Jóvenes a menos-precio

Mons. Ismael Rueda Sierra - Con no poca sorpresa, en la búsqueda de salirle al paso a la tendencia del aumento del desempleo en el país, de acuerdo con las últimas estadísticas, un grupo de empresarios, propusieron emplear jóvenes menores de 25 años, pagando solamente el 75% del salario mínimo mensual vigente.

Para algunos pudo sonar viable, pensando simplemente en números o balances económicos a primera vista favorables. Pero como es natural, si se aplica lo que todo proyecto social debería buscar para construir relaciones justas y equitativas entre los ciudadanos de diferente condición, en favor del desarrollo humano integral y de la dignidad de todas las personas, produce desconcierto y normales reacciones de cuestionamiento.

A estas alturas de la conciencia y avance que ha habido en la valoración que tienen las generaciones nuevas, pensando en el presente y en el futuro, reconociendo su enorme potencial humano, con el deseo profundo de aportar capacidades, conocimientos frescos, creatividad y las mejores condiciones para el emprendimiento, como representan los y las jóvenes actualmente, resultan bastante extrañas tales propuestas. 

Se insiste hoy, con sobrada razón, que la formación, educación y capacitación para la vida y el trabajo constituyen la base necesaria para asegurar las necesarias transformaciones sociales y culturales. Este empeño, justo y necesario, quedaría frustrado si en el momento en el que justamente estos ciudadanos están en la disposición de entregar lo mejor de sí en favor de la construcción de la sociedad, se les cotiza por lo bajo, no únicamente negándoles lo justo de un salario inicial mínimo, sino que, de paso, se convierte en un “menos-precio” a su identidad y valía.

El trabajo humano no solamente procede de la persona sino está también esencialmente orientado al bien de ella. Si pensamos, por decir lo menos, en la relación que debe haber por ejemplo entre trabajo y capital, aquél no se puede considerar como simple mercancía, para reducir al trabajador a un mero instrumento de producción, pues desnaturaliza la esencia del trabajo y lo priva de su finalidad profundamente humana: “La persona es la medida de la dignidad del trabajo” (Cfr. Juan Pablo II,L.E.6). Por otra parte, existe un derecho a la justa remuneración pues “La remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales” (Id.19).

El Papa Francisco, que tanto interés ha puesto en el mundo de los jóvenes, les dijo en Panamá en una de sus intervenciones en la Jornada Mundial de la Juventud-2019, “Ustedes son el ahora de Dios”, expresión con la cual tituló también el capítulo tercero de su Exhortación Apostólica “Cristo Vive”, que recoge el discernimiento del Sínodo sobre los jóvenes, realizado el año anterior en Roma. Lo cual quiere decir, que ellos no son simplemente una esperanza para el futuro sino que son ya, los protagonistas del presente.

Por responsabilidad corresponde a la sociedad y al Estado, a las empresas y demás instituciones, el trato justo y equitativo al mundo juvenil.

Con mi fraterno saludo.

+ Ismael Rueda Sierra
Arzobispo de Bucaramanga

 

 

Posted by Diana Álvarez

Ingresa

Departamentos