paz, especialmente en un momento que exige fortalecer la confianza, el respeto por las instituciones y el compromiso con el bien común.A la luz del reciente mensaje del papa León XIV a los obispos colombianos, reiteró que la esperanza cristiana debe traducirse en acciones concretas que contribuyan a sanar las heridas de la sociedad y a fortalecer la fraternidad entre los colombianos.Con ese horizonte, concluyó recordando que construir una sociedad más justa y reconciliada es una tarea compartida, en la que la Iglesia quiere seguir ofreciendo su aporte desde el Evangelio y el servicio a todas las personas."Buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utopía, sino una posibilidad real".Con este llamado, el presidente de la Conferencia Episcopal dejó oficialmente instalada la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, invitando a los obispos a vivir estos días con apertura al Espíritu Santo, conscientes de que el discernimiento compartido y la comunión eclesial son el camino para seguir formando pastores según el corazón de Cristo y fortalecer la misión de la Iglesia al servicio de Colombia.

Vie 3 Jul 2026

Obispos de Colombia centrarán su CXXI Asamblea Plenaria en la formación de los sacerdotes

La misión de anunciar el Evangelio en medio de una sociedad cambiante plantea hoy una pregunta de fondo para la Iglesia: ¿cómo formar sacerdotes capaces de escuchar, discernir, acompañar y caminar junto al Pueblo de Dios? Esa será la reflexión que orientará la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, que reunirá, entre el 6 y el 10 de julio a más de 90 obispos en Bogotá para profundizar en la formación inicial al presbiterado desde una perspectiva sinodal y misionera.Inspirada en el lema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera", esta segunda asamblea del año tendrá como eje central el estudio y la actualización de los procesos formativos de los futuros sacerdotes, a la luz del camino sinodal que vive la Iglesia universal y de las realidades pastorales que interpelan hoy a la Iglesia en Colombia.De manera especial, los obispos compartirán en esta CXXI Asamblea con 32 invitados especiales provenientes de diferentes regiones del país, todos protagonistas en los procesos de formación. Entre ellos, rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL). Esta será una apuesta por fortalecer la comunión eclesial y enriquecer, desde la escucha mutua, la preparación de quienes serán los futuros pastores de las comunidades.¿Por qué hablar hoy de la formación sacerdotal?La Iglesia Católica en Colombia entiende que la formación de un sacerdote comienza mucho antes de su ordenación. Es un proceso integral que busca fortalecer su dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral para prepararlo al servicio del Pueblo de Dios. Sin embargo, los profundos cambios sociales, culturales y eclesiales de las últimas décadas plantean nuevos desafíos para ese proceso.Las transformaciones en las dinámicas familiares, el crecimiento de las culturas digitales, las nuevas formas de participación de los jóvenes, el llamado permanente al cuidado de las personas más vulnerables y la necesidad de consolidar comunidades más corresponsables invitan a la Iglesia a revisar continuamente la manera como acompaña el discernimiento y la formación de quienes se preparan para el ministerio sacerdotal.Por ello, la CXXI Asamblea Plenaria centrará su reflexión en la implementación de la Ratio Nationalis para Colombia, documento que orienta la formación inicial al presbiterado y que ahora se fortalecerá desde las orientaciones del Sínodo sobre la Sinodalidad y el magisterio reciente de la Iglesia.Una formación con mirada sinodal y misioneraEl tema elegido para esta Asamblea expresa una convicción compartida por los obispos: la renovación de la Iglesia pasa, en buena medida, por la formación de sacerdotes capaces de vivir su ministerio desde la cercanía, la escucha, el discernimiento comunitario y el anuncio misionero del Evangelio.En ese horizonte, la reflexión buscará fortalecer los procesos de formación inicial para que respondan a las realidades del país y favorezcan el surgimiento de pastores que acompañen a las comunidades con espíritu de servicio, promuevan la comunión y animen una Iglesia cada vez más participativa y cercana.La perspectiva sinodal que inspira el trabajo de la Asamblea invita precisamente a comprender que la formación sacerdotal no es una tarea aislada de los seminarios, sino una responsabilidad compartida por toda la comunidad eclesial, donde obispos, sacerdotes, consagrados y laicos contribuyen, desde sus propios carismas y vocaciones, al crecimiento de la misión de la Iglesia.Una reflexión construida desde la escuchaEn coherencia con el tema central, la metodología de la Asamblea privilegiará el diálogo y el discernimiento comunitario.Las jornadas incluirán momentos de oración, celebración eucarística, ponencias, paneles, conversatorios, trabajo en grupos mixtos y encuentros por regiones y provincias eclesiásticas, propiciando el intercambio de experiencias entre obispos, formadores, seminaristas y demás participantes.Más que revisar un documento, el propósito será escuchar distintas voces, reconocer experiencias significativas y construir conjuntamente criterios que fortalezcan la formación sacerdotal en Colombia, respondiendo a los desafíos pastorales del presente y del futuro.Formar pastores para servir a la Iglesia y a ColombiaAunque la reflexión de la CXII Asamblea se centrará en la formación inicial al presbiterado, sus frutos trascienden la vida de los seminarios.La Iglesia entiende que la calidad de la formación de sus futuros sacerdotes influye directamente en la vida de las comunidades que acompañarán. De ella depende, en gran medida, la capacidad de anunciar el Evangelio con credibilidad, caminar junto a las familias, acompañar a los jóvenes, promover la reconciliación, fortalecer la cultura del cuidado y responder con cercanía a quienes experimentan el sufrimiento o la exclusión.Con esta nueva Asamblea Plenaria, los obispos de Colombia buscarán renovar su compromiso de seguir fortaleciendo una formación sacerdotal integral que responda a los desafíos del tiempo presente y prepare pastores capaces de caminar con el Pueblo de Dios, anunciar el Evangelio con esperanza y servir, desde la comunión y la misión, a la construcción de una sociedad más fraterna y solidaria.Vea a continuación la primera emisión del informativo del episcopado colombiano, en el marco de esta CXXI Asamblea Plenaria:

Jue 2 Jul 2026

El respeto por la vida humana, en el corazón de la intención de oración del Papa León XIV

En su intención de oración para julio de 2026, el Santo Padre invita a reconocer que toda persona, desde el primer instante de su existencia hasta su muerte natural, posee una dignidad inviolable. Su mensaje propone pasar de la oración a gestos concretos que protejan, acompañen y valoren cada vida humana.En un tiempo marcado por múltiples formas de violencia, exclusión e indiferencia frente al sufrimiento humano, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a volver la mirada hacia aquello que sostiene toda convivencia auténticamente humana: el respeto incondicional por la vida.Esta es la intención de oración que el Santo Padre confía a los fieles durante el mes de julio, a través de la iniciativa Reza con el Papa, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa. En ella propone una oración que recuerda que cada persona es "un don sagrado que refleja tu rostro", llamado a ser acogido, protegido y amado durante toda su existencia.Más que una reflexión sobre un tema específico, la intención de este mes constituye una invitación a renovar la manera de mirar a los demás, especialmente a quienes experimentan mayor fragilidad.Toda vida posee un valor único e irrepetibleEn la oración, el Pontífice se dirige al "Señor de la vida" para agradecer el don recibido y pedir la gracia de reconocer "el valor único e irrepetible de cada ser humano".Desde esa certeza, pide aprender a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz.La plegaria también se convierte en un examen de conciencia cuando reconoce las veces en que la indiferencia o la cultura del descarte impiden descubrir en el otro a una persona digna de amor."Perdónanos, Señor, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor", reza el Papa.Una oración que interpela la realidadLa intención de julio adquiere especial significado en un contexto donde millones de personas continúan viendo amenazada su dignidad por diversas formas de violencia, pobreza, abandono, discriminación y descarte.El Papa recuerda que el respeto por la vida no puede reducirse a una convicción teórica ni a una postura ética aislada. Implica reconocer el valor de cada persona en cualquier circunstancia, desde el inicio de su existencia hasta su muerte natural, especialmente cuando la fragilidad hace más necesario el cuidado de los demás.Su propuesta no nace de la confrontación, sino de una profunda conversión del corazón que permita construir una auténtica cultura del encuentro, donde nadie sea considerado descartable, inútil o sobrante.Una Iglesia que cuide y haga sentir a todos en casaEn uno de los momentos más significativos de la oración, León XIV pide que la Iglesia sea "un testimonio vivo del Evangelio de la vida", capaz de convertirse en un hogar donde toda existencia sea celebrada.Con esa petición, el Santo Padre recuerda que la misión de la comunidad cristiana no consiste únicamente en proclamar el valor de la vida, sino también en hacerlo visible mediante comunidades que acompañen, sostengan y acojan a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.La oración concluye con una súplica para que los creyentes aprendan a amar la vida "como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega", haciendo visible ese amor mediante palabras y gestos concretos.Rezar para transformar la realidadCada mes, millones de personas en todo el mundo se unen espiritualmente a las intenciones que el Papa confía a la Iglesia a través de la Red Mundial de Oración del Papa.La iniciativa Reza con el Papa busca que la oración no permanezca únicamente en el ámbito personal, sino que impulse compromisos concretos frente a los grandes desafíos de la humanidad y de la misión evangelizadora de la Iglesia.Vea a continuación el Video del Papa:

Mié 1 Jul 2026

Iglesia Católica en Colombia articula respuesta nacional para apoyar a las comunidades afectadas en Venezuela

"Tendamos nuestra mano solidaria a Venezuela". Tras este llamado de los obispos, la Iglesia Católica en Colombia puso en marcha una amplia movilización solidaria para acompañar a las comunidades afectadas por los terremotos ocurridos en el país vecino. La respuesta articula la convocatoria nacional liderada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana con las múltiples iniciativas que las jurisdicciones eclesiásticas desarrollan desde sus propios territorios para fortalecer la atención humanitaria que la Iglesia brinda en Venezuela.La tragedia provocada por los terremotos del pasado 24 de junio continúa dejando profundas consecuencias humanitarias en Venezuela. En respuesta a esta emergencia, la Iglesia Católica en Colombia activó una estrategia de solidaridad que integra esfuerzos nacionales y locales para canalizar el apoyo de los colombianos hacia las comunidades damnificadas, en estrecha coordinación con la Iglesia venezolana.Esta respuesta es liderada, a nivel nacional, por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, organismo de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), y se desarrolla en articulación con la Conferencia Episcopal Venezolana, Cáritas Venezuela y la red internacional Cáritas, para garantizar que las ayudas lleguen de manera organizada, transparente y oportuna a quienes más las necesitan.Una emergencia que sigue reclamando solidaridadDe acuerdo con el más reciente informe de situación de Cáritas Venezuela, las necesidades humanitarias continúan siendo críticas. La atención médica, el acceso a agua potable, alimentos, albergues temporales, kits de higiene, protección y acompañamiento psicosocial hacen parte de las prioridades para atender a las familias damnificadas. Desde las primeras horas posteriores a la emergencia, la Iglesia en Venezuela mantiene desplegada una amplia red de atención a través de Cáritas Venezuela, las diócesis, las parroquias y cientos de voluntarios presentes en las zonas afectadas, en coordinación con Cáritas Internationalis y otros organismos humanitarios.Una respuesta que se multiplica en todo el paísLa convocatoria nacional liderada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana se complementa con las múltiples iniciativas que las jurisdicciones eclesiásticas vienen impulsando desde sus propios territorios.En distintas regiones del país, arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos, a través de sus pastorales sociales, parroquias y comunidades, han organizado colectas, campañas de sensibilización, jornadas de oración y otras acciones solidarias para acompañar al pueblo venezolano.Cada Iglesia particular desarrolla estas iniciativas de acuerdo con su realidad pastoral y sus posibilidades, pero todas convergen en un mismo propósito: expresar la cercanía de la Iglesia en Colombia y fortalecer la respuesta humanitaria que la Iglesia en Venezuela brinda a las comunidades afectadas.Entre las iniciativas que ya se conocen públicamente se encuentran las promovidas por las diócesis de Cúcuta, Riohacha e Ipiales, jurisdicciones de frontera que, por su cercanía histórica con el pueblo venezolano, han sido de las primeras en convocar a sus comunidades a esta expresión de fraternidad. También las arquidiócesis de Medellín, Barranquilla, Cartagena, Nueva Pamplona y Cali, así como las diócesis de Palmira y San José del Guaviare, han puesto en marcha campañas propias de solidaridad. Estos son solo algunos ejemplos de la amplia movilización que las Iglesias particulares vienen desarrollando en diferentes regiones del país para responder a esta emergencia. La información específica de los centros de acopio y otras cuentas habilitadas puede ser consultada por los fieles a través de los perfiles de cada Iglesia particular en redes sociales.Iniciativas que ayudan a reencontrar familiasLa solidaridad también se expresa en acciones pastorales que buscan responder a otras consecuencias de la tragedia.La Pastoral Social de la Diócesis de Palmira, además de promover una colecta económica y el acopio de ayudas, acompaña a familias colombianas que han perdido comunicación con sus seres queridos en Venezuela. Como respuesta a esta necesidad, habilitó un boletín digital con información actualizada sobre personas hospitalizadas tras los terremotos, con el propósito de facilitar su ubicación y contribuir al reencuentro de las familias.Este boletín, que se actualiza permanentemente de acuerdo con la información médica disponible, puede consultarse aquí.Asimismo, quienes cuenten con información que pueda contribuir a la localización de alguno de los pacientes podrán compartirla a través de los canales habilitados por la Pastoral Social de la Diócesis de Palmira.Bancos de alimentos y aliados fortalecen la respuestaLa movilización también cuenta con el respaldo de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO) y de los bancos de alimentos diocesanos, que trabajan de manera coordinada con el Banco de Alimentos de Venezuela para fortalecer la atención a las comunidades damnificadas.A esta respuesta se suman alianzas establecidas por Cáritas Colombiana con Farmatodo, Redeban, Bancolombia, Mercado Libre (Mercado Pago), que amplían los canales de donación y facilitan que más personas puedan unirse a esta expresión de solidaridad.Canales nacionales para canalizar la solidaridadAdemás de las campañas promovidas por las jurisdicciones eclesiásticas desde sus propios territorios, la Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, habilitó una convocatoria nacional para que quienes deseen canalizar sus aportes mediante esta red de la Iglesia puedan hacerlo de manera segura, transparente y articulada con la respuesta humanitaria que se desarrolla en Venezuela.Siguiendo recomendaciones recientes de Cáritas Venezuela, se invita a priorizar las donaciones económicas, pues las condiciones logísticas y los procesos aduaneros hacen que este sea, en la etapa actual de la emergencia, el mecanismo más eficaz para atender las necesidades de las comunidades afectadas.Las personas que deseen canalizar sus aportes económicos a través de del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana pueden hacerlo consignando en la siguiente cuenta bancaria:Banco de Bogotá- Cuenta de ahorros No. 081789224Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3También podrán realizar sus donaciones a través del micrositio: https://donar.caritascolombiana.orgGracias al trabajo articulado entre Cáritas Colombiana, Cáritas Venezuela y la red internacional Cáritas, estos recursos fortalecerán la atención que la Iglesia ya brinda en las zonas afectadas, respondiendo de manera organizada y transparente a las necesidades más urgentes identificadas en el territorio.Claves de esta movilización- La Conferencia Episcopal de Colombia, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, coordina una convocatoria nacional para canalizar ayudas hacia Venezuela.- Las jurisdicciones eclesiásticas desarrollan, de manera autónoma y complementaria, campañas propias de solidaridad en distintas regiones del país.- La Iglesia en Venezuela, por medio de Cáritas Venezuela, las diócesis y las parroquias, lidera la atención humanitaria en los territorios afectados.- Las donaciones económicas son la forma más efectiva de apoyar la emergencia en esta etapa, de acuerdo con la recomendación de Cáritas Venezuela.- Toda la ayuda canalizada por la Iglesia fortalece una respuesta humanitaria articulada, transparente y basada en las necesidades identificadas en el terreno.Una solidaridad que se transforma en esperanzaEsta movilización nace, especialmente, del llamado que los obispos colombianos hicieron al pueblo colombiano para acompañar a los hermanos venezolanos con gestos concretos de fraternidad."Invitamos a los fieles católicos, a las comunidades eclesiales y a todas las personas de buena voluntad a manifestar su solidaridad mediante una respuesta generosa, organizada y oportuna, que contribuya a atender las necesidades de quienes han sido golpeados por esta emergencia".Como expresan los obispos en su mensaje, esta respuesta busca que Colombia siga caminando junto a Venezuela "en la fe y la esperanza, tendiendo nuestra mano solidaria para acompañar su dolor y contribuir a la reconstrucción de aquello que ha sido afectado".Así, la solidaridad se convierte en un signo concreto de comunión entre dos pueblos hermanos y en una expresión viva del compromiso de la Iglesia con quienes hoy atraviesan el sufrimiento y la esperanza de la reconstrucción.

Lun 29 Jun 2026

El Papa León XIV nombra a monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de Yopal

La Santa Sede ha dado a conocer el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como nuevo obispo de la Diócesis de Yopal.Monseñor Sanabria Arias se desempeñaba como vicario apostólico de San Andrés y Providencia. Con esta designación, se convierte en el tercer obispo de la Iglesia particular de Yopal.Monseñor Sanabria Arias sucede a monseñor Edgar Aristizábal Quintero, quien fue nombrado obispo de Duitama-Sogamoso en mayo de 2024. Desde entonces, la Diócesis de Yopal permanecía en sede vacante y estaba bajo la administración pastoral del presbítero Jeison Andrey Salguero Roa, elegido Administrador Diocesano por el Colegio de Consultores el 25 de julio de 2024.De la Isla a los LlanosDesde 2016, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ha estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, circunscripción eclesiástica directamente sujeta a la Santa Sede que comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Su sede se encuentra en la ciudad de San Andrés.Fue nombrado vicario apostólico de esta jurisdicción por el Papa Francisco el 16 de abril de 2016. Recibió la ordenación episcopal el 22 de mayo del mismo año y tomó posesión canónica del Vicariato el 25 de junio de 2016.Con el nombramiento realizado por el Papa León XIV, concluye una década de servicio episcopal en el archipiélago y asume ahora la conducción pastoral de la Iglesia particular de Yopal, en el departamento de Casanare.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de YopalMonseñor Jaime Uriel Sanabria Arias nació el 17 de abril de 1970 en el municipio de Ciénega, Boyacá, perteneciente a la Arquidiócesis de Tunja. Es hijo de José del Carmen Sanabria y Rosalbina Arias Soler.Realizó sus estudios básicos en el Colegio José Cayetano Vásquez de su municipio natal. Posteriormente ingresó al Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Tunja, donde cursó los estudios de Filosofía y Teología.Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1994 para la Arquidiócesis de Tunja. Además, realizó estudios de Pastoral con el Movimiento para un Mundo Mejor y el Plan de Renovación y Evangelización Diocesana.Durante su ministerio sacerdotal desempeñó, entre otros, los siguientes servicios pastorales:-Vicario parroquial en Ciénega, Boyacá (1994-1999).-Párroco de San Antonio de Ventaquemada (1999-2007).-Vicario Episcopal para la Acción Pastoral de la Arquidiócesis de Tunja (2008-2016).La Diócesis de YopalLa Diócesis de Yopal tiene sus orígenes en el antiguo Vicariato Apostólico del Casanare, territorio de misión que acompañó durante décadas la evangelización de esta región de los Llanos Orientales. Comprende los municipios de Sácama, Pore, Nunchía, Yopal, Pajarito, Recetor, Aguazul, Chámeza, Monterrey, Sabanalarga y Villanueva, así como parte de los municipios de Hato Corozal, Paz de Ariporo, Tauramena y el corregimiento de Morcote.Fue erigida en 2001 por san Juan Pablo II, quien nombró ese mismo año como su primer obispo a monseñor Misael Vacca Ramírez. Posteriormente, entre 2017 y 2024, la jurisdicción fue pastoreada por monseñor Edgar Aristizábal Quintero.La patrona de esta Iglesia particular es Nuestra Señora de los Dolores de Manare, cuya devoción ha acompañado históricamente la vida de fe de ese pueblo casanareño, que ahora iniciará una nueva etapa pastoral con el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias.

Vie 26 Jun 2026

Cardenal Luis José Rueda moderó la primera sesión del Consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV

Con la participación de 178 cardenales provenientes de distintos continentes, inició este viernes 26 de junio el Consistorio extraordinario convocado por el papa León XIV, un encuentro que reúne durante dos días al Colegio Cardenalicio para reflexionar sobre algunos de los principales desafíos que enfrenta la Iglesia en el contexto actual y sobre los caminos para fortalecer su misión evangelizadora.Entre los participantes se encuentra el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, quien tuvo una participación destacada en la apertura de los trabajos de esta asamblea eclesial.El Consistorio, que se desarrolla los días 26 y 27 de junio en el Vaticano, aborda cuatro grandes temas: el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo; la cultura del poder y la civilización del amor; la construcción del bien común; y la implementación del camino sinodal de la Iglesia.Un espacio de discernimiento para la misión de la IglesiaLa jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, presidida por el Santo Padre. Durante su homilía, el papa León XIV invitó a los cardenales a vivir estos días de reflexión permaneciendo unidos a Cristo y orientando su discernimiento desde la fe, la unidad y la escucha del Evangelio.El Papa propuso tres claves para el trabajo del Consistorio: compartir en la fe la verdadera libertad, pedir el don de la paz en la unidad y vivir la concordia en la obediencia a la Palabra de Dios.En ese contexto, reiteró su llamado a la construcción de la paz y afirmó que “la guerra nunca es digna del hombre y nunca será bendecida por Dios”, recordando que la humanidad está llamada a resolver sus conflictos mediante caminos de diálogo y reconciliación.Posteriormente, durante la sesión inaugural en el Aula Pablo VI, el Pontífice pidió a los cardenales acompañarlo con un apoyo “firme, explícito y público”, subrayando que la misión evangelizadora constituye la razón de ser de la Iglesia y el criterio fundamental para todo discernimiento eclesial.“Necesito su experiencia, su sabiduría pastoral y su conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que les han sido confiados”, expresó el Santo Padre.El cardenal Luis José Rueda moderó la primera sesión de trabajoEl cardenal Luis José Rueda Aparicio tuvo la responsabilidad de moderar la primera sesión del Consistorio extraordinario.Tras el canto del Veni Creator Spiritus, el purpurado colombiano dio inicio a los trabajos de la asamblea y cedió la palabra al cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, para su saludo de apertura. Posteriormente intervino el papa León XIV con su discurso introductorio.Al concluir la intervención del Santo Padre, el cardenal Rueda destacó la petición de apoyo formulada por el Papa al Colegio Cardenalicio y manifestó su respaldo con fe, alegría y disponibilidad. Posteriormente, presentó el tema de reflexión de la primera sesión: “¿En qué mundo estamos llamados a anunciar el Evangelio?”Su participación en la conducción de esta sesión refleja la presencia activa de la Iglesia colombiana en uno de los espacios de reflexión y discernimiento más significativos de la Iglesia universal.Las preocupaciones y esperanzas que compartieron los cardenalesDurante la primera sesión, los cardenales reflexionaron sobre las realidades que hoy afectan a los pueblos y a las comunidades eclesiales en distintos lugares del mundo.Entre los principales desafíos identificados se mencionaron las crecientes polarizaciones sociales y políticas, los conflictos armados, la violencia, la falta de respeto hacia las minorías, la crisis de la familia, el individualismo, la soledad de jóvenes y adultos mayores, las migraciones, la corrupción, el narcotráfico y la pérdida de referentes espirituales y trascendentes.También se abordaron la desconfianza hacia las instituciones, las dificultades para la convivencia social y los efectos de la desinformación en la construcción del tejido comunitario.Frente a estas realidades, los grupos de trabajo coincidieron en la necesidad de que la Iglesia se manifieste cada vez más como una madre cercana y acogedora, capaz de acompañar el sufrimiento humano, promover la reconciliación, fortalecer la esperanza y contribuir a la construcción de la paz y del bien común.Los cardenales destacaron además la responsabilidad de la Iglesia de seguir defendiendo la dignidad humana, promoviendo la solidaridad y ofreciendo espacios de encuentro en medio de un mundo marcado por múltiples fracturas sociales y culturales.Un camino de reflexión que continúaLas sesiones previstas para este sábado 27 de junio profundizarán en la reflexión sobre la cultura del poder y la civilización del amor, la construcción del bien común y los desafíos relacionados con la implementación del proceso sinodal que vive actualmente la Iglesia.El encuentro concluirá con un diálogo entre los cardenales y el papa León XIV, quien ha insistido en que la sinodalidad constituye una actitud de escucha, discernimiento y corresponsabilidad para afrontar los desafíos de la misión evangelizadora.La participación del cardenal Luis José Rueda Aparicio en este Consistorio pone de manifiesto la contribución de la Iglesia en Colombia a la reflexión común de la Iglesia universal sobre los desafíos pastorales, sociales y culturales del tiempo presente.Los trabajos del Consistorio se enmarcan además en la preparación de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, que será celebrada el próximo 29 de junio en la Basílica de San Pedro.

Vie 26 Jun 2026

54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro compartieron fe, servicio y escucha con comunidades del Vaupés

La Misión Diocesana Sinodal 2026 reunió a sacerdotes, religiosas y laicos de la Diócesis de Sonsón-Rionegro con comunidades amazónicas del Vicariato Apostólico de Mitú, en una experiencia que fortaleció la comunión entre Iglesias hermanas y renovó el compromiso misionero de la Iglesia en Colombia.Entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cincuenta y cuatro misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro viajaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú, en el departamento del Vaupés, para vivir una intensa experiencia de evangelización, encuentro y servicio junto a las comunidades indígenas y amazónicas de esta región del país.La iniciativa hizo parte de la Misión Diocesana Sinodal, una de las expresiones concretas del actual Plan Diocesano de Pastoral de la diócesis antioqueña, y se desarrolló en el marco del proceso de hermanamiento misionero que la Iglesia en Colombia viene promoviendo entre distintas jurisdicciones eclesiásticas para fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y la cooperación evangelizadora.Los participantes —sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales— fueron distribuidos en doce comunidades pertenecientes a la Parroquia Catedral María Inmaculada, la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, la Parroquia San Pablo Apóstol y la Cuasiparroquia Santa Laura Montoya.Durante una semana realizaron visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y diversas actividades de animación misionera.Sin embargo, para quienes participaron, el principal fruto de la experiencia fue mucho más allá de las acciones pastorales desarrolladas.Un encuentro que transformó a todosLa misión permitió el encuentro entre dos Iglesias particulares con realidades distintas, pero unidas por una misma fe y una misma vocación evangelizadora.Los misioneros llegaron al Vaupés con el propósito de anunciar el Evangelio, pero también con la disposición de escuchar, aprender y compartir la vida de las comunidades. A su vez, los pueblos amazónicos abrieron las puertas de sus hogares y de sus tradiciones, ofreciendo el testimonio de una fe vivida en medio de grandes desafíos geográficos, sociales y pastorales.Las comunidades compartieron con los visitantes su profundo sentido comunitario, su capacidad de resiliencia, el respeto por la memoria de los mayores y una relación armónica con la creación que forma parte esencial de su identidad cultural y espiritual.Este intercambio de experiencias se convirtió en una auténtica vivencia de sinodalidad, donde el caminar juntos se expresó en la escucha mutua, el respeto por la diversidad y el reconocimiento de los dones presentes en cada comunidad.El Vicariato Apostólico de Mitú: una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoLa experiencia permitió a los misioneros acercarse a una de las realidades eclesiales más singulares del país.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el corazón de la Amazonía colombiana y acompaña pastoralmente a comunidades distribuidas a lo largo de extensos territorios atravesados por selvas, ríos y grandes distancias. En esta región habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones y formas ancestrales de organización comunitaria.La presencia de la Iglesia en el territorio es fruto de más de un siglo de labor misionera iniciada por los Misioneros Montfortianos en 1914 y continuada posteriormente por los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes han contribuido al anuncio del Evangelio, la promoción humana, la educación y el acompañamiento de los pueblos amazónicos.Actualmente, el vicariato es pastoreado por monseñor Medardo de Jesús Henao del Río, quien impulsa una Iglesia cercana a las comunidades indígenas, comprometida con el diálogo intercultural, la evangelización y el cuidado de la casa común.A pesar de la riqueza humana y espiritual de este territorio, persisten importantes desafíos relacionados con las grandes distancias, las limitaciones de conectividad, la escasez de agentes pastorales y diversas situaciones de vulnerabilidad que afectan especialmente a las comunidades más apartadas.Una misión nacida del hermanamiento entre IglesiasLa presencia de los misioneros de Sonsón-Rionegro es fruto de un proceso más amplio de cooperación eclesial que la Iglesia colombiana ha venido fortaleciendo durante los últimos años.El programa de hermanamiento misionero entre jurisdicciones eclesiásticas busca compartir recursos humanos, experiencias pastorales y apoyo solidario entre diócesis, vicariatos apostólicos y otras circunscripciones eclesiásticas del país.En este contexto, la relación entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se ha consolidado como una experiencia significativa de comunión y corresponsabilidad evangelizadora.La misión de este año también refleja el espíritu del actual plan pastoral de la diócesis antioqueña, orientado por el lema “Por una Diócesis Sinodal: Comunión, Participación y Misión”, que promueve una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asumen conjuntamente la tarea de anunciar el Evangelio.Una escuela de sinodalidad y esperanzaLas condiciones propias del territorio amazónico se convirtieron también en parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones logísticas y la sencillez de la vida cotidiana permitieron a los participantes descubrir nuevas formas de vivir la misión desde la cercanía y la fraternidad.Muchos de los misioneros coincidieron en señalar que la Amazonía no solo recibe evangelizadores, sino que también los forma. Allí aprendieron que la misión comienza escuchando, que la presencia vale tanto como las palabras y que las periferias tienen mucho que aportar a toda la Iglesia.La experiencia confirmó además el protagonismo de los laicos en la tarea evangelizadora. Personas de distintas edades, procedentes de movimientos, comunidades y parroquias, asumieron con generosidad el llamado misionero, evidenciando que la misión es responsabilidad de todo el Pueblo de Dios.Un signo para la Iglesia en ColombiaLa Misión Diocesana Sinodal 2026 representa un testimonio concreto de la Iglesia que promueve hoy el magisterio eclesial: una Iglesia cercana, misionera, participativa y capaz de construir puentes entre comunidades diversas.Más que una actividad concreta, la experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se presenta como un signo de esperanza para la Iglesia colombiana, mostrando que la comunión se fortalece cuando las Iglesias particulares comparten sus dones, caminan juntas y se comprometen con quienes enfrentan mayores desafíos evangelizadores.