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Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares
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En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.
Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.
Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.
Un espacio de comunión, escucha y discernimiento
El encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.
Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.
“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.
Una conversión misionera que transforma la pastoral
Durante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.
Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.
“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.
El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comunión
En este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.
Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.
Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodal
El trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.
Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.
En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.
Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de Dios
El encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.
Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.
“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.
Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.
Un camino abierto que compromete a toda la Iglesia
El encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.
“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.
En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.
Proyección: caminar juntos para transformar la realidad
Los participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.
“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.
El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.
Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:
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Mar 14 Jul 2026
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Lun 3 Ago 2026
Por una Iglesia que construya comunidad en medio de la soledad urbana: intención de oración del Papa León XIV para agosto
En su intención de oración para el mes de agosto, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a unirse en oración por la evangelización en la ciudad, pidiendo que, en medio de los desafíos propios de las grandes urbes, surjan nuevas formas de anunciar el Evangelio y de construir comunidades donde nadie se sienta solo ni excluido. La iniciativa hace parte de la Red Mundial de Oración del Papa y de la plataforma Reza con el Papa.La intención propuesta por el Santo Padre expresa:“Oremos para que, en las grandes ciudades, a menudo marcadas por el anonimato y la soledad, encontremos nuevas formas de anunciar el Evangelio, descubriendo caminos creativos para construir comunidad”.En la oración que acompaña esta intención, el Papa contempla a Jesucristo como el Buen Pastor que recorre calles y plazas, entra tanto en los edificios más altos como en los barrios más humildes y acompaña silenciosamente a quienes buscan sentido en medio del ruido y la prisa. Desde esa mirada, reconoce que las ciudades, aunque están llamadas a ser lugares de libertad y oportunidades, también pueden convertirse en escenarios de aislamiento e indiferencia. Por ello, pide una fe capaz de hacerse visible en gestos sencillos de cercanía, fraternidad y servicio, para que las comunidades cristianas sean hogares abiertos y acogedores “donde nadie se sienta invisible”.Una misión que exige creatividad y cercaníaLa Red Mundial de Oración del Papa recuerda que cerca del 45 % de la población mundial vive actualmente en áreas urbanas, una realidad que convierte a las ciudades en uno de los principales campos de misión para la Iglesia. En estos contextos, marcados con frecuencia por el anonimato, la fragmentación de los vínculos y la soledad, el Santo Padre anima a descubrir nuevas maneras de hacer presente el Evangelio mediante una presencia cercana y comprometida.En sintonía con este llamado, el subsidio de oración de agosto retoma las enseñanzas de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, donde el Papa Francisco invitaba a contemplar la ciudad con una mirada de fe, reconociendo que Dios ya habita en sus calles, plazas y hogares, y exhortaba a impulsar una evangelización capaz de dialogar con las nuevas culturas urbanas y responder creativamente a sus desafíos.Asimismo, el material propone algunas actitudes concretas para vivir esta intención durante el mes: descubrir la presencia de Dios en la vida urbana, construir comunidad en medio del anonimato, evangelizar con los gestos cotidianos, ser una Iglesia en salida y orar por las ciudades y sus desafíos.Una invitación a hacer visible el EvangelioEl comentario que acompaña la intención mensual resume el espíritu de esta propuesta con una invitación sencilla pero exigente: hacer visible el Evangelio en lo escondido, sembrando presencia, compasión y vínculos auténticos allí donde muchas personas pasan desapercibidas. En palabras del subsidio, evangelizar en la ciudad significa encarnar el Evangelio en la vida cotidiana, recordando que, aunque todo parezca avanzar con rapidez, el corazón humano continúa buscando al Señor.De esta manera, durante agosto, el Papa León XIV convoca a los fieles a unir su oración y su compromiso para que las comunidades cristianas respondan con creatividad, cercanía y esperanza a los desafíos de las grandes ciudades, haciendo del anuncio del Evangelio una experiencia concreta de acogida, fraternidad y misericordia.Vea el video del Papa a continuación:
Lun 3 Ago 2026
“Santificado sea tu nombre”: Mons. Luis Fernando Pérez fue ordenado Obispo Auxiliar de Cali
La Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de Medellín acogió, este sábado 1 de agosto, la solemne celebración eucarística en la que monseñor Luis Fernando Pérez Agudelo recibió la plenitud del sacramento del Orden y fue ordenado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cali.La Eucaristía fue presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, y concelebrada por 22 obispos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. En representación de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia participaron monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente, y monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente. También estuvieron presentes monseñor In Je Hwang, secretario de la Nunciatura Apostólica en Colombia; sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas, familiares y numerosos fieles de las arquidiócesis de Medellín y Cali.Una celebración que expresa la comunión de la IglesiaAl comenzar la celebración, monseñor Ricardo Tobón agradeció la presencia de los obispos, destacando que su participación manifestaba “la comunión sacramental que nos une como sucesores de los apóstoles” y la acogida al nuevo obispo dentro del Colegio Apostólico.Dirigió también un saludo especial a monseñor Luis Fernando Pérez Agudelo, a su madre, doña Ofelia, a sus hermanos y familiares, recordando que la vocación episcopal hunde sus raíces en la vida de una familia cristiana y constituye una gracia que se edifica sobre la gracia del matrimonio y del hogar.El arzobispo expresó además su cercanía con la Arquidiócesis de Cali y afirmó que el nuevo obispo auxiliar llega como un verdadero don de Dios para colaborar en la misión evangelizadora de esa Iglesia particular.“Lo esencial que se pide al pastor es amar y dar la vida”En la homilía, monseñor Ricardo Tobón explicó que las lecturas proclamadas presentaban el sentido profundo del ministerio episcopal.Al reflexionar sobre el Evangelio del Buen Pastor, recordó que la primera tarea del obispo no consiste en multiplicar actividades, sino en amar al pueblo que le ha sido confiado.“Lo esencial que se pide al pastor es amar y dar la vida. (…) El pastor no siempre logrará ser perfecto, nunca será capaz de dar solución a todos los problemas, pero lo que se le pide es que ame su grey y que, renunciando a sí mismo, dé la vida por los que le han sido confiados”.Añadió que ese amor es el que hace posible construir comunión, corresponsabilidad y esperanza en medio de una sociedad marcada por la violencia, la incertidumbre y el miedo al futuro.El episcopado: una misión recibida para servirDurante su reflexión, el arzobispo de Medellín recordó que la ordenación episcopal constituye una extraordinaria efusión del Espíritu Santo que configura al elegido con Cristo y lo incorpora plenamente al ministerio apostólico.Subrayó que esta elección no es un privilegio personal, sino un envío al servicio del Pueblo de Dios.“El obispo es un servidor. No existe para sí mismo, sino para los demás”, afirmó, señalando que su misión consiste en anunciar la Palabra de Dios, conducir al pueblo por los caminos del Evangelio y acompañar a las familias, a los jóvenes, a los pobres y a quienes sufren.También explicó el profundo significado de los principales signos del rito de ordenación episcopal: la imposición de las manos, la oración consecratoria, el Evangelio abierto sobre la cabeza del elegido, la unción con el santo crisma, la entrega del anillo, la mitra y el báculo, signos que expresan la configuración del obispo con Cristo, Buen Pastor, y su misión de enseñar, santificar y guiar al Pueblo de Dios.“Santificado sea tu nombre”En sus primeras palabras como obispo, monseñor Luis Fernando Pérez Agudelo expresó su gratitud al Papa León XIV por la confianza depositada en él al llamarlo al ministerio episcopal.Agradeció igualmente a monseñor Ricardo Tobón Restrepo por el acompañamiento recibido durante su ministerio sacerdotal; a su madre, doña Ofelia; a sus hermanos y familiares; a las comunidades parroquiales donde sirvió; a los seminarios en los que desempeñó la misión de formador y a las diversas comunidades eclesiales que marcaron su camino vocacional.Dirigió también un saludo especial a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali; a monseñor Arnulfo Moreno Quiñonez, obispo auxiliar de esa arquidiócesis; a los sacerdotes del presbiterio caleño y a todos quienes lo acompañaron en esta nueva etapa de su ministerio.Al explicar el significado de su lema episcopal, “Santificado sea tu nombre”, afirmó:“Consciente de que Cristo buscó en todo momento cumplir la voluntad del Padre, le pido fervientemente al Señor que, mediante mi servicio episcopal, continúe santificando a su pueblo y que yo pueda corresponder a esta misión, glorificando su santo nombre y buscando mi propia santificación”.Finalmente, encomendó su ministerio episcopal a la protección de la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles; de San José, de Santa Laura Montoya y del beato Mariano de Jesús Euse Hoyos.El Episcopado colombiano dio la bienvenida al nuevo obispoDurante la celebración fue compartido el mensaje de felicitación de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente; monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente, y monseñor Germán Medina Acosta, secretario general.En el mensaje, los obispos expresaron su alegría por la ordenación episcopal de monseñor Luis Fernando Pérez Agudelo y destacaron que su lema, “Santificado sea tu nombre”, refleja el deseo de que Dios sea reconocido, amado y glorificado mediante un ministerio caracterizado por el anuncio valiente del Evangelio, la cercanía con el Pueblo de Dios y el testimonio de la misericordia de Jesucristo.La Presidencia de la Conferencia Episcopal aseguró su oración para que el nuevo obispo ejerza su servicio con sabiduría, humildad, cercanía y amor, siendo signo de unidad, esperanza y paz para la Iglesia y para la sociedad.
Vie 31 Jul 2026
Iglesia en Colombia fortalece respuesta de sus tribunales eclesiásticos a desafíos jurídicos y pastorales
La VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal reunió a cerca de 170 operadores de justicia de 50 jurisdicciones eclesiásticas de Colombia, junto con delegaciones de Perú, Ecuador y Venezuela. El encuentro fortaleció la formación permanente de quienes sirven en los tribunales eclesiásticos y reafirmó que la administración de justicia en la Iglesia constituye una auténtica acción pastoral al servicio de las personas, las familias y la misión evangelizadora.La justicia en la Iglesia no se limita a la aplicación de normas o a la resolución de procesos jurídicos. Su razón de ser es servir al Pueblo de Dios, proteger los derechos de los fieles y acompañar, con verdad, justicia y caridad, las diversas realidades humanas que se presentan en la vida eclesial. Con esa convicción se desarrolló la VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal, un espacio de formación que reunió en Bogotá a cerca de 170 operadores de justicia de Colombia y otros países de la región.Organizada por el Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, en alianza con la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Pontificia Universidad Javeriana, la jornada convocó a vicarios judiciales, jueces, defensores del vínculo, promotores de justicia, notarios, abogados y demás colaboradores de los tribunales eclesiásticos de 50 jurisdicciones de Colombia, así como a representantes de Perú, Ecuador y Venezuela.El encuentro fue promovido por el Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, organismo constituido por la Santa Sede en 1967 y en funcionamiento desde 1970, que conoce las apelaciones provenientes de la mayoría de los tribunales eclesiásticos del país y tiene, entre sus responsabilidades, favorecer la unidad de la jurisprudencia canónica y fortalecer la formación permanente de quienes administran la justicia en la Iglesia.El Derecho Canónico, un servicio para la vida de la IglesiaUno de los mensajes centrales de la jornada fue redescubrir el verdadero sentido del Derecho Canónico. Lejos de constituir únicamente un conjunto de normas, representa un instrumento indispensable para ordenar la vida eclesial, proteger los derechos de los fieles y favorecer el cumplimiento de la misión que Cristo confió a la Iglesia.Así lo explicó monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva y presidente del Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, al establecer un paralelo entre el derecho civil y el derecho canónico.Mientras el primero busca garantizar el bien común dentro de la sociedad, el segundo cumple esa misma función en la vida de la Iglesia, aunque con un horizonte propio: contribuir a su misión evangelizadora y al bien espiritual de los fieles."El derecho civil busca el bien común de la sociedad. El Derecho Canónico también busca el bien común, pero orientado a la misión propia de la Iglesia."El prelado recordó, además, que el propio Código de Derecho Canónico establece el fin último de toda la actividad jurídica eclesial."El último de los cánones dice cuál es la finalidad de todo el derecho: la salvación de las almas. El derecho nos ayuda a entender lo que mínimamente debemos hacer; después viene la caridad, que nos lleva mucho más allá."Desde esta perspectiva, explicó que la administración de la justicia eclesiástica constituye un verdadero servicio pastoral, pues busca que las decisiones jurídicas contribuyan siempre al bien de las personas, de las familias y de toda la comunidad eclesial.Una justicia que también es pastoralEse mismo horizonte fue desarrollado por monseñor Felipe Heredia Esteban, prelado auditor del Tribunal Apostólico de la Rota Romana y principal conferencista de la jornada, quien compartió con los participantes la experiencia del máximo tribunal ordinario de apelación de la Santa Sede.Durante sus intervenciones insistió en que la actividad judicial de la Iglesia no puede entenderse separada de su acción evangelizadora."Todo lo que es judicial es pastoral y todo lo que aquí se ha hecho tiene una repercusión pastoral inmediata en la vida de los fieles, en la vida de las familias y de los clérigos."Su reflexión permitió comprender que cada proceso canónico involucra historias concretas de personas que esperan ser escuchadas, acompañadas y atendidas con justicia, pero también con sensibilidad pastoral. En este sentido, la aplicación del Derecho Canónico no se reduce al cumplimiento de procedimientos, sino que busca ofrecer respuestas que protejan la dignidad de las personas y contribuyan a la comunión eclesial.La presencia de un auditor de la Rota Romana permitió además acercar a los participantes a la jurisprudencia más reciente de la Santa Sede y dialogar sobre su aplicación en las Iglesias particulares, favoreciendo una mayor armonía en la administración de la justicia eclesiástica.Formarse para responder a los desafíos del presenteLas conferencias y espacios de diálogo abordaron algunos de los principales desafíos que hoy enfrenta la justicia canónica: las causas de nulidad matrimonial, el Derecho Penal Canónico, la protección de menores y personas vulnerables, la atención a las víctimas, la evolución de la jurisprudencia y otros aspectos que interpelan diariamente el trabajo de los tribunales eclesiásticos.Para el padre Omar Enrique Cristancho Gómez, vicario judicial del Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, esta actualización permanente resulta indispensable para que el Derecho Canónico responda a las nuevas realidades sociales y eclesiales."Queremos que el Derecho Canónico sea visto como una realidad cercana a la vida del hombre de hoy y de la familia. Desde el derecho podemos iluminar aquellos contextos donde la vida matrimonial enfrenta grandes desafíos."Asimismo, destacó que estos espacios favorecen el intercambio de experiencias entre los distintos tribunales y fortalecen el servicio que la Iglesia presta en todo el país.Una experiencia de comunión al servicio del Pueblo de DiosOtro de los aspectos destacados durante la jornada fue el intercambio de experiencias entre operadores de justicia provenientes de distintas regiones y países.Monseñor Felipe Heredia subrayó que este diálogo constituye una expresión concreta de la sinodalidad promovida por la Iglesia."Este encuentro ha sido muy beneficioso porque, en realidad, esto es la sinodalidad: el intercambio de experiencias y de conocimientos al servicio del Pueblo de Dios."Esa valoración fue compartida por los participantes. María Fernanda Lugo Caicedo, abogada de la Diócesis de Chiquinquirá, destacó que los contenidos abordados responden directamente a las necesidades actuales de las Iglesias particulares."Son temas importantes y demasiado actuales para nuestras realidades. Me llevo herramientas para fortalecer la cultura del cuidado y seguir acompañando mejor a mi diócesis."Por su parte, Rosario Carvajal Arizmendi, presidenta del Colegio de Canonistas de Colombia, y el abogado Daniel Chamorro coincidieron en que la jornada fortaleció tanto la actualización jurídica como la comunión entre quienes sirven en los tribunales eclesiásticos.Una formación que fortalece la misión evangelizadoraMás allá de los conocimientos técnicos adquiridos, la VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal dejó una convicción compartida: la administración de la justicia eclesiástica constituye una dimensión esencial de la misión pastoral de la Iglesia. Por ello, la formación permanente de quienes ejercen este servicio no solo fortalece el trabajo de los tribunales eclesiásticos, sino que redunda en una mejor atención a las personas que acuden a la Iglesia buscando verdad, discernimiento y justicia.Vea a continuación el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados:
Mié 29 Jul 2026
En el aniversario 501 de Santa Marta nació LUX, una iniciativa de la Diócesis para consagrar la ciudad al Señor
En el marco de los 501 años de la fundación de Santa Marta, la Iglesia particular celebró la primera edición de LUX 2026, una iniciativa que integra peregrinación, oración y música sacra para renovar el compromiso espiritual de la ciudad y promover una cultura del encuentro, la reconciliación y la esperanza.La Diócesis de Santa Marta dio inicio a una nueva tradición que buscará acompañar, cada año, la conmemoración del aniversario de la ciudad más antigua de Colombia con un gesto de fe, oración y comunión. Se trata de LUX – Noche de Consagración de Santa Marta, una iniciativa pastoral que, en su primera edición, reunió a centenares de fieles en una Peregrinación de la Luz, una solemne oración de consagración de la ciudad y diversas expresiones de música sacra.La propuesta, desarrollada en el marco de los 501 años de la fundación de Santa Marta, nació con el propósito de fortalecer la fe de los samarios, preservar el legado religioso y cultural construido a lo largo de casi cinco siglos de evangelización —en el territorio donde surgió la primera jurisdicción eclesiástica del actual territorio colombiano— y renovar el compromiso de todos con la construcción de una sociedad más fraterna, solidaria y esperanzadora.Una ciudad puesta bajo la luz de CristoPortando cirios encendidos y las banderas de Santa Marta, el pasado 25 de julio, los participantes recorrieron las calles del Centro Histórico hasta llegar a la Catedral Basílica Menor, donde el obispo de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, presidió una oración de acción de gracias por la historia de la ciudad y consagró su presente y su futuro al Señor, encomendándolos bajo la protección de Santa Marta de Betania, patrona de esta Iglesia particular.Durante la celebración, el prelado elevó una plegaria por quienes tienen la responsabilidad de gobernar y servir al bien común, para que sus decisiones estén inspiradas por la justicia, la verdad, la transparencia y el espíritu de servicio. También oró por las familias, los niños, los jóvenes, los adultos mayores, los enfermos, quienes padecen la pobreza o la violencia y por todos los hombres y mujeres que, desde distintos ámbitos, contribuyen diariamente al desarrollo de la ciudad.Asimismo, pidió que Santa Marta continúe avanzando como un territorio donde florezcan la reconciliación, la solidaridad, la justicia y la paz, e invitó a la Iglesia, las autoridades civiles, las instituciones, el sector privado y la ciudadanía a trabajar unidos por el bien común.Al concluir la oración, monseñor Bacci expresó el deseo de que "nunca falte entre nosotros la fe, que fortalece el corazón; la evangelización, que transforma la vida; y la cultura, que nos ayuda a reconocer la riqueza de nuestra historia y de nuestra identidad", una síntesis del espíritu que anima esta nueva iniciativa diocesana.Bajo el lema "Caminen como hijos de la luz" (Efesios 5, 8), LUX dejó un mensaje claro: el futuro de Santa Marta requiere del compromiso de todos, iluminados por Cristo y dispuestos a construir una ciudad más justa, reconciliada y esperanzadora.La belleza como camino de evangelizaciónLa primera edición de LUX también estuvo marcada por la música sacra como expresión privilegiada de la fe y de la tradición litúrgica de la Iglesia.La jornada concluyó con una presentación de la Coral Diocesana Laudate Dominum, dirigida por el presbítero Jorge Garzón, delegado diocesano de la Pastoral del Canto Litúrgico. Cada una de las obras interpretadas estuvo acompañada por una explicación catequética sobre su significado y el momento de la celebración eucarística al que pertenece, permitiendo que los asistentes profundizaran en la riqueza espiritual y litúrgica de este patrimonio musical.Como parte de esta misma apuesta pastoral, la Catedral Basílica Menor acogió también este 27 de julio un concierto de música sacra interpretado por la Orquesta Filarmónica de Cajamag, iniciativa que reunió a la comunidad alrededor de la espiritualidad, el arte y el patrimonio cultural de Santa Marta.Una invitación a construir ciudad desde la armoníaAl finalizar el concierto, monseñor José Mario Bacci reflexionó sobre el significado de las palabras sinfonía y armonía, para invitar a los asistentes a reconocer que la diversidad, cuando se pone al servicio del bien común, puede convertirse en fuente de unidad y esperanza."No fue un sólo instrumento, sino muchas sonoridades al tiempo las que crearon una melodía agradable a los oídos. Eso significa sinfonía: sonar con el otro, no sobre el otro", expresó.A partir de esta reflexión, animó a superar las divisiones y a trabajar conjuntamente para afrontar desafíos como la pobreza, el estancamiento y la corrupción, convencido de que la construcción de una mejor ciudad requiere el compromiso de todos.El obispo recordó además una conocida enseñanza de san Juan Pablo II: "La fe que no se hace cultura es una fe insuficientemente vivida, poco pensada y no plenamente asumida", destacando que el anuncio del Evangelio también transforma las expresiones culturales cuando ilumina la vida de las personas y de los pueblos.En este sentido, explicó que la Diócesis de Santa Marta continuará promoviendo iniciativas que favorezcan el encuentro entre la fe y la cultura, impulsando una auténtica cultura del encuentro, del servicio, la fraternidad y la paz.Una iniciativa con vocación de permanenciaCon el nacimiento de LUX, la Diócesis de Santa Marta busca consolidar una celebración anual que fortalezca la identidad espiritual de la ciudad y contribuya a preservar el patrimonio religioso y cultural construido a lo largo de casi cinco siglos de presencia de la Iglesia en este territorio.Más que una programación conmemorativa, esta iniciativa se proyecta como un espacio permanente de oración por Santa Marta, de encuentro entre las familias, de fortalecimiento de la fe y de renovación del compromiso ciudadano con el bien común.Así, en el contexto de los 501 años de la ciudad y del camino hacia el quinto centenario de la diócesis más antigua de Colombia, LUX se perfila como una expresión pastoral que une evangelización, memoria histórica, cultura y esperanza, invitando a las nuevas generaciones a mantener vivo el legado espiritual que ha acompañado el desarrollo de Santa Marta desde sus orígenes.