SISTEMA INFORMATIVO
“Desde el corazón al ministerio”: la CXX Asamblea perfila orientaciones para una pastoral presbiteral integral
Tags: conferencia episcopal de colombia obispos de colombia iglesia colombiana CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano informativo así va la asamblea sacerdotes colombianos
En su tercer día, la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano profundizó en la vida interior como fundamento del ministerio y avanzó en la definición de lineamientos concretos para fortalecer la identidad, la fraternidad y la misión de los presbíteros en el país, en medio de los desafíos sociales y eclesiales actuales.
Este miércoles 11 de febrero, la jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien encomendó de manera especial a los enfermos del país, en el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, celebrada por la Iglesia universal bajo el lema: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Concelebraron monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, y monseñor Óscar José Vélez, CMF, obispo de Valledupar.
Un llamado a la vida interior
En su homilía, monseñor Tobón centró su reflexión en la enseñanza de Jesús: “Nada hay en el exterior que manche al hombre; la maldad que sale del corazón es lo que mancha”, subrayando que el corazón es el núcleo donde se juega la autenticidad de la vida cristiana y sacerdotal.
“El corazón es el centro profundo. Es el templo donde habita el Espíritu Santo”, afirmó, advirtiendo que cuando la fe se reduce a esquemas mentales o posturas ideológicas puede derivar en intelectualismo, polarizaciones o fanatismos que esterilizan la misión.
En coherencia con el tema central de la Asamblea —“El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”—, el Arzobispo de Medellín invitó a examinar cuatro dimensiones fundamentales desde la interioridad: la fe, la oración, la vida fraterna y la acción apostólica. Señaló que cuando se pierde el contacto interior con el Espíritu, el ministerio corre el riesgo de convertirse en “agitación, descoordinación, proselitismo y finalmente frustración”, dando paso al activismo y al desgaste.Por el contrario, explicó, cuando la vida brota del encuentro profundo con Dios, florecen los frutos del Espíritu y la santidad se entiende no como apariencia moral, sino como “la alegría interior de la misericordia de Dios”.
Orientaciones para una pastoral presbiteral integral
Tras la celebración eucarística, el trabajo central del día se concentró en la definición de orientaciones que servirán como fruto concreto de esta Asamblea para la implementación de una pastoral presbiteral integral.
Durante la mañana, obispos y sacerdotes —representando a las 14 provincias eclesiásticas que agrupan 78 jurisdicciones del país— trabajaron en grupos por provincias, revisando un documento base y aportando desde las realidades específicas de cada región. En la tarde, los obispos profundizaron las propuestas en sesión plenaria.
El padre Richard Nieto González, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, subrayó que el propósito es que el documento que salga como fruto de este encuentro se convierta en una herramienta práctica para las Iglesias particulares:
“La idea es que salga de aquí un documento de trabajo que luego pueda leerse y aplicarse en las distintas diócesis y arquidiócesis de Colombia…Y que realmente ayude a los otros presbíteros que no participaron de este encuentro”.
El padre Wilmer Fabián Suárez Vargas, vicario general en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, resaltó el valor del encuentro como experiencia de comunión y fortalecimiento vocacional, especialmente para quienes ejercen su misión en los territorios más apartados. Explicó que estos espacios también renuevan la esperanza y sostienen la misión:
“Donde hay un sacerdote está la voz de la esperanza…Hay situaciones de activismo, de cansancio, pero en ese activismo se puede también descansar y reposar en la presencia de Dios”.
Identidad, formación y cultura del cuidado
Varias de las intervenciones de los arzobispos participantes coincidieron en que la renovación del presbiterio pasa por fortalecer la identidad ministerial y la formación integral.
Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, advirtió que en un mundo digital y en territorios marcados por el conflicto armado es urgente cultivar la interioridad: “Si no hay silencio, no hay vida interior…La casa donde habita Dios es mi propia interioridad”.
Por su parte, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, subrayó la necesidad de recuperar la conciencia del ministerio y responder a los contextos regionales: “Se necesita ante todo lograr que los clérigos recuperemos la identidad del ministerio que se nos ha encomendado”. Destacó, además, la importancia de formar la conciencia administrativa de los presbíteros: “Para saber manejar con justicia y con corazón de pobres los bienes de la Iglesia”.
En la misma línea, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, insistió en la urgencia de acompañar de manera integral la formación inicial y permanente: “No podemos poner el énfasis en una faceta más que en otra…Tenemos que tener presentes todas las dimensiones para dar una formación integral de nuestros sacerdotes”.
Las orientaciones que se perfilan contemplan fortalecer la identidad sacerdotal, la fraternidad, la cercanía al obispo y al pueblo de Dios, y consolidar una auténtica cultura del cuidado que prevenga abusos y promueva ambientes sanos.
Este miércoles fue también el último día de participación de los sacerdotes delegados por las jurisdicciones para acompañar a los obispos; a partir de ahora, los prelados continuarán el trabajo durante las jornadas finales para consolidar las conclusiones que marcarán la ruta pastoral del presbiterio en Colombia.
Iglesia solidaria ante la emergencia invernal
Aunque reunidos en Bogotá, los obispos permanecen profundamente conectados con la realidad de los territorios que pastorean. La emergencia invernal ha dejado pérdidas humanas y materiales significativas en distintas regiones del país. Solo en el departamento de Córdoba se reportan cerca de 120.000 personas afectadas, además de daños en viviendas, cultivos, vías, escuelas y medios de subsistencia.
En este contexto, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y oración que fue acogido por la Asamblea como un llamado a intensificar la solidaridad.
Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó el alcance universal de este gesto del Santo Padre: “Es un mensaje alentador, un mensaje del sucesor de San Pedro que nos dice su cercanía en la oración…Cuando un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás miembros del cuerpo participan”.
El representante del Papa resaltó la importancia de que este mensaje haya sido escuchado no solo en Colombia, sino en distintos lugares del mundo: “Es un signo de cercanía, una palabra de aliento, una palabra de no sentirse solos…Seguramente este mensaje hoy no lo han escuchado solo en Colombia, lo han escuchado un poco en todo el mundo”.
Añadió que la solidaridad debe expresarse tanto en el plano espiritual como en acciones concretas: “Es un momento en donde tratar de mostrar nuestra solidaridad en el plan concreto…Pero también en el plan de una cercanía espiritual, de acompañar con la oración en este momento de dificultad”.
Desde las diócesis más afectadas, la Iglesia ha venido articulando esfuerzos pastorales y sociales para acompañar a las comunidades damnificadas. Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, expresó: “No podemos dejar solos a nuestros hermanos damnificados…Vienen situaciones de crisis muy fuertes, económicas y sanitarias, y tenemos que seguir con corazón generoso”.
Por su parte, el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., destacó que la Iglesia ya se encuentra movilizada a través de sus parroquias, pastorales sociales, bancos de alimentos y comités parroquiales, pero también subrayó la importancia de seguir convocando la solidaridad y de organizar la ayuda para que llegue efectivamente a quienes más lo necesitan: “Que ampliemos la caridad y la generosidad…Que nos unamos todas las parroquias, todas las comunidades, todas las instituciones…Y apoyemos también a través especialmente de nuestros bancos de alimentos en todo el país, una campaña solidaria de alimentos no perecederos”.
En este marco, hizo un llamado a fortalecer la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2026, impulsada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social que se desarrollará en el contexto cercano de la Cuaresma, como un instrumento concreto para canalizar la solidaridad nacional en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país: “Aprovechemos este tiempo propicio de Cuaresma, de caridad…Para que más allá de nuestras diferencias, pongamos en el corazón de nuestra preocupación a todos nuestros hermanos y hermanas que están experimentando un sufrimiento muy grande”. Retomando el lema de este año, concluyó: “La satisfacción del fiel es hacer el bien”.
De esta manera, mientras los obispos avanzan en la definición de orientaciones para fortalecer la vida y misión de los presbíteros, la Asamblea reafirma también su compromiso con el acompañamiento cercano y organizado a las comunidades que hoy enfrentan la dureza de la emergencia invernal en el país.
Vea a continuación el resumen informativo del tercer día en la CXX Asamblea:
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.
Mié 7 Oct 2026
Presidente del Episcopado Colombiano participa en encuentro sobre las familias convocado por el papa León XIV en el Vaticano
Monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, participa en este encuentro convocado por el papa León XIV, que reúne del 7 al 14 de octubre a presidentes de Conferencias Episcopales, representantes de las Iglesias Católicas Orientales, parejas, familias y expertos.El papa León XIV inauguró este miércoles 7 de octubre, en la Sala Pablo VI del Vaticano, el encuentro “Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias de hoy”, convocado con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica del papa Francisco sobre el amor en la familia.En esta cita participa monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, junto con representantes de las Conferencias Episcopales de distintos países, de las Iglesias Católicas Orientales, parejas, familias y expertos.El encuentro se desarrolla hasta el 14 de octubre como un espacio de escucha, diálogo y discernimiento pastoral sobre las transformaciones que viven las familias y sobre las respuestas que la Iglesia está llamada a ofrecer ante estos nuevos escenarios. La iniciativa busca recoger las experiencias de las Iglesias locales durante los últimos diez años y reconocer caminos que permitan anunciar el Evangelio a las familias y con las familias.Durante la apertura, el papa León XIV invitó a los participantes a escuchar atentamente la experiencia concreta de las familias y a dejarse interpelar por sus realidades, especialmente por aquellas marcadas por la fragilidad, pero también por la esperanza y la capacidad de resiliencia. “Sin duda, tenemos mucho que aprender de las familias”, señaló el Pontífice, al plantear la necesidad de discernir cómo las experiencias actuales pueden orientar la acción pastoral de la Iglesia.El Papa puso especial atención en las nuevas generaciones y en las circunstancias que inciden en sus decisiones sobre el amor, el matrimonio y la vida familiar. Entre ellas mencionó la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional, que pueden afectar las posibilidades que los jóvenes imaginan para su futuro.En este contexto, León XIV llamó a preguntarse qué buscan las personas en medio de los cambios culturales, qué revelan sus alegrías, esperanzas, tristezas y preocupaciones, y en qué medida el lenguaje y las prácticas pastorales de la Iglesia logran acompañarlas y abrir caminos.Cinco ejes para el discernimiento pastoralEl itinerario temático propuesto para el encuentro está estructurado en cinco núcleos de reflexión, que parten de la experiencia concreta de las familias y de la acción de las Iglesias locales.El primero aborda “Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos”, con el propósito de discernir los signos de los tiempos a partir de sus experiencias y del compromiso pastoral de la Iglesia. El segundo se concentra en los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial, buscando identificar formas de acompañarlos en el reconocimiento del valor del matrimonio.El tercer eje propone profundizar en la vida matrimonial, particularmente en los primeros años, como un periodo decisivo para consolidar el vínculo y afrontar los cambios propios del comienzo de la vida familiar. El cuarto está dedicado a las familias que atraviesan situaciones de dificultad, con especial atención al acompañamiento de quienes viven experiencias de sufrimiento, abandono, separación, divorcio, pobreza o violencia.Finalmente, el quinto eje plantea a las familias cristianas como sujetos de la misión de la Iglesia, reconociendo su aporte a la transmisión de la fe, al acompañamiento de otras familias y a la vida de las comunidades cristianas y de la sociedad.Estos temas serán abordados mediante testimonios, meditaciones, presentaciones, conversaciones, trabajos en grupo y momentos de oración, en un ambiente de discreción y confidencialidad.Una mirada pastoral hacia los próximos añosSegún ha explicado el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida encuentro no constituye una nueva Asamblea del Sínodo de los Obispos ni busca elaborar un documento que sustituya a Amoris laetitia. Las reflexiones serán recogidas posteriormente en un informe elaborado por una comisión, que será discutido por la Asamblea y entregado al Santo Padre.A diez años de la exhortación apostólica, el propósito es reconocer lo que las Iglesias locales han aprendido en el acompañamiento a las familias y discernir nuevos caminos pastorales frente a realidades como las guerras, las migraciones, las crisis sanitarias, la soledad y otras situaciones que han transformado la vida familiar.
Mar 6 Oct 2026
Convenio entre la Diócesis de Santa Marta y UNIMAGDALENA abre agenda de cooperación para el territorio
El convenio, liderado por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, abre una agenda de cooperación en formación académica, investigación, patrimonio, innovación y proyección social, con impacto en el territorio.La Diócesis de Santa Marta y la Universidad del Magdalena (UNIMAGDALENA) establecieron un convenio marco de cooperación académica que articula las capacidades de ambas instituciones para desarrollar acciones de formación, investigación, preservación del patrimonio, innovación y proyección social al servicio de las comunidades del territorio.La iniciativa, suscrita por el rector de UNIMAGDALENA, Pablo Vera Salazar, y el obispo de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, refleja la voluntad de la Diócesis de fortalecer su capacidad de servicio mediante la articulación con una institución de educación superior de la región. El convenio tendrá vigencia hasta el 31 de diciembre de 2028.Más que una alianza centrada exclusivamente en actividades académicas, el acuerdo plantea una agenda de trabajo que vincula las necesidades institucionales y territoriales de la Diócesis con el conocimiento y las capacidades profesionales, científicas y tecnológicas de la Universidad del Magdalena.Una apuesta de la Diócesis por fortalecer su servicio al territorioEl convenio contempla la vinculación de estudiantes a escenarios reales de aprendizaje mediante prácticas, pasantías y proyectos académicos, así como espacios de acompañamiento y mentoría, trabajos de grado y proyectos interdisciplinarios relacionados con las necesidades de la Diócesis.De acuerdo con el documento suscrito, la iniciativa también permitirá formular proyectos conjuntos de investigación, participar en convocatorias de financiación y sistematizar experiencias institucionales como insumo para procesos académicos e investigativos.Para monseñor José Mario Bacci Trespalacios, esta articulación representa una oportunidad para potenciar las capacidades de servicio de la Diócesis en todo su territorio, aprovechando la diversidad de programas y la formación profesional que ofrece UNIMAGDALENA.Esta perspectiva pone de manifiesto un rasgo central de la iniciativa: la Diócesis no se limita a recibir los beneficios de la cooperación académica, sino que pone a disposición su experiencia, sus espacios, sus necesidades institucionales y su presencia en el territorio para generar procesos formativos y proyectos con impacto social.El propio convenio reconoce a la Diócesis de Santa Marta como una institución con una importante presencia histórica, social y cultural en el territorio, vinculada a la construcción de tejido social, la promoción de valores y el acompañamiento a comunidades.El patrimonio de la Iglesia, al servicio de la memoria y la investigaciónUno de los componentes de mayor alcance del convenio es la gestión y preservación del patrimonio histórico y documental que custodia la Diócesis de Santa Marta.El acuerdo reconoce el valor de este acervo para la memoria institucional, cultural y territorial, y plantea desarrollar procesos de identificación, valoración, organización, conservación, investigación y puesta en valor de los documentos históricos. También contempla estrategias pedagógicas y culturales para favorecer su apropiación social y la generación de contenidos que permitan difundir este patrimonio.En este campo, la cooperación abre posibilidades para que el patrimonio que la Iglesia ha custodiado a lo largo del tiempo pueda ser estudiado y aprovechado desde distintas disciplinas, contribuyendo a una comprensión más amplia de la historia y la identidad del territorio.La Diócesis ha manifestado, además, su interés en avanzar en la profesionalización del trabajo relacionado con su archivo para poner este patrimonio a disposición de la comunidad científica. Esta disposición encuentra en el Programa de Historia y Patrimonio de UNIMAGDALENA una capacidad académica específica para la investigación histórica, la gestión patrimonial y el manejo de fuentes documentales.Formación e innovación para responder a necesidades concretasEl convenio también incorpora una dimensión de innovación y transformación digital. Las partes podrán impulsar procesos de digitalización, organización y acceso a la información, especialmente para la preservación del patrimonio documental, así como desarrollar plataformas y soluciones tecnológicas para facilitar la consulta y difusión de contenidos históricos y culturales.A esto se suma la posibilidad de que estudiantes y profesionales desarrollen experiencias de aprendizaje en contextos reales, vinculadas con las necesidades de la Diócesis y con los objetivos de formación establecidos por la Universidad.De esta manera, la cooperación busca generar un intercambio de capacidades en doble vía: mientras los estudiantes encuentran nuevos escenarios para fortalecer su formación y compromiso social, la Diócesis puede incorporar conocimientos y herramientas que contribuyan al fortalecimiento de sus procesos institucionales y pastorales.La alianza también abre la posibilidad de desarrollar iniciativas relacionadas con el bienestar y el trabajo comunitario, como procesos de alfabetización, fortalecimiento de competencias, orientación vocacional, promoción de la salud y acompañamiento integral, según las líneas de trabajo que posteriormente se concreten mediante instrumentos específicos.Una Iglesia que articula capacidades para servirLa iniciativa de la Diócesis de Santa Marta se inscribe en una perspectiva de cooperación que busca poner distintas capacidades al servicio de las personas y de las comunidades. En este caso, la articulación con UNIMAGDALENA permite conectar la experiencia y presencia territorial de la Iglesia con el conocimiento académico, científico y tecnológico de una universidad pública de la región.El convenio establece así una hoja de ruta para pasar del diálogo institucional a proyectos concretos de formación, investigación, preservación de la memoria, innovación y acción social. Las partes acordaron desarrollar estas líneas de manera conjunta, sin excluir otras posibilidades de cooperación que permitan alcanzar el objeto del acuerdo.