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Participación de la mujer en la vida de la Iglesia colombiana
Tags: mujer comisión episcopal de doctrina gloria franco maría isabel gil consuelo vélez iglesia colombiana
Tras la nominación en días pasados de tres mujeres como miembros del Dicasterio para los Obispos, unida a otros nombramientos de más mujeres en organismos de la Santa Sede, el Papa Francisco continúa reafirmando su intención de otorgarles un papel preponderante en la vida de la Iglesia, no solo en el discurso teológico sino en la vida práctica. Esta decisión va en sintonía con la anhelada reforma de la Curia Romana luego de la promulgación y entrada en vigor de la Constitución Apostólica “Praedicate Evangelium” que busca empoderar a todos los miembros del Pueblo de Dios en su rol de pertenencia activa en las estructuras, los procesos, los estilos eclesiales, siempre en sintonía sinodal.
En el contexto de la pasada Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano 113 ha tenido lugar la primera reunión entre la Comisión Episcopal de Doctrina y el nuevo Comité Teológico Consultivo del trienio 2021-2024 que, por primera vez, tiene una amplia participación de mujeres (3 de 7 miembros). Se trata de tres doctoras en teología, de las cuales una pertenece a la vida consagrada y dos al estado laical, todas muy vinculadas a diversos ambientes pastorales y académicos de la Iglesia: Gloria Liliana Franco Echeverry, ODN; María Isabel Gil Espinosa y Olga Consuelo Vélez Caro; precisamente, con esta última hemos conversado sobre la actual coyuntura eclesial.
Departamento de Doctrina (DD): Comparta con nosotros algunos datos de su perfil personal, pastoral y profesional.
Olga Consuelo Vélez: Soy doctora en Teología por la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. Profesora titular e investigadora por 35 años de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Actualmente me desempeño como profesora e investigadora de la Licenciatura en Teología de la Fundación Universitaria San Alfonso. Profesora invitada en instituciones nacionales e internacionales. Autora de libros y numerosos artículos. Asesora de grupos eclesiales. Ponente nacional e internacional.
DD: Seguramente ha recibido con alegría y esperanza los recientes nombramientos de mujeres en organismos eclesiales de la Iglesia Universal; ¿qué aporta la presencia de las mujeres en estos ámbitos que, históricamente, eran preponderantemente masculinos y clericales?
OCV: La participación de las mujeres en organismos eclesiales contribuye a dar un testimonio más creíble de una Iglesia sinodal, de una Iglesia Pueblo de Dios que se fundamenta en el sacramento del bautismo por el que todos son hijos e hijas de Dios y partícipes del sacerdocio, profetismo y realeza de Jesucristo. La participación de las mujeres en niveles de decisión permite ser una Iglesia más en consonancia con los signos de los tiempos, en concreto, con terminar con la exclusión que han sufrido las mujeres a muchos niveles en la sociedad y en la misma Iglesia. El Papa Francisco reconoce que es urgente abrir más espacios de participación a las mujeres porque todavía su presencia es muy pequeña. Además, si varones y mujeres han sido creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis) no hay razones teológicas para cerrar espacios de participación para las mujeres. Finalmente, el “sentido de fe de todo el pueblo de Dios” sensus fidelium, reside en varones y mujeres, con lo cual no abrir espacios de participación a las mujeres es limitar el sentido de fe del pueblo de Dios a través del cual Dios sigue hablándonos.
DD: ¿Qué experiencias significativas podría resaltar en el ámbito de la Iglesia colombiana con respecto al empoderamiento de las mujeres en el campo de la evangelización, tanto en el estado laical como en la vida consagrada?
OCV: Especialmente a nivel teológico hay una presencia significativa de teólogas, con reconocimiento internacional, participando activamente de la formación del clero (religiosos) y elaborando la teología feminista (de la mujer) con aportes significativos a nivel nacional e internacional. También hay más mujeres laicas estudiando teología. La vida religiosa empieza a inquietarse por los temas de la mujer y por tener mayor protagonismo.
DD: En el contexto del Sínodo de la Sinodalidad, ¿cómo pueden las mujeres lograr que su participación integral en la Iglesia no sea eventual y pasajera, por seguir el ritmo de la coyuntura, sino que permee a largo plazo y ayude a renovar las estructuras eclesiales, los procesos evangelizadores y los estilos de vida?
OCV: Se necesita un proceso de formación a nivel de todo el pueblo de Dios. Los elementos que anoté en la primera pregunta son fundamento para que el esfuerzo de una Iglesia sinodal perdure en el tiempo y no se reduzca a una moda pasajera. Se necesita una formación eclesiológica para consolidar una Iglesia Pueblo de Dios; una formación bíblica que ayude a redescubrir y valorar la vida de las primeras comunidades cristianas en las que los ministerios eran plurales y se ejercían por varones y mujeres; una formación cristológica que muestre la praxis de reconocimiento y valoración de las mujeres por parte de Jesús. Una formación antropológica, psicológica y sociológica, que ayude a evidenciar la sociedad machista y patriarcal en la que vivimos, denunciar toda subordinación y violencia contra las mujeres y proponer acciones y espacios que favorezcan la defensa de la dignidad de las mujeres y la igualdad fundamental entre varones y mujeres. La participación de las mujeres en la Iglesia sinodal es más que dar una responsabilidad, es un cambio de mentalidad, de actitudes y de valores para que haya una participación de todo el pueblo de Dios en aquello que afecta a todos.
DD: ¿Se podría hablar, entonces, de la necesidad de un renovado modelo eclesial de Pueblo de Dios?
OCV: La Iglesia no podrá ser sinodal si no promueve un modelo eclesial de Pueblo de Dios donde todos –ministros ordenados, estado laical y vida religiosa- tengan una real participación en los niveles de decisión de la Iglesia. El aporte de las mujeres no se reduce a que haya más presencia femenina o al aporte que puedan dar en intuición, servicio, generosidad, etc. (y todas aquellas funciones culturales que se les atribuyen por el hecho de ser mujeres), sino que se comprenda que sin la presencia del laicado y, más aún, de las mujeres en todos los espacios eclesiales, la Iglesia no logra ser sacramento de comunión, medio para caminar juntos, espacio del sensus fidelium, a qué está llamada. Por supuesto en la Iglesia se ejercen diversos ministerios, pero todos ellos han de ser para el servicio del pueblo de Dios y no para tener privilegios o excluir de la misión de evangelizar a algunos de sus miembros, ya que esta es responsabilidad de todos. Una Iglesia sinodal, necesariamente, es una Iglesia con la participación efectiva y afectiva de las mujeres.
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Vie 27 Mar 2026
"Cristo camina hoy con el pueblo colombiano": el viacrucis 2026 invita a mirar el dolor del país con esperanza activa
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Doctrina, presenta el texto para la meditación del viacrucis en esta Semana Santa 2026, una guía que, bajo el lema “Cristo camina hoy con el pueblo colombiano”, propone a las comunidades de fe contemplar la pasión de Jesús desde las realidades concretas del país, marcadas por el sufrimiento, pero también por la esperanza y la posibilidad de transformación.Este material, esperado cada año por parroquias, jurisdicciones eclesiásticas y fieles en todo el territorio nacional para la celebración del Viernes Santo, ofrece una lectura contextualizada del camino de la cruz, conectando cada estación con situaciones actuales como la violencia, la pobreza, el desplazamiento, la exclusión y la búsqueda de justicia y paz.Un viacrucis encarnado en la realidad del paísDesde su introducción, el texto plantea una clave de lectura clara: Cristo no es ajeno a la historia de Colombia, sino que camina con su pueblo, carga sus heridas y se hace presente en quienes más sufren.“Queremos descubrir hoy tu rostro en los rostros heridos de nuestro país”, propone la oración inicial, que invita a reconocer a Jesús en los pobres, en las víctimas de la violencia, en quienes resisten y esperan.A lo largo de las estaciones, esta mirada se profundiza con una lectura pastoral y social que interpela directamente la realidad nacional. En la primera estación, por ejemplo, la condena injusta de Jesús se vincula con las múltiples formas de injusticia presentes en Colombia: líderes sociales silenciados, inocentes estigmatizados y comunidades olvidadas.La cruz que Cristo carga se traduce en “violencia, pobreza, desigualdad, desplazamiento, miedo y exclusión social”, realidades que afectan especialmente a los más vulnerables.Dolor, memoria y compromisoEl texto no se limita a la contemplación del sufrimiento, sino que propone una lectura que invita al compromiso personal y comunitario. Cada estación incluye oraciones, reflexiones y compromisos concretos orientados a la conversión de las relaciones humanas, el cuidado de la dignidad y la construcción de paz.En este sentido, el viacrucis resalta la necesidad de no acostumbrarse al dolor ni a la injusticia, y de asumir una actitud activa frente a las realidades que generan sufrimiento. Así lo expresa en varias meditaciones que llaman a “no pasar de largo ante el dolor del hermano” y a transformar el lenguaje, las actitudes y las acciones cotidianas.De manera especial, el documento hace un fuerte énfasis en la memoria de las víctimas. En estaciones como la crucifixión y la muerte de Jesús, se recuerda que Cristo sigue siendo crucificado en cada vida truncada, en cada asesinato, en cada desaparecido y en cada víctima olvidada del país.Asimismo, se subraya la importancia de dignificar el dolor, generar espacios de duelo y reconocer la verdad como camino hacia la reconciliación.Una mirada a Colombia desde el EvangelioEste viacrucis 2026 propone una lectura creyente de la realidad nacional, en la que las caídas de Jesús evocan las caídas del país: procesos de paz frustrados, promesas incumplidas y heridas que no terminan de cerrar.Sin embargo, lejos de una visión fatalista, el texto insiste en la esperanza. La resurrección, última estación del camino, se presenta como una invitación a creer que la muerte no tiene la última palabra y que es posible construir un futuro distinto.“La resurrección no significa olvidar el dolor, sino creer que la injusticia no es destino”, afirma una de las reflexiones finales, que invita a trabajar por la verdad, la reconciliación y la paz incluso en medio de la adversidad.Una invitación a ser constructores de vida nuevaEl subsidio concluye con una oración que recoge el sentido de todo el itinerario espiritual: poner en manos de Dios la historia herida del país y comprometerse a ser “constructores de vida, defensores de la dignidad humana y artesanos de verdad, justicia y reconciliación”.De esta manera, la Conferencia Episcopal de Colombia ofrece no solo un subsidio litúrgico, sino una herramienta pastoral que busca iluminar la realidad nacional desde el Evangelio y movilizar a las comunidades hacia una vivencia de la fe comprometida con la transformación social.
Vie 20 Feb 2026
El ministerio sacerdotal en tiempos de sinodalidad, tema del nuevo boletín teológico de la Conferencia Episcopal de Colombia
La reflexión sobre la misión de los sacerdotes en una Iglesia que camina en comunión es el eje de la tercera edición del boletín Actualidad Teológica, publicada por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión y el Departamento de Doctrina. Bajo el título ‘El presbiterio y la sinodalidad’, esta nueva entrega reúne claves teológicas y pastorales que orientaron el discernimiento de los obispos durante su más reciente Asamblea Plenaria y que ahora se ofrecen a toda la Iglesia como un aporte para comprender y fortalecer el ministerio presbiteral en el contexto actual.El boletín propone una reflexión sobre el ministerio de los presbíteros entendida como servicio a la comunión y a la misión compartida del Pueblo de Dios. En el horizonte de la sinodalidad, el sacerdote es presentado no como un actor aislado ni como un simple ejecutor de tareas pastorales, sino como colaborador del obispo y compañero de camino de las comunidades, llamado a animar la vida eclesial desde la cercanía, la escucha y la corresponsabilidad.Este subsidio de reflexión parte de una mirada a la realidad concreta de los presbíteros en Colombia, marcada por los desafíos de un contexto social cambiante y por las múltiples exigencias del ministerio pastoral. Allí se reconocen tanto la entrega generosa de muchos sacerdotes como las dificultades que enfrentan en su vida y misión, entre ellas el desgaste pastoral, la sobrecarga de responsabilidades, la necesidad de acompañamiento y los retos relacionados con la vida espiritual, la afectividad y la relación con los bienes materiales. Esta lectura busca situar la reflexión teológica en la experiencia real del presbiterio, reconociendo también las búsquedas de sentido y las esperanzas presentes en el Pueblo de Dios.A partir de este diagnóstico, el boletín desarrolla un fundamento teológico que presenta al presbiterio en el corazón de una Iglesia sinodal. Desde esta perspectiva, el ministerio sacerdotal encuentra su centro en la vida sacramental —especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación— como fuente de comunión y como lugar desde el cual el presbítero configura su vida con Cristo y fortalece su servicio a la comunidad. La sinodalidad aparece así no solo como un método de trabajo o una forma organizativa, sino como un modo de ser Iglesia que transforma las relaciones y el ejercicio de la autoridad pastoral.El documento ofrece también orientaciones pastorales que invitan a fortalecer la vida espiritual de los sacerdotes, promover la fraternidad presbiteral, cuidar la dimensión afectiva del ministerio, vivir una relación evangélica con los bienes y asumir de manera consciente los desafíos del entorno digital. A ello se suma la necesidad de una formación permanente que acompañe a los presbíteros a lo largo de toda su vida, ayudándoles a integrar su vocación en medio de las exigencias del tiempo presente.Con esta tercera edición de Actualidad Teológica, la Conferencia Episcopal propone un insumo de formación y discernimiento dirigido no solo a los obispos y sacerdotes, sino también a formadores, agentes de pastoral y comunidades eclesiales sobre ministerio presbiteral. De tal manera que pueda aportar elementos que ayuden a seguir construyendo una Iglesia que viva la comunión, la participación y la misión como expresión concreta de su vocación sinodal.
Mar 2 Dic 2025
Conferencia Episcopal presenta la segunda edición de ‘Actualidad Teológica’ con artículos investigativos que responden a desafíos sociales y eclesiales
La Comisión de Doctrina y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia presentan la segunda edición del boletín Actualidad Teológica, una iniciativa que busca promover el diálogo entre la teología y los desafíos actuales de la sociedad.Esta entrega reúne siete artículos presentados durante el Coloquio Internacional de Estudiantes y Profesores de Teología, realizado el 22 y 23 de octubre de 2025, en la Universidad Santo Tomás de Aquino, en Bogotá, en articulación con TeoRed, la Red de Facultades de Teología del país.Cuatro de los artículos fueron escritos por docentes de distintas facultades de teología y tres por estudiantes de pregrado y posgrado de diferentes universidades del país.Dignidad de la creación y desafíos éticosEl boletín abre con el artículo Dignidad Animal en la Revelación Bíblica: Un desafío actual, escrito por Kelly Alejandra Tejada Espinosa, estudiante de la Fundación Universitaria Seminario Teológico Bautista. La autora plantea una revisión ética desde la fe frente al trato dado hoy a los animales, partiendo de la Escritura. En su texto, afirma que “la conexión bíblica con los animales provee elementos teológicos que sostienen la dignidad y el valor como criaturas de Dios”, por lo que propone avanzar hacia “un veganismo flexible como praxis en concordancia ética, sin sugerir el veganismo como fin en sí mismo sino como resultado del discipulado y la mayordomía” (gestión responsable de recursos).Complementando esta reflexión ecológica, el artículo Fe y Medioambiente: La respuesta de la Iglesia Católica desde su Doctrina Social, de Jenny Katherine Jiménez Cuesta (Universidad San Buenaventura), destaca que la Iglesia es un actor con autoridad moral en la transformación de la relación humana con el planeta. Su investigación subraya que el desarrollo del magisterio en esta materia ofrece “una acción comprometida, concertada y sostenida en el tiempo” basada en la ecología integral.Teología, cuidado y espiritualidad liberadoraEn clave social, el aporte de María Alejandra Alvarado Navarrete (docente de la Universidad Santo Tomás y de la Pontificia Universidad Javeriana), titulado Teología y salud: Desafíos para la construcción del cuidado y la consolidación de la esperanza en las mujeres que sufren, analiza la experiencia espiritual de mujeres cuidadoras de familiares dependientes de sustancias psicoactivas. El estudio revela que “la fe aparece como espacio de ambivalencia, pero también como posibilidad emancipadora”, al poder convertirse en un motor de protección y dignificación de quienes acompañan procesos de adicción en sus hogares.Diálogo interreligioso y diversidad eclesialEl sacerdote jesuita José Yamid Castiblanco, docente de la Pontificia Universidad Javeriana, presenta El documento sobre fraternidad humana: impacto y desafíos para el diálogo interreligioso, donde profundiza en el texto firmado en 2019 por el papa Francisco y el gran imán Ahmed Al-Tayeb. A su juicio, este documento es “una semilla de esperanza, un signo profético para la paz y la convivencia en un mundo plural”.En ese mismo horizonte, Estiven Valencia Marín (UTP – UCP) reflexiona sobre la pluralidad al interior y fuera de la Iglesia en Apertura ecclesiæ mundum. Allí sostiene que la diversidad de sensibilidades debe asumirse como “una apuesta de la misma Iglesia Católica para la construcción de una sociedad cada vez más justa y solidaria”.Aportes desde la historia y la cultura bíblicaEl docente Alejandro de Jesús García Durán (Unicervantes) revisa críticamente la figura de Arrio en La reivindicación de Arrio. El “mito” del archihereje creado por la ortodoxia, destacando que la imagen del teólogo alejandrino debe ser leída “de manera más serena e imparcial”, a la luz de nuevas investigaciones patrísticas que buscan situarlo en su propio contexto histórico.Cierra esta edición de Actualidad Teológica, el artículo titulado Uso de lo “bíblico” como adjetivo: hermenéutica cultural y bíblica en dos casos contemporáneos, de Fabián Rico Virgüez (profesor de la Universidad Santo Tomás y de la Uniminuto), quien analiza el uso del término “bíblico” en contextos seculares como la música y el deporte. El autor plantea la necesidad de un “desplazamiento epistemológico” para comprender cómo la cultura “reapropia y resignifica lo bíblico” sin referencia directa a la autoridad religiosa.
Mié 5 Nov 2025
Mater Populi Fides: claves para entender la nueva nota doctrinal del Vaticano sobre la Virgen María
El pasado 4 de noviembre, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una nota doctrinal titulada Mater Populi Fides, sobre ciertos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación. Según el cardenal Víctor Fernández, Prefecto de este Dicasterio, el documento tiene como objetivo clarificar en qué sentido son aceptables, o no, algunos de los títulos y expresiones atribuidos a la Virgen María. Por ello, el texto busca profundizar en los fundamentos de la devoción mariana, señalando su lugar en relación con los creyentes a la luz del Misterio de Cristo, el único Mediador y Redentor.A lo largo de los siglos de la fe cristiana, la Santísima Virgen María ha sido objeto de innumerables escritos. Estos parten desde la misma Palabra de Dios, pasan por los Padres de la Iglesia, los Concilios y los Pontífices, y llegan hasta la literatura particular de autores que han ofrecido sus reflexiones o meditaciones sobre el papel de la Virgen María en la vida cristiana.En el caso de esta nota doctrinal, el Dicasterio reconoce que la devoción a María es un tesoro para la vida de la Iglesia y, por lo tanto, debe ser valorada, admirada y alentada. La maternidad de María y su relación con los creyentes constituyen el núcleo de este texto, el cual se ilumina con las Escrituras y se apoya en la rica tradición de los Padres y Doctores de la Iglesia y de los últimos Pontífices.El texto señala que algunos títulos otorgados a María, incluso aquellos que ya aparecen en los Santos Padres de la Iglesia, no siempre se utilizan con precisión, y a veces su significado puede ser alterado o malinterpretado. El problema central en la interpretación de estos títulos es cómo se entiende la asociación de María en la obra redentora de Cristo, es decir, «¿cuál es el significado de esa singular cooperación de María en el plan de la salvación?». Por consiguiente, es fundamental dejar muy clara la única mediación de Cristo y la cooperación subordinada de María en la obra de la salvación.El documento analiza títulos específicos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación para aclarar su conveniencia o inconveniencia. Entre ellos están:CorredentoraEl texto se refiere a lo polémico que ha sido este término y cómo ha servido para malas interpretaciones sobre el papel de la Virgen María en la historia de la salvación. En el número 22, dice literalmente:"Cuando una expresión requiere muchas y constantes explicaciones, para evitar que se desvíe de un significado correcto, no presta un servicio a la fe del Pueblo de Dios y se vuelve inconveniente. En este caso, no ayuda a ensalzar a María como la primera y máxima colaboradora en la obra de la Redención y de la gracia, porque el peligro de oscurecer el lugar exclusivo de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación, único capaz de ofrecer al Padre un sacrificio de valor infinito, no sería un verdadero honor a la Madre. En efecto, ella, como «esclava del Señor» (Lc 1,38), nos señala a Cristo y nos pide hacer «lo que Él os diga» (Jn 2,5)."MediadoraEl documento enfatiza que Cristo es el único Mediador, citando a San Pablo: «pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos» (1 Tim 2, 5-6). Sin embargo, también se reconoce la mediación de María al hacer posible la Encarnación del Hijo de Dios. En este sentido, el Concilio Vaticano II, al hablar de la mediación de María, lo hace de manera subordinada a la de Cristo (Lumen gentium, 55-62). Por eso, no se puede hablar de otra mediación en la gracia que no sea la del Hijo de Dios encarnado.Madre de los creyentesEste título reconoce la maternidad espiritual de María. El documento recuerda un texto de la exhortación apostólica Marialis Cultus (n. 22), destacando que "la participación de la Virgen María, como Madre, en la vida de su Hijo, desde la Encarnación hasta la cruz y la Resurrección, da un carácter único y singular a su cooperación en la obra redentora de Cristo, de manera especial para la Iglesia, «cuando considera la Maternidad espiritual de María para con todos los miembros del Cuerpo místico; en confiada invocación, cuando experimenta la intercesión de su Abogada y Auxiliadora”."Madre de la graciaRespecto a este título, la nota aclara que no debe entenderse en el sentido de que María posea un depósito de gracia separado de Dios. Más bien, se percibe que el Señor, en su generosa y libre omnipotencia, ha querido asociarla a la comunicación de la vida divina que brota de un único centro: el Corazón de Cristo, no de María (Lumen gentium, 8). Nuestra salvación es obra de la gracia salvadora de Cristo y de ningún otro. El texto clarifica en su número 53, en qué sentido podemos llamarla Madre de la gracia:"Ninguna persona humana, ni siquiera los apóstoles o la Santísima Virgen, puede actuar como dispensadora universal de la gracia. Solo Dios puede regalar la gracia (Summa Theologiae, I-II, q. 112, a. 1, co) y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo (Summa Theologiae, I-II, q. 112, a. 1, ad 1), ya que «la plenitud de gracia de Cristo hombre la tiene como unigénito del Padre». Aunque la Santísima Virgen María es preeminentemente “llena de gracia” y “Madre de Dios”, ella, como nosotros, es hija adoptiva del Padre."María, por tanto, nos ayuda a disponernos para la acción de Dios y, como dice el Evangelio de San Juan, ella quiere que nosotros hagamos «lo que Él os diga» (Jn 2,5).Mediadora de todas las graciasEl texto afirma que este título tiene límites, pues no facilita la correcta comprensión del lugar único de María. Corre el peligro de ver la gracia divina como si María se convirtiera en una distribuidora de bienes o energías espirituales desconectada de nuestra relación personal con Jesucristo (n. 68). No obstante, la expresión “gracias”, referida a la materna ayuda de María en distintos momentos de la vida, puede tener un sentido aceptable, expresando todos los auxilios (incluso materiales) que el Señor puede regalarnos escuchando la intercesión de la Madre; auxilios que, a su vez, disponen los corazones para abrirse al amor de Dios. María nos ayuda a abrir nuestro corazón para recibir la gracia que el Señor nos otorga a través de su hijo Jesucristo.Madre del Pueblo fielNuestra fe cristiana reconoce que María es «la primera que “ha creído”, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos» (Redemptoris Mater n. 46). Recordando las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de 2022, el documento alude a este título, Madre del Pueblo fiel, que camina en medio de su pueblo, movida por una ternura amorosa, y asume sus angustias y vicisitudes.De esta manera, la nota, aprobada por el Sumo Pontífice y publicada por el Dicasterio de la Doctrina de la Fe, se presenta como un documento iluminador que aclara el papel de la Santísima Virgen María en la fe de la Iglesia y despeja las dudas o confusiones que esta devoción había generado, especialmente en el seno de algunos movimientos al interior de la Iglesia, respecto al papel de María en la historia de la salvación.Artículo escrito por el Pbro. Carlos Guillermo Arias Jiménez, Director del Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia.