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Escuchar para salvar vidas: la respuesta pastoral de la Arquidiócesis de Ibagué ante crisis de salud mental
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Frente a la persistente crisis de salud mental en Colombia —con 28.290 intentos de suicidio registrados solo entre enero y septiembre de 2025, según el Instituto Nacional de Salud—, la Arquidiócesis de Ibagué ha presentado una respuesta sólida y anticipada. Desde 2020, el programa “Salvando Vidas”, liderado por monseñor Orlando Roa Barbosa, se ha consolidado como un modelo pionero de acompañamiento integral para personas con ansiedad, depresión e ideación suicida. Ha ofrecido escucha, refugio y una ruta de esperanza a más de cinco mil personas al integrar la acción pastoral, la atención psicosocial y el apoyo comunitario.
El nacimiento de “Salvando Vidas”
El programa “Salvando Vidas” fue creado en octubre de 2020, en plena pandemia, como una apuesta pastoral para ofrecer un espacio permanente de escucha y acompañamiento a personas mayores de 15 años que atraviesan crisis emocionales, psicológicas y espirituales profundas. Desde entonces, el centro ha atendido a más de cinco mil beneficiarios de distintos contextos socio-económicos.
Su gestación estuvo marcada por la preocupación personal y pastoral del arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa Barbosa, desde que el Papa Francisco le encomendó la misión de pastorear esta porción de Iglesia en el departamento del Tolima. Realidades como las altas tasas de suicidio en la ciudad, particularmente en lugares como el Puente de la Variante, popularmente como “el puente de la muerte”, fueron claves para trazar esta prioridad.
En ese proceso, el Arzobispo encontró una aliada clave en María Andrea Vargas, empresaria y coach, con quien estructuró y puso en marcha el programa y quien hoy lo dirige.
En palabras de monseñor Roa Barbosa:
“El tema que más me tocó fue el de la salud mental. Aquí en Ibagué tenemos un puente donde muchas personas han sacrificado su vida. Fue entonces cuando conocí a María Andrea Vargas, una empresaria y coach con una sensibilidad especial por este tema. Juntos empezamos a soñar y a construir ‘Salvando Vidas’, y hoy ella lo lidera con compromiso y profesionalismo.”
Esta alianza entre la Arquidiócesis y una líder laica permitió que el programa naciera con una mirada interdisciplinaria: profundamente pastoral, pero también estructurada y orientada a resultados verificables en términos de acompañamiento y prevención.
La visión del Arzobispo
Monseñor Orlando Roa ha subrayado que la motivación última del programa no son las cifras, sino la dignidad de cada persona:
“Con una vida que se haya salvado, se justifica toda la inversión que hayamos hecho.”
Esta convicción sitúa a “Salvando Vidas” como una expresión concreta de la misión evangelizadora y del compromiso de la Iglesia con la protección de la vida.
¿Cómo funciona el programa?
“Salvando Vidas” opera desde un centro de escucha ubicado en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá de Ibagué, donde las personas encuentran un espacio de atención personalizada, confidencial y respetuosa. El acompañamiento es pastoral y humano, basado en la escucha activa y el discernimiento de las necesidades de cada caso.
Cuando durante el proceso de escucha se identifica que la persona requiere apoyo psicológico especializado, el equipo remite al usuario a la Fundación para la Salud de la Arquidiócesis de Ibagué, donde cuenta con el acompañamiento de psicólogos profesionales. Esta articulación permite ofrecer una atención integral que combina las dimensiones espiritual, emocional y clínica, adaptada a la complejidad de cada situación.
Este modelo ha fortalecido la credibilidad del programa tanto dentro de la Iglesia como ante instituciones civiles y sociales de la región.
Junto a los momentos de escucha, “Salvando Vidas” también dedica tiempo al fortalecimiento de la espiritualidad. Jornadas de oración, adoración y alabanza con la “Banda Salvando Vidas” buscan cultivar también la fe y la esperanza de beneficiarios y voluntarios.
La Escuela “Salvando Vidas”: formar para acompañar
Como parte de su estrategia de sostenibilidad y expansión, se creó la Escuela “Salvando Vidas”, un espacio de formación dirigido a agentes pastorales, laicos, religiosos y profesionales interesados en el cuidado de la salud mental desde una perspectiva humana y cristiana.
La escuela ofrece módulos sobre escucha activa, acompañamiento en crisis, prevención del suicidio, discernimiento pastoral y autocuidado de quienes acompañan. Su objetivo no es solo atender casos, sino multiplicar capacidades en parroquias y comunidades para que la cultura del cuidado y la escucha se extienda más allá del centro de escucha.
Muchos de los actuales voluntarios y acompañantes se han formado en este programa, lo que ha permitido garantizar criterios comunes, calidad en la atención y una mirada integral que une fe, humanidad y responsabilidad social.
Café “Salvando Vidas”: un grano, una vida
El café “Salvando Vidas” nació como una estrategia de sostenibilidad del programa ante el crecimiento de la demanda de atención. El impacto que ha tenido el centro de escucha y los demás programas de la iniciativa, ha implicado mayores compromisos y la necesidad de contar con recursos estables para ampliar cobertura e incluso proyectar instalaciones propias más amplias.
En este contexto, y aprovechando que el Tolima es una zona productora de café de alta calidad, el programa impulsó un café de especialidad producido en una finca del municipio de Prado.
Jacqueline Sierra Hernández, quien fue beneficiaria del programa y hoy hace parte del equipo de promoción, divulgación y venta del café, explica que más allá de la venta, el café se ha convertido en una herramienta para vincular a empresas y personas al propósito de “Salvando Vidas”.
Sobre su proyección, Jacqueline añade:
“Dentro de las estrategias para este 2026 queremos tener embajadores de la marca Salvando Vidas, no solo en Colombia sino en el mundo. Que la gente sepa que es un café con propósito: que además de vivir una experiencia sensorial con una deliciosa taza de café, su apoyo permite que otra persona reciba orientación y acompañamiento espiritual y emocional.”
El valor de la escucha: testimonios desde adentro y mirada episcopal
El padre José Burgos, párroco de Nuestra Señora de Chiquinquirá, quien ha acompañado el proceso desde sus inicios, destaca el rasgo distintivo del programa:
“La gente llega con caras tristes, decepcionados de la vida. Y aquí encuentran algo muy escaso hoy: tiempo. Alguien que los escucha, que no mira una pantalla, y que los va llevando a una experiencia con Dios y con la comunidad”.
Esta insistencia en la escucha no es solo una intuición local. El propio arzobispo de Ibagué, monseñor Orlando Roa, ha señalado que la salud mental ha sido un tema abordado de manera reiterada entre los obispos colombianos, conscientes de que la Iglesia debe responder con mayor cercanía y acompañamiento a este desafío contemporáneo. Según el prelado, en asambleas se ha reflexionado sobre la necesidad de fortalecer espacios de escucha, prevenir el sufrimiento psíquico y articular mejor la acción pastoral con apoyos profesionales y comunitarios.
Por su parte, el padre José Gregorio Sánchez comparte su experiencia personal, en la que recuerda que los presbíteros también necesitan ser escuchados y acompañados:
“Siempre he dicho que soy hijo de ‘Salvando Vidas’. Llegué en un momento difícil al programa y encontré escucha, oración y acompañamiento…Esta es una obra que nos recuerda que cada persona tiene nombre, historia y que su vida es sagrada.”
Relevancia social y eclesial
Más que una iniciativa local, “Salvando Vidas” representa una forma concreta en que la Iglesia colombiana asume su responsabilidad pastoral y social frente a uno de los desafíos más complejos de nuestro tiempo. En una sociedad marcada por el aislamiento y la fragilidad emocional, este programa muestra que la escucha, el acompañamiento y la cercanía pueden salvar vidas y reconstruir esperanza
Con el inicio de 2026, la experiencia de Ibagué se presenta como un referente y un llamado para que otras jurisdicciones e instituciones fortalezcan acciones de cuidado integral de la salud mental y protección de la vida.
Vea a continuación el informe audiovisual:
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Vie 26 Jun 2026
Mar 14 Jul 2026
Papa León XIV designa a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez como administrador apostólico de la Diócesis de Jericó
El Papa León XIV designó a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez, obispo de la Diócesis de Caldas, como administrador apostólico de la Diócesis de Jericó, mientras el obispo electo, Diego Luis Rendón Urrea, recibe la ordenación episcopal y toma posesión canónica de esta Iglesia particular.Con esta designación, el Santo Padre garantiza la continuidad del gobierno pastoral de la diócesis durante el período de transición entre el ministerio de monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago y el inicio del servicio episcopal de su sucesor.Monseñor Juan Fernando Franco Sánchez continuará al frente de la Diócesis de Caldas y, de manera simultánea, ejercerá temporalmente la responsabilidad de administrador apostólico de la Diócesis de Jericó hasta la posesión canónica del nuevo obispo.La Diócesis de Caldas y la Diócesis de Jericó hacen parte de la Provincia Eclesiástica de Medellín y mantienen una estrecha relación pastoral por su cercanía geográfica y eclesial en el departamento de Antioquia.
Lun 13 Jul 2026
Papa León XIV nombra nuevo obispo para la Diócesis de Jericó: Pbro. Diego Luis Rendón Urrea
Sacerdote de la Diócesis de Santa Rosa de Osos y hasta ahora rector de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, el padre Diego Luis Rendón Urrea será el octavo obispo de esta Iglesia particular del suroeste antioqueño, reconocida por su riqueza espiritual, misionera y cultural, y por ser la tierra natal de Santa Laura Montoya, primera santa colombiana.El padre Rendón Urrea sucede en esta misión episcopal a monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago, quien acompañó pastoralmente la diócesis desde 2013 y presentó su renuncia al Santo Padre en agosto de 2024, tras cumplir los 75 años de edad, conforme a lo establecido por el Código de Derecho Canónico.De la educación superior católica al ministerio episcopalCon este nombramiento, el Papa León XIV confía la conducción pastoral de la Diócesis de Jericó a un sacerdote cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada a la educación y la evangelización.Durante los últimos años, el padre Diego Luis Rendón Urrea se desempeñó como rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, instituciones desde las que ha impulsado procesos de educación superior y formación virtual con identidad católica, al servicio de comunidades de distintas regiones del país.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de JericóEl padre Diego Luis Rendón Urrea nació el 3 de junio de 1967 en Rionegro, Antioquia. Realizó su formación filosófica y teológica en el Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos y en la Universidad Santo Tomás de Medellín. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2000 para la Diócesis de Santa Rosa de Osos.Realizó estudios de especialización en Gerencia Educativa en la Universidad de San Buenaventura de Medellín y en Pedagogía de la Virtualidad en la Fundación Universitaria Católica del Norte. Adelantó, además, estudios de doctorado en Educación en la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina.Entre los servicios pastorales que ha desempeñado a lo largo de su ministerio sacerdotal, se encuentran:- Vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción de Amalfi (2001).- Primer rector del Cibercolegio de la Fundación Universitaria Católica del Norte y vicario de Educación Católica (2002-2005).- Promotor vocacional y delegado de Pastoral Misionera (2005-2009).- Delegado de Pastoral Social y vicario de Pastoral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2010-2011).- Capellán del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) en Bogotá (2011-2014).- Párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Gómez Plata (2014-2015).- Miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2022-2026).- Rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN (2015-2026).Una diócesis con profunda tradición evangelizadoraLa Diócesis de Jericó fue creada el 29 de enero de 1915 mediante la bula Universi Dominici Gregis del Papa Benedicto XV. Está ubicada en el suroeste del departamento de Antioquia y extiende su jurisdicción pastoral sobre 15 municipios: Andes, Betania, Betulia, Caramanta, Ciudad Bolívar, Concordia, Hispania, Jardín, Jericó, La Pintada, Pueblorrico, Salgar, Támesis, Tarso y Valparaíso.La sede episcopal se encuentra en la ciudad de Jericó, donde está ubicada la Catedral de Nuestra Señora de las Mercedes. La diócesis cuenta con 30 parroquias, el Seminario Diocesano San Juan Eudes, comunidades de vida contemplativa y activa, así como la casa de retiros espirituales Lisieux.Esta Iglesia particular ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia en Colombia por ser cuna de Santa Laura Montoya Upegui, primera santa nacida en el país y fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. También son hijos de este territorio el beato Juan Bautista Velásquez Peláez y el beato Jesús Aníbal Gómez Gómez, cuyos testimonios de fe continúan inspirando la vida cristiana y misionera de esta región.Con este nombramiento, la Diócesis de Jericó inicia una nueva etapa de su camino pastoral, manteniendo viva una tradición evangelizadora que durante más de un siglo ha contribuido significativamente a la vida de la Iglesia en Colombia.
Sáb 11 Jul 2026
Iglesia en Colombia plantea criterios para la renovación de la formación sacerdotal tras la CXXI Asamblea del Episcopado
Cinco días de oración, discernimiento, escucha y trabajo conjunto dejaron una convicción compartida entre los obispos de Colombia y los invitados especiales que participaron en la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano: renovar la formación de los futuros sacerdotes es una tarea urgente para responder a los desafíos actuales de la Iglesia y del país.Del 6 al 10 de julio, más de 90 obispos, junto con rectores de seminarios, seminaristas, religiosos, laicos y profesionales vinculados a los procesos formativos, reflexionaron sobre el tema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera", en un ejercicio inédito de escucha y discernimiento compartido que permitió identificar retos, fortalecer consensos y proyectar caminos concretos para los seminarios de Colombia.El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, destacó que uno de los principales frutos de la Asamblea fue confirmar la necesidad de seguir fortaleciendo una formación humana integral, capaz de preparar sacerdotes cercanos a las personas y a las realidades de sus comunidades."Constatamos que vamos avanzando, vamos tomando conciencia del valor de la formación humana integral de nuestros candidatos al ministerio sacerdotal, que sean personas cada vez más cercanas a las necesidades y preocupaciones de nuestras comunidades".El Arzobispo de Cartagena afirmó que la Iglesia aspira a formar ministros con una sana madurez humana y afectiva, capaces de construir relaciones fraternas con las distintas vocaciones del Pueblo de Dios, comprometidos con la opción preferencial por los pobres y con una auténtica actitud misionera que les permita responder a las periferias existenciales del mundo contemporáneo.Una formación que involucre a toda la IglesiaUno de los consensos más significativos de la Asamblea fue que la formación sacerdotal debe entenderse como una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.En este sentido, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, afirmó que el proceso de renovación exige comprender de una manera nueva la identidad del ministerio presbiteral."El presbítero se comprende a sí mismo de manera plena en la vida de la Iglesia y desde el pueblo de Dios. No es una figura que está por encima, al lado o detrás, sino junto al pueblo de Dios."El obispo explicó que esta visión implica una formación en la que participen activamente familias, mujeres, jóvenes, sacerdotes, psicólogos y otros profesionales, de modo que el futuro presbítero aprenda desde el inicio a vivir relaciones eclesiales marcadas por la comunión, la escucha y la corresponsabilidad.Añadió que esta formación debe consolidar una identidad profundamente misionera, con sacerdotes capaces de escuchar, discernir y acompañar las realidades humanas. Asimismo, señaló que el futuro presbítero necesita una intensa vida espiritual que le permita leer los desafíos de su tiempo desde la fe y anunciar el Evangelio con respuestas concretas a las realidades actuales, haciendo presente el rostro misericordioso de Cristo en medio de las comunidades.En la misma línea, el rector del Seminario Mayor de Manizales, padre José Abel Sierra, resaltó que la Asamblea reafirmó la importancia de que toda vocación sacerdotal nazca de un encuentro personal con Jesucristo y crezca gracias al acompañamiento de toda la comunidad eclesial."Es muy importante la cooperación de todos. Son muchas las personas que tienen que ver en esa actividad de formar y acompañar al joven que quiere responder al Señor".También destacó que la cultura del cuidado debe seguir consolidándose en los seminarios para que estos sean ambientes sanos donde quienes serán futuros pastores aprendan también a cuidar de los demás.Comprender mejor a los jóvenes para acompañar sus vocacionesOtro de los acentos de la Asamblea fue la necesidad de renovar la manera como la Iglesia acompaña a las nuevas generaciones.Para monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco, uno de los aportes más significativos fue comprender que los jóvenes necesitan ser conocidos desde su historia y no únicamente desde los desafíos propios de su tiempo.Inspirado en el pasaje de los discípulos de Emaús, afirmó que el acompañamiento vocacional exige cercanía, escucha y esperanza, para ayudar a reconstruir la historia personal de cada joven a la luz del Evangelio.Esta perspectiva se complementó con el llamado de monseñor José Camilo Arbeláez Montoya, obispo de Vélez, quien remarcó la necesidad de fortalecer la pastoral vocacional desde edades más tempranas.El prelado señaló que la Iglesia está llamada a acompañar a niños y adolescentes incluso antes de los últimos años del bachillerato, generando procesos continuos que permitan descubrir y madurar la vocación como un verdadero camino de discipulado.Seminarios que respondan a los desafíos del presenteLas reflexiones también coincidieron en la necesidad de seguir fortaleciendo el discernimiento vocacional, la preparación de los formadores y la articulación entre las diócesis.Monseñor Carlos Alberto Correa Martínez, obispo de Apartadó, destacó la importancia de impulsar procesos de discernimiento comunitario y regional que permitan responder de manera conjunta a los desafíos actuales.Por su parte, monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú, recordó que las vocaciones nacen en contextos concretos, marcados muchas veces por el sufrimiento y la violencia, pero subrayó que precisamente allí continúa llamando el Señor."Las vocaciones están floreciendo. Aunque no aparecen en el número que quisiéramos, el Señor sigue llamando."Añadió que el gran desafío consiste en consolidar buenos equipos de formadores y comunidades que preparen pastores cercanos al dolor humano y comprometidos con la construcción de esperanza.Desde la vida religiosa, fray Alexander Martínez López, rector del Noviciado de los Agustinos Recoletos, destacó como uno de los mayores frutos de la Asamblea la decisión de fortalecer la formación de los formadores, consolidar criterios más claros para el discernimiento de quienes ingresan a los seminarios y seguir construyendo ambientes seguros desde la cultura del cuidado.Asimismo, valoró especialmente el carácter sinodal del encuentro."Ha sido muy gratificante poder trabajar juntos. Los señores obispos quieren trabajar en sinodalidad y comprenden la necesidad de vincular a todos los agentes de la Iglesia para construir estos proyectos."Una tarea que apenas comienzaLos participantes coincidieron en que las reflexiones desarrolladas durante estos cinco días solo darán fruto si se traducen en procesos concretos dentro de las diócesis y los seminarios del país.La psicóloga del Seminario Diocesano de Girardota, María Paula Zuleta Rendón, destacó la importancia de fortalecer el acompañamiento desde las etapas iniciales del discernimiento vocacional y recordó que la formación integral comienza desde los procesos de selección y continúa durante todo el camino formativo.Por su parte, el seminarista Juan Manuel Mendoza García, del Seminario Mayor Los Doce Apóstoles de Buga, valoró la posibilidad de ser parte de la reflexión de esta semana, como una riqueza para su proceso. Afirmó que una de las mayores enseñanzas de la Asamblea fue comprender que la formación sacerdotal es una responsabilidad de toda la Iglesia."Todo el proceso de formación no solamente les compete a los obispos y a los formadores; es una corresponsabilidad de toda la Iglesia."Con la clausura de la CXXI Asamblea Plenaria concluye el trabajo desarrollado durante estos cinco días en Bogotá, pero comienza una nueva etapa para las diócesis, provincias eclesiásticas y seminarios de Colombia. Los aprendizajes, desafíos y compromisos asumidos durante este encuentro serán ahora el punto de partida para seguir fortaleciendo una formación sacerdotal que, desde la comunión, el discernimiento y la misión, prepare pastores según el corazón de Cristo para responder a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad colombiana.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través de la última emisión del informativo ‘Así va la Asamblea’:
Vie 10 Jul 2026
Formar sacerdotes con conciencia crítica, vida de oración y perseverancia en el ministerio: claves de Mons. Germán Medina
La renovación de la formación sacerdotal comienza por la conversión de quienes tienen la misión de formar. Ese fue el mensaje central de la homilía pronunciada por monseñor Germán Medina Acosta, obispo de Engativá y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia, durante la Eucaristía con la que inició la última jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano este viernes 10 de julio.La celebración fue presidida por monseñor Medina y tuvo como concelebrantes principales a monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, y a monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzibispo de Tunja y vicepresidente.Al iniciar su reflexión, el Secretario General invitó a contemplar el camino recorrido por la Iglesia en Colombia con una mirada de gratitud, reconociendo el testimonio de quienes han dedicado su vida a la promoción de las vocaciones y a la formación de los futuros sacerdotes. A ese reconocimiento sumó el de párrocos, comunidades cristianas, docentes, colaboradores y laicos que han contribuido, desde distintas responsabilidades, a sostener la misión formativa de los seminarios del país.No obstante, advirtió que la Iglesia afronta un momento que exige renovar profundamente sus procesos de formación."Hoy afrontamos tiempos y realidades inéditas. Las nuevas generaciones de jóvenes plantean desafíos que interpelan profundamente nuestra acción evangelizadora y, de modo particular, la pastoral vocacional y la formación sacerdotal".Inspirado en el Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, explicó que uno de los frutos más importantes del discernimiento eclesial es la invitación a una auténtica "conversión de la formación". A partir de esa convicción, presentó tres prioridades para fortalecer la formación inicial al presbiterado.La primera, formar sacerdotes con una conciencia crítica iluminada por el Evangelio, capaces de construir paz y ejercer un discernimiento prudente frente a los desafíos del contexto actual.En ese contexto, monseñor Medina advirtió:“En el mundo contemporáneo existe la tendencia a instrumentalizar la religión y, en nuestro contexto, a utilizar la buena fe de la Iglesia con fines políticos”.Por ello, afirmó que la formación de los futuros presbíteros debe promover "una conciencia crítica de inspiración evangélica y profética, una sólida cultura de paz y el ejercicio de la prudencia y la sencillez".Además, al recordar la reciente audiencia de la Presidencia del Episcopado con el papa León XIV, destacó que, al compartirle algunos de los avances de la Iglesia colombiana en el ámbito de la cultura del cuidado, y particularmente de la atención y reparación a las víctimas, el Santo Padre los animó a continuar escuchándolas y acompañándolas en su dolor.El segundo acento estuvo centrado en la oración y el discernimiento.El Secretario del Episcopado Colombiano señaló que el camino sinodal ha permitido redescubrir el discernimiento personal, comunitario y eclesial como una manera de leer la realidad desde la fe y recordó que "nada reemplaza la oración personal, que sigue siendo el fundamento de toda vocación y de todo ministerio".Como tercer aspecto, invitó a formar sacerdotes capaces de vivir la esperanza y perseverar en medio de las dificultades propias del ministerio, convencidos de que "la fuerza del Evangelio es incontenible e irreversible" y de que "Dios permanece fiel y nunca abandona a quienes llama y envía".Al final de su homilía, el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia afirmó que la renovación de los seminarios solo será posible si comienza por la conversión de los propios pastores."La conversión de la formación comienza por nuestra propia conversión. Solo una Iglesia que se deja convertir puede formar ministros capaces de acompañar la conversión del Pueblo de Dios".Y concluyó con una invitación que sintetizó parte del espíritu que ha tenido esta CXXI Asamblea:"No podremos renovar los seminarios si antes no renovamos nuestra manera de ser pastores. No podremos formar discípulos misioneros si nosotros mismos no permanecemos cada día en la escuela del Maestro".Finalmente, encomendó a la Virgen María, Madre de los Sacerdotes, el camino emprendido por la Iglesia en Colombia para seguir formando "sacerdotes con corazón de pastor, hombres de oración y de discernimiento, prudentes, sencillos y libres, artesanos de paz, capaces de caminar con el Pueblo de Dios y de anunciar el Evangelio con alegría y esperanza".