SISTEMA INFORMATIVO
Jesús es el alimento, el perdón y el verdadero camino a seguir
Tags: Liturgia predicación orante
- Primera lectura: Pr 9,1-6
- Salmo Sal 34(33),2-3.10-11.12-13.14-15(R. cf. 9a)
- Segunda lectura: Ef 5,15-20
- Evangelio: Jn 6,51-58
Introducción
Existe, en nuestra cultura y en las sociedades de hoy, un hecho que nos puede introducir a la comprensión del Evangelio de este domingo, y son las encuestas y el sondeo de las opiniones. Se practica un poco por todas partes, pero sobre todo en el ámbito político y comercial. También ante la predicación del Señor Jesús aparece un sondeo de diversas opiniones, con fines educativos y de exhortaciones: estaban entre los que lo oían personas que lo aceptaban y otros que les costaba entenderlo en su discurso del Pan de Vida.
En los Proverbios el Señor nos llama a ser sensatos, sabios e inteligentes para que gustemos de su bondadosa presencia. Invitación que nos repite el salmo 33: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! Igual San Pablo, en su carta a los Efesios, nos recuerda que debemos ser agradecidos y estar atentos para descubrir cuál es la voluntad de Dios y a ser dóciles a su Espíritu que nos conduce por el camino del bien y nos advierte cómo rechazar el mal.
Continúa el Señor Jesús el discurso del Pan de Vida y ahora enfatiza que se nos da como pan vivo, su “carne entregada para que el mundo tenga vida.”-cordero-; en lugar del maná, comida que sostuvo temporalmente al pueblo en el desierto.
¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Nuestro Dios, por su inmenso amor y misericordia, nunca nos abandona, sino que nos cuida siempre y nos da lo que más necesitamos: la vida presente y el alimento para sostenerla; la sabiduría, la inteligencia y la luz del Espíritu que nos permite descubrir su voluntad.
Al Señor Jesús, lo celebramos en la Eucaristía, memorial de su entrega, y lo vivimos día a día en la comunión con los otros y con preferencia en la vida fraterna y solidaria cuando compartimos el pan y el amor.
¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
La Sagrada Escritura me dice que el pueblo de Dios se vio liberado de la esclavitud del Faraón en Egipto gracias a la sangre y a la carne del cordero que les salvó la vida y les dio fuerzas para iniciar por el desierto el camino de la libertad.
El acontecimiento del éxodo dio al pueblo de Dios una vida y libertad limitadas. Ahora el Señor Jesús se hace presente como el liberador y salvador definitivo, por eso se me presenta como el nuevo cordero que da su carne como alimento y su sangre como bebida salvadora para que todo el que lo reciba y tenga vida en plenitud, vida eterna: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.”
El Señor Jesús es el pan que me sostiene en el diario caminar, me comunica la paz y me fortalece en las debilidades y carencias cotidianas. Me motiva a trascender y mirar más allá, a nunca desanimarme en medio de la lucha y a rechazar toda situación de desánimo o depresión, de relativismo e indiferencia donde da igual vivir que morir. Cristo me anima a unirme a Él e imitarlo, a escucharlo y recibirlo porque es Él quien sostiene mi vida histórica y me garantiza vida eterna.
En la medida que cada uno recibamos al Señor Jesús y dejemos que se haga vida en nuestra vida, viviremos la alegría de construir comunidades de fe, paz y amor. Cristo nos capacita para esta misión, pues Él mismo nos ha: «Yo soy el pan de la vida… El que cree tiene vida eterna».
¿Qué me sugiere la Palabra que debo decirle a la comunidad?
El Señor Jesús al hacernos parte de su cuerpo y de su sangre salvadora anima nuestra vida, tanto para el tiempo presente, como para el futuro. Por tanto, también Él se hace parte de mis preocupaciones, alegrías y esperanzas, de mis problemas, luchas y logros, a la vez que su voz ilumina toda la realidad de mi historia. Él es el alimento, el perdón y el verdadero camino a seguir.
Él es también la voz que nos mueve a rechazar la violencia, el engaño, el aborto y todos los males que atentan contra la vida humana y la casa común, voz de salvación “que debe llegar con fuerza al corazón del hombre para interpelar su libertad, invitándolo a un éxodo permanente desde la propia autoreferencialidad, hacia la comunión con Dios y con los demás hermanos”, como nos lo recuerda el papa Francisco en su vista a Colombia (Encuentro con el Comité Directivo del CELAM, jueves 7 de septiembre de 2017).
La violencia es inhumana y todas las actitudes que van contra la persona y la naturaleza nunca construyen y por tanto en nada pueden ser aprobadas por la Iglesia. Al destruir, destruyen el amor, la paz, la fraternidad y, sobre todo, las esperanzas de luchar y mejorar, mientras que la Iglesia debe seguir invitando al bien y predicando los valores del Reino, paz y justicia, vida y verdad, amor y libertad…, sin condenar a nadie.
Se puede, aquí, hacer alusión a algunas expresiones de Monseñor Oscar Romero, quien decía:
“Cuando se construye así la historia -qué hermoso- coincide con la historia de la salvación; hay paz. Pero esto es muy profundo y no todos lo comprenden, y por eso, dice Cristo, que lo que va a surgir inmediatamente ante esta doctrina es la crítica y la división… una de las cartas más bonitas que llegan en esta semana es aquella que dice: "Lo que más me admira de la Iglesia de estos días es que, a pesar de haber sufrido tantos atropellos y hasta asesinatos, nunca se le ha oído una palabra de odio ni de venganza, sino siempre una palabra de amor y de conversión". ¡Qué bien captan las almas humildes las intenciones de la Iglesia! Y yo me alegro de que así se sienta, mientras que otros siguen tercos en acusar a la Iglesia de violenta y que es causa de los males. Los que escuchan sin perjuicios, sin intereses egoístas, escuchan el verdadero lenguaje de la Iglesia: No a la violencia; un llamamiento a la conversión de los pecadores, como dije aquí el día de las exequias del Padre Grande, "¿Quién sabe si los asesinos de esta víctima me están escuchando por radio? Sepan que no los odiamos, que pedimos a Dios que se arrepientan" y vengan con nosotros un día a recibir el pan que Dios da con un beso de amor, aun a los pecadores, aun a los asesinos. Qué alegría sentiría la Iglesia el día en que todos los que han escrito o pagado escritos o usado armas, a humillar pueblos, o torturando gente con un sentido tan brutal de la vida, se convirtieran, vieran que eso no puede ser y volvieran arrepentidos a pedirle perdón a Dios, que todavía los está esperando. Desde luego que Dios les da vida a los pecadores; es porque está esperando. Ojalá, queridos amigos que me están escuchando (tal vez humillados de lo que han hecho, porque la violencia nunca es un orgullo, y el que golpea a otro hombre siempre siente la vergüenza; él está más humillado que el mismo golpeado) sientan de veras que eso es vergonzoso, sobre todo en un país que se llama civilizado y que si de veras le queremos dar un rostro bello a nuestra patria, lavémosla en la conciencia íntima sobre todo de los que son culpables, causantes, patrocinadores, tolerantes, alcahuetes, de esta situación de muerte que no puede seguir” (Homilía, 14 de agosto de 1977).
¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
El Señor Jesús al dar su vida, comunicó la vida a la humanidad y a todo el mundo y la sigue comunicando. Hoy al hablarme me anima y me fortalece, me pide aceptarlo y recibirlo para tornarse uno conmigo y hacer que le encuentre sentido a mi vida. Su voz de ánimo y fuerza me comunica su vida abundante, vida que sólo Dios da en el tiempo presente y que, al encontrarle gusto a mi vida, al experimentar la libertad y el deseo de ser feliz en plenitud, me lleva a compartir y servir a los demás, y, al mismo tiempo a querer resucitar el último día, ir más allá de la historia: llegar a mi realización humana, a mi felicidad y vida en plenitud.
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DÉCIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANARIO14 junio 2026Primera lectura: Éx 19,2-6aSalmo: Sal 100(99),1-2.3.5(R.3c)Segunda lectura:Rm 5,6-11Evangelio: Mt 9,36–10,8I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónAmar, formar y enviar son tres verbos que describen la relación entre Dios y el ser humano en la liturgia de la Palabra. La iniciativa del Señor, al revelarse a la humanidad, se fundamenta en un amor que se convierte en proyecto, el cual propone un camino e implica una respuesta personal y comunitaria, anclada en la fe y en la fidelidad. Tal proyecto de amor recibe el nombre de “Alianza”, el modo como Dios decide acercarse sin imposiciones, sino desde la libertad, para hacer una invitación en la cual encontramos plenitud y vida nueva. Vivir la Alianza como un proyecto de vida que corresponde al amor del Señor implica formar el corazón, es decir, disponer la vida para que la Palabra nos moldee, nosconfronte e impulse al crecimiento. Este es el itinerario de Jesús con sus discípulos, quien, amándolos a la manera del Padre, los forma desde la Palabra y las acciones en el sentido del Reino, y camina junto a ellos para acompañar y cuidar. Finalmente, vivir la Alianza tiene un componente misionero y evangelizador. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay un envío a la misión: ser testigos de la manera como Dios ama y transforma, a través de la cotidianidad de nuestras acciones y relaciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el relato del libro del Éxodo se describe el propósito de Dios para su pueblo: ser su propiedad personal y hacer de ellos una nación santa. Este propósito es comunicado a Moisés de forma íntima, contundente y tierna. Sube la montaña (lugar que en la Sagrada Escritura representa el encuentro con el Señor) y, al estilo de los profetas, lo encarga de expresar al pueblo su mensaje. En lo que Dios comunica hay detalles clave necesarios de resaltar: les recuerda quién los ha liberado de la esclavitud y los ha conducido a Él sobre alas de águila (gesto que simboliza protección, ternura y cuidado). Los invita a la escucha de su voz y a la vivencia de su alianza, lo que se traduce en una vida colmada por la obediencia y la fidelidad al amor.Es Dios llamando a su pueblo a caminar y permanecer junto a Él. Este llamado resuena también en el evangelio. Jesús, como enviado del Padre, proclama el Reinado de Dios y, de manera progresiva, involucra a los discípulos en esta tarea. Los ha instruido en la Palabra esperanzadora y en la acción justa; ahora ha llegado el tiempo del envío. Tras invitarlos a la oración al dueño de la mies para que mande obreros, los llama a cada uno por su nombre, lo que simboliza el gesto amoroso del Señor y la responsabilidad personal para la misión, con la autoridad para transformar y sanar.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La alianza es nuestro proyecto de vida personal y comunitario; es el deseo de Dios para nosotros: que vivamos la libertad pascual sin renunciar a su amor que nos convoca, y viviendo según la inspiración de su Palabra. Para vivir la certeza y el camino de este proyecto, debemos tener en cuenta algunas claves:1. Subir a la montaña para el encuentro:En diversos relatos del Pentateuco, Dios llama a Moisés a las alturas. Allí lo forma, lo exhorta y le indica la forma como debe ejercer su liderazgo. Nosotros somos invitados a la montaña en la vivencia de los sacramentos, la oración personal y la vida en comunidad, que se teje desde una espiritualidad fraterna y servicial. Subimos a las alturas para ser formados e inspirados por la Palabra. Que siempre haya lugar en el corazón para peregrinar a la montaña donde el amor nos encuentra y nos indica el camino.2. Escuchar la Palabra y guardar la alianza:La escucha es la capacidad de direccionar el corazón a Dios, para discernir, decidir y actuar. Es la acción que suscita la formación humana y espiritual, que posibilita la obediencia y garantiza la disposición a que el Señor actúe en nosotros. Ante los múltiples ruidos de la sociedad que nos conducen a la dispersión y nos desenfocan de lo fundamental, escuchar es una actitud sabia y contundente que silencia las exterioridades pasajeras y se concentra en la vitalidad de un proyecto de amor construido desde las relaciones que se hacen camino, familia y comunidad. ¡Que la escucha determine nuestros discernimientos y decisiones!3. Transformar y sanar, la razón por la que somos enviados:El espíritu de una Iglesia sinodal se vislumbra en la misión, en tener buenas noticiaspara proclamar con sencillez, alegría y convicción. Del mismo modo que a los discípulos, Jesús nos llama por nombre propio, porque cada uno, desde lo que es y hace, puede ser noticia de esperanza para otros. Al llamarnos, nos da la autoridad que se refleja en la coherencia y el servicio, y pone en nuestras manos la artesanal obra de ayudar a cicatrizar las heridas y vencer, desde el amor, las rupturas del mundo. Nuestros contextos cotidianos son escenarios de misión; como discípulos, asumamos el desafío de sanar a los heridos y amar los corazones que odian.Estos tres aspectos expresan un modo cotidiano como podemos vivir, personal y comunitariamente, el proyecto de la alianza, como invitación a caminar y permanecer junto al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La meditación de la Palabra orienta el corazón a la contemplación de la ternura y la cercanía de Dios. Los textos leídos suscitan en nosotros la plegaria y el deseo de subir a la montaña para que su amor nos encuentre, de acrecentar en nosotros la escucha como actitud que nos impulsa a crecer en la fidelidad y el amor. Finalmente, a reconocer que en el Señor somos llamados y enviados para sanar a los heridos y vencer las rupturas del mundo en clave de amor. Hoy pidamos al buen Dios que fortalezca en nosotros su alianza, la escucha y la certeza de nuestro llamado a pasar por el mundo haciendo el bien, al estilo de Jesús.Recomendaciones prácticas:•Día del padre.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos recuerda que somos un pueblo elegido, propiedad suya, llamado a ser reino de sacerdotes y nación santa. San Pablo nos anuncia el amor inmenso de Dios, que nos amó cuando aún éramos débiles y pecadores. Y en el Evangelio vemos a Jesús compadecerse de la multitud y enviar a sus discípulos como obreros a su mies.Celebramos la Eucaristía agradeciendo el amor que nos precede, nos reconcilia y nos envía. Que esta celebración renueve en nosotros la conciencia de ser pueblo amado y enviado a anunciar el Reino con obras de misericordia.Monición a la Liturgia de la Palabra Los textos propuestos por la Iglesia para este domingo nos sitúan en la experiencia del encuentro, el llamado y el envío. En el relato del Éxodo, Dios indica a Moisés que comunique al pueblo la vivencia de su proyecto de amor. Por su parte, san Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la acción salvífica de Dios por la Pascua, que nos reconcilió con su amor, y en el evangelio se nos recuerda que somos llamados y enviados.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios que nos ha hecho su pueblo y nos envía como servidores de su Reino, elevemos nuestras súplicas diciendoR. Señor, envíanos como obreros a tu mies.1.Por la Iglesia, para que viva con gratitud su elección y anuncie con valentía el amor reconciliador de Cristo en medio del mundo.2.Por quienes tienen responsabilidades de gobierno y liderazgo en nuestra sociedad, para que ejerzan su misión con espíritu de servicio, buscando siempre el bien común y la dignidad de los más vulnerables.3.Por las comunidades que se sienten cansadas o desorientadas, para que experimenten la compasión de Cristo y encuentren pastores y servidores que las acompañen con cercanía y verdad.4.En este Día del Padre, por los padres de familia, para que, fortalecidos por el amor de Dios que nos reconcilia, vivan su vocación con responsabilidad, ternura y fidelidad.5.Por todos nosotros, para que respondamos con generosidad al llamado del Señor y hagamos de nuestra vida un servicio concreto a los hermanos.Oración conclusivaPadre bueno, que en tu Hijo nos has reconciliado y nos llamas a trabajar en tu mies, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu envío. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 22 Mayo 2026
“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.