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"Dios amó tanto al mundo, que dio su Hijo unigénito"
Tags: predicación orante Pasión del Señor semana santa pasión de cristo Iglesia
VIERNES SANTO
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
Abril 2 de 2021
Primera Lectura: Is 52,13 - 53,12
Salmo: 31(30),2+6. 12-13.15-16.17+25 (R. 6a)
Segunda Lectura: Hb 4,14-16; 5,7-9
Evangelio: Jn 18,1 - 19,42
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
En este día celebramos la muerte de Jesús como paso necesario hacia la resurrección, este recuerdo está lleno de esperanza y de victoria. Es un día centrado en la cruz, pero no con aire de tristeza, sino de celebración, ya que Cristo Jesús, como Sumo Sacerdote, en nombre de toda la humanidad, se ha entregado voluntariamente a la muerte para salvarnos a todos.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Isaías nos anuncia uno de los momentos culmen de la revelación veterotestamentaria: el cuarto cántico del Siervo de Yahveh. Este siervo se presenta ante los demás, en primer lugar, como raíz de tierra árida o flor gris del desierto sin profundidad ni colorido. El Siervo es presentado como despreciado y abandonado por todos. Es condenado a la muerte. Ahora bien, no era culpable, nos dice Isaías. Al contrario, es a causa de nuestras faltas como ha llegado a esta situación. Pero lo que aparecía como un oprobio se ha convertido en una exaltación. Será elevado. Cuando su vida parecía acabar en un fracaso y en soledad, llevaba el pecado de las muchedumbres. Su vida da fruto, verá su descendencia. Será colmado.
La vida, muerte y revivificación del Siervo han sido el único modo de aplacar la ira divina, de satisfacer por los pecados de judíos y gentiles conjuntamente. Abandonado en manos de Yahveh, el Siervo ha conseguido lo que no consiguiera ni el Israel histórico con la multitud de sacrificios. Por eso en él se cumplirá la promesa abrahámica de vida perenne expresada en fecundidad. Asimismo, todos los rasgos atribuidos al Siervo de Yahveh, del Israel de la fe, los evangelistas, inspirados por el mismo Dios, lo vieron realizado plenamente en el Jesús histórico de Nazaret.
El salmo 31 (30) es un canto individual de acción de gracias en el que se expresa la actitud de quien ha sido liberado de sus aflicciones y alaba a Dios en el templo. En efecto, al inicio del salmo se expresa la súplica de un acusado inocente, de un enfermo, de un moribundo, expuesto a la persecución: es un maldito, excluido de la comunidad, y “que produce miedo en sus amigos”, porque se lo considera como objeto de desecho. Se huye de él como de un apestado. La parte final del salmo es la dulce oración de intimidad de un huésped de Yahveh: a pesar de las acusaciones injustas de que es objeto este moribundo, continúa cantando la felicidad de su vida de intimidad con Dios: “¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! La
reservas para tus adeptos… ¡Bendito Yahvé que me ha brindado maravillas de amor! ¡Tengan valor, y firme el corazón, ustedes, los que esperan en Yahvé!
La carta a los Hebreros nos presenta el sumo Sacerdocio de Cristo como un incentivo más para la perseverancia. La argumentación tiene delante el patrón del Antiguo Testamento. Una vez al año, el gran día de la expiación, el sumo sacerdote judío entraba en el santo de los santos, con la sangre de las víctimas, para llevar a cabo la expiación de los pecados de todo el pueblo. Sobre este patrón familiar a todos los judíos, se describe la función sacerdotal. Allí, ante Dios, ejerce su oficio sacerdotal a favor de todos los hombres.
Cristo siendo Hijo de Dios se compadece de nosotros, comprende nuestra fragilidad y asume la condición de sumo sacerdote de forma renovada. Él, desde esta condición, asume nuestra humanidad, menos en el pecado, para enseñarnos el camino a Dios y ofrecernos su salvación. Por ello, la lectura nos invita a acercarnos con confianza al Trono de la Gracia, con la seguridad de encontrar auxilio y misericordia por nuestros pecados y la fortaleza que nos sustenta en la lucha diaria.
En el relato completo de la pasión según san Juan, se evidencia una de las características del Jesús joánico durante la pasión: su soberanía. Jesús se presenta como el hombre libre que camina hacia su muerte con plena conciencia. La cruz no lo agarra desprevenido. Habría podido escapar, pero se deja atar porque da su vida para que todos tengan vida (Jn 18,1-19,42). De esta manera, está cumplido el plan de Dios para redimir al hombre.
Esta entrega plena de Jesús en la cruz es testimonio de algo sublime, que nos lleva a preguntarnos ¿por qué Dios permitió que su Hijo viviera tantos vejámenes y muriera en cruz, si Él hubiera podido decir una palabra para dar el perdón a todos los hombres? La respuesta a esto solo tiene una razón: el amor. Jesús mismo declaró su libertad de compadecerse de toda la humanidad y de entregar su vida por la redención de todos.
Asimismo, este don pleno de su amor es la invitación a que sepamos, creamos y comprendamos, ante pruebas tan absolutas, la inmensidad sin límites de ese amor que nos tienen. Ahora sabemos, en cuanto al Padre, que "Dios amó tanto al mundo, que dio su Hijo unigénito" (3, 16); y en cuanto al Hijo, que "nadie puede tener amor más grande que el dar la vida" (15, 13). En definitiva, el empeño de Dios es el de todo amante: que se conozca la magnitud de su amor, y, al ver las pruebas indudables, se crea que ese amor es verdad, aunque parezca imposible. De ahí que, si Dios entregó a su Hijo como prueba de su amor, el fruto sólo será para los que así lo crean (3, 16, in fine). El que así descubre el más íntimo secreto del Corazón de un Dios amante, ha tocado el fondo mismo de la sabiduría, y su espíritu queda para siempre fijado en el amor (Cfr. Ef. 1, 17).
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
En este camino del Triduo Pascual llegamos al gran acontecimiento de la salvación por medio de la muerte en cruz de Cristo-Jesús. Por eso, con fe cantamos ¡Victoria, tu reinarás; oh Cruz tú nos salvarás! Esta aclamación recoge la más profunda significación de la Cruz y la misión que adquirimos los discípulos del Maestro.
A propósito de esto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda, ante este gran misterio de fe y amor, que “la muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: "Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios" (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han "entregado a Jesús" (Hch 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios”. (CIC 599)
Por lo tanto, al morir Jesús por nuestros pecados entendemos que este designio divino de salvación a través de la muerte del "Siervo, el Justo" (Is 53, 11; Cfr. Hch 3, 14) es misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (Cfr. Is 53, 11-12; Jn 8, 34-36). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente (Cfr. Is 53, 7-8 y Hch 8, 32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (Cfr. Mt 20, 28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (Cfr. Lc 24, 25-27), luego a los propios apóstoles (Cfr. Lc 24, 44-45). (Cfr. CIC 601)
Entendemos como creyentes que éramos nosotros, la humanidad, la que debía sufrir tantos vejámenes y dolores por habernos negado a obedecer la ley divina. En realidad, todos hemos pecado mucho. Y por nuestros pecados fue tenido por maldito quien no conoció el pecado, para liberarnos de la antigua maldición. Si alguien merecía la cruz era cada ser humano, cada uno de nosotros, porque a pesar de su entrega, muchas veces seguimos repitiendo los actos que nos apartan de su voluntad y de su amor.
Actualizar el misterio de la salvación desde la cruz ha de motivarnos, para que de este Triduo Pascual nos comprometamos a emprender con mayor decisión la vida de santidad. No llegaremos efectivamente a la perfección y a la total unión con Dios, sino anteponiendo su amor a la vida terrena y proponiéndonos luchar animosamente por la verdad. Bellamente lo expresó nuestro Señor Jesucristo: “El que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí”. En efecto, tomar la cruz significa, renunciar al mundo y posponer todo aquello que nos aparta de su amor.
Por consiguiente, los que seguimos a Cristo estamos también con él crucificados, muriendo a nuestra antigua conducta, somos introducidos en una vida nueva conforme al evangelio. Por eso decía Pablo: “Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos”. Y nuevamente, como hablando de sí, dice de todos: “Para la ley yo estoy muerto, porque la ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Y a los Colosenses les dice: “Si moristeis con Cristo a lo elemental del mundo, ¿por qué os sometéis a reglas como si aún vivierais sujetos al mundo? De hecho, la muerte del elemento mundano que hay en nosotros nos introduce en la conversión y en la vida de Cristo”.
En consecuencia, si Cristo en la Cruz es la suprema expresión del amor del Padre, es necesario anunciar a los hermanos que en la Cruz se produce el más auténtico y genuino encuentro con Dios. Que Dios a los que ama los prueba, como un buen Padre que es. Por los sufrimientos, Jesús aprendió a obedecer y encontrarse con la voluntad genuina de Dios. Y eso se produce en sus discípulos. El creyente es un testigo vivo, en medio del mundo, del amor de Dios desde y en la cruz dolorosa y gozosa. Sólo el creyente puede transmitir esta sabiduría y poder del amor de Dios. Y el mundo lo necesita.
En este día solemne y de gracia se requiere insistir en el don de la entrega libre y por amor de Cristo en la cruz, para la salvación de toda la humanidad. Es oportuno hacer evidenciar todo aquello que llevó a que el Señor fuera conducido al Gólgota y crucificado, pero además que se reconozca que hoy nuevamente, de muchas formas, llevamos a Cristo a la cruz: cuando destruimos al otro con palabras y obras, cuando atentamos contra la justicia, la verdad, la paz y el cuidado del medio ambiente.
En consecuencia, es necesario recordarle a todo el santo pueblo fiel de Dios que para ser discípulo de Cristo hay que renunciar a todo (incluso a sí mismo), tomar su Cruz y seguirle; que para ser discípulos de Jesús es necesario permanecer fieles a su Palabra que es la verdad y que es la única que proporciona la libertad; que la Cruz de Cristo es el valor que subvierte todos los demás valores en los que el hombre cree encontrar su libertad y su felicidad como son el poder, el bienestar, el prestigio, la ciencia humana; que conseguida la liberación, el discípulo descubre que la Cruz es un motivo de gloria, es el único valor que merece realmente su atención. Finalmente, hacer ver que, si es posible conseguir la libertad de los hijos de Dios, porque Cristo en la Cruz es la suprema expresión del amor del Padre en favor de la humanidad esclavizada por lo único que no la deja realizarse: el pecado.
Sólo se puede amar al otro de verdad en la dimensión de la Cruz, es decir, cuando se descubre y se experimenta el amor que el Padre nos tiene a todos los hombres. Por eso podemos comprender la fuerza liberadora de la Cruz.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
El encuentro con la persona de Cristo transforma la existencia del ser humano. Quien se encuentra íntimamente con el Señor no podrá seguir siendo el mismo, su vida se fundará plenamente en Él y se proyectará buscando dar gloria a su nombre. Por eso, si queremos que este Triduo Pascual nos lance a una misión de evangelización, es necesario recordar las palabras del papa Francisco, en el Ángelus, el 03 Julio de 2016: “la misión del cristiano en el mundo es una misión estupenda y destinada a todos y ninguno está excluido; ella requiere mucha generosidad y sobre todo la mirada y el corazón dirigida a lo alto para invocar la ayuda del Señor. Hay mucha necesidad de cristianos que testimonien con alegría el Evangelio cada día”.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición inicial
La muerte de Cristo que hoy celebramos está llena de esperanza y victoria. Es muerte por el amor, es muerte para la vida. Cristo en la cruz, se ha entregado voluntariamente a la muerte para salvar a todos. Contemplamos en ella el árbol que da fruto, el árbol de la victoria. Vivamos con mucha fe y piedad los tres momentos principales de esta celebración: Liturgia de la Palabra, adoración a la santa Cruz y sagrada Comunión.
Monición a la postración
La postración rostro en tierra es el gesto más completo de humildad que una persona puede hacer ante Dios, rico en misericordia. En este día lo hace el ministro que preside la celebración. Nosotros lo acompañamos poniéndonos de rodillas.
Monición a la Liturgia de la Palabra
Esta Palabra de Dios proclamada hoy, en un ambiente de sobriedad y silencio, nos invita a reconocer que en Cristo Jesús está reflejada nuestra vida. Como Él mantengámonos firmes en la fe que profesamos y aprendamos a confiar sólo en Dios.
Monición a la Oración Universal
Cristo en la cruz oró por todos sin distinción alguna. Nosotros, siguiendo su ejemplo, oremos por las necesidades e intenciones de la Iglesia y del mundo entero.
(En este día se hace la forma solemne prevista en el Misal).
Monición a la Adoración de la santa Cruz
La cruz del Señor es el símbolo de nuestra salvación. Nuestra fe en el Crucificado es el fundamento de nuestra esperanza. Al acercarnos procesionalmente a la cruz, reconozcamos a Jesús como nuestro único Salvador y Redentor, y adorémoslo.
Monición a la Sagrada Comunión
Hoy no celebramos la Eucaristía. Ahora se trae el Pan que fue consagrado en la celebración de ayer y con Él comulgaremos. Al comulgar expresemos y vivamos la unión con Aquel que se entregó por nosotros en la cruz.
Monición final
Después de haber sido testigos del amor del Padre por nosotros, al entregarnos a su propio Hijo, con la gracia del Espíritu Santo y en compañía de María Santísima, prolonguemos en el silencio de hoy y de mañana la contemplación del Misterio de la Pasión, y preparémonos al gozo de la Resurrección.
Recibir la vida como un don de Dios (Mt 2, 1-12)
Jue 10 Sep 2026
“El Dios de la paz estará con ustedes” (Filp 4, 9)
Mar 8 Sep 2026
Vie 19 Jun 2026
“Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre…”
DÉCIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO21 junio 2026Primera lectura: Jr 20, 10-13Salmo: Sal 69(68), 9-10.14.33-34 (R. 35,10)Segunda lectura: Rm 5,12-15Evangelio: Mt, 10,26-33.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIONIntroducción•El profeta Jeremías experimenta la persecución, la calumnia y el miedo, pero en medio de la amenaza proclama su confianza: el Señor está con él como guerrero poderoso y no lo abandona. El salmo recoge el clamor del justo que sufre por fidelidad a Dios, pero que espera en su auxilio y alaba su misericordia.•San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta un contraste decisivo: por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, pero por Jesucristo ha venido la gracia sobreabundante que trae justificación y vida para todos.•En el Evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo ante la persecución ni ante el juicio humano. Les recuerda que la verdad será manifestada y que el Padre cuida incluso de los detalles más pequeños de la creación. Por eso, quien lo reconozca delante de los hombres será reconocido por Él ante el Padre. Es una llamada a la confianza, a la valentía y a la fidelidad en medio de la adversidad.1.Lectio: ¿Que dice la Sagrada Escritura?La identidad del cristiano se traduce en alimentar todos los días, la confianza en el Señor, y desechar el temor de raíz, pues quien confía en Dios no tiene miedo.Al estilo de los apóstoles, los tiempos que nos correspondió vivir, exigen una relación plena con Jesús, para exhibir valentía ante los detractores del evangelio, y para esparcir la fragancia del amor de Dios, pues la ilusión de un fiel cristiano, es misionar al estilo de Jesús.Siempre habrá dificultades, como las que le toco afrontar en su tiempo al profeta Jeremías, quien es consciente de que sus adversarios, buscaron un momento para acecharlo y causarle daño, como lo escuchamos en la primera lectura., es decir a pesar del paso de los años y de los siglos, a un seguidor de Jesucristo, le corresponde enfrentar al mundo terreno, que cree tener la sabiduría que transciende, pero lo que exhibe es la dimensión de pecado de los hombres. 2.Meditatio: ¿Que me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por un hombre entró el pecado al mundo, así lo menciona el capítulo 5 de la carta a los romanos. Pero lo más importante no es el establecimiento del pecado, sino la gracia de Dios, que purifica, que sana, que levanta y construye. Solo el que tiene conciencia del encuentro con el Señor, sabe qué No debe tener miedo, pues Dios es el dueño de todo, pues hasta los cabellos de la cabeza están contados, y los seres humanos valemos más que muchos pajarillos.Las comunidades que conformamos la gran iglesia de Jesucristo, deben estar impregnadas por la presencia infinita de Dios, que las lleva a distinguirse como comunidades valientes, que dan testimonio del amor de dios, así construiremos, la iglesia, que él fundó, y que nosotros ayudamos a edificar día tras día.3.Oratio y Contemplatio: ¿Que suplicamos al señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La dimensión cristiana, se refleja en el arte de descubrir permanentemente el alcance de la palabra Misión, hasta el punto que se hacen uno solo, la misión y el enviado; que tiene claro que no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo importante es encontrarle sentido a la vida, entregando todo por el evangelio, para que se cumpla la sentencia del Señor, si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos.Anunciar la misión, requiere discípulos auténticamente cristianos, según el corazón de Dios, Pues Él es el que le da sentido a toda la existencia. Así que la misión evangelizadora no es una opción sino una responsabilidad de amor, que nos compromete como persona, como familia, como comunidad, como integrante de la iglesia, que se funda en el amor, y en la certeza de que Dios siempre, pero siempre está al lado, del que lo invoca sinceramente.Misión es reconocer que los dones recibidos se reciben para transmitirlos. Lo que recibiste gratis dadlo gratis. De tal manera que, despojados de toda consideración mundana, que nos aleje de Dios, llenemos el mundo que vivimos con la fragancia plena del compartir todo lo que tenemos, porque solo así, haremos presente al Dios que nos dio la vida, para ser como Él.Recomendaciones Practicas•Hoy, en la segunda vuelta presidencial, recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es también una forma concreta de vivir nuestra fe y amar a Colombia.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del temor, de la persecución y de la confianza. El profeta Jeremías experimenta la hostilidad y la calumnia, pero proclama con firmeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. San Pablo nos recuerda que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y Jesús nos exhorta: “No tengan miedo”, invitándonos a confiar en la providencia del Padre.En este día en que nuestra nación vive la segunda vuelta de la elección presidencial, venimos a la Eucaristía para poner a Colombia en manos de Dios. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza, ilumine nuestra conciencia y nos ayude a vivir este momento con responsabilidad, serenidad y fe.Monición a la liturgia de la PalabraA pesar de nuestras limitaciones y miedos, el Señor, nos acompaña, y nos acoge con el verdadero valor de sus fieles, que somos más valiosos que muchos pajarillos.Oración Universal o de los FielesPresidente: Confiando en el Señor que cuida de cada uno de sus hijos, presentemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que en medio de las tensiones sociales anuncie con valentía la verdad, promueva la justicia y sea signo de reconciliación y esperanza.2.Por nuestra nación en esta jornada electoral, para que los ciudadanos participen con responsabilidad y conciencia, y el proceso se desarrolle en paz, respeto y transparencia.3.Por quien sea llamado a ejercer la presidencia, para que gobierne con sabiduría, sentido de servicio y compromiso con el bien común, especialmente de los más pobres y vulnerables.4.Por quienes sienten miedo, incertidumbre o división ante la situación del país, para que la palabra de Cristo —“No tengan miedo”— fortalezca sus corazones y los abra al diálogo y a la fraternidad.5.Por nosotros aquí reunidos, para que demos testimonio público de nuestra fe con coherencia, sin avergonzarnos de Cristo, y seamos constructores de paz en nuestras familias y comunidades.Oración ConclusivaPadre bueno, tú que conoces hasta el número de nuestros cabellos y sostienes la historia con tu providencia, escucha nuestras oraciones y guía a nuestra nación por caminos de justicia y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
Vie 12 Jun 2026
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
DÉCIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDIANARIO14 junio 2026Primera lectura: Éx 19,2-6aSalmo: Sal 100(99),1-2.3.5(R.3c)Segunda lectura:Rm 5,6-11Evangelio: Mt 9,36–10,8I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónAmar, formar y enviar son tres verbos que describen la relación entre Dios y el ser humano en la liturgia de la Palabra. La iniciativa del Señor, al revelarse a la humanidad, se fundamenta en un amor que se convierte en proyecto, el cual propone un camino e implica una respuesta personal y comunitaria, anclada en la fe y en la fidelidad. Tal proyecto de amor recibe el nombre de “Alianza”, el modo como Dios decide acercarse sin imposiciones, sino desde la libertad, para hacer una invitación en la cual encontramos plenitud y vida nueva. Vivir la Alianza como un proyecto de vida que corresponde al amor del Señor implica formar el corazón, es decir, disponer la vida para que la Palabra nos moldee, nosconfronte e impulse al crecimiento. Este es el itinerario de Jesús con sus discípulos, quien, amándolos a la manera del Padre, los forma desde la Palabra y las acciones en el sentido del Reino, y camina junto a ellos para acompañar y cuidar. Finalmente, vivir la Alianza tiene un componente misionero y evangelizador. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay un envío a la misión: ser testigos de la manera como Dios ama y transforma, a través de la cotidianidad de nuestras acciones y relaciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En el relato del libro del Éxodo se describe el propósito de Dios para su pueblo: ser su propiedad personal y hacer de ellos una nación santa. Este propósito es comunicado a Moisés de forma íntima, contundente y tierna. Sube la montaña (lugar que en la Sagrada Escritura representa el encuentro con el Señor) y, al estilo de los profetas, lo encarga de expresar al pueblo su mensaje. En lo que Dios comunica hay detalles clave necesarios de resaltar: les recuerda quién los ha liberado de la esclavitud y los ha conducido a Él sobre alas de águila (gesto que simboliza protección, ternura y cuidado). Los invita a la escucha de su voz y a la vivencia de su alianza, lo que se traduce en una vida colmada por la obediencia y la fidelidad al amor.Es Dios llamando a su pueblo a caminar y permanecer junto a Él. Este llamado resuena también en el evangelio. Jesús, como enviado del Padre, proclama el Reinado de Dios y, de manera progresiva, involucra a los discípulos en esta tarea. Los ha instruido en la Palabra esperanzadora y en la acción justa; ahora ha llegado el tiempo del envío. Tras invitarlos a la oración al dueño de la mies para que mande obreros, los llama a cada uno por su nombre, lo que simboliza el gesto amoroso del Señor y la responsabilidad personal para la misión, con la autoridad para transformar y sanar.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La alianza es nuestro proyecto de vida personal y comunitario; es el deseo de Dios para nosotros: que vivamos la libertad pascual sin renunciar a su amor que nos convoca, y viviendo según la inspiración de su Palabra. Para vivir la certeza y el camino de este proyecto, debemos tener en cuenta algunas claves:1. Subir a la montaña para el encuentro:En diversos relatos del Pentateuco, Dios llama a Moisés a las alturas. Allí lo forma, lo exhorta y le indica la forma como debe ejercer su liderazgo. Nosotros somos invitados a la montaña en la vivencia de los sacramentos, la oración personal y la vida en comunidad, que se teje desde una espiritualidad fraterna y servicial. Subimos a las alturas para ser formados e inspirados por la Palabra. Que siempre haya lugar en el corazón para peregrinar a la montaña donde el amor nos encuentra y nos indica el camino.2. Escuchar la Palabra y guardar la alianza:La escucha es la capacidad de direccionar el corazón a Dios, para discernir, decidir y actuar. Es la acción que suscita la formación humana y espiritual, que posibilita la obediencia y garantiza la disposición a que el Señor actúe en nosotros. Ante los múltiples ruidos de la sociedad que nos conducen a la dispersión y nos desenfocan de lo fundamental, escuchar es una actitud sabia y contundente que silencia las exterioridades pasajeras y se concentra en la vitalidad de un proyecto de amor construido desde las relaciones que se hacen camino, familia y comunidad. ¡Que la escucha determine nuestros discernimientos y decisiones!3. Transformar y sanar, la razón por la que somos enviados:El espíritu de una Iglesia sinodal se vislumbra en la misión, en tener buenas noticiaspara proclamar con sencillez, alegría y convicción. Del mismo modo que a los discípulos, Jesús nos llama por nombre propio, porque cada uno, desde lo que es y hace, puede ser noticia de esperanza para otros. Al llamarnos, nos da la autoridad que se refleja en la coherencia y el servicio, y pone en nuestras manos la artesanal obra de ayudar a cicatrizar las heridas y vencer, desde el amor, las rupturas del mundo. Nuestros contextos cotidianos son escenarios de misión; como discípulos, asumamos el desafío de sanar a los heridos y amar los corazones que odian.Estos tres aspectos expresan un modo cotidiano como podemos vivir, personal y comunitariamente, el proyecto de la alianza, como invitación a caminar y permanecer junto al Señor.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La meditación de la Palabra orienta el corazón a la contemplación de la ternura y la cercanía de Dios. Los textos leídos suscitan en nosotros la plegaria y el deseo de subir a la montaña para que su amor nos encuentre, de acrecentar en nosotros la escucha como actitud que nos impulsa a crecer en la fidelidad y el amor. Finalmente, a reconocer que en el Señor somos llamados y enviados para sanar a los heridos y vencer las rupturas del mundo en clave de amor. Hoy pidamos al buen Dios que fortalezca en nosotros su alianza, la escucha y la certeza de nuestro llamado a pasar por el mundo haciendo el bien, al estilo de Jesús.Recomendaciones prácticas:•Día del padre.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos recuerda que somos un pueblo elegido, propiedad suya, llamado a ser reino de sacerdotes y nación santa. San Pablo nos anuncia el amor inmenso de Dios, que nos amó cuando aún éramos débiles y pecadores. Y en el Evangelio vemos a Jesús compadecerse de la multitud y enviar a sus discípulos como obreros a su mies.Celebramos la Eucaristía agradeciendo el amor que nos precede, nos reconcilia y nos envía. Que esta celebración renueve en nosotros la conciencia de ser pueblo amado y enviado a anunciar el Reino con obras de misericordia.Monición a la Liturgia de la Palabra Los textos propuestos por la Iglesia para este domingo nos sitúan en la experiencia del encuentro, el llamado y el envío. En el relato del Éxodo, Dios indica a Moisés que comunique al pueblo la vivencia de su proyecto de amor. Por su parte, san Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda la acción salvífica de Dios por la Pascua, que nos reconcilió con su amor, y en el evangelio se nos recuerda que somos llamados y enviados.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios que nos ha hecho su pueblo y nos envía como servidores de su Reino, elevemos nuestras súplicas diciendoR. Señor, envíanos como obreros a tu mies.1.Por la Iglesia, para que viva con gratitud su elección y anuncie con valentía el amor reconciliador de Cristo en medio del mundo.2.Por quienes tienen responsabilidades de gobierno y liderazgo en nuestra sociedad, para que ejerzan su misión con espíritu de servicio, buscando siempre el bien común y la dignidad de los más vulnerables.3.Por las comunidades que se sienten cansadas o desorientadas, para que experimenten la compasión de Cristo y encuentren pastores y servidores que las acompañen con cercanía y verdad.4.En este Día del Padre, por los padres de familia, para que, fortalecidos por el amor de Dios que nos reconcilia, vivan su vocación con responsabilidad, ternura y fidelidad.5.Por todos nosotros, para que respondamos con generosidad al llamado del Señor y hagamos de nuestra vida un servicio concreto a los hermanos.Oración conclusivaPadre bueno, que en tu Hijo nos has reconciliado y nos llamas a trabajar en tu mies, escucha nuestras súplicas y haznos fieles a tu envío. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 22 Mayo 2026
“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.