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arzobispo de cali

Jue 24 Dic 2020

¡Coraje para vivir! ¡Coraje para la paz!

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Son muy posibles los sentimientos negativos en este tiempo: soledad, oscuridad, miedo, impotencia, fatiga, desgano. La amenaza de la depresión puede asediar la salud de muchos y las realidades colectivas de todos. Tantas cosas siguen entre paréntesis, que el futuro inmediato podría parecer más una ruleta rusa que un camino cierto. Vivimos “entre corchetes”, con la incertidumbre a cuestas. Y no solo por la pandemia del COVID-19, sino por patinar y patinar en lo mismo: entre la voracidad de las pasiones exacerbadas y de las violencias desatadas. Una “historia” tan absurda y repetida como “el mito de Sísifo” (cfr. Google). ¿Qué sentido darle este año a la Navidad y al Año Nuevo? Una PRESENCIA acompaña nuestras vidas y nuestra historia. Es una lucecita encendida en el seno de la noche, con el brillo de las estrellas y la esperanza del sol. “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”, clama el profeta (Is.9,5). Con él nace la esperanza de una humanidad diversa pero unida, que tendrá el coraje de vivir, el coraje de la paz. “Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas 2,11). “Sobre esta pobreza del portal, se despliega el mundo del Espíritu. Mientras nosotros estamos complicados en dramas de consciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder y violencia, el Niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para quienes acogen sus dones”. Navidad no es sólo una fecha para conmemorar, sino el evento de una PRESENCIA siempre actual, capaz de contagiar de coraje para vivir y de fuerza para transformar en paz y perdón nuestros conflictos. Extiendo, con el Obispo Auxiliar y el Emérito, con todos los presbíteros y diáconos, LA BENDICIÓN DE NAVIDAD para cada persona y familia, grupo y comunidad, que acojan este mensaje: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra PAZ a las personas en quienes Él se complace” (Lc.2,14). + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Lun 9 Nov 2020

Nos examina el amor

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía – “En el atardecer de nuestras vidas nos examinará el amor” (San Juan de la Cruz). Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos propone este examen en tres parábolas, colectadas en el capítulo 25 y puestas como Evangelio en los tres últimos domingos del ciclo litúrgico. 1. (Domingo XXXII). Se trata, en primer lugar, del Amor como espiritualidad, participando del Amor Esponsal entre Cristo e Iglesia. El amor es la auténtica espiritualidad de toda la Iglesia, raíz y razón de ser de toda acción eclesial y de todo carisma para el servicio de los demás. Es este “amor como espiritualidad” el que desplaza nuestro corazón del yo al otro, al prójimo, al necesitado y más pobre, al diverso y contrario, incluso al que nos pone como sus “enemigos”. El amor al pobre y la solidaridad con el necesitado nacen de esta raíz espiritual, liberándolos del egocentrismo y de las manipulaciones ideológicas, demagógicas, narcisistas y populistas. La imagen de la salida, con la Esposa, a recibir al Esposo que llega; y de la entrada, al banquete de bodas con Él, centra la espiritualidad del Amor en la eucaristía y en la espera vigilante, enamorada, “pilosa”, dirían hoy. Es estar siempre bien provistos del aceite y de la luz de las lámparas encendidas, del corazón en vela, aunque duerma y descanse el cuerpo. Las amigas de la novia y los amigos del novio han de propiciar este encuentro y esta “conducción” de la novia al banquete de bodas del cordero. Una imagen tomada de la cultura esponsalicia del pueblo hebreo. El Resucitado y Vencedor, el Cordero Inmolado en la cruz, es el Esposo que conduce a la Iglesia, identificada como la Nueva Jerusalén y ciudad santa, e integrada por ciudadanos que son “santos”, o sea, creyentes fieles a Jesús, hasta la ofrenda de sus vidas y el martirio. Ya desde ahora, como invitados que respondemos al Amor de Cristo, nos preparamos para esta Alianza de Bodas, no ya como meros invitados, sino como partícipes y dignos merecedores de este Amor Esponsal. En la Eucaristía somos invitados y comulgantes, haciéndonos Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios y Esposa del Cordero. “Dichosos los invitados que entran al banquete de Bodas del Cordero”, a la Cena del Señor(Ap19,9). 2. En el penúltimo Domingo, el XXXIII, Jornada mundial de los en pobres, el amor se convierte en responsabilidad y laboriosidad, administrando y haciendo rendir los bienes que nos son confiados. La espera amorosa vence el miedo y la negligencia, y nos consagra a la misión para dar los mejores frutos y resultados a la llegada del Dueño. El amor examinará nuestra respuesta a la gracia, los frutos o resultados de esta unión entre gracia divina y libertad humana. Es la parábola de los talentos. Pero, a la luz de la Jornada de los pobres, podemos leer en la parábola, tanto la INCLUSION que pide Dios de todos en las oportunidades, como la responsabilidad de cada persona ante el don y la confianza que Dios deposita en ella: da “a cada uno según su capacidad”. Mujeres hacendosas y hombres emprendedores, son los depositarios del don de la vida, pero, sobre todo, de la dignidad humana y la solidaridad fraterna: “abre sus palmas al necesitado y extiende sus manos al pobre” (Pr 31, 20). Esta frase de Proverbios, en la primera lectura, identifique a cada comunidad creyente con esa mujer elogiada por su virtud, su dignidad y esfuerzo, su solidaridad y buenas obras. A tono con este pensamiento, el Papa nos propone, del Sirácida o Eclesiástico, el mismo mensaje: “TIENDE TU MANO AL POBRE”(7,32).El signo de tender la mano, dice, exprese nuestra cercanía, solidaridad y amor. Y contrarreste el de tantas manos tendidas para obrar el mal y causar daño al prójimo y a las sociedades, empobreciendo y llenando de dolor la humanidad. “La libertad que nos ha sido dada con la muerte y resurrección de Jesucristo, es una responsabilidad para ponernos al servicio de los demás, especialmente de los más débiles” (8). 3. Finalmente, en el Domingo de Cristo Rey, final del año litúrgico, el examen del amor recaerá sobre el cuidado de los pobres y necesitados, y sobre el cuidado de la casa común, de los recursos comunes y del bien común. Es la parábola del juicio a las naciones, del rey y pastor que identifica nuestra capacidad de escuchar y responder al clamor de las víctimas del despojo, al clamor de los excluidos y pobres, de los reclusos y enfermos. Un mundo sin hambre ni carencia de agua potable, sin desplazados y emigrantes forzosos, sin destechados y carentes de abrigo, sin reclusos hacinados y delitos en crecida, sin daños a la salud humana y contaminación y depredación de los territorios, un mundo más humano, fraterno y sano, es posible, es necesario. El amor cristiano, si se vuelve eficaz y profético, no solamente hace obras de misericordia con individuos y grupos necesitados, sino que alienta la transformación colectiva de las causas que originan estas necesidades insatisfechas en tantos pueblos y naciones del planeta. Esta semana de los pobres, acreciente y extienda la labor de la Iglesia a todos los sectores urbanos y rurales. ¡Manos a la obra! Jesús nos una y nos conceda su paz. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Mar 6 Oct 2020

Asís: paz, fraternidad y creación

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Este octubre 2020 será testigo de un nuevo “encuentro de los dos Franciscos” en Asís. El Papa de la “Laudato Si”, (Cántico de la creación), será ahora, junto al Santo de su onomástico pontificio, “el Papa de la “Fratelli Tutti”: “Hermanos Todos”. Ambas expresiones, título de dos encíclicas del Papa Francisco, pertenecen al seráfico santo, el pobrecillo de Asís. Nada más oportuno que unir el cuidado de la casa común a la construcción de la fraternidad universal entre pueblos, culturas, familias y personas. La pandemia y el grave daño al equilibrio ecológico y ambiental, piso de la salud en la esfera global de la vida, desde la capa de ozono en la atmósfera, hasta la capa de hielo en lo profundo del subsuelo (permafrost), hacen pensar en la relación efecto-causa, y en la urgente decisión entre responsables del poder económico y político del mundo, para detener el daño, corregir el rumbo y asumir solidariamente la agenda del cambio apremiante. La salud y la vida humana se hacen gravemente vulnerables por el impacto del gigantesco modelo económico consumista, que debilitó la correlación naturaleza-animal-hombre, haciéndola vehículo de transmisión viral. El “cántico de las criaturas”, compuesto por San Francisco de Asís, en dialecto umbro, poco antes de su muerte (3 de octubre de 1226), inspiró la primera encíclica del Papa Francisco sobre “el cuidado de la casa común” (24 de mayo de 2015). Fue la segunda encíclica de su pontificado, inaugurado, en esta materia de cartas, con la “Lumen fidei” (La luz de la Fe, 29 de junio de 2013), escrita juntamente con Benedicto XVI. Ahora se inspira, nuevamente, en “Las Admoniciones” de San Francisco, consideradas como la Carta Magna de la hermandad cristiana, citando su expresión, incluyente de toda la humanidad: “omnes fratres”, en latín, o “Fratelli Tutti”, en italiano. En ella el Papa escribe “sobre la fraternidad y la amistad social”, que debe unir, sin exclusiones, a todas las personas en un mundo solidario. La visión fraterna de la humanidad del Papa Francisco hunde sus raíces, tanto en la savia del Evangelio y de la Iglesia Primitiva del Nuevo Testamento, como en la ampliación de la Regla (1221), de los “frailes” a los “fratres”, que hace San Francisco, después de llegar a Egipto en la quinta cruzada y haber experimentado, de manera impresionante, a través del encuentro con el Islam, que es posible encontrar el amor y la sabiduría espiritual de Dios, también fuera de la propia religión. Entonces el místico de Asís amplía sus propios horizontes a toda la familia humana, “a los hermanos y hermanas carnales o espirituales”. También esta carta encíclica del Papa va precedida del documento común cristiano- islámico, de Abu Dabi, firmado por el Papa Francisco y el Gran Iman de Al Azhar, Ahamad Al-Tayyib, que convoca a la fraternidad universal, por la paz mundial y la convivencia común, situándolas, más allá de la propia Iglesia, en la humanidad misma. Este marco de realidad mundial que vive “la casa común” y que ha tomado el rumbo de pestes y pandemias sucesivas y cada vez más globalizadas, vuelve apremiante la superación de las guerras internas y la conversión de todos al diálogo, a la solidaridad y a disciplinar la economía, la sociedad, la política y la religión, a la protección indiscutida de toda vida humana y de toda la vida humana. No se trata de políticas demográficas para eliminar sectores costosos a los estados, los pobres y los ancianos. Mucho menos de una “guerra entre potencias” mundiales, o la oportunidad, para estados totalitarios o para sus contrarios, de controlar y manipular al cien por ciento a la población, a través de la información y redes, para asegurarse como gobiernos y ganar batallas ideológicas y electorales. Ni proselitismos religiosos ni sistemas o modelos sociales y políticos están en juego: solo la lealtad con la vida humana como derecho actual y deber de futuro, deberá regir la consciencia mundial de cambio. ¿Y nosotros, qué hacemos? Las tres realidades que sobresalen en la vida evangélica de Francisco de Asís, creación, fraternidad y paz, se conviertan en la base de nuestros proyectos y planes de vida, de trabajo y convivencia. Por Dios, pobreza y miseria no tiene porqué volverse abandono de quienes la viven ni indiferencia de quienes debemos ampliar a todos las garantías de vida con dignidad e integración social. Desde la dirección del Estado y de los gremios, desde la academia y las instituciones sociales, hasta las etnias y poblaciones urbanas y rurales, busquemos generar dinámicas fuertes de solidaridad, de tierras, recursos, servicios, oportunidades, consensos, para generar esperanza y paz. Como país necesitamos deponer dogmas de partido y torpeza de oposiciones sistemáticas, abrir sendas amplias de perdón y reintegración, de garantías de vida y protección desde el que está por nacer hasta el migrante y el enfermo terminal o anciano sin autosuficiencia. Eso es posible si Dios, las personas y la casa común se convierten en “potencia obediencial” de todo ser humano, relativizando egos, fortunas, emporios e imperios, lucro incesante, depredación prepotente. Empecemos ya a hacer parte de esta “nueva creación” con nuevo futuro. Dios Creador, Redentor y Unificador en Cristo Jesús, nos conceda de su Misericordia la restauración del daño al ecosistema de la vida, la liberación de las almas atadas a ídolos de poder, tener, saber y placer. Nuestros egos humanos cedan paso a la fraternidad o hermandad universal. Amén. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Vie 17 Jul 2020

Comunicado de prensa de la Conferencia Episcopal de Colombia

Comunicado de prensa de la Conferencia Episcopal de Colombia [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar comunicado[/icon]

Mié 8 Jul 2020

La alegría del retorno

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Hemos vivido un frenazo mundial por la pandemia de la covid-19. Para conjurar el miedo a morir masivamente, se optó por un confinamiento de la población, ya que no se estaba preparado, como países y sistemas sanitarios, para detectar a los portadores del virus y aislar solamente a los enfermos, atendiendo en hospitales a los sintomáticos. Desde marzo de este año, el virus llegó a Colombia y desató esta inesperada y paradójica “solidaridad por vía de aislamiento”. Una durísima prueba para todos, que ya sobrepasa el modelo de cuidado individual y doméstico, con autoridad y asistencia social en lo colectivo. Aunque hemos mantenido, como Iglesia católica, una valiosa presencia mediática, virtual, espiritual y de fraterna solidaridad, sentimos ahora el apremio del retorno comunitario, como pedagogía social de respuesta a la pandemia y a sus graves efectos. La Presencia de Cristo “donde dos o más se reúnan en mi nombre”, la han vivido los esposos, las familias, los que conviven bajo un mismo techo. Ha sido un tiempo de prueba a las relaciones, al afecto, al trato entre generaciones, a vivir juntos las necesidades, las carencias, las capacidades y las oportunidades. Coincide esta edición de La Voz Católica con el RENACER DE LA VIDA, en la comunidad presencial de la parroquia. Un renacimiento con las limitaciones de la bioseguridad en espacio cerrado, pero “con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones”, como indicaba Juan Pablo II en Santo Domingo. La imagen bíblica del RETORNO después del EXILIO en Babilonia, recogida en los libros de Esdras, el sacerdote, Nehemías el gobernador, y Ester la mujer piadosa y valiente, puede iluminar este RETORNO y restauración de la comunidad eclesial. Impulsar “el segundo Templo” de Jerusalén, rehacer la escucha de La Palabra, la celebración de los sacrificios y el compartir y ágape gozoso entre los creyentes; así como la reconstrucción de la ciudad y de sus defensas o murallas y la valentía femenina de Ester, frente a la opresión a las mujeres y el riesgo de genocidio sobre su pueblo: entre muchas otras lecciones, podrían ayudarnos a ver cómo se afrontan positivamente contextos difíciles, incrédulos y hostiles, hasta conciliar esfuerzos y un sentido común por el futuro para todos. Nuestro retorno al Templo como ESPACIO PARA LA PRESENCIA Y ASAMBLEA DE LA COMUNIDAD, no signifique relajar el cuidado y la prevención ante el riesgo de contagio, sino el llamado a la sociedad a hacerse PROTAGONISTA de la respuesta a la pandemia. Vale decir: a procurar solidaridad con los enfermos y sus familias en cada territorio, con el personal médico y sanitario, a organizar la seguridad alimentaria y comunicación de bienes con los más necesitados, a valorar y agradecer el compromiso de autoridades y liderazgos sociales. Me uno como obispo, Sucesor de los Apóstoles, a la ALEGRÍA DEL RETORNO. Seamos todos Pueblo de Dios que inicia unido el retorno de este exilio y confinamiento. Tengamos entre todos una gran creatividad para recuperar espacios en los que se construyan vínculos sólidos, firmes, de crecimiento y apoyo, de unión con Dios y entre nosotros, de misión con los más pobres y con el cuidado de la casa común, nuestro ambiente y recursos, nuestros territorios y hábitat. Los bendigo con entusiasmo y esperanza en días mejores. Lo presencial no reemplace ni suprima la comunicación mediática y virtual. Necesitamos continuar todos interconectados e interdependientes. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali Nota editorial tomada de 'La Voz Católica' – Arquidiócesis de Cali.

Lun 4 Mayo 2020

“Estoy a la puerta”

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía – Casa: En estos tiempos la “casa” es nuestro mundo. Quizás nuestra tortura, en condiciones poco habitables. Pero es allí donde estoy, donde estamos, cercanos y distantes, quizás hacinados, quizás solos. Reserva Y es ahí donde, en estos días de confinamiento y miedo, se vuelven importantes las “reservas”. Las que tengo en mi alma, en mi mente y cuerpo. Las que tengo en la despensa, en la nevera o el cuarto frío. Las que tenemos en los bolsillos o en el banco. Las que tienen la sociedad, el gobierno, el mundo. Nos da pánico una hambruna. Comida Vuelven a ser valiosos los campesinos, los pescadores, los productores y procesadores de comida humana y animal. Los que las importan y exportan. ¡Que no se nos agoten las reservas de pan! Sagrario Hoy te invito a pensar en una RESERVA MUY ESPECIAL, allá en la “casa grande” del Templo parroquial, de la capilla. A ella le dedicamos El Tabernáculo o El Sagrario. En ella se guardan las sagradas formas, la “reserva” del Santísimo Sacramento, para quienes no pueden venir al templo, ni participar en la misa, ni recibir la comunión que anhelan. Rostros Arrodillarse ante el Sagrario es hacer memoria del que tiene hambre de pan eucarístico, sed de Dios; del despojado y descartado; del desplazado y forastero; del que está enfermo o en la cárcel, confinado o perseguido. Presencia Jesús tiene dos presencias inseparables: en la eucaristía y en el prójimo. Ellas unen dos amores: el amor a Dios y el amor al prójimo. Él se identifica con el necesitado. Reclama un mundo sin hambre, con agua potable, con dignidad humana, con casa, salud, libertad, con comunidad y pastor “que reúna a ovejas y cabras” (Mateo 25, 31-46). Ministros Este es EL TIEMPO DEL SAGRARIO, de La Reserva Eucarística en camino hacia las casas. Hay que ponerle manos y pies de laicos, de hombres y mujeres; de religiosas y religiosos; de esposos y servidores. No solo de ordenados: Obispo, Presbítero, Diacono. Puerta Y hay que tocar la puerta, ojalá señalada con bandera o tela blanca, azul o vaticana. De la Paz, Mariana o Pontificia. “Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre, entrare y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3,20). Comunión Comulgar es la gracia de la UNIÓN íntima del alma con Jesús, con Quien “me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20). Es la gracia de la COMUNIÓN o común participación de Jesús, formando todos “El Cuerpo de Cristo”. Es la gracia del Resucitado que anticipa mi Cielo y nuestro Banquete de Bodas del Cordero: “Dichosos los invitados a la Cena de Bodas del Cordero”, a la Cena del Señor (Apocalipsis 19,9). Buena y dichosa comunión eucarística, que nos une en el Sacerdocio bautismal, de todos, y el ministerial, de algunos que, “en persona de Jesús y de la Iglesia”, son quienes CONSAGRAN EL PAN; porque, como Jesús, lo toman en sus manos, lo agradecen y bendicen, lo parten y lo dan o distribuyen para todos. “El Señor es mi Pastor, prepara ante mí una mesa” (Salmo 23). Los bendigo en Jesús Buen Pastor. + Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Lun 2 Sep 2019

Voto que impulse paz

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Septiembre es “el mes de la Paz”, no solamente en Colombia sino en el mundo entero. Será, además, la antesala de las elecciones locales y regionales: la elección popular de alcaldes, gobernadores, concejos, juntas administradoras y asambleas departamentales. Este marco democrático de los entes territoriales es de vital importancia para canalizar la institucionalidad del Estado. Son las instancias intermedias que unen el nivel central con los núcleos concretos de población. Al mismo tiempo, legitiman e integran como Estado el “auto-gobierno” y la autogestión que ejercen estos núcleos, organizados como ciudadanía local. Juntas locales, municipios y departamentos, con el ejecutivo y legislativo, se eligen con el voto mayoritario, ojalá libre, secreto, en conciencia y consecuente con el bien común, con la convivencia social, con el cuidado de la “casa común” y con el mejor futuro para las próximas generaciones. Un voto que impulse paz, debería ser la consigna al pensar, no solamente en la trayectoria de los políticos, que es fundamental, sino en la pertinencia de las políticas que nos permitan avanzar como sociedad, para salir del pantano de las barbaries y de su actual conector, fraudulento y corrupto, que es el narcotráfico. Para San Agustín la paz es la “ordenada concordia”, que se puede dar en los tres grados de la sociedad humana: la casa, la urbe y el orbe. Respectivamente, la paz doméstica, la paz cívica y la paz internacional. A ellas habría que añadir hoy la paz territorial y ambiental. El país necesita que la paz sea el clima constitucional en el que se hacen posible las demás políticas. No debe quedar duda alguna que el conflicto con armas y confrontación letal, subversivo y en su contra, así como las economías criminales que se absorbieron a ambos bandos e infiltra la sociedad y la institucionalidad, requieren decisión espiritual y moral para ponerle fin. Colombia en paz, en reconciliación y progreso, requiere de una votación masiva, contundente, que separe del poder legítimo a todos los violentos y corruptos que se escudan en “la democracia”, quieren la continuidad de la confrontación armada y asaltan el presupuesto de la nación. Septiembre es el mes de la paz, con fechas imborrables: día internacional de la paz (21), semana por la paz colombiana (2 al 9) de septiembre, día de la firma de los Acuerdos con las FARC (26 septiembre 2016, en Cartagena), y segundo aniversario de la visita del Papa Francisco (del 6 al 10, en 2017). Septiembre es, entonces, toda una inspiración para retomar el camino del proceso de paz, impulsando la implementación de los Acuerdos y generando un nuevo proceso, más desde la población y los territorios, más integral y sincrónico, simultáneo, que supere el no dialogo oficial. Colombia requiere la distensión anímica y la inclusión posible de todos los antagonistas en mesas y procesos: entre gobierno y opositores, entre gobierno y subversiones, entre Colombia y Venezuela, entre gobierno y sectores populares que construyen paz. Distensión, diálogo y avance, sean propósitos para este mes y preparación popular para las elecciones de octubre. +Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Jue 8 Ago 2019

El servicio como Evangelio

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía -“La Verdad te hizo libre, para que el amor te haga esclavo”, escribió el gran San Agustín. Para servir como Jesús, necesitamos ser liberados, tener desatados el corazón, los pies y las manos. A mayor libertad en el corazón y en las condiciones de vida, mayor capacidad para amar y darse a los demás. Podremos ser “servidores del Evangelio” solamente si nos transforma “el Evangelio del servicio”. Y éste no es otro que la persona de Jesús, “Siervo de Yahvé” y “servidor de todos”. Jesús es el enviado del Padre y el Buen Samaritano de la humanidad que sufre: de las víctimas por la discriminación de género (mujer samaritana), por la violencia de los ladrones (parábola del samaritano) y por la degradación y la exclusión (leproso samaritano). Esta “trilogía samaritana” del Evangelio, marca la ruta del servicio al Dios Único, al prójimo victimizado y al Cuerpo de Cristo (comunidad eclesial), saliendo de la “lepra” egocéntrica, que despedaza y excluye. Jesús no solamente se compadece de todo ser humano, sino que asume en su pasión, en su cruz y muerte violenta, todo el dolor causado por la inhumanidad y por los antihumanos de la historia. Es el Siervo que sufre y el Servidor a quien le dan vinagre en su sed. “Yo doy mi vida...nadie me la quita”, podrá decir ante los lobos que asedian al pastor y a su rebaño (Jn10, 17.18). “Él dio su vida por nosotros para que también nosotros demos nuestras vidas por los hermanos” (1Jn3,16). Este es el kerigma, el Evangelio del servicio que dará como fruto la conversión pastoral del ministerio apostólico (obispos, presbíteros y diáconos), para que, dando testimonio de quien “está entre nosotros como el que sirve”, podamos conformar la Asamblea de Servidores en cada parroquia, inicio del Plan Pastoral. Recibir esta gracia del kerigma y anunciarlo, personalmente, cada uno de los párrocos, marcará el comienzo de la renovación de la parroquia, del paso de una Iglesia clericalizada a una comunidad y cuerpo de servidores, que se conforma desde el Altar del Sacrificio, desde la asamblea eucarística. Este comienzo significa hoy el fin del clericalismo y de su exclusión de los laicos, hombres y mujeres, del abandono a los esposos y familias, del inexcusable e intolerable abuso a menores, abuso sexual, de autoridad y de la conciencia débil ante la figura religiosa. Desde los inicios, la Eucaristía, sacramento del sacrificio de sí mismo que ofrece el Siervo-Servidor, Jesús, estuvo esencialmente unida al “lavatorio de los pies”, como sacramento de su diakonía o servicio en el mundo. La comunidad creyente de Juan, el apóstol y autor del cuarto evangelio, sitúa este gesto de Jesús en el Cenáculo de la institución eucarística y del mandamiento nuevo del amor fraterno. En el seno de la comunidad creyente, el servicio como Evangelio adquirió categoría de ministerio apostólico, como lo tiene hoy, en proceso de restauración, la Iglesia del Vaticano II, en el Diaconado Permanente (Lumen Gentium, 29). Este ministerio identifica la vocación de todo creyente, de toda comunidad eclesial y de todo ministerio, a vivir la vida como servicio a Cristo, a Dios y a la humanidad. En sintonía con la reorganización de la Santa Sede, que recoge en un nuevo dicasterio todas las obras e instituciones eclesiales para el servicio al desarrollo humano integral, la Arquidiocesis de Cali iniciará, también, una articulación de la obra de pastoral social o evangelización de las diversas realidades sociales. Será la nueva vicaría episcopal para el servicio al desarrollo humano integral. Desde la Escuela Diaconal Paulo VI y la parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios, Jesús Siervo de Yahvé y María Sierva del Señor, Remedio para los enfermos y pobres, emprenderemos esta nueva etapa de la “pastoral de la sociedad” o pastoral social. El Evangelio del servicio, el ministerio de los servidores o diáconos permanentes y la Vicaría del Servicio al DHI, nos permitan a todos avanzar hacia la madurez de los “servidores buenos y fieles”, que deberá ser la vocación y misión de todos en la Iglesia. Sustentados en esta comprensión de la vida humana como servicio a Cristo y al prójimo en la comunidad de la Iglesia, se ilumine también el valor ético del existir humano, personal y cultural. La Iglesia “servidora de la humanidad”, anime así a nuestros pueblos a construir la vida y la política, la autoridad y las responsabilidades sociales, sobre el perfil de todo ser humano como servidor. Haciéndonos servidores unos de otros, podremos desmontar la inhumana cultura del abuso, de la opresión y explotación, de la depredación y trata de personas, de tantas formas de violaciones y violencias. El servicio de Cristo sea la verdad que nos libera de los pasos mal dados en la vida y de las culpas acumuladas (lavatorio de los pies), para que, con Él, el amor nos vuelva esclavos unosde otros en la entrega por los demás. +Darío de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali