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Es tiempo para volver a Dios
Tags: predicación orante Miércoles de Ceniza Pascua ayuno oración limosna
Monición introductoria de la Misa
Al iniciar nuestro camino cuaresmal, somos marcados con la ceniza que nos recuerda que somos seres humanos llenos de fragilidad. En esta celebración iniciamos un itinerario de purificación interior que, mediante la oración, el ayuno y la limosna, nos ayudan a la penitencia sincera que nos impulsa a buscar la conversión del corazón.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos llama a llama a la reconciliación aprovechando este tiempo de salvación, la penitencia de estos días cuaresmales expresada mediante el ayuno, la oración y la limosna debe servirnos como medio de purificación interior para buscar la conversión de corazón.
Primera lectura: Joel 2,12-18
Salmo: 51(50),3-4.5-6a.12-13.14+17 (R. cf. 3a)
Segunda lectura: 2Corintios 5,20 - 6,2
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
Reflexión
Hoy iniciamos nuestro itinerario cuaresmal como camino hacia la Pascua y la Palabra de Dios nos hace caer en la cuenta de la realidad del pecado que nos hace volver la mirada a Dios para purificar nuestra vida mediante una reconciliación sincera con el Señor.
El Evangelio nos habla de algunas prácticas religiosas que la Iglesia nos recomienda para el tiempo de la cuaresma: La limosna, la oración y el ayuno (CEC 1438). De aquí se desprenden tres ideas temáticas:
• Es tiempo para volver a Dios, así lo recuerda la primera Lectura del profeta Joel.
• Es el tiempo favorable, es el día de la salvación, tal como nos exhorta San Pablo en su segunda carta a los Corintios.
• Es tiempo para la purificación interior mediante la limosna, el ayuno y la oración, así nos lo pide el Evangelio.
1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
- La primera lectura del profeta Joel nos hace una fuerte llamado de atención para volver la mirada a Dios. Ante la descripción de la plaga, el profeta impresionado por esta situación, es insistente en llamar a la penitencia interior mediante una conversión sincera como retorno hacia Dios. El profeta invita a “rasgar los corazones no las vestiduras”, este es un signo claro de la conversión interior.
La expresión “volver” invita al regreso, ya que el pecado es considerado como un destierro y ahora es el momento para volver de “corazón” mediante un firme propósito de cambio que ayude al hombre a permanecer en Dios.
Joel ofrece tres motivos para la conversión: El primero de parte de Dios que es compasivo y misericordioso, siempre dispuesto al perdón para el pecador arrepentido; el segundo de parte de la plaga que aún no lo ha destruido todo y el pueblo tiene posibilidad de presentar una libación; y el tercer motivo es que Israel será admirado por todos los pueblos a causa de la respuesta salvífica de Dios. Para lograr todo esto se hace necesaria la conversión de todo el pueblo desde los niños hasta los más ancianos mediante un tiempo de penitencia y purificación interior. El texto concluye con la misericordia de Dios que tiene compasión de su pueblo.
- La segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos exhorta a la reconciliación, aquí reconciliarse es el reconocimiento del mal cometido para ser una nueva creatura en Cristo, ya que con la muerte de Cristo y su resurrección todos somos constituidos en nuevas creaturas: esta reconciliación con Dios conlleva tres realidades: Reconocer la actualidad del misterio de la Cruz de Cristo, no recibir en vano la gracia de Dios, aprovechar el momento oportuno en el hoy de la salvación.
- El pasaje evangélico está ubicado dentro del contexto del Sermón de la montaña en lo que se conoce como “la justicia de la ley”, o su práctica perfecta. Jesús no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17).
El texto del Evangelio se ocupa de tres expresiones propias de la religiosidad judía inscritas dentro del ámbito de la retribución: si hace para ser visto por los hombres obtendrá una recompensa humana pero quien las hace para ser visto por Dios debe esperar la recompensa del Padre celestial. En la Sagrada Escritura “la justicia” implica la rectitud de vida, caminar delante de Dios como hijos suyos sin buscar formalismos externos sino con el deseo de cumplir su voluntad.
En el tiempo de Jesús no había una organización eclesial para la distribución de las limosnas, por eso era costumbre “tocar la trompeta” o anunciar públicamente que se hacía una limosna. Jesús no está atacando tal práctica sino la forma en que se hace, pues lo importante no es la actitud exterior sino la disposición interior y la generosidad con la que se hace. Es aquí donde Jesús manda que al hacer la limosna se mantenga en secreto “que tu mano izquierda, no sepa lo que hace tu derecha”. El que haga limosna de modo externo para ser calificado por los hombres es designado como “hipócrita”; es decir, aquel que es doble o que actúa de comediante y obra por el espectáculo buscando su recompensa personal. En este sentido la verdadera limosna es aquella que da con una actitud de desprendimiento y desinterés, la que brota de la generosidad de aquellos que se reconocen como hijos y saben que hay hermanos más necesitados con quienes se debe compartir los bienes que se han recibido con don de Dios.
En segundo lugar, se habla de otra práctica muy común entre los piadosos judíos; la oración, esta se hacía en varios momentos del día: en la mañana, al mediodía y a la noche, tanto en la sinagoga como en cualquier lugar. Para los judíos la oración era un medio de auto-prestigio para exhibirse como personas piadosas.
La instrucción correcta para la oración no es tanto del lugar sino de la actitud para la oración… “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto”. El texto no está en contra de la oración judía sino del modo como el orante se dirige a Dios. La auténtica oración debe ser la que se dirige a Dios y busca la comunicación con Él, no con el deseo de aparecer como piadoso sino con el deseo de salir de sí mismo, para entrar en diálogo con el Padre desde lo profundo del corazón.
En tercer lugar, se habla de la práctica del ayuno público que en momentos de situaciones extremas, como la sequía, se practicaba con rigor vistiéndose de saco y sayal cubriendo la cabeza con ceniza para mostrar una actitud externa de tristeza y arrepentimiento. En el A.T. se distinguía el ayuno verdadero del falso (Is 58, 5-6). Jesús invita al ayuno sincero mediante una actitud interior que no se note en lo externo, para que el verdadero ayuno tenga su efecto ante el Padre Celestial: “cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro”. El ayuno auténtico debe ser fruto de la penitencia interior; esto implica la verdadera conversión que es motivo de alegría y se manifiesta de modo externo. Es en este sentido donde el perfumarse es signo de la alegría exterior por una actitud de conversión interior que se da desde el corazón.
2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Continuamente somos llamados a la conversión no como algo accidental o externo sino como un verdadero cambio de mentalidad que implica todo el ser y el obrar de la persona y para lograr la conversión auténtica se debe dar un paso importante mediante la reconciliación con Dios y con los hermanos. La Iglesia ha establecido el tiempo de la cuaresma como un tiempo propicio para que nosotros mediante las penitencia, busquemos la purificación de nuestra vida, lo que nos ayudará en un auténtico camino de conversión. Pero no podemos quedarnos viviendo una purificación externa, la verdadera penitencia debe nacer del corazón que desea unirse de nuevo a Dios para un sincero cambio de vida. La Palabra de Dios en el Evangelio, nos recomienda algunas prácticas que pueden ayudarnos en ese camino de purificación: la limosna, la oración y el ayuno. Prácticas que la Iglesia nos recomienda vivamente para el tiempo cuaresmal, pero no podemos caer en el peligro de los fariseos, de quedarnos en lo externo de ellas mismas y que no comprometan seriamente nuestra vida. Estas prácticas deben vivirse con una verdadera actitud de conversión.
La limosna (CEC 2443-2449, 2462), nos ayuda a la caridad sincera, mediante el desprendimiento de aquello que poseemos y que nos hace falta, para compartirlo con aquellos que están más necesitados que nosotros. La auténtica limosna dada desde la generosidad del corazón, nos puede ayudar a ser más solidarios con los demás y ver la precariedad de los otros, como una oportunidad para manifestarles nuestra hermandad y el deseo de compartir los bienes que hemos recibido de Dios.
La oración (CEC 2558 - 2565), nos ayuda a unirnos más a Dios saliendo de nosotros mismos y volviendo la mirada a aquel que nos ha creado, para entablar un sincero diálogo con Él y conocer el designio de su voluntad. Así, la oración se convierte en alimento del alma, pues nos ayuda a llenarnos de la presencia de Dios, ya que el hombre que ora con humildad se siente pequeño y sabe que su condición creatural le lleva al reconocimiento de la soberanía de Dios para unirse a Él, como la creatura a su Creador.
El ayuno (CIC 1250-1253 y CEC 1430), como una disciplina espiritual que nos ayuda a la mortificación y la penitencia, para el fortalecimiento de la voluntad que nos ayuda a dominar nuestras pasiones. El mismo Cristo, estuvo ayunando antes de iniciar su ministerio público y así, con la fuerza del Espíritu, pudo vencer al tentador. El ayuno no es un fin en sí mismo sino un medio que nos ayuda a la purificación interior para lograr la conversión. El ayuno verdadero nos ayuda a desprendernos de lo material para reconocer la debilidad y la dependencia de Dios.
3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Iniciamos el itinerario cuaresmal, un tiempo especial en que la Iglesia nos invita a prepararnos para la Pascua, es un momento oportuno para renovar la gracia de Dios a través de la confesión de nuestros pecados. Para ayudarnos en nuestro camino de conversión la Palabra de Dios nos invita a la reconciliación aprovechando este tiempo especial de salvación. El Papa Francisco nos invita a a vivir la cuaresma como un tiempo rico para desenmascarar las tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a «recalentar el corazón creyente»: Detente, mira y vuelve (Homilía miércoles de ceniza 2018).
El pecado, es como un virus que ataca nuestra vida y destruye nuestra relación con Dios, nos aleja de Él, de la comunión con nuestros hermanos y con la creación y nos divide interiormente; por eso, las prácticas cuaresmales nos ayudan a prepararnos para una sincera purificación interior: - la oración nos ayuda a relacionarnos con Dios; - la limosna que nos ayuda a practicar la caridad con los hermanos más necesitados, especialmente durante este tiempo cuaresmal en la campaña de la comunicación cristiana de bienes, que nos ayuda a compartir los bienes que hemos recibido de Dios, sabiendo que todos somos hijos del Padre Bueno; - el ayuno nos ayuda la mortificación del cuerpo para dominar la voluntad y luchar contra las tentaciones que nos hacen caer en el pecado. Entrar en este tiempo de gracia es una oportunidad para volver la mirada a Dios que nos reconcilia de nuevo.
San Agustín nos exhorta: “Sean vigilantes en orden a su salvación, sean vigilantes para que estén a tiempo. Ninguno llegue tarde al tiempo de Dios, ninguno sea perezoso en el servicio divino. Sean todos perseverantes en la oración, fieles en la constante devoción. Sean vigilantes mientras es de día; el día resplandece. Cristo es el día. Él está listo para perdonar a quienes reconocen su culpa pero también para punir a quienes defienden considerándose justos, aquellos que creen ser algo mientras no son nada” (San Agustín, InIo. evang. 12, 13 s).
4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
• Durante este tiempo de cuaresma se nos hace la invitación especial para practicar las obras de misericordia que nos ayudan a pensar en el hermano que sufre y necesita de nosotros.
• Dedicar un buen espacio para la oración nos ayuda a mantener nuestro contacto con el Señor.
• Practicar el ayuno y la abstinencia, como medios que fortalecen nuestra voluntad, para poder vencer las tentaciones del mal.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dios Padre, rico en Misericordia nos ofrece este tiempo de cuaresma para volver nuestra mirada hacia Él. Por eso, suplicantes presentemos nuestras plegarias:
R. Padre Misericordioso, escúchanos.
1. Por el Papa y los ministros consagrados, para que sean testimonio de la cercanía de Dios a su pueblo e instrumentos de gracia y reconciliación para el pecador arrepentido.
2. Por los gobernantes, para que con su trabajo busquen la justicia, la reconciliación y la paz entre los ciudadanos.
3. Por todos los que en este tiempo sufren, para que encuentren en nosotros la caridad fraterna que los ayude en sus dificultades.
4. Por los catecúmenos que durante este tiempo se preparan para el bautismo, para que la vivencia de la cuaresma los ayude a prepararse para revestirse de la gracia de Cristo en la Pascua.
5. Por quienes hoy iniciamos este tiempo de cuaresma, para que mediante la penitencia interior vivamos este tiempo de gracia y salvación con un decidido deseo de conversión.
En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales.
Oración conclusiva
Escucha Padre las plegarias de tu pueblo que se dirige a ti al iniciar estos días
de penitencia cuaresmal
y concede a tus hijos la verdadera conversión del corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1. La celebración de los tiempos de Cuaresma y Pascua, conforman el centro del Años Litúrgico, porque en ellos tiene lugar la celebración central de nuestra fe: el misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo; Tal como nos dice el número 22 de las Normas sobre el calendario: “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo’”. Por tanto Cuaresma forma parte del ciclo pascual ya que la finalidad es la celebración del Triduo Pascual y la Pascua5
La Cuaresma es un tiempo de renovación espiritual, tiempo de conversión, de revisar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. No es un tiempo de mortificación sino de desierto, de vaciarnos totalmente para que podamos dejar llenarnos de la gracia de Dios, para que caminemos cada día más hacia la conversión, para poder vivir como Jesucristo vivía6
• El tiempo de Cuaresma abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, exclusive.
• Cada día de Cuaresma tiene Misa propia completa, además, se propone una oración diaria de bendición sobre el pueblo.
• Durante la Cuaresma y hasta la Vigilia Pascual, exclusive, no se dice ni el gloria ni el Aleluya (se exceptúan solemnidades y fiestas).
• En el tiempo de Cuaresma no se debe adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este Tiempo (se exceptúan de esta norma el domingo IV de Cuaresma - Laetare – y las solemnidades y fiestas).
2. La Cuaresma es el principal tiempo de penitencia, tanto para los individuos como para toda la Iglesia. Conviene, por consiguiente, que la comunidad cristina sea preparada en este tiempo, por medio de las celebraciones penitenciales, para que participe más plenamente del misterio pascual.7
Dos ejemplos de celebraciones penitenciales adaptadas al tiempo de Pascua.8
Otros esquemas de celebraciones penitenciales Ordinarias, con Niños, con Jóvenes y con Enfermos9.
3. Desde el inicio de la Cuaresma se puede programar, cuando mejor convenga, una celebración penitencial, con confesión individual. Igualmente podría preparase para un día de este tiempo de cuaresma la celebración de la Eucaristía con la administración de la Unción de los enfermos de la parroquia que están en peligro de muerte por enfermedad o por vejez. Esta es la mejor preparación para la celebración de la Pascua. No recomendable pastoralmente el jueves santo en la mañana, como se explicará allí en su momento.
4. Tener en cuenta para este tiempo el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2019.
5. Recomendar para los viernes de cuaresma el ejercicio piadoso del santo Viacrucis del Encuentro, ofrecido por el Departamento de Liturgia de la CEC.
6. En este miércoles de ceniza, resaltar la frase: “Conviértanse a mí de todo corazón”.
7. Insistir en las palabras: conversión, penitencia, misericordia, ayuno, oración y limosna.
8. Recordar que este día y el viernes santo es de ayuno, abstinencia y obras de caridad.
9. Tener en cuenta que la ceniza se debe hacer de los ramos bendecidos el año anterior o de ramas de árboles, y que se impone sobre la frente o sobre la cabeza, directamente con los dedos (no con sellos de corcho o de otro material). Se debe corregir o evitar cualquier cosa que lleve a la práctica supersticiosa de la imposición de la ceniza.
10. La ceniza se impone dentro de la Misa o en una Liturgia de la Palabra.
En la Misa de hoy se omite el acto penitencial, porque luego se tendrá la imposición de la ceniza.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar después de la homilía y antes de la Oración Universal o de los Fieles, como lo indican las rúbricas de los libros litúrgicos (cf. Misal,, pp. 71-74; Ceremonial de los Obispos, nn 253-259).
11. Podría tomarse el Prefacio de Cuaresma III, “Frutos de la abstinencia”, Misal, pág. 370. Igualmente, puede seguirse la Plegaria Eucarística II.
12. Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para el miércoles de ceniza, Misal, pág. 75
5 Cf. http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/ Tiempos Litúrgicos.
6 Cf. Ídem
7 Ritual de la Reconciliación y Penitencia, Conferencia Episcopal de Colombia, Departamento de Liturgia, Bogotá, D.C., 1999, pág. 114ss.
8 Ídem.
9 Ídem. Pág. 144 ss.
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Este es el itinerario de Jesús con sus discípulos, quien, amándolos a la manera del Padre, los forma desde la Palabra y las acciones en el sentido del Reino, y camina junto a ellos para acompañar y cuidar. Finalmente, vivir la Alianza tiene un componente misionero y evangelizador. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay un envío a la misión: ser testigos de la manera como Dios ama y transforma, a través de la cotidianidad de nuestras acciones y relaciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el relato del libro del Éxodo se describe el propósito de Dios para su pueblo: ser su propiedad personal y hacer de ellos una nación santa. Este propósito es comunicado a Moisés de forma íntima, contundente y tierna. Sube la montaña (lugar que en la Sagrada Escritura representa el encuentro con el Señor) y, al estilo de los profetas, lo encarga de expresar al pueblo su mensaje. En lo que Dios comunica hay detalles clave necesarios de resaltar: les recuerda quién los ha liberado de la esclavitud y los ha conducido a Él sobre alas de águila (gesto que simboliza protección, ternura y cuidado). Los invita a la escucha de su voz y a la vivencia de su alianza, lo que se traduce en una vida colmada por la obediencia y la fidelidad al amor.Es Dios llamando a su pueblo a caminar y permanecer junto a Él. Este llamado resuena también en el evangelio. Jesús, como enviado del Padre, proclama el Reinado de Dios y, de manera progresiva, involucra a los discípulos en esta tarea. Los ha instruido en la Palabra esperanzadora y en la acción justa; ahora ha llegado el tiempo del envío. Tras invitarlos a la oración al dueño de la mies para que mande obreros, los llama a cada uno por su nombre, lo que simboliza el gesto amoroso del Señor y la responsabilidad personal para la misión, con la autoridad para transformar y sanar.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La alianza es nuestro proyecto de vida personal y comunitario; es el deseo de Dios para nosotros: que vivamos la libertad pascual sin renunciar a su amor que nos convoca, y viviendo según la inspiración de su Palabra. Para vivir la certeza y el camino de este proyecto, debemos tener en cuenta algunas claves:1. Subir a la montaña para el encuentro:En diversos relatos del Pentateuco, Dios llama a Moisés a las alturas. Allí lo forma, lo exhorta y le indica la forma como debe ejercer su liderazgo. Nosotros somos invitados a la montaña en la vivencia de los sacramentos, la oración personal y la vida en comunidad, que se teje desde una espiritualidad fraterna y servicial. Subimos a las alturas para ser formados e inspirados por la Palabra. Que siempre haya lugar en el corazón para peregrinar a la montaña donde el amor nos encuentra y nos indica el camino.2. Escuchar la Palabra y guardar la alianza:La escucha es la capacidad de direccionar el corazón a Dios, para discernir, decidir y actuar. Es la acción que suscita la formación humana y espiritual, que posibilita la obediencia y garantiza la disposición a que el Señor actúe en nosotros. Ante los múltiples ruidos de la sociedad que nos conducen a la dispersión y nos desenfocan de lo fundamental, escuchar es una actitud sabia y contundente que silencia las exterioridades pasajeras y se concentra en la vitalidad de un proyecto de amor construido desde las relaciones que se hacen camino, familia y comunidad. ¡Que la escucha determine nuestros discernimientos y decisiones!3. Transformar y sanar, la razón por la que somos enviados:El espíritu de una Iglesia sinodal se vislumbra en la misión, en tener buenas noticiaspara proclamar con sencillez, alegría y convicción. Del mismo modo que a los discípulos, Jesús nos llama por nombre propio, porque cada uno, desde lo que es y hace, puede ser noticia de esperanza para otros. Al llamarnos, nos da la autoridad que se refleja en la coherencia y el servicio, y pone en nuestras manos la artesanal obra de ayudar a cicatrizar las heridas y vencer, desde el amor, las rupturas del mundo. Nuestros contextos cotidianos son escenarios de misión; como discípulos, asumamos el desafío de sanar a los heridos y amar los corazones que odian.Estos tres aspectos expresan un modo cotidiano como podemos vivir, personal y comunitariamente, el proyecto de la alianza, como invitación a caminar y permanecer junto al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La meditación de la Palabra orienta el corazón a la contemplación de la ternura y la cercanía de Dios. Los textos leídos suscitan en nosotros la plegaria y el deseo de subir a la montaña para que su amor nos encuentre, de acrecentar en nosotros la escucha como actitud que nos impulsa a crecer en la fidelidad y el amor. Finalmente, a reconocer que en el Señor somos llamados y enviados para sanar a los heridos y vencer las rupturas del mundo en clave de amor. Hoy pidamos al buen Dios que fortalezca en nosotros su alianza, la escucha y la certeza de nuestro llamado a pasar por el mundo haciendo el bien, al estilo de Jesús.Recomendaciones prácticas:•Día del padre.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos recuerda que somos un pueblo elegido, propiedad suya, llamado a ser reino de sacerdotes y nación santa. San Pablo nos anuncia el amor inmenso de Dios, que nos amó cuando aún éramos débiles y pecadores. Y en el Evangelio vemos a Jesús compadecerse de la multitud y enviar a sus discípulos como obreros a su mies.Celebramos la Eucaristía agradeciendo el amor que nos precede, nos reconcilia y nos envía. Que esta celebración renueve en nosotros la conciencia de ser pueblo amado y enviado a anunciar el Reino con obras de misericordia.Monición a la Liturgia de la Palabra Los textos propuestos por la Iglesia para este domingo nos sitúan en la experiencia del encuentro, el llamado y el envío. En el relato del Éxodo, Dios indica a Moisés que comunique al pueblo la vivencia de su proyecto de amor. Por su parte, san Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la acción salvífica de Dios por la Pascua, que nos reconcilió con su amor, y en el evangelio se nos recuerda que somos llamados y enviados.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios que nos ha hecho su pueblo y nos envía como servidores de su Reino, elevemos nuestras súplicas diciendoR. Señor, envíanos como obreros a tu mies.1.Por la Iglesia, para que viva con gratitud su elección y anuncie con valentía el amor reconciliador de Cristo en medio del mundo.2.Por quienes tienen responsabilidades de gobierno y liderazgo en nuestra sociedad, para que ejerzan su misión con espíritu de servicio, buscando siempre el bien común y la dignidad de los más vulnerables.3.Por las comunidades que se sienten cansadas o desorientadas, para que experimenten la compasión de Cristo y encuentren pastores y servidores que las acompañen con cercanía y verdad.4.En este Día del Padre, por los padres de familia, para que, fortalecidos por el amor de Dios que nos reconcilia, vivan su vocación con responsabilidad, ternura y fidelidad.5.Por todos nosotros, para que respondamos con generosidad al llamado del Señor y hagamos de nuestra vida un servicio concreto a los hermanos.Oración conclusivaPadre bueno, que en tu Hijo nos has reconciliado y nos llamas a trabajar en tu mies, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu envío. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 22 Mayo 2026
“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.