La familia es parte de la esperanza

La familia es el ámbito primero y natural de la educación de los hijos, para introducirlos progresivamente en la familia humana.

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo  - A partir del próximo 17 de junio, damos comienzo en nuestra Arquidiócesis a la Semana de la Familia. Es una nueva ocasión para que nos encontremos con la identidad y la misión de esa célula esencial constituida por un hombre y una mujer, que llamados por Dios forman una sola carne y en una experiencia de comunión fiel e indisoluble se abren al don de la vida. Es preciso que seamos capaces de reconocer y cuidar la belleza de la vocación matrimonial y la grandeza de la institución familiar. 

Los esposos cristianos deben ser conscientes de que su amor nace de otro amor primero que lo genera y lo fortalece. Su unión se arraiga en el amor hasta el extremo de Cristo crucificado que se entregó por su Iglesia. Su capacidad para amarse viene del Espíritu Santo que renueva cada día su corazón y su vida. Sólo sobre estas convicciones puede mantenerse una familia como la casa edificada sobre roca, que resiste los embates de las tormentas y la fuerza de los vientos. 

La familia es el lugar donde Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nació y vivió. La familia es el reflejo en la tierra del misterio de comunión eterna que él vive en la intimidad de la Santa Trinidad. La familia es el hogar de la vida y el lugar donde se revela y comunica el amor. La familia es la casa donde se recibe a cada persona, se la aprecia por sí misma y se la protege de muchas amenazas. La familia es el ámbito primero y natural de la educación de los hijos, para introducirlos progresivamente en la familia humana.

La familia, al llevar los hijos al bautismo, los introduce en la Iglesia y colabora en la iniciación cristiana de los miembros de la familia de Dios. Igualmente, con la luz y la fuerza del Espíritu, la familia vive la vocación y la misión que ha recibido, no obstante las dificultades y los desafíos de la vida. Por eso, a fuerza de acogida y amor, logra sanar tantas heridas de las personas y puede incluso cumplir una gran labor social ayudando, sosteniendo y protegiendo a muchos que tienen diversas necesidades.

En medio de una sociedad frecuentemente convulsionada por temores y problemas, pero al mismo tiempo con tantas promesas de esperanza, la familia cristiana cumple la especial tarea de colaborar en la evangelización, mostrando, a sus miembros y a toda la sociedad, que formamos parte de una historia de amor que viene desde Dios. Este testimonio es fundamental en el contexto cultural de hoy que deja a muchas personas víctimas de la confusión y el egoísmo y necesitan un amor auténtico que las regenere y las haga capaces de vivir en la verdad y la alegría.

Sin el compromiso de las familias cristianas, a la Iglesia le resulta muy difícil hoy la transmisión de la fe. Así mismo, es necesario que las familias trabajen e influyan para resolver las necesidades esenciales de vivienda, salud, trabajo y educación, que responden a derechos primarios. Tenemos, por tanto, una gran responsabilidad en la defensa y promoción de la familia, que es decisiva en los campos de la organización social, de la transformación cultural y de la nueva evangelización.

Invito encarecidamente a todos los miembros de la Arquidiócesis a comprometerse seriamente con la programación de esta Semana de la Familia y con todas las demás iniciativas que vean oportunas a lo largo del trabajo pastoral para cuidar y promover la familia, ambiente privilegiado para reconstruirnos desde adentro, para mantener la estabilidad y el crecimiento armonioso de la sociedad y para proyectar el futuro con responsabilidad y esperanza.

+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

Posted by editorCEC1

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